Hello!. ¿cómo están?.
Con un día de retraso, pero aquí está el capítulo.
Avisos:
Subí ya la segunda temporada de "Dulce Traición", para que le den una vuelta.
Con Mad Aristocrat realizamos dos one shot crossover de nuestras historias. Ella usó en mi mundo de "Dulce Traición" a su Draco de "Tu Vertdugo", y yo llevé a mi Draco de DT a su mundo de TV. Los dos one shot se llaman "La prefiero a ella" y ambos están en mi profile (uno en historia propia y el otro en favoritos). Échenle un vistazo y dennos su opinión.
Y no sé cuándo suba el próximo chap de Fatales, porque este finde tengo un súper paseo con toda mi generación (somos como 150 compañeros) y será de viernes a domingo. Pero si tengo suerte con un chico por ahí quizás me llegue la Inspiración de golpe, así que denme ánimo xD!.
Gracias por sus hermosos reviews!
karyta34, friidaliizziiooz, tildita, Sweet evil angel, beautifly92, salesia, jos Black, seika, selegna, Romina, Theresitha Potter, .Potter, Marie Malfoy, Almanara, natica_4054, lucero08, andeli Malfoy Cullen, sydenne, Lunaaticaa, nathalie, camila, patricilla21.
Y prometo RESPONDER todos los rr que me lleguen en este chap. Así que anoten sus dudas en sus comentarios!,… ¿bueno?.
Un beso desde Nunca Jamás.
Ember.
Capítulo IX: Repitiendo confesiones y otros demonios.
Apareció rápidamente en el vestíbulo de su mansión. Miró para todos lados y corrió al lugar favorito de su madre, esperando con el corazón entre las manos que ella estuviera bien, que nada le hubiera pasado.
Madre- llamó al abrir la ventana corrediza que daba a la terraza-. Madre, ¿qué pasó?- preguntó sin ver nada más que a Narcissa convulsionándose del llanto sentada en una elegante silla de hierro.
Desde atrás alguien rozó su hombro cuando él se hincó y tomó las manos de su madre entre las suyas. De inmediato volteó su cabeza y una sonrisa amable, adornada de un rouge carmín, lo tranquilizó.
Draco, no te alteres, ya pasó el susto- le dijo, ofreciéndole una taza de té a Narcissa y sonriéndole a la misma.
Millicent tomó asiento frente a la pareja de madre e hijo, y esperó que Narcissa dejara de llorar para hablar.
¿Qué pasó?- preguntó nuevamente Draco, acariciando el rostro de su madre-, ¿de qué cadáver hablaba la carta?-.
Tras esa palabra Narcissa puso una mueca de horror, pero pronto la suavizó al sentir como su hijo se sentaba a su lado… desde que Lucius había muerto él se había transformado en su único apoyo.
Encontramos el cadáver de una elfina doméstica entre las petunias que rodean el cerco al fondo del jardín- le explicó Millicent llevando su cabellera violácea hacia atrás.
Una elfina que no recordaba que trabajaba para nosotros- aseguró Narcissa bebiendo otro sorbo de té, con su mirada perdida en el suelo de cerámica blanca-. Pero llevaba el uniforme de trabajo, y estaba toda cubierta de sangre seca, hijo… cubierta por completo-.
Draco asintió y arrugó el ceño entre sus cejas rubias. Debía reconocer que desde que Lord Voldemort había sido vencido cualquier acto como el de encontrar a un elfo doméstico asesinado se tornaba sospechoso. Porque no había explicación lógica que ahora explicara ese tipo de muertes, aún menos la de un ser tan insignificante como un elfo doméstico.
¿Tú lo encontraste, madre?- le cuestionó, observando como el vestido primaveral de la mujer tenía mínimas manchas de barro.
Los ojos azul fríos que adornaban el rostro aristocrático se clavaron en los orbes grisáceos de un Draco preocupado, el cual veía como su madre estaba absolutamente tensa con toda la situación.
Sí- confirmó-. Mientras almorzábamos le ofrecí a Millicent enseñarle mi jardín, y fue cuando bajamos hacia la cerca que limita las flores que un olor desagradable llamó mi atención… y ahí estaba, el cuerpo contorsionado en el piso…- la voz de Narcissa tembló, y sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas. Era una lástima que tan poca gente supiera lo frágil que podía ser la menor de los Blacks.
Con infinita delicadeza, Draco abrazó a su madre y la dejó desahogarse sobre su hombro. Tiritaba como una hoja movida por el viento, y la piel de sus mejillas estaba aún más pálida que de costumbre, surcada por las gotas de lágrimas saladas.
Puedes llamar a un elfo, por favor- le pidió Draco a Millicen, aún con sus brazos rodeando el cuerpo de su madre.
La mujer asintió y se puso de pie, saliendo de la estancia y volviendo a los pocos segundos, con una elfina doméstica tras ella. Draco llamó a la elfina con una mano y esperó que la criaturilla se pusiera de pie frente a él.
Lleva a la señora a su recamara- le ordenó-, yo iré a verla en unos minutos-.
La elfina asintió y tomó una mano de su señora.
Anda, madre- le dijo Draco, suavizando el tono de su voz-. Estoy contigo en unos minutos-.
Narcissa le sonrió y asintió. Se volteó hacia Millicent y le besó una mejilla.
Muchas gracias por la visita, querida- agradeció, sin dejar de lado su buena educación-. Lamento que todo hubiera resultado así. Espero que vuelvas a visitarme un día de estos-.
Millicent tomó una mano de su anfitriona y le sonrió.
Por supuesto, Señora Malfoy, vendré a verla siempre cuando usted lo desee-.
Con una última sonrisa, Narcissa dejó la terraza.
Un suspiro atascado se escapó de la garganta de Draco. Toda la situación le parecía bastante anormal, y temía que aquello fuera una señal, algún ícono de alguien que quisiera dañarlos… de alguna u otra forma. Después de todo los Malfoy habían traicionado al Señor Oscuro, y Lord Voldemort había dejado en el mundo ciertos ciervos con la intención de luchar por sus ideales, aún después de su muerte.
Una caricia suave en el dorso de su mano lo trajo de nuevo a la realidad, y al ladear la cabeza pudo admirar a Millicent que se había sentado junto a él, con aquel gesto de complicidad que muchas veces había compartido con Pansy.
Siento mucho lo que pasó- le comentó la muchacha-. Tu mamá no quería que te escribiera, pero yo lo encontré necesario. Discúlpame si eso te incomodó-.
Con una sonrisa cansada Draco respondió a esas palabras, y se detuvo a observar aquel rostro delgado que ahora le parecía tan bello, tan distinto al que esa chica había tenido en sus años de colegiala.
Actuaste bien, Millicent, te lo agradezco- su voz sonó absolutamente sincera-. Ahora que mi padre no está mi madre no tiene a nadie más en el mundo, y sé que a veces la dejo muy sola… demasiado-.
No te sientas culpable por eso, Draco, se entiende que hay cosas que debes hacer… ahora todo el peso de tu familia recae sobre tus hombros-.
Aquella mano delgada volvió a acariciar el dorso de la palma pálida, y Draco se sentía agradecido ante tal gesto de comprensión.
Lo sé, lo sé… pero a veces, me gustaría ser otro, no ser aquel quien carga con la cruz de ser el traicionero, el cobarde, el que se cambió de bando cuando se dio cuenta que el suyo iba perdiendo. Me gustaría ser yo, tan solo Draco-.
En los labios carmín se formó una dulce sonrisa, repleta de entendimiento, apoyo y fuerza. Millicent se inclinó unos centímetros hacia él y le susurró al oído.
Y lo serás, Draco. Si me lo permites, yo te puedo ayudar a encontrar tu verdadero camino, así como yo encontré el mío-.
Y con un leve beso en aquella mejilla pálida, ella desapareció….
Quizás, después de todo, Draco sí necesitaría su apoyo.
OoOoOoO
Las hojas danzaban con el viento otoñal, golpeando su rostro rubicundo y sonrosado. Sus manitos en puño jugaban con el montoncito de barro que había reunido a su lado. Y sonreía a todo aquel que caminaba a su alrededor, porque ser el único niño en un mundo de adultos traía sus ventajas.
De pronto el viento comenzó a soplar con mayor fuerza de lo normal. Sonaba enojado, iracundo, como si su misión fuera desgarrar con su rabia todas las hojas de los árboles, y los árboles mismos de raíz. Su danza ahora parecía furiosa, llena de un sentimiento de amargura que había movido las nubes para que cubrieran el sol, y así dejar el hermoso parque en penumbras.
Abri se puso de pie, buscando a su alrededor a aquellos que debían estar cuidándolo, a las únicas personas con las cuales se sentía completamente seguro, y que quería más que a nadie en todo lo ancho del mundo. Sus ojos grises escrutaban el paisaje desolado, cada vez más aterrador, y la angustia se aferraba a su pecho, desesperada.
Sin saber qué más hacer comenzó a correr, guiado por la escasa noción que tenía del camino que lo llevaría a casa. Sus piernas cortas evitaban los posibles hoyos que pudieran haber, y sus manos se movían al compás de sus pasos, ansiosos por encontrarlos… por saber dónde estaban ellos.
Una sonrisa invadió sus mejillas cuando frente a él se materializaron dos figuras altas y delgadas. Sabía que ellos debían ser, que nadie más podía estar ahí si no eran ellos.
¡Mamá!- gritó, yendo hacia el cuerpo más delgado. Pero no la reconoció, no podía vislumbrar más que facciones etéreas en un rostro sin nombre, sin identidad.
El corazón de Abraxas latió, y la desesperación comenzó a apoderarse de él.
¡Papá!- exclamó entonces a la figura que había aparecido junto a la otra. Corrió hacia él y pudo admirar un cuerpo de espalda ancha. Mas el rostro no tenía formas. Aquella cara que debía recordar no era más que un espejismo nebuloso, demasiado oscuro, demasiado olvidado para ser reconocido.
Pero ellos tenían que ser sus padres… ellos debían ser sus padres.
Con el rostro cubierto de lágrimas se alejó de las figuras, asustado, terriblemente inquieto. Su mandíbula estaba tensa por la preocupación, y no sabía qué hacer, a quién acudir para saber si esos eran sus padres… aquellos padres que no podía identificar, que no podía reconocer.
¡Mamá!, ¡¿eres tú, mamá?!. ¡Papá, háblame!- demandó, gritando, con miedo… con terror-. ¡¿Por qué no me salvan?!, ¡¿por qué no me llevan con ustedes?!- exigió, cada vez más confuso…
Un huracán cobró forma a su alrededor, y los hizo presos de su zumbido. Las túnicas largas de las figuras revoloteaban cual sombras extendidas de esos cuerpos desconocidos, mas ni eso fue suficiente para que esos extraños hicieran movimiento alguno, limitándose a estar quietos, cual si fueran cadáveres fríos y olvidados.
Abri sintió un miedo que invadió cada fibra de su pequeño ser, y sus ojos ya no veían por las lágrimas que los cubrían. Se tiró al suelo y lo golpeó, con rabia, con descontrol, con la intención de hacer un hoyo y esconderse en él.
¡Mamá, papá…. Sálvenme!-.
Fue lo último que alcanzó a gritar justo cuando unos brazos cálidos lo apresaron… y lo alejaron de ahí… unos brazos que lo acunaron contra un pecho que podía reconocer… de una persona que estaba ahí, cuidándolo.
Abri, es sólo una pesadilla- murmuró Pansy abrazando al pequeño que había estado llamando a sus padres en sus sueños-. No te preocupes, no estás solo-.
Los ojitos hinchados del niño se abrieron y miraron aquel rostro de mujer iluminado por la luz de la luna. Su corazón aún estaba agitado por el miedo de su sueño, y sin más que sentirse agradecido de ser despertado, se acurrucó contra su tía, sintiéndose algo más tranquilo entre sus brazos.
Tus padres ya vendrán, te prometo que vendrán-.
Y aunque Pansy se sentía cada día que pasaba menos esperanzada de ser rescatada, sabía que debía ser fuerte por aquel pequeño que había retomado su descanso entre sus brazos. Ahora Abri sólo la tenía a ella, y sin saber a qué tipo de pruebas podía estar siendo sometido el pequeño, por él debía luchar.
Abri se había vuelto su responsabilidad.
OoOoOoO
El domingo fue un día muy ajetreado para Hermione, ya que sin dejar que Ron diera la excusa de que era el día semanal de descanso, obligó a sus dos amigos a ordenar todo Grinmauld Place, sin posibilidad de negarse a ello.
Entre plumeros, escobas, varitas, cremas para encerar y gritos de Ron porque una posible hija de Aragog se había ido a instalar en la esquina del tercer piso, Hermione se entretuvo toda la mañana y gran parte de la tarde, quedando luego tan cansada que se dio un baño y se durmió… lista para el lunes que comenzaba.
Así que sintiéndose bien por tener su casa limpia, y con todas las pilas puestas para empezar una nueva semana, Hermione caminaba tranquila y sonriente hacia el cubículo de su oficina, esperando que pronto la ascendieran para cambiarla de posición.
Buenos días, Herms- la saludó una muchacha que trabajaba en el cuadrado de al lado, sonriendo de manera demasiado cómplice para gusto de la castaña.
Buenos días, Celly- respondió al saludo con cordialidad, haciéndose paso hacia su escritorio bajo la mirada intensa de los ojos azul turquesa que le dirigía su compañera de oficina.
Mas le bastó poner un pie en su cubículo para entender porqué la había mirado así… nada llamaba más la curiosidad de una mujer que un nuevo romance, y un ramo de rosas en medio de su escritorio era una prueba fehaciente de que algo de nuevo y romántico tenía que haber por ahí.
Con una sonrisa aún más exagerada que la que llevaba hasta el momento, Hermione corrió hacia las flores y las olió, sintiendo ese aroma fresco, elegante y dulce que las rosas rojas suelen emitir. Se alejó un poco y acarició sus pétalos aterciopelados con los dedos, asombrada por su suavidad. Finalmente se detuvo en la cinta roja que sujetaba su tallo largo, y tomó el pequeño sobre que había en ella, sonriendo por la tinta verde que rezaba su nombre.
"Disculpa mi ida tan apresurada del sábado. Prometo recompensártelo pronto.
Un beso.
DM."
Una risa algo estúpida surgió de la garganta de la castaña, como un cantar de ángeles que desprendían sus tonadas celestiales. Se llevó una mano a su cabello alborotado y dejó su maletín de trabajo sobre su escritorio, mientras pensaba qué hacer con aquellas flores que se iba a secar si no las ponía en agua.
Miró para todos lados, buscando no sólo un florero, sino también un espacio donde colocarlas entre todos aquellos papeles. Pero la verdad es que con suerte ella cabía ahí, así que las flores deberían ser trasladadas a otra parte.
Quizás Lavender acepte guardarlas mientras tanto…- murmuró para sí misma.
¿Le vas a regalar rosas a Lavender?- preguntó entonces una voz tras ella, sobresaltándola con su intromisión.
Harry sonreía a su amiga en aquella pose un poco desgarbada con la que a veces andaba. El cuello de su camisa estaba doblado y su cabello desordenado, aunque peinarlo era tarea que ni el propio Merlín podía realizar bien.
¿Ah?- le cuestionó haciéndose la tonta. No esperaba que Harry estuviera tras ella, y menos que la encontrara con un ramo de una decena de rosas que le era imposible de esconder.
Con una risa simpática Harry se acercó a ella. Miró las rosas e hizo un ademán de aprobación con su cabeza.
Sólo repito lo que escuche. Vi que tomaste las rosas y que mascullaste algo así como "Lavender", ¿o me equivoco?-.
En un movimiento brusco Hermione movió las rosas para que Harry no pudiera ver que había una tarjeta colgando de su tallo, y llevando las flores hacia atrás de su espalda, caminó hasta quedar al otro lado de su escritorio.
Sí, es que las flores son para ella- musitó sin mirarlo a los ojos-, entonces me estaba diciendo a mí misma que se las debía llevar…. ¡Es más!, se las llevaré de inmediato- señaló, volviendo a avanzar hacia al frente y haciéndole el quite a su amigo con un torpe movimiento.
Hey, espera ahí- le advirtió Harry tomándola del brazo-. Herms, sé que no me sacaba tus notas en Hogwarts, ¿pero realmente me consideras tan imbécil?-.
Nerviosa, Hermione desvió sus ojos hacia las paredes blancas de su cubículo. Nunca se había dado cuenta que no eran tan blancas, sino que mutaban a un leve matiz mantequilla… ¿y acaso eso era una mancha de salsa de tomate en su muro?. ¡Oh no, debería ir a quejarse con su jefe por la oficina sucia que le habían dado!, ya veía que la culpaban a ella de estropear parte del inmueble- ¿o más bien mueble?- de su trabajo.
Si no me respondes creeré que realmente me consideras imbécil…-.
Hermione arrugó el ceño y lo miró, aunque su gesto de enojo cambió a uno avergonzado cuando se topó con aquellos ojos verde esmeralda que la miraban divertido. Abrió la boca para decir algo, pero pronto la cerró… repitiendo aquellas bocanadas de aire como si estuviera emitiendo sonidos mudos a la nada.
¿Algo que decir a tu favor?- insistió Harry, notoriamente intrigado.
¡Está bien!- exclamó la castaña deshaciéndose de su agarre-, de todas formas creo que ya es momento de que lo sepas…. Y está demás decir que esto debe de ser secreto, ¿escuchaste, Harry?. Nada de después decírselo a Ron-.
Con una ceja alzada Harry sonrió, y tomó asiento en la silla.
Juro solemnemente que no repetiré nada de lo que me digas… aunque sea torturado por el mismo Voldemort para confesar- prometió con una mano teatralmente sobre su pecho.
¿Ni aún a fuerza de Imperius o Cruciatus?-.
Ni aunque el mismo Sauce boxeador me mate a punta de enterrarme astillas- dijo con el mismo tono solemne que había usado en la promesa anterior-.
Sólo un suspiro fue la muestra de lo que le costaba a Hermione confesar aquel secreto que se tenía tan bien guardado. Pero sabía que ya era hora de decir la verdad… si su relación con Draco seguía como hasta el momento, seguramente algo importante podía salir de ahí.
Levantó su rostro con aquella seguridad que era tan propio de su talante Gryffindoriano. Mentón en alto, voz clara, pero de un moderado volumen- no fuera cosa que el resto del ministerio se enterara-, y con el ramo de rosas bien aferrado a sus manos, habló:
Estas flores me las mandó Draco Malfoy… porque estoy saliendo con él-.
OoOoOoO
La celda cada vez le parecía más fría, más amarga, más sucia, y más infernal de lo que creía cuando llegó. De las grietas de las paredes se podía ver rastros de sangre seca, y entre los barrotes se colaban ratas gigantes que deambulaban en espera de que él se convirtiera en un cadáver más, como lo que sería lógico para alguien que se detenía a pasar un tiempo considerable de su vida en ese lugar.
Estaba agotado, y eso que apenas había cambiado de posición. Su cuerpo le pesaba como si todo un Colacuerno húngaro estuviera reposando en sus hombros, y se sentía sucio, desanimado, sin vida y completamente preocupado.
¿Dónde estaría Pansy?, ¿qué sería de su prometida?. El recuerdo de sus ojos azul agua se dibujaba en sus recuerdos como la única esperanza que le permitía soportar un poco más. No importaba qué le deparara el enemigo, él debía salir de ahí y recatar a Pansy… donde fuera que ella estuviese.
Unos pasos agudos se escucharon desde la lejanía, y Charlie pudo reconocer la tela satinada de un vestido azulino, el cual se apegaba a un cuerpo de curvas trabajadas. Reconoció en la recién llegada a la mujer que había venido a darle la escueta bienvenida el primer día de su llegada, y admiró la misma máscara roja vino que ocultaba su rostro.
¿Te la estás pasando bien?- preguntó con sorna, arrastrando la cola de su vestido por la baldosa-. Otros huéspedes me han dicho que su estancia suele ser muy agradable… no te imaginas como chillan cuando los sacamos de aquí-.
Charlie no se molestó en ponerse de pie. Clavó sus ojos en su captora y levantó el dedo de al medio, un gesto obsceno infantil era lo menos que esa mujer se merecía.
¡Por Merlín, Weasley!, ¿esos son los modales que te enseñan en tu casa?. La verdad no me extraña… tú y tus hermanos son toda una tropa de imbéciles que deberían estar haciendo de elfos domésticos o algo así-.
No te metas con mi familia- le cortó de golpe-. Eso no te lo permitiré…- murmuró en un tono amenazante que de sutil tenía poco.
La mujer no rió, como él se lo esperaba, sino que apretó sus puños y se acercó un paso a la reja.
¡Trato a tu familia como me da la puta gana!- le gritó con una rabia acumulada que lo asombró-. Son todos unos imbéciles, estúpidos, traicioneros que no les interesa nada más que su propio bien. Ni tú, ni ellos valen la pena-.
¿Esa rabia, a qué se debe?, se preguntaba Charlie mientras clavaba su vista en aquella mujer enmascarada. ¿Con cuál de sus hermanos se había involucrado esa mujer?
Por como hablas me atrevo a decir que conoces a mi familia bastante mejor de lo que debería creer…. ¿o no?-.
¡No tengo porqué responderte eso!- le espetó, retrocediendo nuevamente y sin despagar su vista de su prisionero-. Pero pagarás por lo que ellos me hicieron…. ¡Prometí que me vengaría, y lo haré!- exclamó finalmente, y como el aire se dio media vuelta con el volar de su cabello rubio…y desapareció….
¿Ellos?, se cuestionó Charlie aún desconcertado con esa visita recibida. Una sonrisa se dibujó en sus labios y la esperanza pareció iluminar levemente su celda. Quizás sí había una posibilidad de salir… y esa mujer sería la clave de la misma.
&
Millicent en acción, ¿no creen?, ¿será todo parte de una estrategia?, ¿qué habrá querido decir con que ayudaría a Draco a encontrar su verdadero camino?
¿Qué significará la pesadilla de Abri?
Hermione encontrada con las manos en la masa (o en las rosas), ¿Cómo reaccionará Harry?
¿Quién es la mujer que capturó a Charlie?, ¿por qué odia tanto a los Weasley?.
Muchas otras preguntas y muchas más respuestas… ya verán.
Espero sus teorías, recuerden que RESPONDERÉ todos los rr que me lleguen.
Ember!
