Disclaimer: Estos personajes que se mencionan, no son míos de mí, sino de una gran autora de nombre JK Rowling.
¡Exacto! Ya saben quien es: Rubia, millonaria, escritora, en fin mi favorita.
Esta frase me encanto jeje creo que será el lema para este fic runa
"Siempre hay algo de locura en el amor, pero también hay siempre una cierta razón en la locura". (Friedrich Nietzsche)
Gracias por sus comentarios, por las nuevas lectoras y lectores, por sus favoritos.
Ahora si les dejo para que lean n_n
Ella
Al ingresar a su habitación la culpa le azoto su corazón, provocándole nauseas. Con prisa se adentro al baño donde descargo todo su remordimiento. Se comporto de manera tonta en esos tres meses, despreciando a un buen hombre.
"Tonta...Tonta...tonta"
Ella estaba frente al espejo del baño, su rostro limpio de imperfecciones, sus grandes ojos azules, sus labios color durazno, ella no era una mujer perfecta... Entonces ¿por que exigía un matrimonio perfecto?
Sus padres aun estaban de viaje en ese crucero el cual prolongaron por 6 meses comunicándose de vez en cuando, en cada ocasión que llegaran a un país con señal suficiente para realizar las llamadas. Por esa razón sus padres aun no sabían sobre su embarazo, su matrimonio pendiendo de un hilo y sus inseguridades.
Se mojo el rostro con el agua cálida que manaba de la llave, su cara mojada se mostraba frente a ese espejo.
Entonces sonrió...Era hora de empezar con el pie derecho y desechar todo lo malo. Era tiempo de comenzar.
Se seco el rostro, decidió darse un baño para sentirse viva de nuevo, limpiando al mismo tiempo su alma (o eso le decían sus padres cuando pequeña), después se fue directo a su vestidor, donde eligió el mas coqueto de los vestidos, uno amarillo con blancas flores, el vestido preferido de su marido.
Se puso unos tacones de aguja; su cabello sedoso, lo peino en una coleta donde los enlazo con dos palillos. Así se peinaba cuando adolescente y su marido le encanta tirar de ellos para que su cabellera cayera sobre sus hombros. Para resaltar su bello rostro, a sus ojos les maquillo sutilmente y le puso un brillo sabor fresa a sus labios durazno para lucirlo.
En el espejo de su tocador, allí estaba ella.
La Luna Lovegood de antes. Ahora Luna Weasley.
Con una sonrisa coqueta, dirigió un beso a su reflejo. Tomo su bolso de mano, sus llaves y fue directo en busca de su marido para un almuerzo
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Aventó las hojas que tenía en sus manos, a un lado del escritorio. Se llevo sus manos hacia sus cabellos frustrado por no encontrar absolutamente nada que le favorezca en su investigación.
Se restregó los ojos con cansancio, y al mismo tiempo apretó el puente de su nariz para mitigar el dolor de cabeza que amenazaba con explotar.
Sentado frente a su escritorio estaba su mejor amigo, el cual le veía con ojos de cansancio, ojeras y café en mano, Ah! pero eso sí, la sonrisa burlona acompañaba a sus ojos verdes.
—No sé por qué me miras así—menciono, mientras volvía a tomar de nueva cuenta esos malditos papeles.
—¿Cómo quieres que te mire?—divertido le contesto su amigo.
—No te hagas imbécil, estoy cansado y harto de todo esto, No encuentro ninguna maldita pista, para destruir a esa mujer ¡NADA! —Exclamo frustrado, aventando otra vez los mismos documentos.
Potter sonrió con diversión, a grandes carcajadas—Ya tranquilo Hombre...Se supone que el investigador acá soy yo, no tu, así que no te enojes, no es tu chamba.
Weasley, tomo su café a toda prisa, los ojos le ardían, pues llevaban en su despacho más de 6 horas viendo documentos, muchas letras pequeñas y muchas veces la computadora.
—Sé que aquí, tu presumes de ser detective, pero esta es mi empresa, yo gestiono la misma por eso tengo más derecho que tu para buscar más pistas sobre esa maldita.
Potter negó con la cabeza, cerrando los ojos, reprimiendo un bostezo, al abrirlos se fijo en su reloj de mano donde la hora marcaba las dos pm, la comida estaba por comenzar, y su esposa le pidió expresamente que llegara temprano, ya que llevarían a su pequeña hija con el pediatra, para la cita de rutina.
—Bro—dijo Potter mientras se levantaba y tomaba varios papeles, metiéndolos cuidadosamente en su maletín de mano—Me tengo que ir, mi nena, necesita que yo llegue temprano para llevar a mi princesa con el doctor, Ya sabes, cosas de rutina.
Al decir las palabras, limpiaba todo el desorden que tenían en ese cuarto, tomaba su chaqueta, y se medio acomodaba su ropa.
Weasley le escucho, pero no presto atención a las palabras de su amigo, por el simple hecho que él no sabía sobre "Cosas de rutina".
Su mirada azul se entristeció al saber que su esposa, aun no le había dicho sobre el embarazo.
—Ok—se despidió, mas Potter le miro intrigado.
—Hermano, Ron...¿Te encuentras bien?
Weasley levanto su mirada de los papeles, percatándose de su amigo quien estaba de espaldas a la puerta, y le miraba con sincera preocupación.
Negó con la cabeza—Si hermano, me encuentro bien solo que bueno estoy cansado es todo. Me mandas un mensaje diciéndome como le fue a la princesa. Un día de estos quiero tenerla aquí para pasar el rato con mi ahijada.
—Dalo por hecho—contesto Potter mientras abría la puerta.
Weasley bajo la mirada de nueva cuenta hacia los papeles, sin percatarse que Harry no salió del despacho, pues este estaba sorprendido ante la llegada de una mujer.
Ron, al no escuchar el típico "click" que hace la puerta al cerrarse, alzo la mirada sonriendo divertido —¿te enamoraste de mi Potter o qué?
Su rostro divertido, paso a uno sorprendido al ver a su esposa, sonriéndole tímidamente.
—Hola Ronald—sonrió Luna, tiñéndose las mejillas de color rosado, dándole un aspecto adorable.
—H...Hola...Luna—balbuceo el pelirrojo atragantándose con su propia saliva por la sorpresa.
Ambos se quedaron mirando fijamente sin reaccionar, como si fuera la primera vez que se veían desde hace siglos, aunque siendo sinceros, era la primera vez que ambos se veían sin rencor.
Un ligero carraspeo les saco de su ensoñación, Potter estaba sonriendo abiertamente al ver la pareja, pero era necesario que estos dos actuara, pues se imaginaba que Weasley pronto necesitaría una cubeta para evitar que su babeo por su esposa no inunde el piso
—Um...creo que mejor me voy, Hasta luego Ron, Adiós Luna.
La rubia le sonrió a su amigo, mientras este salía, cerrando al fin la puerta con el "click"
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Salió cerrando la puerta, una sincera sonrisa asomo en su cansado rostro, sin embargo sintió la mirada penetrante de la secretaria, por el rabillo del ojo la vislumbro. Su sonrisa se borro dejando sus labios en una fina linea, estaba enojado con esa mujer.
"Pronto te atrapare" pensó para sus adentros.
—Señorita Parkinson puede acompañarme a buscar unos documentos que necesito. El Jefe dio su autorización.
Al verla con esa sonrisa falsamente angelical, asintiendo a su mandato, Cerró los puños, dejando sus nudillos blancos por la presión.
La secretaria salió de su escritorio y avanzo hasta el ascensor, sonrió con timidez hacia él.
Potter ignoro esa sonrisa, cerro brevemente los ojos con cansancio y se dirigió hacia donde estaba ella.
Esa víbora pronto seria pisoteada en su propio veneno.
Pusieron en marcha el elevador, dirigiéndose al piso 5 archivos
—Señor Potter—dijo la pelinegra, Harry no le dirigió la mirada —¿El señor Weasley estará con su esposa el día de hoy? —Pregunto.
En la voz de la secretaria, Potter noto su ansiedad por saber, le dirigió una fría mirada, la misma que siempre utiliza como detective, su falsa mirada.
—No lo sé, señorita Parkinson y no es de mi incumbencia, solo trabajo para el señor Weasley.—Sus palabras frías dejaron con la boca abierta a Pansy, quien tuvo la delicadeza de bajar la mirada avergonzada.
—Lo siento señor, como usted es su mejor amigo, supuse…
—Señorita Parkinson—Dijo con la voz grave y despectiva al pronunciar el apellido—No suponga absolutamente nada, le recalco no es de mi incumbencia, ni mucho menos suya, si me permite.—El elevador había ya abierto sus puertas, dejando que Potter Saliera, tras el siguiéndole los pasos Pansy Parkinson, rodaba los ojos.
Una vez dentro del departamento de archivos, tomo la primera carpeta que vio. El llamar a Párkinson y que lo acompañase solo era un pretexto para darle tiempo tanto a Luna como a Ron de hablar sin ser escuchados por la víbora cara de ángel.
Miro su reloj, pasaba ya de las dos. Sabía que su mujer le reprendería por su tardanza, sin embargo, el tenia que velar también por la seguridad de su hermano del alma, hijo de otro fulano. Además cuando se lo explicara a Hermione entendería, solo necesitaba un poco más de tiempo
—Señorita Parkinson, necesito que me busque las relaciones de los contratos alfa, omega y beta de las empresas, vinculadas a ellos, la contabilidad de los meses agosto- octubre y por favor busque dándole prioridad a las relaciones de ingresos-egresos del último semestre—ordeno con voz monótona, recordando documentos importantes donde se notaba un descenso del dinero, además de una suma elevada al exterior por compras innecesarios.
La secretaria le veía como si tuviera 4 ojos, ya que ese trabajo le llevaría 3 días eso sin contar con sus horas de comida si se los saltaba, en día y medio tendría todo lo que Potter solicitaba.
—Pero…Pero…—quiso refutar esas órdenes dadas.
—Nada de peros, necesito esos documentos.
—Usted no es quien para darme ordenes, solamente es su simple chofer—La voz de Parkinson se elevó, denotando parte de su furia.
Potter arqueo una ceja, miro a los ojos negros de Parkinson y lentamente murmuro: —Son órdenes del Jefe. Yo solo seguí sus instrucciones. ¿Acaso piensa omitirlos?
Harry salió del lugar, dejando a una Parkinson boqueando como pez fuera del agua.
Sin lugar a dudas, a Harry le encantaba hacerla rabiar, pues como detective se fijaba en la interacción del cuerpo humano. Pansy Parkinson era un experimento digno de un nuevo libro.
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Ronald se levanto ya de su escritorio permitiendo que su esposa tomara asiento en las sillas de cuero frente a él.
—Luna—Dijo cuando la vio sentada, vestida con esa ropa que tanto le encantaba
—Ronald—repitió la rubia en el mismo tono de voz que él, sorprendido y chillón.
Ron, se aclaro la garganta, tomo un poco de su sorbo de café y se aflojo la corbata. Luna reprimió un suspiro al ver a su marido de esa forma, era demasiado sexy para ella.
Su cabello pelirrojo revuelto, su camisa desabotonado en los primeros botones superiores, sus puños doblados hasta el antebrazo dejando al descubierto sus vellos pelirrojos. Su corbata deshecha. Una tentación andante.
La rubia se mordió su labio inferior al notar una sensación cálida formarse en su vientre, miles de mariposas le recorrían su estómago, nerviosa le sonrió a su marido.
—¿Qué haces aquí?—Le pregunto incrédulo Ron.
Luna jugueteo su pulsera de frutas disecadas, miro ansiosa a su marido y dejo salir las palabras las cuales podrían permitirle saber si aun tendría una oportunidad-
—Vine a verte… para invitarte a comer.
Weasley la miro perplejo, con la boca abierta por la impresión que le causaron esas palabras.
—¿Tu y yo?—inquirió aun con sorpresa.
—Si Ron, Tu y yo.
En el rostro de Ronald, una sonrisa asomo, mas fue creciendo al entender dichas palabras, misma sonrisa que fue compartida por su aun esposa.
Se levanto con prisa de su asiento, se acerco hasta su esposa y sin previo aviso tomando entre sus manos el suave rostro de ella, le beso.
Un beso delicado, suave, tierno, agradecido. Un beso sublime, un beso de amor.
Luna jadeo sorprendida al sentir esos firmes labios apoderarse de los suyos, sonrió para sus adentros. Aun tenían una oportunidad.
Le correspondió el beso, estaba decidida a que su matrimonio se recuperara y más ahora que un hijo les uniría por siempre.
Deslizo sus manos detrás de la espalda de su marido, sintiendo entre sus dedos, las hebras de cabello suave que tanto extraño.
No importaba si afuera estaba la mujer de sus sufrimientos, no importaba si había un trámite de divorcio, lo único que le importaba en esos momentos, era disfrutar que su marido aun sentía algo por ella.
Se dejaron llevar por la sensación de tener entre sus brazos al ser amado.
Sin embargo la falta de aire les separo. Luna sonrió con picardía, misma sonrisa que fue ampliada por su marido el cual le guiño el ojo con diversión.
Un fuerte gruñido proveniente del estomago hambriento de ambos se escucho.
La rubia y el pelirrojo se miraron avergonzados, con las mejillas arreboladas, el cabello revuelto y los labios hinchados.
—Vamos—murmuro Ron ayudando a su esposa a levantarse del asiento—Es hora de comer.
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Aparco en el único espacio libre que había en el estacionamiento, dentro su mujer le hablaba de cómo le fue el día, de lo que escucho en las noticias, de un documental de pingüinos que le fascino. Weasley escuchaba con devoción y fascinación al mismo tiempo. La voz dulce de su esposa que meses atrás no escuchaba.
Sus ocurrencias, su manera de hablar, sus malos chistes, sus sueños, sus anhelos…Todo eso extrañaba de ella.
Y ese día de junio, su Luna había vuelto.
Pero esta vez no la dejaría escapar, Como ella le dijo años atrás el era el sol que la Luna perseguía para brillar. Y Luna brillaba por él.
Y Ron se encendía por ella.
GRACIAS POR LEER
