Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.
Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.
Una estrella en nuestras vidas
Capítulo 9
POV EDWARD
Después de que Jacob habló con Bella y ella le respondió de manera fría, hubo algunos inquietantes segundos de silencio, en que pude ver la sonrisa de Renée, quien intentaba parecer inocente, el desconcierto de Charlie, el aburrimiento de Amy y la molestia de Bella.
— ¿Cómo estás, Bella? — Preguntó el tal Jacob, el sonido de su voz estridente llenando la habitación, que parecía haber estado en silencio por horas y no por algunos pocos segundos.
— Bien, muy bien, feliz — le contestó mi chica, envolviendo su brazo alrededor de mi cintura, a lo que le correspondí gustoso —, déjame presentarte, este es Edward Cullen, mi novio, Edward, este es Jacob Black, mi amigo desde que tengo recuerdos.
— Mucho gusto en conocerte — me saludó animado Jacob, tendiéndome su mano.
— Igualmente — dije mientras sacudía nuestras manos.
— Ay, Bells, si supieras que tu novio estaría aquí hubiera traído a mi novia, quiero mucho presentarlas.
— ¿Estás de novia? — Preguntó Renée, visiblemente en choque por la noticia.
— Sí, desde hace tres meses — respondió Jacob sonriendo, sin ser consciente del mal trago que le estaba dando a mi suegra.
— ¿Billy no te lo contó, Charlie? — Le preguntó mi suegra.
— Sí, me olvidé de comentarte — dijo Charlie con aire de falsa excusa.
— Me alegro de que estés feliz, Jack, mucho — declaró mi novia con una sonrisa genuina en su rostro.
— Lo sé, Bells, estoy feliz por los dos también — dijo mirando entre ella y yo —, estuve equivocado con respecto a mis sentimientos hacia ti, hoy lo sé, porque lo que siento por Leah es inexplicable. Siento si te hice daño por mi testarudez.
— Olvídate, seguimos con nuestras vidas y encontramos nuestro lugar en el mundo y las personas que lo completan.
El hombre sonrió ampliamente, parecía un niño, siempre feliz.
— Gracias, Bells — dijo y la envolvió abrazó — con todo respeto — añadió mirándome, a lo que sonreí, Charlie miraba la escena con felicidad, mientras que su esposa parecía estar tragando jugo de limón sin azúcar.
— Te olvidaste de mí — se quejó Amy, tirando de la barra de la camisa de Bella.
— No, cariño — le aseguró alzándola en sus brazos —, es que necesitaba un momento de charla adulta con mi amigo —, Jacob, te presento a mí Amy, hija de Edward.
— ¿Cómo estás, Amy? Te pareces mucho a tu papá.
— Lo sé, gracias — contestó haciéndonos reír.
— Bien, creo que ya podemos cenar — nos instó Charlie — al comedor, por favor.
Cenamos en un clima tranquilo, con Charlie contando a Amy las travesuras de Bella y Jacob cuando eran niños, Renée comía en silencio sin añadir a la conversación. Jacob era una persona alegre y le gustaba meterse con Bella como hacen los hermanos mayores.
Tras la cena Jacob nos invitó para almorzar con él y su novia al día siguiente, lo aceptamos y luego nos despedimos de Charlie y Renée para volver al hotel.
Tras acostarnos a Amy, lo que no llevó demasiado tiempo, mi niña estaba cansada por el viaje en coche, Bella y yo nos sentamos en el balcón de la habitación para que pudiéramos charlar sin perturbar el sueño de Amy.
— No logro comprender a mi madre, no sé si un día lo haré, la cena hubiera sido muy incómoda si Jacob no hubiera desde el inicio aclarado que ya siguió con su vida, no sé por qué ella no puede aceptar mis decisiones — desahogó mi chica.
— Quizás ella cree que está intentando ayudarte, porque cree que tus decisiones no son buenas, pero debería darte la oportunidad, eres una gran mujer, no necesitas a nadie manejando a tu vida.
— Siempre fue así, Edward, desde que era una niña, nada de lo que hacía le parecía suficiente bueno, cuando la cosa se puso mal con lo de mi obesidad, me decía que no cambiaba por pereza, que nadie iba a quererme si seguía gorda y después de estar con la abuela y volver con muchos kilos por debajo de mi peso, tampoco le pareció suficiente, debería adelgazar todavía más. Me dolía tanto oír todos los días que debía esforzarme más — me reveló en tono lloroso, su voz empezó temblar y siguió contándome entre respiraciones entrecortadas —, por las noches… enterraba el rostro en mi almohada… lloraba porque simplemente no comprendía… no comprendía porque ella no me había felicitado por mi logro, había perdido peso y vuelto a tener saludad… pero ella sólo veía que necesitaba estar más delgada, no comprendía porque ella… ella no me amaba tal y como era y sigo siendo.
Con mi pulgar sequé una lágrima que cayó sobre su mejilla, ella cerró los ojos y respiró hondo para calmarse mientras yo le acariciaba el rostro. Cuánto dolor mi chica llevaba en sus adentros, es un milagro que ella haya logrado desarrollar tanta fuerza y autoconfianza en un ambiente familiar tan cargado de menosprecio, sin duda ella no lo hubiera logrado sin la intervención de la abuela Marie.
— Para su molestia — siguió narrando tras calmarse — no adelgacé más y luego rechacé los intentos románticos de Jacob y para colmo decidí ser maestra, ella reprochó cada una de esas decisiones, pero sus elecciones jamás fueron las mías, y ella ya debía haberse dado cuenta de que somos personas con ideales muy distintos, sólo quería que al menos ella respetara lo nuestro, porque dudo que un día las acepte. — Confesó y la abracé, si pudiera borrar la tristeza que veía en su mirada, la decepción, ¿cómo una madre podía no darse cuenta de lo mucho que estaba dañado a su hija y su relación con ella? — Sé que no te había contado todos esos detalles antes, pero de cierta manera ella había cambiado cuando volví a casa de la universidad, tan sólo seguía molestándome con lo de Jacob, de verdad quería olvidar todo el dolor que sus acciones me causaron a lo largo de mi infancia y adolescencia, pero parece que me ilusioné, ella no cambiará.
— Lo comprendo, nena, es un tema difícil, que saca a la luz cosas que te hacen daño con tan sólo hablarlas, no te preocupes. Y tu papá, ¿dónde queda él en todo eso?
— Papá trabajaba mucho, pero siempre que tenía un tiempo libre se lo dedicaba a mí, me llevaba a La Push, pasábamos los fines de semana en casa de Billy, el padre de Jacob, jugaba con él y sus hermanas, él también solía llevarme a pescar, no me gustaba lo de la pesca, pero me encantaba estar con él.
— ¿Y qué hacía él ante las actitudes de tu madre? — Cuestioné.
— Ella no tenía esas actitudes frente a él, de niña creía estar haciendo algo malo y de adolescente sentía vergüenza, así que nunca le revelé nada, pero cuando volví de la universidad, Charlie ya estaba más tiempo en casa y mi madre también, él empezó a percibir que nuestra relación era compleja, principalmente cuando ella volvió a traer a colación lo de Jacob, en mi adolescencia Charlie también me había animado a dar una oportunidad a mi amigo, pero cuando dejé claro que no lo deseaba él respetó mi decisión, pero mi madre nunca supo respetar mis decisiones… — suspiró.
— Ven, vamos a dormir, te sentirás mejor tras una noche de sueño.
— Hablaré con ella en algún momento mañana, siempre hice oídos sordos a sus actitudes, pero lo que pasó con Jacob hoy es inadmisible.
— Más un motivo para que descanses, necesitarás toda tu cordura para hablar con ella, el enojo no puede ser tu consejero, hay que tranquilizar tu espíritu, entonces lograrás tener una conversación en vez de una pelea.
— Gracias — musitó, apartándose de mi pecho, se puso de puntillas envolviendo sus brazos alrededor de mi cuello y me plantó un dulce beso.
— Te amo, Bella.
— Lo sé, yo también te amo, Edward.
~x~
Al día siguiente, Amy, Bella y yo estuvimos paseando por Forks, visitando la reserva de La Push hasta que a las doce horas nos reunimos con Jacob y su novia en el restaurante de la reserva. Tuvimos un almuerzo agradable, Leah era maestra en la escuela de la reserva y ella y Bella pronto congeniaron, ellas se conocían de vista por las frecuentes visitas que mi novia hacia a la reserva con su padre cuando era niña y Leah confesó que en la adolescencia le disgustaba Bella, porque desde entonces ella ya tenía un enamoramiento por Jacob, pero él sólo tenía ojos para su amiga en aquel entonces.
— Ya ves, corazón, la pasión nos ciega, mientras que el amor nos abre los ojos y el alma — dijo Jacob, dejando un beso en la mejilla de su novia.
— Adulador — contestó Leah, visiblemente alagada.
— Quién lo pensaría, Jacob Black todo un filósofo — se burló Bella.
— Qué bajo concepto tienes de mí, Swan — dijo Jacob, fingiéndose dolido.
— ¿Qué es un filósofo? — Cuestionó Amy, interrumpiendo las bromas.
— Son personas a quien les gusta pensar sobre la vida y luego intentan explicar las ideas que se les ocurre — le explicó rápidamente Jacob.
— Ah, ok — respondió Amy, causándonos risa, era visible que no había comprendido bien la explicación.
Tras nuestro entretenido almuerzo nos despedimos de Leah y Jacob, Volvimos a Forks y antes de que llegáramos a adentrar en la ciudad, Bella me pidió que detuviera el coche en el arcén.
— ¿Qué pasa, nena?
— Hay un hermoso prado aquí cerca, solía venir para tener un momento tranquilo, leer o escuchar canciones — reveló, mientras bajábamos del coche.
— ¿Es lejos, Bella? — Cuestionó Amy.
— No cariño, cerca de 10 minutos de caminata.
Adentramos en el bosque y Bella parecía saber bien a donde quería llegar, me imaginé las miles de veces que la adolescente con problemas de autoestima y que tenía que lidiar con una madre como Renée huyó para aquel sitio.
En pocos minutos un prado de césped suave y de un verde intenso se mostró ante nosotros. Amy corrió al centro donde el sol daba de lleno y empezó a girar con los brazos abiertos, sobre el suelo había innúmeras plantas diente de león, a cada giro de mi hija las delicadas flores de planta desprendían sus ligeros pétalos que volaban por el aire. Bella tomó su celular y sacó unas buenas fotos de la escena, cuando Amy se casó de girar se nos acercó y se derrumbó sobre mis piernas, Bella y yo nos habíamos sentado sobre una manta que ella había puesto en su mochila para que utilizásemos en la playa de la reserva.
— Este lugar es mágico — dijo jadeante mi niña, estaba sonrojada por los giros, pero tenía una gran sonrisa en sus labios.
— Sí, lo es — le confirmó Bella — es como los bosques de los cuentos de hadas, ¿verdad?
— ¡Síp! — Estuvo totalmente de acuerdo.
Y así ellas empezaron su charla de niña y yo estuve feliz de escucharlas parlotear sobre príncipes y princesas. Estuvimos en el prado por más de una hora, Bella había llevado bocadillos en su mochila y merendamos allí, sacamos muchas fotos y luego nos despedimos del aquel lugar. Volvimos a nuestro hotel, nos duchamos y descansamos un rato antes de volver a casa Swan para otra cena.
Llegamos allí al mismo tiempo que Charlie, él nos recibió feliz y traía una bolsa de caramelos para Amy. Renée salió a recibirnos, un poco más amistosa de lo que fue en el día anterior, cenamos evitando temas complejos, Charlie hizo el esfuerzo de ser comunicativo y me hizo a Amy y a mí hablar durante casi toda la cena, me preguntó sobre mi carrera, mis padres, todo lo que un día me imaginé haciendo con Amy cuando llegara el momento que ella me presentara a un chico, espera que ese día tardara mucho todavía, él también habló con Bella, preguntando sobre su trabajo y su adaptación a la vida en Seattle, Renée contribuyó poco a la conversa, Charlie a veces intentaba hacerla participe pero era perceptible que lo hacía a regañadientes.
— Me alegra de que hayas encontrado a personas tan buenas en tu camino, hija — expresó feliz Charlie —, que finalmente estés trabajando en aquello que te apasiona y sobretodo que estés feliz, ¿verdad, Renée? — La instó mi suegro.
— Sí, sí, por supuesto — contestó mirando a Bella rápidamente.
Terminamos la cena y Charlie invitó a Amy hacia el patio trasero, allí todavía estaba el columpio que el hizo para Bella y que era muy seguro porque él lo revisa siempre, me hija animada salió de la mano con Charlie.
— Ve con ellos, Edward, ayudaré a mamá con los platos — me instó mi novia, imaginé que ella estaba esperando un momento a solas con ella para hablar en serio con Renée, asentí y las dejé allí.
Salí al patio trasero de la casa y encontré a Charlie columpiando a Amy, estuve allí mirándolos cerca de cinco minutos hasta que ambos se dieron cuenta de que tenían compañía.
— Papá, sácame una foto — pidió Amy, sonriente, mientras levantaba sus piernas con el movimiento del columpio.
Busqué en el bolsillo de mi pantalón por mi celular, no lo encontré.
— Voy por mi celular, lo olvidé adentro — le avisé.
— ¡Te esperamos!
Adentré nuevamente por la puerta trasera de la cocina, detuve mis pasos en el comedor cuando oí las voces de Bella y Renée desde la sala.
— Bella, ¿cómo un hombre mayor que tú, guapo, exitoso en su carrera, va a mirar a una simple maestra de primaria gorda? — Tuvo el atrevimiento de cuestionarla Renée.
— Si soy gorda debo a la mala alimentación que tú te encargaste de que tuviera acceso en nuestra casa durante años.
— No me culpes por tu gula, no tenía tiempo para cuidar de una casa, de la comida y trabajar a la vez, así que dejaba lo básico para que pudieras alimentarte, no tengo la culpa de que te hartara de tanto comer y te transformaste en esa persona obesa — dijo con desprecio ¡Maldita mujer!
— ¿Y nunca te cuestionarte el porqué de que comía como si mi vida se me fuera en ello? Estaba siempre sola en casa, papá me daba un poco de atención cuando tenía tiempo, pero ¿y tú? En tu tiempo libre preferías estar con tus amigas, jamás me llevabas a ningún lado, me enviabas a casa de Billy para no tener que dedicarme un rato de tu precioso tiempo. No me eches la culpa de tu incapacidad para dar la atención y cariño que una niña necesitaba, si no fuera por la abuela Marie no sé cómo hubiera logrado pasar por la adolescencia sin hundirme en una depresión, porque además de no darme atención, te dedicabas a disminuirme como persona, no valorabas nada de lo que hacía. — Mi chica sabía defenderse.
— No vengas con el cuento de la niña que no tuvo atención de su mamá en la infancia, Isabella, me embaracé joven y logré el título de maestra con mucho esfuerzo, porque quería darte lo mejor, no era la carrera que deseaba, pero fue lo posible en aquel momento, tuviste una buena educación, ropas, materiales y al fin elegiste la carrera que sabías que era lo que yo no quería para ti, podrías haber elegido volar alto, pero no, te empecinaste en ser maestra, echando fuera todo mi esfuerzo por darte todo lo bueno, no me hubiera molestado en trabajar tanto si supiera que te conformarías con tan poco.
— Es genial que uno pueda dar buena educación, ropas y materiales para sus hijos, pero eso no es todo que un niño necesita, si no puedes abrazarle, estar presente en sus logros, calentarlo ante sus miedos, pues de nada importa todo lo que él dinero pueda comprar. No me abrazaste, no me calentaste, no me animaste, no me protegiste cuando tuve miedo, así que poco me importa lo que pienses de mí, no tienes derecho a reprochar mis elecciones, principalmente porque hice buenas elecciones, estoy tan feliz, amo a Edward y él me ama, aunque tú no lo creas, así es, él me ama y amo a Amy de todo mi corazón, ni siquiera la tuve en mi vientre, pero la quiero como a una hija y estaré junto a ella siempre, seré todo lo que no fuiste para mí, porque sé bien lo que no debo ser.
— Siempre queriendo dar lecciones de moral — comentó Renée como si todo lo que Bella le dijo no la hubiera afectado —, por eso decía que tenías un alma vieja, porque logras ser tan molesta como un anciano lleno de razón.
Tras pocos segundos de silencio Bella le contestó:
— Espero que un día me mires y veas quien soy, pero por ahora ya no puedo convivir con tus juicios y prejuicios, no dejaré que nada eclipse mi felicidad, sabes donde encontrarme cuando finalmente estés lista para mirarme como a una madre debe mirar a un hijo. Hasta un día, mamá — zanjó mi novia, su voz cargada de tristeza. Ella adentró en la cocina, probablemente para salir afuera y buscarme a mí y a Amy.
— Edward… — suspiró, su mirada era triste, sus ojos aguados.
— Amor — la abracé —, lo siento.
Ella asintió contra mi pecho y la oír respirar hondo contra mi camisa.
— Voy a despedirme de papá, ¿podemos irnos enseguida?
— Por supuesto, olvidé mi celular en la sala, lo recogeré y las encuentro afuera.
— OK. — Musitó, pasando las manos por el rostro y bajo los ojos, intentando mejorar su aspecto para Amy y Charlie.
Bella salió y yo seguí hacia la sala y allí encontré a Renée sentada en el sofá con un semblante de quien había sido disgustada, encontré mi celular sobre una mesita de centro y lo guardé en mi bolsillo. Renée no me miró una única vez, pero yo tenía unas cuantas palabras para decirle.
— Señora Swan, acredito que está es la última vez que nos vemos, al menos creo que tardará algún tiempo antes de que nos volvamos a encontrar y quiero dejarle aclarado que amo a Bella con toda mi alma, que ella me hace a mí y a mi hija muy felices, siento tanto orgullo de tener a una mujer como ella a mi lado, lástima que haya gente tan cegada por las apariencias y por los estatus de una carrera que no logre ver más allá de sus prejuicios, principalmente cuando se trata de su propia hija, no es Bella quien se lo pierde, es usted, porque ella tiene a personas que la aman de verdad, ella tiene a Marie, a Charlie, a mí y a mí familia. Puede estar segura de que cuidaré y respetaré a su hija porque ella es demasiado preciosa para mí y mi hija. Hasta un día, señora Swan — me despedí igual que Bella para que no le restara duda de que había oído su charla momentos antes.
Salí por la puerta de entrada y allí delante de mi coche ya estaban mis chicas y Charlie, habían utilizado el pasillo lateral de la casa para volver a la entrada.
— Lo siento, hija, no sé qué le pasa por la cabeza. Sé que por mucho tiempo estuve cegado con respecto a sus actitudes hacia ti, pero hablaré con ella, te quiero en mi vida, hija, los quiero a todos — dijo acariciando el pelo de Amy que estaba recargada contra las piernas de mi novia.
— Estaremos en tu vida, papá, puede ir a visitarnos cuando quieras, estaremos encantadas, ¿verdad, Amy?
— Sip, puede presentarte a mi abuelo Carlisle y a George, Charlie. Tienes que ir vernos pronto, ¿lo prometes? — Pidió Amy, con su carita de perrito inocente.
— Iré, Amy, con un pedido hecho así es imposible resistir — contestó él.
— Ya recuperé mi celular — avisé aproximándome.
— Ustedes no viajaran hoy, ¿verdad? Es mejor esperar hasta la mañana, están cansados… las carreteras por la noche son traicioneras.
— Creo que es mejor si dormimos en el hotel esta noche — dije mirando a Bella quien asintió, Charlie pareció aliviado ante la noticia.
— O.k. Espero que hagan un buen viaje y dame noticias, hija, cuando lleguen a Seattle.
— No te preocupes, te llamaré. Cuídate — dijo abrazándolo.
— Tú también, te quiero, niña.
— También te quiero, papi.
Charlie se apartó de su abrazo algo conmocionado y luego se dirigió a Amy y por último a mí.
— Te confió mi joya más valiosa, espero que la cuides y sepas valorarla.
— La cuidaré y la valoraré a cada día, es una promesa, Charlie, la amo demasiado para hacer algo diferente — le garantí, a lo que él asintió satisfecho.
Al día siguiente, tras una noche de sueno dejamos a Forks temprano, Bella estuvo pensativa durante todo el trayecto de tres horas en la carretera, Amy se durmió antes siquiera de alcanzarnos a una hora de viaje.
— Sé que duele, Bella, es imposible que no duela, es tu madre.
— Quería poder decirte que después de tanto tiempo ya estaría vacunada contra sus acciones, pero no es el caso — suspiró, pasando las manos por su rostro. — Sólo necesito de algunos días para digerir esta nueva decepción.
— Estoy aquí — le recordé, tomando su mano que estaba en la lateral de su asiento.
— Lo sé, gracias…
Le sonreí.
— Te amo — dije.
— Te amo — me devolvió con una sonrisa pequeña, pero que esta vez le llegó a los ojos también. — A casa, doctor Cullen — completó.
— A casa, señorita Swan.
A la felicidad.
¡Hola! Renée ya las había molestado en el capi anterior me imagino que ahora se ganó el odio de todas, bueno, se lo merece, pero ni todo le salió bien, lo de Jacob no tuvo el efecto que ella esperaba y Bella, aunque sentida con sus actitudes, supo defenderse y defender a su felicidad. Esta Bella es fuerte no se dejará decaer ante los problemas y mucho menos que algo o alguien afecte su relación con Edward.
Gracias por los alertas, favoritos y comentarios, me encantó leer las teorías sobre Renée y el enojo que ella les provocó, espero que les haya gustado el capi, sé que algunas esperaban algo más de drama, pero esa Bella no me permite escribir algo así jejeje.
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Saludos llenos de cariño, ¡gracias por leerme! Nos encontramos el próximo jueves ;)
Jane
