¿Advertencias? Éste es un mundo alternativo. Es decir, algunas cosas no son iguales a como las leíste.
Harry Potter me pertenece y escribo esto con fines de lucro.
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Lágrimas y pancitas
Por Janendra
Capítulo IX: Duerme en mi corazón.
Las luciérnagas brillaban alrededor del hombre. Voldemort estaba sentado en el pasto. El cabello castaño le caía sobre los ojos de un azul profundo y triste. En su rostro se dibujaba la serenidad. La herida en su costado sangraba. Levantó los ojos y observó la luna, tenía un halo plateado. Recordó a su padre, un médico muggle que provenía de una larga familia de campesinos.
"Cuando la luna tiene ese halo, Tom, significa que los espíritus de los muertos encontrarán paz".
"¿No todos los muertos tienen paz?" La voz de su recuerdo era la de un niño de cinco años, dulce e infantil.
"Algunos equivocan el camino mientras viven y deben asumir las consecuencias de sus actos".
"¿Se van al infierno?"
"No, hijo, el infierno no existe; es un cuento de curas para asustar a la gente. Lo que existe Tom, es la justicia, la bondad, la maldad y gente que se aprovecha de los otros. Cada uno de nosotros tiene cosas que aprender en esta vida, Tom, y por eso para cada acción nuestra existe una consecuencia".
Voldemort se recargó despacio en el árbol detrás de él. Sintió la energía del árbol honda y antigua.
—Descansa, muchacho, —escuchó al árbol—. Las cosas mejorarán para ti.
No sabía si creerlo. Él estaba perdido desde hacía mucho, incluso volvió de entre los muertos. Ahora que tendría que regresar a ese mundo, sabía lo que sucedería. ¿Cómo pudo equivocar el camino de esa manera? Recordaba que fue un niño dulce, amable. Ayudaba a su madre con las labores de la granja. A su padre cuando se ponía a sembrar, algo que le gustaba tanto como ayudar a la gente de su comunidad. Él no creció lleno de odio, la maldad no estaba dentro de él conforme se hacía adulto.
Tomó malas decisiones, eso era verdad. El camino del mal era sencillo y cuando empezabas a caminarlo, era difícil volver atrás. Fue un maldito, un asesino, un tirano y su castigo estaba a la altura de sus actos. El poder, la soberbia, el ego desmedido, fueron su perdición. En el fondo sabía que sobrevivía en él mucho de aquel hijo de un médico de pueblo, que lo mismo curaba con medicinas que con hierbas, que sembraba porque estaba en su sangre. Aún era hijo de su madre, una mujer dulce y firme, una bruja que le enseñó a relacionarse con la naturaleza como si fuera su igual, que le dio el don de la magia y de hablar con las serpientes. Esperaba que los fantasmas de sus padres lo quisieran.
—Soy un hombre —dijo en voz baja y firme—. Me equivoqué, tomé pésimas decisiones, causé dolor y muerte. Me arrepiento de corazón, —suspiró—, y asumiré las consecuencias de mis actos.
Volvería al mundo de los muertos. Sabía que esperar. Cada humano que moría debía reencarnar. El ciclo no se interrumpía demasiado. Algunos necesitaban un tiempo para reponerse y continuar. Él pasó catorce años en el limbo, a la espera de una mujer o un varón fértil que quisieran darle una oportunidad. Su castigo era justo con sus acciones. Los otros podían nacer de cualquiera que eligieran. Él debía decirles quién era y lo qué hizo. En catorce años nadie le dio una oportunidad.
Voldemort levantó la mirada. Los magos del lado de la luz se acercaban a él. La lucha estaba terminada. Vio a Lucius su antiguo mortífago, con la espada en la mano derecha y la varita en la izquierda. Vio a Dumbledore quien le dio el golpe que lo regresaría con los muertos. Los aurores se encargaban de los mortífagos vivos. Ya nadie luchaba.
—Albus, —dijo él—, no volveremos a vernos.
El viejo mago asintió. Se acercó sin ningún temor a Voldemort y le ofreció un poco de agua que hizo aparecer en sus manos.
—El esfuerzo físico te daba sed —sonrió Albus.
Era verdad, Tom bebió y se sintió mejor. Le devolvió la sonrisa.
—¿Recuerdas cuando era joven? Tenía tantos sueños.
—Volverás y los harás realidad. No pienso morirme pronto, así que cuando vuelvas te guiaré mejor.
Había en los ojos de los dos magos lágrimas de pena y de esperanza.
—Viejo, tendrías que vivir unos quinientos años para que yo vuelva. Es verdad que el castigo es acordé a tus actos. Lo merezco y lo asumo.
Cristalinas lágrimas cayeron desde los ojos azules. Albus esperó cada día de su vida por esas palabras, en realidad nadie se perdía por completo, ni era totalmente su decisión el papel que asumía en la vida.
—Lucius, siento lo de tu hijo.
Lucius miró al mago con gesto adusto y luego asintió.
—Cada cosa es como debe ser —dijo Lucius con voz serena—. Tu ataque cambió la vida de mi hijo para mejor. Creo que el destino te uso para mover algo que ya estaba previsto. Todos tenemos un papel asignado en esta vida, no puedo culparte por el sitio que debiste ocupar.
—En cuanto a Harry —dijo Voldemort. Miró a Sirius y Lupin. Sirius negó.
—Harry está aquí, puedes decírselo a él.
Voldemort cerró los ojos con fuerza, hasta que el dolor se difuminó.
—¿Dónde está?
Lo buscó con la mirada. Vio al hijo de Lucius al lado de su padre. A Harry no lo encontraba. La palomita voló desde las ramas del árbol y descendió frente al mago. La sonrisa acudió a los labios cansados. Durante muchas noches el mismo pequeño insecto lo acompañaba con su silenciosa presencia. Por algún motivo, cuando lo veía, se sentía con ánimos para recordar el pasado. Fue así como quien fue se unió de nuevo a quien era en el presente. Extendió la mano donde la paloma se posó y lo observó con sus ojos grandes y tiernos. Le acarició la mano con sus patitas y voló de nuevo. A unos pasos de Voldemort, Harry se transformó.
—Así que eras tú.
Harry sonrió. Con cuidado, para no causarle dolor, envolvió en sus brazos al mago oscuro más temido de los últimos cien años.
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—¡Sangre del hijo de sus enemigos!
Bellatrix caminó hacía Harry. El chico de catorce años estaba inconsciente sobre una tumba. Cuando una médium le hizo saber que Voldemort seguía en la tierra de los muertos que todavía no reencarnaban, pensó que él esperaba que lo trajera de vuelta. Le llevó años encontrar el hechizo para traer a su señor de regreso, y otros tantos dar con el paradero de aquel mocoso hijo de los salvadores del mundo mágico. Extendió el brazo del chico y hundió el cuchillo. Harry se despertó con un grito. Se revolvió contra la mujer. Una esfera luminosa salió de su mano y se estrelló contra la cabeza de Bellatrix. Tuvieron que sostenerlo entre varios mortífagos y lanzarle un desmayus para continuar.
La sangre se unió al hueso del padre y el resto de los ingredientes en un enorme caldero donde cabrían varios hombres. Bellatrix continuó aturdida con el encantamiento. Voldemort se levantó del caldero con la misma apariencia que tenía al morir. Una túnica fue puesta sobre sus hombros, se envolvió en ella. Miró alrededor, observó a sus antiguos mortífagos, ya no eran jóvenes, las arrugas daban cuenta de los años pasados. Contempló al chico sobre la tumba, le costó ubicarse hasta que vio la luna y lo entendió. El pueblo donde creció, el cementerio donde estaban enterrados sus padres.
—¿Quién me trajo de regreso?
—Yo mi señor —se arrodilló Bellatrix—, tu fiel mortífaga.
—Crucio.
El hechizo golpeó a la mujer y al resto de los mortífagos. Harry se despertó de nuevo, el dolor en el brazo lo aturdía. Observó con ojos aterrados al hombre en el caldero.
—¡¿Por qué lo hiciste!? —Gritó Voldemort—. ¿No hice ya suficiente mal?
Voldemort se cubrió la cabeza con las dos manos. Harry entendió, él no quería volver. ¿Por qué no reencarnó? Pasaron catorce años desde su muerte.
Voldemort se vistió sin prisas. Detuvo el hechizo. Con un ágil salto salió del caldero.
—¿Quién profanó la tumba de mi padre?
Bellatrix se arrodilló temblorosa por el crucio.
—Era necesario mi señor.
Voldemort caminó alrededor de ella. Le puso una mano en la frente y la empujó hacia atrás.
—También es necesario que mueras maldita perra, —la voz de Voldemort estaba llena de resentimiento. La energía surgió de sus manos y se concentró en el rostro de la mujer—. Te hago un favor Bellatrix, ve por tu segunda oportunidad en la vida antes de que sea demasiado tarde.
El cuerpo de la mujer cayó inerte. Voldemort miró la tumba de su padre. Buscó al chico que era la imagen viva de James Potter, ya no estaba en el cementerio. Se arrodilló ante los huesos de su padre.
—Perdona a este hijo tuyo que perdió su camino —dijo en pársel. Con cuidado devolvió los huesos de su padre al ataúd y lo cerró—. Sepulten a mi padre de nuevo.
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—¿Se te perdió algo, Potter?
La voz de Draco hizo sonrojar a Harry. La sonrisa odiosa le sacó un bufido.
—Nada que tú tengas, Malfoy.
Se dio la vuelta y caminó al contrario aunque el salón de pociones estaba en ese corredor. Abochornado tuvo que volver antes de que empezara la clase.
Harry se sentó entre Hermione y Ron. Era el sexto mes de su primer año en Hogwarts. Luego de que Bellatrix lo secuestrara de su casa en Noruega, Harry le pidió a sus padres que lo llevarán a Hogwarts. Tras conocer a Draco Malfoy se arrepintió de su decisión de volver a Inglaterra. Voldemort era una cosa, ese odioso Malfoy, del que acabó enamorado hasta las pestañas, era insufrible. Apenas se conocieron, se insultaron. Draco era un niño mimado, el príncipe de Slytherin que no se comprometía en serio con nadie. Harry odiaba la forma en que Draco se comportaba en el gran comedor, esa estúpida soberbia, la desdeñosa autosuficiencia. Las sonrisitas burlonas que le daba cuando lo miraba.
—¿Ves algo que te guste Potter? —le preguntaba.
—Me gustan los hombres inteligentes, Malfoy, y tú no lo eres.
Draco se reía en su cara. Le parecía simpatiquísimo que Harry Potter babeara por él. A Draco le importaba un comino lo que sintiera Potter. Solo le gustaba burlarse del chico.
Harry supo con verlo que Draco no sabía amar. Reservaba lo mejor de sus sentimientos para su familia. El amor no conocía de lealtades, cuando Draco lo limitaba se negaba a sí mismo un sentimiento que conforma el universo entero.
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—¡Draco!
Como en su sueño, la voz de Severus se escuchó llena de dolor. Desde la torre de astronomía Harry sostenía a Draco con su energía. Draco estaba muerto, lo sabía. La sangre que corría por sus labios se detuvo.
—¡Harry sostenlo! —escuchó a Severus. Harry cerró los ojos, sabía que la energía de Severus amortiguaría la caída de Draco, y lo agotaría, pondría en riesgo su embarazo. Harry tomó una decisión desesperada. Sin que su energía soltara a Draco, Harry se arrojó por la torre. Escuchó el grito de Severus. Sus alas de mariposa nocturna surgieron de su espalda, enormes y etéreas, envolvió a Draco en sus brazos. Intentó volar y no lo consiguió. Caían, el suelo estaba cerca, cubrió a Draco con sus alas. Harry cerró los ojos, la energía de sus padres fue la que detuvo su caída.
—¡Llévense a Severus! —lloró sin abrir las alas, no quería que Severus viera a Draco muerto.
Sirius desmayó a Severus y Remus lo llevó a la enfermería. Desde el regreso de Voldemort, hacía un año, no supieron del hombre. A veces se escuchaban rumores, nada que pudieran comprobar. Tras un año de paz, después de un mes de clases del quinto año, un mortífago, el padre de un Gryffindor, sólo uno, fue quien lanzó la imperdonable.
—Los hijos de los traidores serán castigados, —dijo y el cuerpo de Draco cayó sin vida hacía el vacío.
Sirius intentaba que Harry lo dejara examinar a Draco. Remus regresó agitado de su carrera a le enfermería. Su cachorro lloraba a lágrima viva. Sirius se debatía con su niño.
—Por los dioses Harry, ¡déjame revisarlo!
Harry abrió sus alas y sus brazos. Sirius le buscó el pulso. Draco estaba muerto.
—Cachorro... ese hechizo destruye el corazón.
—¡No! —el gritó de Harry fue un lamento desgarrador—. ¡Él no puede morir! ¡Yo lo amo! Draco no sabe amar, ¡no puede morir así!
La energía de Harry creo que una barrera que apartó a los adultos. Un Harry rodeado por luz y magia se puso en pie. La magia apartó a los profesores que intentaban acercarse. Mantuvo a los alumnos encerrados en el castillo. Lucius que intentaba acceder al castillo no pudo cruzar las barreras.
Harry metió una mano en su pecho. Una esfera luminosa salió en su mano, se arrodilló y llevó la esfera al pecho de Draco. Sintió los pedazos del corazón de Draco, su vida destruida. La energía unió de nuevo los pedazos, reconstruyó el corazón de Draco entorno a la mitad luminosa de su propio corazón que Harry le daba.
Draco abrió los ojos. Miró a Harry aturdido. Los ojos azules parecían confundidos.
—¿Qué pasó Harry?
La energía de Harry se disipó. Draco se sentó, recibió a un débil Harry en sus brazos.
—Estás vivo, —lloró Harry.
—¿Morí? —murmuró Draco.
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—¿Te sientes bien?
Draco volvió el rostro, estaba en la enfermería. Lucius quiso llevárselo a San Mungo, Severus, Sirius y Remus se opusieron. Un hospital no era necesario y complicaría el que los chicos estuvieran juntos.
Draco sonrió al ver Harry. Palmeó la cama donde quería que Harry se sentara. Sin oponer ningún reparo Harry se acomodó su lado.
—¿Así se siente todo el tiempo?
—¿Qué cosa? —preguntó Harry.
—El amor, es como una cosa muy cálida, llena de sentimientos buenos.
Harry asintió, él tenía amor para dar y regalar. Quería a sus padres, a sus amigos de las dos escuelas, a sus maestros, a Draco.
—Creo que mi corazón late menos que antes, —se acomodó al lado de Harry.
—Eso es porque tenemos la mitad de un solo corazón, mi lado late una vez y el tuyo otra.
Draco apoyó la oreja en el pecho de Harry. Era verdad, sus corazones juntos latían como uno.
—Esto que siento por ti, ¿es amor, Harry?
Harry se sonrojó, nervioso se pasó una mano por el cabello rebelde. Draco le sonrió. Enlazó sus dedos con los de Harry. Depositó suaves besos en las mejillas sonrojadas.
—Se siente maravilloso, —dijo Draco contento.
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Lucius levantó los ojos de su libro. Draco y Harry estaban en la mansión, para ser exactos en la cama del dragón. Draco no se reponía por completo. Seguía débil y a veces se cansaba rápido. También, como se los advirtieron, empezaba a dar muestras de un aumento en su energía mágica y a transformarse mientras dormía en animago. La primera vez que Lucius entró a las habitaciones de su hijo y se topó con una pantera, pensó que estaba dormido.
Observó a Draco levantarse y abrir los ventanales. Las cortinas se movieron con el aire que olía a flores de otoño y a hojas cobrizas surcando el viento. Draco se sentó en el diván cerca de la ventana. Tomó la mano de Harry y lo guio hasta sentarlo entre sus piernas. Los brazos de Draco rodearon la cintura de Harry.
—Cuando acabemos la escuela —decía Draco con voz suave—, viajaremos. La vida es maravillosa y quiero vivirla a tu lado.
Draco apoyó la barbilla en el hombro de Harry, cerca de su cuello.
—Te amo, Harry.
Harry ladeó el rostro y besó la mejilla de Draco.
—Te amo, Draco.
Lucius volvió la atención al libro. Saber que Draco murió y el amor de Harry lo trajo de regreso encogía su corazón. Cuando él lo vio Draco estaba en la enfermería, confundido y vivo. Harry estaba a su lado, al compartir un mismo corazón debían estar cerca. Cuando Remus y Sirius le explicaron que tendrían que casarse para seguir bien, él pensó que le daría su misma alma a Harry si ese era el precio por tener a Draco. Cerró el libro y se limpió las lágrimas. Miró a sus dos adolescentes que disfrutaban de la tarde y de su compañía mutua con los ojos cerrados. Él también los amaba y agradecía a cuanto Dios y Diosa existieran que su hijo estuviera vivo y que fuera amado.
—¿A qué edad se casarán? —preguntó Lucius.
—A los dieciocho —respondió Draco.
—A los veinte —dijo Harry al mismo tiempo.
Las risas de sus adolescentes hicieron sonreír a Lucius.
—A los diecinueve —acordaron tras mirarse.
—Estaré preparado —dijo Lucius—. ¿Alguna idea de dónde les gustaría que fuera la boda?
Harry sonrió. Draco le besó la mano.
—A Harry le gustaría casarse en la playa, le parece romántico.
—Tú tienes una playa favorita, ¿podría ser allí?
Harry miró a Draco con curiosidad.
—Te encantará, tenemos una mansión cerca.
—Podríamos ir este fin de semana. Invita a tus padres, Harry. Si te gusta la boda será allí, si no buscaremos una playa que les guste a los dos.
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Harry se apartó de Voldemort con la misma suavidad con que lo abrazó. Voldemort miró a Harry. Había algo en los ojos verdes que lo hacía sentir tranquilo. Le tendió la mano a Harry, miró la mano pequeña en la suya y le dio un cariñoso apretón.
—Me disculpó por lo que le hice a tus padres.
—Y yo te perdono, —dijo Harry—, me diste más de lo que te llevaste. Mis padres me amaban, lo sé. A su muerte me quiso Sirius y luego Moony, incluso me diste a Draco. Mi vida está llena de amor. Estoy en deuda contigo por lo que me regalaste.
Voldemort pensó que escuchó mal. La sonrisa en el rostro del chico era radiante.
—¿De verdad piensas eso?
Harry asintió.
—Yo elijo ver lo que me diste. El pasado ya fue, no quiero aferrarme a sentimientos tristes.
Harry buscó a Draco con la mirada, le tendió la mano libre. Draco se arrodilló al lado de Harry, sus manos se unieron a la de Harry y Voldemort.
—Gracias Tom, —dijo Draco—. Sin tu ataque yo no sabría lo que es estar enamorado. Es por ti que hoy estoy con Harry.
—Es hora de que nosotros te devolvamos algo de lo que tú nos diste.
Harry miró a Dumbledore. El mago creo una barrera mágica en la que envolvió a los dos adolescentes y a Voldemort.
—Nosotros también hablamos pársel —dijo Harry—. Porque el amor habla el idioma de todas las criaturas. Lo que te daremos no queremos que nadie lo sepa.
—No es por ti —dijo Draco—. Las personas tienen prejuicios y no permitiremos que afecten a nuestra familia.
—Yo soy el amor mismo —sonrió Harry—. Lily y James no podían tener hijos. Mi madre le pidió al amor que sentía por mi padre que se encarnara en ella. Yo soy una parte pequeña de un sentimiento que es tan ancestral como la vida misma.
—Ambos lo somos, ahora que compartimos un mismo corazón.
—Una mezcla perfecta, —dijo Harry orgulloso—, los padres ideales para ti.
Voldemort miró a los adolescentes frente a él con ojos asombrados.
—¿Me darán la oportunidad? —inquirió sin aliento.
Harry asintió.
—Soy un mago fértil, en esta vida y en las novecientas noventa y nueve que te quedan de castigo, nacerás de mí o de Draco y yo seré tu madre o tu padre.
—En esta vida yo seré tu padre y en las siguientes seré lo que necesites.
Voldemort bajó la mirada. Las lágrimas escaparon de sus ojos y con ellas la vida empezó a despedirse de su cuerpo.
—Gracias. Iré a ese lugar y no me importará esperar, —dijo cansado.
—No, ese lugar es horrible, —dijo Harry tajante—. Esperarás en mi corazón.
—Te gustará, es hermoso y entre los dos te haremos saber cuánto querremos que nazcas.
—No te haré esperar demasiado —sonrió Harry—. En tres años, cuando cumpla los dieciocho, nos casaremos y vendrás al mundo.
—Antes no porque le puede dar un infarto a mi padre, a Severus, a Sirius y a Moony.
—Tendrás abuelos geniales, te consentirán, y Dumbledore será tu padrino, ya nos lo pidió.
Voldemort rio. Tendría la oportunidad, una familia, el amor. Un hilo de sangre brotó de sus labios. Draco atrapó al adulto entre sus brazos, la energía de Harry brilló luminosa. El alma de Voldemort abandonó su cuerpo y Harry la guio a su corazón.
Dumbledore desapareció la barrera que rodeaba a los jóvenes magos. Draco puso con cuidado el cuerpo de Voldemort en el pasto. Harry apoyó la cabeza en el hombro de Draco. Los brazos de su novio lo rodearon posesivos. Dumbledore le cerró los ojos al mago muerto. Las luciérnagas, cómplices del amor, iluminaron la noche.
