Título: Él no cambia

Sumary: Post-Manga. Aunque había abandonado su época y a su familia por estar con él, las cosas no son como Kagome las imaginaba. Todo por culpa de un estúpidamente tímido semi-demonio. Todo seguía como antes, porque él no cambia…

Ranking: K+

Género: Romance/Humor/Comedia/Drama

Advertencia/Recomendación: Quizás un poco de OoC.

Cantidad de palabras: 1,084

Disclamer: InuYasha sí es mío. Solo que los derechos de autor, legales y demás son de su amada creadora Rumiko Takahashi… Tan sólo es cuestión de esperar 50 años para que él pase al dominio público y lo haré completamente mío (O.o?)

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Hiriente

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Unos segundos de silencio por la terrible pérdida de algo tan valioso. O más bien necesario.

El razonamiento de InuYasha acaba de fallecer.

O eso es a lo que se aferraba a creer Kaede, por la última frase que debió decir el ambarino mientras seguía mirándolo con disimulado estoicismo. Era verdad, la primera en incitarlo a hacerla sufrir para salvarle la vida fue ella, pero el comienzo de su nueva actitud era tan absurdo que resultaba sospechoso.

Tragó saliva, nerviosa, esperando ver que más hacía cuando la suave voz de la pelinegra le despertó de su estado. Ese medio demonio era un imbécil. —InuYasha...—Musitó la joven sacerdotisa, con una leve sonrisa en su rostro. Sus delicadas manos apretaron y soltaron poco a poco la tela que cubría su cuerpo, sus ojos se fueron cerrando mientras la dulce sonrisa en sus labios se ensanchaba más.

El joven medio-demonio desplegó sus ojos hacia atrás, volviéndolos blancos y de pupilas desteñidas, ese fue un gran susto. Kagome aún no despertaba de verdad. Tardó unos minutos, pero cuando el pobre peli-plateado se recuperó de la impresión, observaba asombrado, naciendo un pequeño tic en su ojo de la desesperación.

Tanto que le costaba decir aquella frase y ella... Simplemente resultaba ser que estaba aún dormida. No lo había escuchado y mucho menos entendido. Ahora en vez de preocuparle deseaba matarla ahí mismo. —InuYasha... —Llamó Kaede. Él asintió vagamente, dándole a entender que tenía su atención. —Sé que es molesto, pero debes agradecer que no te escuchara.

— ¿Eh? —Balbuceó rápidamente. ¿Acaso había escuchado mal? La anciana esa fue la que le había dicho que fuera grosero con la chica…

—Espera, déjame explicar. —Corrigió de inmediato la vieja sacerdotisa al ver la cara de incertidumbre en el ambarino. —Serás idiota si dices eso tan de repente. —Le dijo. El semi demonio no parecía muy feliz de escuchar insultos en su propia cara, esa maldita no tenía respeto por alguien como él.

— ¿De repente? —Olvidó la molestia, mientras lo analizaba. Bueno, si sería anormal si le preocupaba tanto la chica y al verla despertar le decía palabras crueles. Ni siquiera él las creería. Y conociendo a Kagome seguramente pensaría que estaba molesto por que ella no se preocupaba de su salud. —Tienes razón. —Soltó un respiro y luego la miró seriamente. No serviría de nada ser malo con ella, si no le creía.

—Estoy segura que Kagome no entendería tu repentino cambio de actitud. —Tomó una pequeña taza que tenía al lado y bebió un sorbo. No pudo evitar alzar una ceja ante la pequeña pregunta que rondó su mente en unos segundos. Leyendo las expresiones de su rostro, Kaede contestó: —Hace poco fui por el té, pero estabas tan absorto por lo que pasó que ni te diste cuenta.

—Feh...

—Y continuando con el tema. —InuYasha volvió a prestar atención mientras la anciana suspiraba molesta. Entendía que nada le importara si la pelinegra no estaba en el medio pero ¿no podía ser menos grosero y fingir que escuchaba? —Sé que te será difícil, pero debes ir con cautela para no despertar sospechas. —Su mirada se tornó seria, haciéndole complicado sostenerle la misma. No era un tema fácil para ambos, pero debía hacerse. —De poco a poco, como hasta ahora... ¿Entiendes?

—Sí. —Respondió con toda la seriedad que le fue posible.

La mujer lo observó con pena, conteniendo en sus labios tensos las palabras que quería decir. Sí, deseaba soltar su lengua pero viéndolo en ese estado su comentario lo heriría más. InuYasha bufó exasperado cuando notó esa lástima en sus ojos, lo que la obligó a ladear el rostro.

Soltó un suspiro y se resignó. Sí, lo mejor sería callar la frase que deseaba expresar. Un poco más. Solo pedía un poco más de tiempo antes de que ella despertara.

Debía hacerla sufrir por su bien, porque cuando la pelinegra abriera los ojos ese hecho sería inevitable. Y a pesar de haberlo aceptado, de momento, resultaba más sencillo decirlo que realizarlo. Nada debía salirle mal o la vida de Kagome correría el riesgo de entrar en esa terrible tortura.

Los ojos del ambarino se desviaron hacia la silueta de la chica. Al observarla detenidamente se dio cuenta de lo hermosa que era dormida. No parecía la mandona, gruñona y poco amable chica que día a día le hacía sentirse tan exasperado. En ese estado no podía hablar, no podía recriminar y eso le gustaba.

Técnicamente era como si encontrara indefensa. Si quería podía tocar la piel de su mejilla, que se veía irresistiblemente suave, adornada con ese toque rosáceo. También, si lo quería, podía tocar los mismos labios que se curvan perfectamente cuando le regala una sonrisa. Y por último, si también quería... —InuYasha —Escuchó decir a alguien en un susurro.

—Ka-Kagome...—Murmuró igual de suave, sintiendo sus mejillas sonrojarse casi tanto como las de ella. Estaba sorprendida por su repentino acercamiento, tanto como él. ¿En que momento quedó a milímetros de ese rostro? No lo recordaba, sólo sabía que algo le impulsó a moverse cerca sin medir distancias.

—InuYasha...—Susurró de nuevo la pelinegra, logrando el despertar del ambarino. No entendía bien la situación porque aún estaba medio adormilada, pero algo dentro del corazón le hizo sentir que tenía que sonreír, con verdadera felicidad. Sus labios se curvaron, elevándose con fuerza mientras nacía una radiante sonrisa que le tentó el corazón.

El ambarino no quería hacerle daño. Le resultaba imposible pensarse a sí mismo haciéndole daño voluntariamente a la pelinegra; sintió deseos de gritar, de golpear algo fuertemente, todo menos tener que hacer sufrir a esa persona. Esa sonrisa… No deseaba que desapareciera…

La sacerdotisa se sonrojó, mientras mantenía su gesto. Había notado cuán cerca estaba él de su cuerpo, pero pronto se desconcertó al ver a su amado chico perro alejarse bruscamente, dándole la espalda y murmurando algo que no entendió en absoluto. Un presentimiento comenzó a latir fuertemente en su pecho; sabía que él no soportaba ciertas distancias demasiado personales, pero no tenía que alejarse como si tuviera la peste.

¿Porque lo haría? La pelinegra quisiera despertar de una buena vez para entender algo de lo que estaba pasando. —Es bueno que despertaras, no soportaría cargarte de nuevo con lo pesada que estás.

— ¿Porque actúas tan extraño? —Cuestionó con molestia.

—Yo te lo diré. —Interrumpió Kaede después de haberlos observado un rato en completo silencio. El de cabello plateado no parecía dispuesto a hablar, así que retomó sus palabras. —Lo que sucede es que estaba preocupado por ti, pero le da pena admitirlo.

—Feh —Gruñó molesto. En cuanto todo este lío terminaba juraba que acabaría con sus propias manos a la anciana metiche. —Y eso, si antes no se me adelanta por su propia cuenta...

—Eso lo escuché. —Sentenció la sacerdotisa con una mirada demasiado severa para su gusto. Tuvo el repentino impulso de huir despavorido antes de que le colgara otro collar que esta vez pudiera manejar ella o algo por el estilo. La azabache los miró a ambos con diversión. —InuYasha, Kagome ya está mejor y lo que sucede desearía que se lo explicaras tú. ¿Te parece? — él bufó por lo bajo. ¿Acaso era un castigo por lo dicho? De verdad que ahora le entraban ganas de asesinarla. La maldita bruja sabía lo difícil de la situación y aún así...

—Vamos. —Masculló entre dientes.

Kagome solo asintió sintiéndose confusa de lo que parecían hablar con sus miradas esos dos. Tenía la necesidad de preguntar, pero ya lo haría mientras avanzaban a un sitio demasiado conocido por ambos; siguiendo sus pasos pronto se vio guiada a la salida de la cabaña.

La cruenta madera seguía casi igual a pesar del tiempo y las orillas se veían tan resistentes como para sentarse a una pequeña platica. En un inicio si le sorprendió, pero sabiendo el significado de este sitio y las comodidades de estar algo alejados de los metiches, siguió el camino hasta el pozo devora-huesos.

InuYasha le instó a sentarse primero, agradeciendo en silencio la molestia tomada. Seguro sabía que no estaba tan bien como quería aparentar, pero le alegraba que gracias a eso las actitudes del ambarino se suavizaran al menos un poco. Eso le daba esperanza. —Kagome ¿que es lo que te ha dicho la vieja?

—No seas tan irrespetuoso. —Protestó con un mohín. —Sólo me ha dicho que tú me lo contarías todo. —Sonrió feliz, increíblemente feliz sólo por poder estar a su lado cuando antes esa opresión no le dejaba el pecho. Era como si el peso asfixiante se hubiera ido por fin, dejándola ser ella misma. —Entonces, ¿que es esta marca? —Señaló a su pecho, haciéndole recordar a ambos un penoso incidente de días atrás donde cierto chico perro había visto de más... Por supuesto, no demasiado... Por desgracia.

—Bueno... —Carraspeó, intentando sacar de su mente ese recuerdo. — ¿Como podría decirlo si ni siquiera entendí bien?

— ¿Que te parece un resumen? —Sonrió de nuevo, inspirándole la confianza necesaria para continuar.

Kagome lo hacía sonar tan fácil...

Le diría algo de lo que entendió, omitiendo las partes que justamente involucraban el cambio en su actitud a partir de ahora. Oh, cierto. No debía olvidar modificar su carácter con ella. Su mirada se tornó melancólica, imaginando que, al menos por un tiempo, no podría estar con ella a solas sonriendo tan tranquilamente si esto seguía. — ¿InuYasha?

—Feh, sólo pienso. —Contestó apenado, sacándole a la pelinegra una suave risa. —Según entendí, la hierba filosa con la que te cortaste el pie era parte de una maldición. —Kagome bufó sorprendida, pero al recibir una molesta mirada de ámbar bajó la cabeza un poco y lo dejó continuar. —Deja una marca de Luna nueva en un inicio que se va llenando de las inseguridades y sentimientos negativos de la persona, convirtiéndolos en dolor físico.

—Creo que ahora lo entiendo. —Suspiró triste pero inmediatamente sonrió. Sí, definitivamente empezaba a comprender que era la opresión de su pecho que la ahogaba en los peores momentos. Pero, ahora ya no era así, porque estaba junto a InuYasha. Recostó su cabeza, haciéndole sonrojar furiosamente al chico quien tragó duro. — ¿Porque hay tal cosa para torturar a las personas?

—Kaede dijo que era por culpa de las brujas…—Sus hombros algo tensos se relajaron al sentir el poco peso del cuerpo de la chica pegándose más, y junto a ella su calor tan sublime. —Aún así, no entiendo esto…

— ¿Sólo es eso? —La relajación conseguida hasta ahora se esfumó ante la pregunta, pero se obligó a parecer calmado y no preocuparla.

—Sí, cuando la Luna nueva se vuelve Llena se liberan de la opresión.

— ¿Como yo?

—Sí.

—Vaya, no creí que fuera tan fácil. —Suspiró, esta vez pasando una mano por la cintura de InuYasha que empezó a estremecerse. Esto no estaba bien, se supone que no debía permitir que le agradara tanto el tacto de Kagome en su cuerpo, necesitaba alejarla porque esa maldita hierba era peligrosa. — ¿Sabes InuYasha? me gustaría estar así contigo todo el tiempo.

Kagome estaba feliz. No se había percatado pero la misma Luna estaba brillando en su pecho con una inusitada rapidez, advirtiéndole de inmediato que aquello no iba bien. Quería apartarla para no hacerle daño, pero su cuerpo seguía sin responder, realmente se sentía tan pleno que se preguntaba si aquello estaba tan mal como Kaede decía.

Mirándola fijamente la sacerdotisa no parecía diferente de otras veces. De hecho, parecía haber vuelto a ser la misma. La sinceridad que le avergonzaba, el como sin saber lo que sucedía se encontraba a sí mismo dejándose llevar por las palabras de ella.

Y sin embargo...

"Cuando el corazón y mente de la persona estuvieran al tope de sufrimientos el tatuaje de Luna Llena sería la señal. La segunda fase, actuando de manera totalmente opuesta brinda la sensación de paz y felicidad y finalmente es la que lleva a la ruina."

Esa maldita planta sólo servía para torturar. Primero haciendo sufrir, después otorgar la efímera y falsa paz al alma antes de morir. No, no podía permitir que Kagome muriera de esa estúpida manera. ¡Ni siquiera había sido condenada a la tortura por algún pecado!

Cogió sus hombros con una fuerza mayor a la que deseaba emplear, enterrando con ello un poco de sus garras. Kagome gimió débilmente, más por no saber reaccionar que por el dolor provocado. No deseaba lastimarla pero no le quedaba de otra si la pelinegra seguía reacia a separarse.

Bruscamente la separó de su cuerpo, con tanta fuerza que esta cayó al suelo de un sentón. La cara de desconcierto de la chica le hizo dudar por instantes bastante difíciles, pero recuperó compostura y siguió con su firme decisión.

No quería verla herida, pero mucho menos muerta. Era preferible lastimarla así porque resultaba ser más suave. Con nerviosismo se acercó hasta ella y le tendió la mano que Kagome cogió enseguida como acto reflejo, a pesar de la cara que enmudecía al ambarino. —Perdón. —Musitó avergonzado. —Perdóname...—Su voz tomó más fuerza.

—InuYasha, no...

—Perdón. —Repitió con una súplica silenciosa en sus ojos. Aquél perdón comenzaba a sonar tan extraño cuando el ambarino la miró acongojado de siquiera estar en su presencia. No entendía, de verdad las cosas se habían tornado tan extrañas desde aquella frase.

¿Aquella frase? Sólo había dicho que deseaba permanecer con él, como siempre.

Y entonces... Su actitud cambió. Sintió el correr de las lágrimas a los pocos segundos de haberlo comprendido. El dolor de sus brazos resultaba insignificante comparado con el de su corazón. La misma pesadez de antes parecía haber vuelto con una inusitada fuerza, acrecentándose a cada lágrima que desbordaba por su mejilla.

Si él no quería su contacto, si rechazaba sus palabras... ¿Significaba lo que ella creía?

—Ka-Kagome, no es lo que yo quería...

—Es obvio que no lo era.

OoOoOoOoOoOoOoO

Kaede suspiró nuevamente, mirando al cielo estrellado con confianza absoluta. Por más que InuYasha sufriera no era necesario cambiar o ser diferente y entendía el por qué a la perfección. Ahora libremente podría decir la frase que antes se atoró en su garganta: —Su simple actitud la herirá...

OoOoOoOoOoOoOoO

N/Kou: Corto, tarde y feo. Ódienme, yo lo hago; pero es necesario antes de la parte genial del final (?) no quise modificarlo mucho (y si que le hice cambios xD) pero sinceramente la cabeza no me da para más, consecuencias de dormirse a las 5 am y despertar a las 10 xD. El internet no me dejaba subir ayer, así que esta vez no fue porque yo quise…

PauliiTaisho: Ya sabes, en la vida siempre se tiene que sufrir para no sufrir, por ejemplo sufres una depilación para no sufrir por estar peluda (?) Mal, mal ejemplo xD Muchas gracias, perdona la tardanza de un día –al menos fue uno y no toda la semana xD- Tranquila, tranquila, esto se soluciona porque se soluciona, sino me meto yo y le doy un jalón de orejas al Inu. Un saludote y besos de galletas ¬w¬

Ya que no sé si todos los reviews son de la misma Guest (imagino que sí, pero no estoy segura xD) responderé por separado…

Cami-chan: *Recibe los limones* Si la vida te da limones, exprímeselos en la cara (?) Muchas gracias, siempre intento que mis historias varíen y sean lo más posibles originales, aunque creo que tanta diversidad imposibilita eso… Tranquila, Koga no aparece en ningún momento, tengo un trato con Ayame de que lo mantenga amarrado para que no estorbe en esta trama xD Shippou viene, en algún lejano momento, sigue entrenando por ahí. Jajaja, lo siento por darte hambre, a mí también por eso lo digo… De verdad, mil gracias por tus dos reviews, espero me perdones por la tardanza. Besos de galleta ¬w¬

Guest 1 (?): Nah, me ha hecho eso y más, aunque si fue una tortura no saber que le pasaba, ya he perdido varias así y es horrible la sensación… Más porque ahí guardé los fics borrados xD Muchas gracias por tu perdón, salí muy bien, cinco cienes y solo un noventa y siete (¬.¬) Los capítulos seguirán, tengo ansias de acabar la historia ya, pero el tiempo… No importa, solo quedan pocos capítulos ¡estamos en al recta final! Besos de galleta ;D

Guest 2: Claro que te tomo en cuenta, yo a nadie desprecio *Kou gira la derecha y mira a su hermana* nadie, claro… Ejem, ¿por qué piensas eso? Creo que ya fallé, me tardé un día xD Un saludote y besos de galletas ;D