Capitulo 9
Reencuentros del Pasado
- ¿Estás bien? – Me pregunta esa pequeña voz que tanto llegué a amar, Emma.
No sé si estoy dormido o si estoy muriendo… dicen que cuando uno muere ve toda su vida en un segundo y ella es sólo uno de los tantos recuerdos que estaban en mis dientes.
Si mi vida está llegando a su final es bueno que sea de la mano de Emma, es bueno que sea justo en el momento en que al fin puedo recordar quién soy.
- Jack, ¿Estas bien? – Insiste y su mirada se llena de preocupación.
Por alguna razón no puedo contestarle, no puedo moverme… tengo miedo de que en un segundo ella desaparezca tal como lo hizo Elsa.
Mi hermana da unos pasos hacia mi y me abraza la cadera, demanda mi atención tironeando de mi vieja camisa. Como si fuera poseído por una fuerza mayor, mi cuerpo se arrodilla frente a ella y al fin puedo rodearla en mis brazos... es tan absurdo, no puedo controlarme y comienzo a llorar sin que pueda evitarlo. En un principio son sólo unas lágrimas aventureras, pero luego se vuelven sollozos y después una bola de sentimientos aplastándome el corazón porque comprendo que ella ya no existe en mi mundo, que lo único que me queda de Emma es este pequeño momento que ha de acabar en cualquier instante.
- No te vayas… - Murmuro estrechándola con fuerza, esperando que mágicamente atraviese mi pecho y se quede dentro de mi.
- ¿Irme?, ¿A dónde? – Pregunta divertida.
Sé que está sonriendo, no necesito verla para saber que es así, porque sé todo sobre ella, porque fui su sombra desde el día que nació… mi pequeña y bella hermana, mi tesoro.
- Vamos a casa, Jack – Murmura con ternura.
- Ya no tengo una casa a la cuál volver – Le respondo.
No todos los recuerdos han vuelto a mi, pero temo regresar a ese punto en que me daré cuenta de que tenía un hogar, una cama, unos padres y que ya tampoco existen… temo volver al pasado sólo para entender que ya no tengo nada, que estoy por completo vacío y atado a una eternidad que jamás deseé. Sin embargo, Emma se aparta de mi y me observa, coloca una mano sobre mi pecho para sentir el palpitar de mi corazón y luego sonríe… por Dios, amo esa sonrisa… y entonces los recuerdos vuelven a mi, uno a uno. Los veo, los siento, los vivo…
I. EL PASADO
Jack había nacido en primavera, sus padres eran muy jóvenes, se habían mudado a esa pequeña aldea cercana al pueblo luego de que el último invierno los dejara huérfanos cuando una avalancha sepultara a sus abuelos cerca de las montañas. Así fue que tomaron sus pocas cosas, y migraron a un lugar más tranquilo y seguro para criar al pequeño cuando naciera.
A los pocos meses, Jack descansaba en los brazos de su madre mientras las vecinas de la aldea mostraban solidaridad ayudándola en su convalecencia, así su esposo podría salir de caza con el resto de los hombres para mantenerla a ella y al bebé. Eran jóvenes y estaban solos, pero no se lamentaban de esa situación, estaban juntos y eran felices... era todo lo que importaba.
El tiempo pasó y Jack siempre mostró gran curiosidad por el entorno, era un chico inquieto y extrovertido que gustaba de hacer bromas al resto de los niños e incluso a sus padres. Era el más pequeño de la aldea y en poco años quedó sólo, sin embargo, pese a que nunca tuvo problema en relacionarse con gente mayor, esos jóvenes comenzaron a salir de caza junto con el resto de los adultos.
Un día notó que su madre estaba enferma, su rostro estaba pálido como la nieve y todo lo que comía le causaba asco. Su padre estaba de caza y no llegaría hasta la noche. Con diez años encima no sabía de qué manera podía ayudarle, hasta que la vio desvanecerse cerca de la chimenea que por fortuna estaba apagada. Asustado corrió hasta una casa vecina y le explicó a la mujer que abrió la puerta lo que ocurría, como era habitual que el muchacho jugara bromas, en un principio no se le tomó en serio, sin embargo ante la insistencia y rostro de angustia que tenía Jack, a la mujer no le quedó más remedio que acompañarlo.
- ¡Juro que si estas mintiendo te meterás en serios problemas jovencito! – Exclamó la mujer mientras caminaban con paso firme hacia su casa.
- Nunca podría bromear con algo así…
Cuando al fin llegaron y la mujer observó a la mamá del niño tirada en el suelo, corrió hasta ella y le tomó el pulso.
- ¿Qué sucedió? – Preguntó mientras contaba.
- No sé, estaba ordenando y de pronto se mareó y después cayó – Respondió nervioso mientras apretaba las manos sobre el pantalón.
- ¿Notaste algo extraño en ella el día de hoy?.
- Estaba mal del estómago, todo le daba asco… vomitó un par de veces.
La mujer se quitó una manta que llevaba sobre los hombros y cubrió a la madre de Jack, después fue por una almohada y la colocó bajo su cabeza.
- Escúchame, iré por ayuda, volveré de inmediato. Mientras pon a calentar un poco de agua y espérame junto a ella.
- Puedo ir yo por ayuda.
- Cariño, nadie va a creerte, eres demasiado travieso- Dijo con dulzura.
Jack se ruborizó y los ojos se le llenaron de lágrimas… tal vez ser un "diablillo" no era siempre una buena idea después de todo.
En menos de un parpadeo la mujer había vuelto con las otras vecinas y en menos de lo canta un gallo, estaban junto a la madre de Jack. Una de ellas destapó una botella pequeña y la acercó a la nariz de la desmayada, ella reaccionó al instante. El muchacho observó todo desde lejos, las mujeres no dejaban que él se aproximara, en grupo la llevaron hasta su habitación y desaparecieron con ella tras la puerta.
Era de tarde noche cuando bajaron, encendieron la chimenea y aguardaron hasta que el padre de Jack llegó, cuando se enteró de lo ocurrido corrió hasta su habitación para saber de ella. El pequeño no podía entender nada de lo que estaba ocurriendo, las mujeres se estaban yendo mientras murmuraban y sonreían ¡Y él no podía entender porqué!.
No alcanzó a quedarse sólo porque su padre abrió la puerta y lo llamó.
- Hijo, ven – Invitó con una sonrisa mientras abría sus brazos a él para abrazarlo.
Jack corrió a su encuentro y se acurrucó en su pecho amplio y cálido, su padre olía a pino como siempre y ese olor le encantaba por su frescura.
- Papá ¿Mami está bien? – Preguntó aún presa de la angustia.
- Sí, cariño… ella está muy bien. Está loca por verte.
El muchacho observó a su mamá con curiosidad, ella estaba igual de pálida que antes pero tenía un brillo en los ojos que le iluminaba toda la cara. Estaba sentada en la cama cubierta por las colchas, su padre lo dejó junto a ella quién también lo abrazó.
Esa noche supo que su madre estaba embarazada y que tendría una hermana.
- También podría ser un niño – Le dijo su madre con dulzura.
- ¡Claro que no!, es una niña – Afirmó.
El corazón se le llenó de amor en ese mismo instante y no porque ella fuera un remedio a su soledad, sino que en el fondo de su ser siempre quiso compartir en complicidad con alguien cercano.
- ¿Y cuándo, mamá? ¿Cuándo? – Preguntó impaciente mientras le tocaba el vientre.
- Faltan varios meses – respondió su padre.
- Oh... – Suspiró decepcionado – Pero podrías traerla antes ¿No?.
- No cariño – Dijo ella mientras le acariciaba el cabello – Así como llega la primavera y luego el verano, no podemos adelantar el ciclo natural de las cosas.
- Pero entonces ¿Cuándo?.
- Cuando esté lista para venir a este mundo, cielo.
Desde ese momento Jack comenzó a tachar los días en la muralla de su habitación en el cobertizo. Se transformó en ayuda idónea para su madre y dejó las travesuras de lado para estar listo en cuanto ella llegara.
El segundo recuerdo que llegó a él, fue el nacimiento de su hermana. Era un tarde calurosa luego de un día largo y difícil, porque el trabajo de parto había comenzado muy temprano en la mañana, y aún no había buenas nuevas. Su padre se paseaba de un lado para otro mientras las vecinas acompañaban a su madre y los vecinos intentaban distraerlo.
Hasta que al fin se escuchó el llanto de un bebé.
Cuando permitieron que Jack entrara a la habitación de sus padres, vio a su mamá con un rostro muy cansado pero sin duda, rebosante de felicidad. Se aproximó a ella con un pequeño ramo de flores silvestres que había cortado en el bosque, su madre le sonrió y entonces la vio, supo de inmediato que era una niña, pequeña y rosada envuelta en una manta, acurrucada en los cálidos brazos de su mamá… su hermana ya había llegado y él no podía más con tanta felicidad.
La mujer tomó las flores que su pequeño le había traído, eran preciosas. Su padre lo instó a que tomara a la pequeña, Jack se sentó a los pies de la cama y recibió en su regado al bebé.
- Al fin llegaste, Emma – Dijo con una sonrisa mientras la observaba maravillado.
- ¿Emma? – Preguntó su madre.
- Me gusta ese nombre – Respondió el pequeño sin quitar los ojos de la niña.
- Entonces, será Emma – Afirmó su padre, mientras la emoción le llenaba los ojos de lágrimas.
A pesar de que dicen que los recién nacidos sólo distinguen sombras, el pequeño podría haber jurado que la pequeña lo observaba, ambos se observaron como si ya fueran cómplices de travesuras y juegos.
Desde ese momento, Jack sintió un vínculo de propiedad con su hermana. Ella llevaba el nombre que él había escogido para ella. La vio crecer, le enseñó todo lo que sabía, la cuidaba mientras su madre trabajaba en casa… le contaba cuentos… eran buenos amigos pese a la gran diferencia de edad entre ellos.
Poco a poco y sin prisa, Jack pudo revivir toda su vida antes del fatídico día que lo cambiaría todo… la intensidad de los recuerdos era tan grande que paulatinamente fue olvidando que todas esas imágenes no eran más que recuerdos y se zambulló en ellos con la felicidad de un niño en navidad, contando los segundos previos a la medianoche.
Absorto en esos fragmentos llenos de felicidad y compañía, olvidó quién era ahora, olvidó que Los Guardianes existían, olvidó que había sido elegido por Zar-Luna y que su nombre era Jack Frost, olvidó que tenía amigos que se preocupaban por él… poco a poco el dolor que lo había acompañado por casi un año, se fue desvaneciendo tras la neblina de lo que ahora era la realidad… de vez en cuando soñaba con ella: la chica del cabello dorado como el sol y ojos del tono del lago que estaba cerca de su casa… los sentimientos que tenía por ella se congelaron y se hundieron en la profundidad de su mente que ya no pensaba en pesadillas.
Volvió a los brazos de sus padres y de Emma, volvió a reír y jugar… de vez en cuando observaba la luna llena desde el cobertizo de su casa, y otras veces le parecía que su reflejo en el agua cambiaba… sin embargo, de inmediato todo volvía a la normalidad y lo olvidaba, como quién olvida un sueño al despertar…
2. EL LIMBO
Era una mañana fría de invierno, despertó porque se estaba congelando. Sin abrir los ojos buscó a Emma a tientas entre las pieles cálidas de su cama, pero no la encontró; entonces se incorporó exaltado y desorientado, vio a los pies de la cama una bandeja llena de cosas deliciosas, pero no le dio importancia a la comida ¿¡Dónde estaba su hermana!?.
Aún asustado bajó corriendo la escalera.
- Emma… ¡Emma! – Exclamó llamándola sin parar - ¡Emma!.
- ¡Jack! ¿Cuál es el problema, hijo? – Preguntó su madre desconcertada.
- ¿Dónde está?... ¿Dónde está ella, mamá? – Exigió saber.
La pequeña apareció tras la puerta que daba hacia el patio de atrás, cargando leña seca para la chimenea, toda sucia de ceniza.
- ¡Despertaste, Jack! – Exclamó entusiasmada - ¿Te gustó el desayuno que preparé para ti?.
Sin embargo, el muchacho corrió hasta ella y la tomó en brazos, haciendo que toda la madera que estaba cargando, acabara desparramada en el suelo.
- ¿Qué pasa, Jack? – Preguntó divertida.
- Desperté y no estabas… me asusté – Dijo con una sonrisa mientras le besaba la frente.
- ¡Hey! No creas que con estas muestras de afecto olvidaré que me llevarías a patinar en el hielo.
Esas palabras hicieron que al muchacho se le pusieran los pelos de punta, no podía explicar por qué, pero algo se despertó dentro de él… una señal de alerta que no podía explicar.
- Mejor nos quedamos en casa hoy y nos disfrazamos junto con los otros niños – Improvisó.
- Pero tú dijiste que…
- Es una buena idea, la nieve aún no está del todo asentada - Acotó su madre.
- ¡No es justo! ¡Jack, me lo prometiste! – Exclamó Emma haciendo un puchero.
Con los ojos llenos de lágrimas, la pequeña subió corriendo las escaleras hasta el cobertizo. Jack la siguió.
- ¿Puedo pasar? – Dijo mientras abría la puerta con cuidado.
- También es tu pieza… - Respondió resignada, sentada junto a la ventana mientras observaba la nieve.
- Emma, no me siento bien hoy ¿Sabes? – Acotó sentándose a su lado.
- Ni siquiera probaste el desayuno que hice para ti.
- ¿Es tan importante para ti? – Preguntó alzando su pequeño rostro por el mentón.
- He esperado mucho para salir a patinar contigo…
Al muchacho se le revolvió el estómago, algo no andaba bien y no sabía qué era, sin embargo, ver a su hermana triste le rompió el corazón… era posible que sólo fueran supersticiones suyas, si eran cuidadosos nada podría ocurrir…
- Esta bien… - Aceptó con el semblante preocupado – Pero me harás caso en todo lo que diga
- ¡Si! – Gritó Emma mientras saltaba a sus brazos.
El muchacho se colgó en los hombros la capa de piel que su padre le había regalado en su cumpleaños y tomó el cayado que dejaba siempre junto a la puerta del cobertizo. Tomó a Emma de la mano y bajó la escalera.
- Mamá, iré con Emma al lago un momento – Dijo aún con dudas.
- ¿Dónde están tus zapatos, Jack? – Preguntó señalando sus pies descalzos con una cuchara de palo – Dije que si no te los calzabas, estarías castigado.
- Oh, mamá… por favor, en cuanto salgamos se pondrá los patines y no habrá problema…
- Está bien, pero cuando regreses quiero verte con zapatos… y quiero que vuelvan antes de que anochezca o los castigaré hasta que sean adultos – Agregó con una sonrisa pícara.
Emma tironeaba de la capa de su hermano, estaba impaciente y llena de ansiedad. El muchacho volteó a ver a su madre dos veces y la sonrisa de ella le llenó el corazón, contuvo las ganas de volver corriendo a su regazo y estrecharla con fuerza… como si jamás la volvería a ver… ¡Pero qué cosas tan raras estaba pensado!.
Cuando llegaron al lago, ayudó a su pequeña hermana a colocarse los patines de hielo, luego, él se sentó sobre una roca para ponerse los suyos… cuando escuchó su nombre con alarmante temor. Ella se había adentrado al lago y el hielo se trizaba bajo sus pies.
- ¡Emma! ¡No te muevas! – Le gritó mientras se adentraba en el agua congelada hacia donde estaba ella.
- ¡Tengo miedo, Jack!.
- Tranquila, no va a pasar nada… mírame… juguemos a saltar…
- ¡No, Jack! ¡Tu siempre estas jugando!.
- Todo va a estar bien pequeña – Dijo mientras brincaba tres pasos hasta ella.
Emma sonrió.
- Vamos, ven… yo contaré en voz alta – Agregó mientras se inclinaba para alcanzar el cayado – Uno… dos… ¡tres! – Gritó mientras extendía el cayado hasta ella, pero el hielo se rompió bajo sus pies y ella cayó al agua fría.
El muchacho quedó en silencio, su corazón de detuvo por unos segundos… ya no latía en su pecho sino en su cabeza… ella estaba frente a él y al segundo después ya no… sólo había un agujero en el suelo.
- Emma… ¡Emma! – Gritó desesperado mientras se acostaba sobre el hielo y golpeaba la superficie mientras intentaba verla a través de la fría placa - ¡No! ¡NO, EMMA!.
Pero no había señales de ella… su hermana había desaparecido para siempre, él había fallado en protegerla… Se recostó de espaldas, la luna se veía en lo alto a pesar de que aún era de día; sus lágrimas calientes rodaron por esas mejillas que ahora eran tan blancas como la nieve, no sabía si respiraba, no era capaz de sentir nada más que ese intenso dolor cada vez más intenso y punzante…
- Esto es una pesadilla… por favor, devuélveme a Emma…
Fue lo último que alcanzó a balbucear antes de que la oscuridad viniera por él y lo arrebatara en su manto oscuro y silencioso.
...
Despertó exaltado y bañado en sudor, con el corazón palpitándole a mil por hora, se incorporó temblando, estaba desorientado… confundido miró a su alrededor, estaba en la habitación que compartía con Emma, pero ella no estaba ahí.
- ¡Emma! – La llamó mientras se colocaba en pie y de un salto pasaba por sobre la bandeja llena de cosas deliciosas que estaba a los pies de la cama - ¿Dónde estás? Emma.
Bajó las escaleras de un salto, su madre estaba en la cocina preparando masa para hornear pasteles, la casa estaba tibia e impregnada de olor a mermelada de fresa.
- ¿Qué pasa, hijo? – Preguntó preocupada – Estás pálido.
- ¿Dónde está ella?.
- ¿Quién hermanito? – Preguntó Emma desde la puerta del patio trasero, con leños secos en los brazos para la chimenea.
Jack corrió hasta ella y la estrechó con tanta fuera que Emma no podía respirar, los leños quedaron desparramados en el suelo.
- No puedo… respirar, Jack - Dijo con dificultad.
- Lo siento – Se disculpó mientras la dejaba en el piso.
- ¿Viste el desayuno que preparé para ti?.
El muchacho quedó en silencio, todo lo que estaba ocurriendo era igual al sueño que acababa de tener, un pánico repentino sacudió todo su interior.
- ¿Estas bien? – Le preguntó su madre preocupada.
- Me siento un poco enfermo hoy.
- Deberías volver a la cama – Le dijo su mamá mientras le tocaba la frente para saber si tenía fiebre.
- ¡No! – Exclamó Emma – Dijiste que me llevarías a patinar en el hielo hoy.
- Lo siento mucho, pequeña – Se disculpó Jack no pudiendo quitarse las imágenes de la pesadilla que había tenido - ¿Podemos ir mañana? En verdad me siento muy mal – Mintió.
- Oh, está bien… iremos mañana… - Emma hizo un puchero, pero no le importaba esperar a que Jack se recuperara.
Le tomó la mano y lo llevó de vuelta a la cama, lo arropó, le contó un cuento y se quedó junto a él hasta que el sopor cálido de la calma lo arrebató hacia el sueño profundo.
No supo cuánto tiempo había pasado, pero cuando despertó, el sol se había movido bastante en el cielo… el aroma de los pasteles horneados le abrió el apetito; bajó hasta el living, su madre estaba bordando un vestido de Emma.
- ¿Cómo te sientes, tesoro? – Preguntó mientras le sonreía.
- Mejor mamá - Dijo mientras se acercaba a la chimenea…
- ¿Dónde están tus zapatos? – Preguntó esta vez seria.
- Lo siento, mañana los buscaré sin falta – Se disculpó mientras se miraba las manos - ¿Dónde está Emma? – Preguntó extrañado ante su ausencia.
- Salió con los otros niños, iban a ir al lago.
Jack sintió que todo daba vueltas a su alrededor.
- ¿Al lago? ¿Porqué no me avisaste? – Preguntó mientras se colgaba la capa a los hombros.
- Porque estabas dormido y enfermo. No te preocupes, fueron varios niños y prometieron no patinar – Respondió extrañada ante la reacción de su hijo.
- Iré a dar un vistazo – Dijo justo antes de salir.
En cuánto cruzó la puerta tuvo el impulso de devolverse y besar a su madre, tuvo la sensación de que jamás volvería a verla.
Corrió hasta llegar al lago pero no había nadie, de inmediato una sensación de falsa calma se instaló en él. Caminó alrededor de los márgenes congelados del agua hasta que vio un agujero en el hielo… retrocedió trastabillando y corrió de vuelta a su casa.
De lejos distinguió una gran cantidad de gente, entonces apresuró el paso. Cuando logró abrirse paso entre el gentío, escuchó los gritos de su madre, después la vio de rodillas frente a la chimenea llorando desconsolada mientras se aferraba con la vida al vestido de Emma que estaba bordando.
Sin saber cómo, volteó hacia la puerta y observó cómo algunos de sus vecinos lloraban mientras otros se organizaban para ir al lago, pero él sabía que ya era tarde… y entonces recordó quién era, lo que había ocurrido en verdad ese día… buscó la luna en el cielo y comprendió que esa vez había elegido entre ella y él.
- Emma… - Murmuró antes de que todo comenzara a dar vueltas a una vertiginosa velocidad y la oscuridad llegara por él otra vez.
...
Despertó agotado, como si no hubiera dormido absolutamente nada en toda la noche, se incorporó confundido y observó la bandeja con delicias que tenía a los pies de la cama, sonrió para si…
Se dio el tiempo de saborear las cosa que Emma había preparado para él, después de todo, ese sería el último día que la vería y que compartiría con ella. Lloró en silencio, se había perdido en los recuerdos de sus dientes por diecisiete años… había vuelto a ser feliz como cuando aún era Jack Overland, pero no importaba lo que hiciera, no podía cambiar ese día…
Cuando bajó las escaleras, Emma estaba ayudando a su madre con la pasta de las tartas que hornearía dentro de poco, ya había entrado leña seca.
- Al fin despertaste, hermanito ¿Iremos hoy a patinar? – Preguntó ansiosa y eufórica.
Entonces decidió que podía intentarlo una vez más, que si no se separaban de ella en toda la jornada, todo se convertiría en un mal sueño… tal vez había soñado que Emma moría congelada en el lago, tal vez era un sueño que un hombre en la luna lo había elegido por morir frente a su hermana.
- Me siento un poco enfermo, pequeña – Respondió con tristeza.
- ¿Qué te ocurre, Jack? – Preguntó ella mientras le acariciaba el rostro.
- ¿Podemos ir mañana a patinar?.
- De seguro pescaste un resfrío jovencito – Le regañó su madre mientras le colocaba una mano en la frente para ver si tenía temperatura – Eso pasa por andar descalzo.
- Lo siento – Se disculpó disfrutando el roce de ambas.
- Ven a la cama – Le dijo Emma que le tomó la mano para llevarlo de vuelta a la cama.
- ¡No! – Exclamó recordando lo que ocurriría – Podríamos ir a la colina y deslizarnos con el trineo – Le propuso entusiasta.
- ¡Pero estas enfermo! – Regaño su mamá.
Los ojos de Emma se abrieron de emoción.
- Me pondré zapatos y me abrigaré, mamá – Le dijo mientras le daba un beso en la mejilla.
- Está bien – Accedió de mala gana – Pero volverán antes de que anochezca o los castigaré a ambos.
Luego de almorzar, se vistieron y alistaron para salir. Otros niños también irían… Jack frenó sus incontenibles ganas de mirar atrás, necesitaba creer que al final del día, las imágenes que tenía en la cabeza, no serían más que los recuerdos de una pesadilla que sintió demasiado real, pero nada más.
Al llegar a la cima de la colina, los niños comenzaron a deslizarse. Lo pasaron tan bien que Jack olvidó sus miedos y aprensiones… todo era perfecto.
Jack observaba como Emma de deslizaba compartiendo el trineo con un amigo, cuando escuchó un sonido profundo y terrible, seguido de un silencio sostenido… la tierra comenzó a temblar, hasta que vio como una avalancha se aproximaba voraz e imparable.
- ¡EMMA! – Gritó antes de que la blancura lo llenara todo.
Despertó con frío, estaba cubierto de nieve. Comenzó a cavar hacia donde sentía que estaba el cielo, podía escuchar a algunos niños llorar. En cuanto salió a la superficie comenzó a juntar a los niños y a buscar a Emma.
Cuando creyó que jamás volvería a verla, la encontró bajo la nieve… pero ella ya no estaba ahí, su cuerpo estaba frío y lánguido... sin vida... La estrechó en los brazos y supo que todo lo que había intentado negar era cierto… y lo que era peor… no importaba cuántas formas ideara para cambiar ese día, Emma siempre acabaría muerta.
...
Despertó con la sensación de un dolor punzante en todo el pecho, esta vez, tomó distancia de sus recuerdos, como en un principio, y sólo observó lo que estaba ocurriendo pero prestando atención a los detalles y disfrutando cada segundo.
Volteó para ver a su madre y gravó su sonrisa en lo más profundo de su ser…
Al llegar al lago y encontrarse otra vez frente a Emma con la muerte bajo los pies, hizo todo de la misma forma hasta engancharla con el cayado que ella había tallado para él y arrastrarla hasta un lugar seguro… él había quedado en su lugar y cayó al agua fría…
Justo en el momento en que iba a dejar que el agua fría le llenara los pulmones, la luz de la luna brilló con intensidad y entonces, comprendió que había sido elegido por el amor que tenía a su hermana, porque era tan grande que él había elegido morir en su lugar.
El Hombre de la Luna, le mostró un recuerdo que no era suyo, Emma le había contado a sus hijos la historia de Jack Frost: un chico travieso que andaba descalzo en pleno invierno, que era noble, fuerte y bello… un héroe… Él era el héroe de su hermana y ella había sido quién o había inmortalizado para siempre…
3. EL PRESENTE
Los recuerdos habían acabado... no había muerto, había sido elegido por el Hombre de la Luna poco antes de que eso ocurriera, cuando se había resignado a morir con la paz de haber salvado a su hermana y darle lo mejor de si... Aún no podía reponerse de la impresión y las emociones que lo invadían ahora que sabía la verdad de si mismo, del que había sido, sin embargo, aún cuando lo que había hecho era "heroico" no podía dejar de pensar en Emma, en lo que su pequeña hermana había tenido que presenciar y sobrevivir después de ese día... tristeza, culpa, confusión.
Ya no se sentía tan feliz ni conforme, daría lo que fuera por saber que había sido de ella, por saber si, al pasar de los años, había logrado tener una vida feliz y plena... La amaba con la misma fuerza de siempre, ese amor era lo que le había mantenido "vivo" en el limbo de doscientos cincuenta años que llevaba encima.
Como si sus deseos hubieran sido escuchados, delante de si apareció la figura de su pequeña hermana, y entonces su corazón se desarmó mientras caía de rodillas frente a ella.
- Perdóname, Emma – Dijo entre sollozos, ocultando el rostro entre la falda de su vestido café.
- ¿Qué estás diciendo, Jack? – Preguntó con dulzura.
- Perdón por haber nublado tu mirada de tristeza.
- Jack... me salvaste la vida – Dijo inclinándose hacia él y acariciando su cabello.
Sus miradas se encontraron, el muchacho no podía dejar de llorar.
- Siempre fuiste mi héroe, siempre viví con gratitud por el sacrificio que hiciste por mi, y en tu memoria, jamás dejé que la tristeza me consumiera.
- Te amo tanto... mi querida y pequeña hermana...
- Deberías volver, tus amigos necesitan de ti. Además, ahora amas a alguien más.
Entonces Jack recordó a Elsa y de inmediato sintió que el frío dentro de si iba mermando en cada nuevo palpitar de su corazón.
- Estoy cansado... no quiero volver a separarme de ti, no quiero tener que perder a Elsa una vez más – Dijo rindiéndose al miedo y estrechándola en los brazos.
- Jack, ¿No te das cuenta?... Estoy aquí, contigo. Nunca nos hemos separado en realidad, porque el amor que sentimos nos ha unido a través del tiempo, del olvido, de la oscuridad... vivo dentro de ti y siempre lo haré, una parte de mi siempre estará contigo, hasta el final, y entonces volveremos a vernos... los seres que se aman nunca se abandonan...
- Emma...
- Amas a tus amigos, no los abandones tú ahora...
- Pitch dijo que eras una fuente inagotable de dolor para él.
- No es cierto, aunque tuve mis momentos, intenté ser fuerte como tú y honrar tu recuerdo... eres mi hermano.
Y sin más, Emma comenzó a desvanecerse frente a él. En un principio, su corazón se paralizó de miedo, sin embargo, cuando vio que ella sonreía y que esa sonrisa le iluminaba la mirada, la soltó y le sonrió también. Cuando su hermana desapareció por completo, una ráfaga de viento tibio se arremolinó frente a él y luego lo envolvió, entonces sintió un calor profundo invadiendo su corazón y supo que era ella: Emma estaba dentro de él, vivía en su alma, en el nombre tallado sobre su cayado. Al igual que su padre en su vieja capa de piel, y su madre en el recuerdo de las maravillosas tartas de fresa que hacía para él... no estaba solo después de todo, había tenido una familia, un hogar, y lo mejor de todo, había sido amado profundamente por ellos... había sido feliz, y ahora, esa felicidad había vuelto a él de la mano de sus recuerdos... Tal vez si El Hombre de la Luna le hubiera contado todo desde el principio, no había tenido la oportunidad de buscar su pasado y reencontrarse con Emma en el proceso.
Jack sintió que ese calor lo estaba arrastrando hacia un lugar lejano, aunque quiso, no pudo abrir los ojos.
...
El viento soplaba con furia, el bloque de hielo alrededor de Jack estaba desvaneciéndose, el colgante que Elsa le había regalado brillaba con intensidad. Cuando el muchacho fue libre, cayó al suelo inconsciente, estaba tan blanco como la nieve, sin embargo, poco a poco comenzó a moverse.
- ¡Jack, viejo amigo! – Exclamó el viento lleno de alegría.
El muchacho se puso en pie tambaleándose de un lado a otro. En una furia llena de excitación, el Viento lo arrebató de esa oscura madriguera y lo sostuvo en el cielo bajo las estrellas y la luz de la luna.
- Amigo mío… - Balbuceó mientras sentía que poco a poco las fuerzas volvían a él.
Tenía en cayado roto en las manos, ahora podía leer el nombre de Emma en uno de sus extremos. Con toda la voluntad que tenía, unió ambas partes hasta que se fusionaron y de inmediato tanto la vara de madera como él se escarcharon; el nombre de su hermana quedó oculto bajo el hielo, pero él sabía que estaba ahí… ahora sí que sus fuerzas habían retornado a él por completo y más.
- ¿Al fin tienes lo que buscabas? – Le preguntó el Viento.
- Si, lo tengo – Dijo con una amplia sonrisa.
Vio hacia la tierra y notó que estaba llena de oscuridad y frío.
- ¿Qué ha ocurrido? – Preguntó preocupado.
- Pitch Black…
- ¿Cuánto tiempo ha pasado?.
- Seis años – Respondió melancólico.
- ¡SEIS AÑOS! Viento eso es imposible…
- Los Guardianes no le creyeron a Pitch de que estabas muerto, te buscaron hasta que dieron contigo, pero no pudieron sacarte del hielo…
- Necesito mi capa…
En ese instante el Viento le trajo su abrigadora piel, el regalo que le había hecho padre en el último de sus cumpleaños.
- Gracias – Dijo mientras se la colgaba en los hombros - ¿Cómo está ella?.
El Viento sabía que se refería a Elsa.
- No muy bien, sus padres murieron hace cuatro años y desde entonces todo se volvió muy complicado para ella… hoy es el día de la coronación de la nueva Reina de Arendelle…
El corazón de Jack se aceleró tan sólo escuchar sobre Elsa.
- Necesito que me hagas un favor, llévame hasta allá y luego dile a Los Guardianes salí del hielo.
- Afírmate muchacho, como en los viejos tiempos.
Y antes de que Jack pestañeara, ya estaba volando a toda velocidad hacia donde el corazón le llamaba… no estaba solo… ahora sabía quién era.
...
Primero que nada, mil disculpas por tardar un año en actualizar este fanfiction... nunca pensé en abandonarlo, es sólo que el año que recién acabó estuvo lleno de muchos cambios a los que aún no logro acostumbrarme del todo, uno de ellos fue dejar mi trabajo regular para volver a hacer las cosas que amo hacer, como cantar lírico, pintar y ESCRIBIR!. Me he vuelto una trabajadora independiente, lo cuál es muy difícil. Otro de los motivos, es que acabé el primer libro de una saga que estoy escribiendo, y ahora estoy trabajando en el segundo... aún no tengo editorial ni he podido publicarla, pero en cuando eso ocurra, lo gritaré a los cuatro vientos!
En segundo lugar, quiero dar infinitas gracias a todos los que me han enviado mensajes preguntando por esta historia, y a quienes la han agregado a su lista de favoritos... soy muy afortunada de que, a pesar de los 13 meses que han pasado desde la última actualización, aún registre visitas y buena recepción... MUCHAS GRACIAS!
En tercer lugar, pido disculpas por si el capítulo es extraño y extenso... pasó tanto tiempo, que tuve que hacer un "nexo" entre lo que dejé y lo que siempre vi que sucedería más adelante. Además, lamento que la historia se esté extendiendo tanto (es típico en mi), pero ya tiene un final definido que iré abordando en los capítulos que vienen... uno de mis objetivos de este año es acabar este fanfiction ;D
En cuarto lugar, gracias nuevamente y que todos tengan un feliz año!
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