ACLARACIÓN
Los personajes no me pertenecen, sino a Masashi Kishimoto; al igual, que la historia, ésta es de Lorraine Heath.
Espero la disfruten al igual que yo.
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Capítulo 08
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—Cuéntame precisamente qué sucedió la noche en la que Hidan murió—, exigió Sakura.
Naruto sabía que él podría haberle evitado el viaje hasta la residencia Konohagure, pero no era su mentira para contarla. Estaban en la biblioteca de Uchiha, una habitación lo suficientemente grande para que, con la puerta cerrada, no se filtrara la conversación hacia los corredores y pudiera ser oída por los sirvientes. En ese momento, todos estaban de pie, Sasuke frente al escritorio, sus caderas apoyadas en él, Hinata cerca a su esposo. Sakura se detuvo ante ellos, sus manos convertidas en puños a sus costados. Al menos le habían dejado de temblar. Él quería estar a su lado, sosteniéndola cerca, pero ella parecía determinada a enfrentar esto sola, así que solo esperó, con los brazos cruzados. Esta era su batalla.
—¿Por qué no tomamos asiento?—, preguntó Hinata. —Pediré el té.
—No quiero té—, dijo Sakura. —Quiero saber sobre esa noche. ¿Realmente viste morir a Yugakure en medio del fuego?
Hinata miró a Sasuke antes de regresar su atención a Sakura.
—Sakura, debes entender que tenía mucho miedo por ti.
—¿Qué hiciste?—, le preguntó, su voz mezclada con agitación.
—Siéntate—, la urgió Hinata.
—No creo que lo haga. Tengo la impresión que lo estás por decirme es mejor escucharlo de pie.
Bien por ti, pensó Naruto, admirando su carácter. Su esposo casi lo había destrozado. Esperaba que se aferrara a eso cuando supiera la verdad.
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Hinata se aclaró la garganta. —La noche en que él golpeó cada pulgada de tu existencia, antes de que abandonáramos tu residencia, le insinuamos a los sirvientes que íbamos a llevarte a la casa de campo de Sasuke. En su lugar, claro, te llevamos con Naruto. Luego Sasuke y yo seguimos solos a las tierras Uchiha.
—Yugakure, llegó un par de noches después exigiendo que te entregáramos. Cuando supo que no estabas allí, se puso furioso, y atacó a Sasuke. En medio de la lucha una lámpara encendida se destrozó contra el suelo, el queroseno y las llamas encendiendo la alfombra y las cortinas. Sasuke lo superó y noqueó a Yugakure. Para el momento en que lo hizo, el fuego estaba descontrolado. Aunque no me enorgullezco de eso, estuve agradecida porque él no tenía medios para escapar del fuego.
—Así que él murió, lo dejaron morir.
Hinata dudó. —Sakura…
—Por amor de Dios dile la verdad—, espetó Naruto. —Porque si no lo haces yo lo haré.
Frunciendo el ceño profundamente, Sakura lo miró, y no alejar la suya fue lo más difícil que él hubiera hecho.
—Sasuke lo sacó—, Hinata dijo con rapidez, atrayendo otra la vez la atención de Sakura.
—¿Así que no murió?—. Con tristeza, Hinata negó con la cabeza.
Sakura retrocedió un par de pasos. —Pero vi el cuerpo.
—Viste un cuerpo, vestido con la ropa de Yugakure, usando sus anillos. Organizamos que él fuera transportado a otro país como un criminal, bajo otro nombre. Solo podemos deducir que logró escapar o convenció a alguien para que lo liberara.
—¿Solo pueden deducir? Ustedes creen que está aquí, destrozando mi cordura, y ¿no creyeron que yo debía saberlo?
Hinata asintió con renuencia. —Creímos que podíamos manejarlo sin que lo supieras. Pensabas que eras viuda…
Sakura se tambaleó como si hubiera recibido un golpe. Horrorizada, miró a Naruto y él supo que ella estaba pensando en la noche anterior, en sus votos de matrimonio, en cómo los había roto sin saberlo.
—No soy viuda. Mi hijo no es el duque.
—Nadie necesita saberlo—, dijo Hinata. —Lo encontraremos. Arreglaremos las cosas.
—Creo que ustedes ya han hecho la suficiente—. Ella lentamente giró para mirar de frente a Naruto. —Robaste tumbas en tu juventud, así que asumo que suministraste el cuerpo. ¿Dónde lo obtuviste?
—En una fosa común.
—¿Un pobre está enterrado en la cripta familiar de mi esposo?— Aunque no le enorgullecía, él asintió.
—Todo el tiempo supiste que él estaba vivo. Anoche…—. Las lágrimas inundaron sus ojos. —Sabías que no era viuda. Sabías que no era… libre.
Él no tenía respuestas para su acusación. Lo había sabido, maldito fuera, y había puesto sus propios deseos de poseerla sobre todo lo demás.
Ella avanzó hacia él.
—Pensé que estaba enloqueciendo. Las cosas desaparecían y reaparecían. Sonidos en la noche. Su aroma flotando en la casa, ahora sé que sucedía por su presencia. Él estuvo en la habitación de mi hijo. Estuvo en mi habitación. Sabías todo esto y me dejaste dudar de mi cordura.
—No puedes culparlo—, dijo Hinata—. Cuando decidimos hacer esto, hicimos un voto de silencio.
La mirada de Sakura nunca dejó la de él. —Un voto más importante que yo—. Luego ella se rió, con un sonido sin alegría. —Tus recientes atenciones, ¿Todas fueron parte de una estrategia elaborada para ocultar lo que habían hecho, para asegurarte que no descubriera la verdad?
Era más fácil mentirle que decirle la verdad porque en este punto, en todo caso, ella no le creería. —Quería estar seguro de estar allí para protegerte si él se presentaba.
—Me dejaste sufrir. No confiaste en que no los traicionaría.
—Sakura, lloraste cuando te conté que había muerto—, le dijo Hinata.
—Por supuesto que lloré. Con profundo alivio porque nadie volvería a lastimarme otra vez—. Giró otra vez hacia Naruto. —Aunque en eso me equivoqué. ¿Cómo iba a saber que el dolor de los huesos rotos palidece en comparación con el dolor de un corazón roto?
—Sakura, mi intención nunca fue herirte.
Ella soltó una risa caustica. —¿Sabías que Hidan decía esas mismas palabras después de golpearme?
Ella no hubiera podido decir nada que hubiera podido herirlo más profundamente.
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Mirando rápidamente a los otros, ella dijo, —Por favor, les ruego a todos, no me ayuden más. Me encargaré del asunto yo sola.
Con su mentón levantado, salió de la habitación, salió de su vida. Él la dejó ir porque sabía que él mismo había asesinado el amor que ella hubiera podido tenerle. Fue vagamente consciente del toque de Hinata en su brazo.
—Lo que ella dijo, no fue justo.
—Fue completamente justo.
¡Hidan estaba vivo!
—Sakura dejó que el pensamiento la inundara mientras se sentaba en la odiosa biblioteca. Él estaba vivo. Ella no era libre. No era libre para amar a Naruto. ¡Ni siquiera era libre para besarlo!
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¿Por qué Hidan no había entrado en la casa y anunciado su regreso?
Porque él quería jugar con ella, el bastardo. Sin duda la culpaba por lo que había sufrido. Por mucho que deseara que Hinata no hubiera tomado medidas tan drásticas para mantenerla a salvo, también admitía que se sentía conmovida por la devoción de su amiga. Obviamente furiosa, decepcionada porque hubieran creído que no podían confiar en ella, pero también conmovida.
Hace tres años, había sido demasiado cobarde para defenderse, no había tenido confianza en sus habilidades. En ocasiones había pensado que tal vez merecía los brutales tratos. Pero ahora entendía que Hidan no tenía derecho de golpearla con sus puños, ni tenía derecho a tratarla mal. Que él pensara que podía regresar y comenzar a atormentarla otra vez sería algo que no toleraría.
Consideró empacar sus cosas y llevar a Hidai a algún lugar donde ambos estarían a salvo, pero no le gustaba la forma en que sentía que estaría evitando la confrontación que, sin duda, sucedería muy pronto. Así que hizo que la institutriz lo llevara con una prima por unos días. Les dio la noche libre a los sirvientes. Con las puertas de la biblioteca abiertas hacia la terraza, observó caer la tarde, mientras sentía que era observada.
Tarde o temprano él la confrontaría, estaba segura. Él podría recuperar su lugar en la Sociedad. Pero no podría recuperar su lugar en su vida. Aunque crearía un enorme escándalo, ella se divorciaría. O más precisamente, lo obligaría a que se divorciara de ella por adulterio. Admitiría haber dormido con Naruto Uzumaki. Su mayordomo testificaría que él tenía una llave y que podía ir y venir a su antojo. Sospechaba que Naruto confesaría también. Después de todo, él se lo debía.
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—Pero fuera como fuera, ella no iba a quedarse dentro de su matrimonio.
Durante la ausencia de Hidan, había cambiado. Se había encargado de manejar la casa aquí en Konoha y las propiedades del campo. Había organizado los medios para recaudar dinero para un hospital. Había hablado con arquitectos, constructores y un médico para descubrir todo lo que necesitaba. Ellos habían hablado con ella, ofreciéndole consejos, aceptando sus sugerencias a cambio. Ya no se sentía pequeña o insignificante. Estaba segura de poder manejar sus propios asuntos. Lo había estado haciendo bastante bien durante estos tres años.
Gracias a Naruto Uzumaki, quién le había mostrado cómo deberían ser las cosas entre un hombre y una mujer. Incluso antes de su reciente interés, cuando ella se había estado recuperando, y había sugerido la idea de un hospital, él la había aceptado y nunca había cuestionado su habilidad de sacarlo adelante. La había tratado con respeto y la había valorado.
Ella no podía retroceder a cuando se encogía cada vez que su esposo hablaba, a acobardarse cuando estaba cerca, a siempre esperar un golpe.
Aunque se le ocurría que las cosas podrían salir mejor si tenía a sus amigos apoyándola, necesitaba encargarse de este asunto sola. Ellos ya habían puesto sus vidas y reputaciones en riesgo. Su ira ante ellos estaba disipándose, dejándola abrumada por la comprensión de lo mucho que habían arriesgado por ella.
Cuando la batalla era de ella para lucharla.
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Naruto sabía que no debería estar detrás de los setos que delineaban los jardines traseros de Sakura, que ella lo despreciaba y que no lo quería cerca, pero no podía obligarse a permanecer alejado, no cuando existía la posibilidad de que ella fuera herida, de que su esposo estuviera acechando entre las sombras.
¿Qué los había hecho pensar a cualquiera de ellos que su plan era una solución permanente para el problema de Sakura?, y, ¿Por qué todos habían accedido sin preguntarle a ella? ¿Por qué él se había involucrado?"
Porque al examinar su ensangrentando, maltratado y golpeado cuerpo, él había creído, realmente creído, que nadie debería maltratarla así. Ella se había visto tan pequeña, delicada y frágil que nunca se le ocurrió que podría ser capaz de cuidarse a sí misma. La culpa era de él por no haber visto hace tres años que lo único que ella necesitaba era desarrollar su confianza para defenderse. Ella había estado tan decidida esa mañana para alejarlos, para tomar el control por sí sola.
Pero hacerlo por sí sola, encargarse del asunto, significaba enfrentarse a su esposo, y él no podía permitir que lo enfrentara sola. Sin importar lo fuerte que creyera ser, no era lo suficientemente fuerte para eso.
Él había visto a los sirvientes irse temprano, asumió que su hijo había sido llevado a otro lugar. Ninguna luz escapaba de las ventanas excepto de la biblioteca. Ella se estaba preparando para encontrarse con la bestia en su propia guarida. Él se preguntó si Yugakure respondería a la invitación. Seguramente ya sabría que conocía su regreso.
Naruto escuchó un susurro apagado a su izquierda. Levantando el garrote que le había prestado Juugo, cuidadosamente avanzó y miró…
El dolor se disparó en la parte trasera de su cráneo.
Luego nada.
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—Hola, duquesa.
Sakura no recordaba haberse quedado dormida en silla frente al fuego, pero la suave voz ominosa le generó un temor que la estremeció. Luchando por controlar el miedo, abrió los ojos.
Un gran hombre fornido estaba parado frente a ella.
Hidan.
Solo que no lo era. Este hombre tenía una horrible cicatriz desde la mejilla hasta el mentón. Estaba sin afeitar, su cabello era un desorden indomable. Su ropa no le quedaba sino que parecía algo que le hubiera robado a un mendigo. Usaba un ordinario abrigo negro. Sus brazos más robustos, sus manos más ásperas.
—Yugakura—, le contestó, agradecida porque su voz sonaba estable. —Muy bueno verte.
—Creo que estás esperándome, pero en todo caso logré sorprender a tu amante—. ¿Mi amante? No sé de qué estás hablando.
Él giró ligeramente y ella pudo ver a Naruto tendido sobre la alfombra, sus manos atadas en la espalda, los ojos cerrados, sangre formando un charco detrás de su cabeza. —Mi Dios, ¿Qué hiciste?
Empezó a levantarse, para ver que tan mal herido estaba, pero Hidan la empujó otra vez a la silla con una mano, y avanzó para elevarse sobre ella como Lucifer ascendiendo del infierno.
—¿Te enredabas con él antes de que me fuera?
—Nunca fui infiel.
—¿Cómo llamas a lo de anoche? Estuve fuera de tu recámara escuchando tus gritos. Casi irrumpo para asesinarlo allí en ese instante, para asesinarlos a los dos. Yo hubiera estado en todo el derecho.
—Creí que estabas muerto. No sabía qué te había sucedido, no hasta hoy.
—¿Esperas que crea eso?
—Realmente no me importa si lo haces o no. ¿Por qué has estado acechando de manera tan poco masculina?
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La quijada de él se tensó y ella pudo ver el sonrojo de vergüenza en su piel. Si había alguna otra cosa que lo irritara más que ver cuestionada su masculinidad, ella no la conocía… Bueno, tal vez ser enviado al otro lado del mundo a bordo de un barco prisión era considerablemente más irritante.
—¿Por qué no anunciaste tu regreso, por qué jugar estos estúpidos juegos?
—Para que nadie me cuestionara por enviar a mi devota esposa a un asilo de locos. Mi esposa quien pierde cosas y luego las encuentra, quien cree en espíritus—. Se apoyó en los brazos de la silla y se inclinó hasta que se cernió a una pulgada de su nariz.
—Disfruté ver tu pánico, aunque debo confesar que no te quebraste tan rápidamente como pensé que lo harías.
—¿Observaste la sesión espiritista de anoche, cierto? Y después. Así es como supiste dónde encontrar los anillos.
Él sonrió.
—Casi contesté las preguntas de la dama, pero era mejor no dejarles saber a los demás que yo estaba por aquí… no todavía en todo caso.
—¿Por qué hacer esto?
—Para castigar a Hinata y a ti. Tal vez ella enloquecerá por la culpa, pensando en ti teniendo que vivir el resto de tu vida acompañada de gente verdaderamente loca.
—Si quieres deshacerte de mí, solo divórciate.
—¿Y dónde está la diversión?
—¿Entonces por qué no matarme como hiciste con tus otras esposas?
Una esquina de su boca se retorció siniestramente.
—No puedes probar que las maté.
—Pero lo hiciste, ¿Cierto? Nadie va a creerle a una loca, así que, ¿por qué no decírmelo? Tal vez saber que estuve casada con un asesino será suficiente para perder la cabeza.
Él hizo un sonido que pareció mitad gruñido, mitad risa.
—Creería que adquiriste algunas agallas mientras no estuve. Eso sería una pena porque eso significaría tu desaparición permanente.
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A ella le molestó que él pensara que podría vencerla tan fácilmente. Pero tal vez si hubiera sido más fuerte antes, él la hubiera asesinado.
—Entonces las mataste.
—Claro que lo hice. Eran estériles. Yo necesitaba un heredero. El divorcio es costoso, consume tiempo y es escandaloso. Ahora tengo un heredero, no necesito esposa, especialmente una en quien no puedo confiar. Después de lo que he soportado, mereces sufrir. ¿Sabes cómo son los barcos prisión? Me infestaron las pulgas y los piojos. Pulgas y piojos por el amor de Dios. Y una rata me mordió antes de le rompiera su pequeño cuello.
Sus ojos estaban abiertos desmesuradamente y centelleaban. Ella se preguntó si tal vez la terrible experiencia lo había enloquecido. Tal vez él era quien pertenecía al asilo.
—Me obligaron a trabajar hasta que mis manos sangraron y mi espalda dolió. Se rieron cuando les dije que era un duque. Me azotaron. Pasaron casi dos años antes de que pudiera escapar. Y mientras tanto planeé mi venganza. Luego anoche te oí con él, y me di cuenta que él también tendría que ser castigado.
—Tal vez querrías replantear eso. Él le sirve a la hokage.
—Se verá como si se hubiera encontrado con maleantes que lo golpearon y lo dejaron malherido en las caballerizas—. Ella reprimió el miedo. No le permitiría herir a Naruto.
—No.
—No puedes detenerme. Siempre has sido un pajarillo asustado con las alas cortadas. Cuando termine con él, planeo pasar la noche relacionándome con mi esposa antes de enviarla al asilo.
Sintió nauseas al pensar en él tocándola, borrando las caricias del hombre que amaba. Ella amaba a Naruto, a pesar de lo que le había ocultado, ella lo amaba. ¿No era él quién le había insistido a Hinata para que le dijera la verdad? Había sabido que ella era lo suficientemente fuerte para manejarlo. Sabía todo sobre ella, en el interior y el exterior, y la aceptaba por quién era.
—Vete al infierno—, dijo ella y lo empujó en el pecho. La gran mole que era su esposo casi no se movió. Solo se rió, se rió como lo hacía cuando la golpeaba antes, cuando ella gritaba. Había aprendido a no gritar.
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Un gruñido reverberó a su alrededor. Sakura casi no tuvo de tiempo de registrar la visión de Naruto atacando antes de derribar a Hidan. Ambos hombres cayeron al suelo. Aun atado, Naruto luchaba por levantarse. Hidan no tenía nada que estorbara su avance. Saltando sobre sus pies, agarró a Naruto por el frente de la camisa, lo levantó ligeramente, y enterró un puño en su rostro.
Ella escuchó el crujido del hueso destrozado, un sonido alguna vez había hecho eco en sus oídos cuando sus propios huesos enfrentaron el peso de esos puños. Saltando de la silla, tomó el atizador y golpeó a Hidan en la espalda. Él giró. Ella puso toda su fuerza, su peso, su necesidad de detenerlo en el siguiente impulso, golpeándolo en la cabeza, haciéndolo perder el equilibrio. Aterrizó sobre su espalda en el borde de piedra de la chimenea, su cabeza en un ángulo extraño, apoyada contra su gárgola.
Respirando agitadamente, ella se quedó de pie, con las piernas separadas, con el atizador listo para golpearlo otra vez. Pero él no se movió. Solo yació allí mirándola como si estuviera sorprendido porque se hubiera defendido.
—Desátame.
Ella miró a Naruto mientras él se esforzaba por sentarse, la sangre manando de su nariz. —Oh, sí, claro—. Mientras se arrodillaba a su lado e intentaba soltar las cuerdas, seguía lanzando miradas a Hidan. —¿Cómo te atrapó?
—Yo estaba en el jardín, vigilando, pero fui lo suficientemente tonto para caer en su trampa. ¿Estás herida?
—No, no realmente. Él parecía más interesado en hablar que en matarme.
Naruto soltó un resoplido que podría haber sido una risa. Cuando sus brazos estuvieron libres, acunó su rostro.
—Fuiste extraordinariamente valiente.
—Nunca me le enfrenté antes, nunca. No podía volver a vivir así. No. Pero creo que lo herí demasiado.
—Lo revisaré.
Ella vio a Naruto moverse hacia Hidan. —Ten cuidado—, le advirtió.
—Él no me lastimará—. Presionó un oído contra el pecho de Yugakure, luego con cuidado le levantó la cabeza. Ella vio la sangre que goteaba sobre la piedra.
—Parece que recibió un buen golpe. Debería traer algunos paños para contener el sangrado—, dijo ella. Naruto regresó con ella, apoyó las manos sobre sus hombros, y encontró su mirada.
—Sakura, él está muerto.
Sakura se sentó en una silla en un rincón. Después de cubrir a Hidan con una sábana, Naruto había enviado un mensaje al Inspector No Tenpi.
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Ella lo observó mientras estudiaba la puerta, luego entraba a la habitación y levantaba la sábana para examinar a Yugakure.
—Obviamente alguien de la calle—, dijo.
—Es el Duque de Yugakure—, lo corrigió ella.
Él la miró, miró a Naruto y luego a Hidan. —Veo a un hombre de la calle, un ladrón quien sin ninguna duda irrumpió en su residencia para robar. Mi informe indicará que la puerta fue forzada por alguien de experiencia—.
Ella estaba a punto de protestar otra vez, cuando entendió por qué Naruto había enviado por Juugo. —Por supuesto. Usted hizo parte del grupo que vivió con el abuelo del Conde Konohagure.
Naruto avanzó hacia ella.
—Sakura, sé que me desprecias pero nada bueno saldrá de revelar la verdad ahora. Juugo puede hacer que parezca como un robo.
—¿Dices eso para protegerte a ti mismo?
—No, para protegerte del escándalo. Toda tu vida junto a él se convertirá en material para chismes. Sí, algunos de nosotros sin duda sufriremos por lo que hicimos, pero también tienes que considerar el impacto que esto tendrá en tu hijo.
Ella nunca le había hablado mal de Yugakure a su hijo, nunca había querido que Hidai supiera cuán brutal era su padre. Él sufriría si se supiera la verdad.
—Pero lo maté.
—No realmente. Lo golpeaste. Él se cayó. El golpe en la cabeza fue lo que lo mató, pero sobre eso no tenías control. Fue un accidente.
—Y eso será lo que dirá mi informe—, dijo Juugo. —Con todo el respeto, Su Gracia, nadie cuestionará mis hallazgos.
—¿Puede vivir con esto?
—Puedo vivir con que se haga justicia. En mi profesión, veo a mucha gente lastimada o asesinada y los culpables no siempre son capturados. Así que hago justicia como puedo. Su esposo la trató terriblemente, casi la asesina, probablemente hubiera acabado con Naruto esta noche. Él era un hombre que no sentía remordimientos o culpas. No lamento su deceso. Según entiendo, sus anteriores esposas se enfrentaron a infortunados accidentes. Justicia poética, diría yo, el que muriera de un golpe a la cabeza.
—¿Eso es cierto? ¿Al convencerme de no decir nada no está intentando protegerse a sí mismo? Imagino que tuvo algún papel en su encierro. Usted hubiera tenido acceso a las prisiones como nadie más lo tendría.
—Todos conocíamos los riesgos, Sakura—, dijo Naruto. —Todos estábamos preparados para vivir con las consecuencias si se descubría lo que hicimos. Haz lo que debas.
Ella pensó en lo valientes que habían sido todos al arriesgarse tanto cuando solo Hinata la conocía realmente. ¿Qué representaba para ellos, aparte de alguien a quien la ley no protegería? Así que habían hecho lo que podían para protegerla.
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Respiró profundamente, un largo suspiro.
—Está usando los anillos de mi esposo. No estoy segura de cuándo los robo, pero le pertenecen a mi hijo, son parte de su herencia.
Juugo asintió.
—Añadiré eso a mi informe. Llevaré el cuerpo a la morgue ahora si no tienen objeciones.
—Quiero que se le entierre en la cripta de la familia—, les informó ella. —No tienen que retirar al otro hombre, pero Hidan debería descansar con sus ancestros.
—Me encargaré de eso—, dijo Naruto.
Ella no se sorprendió por su ofrecimiento. Él la había cuidado por más tiempo de lo que ella había sabido, y también tenía habilidades para encargarse de la tarea por sí mismo.
—Deberíamos revisar tus heridas—, le dijo ella.
—Estoy bien.
—No te ves bien desde aquí—, dijo Juugo. —Yo terminaré. Vete y deja que la dama te atienda—. Pareció que Naruto iba a objetar, así que ella le dijo suavemente, —Por favor.
No pudo haber estado más aliviada cuando él accedió.
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Después de llevarlo hasta la recámara, lo sentó ante el tocador. Humedeció un paño en la palangana, luego se arrodilló frente a él para suavemente enjuagar la sangre que le había quedado después de que él se limpiara con su pañuelo. Él hizo una mueca, y ella aligeró su toque.
—Lo siento si duele—, le dijo.
—Viviré. Siento no haberte dicho lo que sospechaba cuando me contaste por primera vez las extrañas cosas que sucedían. Esperaba estar equivocado.
Ella le dio una leve sonrisa. —¿Preferirías que estuviera loca?
Él negó con la cabeza. —No, esperaba que hubiera otra explicación.
—Me alivia que todo haya acabado, que realmente haya fallecido, y a pesar de todo, estoy melancólica.
—Creo que eso es de esperar.
—Si no lo hubiera golpeado tan fuerte…
Él acunó su rostro entre sus palmas.
—Sakura, no te equivoques. Él iba a matarme.
Atado como estaba, dudo que hubiera podido detenerlo. A pesar de sus planes de internarte, sospecho que también te hubiera asesinado. Escuché una parte de su conversación. Él prácticamente confesó las muertes de sus otras esposas. Hiciste justicia no solo por ti sino por ellas.
—¿Crees que la culpa disminuirá con el tiempo?
—Sé que lo hará, pero nunca se irá totalmente—. Él evitó su mirada, con expresión distante, y ella no pudo evitar creer que él estaba recordando el pasado. ¿Con qué frecuencia ella había hecho lo mismo? Lo vio pasar saliva. Cuando volvió a mirarla, sus ojos eran atormentados. —La Sra. Sato tenía razón. Fui responsable de la muerte de mi madre. Estaba golpeándome un día, junto a las escaleras, fuera de la vista de todo el mundo. Yo estaba acurrucado, tratando de evitar los golpes, y la golpeé, traté de patearla. No tengo muy claro cómo sucedió, pero nuestras piernas se enredaron, ella perdió el equilibrio, y cayó por la barandilla para estrellarse en la calle. Se rompió el cuello.
Ella apretó sus manos.
—Oh, Dios, mi amor, no puedes culparte por lo que sucedió.
—No creo que lo haya entendido completamente hasta que te vi golpear a Yugakure. No querías matarlo, Sakura, igual a como yo no quería matar a mi madre. Pasé buena parte de mi vida intentando enmendar algo que no era mi culpa. Tú también eres inocente en la tragedia de esta noche.
—Sí, pero…— De alguna manera su situación se sentía diferente, ¿pero lo era realmente?
—Creo que por eso fue que mi padre me abandonó esa noche—, continuó Naruto—. Cuando miré hacia el cuerpo de mi madre, vi a mi padre de pie allí, observándome. Creo que temió que yo fuera a ser igual que ella, un salvaje. Por eso siguió adelante.
¿Cómo pudo abandonarlo su padre? ¿Cómo pudo creer que Naruto sería como su madre? Nunca había cruzado la mente de Sakura que Hidai crecería para convertirse en alguien distinto a un hombre honorable y bueno.
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—Aunque nunca lo conocí, no me gusta mucho tu padre—, le dijo ella. —Que hubiera abandonado a un niño para que se defendiera solo.
—Pero sus acciones llevaron a que mi vida diera un giro que me trajo aquí. Te amo, Sakura. Desde hace tres años, pero oculté mis afectos, porque no creía que aprobarías lo que habíamos hecho y que me despreciarías por mi papel en ello. Pero luego te besé en el jardín y todo pareció perder importancia.
Y no tenía importancia. Ellos habían intentado protegerla porque no había sido lo suficientemente fuerte para hacerlo por sí sola. Pero esa noche y todos los días posteriores la cambiaron. Nunca volvería a creer que merecía algo distinto a lo mejor. No dudaba que el hombre frente a ella era el mejor de los mejores. Le dio una pequeña sonrisa.
—Bueno, ahora realmente soy viuda.
Él le sonrió.
—Sí que lo eres.
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