Dolor
Yumi subió a su cuarto y se encerró. No quería ver a nadie, no quería sentir nada al menos por unos minutos. Todo lo que ocurrió ese día en aquella maldita cita, la dejó en un estado visiblemente depresivo y confuso.
La imagen de Sachiko entristecida; la lejana imagen de la ex rosa regalándole una soberbia pero lamentable sonrisa, todo la desarmó.
Ni siquiera podía llorar; se desahogó tanto en el pecho de su onee-sama, que con una cariñosa comprensión la contuvo, que ya no lograba emanar lágrima alguna.
No obstante, su garganta seguía igual de apretada y su pecho igual de dolido que hacía horas atrás. Deseaba llorar para al menos liberarse de esa agonía.
Sachiko la llevó a su casa al notar que su estado era incapaz de serenarse. Y para su sorpresa, no preguntó el porqué de su llanto; pero si se despidió de ella de una forma cortante, por no decir extraña.
Se imaginaba la razón. Su onee-sama no era estúpida. Está claro que se dio cuenta que algo muy profundo la molestaba, de otra manera su soeur no hubiese actuado así; no se hubiera desarmado en sus brazos en plena sesión de besos y caricias.
El problema es que Sachiko no se echara la culpa por su penosa actitud. Porque si llegaba a hacerlo, ese sería el fin de la poca cordura que le restaba a Yumi.
La única culpable soy yo.
—Es el fin… —Comenzó a balbucear acostada boca abajo en la cama— ... No puedo seguir así. Pero tampoco puedo decidirme... ¡mierda!
Golpeó con los puños el colchón, chocando los dientes. Era incorrecto, anormal, imposible... que su corazón estuviese tan dividido. Pero la realidad es que lo estaba; negándola no iba a llegar a ningún lado.
—Tengo que terminar esto de una buena vez. Si no lo hago...
El inesperado sonido del timbre calló sus palabras. Giró la cabeza hacia la puerta de la habitación cuando escuchó como unos apresurados pasos subían las escaleras.
¿Quién demonios es? Espero que no sea para mí.
De verdad lo esperaba. Estaba tan molesta, tan triste. Tales emociones solo podían derivar en una cosa: un ataque de ira, o incluso... un arranque de locura.
La suerte no estaba de su parte. La puerta se abrió de golpe y una conocida silueta entró en escena. Sus labios se entreabrieron, sorprendidos, al verla.
—¿T-Touko-chan?
Su soeur arrugó la frente con un claro disgusto y a grandes zancadas comenzó a aproximarse hacia ella. Yumi, algo temblante, se dio la vuelta y se preparó para dar más de una explicación. Sin embargo, una voraz cachetada sumiéndose en su cachete impidió tal acción.
Se lo refregó, perpleja —¿Por... qué? —Ascendió los ojos hacia Touko, dolida en más de un sentido.
—¿Por qué? ¿te atreves a preguntarlo? —Cerró los puños, enfurecida— ¡¿Por qué no me dijiste todo lo que estaba pasando?! ¡Por qué siempre me dejas afuera!
Yumi, intentando vocalizar al menos una excusa, pasó la mirada hacia la puerta y divisó la figura de su hermano. Él se escondió con rapidez detrás de ésta.
La castaña lo odió en ese momento. Y como si ese odio la drenara de aquella energía que le faltaba, se puso de pie de un salto y se dirigió hacia él.
—¡Le contaste! —Atajó su hombro, deteniendo su huída— ¡¿Cómo pudiste?! ¡Te dije que era un secreto!
Yuuki la observó, pálido —E-Ella insistió, además... no te veías bien. Pensé que quizás Touko-san podría...
—¡Pensaste mal, idiota! —Reforzó el agarre, iracunda— ¡Vete! —Lo empujó.
—Yumi, yo...
—Vete... —Bajó la cabeza, conteniendo un sollozo. Por fin podía volver a llorar, pero justo ahora no deseaba hacerlo—. No quiero verte.
Su hermano, dolido, desvió la mirada y retomó los pasos —Bien...
Yumi detalló su ida con el corazón apretándose sin compasión. Suspirando con pesadez, se dio vuelta hacia su soeur. Su molesto semblante no había mutado ni un poco.
—Touko-chan —Cerró la puerta tras de sí y se apoyó en esta— , lamento no haberte contado todo lo que pasó con Sachiko, pero es que...
—¡Pero es que nada, Yumi! —La encaró de frente, para luego atrapar el cuello de su ropa. La mayor no podía estar más sorprendida por su ruda actitud— ¿Por qué? ¿por qué no me dijiste lo que te hizo?
Descendió los párpados, sonrojada —Me daba vergüenza que supieras que Sachiko hizo... bueno, eso.
Touko reforzó el aferre —¡No soy una niña! ¡Puedo soportar eso! ¡Sabes bien que he soportado cosas peores en mi vida!
—Touko-chan...
—¡Lo que te hizo no me mueve un solo pelo!
Abrió sus castaños ojos de golpe.
—¡Lo que sí me lastima es que no confíes en mí!
Yumi dejó en libertad sus contenidas lágrimas. Aquella pequeña la desmoronó. Desesperada, rodeó con los brazos su cuello y se abrazó a ella con fuerza. Touko pestañeó varias veces sobre su hombro, ruborizada.
—Perdóname... ¡perdóname! —Se refregó contra su cabeza—. No quise mentirte.
Touko, desarmada, correspondió el aprecio suspirando —Y yo no quise pegarte, lo siento...
La castaña se apartó un poco y limpió el borde de sus ojos. Su soeur estaba a punto de llorar.
—Tienes razón. Te creí muy pequeña, te subestimé... lo lamento. Sé que has pasado por mucho, mucho más de lo que yo podría tolerar —Le sonrió— . Eres muy fuerte, Touko-chan.
La nombrada desvió la mirada con tristeza —No... no lo soy.
—Lo eres. Demasiado para tu edad. —Agregó eso último con una melancólica tonada
La implicada se achicó en el lugar, avergonzada —Solo tengo un año menos que tú... no exageres.
—Yo a tu edad era una completa idiota.
Touko sonrió de lado —Todavía lo eres.
La mayor rió por lo bajo y sujetó su espalda —Ven, siéntate. Lamento el desorden.
Touko se sentó en la cama, contemplándola con cierto arrepentimiento —¿No estás enojada? —inquirió, detallando como su onee-sama se sentaba a su lado.
—¿Por qué lo estaría?
Rodó los ojos, sarcástica —¿Quizás porque te pegué una buena cachetada?
Yumi soltó una carcajada —¡Ah, eso! ¡Gracias! La necesitaba.
—¿Huh? ¿la necesitabas?
Asintió, con una tenue sonrisa —Sí, necesitaba despertar.
La menor volvió a desviar el semblante, esquivándola. Su sonrisa le molestaba —Igual... lo siento. Estaba tan enojada, pensé que confiabas en mí...
—¡Lo hago, Touko-chan! —Atrapó sus manos y las juntó— Siempre lo hice. Por eso... —Dudó, mordiéndose el labio. Estaba dispuesta a contarle toda la verdad; incluso aquella que consideraba inmoral— ... Por eso te contaré todo.
Touko elevó su decaído rostro —¿Hay más?
Asintió, desconsolada —Te advierto que lo que escucharás no te gustará.
Su soeur también asintió, decidida —No te juzgaré.
Yumi delineó una lamentable mueca —Ja, eso dices ahora.
—¡Solo dime!
Tragó saliva con rudeza. La paciencia no era una típica característica de la más pequeña.
—Bien...
Y lo hizo, se lo dijo. Le contó todo lo ocurrido con Sachiko y también su encrucijada con Sei. Todo, con la visión de fondo de la desencajada mandíbula de Touko.
—¿E-Es una broma? —Atinó a decir luego de un largo intervalo de su parte— ¿Sei? ¿es en serio, Yumi? ¿desde cuándo te gusta?
—Eso me gustaría saber...
Su soeur se quedó en silencio, incómoda. En demasía incómoda. Esa situación sí que le era incomprensible. Pero ella misma se expuso y exigió confianza. Tenía que decir algo; y ese algo era lo único que creía correcto.
—Estás equivocada.
La castaña la miró de golpe —¿En qué?
—Estás notablemente equivocada, Yumi. Sachiko-sama siempre ha estado para ti, no puedes hacerle eso.
—Sei también lo estuvo, en incontables situaciones.
Touko frunció la frente, testaruda —No es Sei-sama a la que quieres.
Algo en su frase, dicha tan segura, le molestó —No sabes lo que quiero, Touko-chan.
—Ni tú lo sabes, pero estoy segura que cometerás un gran error si eliges a Sei-sama —La miró con firmeza, dispuesta a traspasar aquella barrera que estaba imponiendo su onee-sama—. Piénsalo bien antes de tomar una estúpida decisión.
Yumi bufó y se dejó caer hacia atrás —Lo dices tan fríamente... ¿es que nunca te has enamorado, Touko-chan?
La nombrada abrió los ojos de par en par, y allí quedaron plantados unos largos segundos. Carraspeó, intentando centrarse —No, el amor es una mierda.
—¡Hey, cuidado con ese vocabulario! —La señaló.
—Es la verdad —Empezó a decir, sin mirarla—. Con solo verte lo confirmo. Es decir, mírate —Volteó el rostro hacia ella y sujetó su ahora, asombrado semblante—. No puedes más con tu cabeza. Tu estado es deplorable.
La mayor arrugó los dedos contra la sábana. Sabía que tenía razón, pero también era consciente de que tal vez no estaría en un estado tan deplorable, tal como dijo, si no se hubiese enamorado de dos personas al mismo tiempo.
Touko dibujó una altanera sonrisa ante su silencio —El amor... ¿qué decir de él, Yumi? Por lo que vi, solo hace más daño que bien. Estar al lado de esa persona que quieres... —Bajó un poco la cabeza, manteniendo esa ahora, triste sonrisa— Apoyarla, esconder tus propios sentimientos solo por su felicidad... ¿dónde está lo bueno en ello? ¿cuándo llega la parte feliz?
Yumi la observó, pensante. Era un hecho; su soeur también tenía su propia historia. Sintió orgullo por eso, quién sabe porqué.
Le sonrió y acarició su mejilla —Lo siento, Touko-chan.
—¿Eh?
—Parece que estuve tan ensimismada en mis problemas, que pasé por alto los tuyos.
La menor percibió como su respiración perdía el ritmo normal. Temía; temía muchísimo ser descubierta.
—¿Qué quieres decir? No tengo ningún problema.
—¿Ah, no? —Su onee-sama le regaló otra honesta sonrisa y tironeó de su brazo, juguetona. Touko terminó sumida en su pecho, nerviosa—. Lo tienes, y está bien. También estaría bien que... —La apretó con cariño hacia ella— ... que tal como yo confié en ti, confiaras en mí.
Su soeur, con los nervios pendiendo de un hilo y con un incoherente enojo trepando por su cuerpo, se desprendió con rapidez —No te hagas la "hermana" ahora, Yumi.
La miró, preocupada —Touko-chan... no, no es eso —Acortó la distancia, pero la menor se puso de pie, impidiéndole llegar hasta ella—. Solo quiero ayudarte, como tú estás haciendo conmigo.
La nombrada no dijo palabra alguna. Se dedicó a detallar el suelo, que de interesante no tenía nada.
—Sé que amas a alguien —Continuó, estremeciéndola—. Ahora lo sé. Quiero ayudarte.
—Ja... —Puso ambas manos en su cintura con una falsa confianza—. No lo entenderías.
Yumi la imitó y se puso de pie, dispuesta a traspasar aquella coraza —Pareces la antigua Touko hablando así, y ese numerito ya no me lo creo —Se inclinó hacia ella, provocando que diera un paso hacia atrás—. Puedo ver a través de ti, tal como tú me ves a mí.
Touko se achicó en el sitio, desafiándola con la mirada. Sin embargo, ésta carecía de dureza. Estaba asustada. Invasión; demasiada invasión para su gusto y su pequeño corazón que no estaba listo para ser descubierto.
—Ah, Yumi... —Negó con la cabeza varias veces—... Eres tan insistente. A veces no entiendo porqué te elegí como mi onee-sama.
La mayor rió en un murmullo y reposó la mano en su hombro —Porque me quieres y nos cuidamos mutuamente desde siempre, ¿no?
La pequeña rosa la observó, titubeante.
—Además, los opuestos se atraen, ¿cierto? —agregó. Y eso fue todo; tiró abajo completamente la muralla de su soeur.
Touko derivó los ojos a su costado, con un leve rubor acompañándola —Y... ¿qué pasaría si estoy enamorada? ¿me ayudarías?
Yumi se sorprendió por su confesión. Pensó que le iba a tomar más tiempo sacársela.
Radiante, atrapó sus hombros —¡Claro! ¿quién es el afortunado? O... ¿afortunada?
La menor suspiró —Todavía no puedo decírtelo.
—Pero dijiste que...
—Prometo que lo sabrás dentro de poco —La cortó, dispuesta a terminar aquella molesta conversación—. Cuando todo se haya arreglado.
—¿Arreglado?
Asintió, indiferente.
Su onee-sama la examinó de arriba abajo en busca de alguna mentira, de alguna de esas numerosas máscaras que a veces se ponía; no encontró ninguna. No mentía, decía la verdad. Y eso era suficiente para empezar. Sonriente, le dio varias palmaditas en el hombro.
—De acuerdo, esperaré.
Un extraño silencio invadió la habitación mientras se miraban con profundidad. Silencio que se estaba volviendo incómodo.
—Dime, ¿por qué viniste hoy? ¿Yuuki te llamó?
Negó, sin cambiar aquella típica cara de poker.
—¿Entonces?
—Porque me necesitabas.
Yumi pestañeó reiteradas veces, sin entender —¿Qué?
La más pequeña le regaló una nostálgica sonrisa —No sé porqué, pero sentí que... me necesitabas, y vine.
El corazón de la mayor latió, emocionado. Fue así. Tal cual así fue lo que sintió ese día ya lejano en el que Touko apareció en su casa. Sintió que la necesitaba, y allí apareció, como por arte de magia.
La historia se estaba repitiendo, pero en esta ocasión fue su soeur la que escuchó su abstracto grito de ayuda. Quería llorar, pero no por tristeza, sino por felicidad. Estaban absolutamente unidas; conectadas.
Dejándose llevar por tales avasallantes emociones, la abrazó —¡Gracias, Touko-chan! ¡Te quiero!
Touko se dejó abrazar, mientras una triste sonrisa irrumpía a sus labios —Yo también te quiero... Yumi.
-/-
El lunes llegó. Yumi y Touko fueron juntas al colegio, ya que ésta última se quedó a dormir a petición de su onee-sama. Habían arreglado sus diferencias y con casi todos los secretos puestos en la mesa, se dedicaron a hablar toda la noche de cosas sin importancia, divertidas, pero sin importancia. Lo más importante estaba dicho, y ahora solo faltaba que la menor se atreviera a confesarle de quién estaba enamorada.
No iba a presionarla. A ella misma le costó decir toda la verdad. Sería muy injusto esperar una respuesta tan rápido de su parte.
Yumi detuvo los pasos, provocando que la mano que sostenía con firmeza tironeara —Touko-chan, supongo que ya lo sabes, pero... lo que hablamos anoche...
Asintió, sonriendo con un grado de picardía —Lo sé, no diré nada. Este es tu problema, Yumi.
La nombrada infló los cachetes en un falso berrinche —¿Tan poco te importo? —bromeó.
Su soeur bostezó con desinterés —Te mataré, me tuviste despierta toda la noche.
—¡Pero la pasamos bien!
—Tengo sueño.
—Duerme en clases.
—¿Qué clase de onee-sama diría algo así?
—¡Una genial!
Touko rió, y así, entre risas, ingresaron a la mansión de las rosas. El solo hecho de estar pisando esos escalones que crujían por la antigua madera, generaba que el palpitar de Yumi aumentara a los golpes.
Estaba decidida, hoy le diría la verdad a Sachiko. Y hoy no era ella misma solo la que tenía que decidir, su onee-sama también debía hacerlo. Después de todo lo que le iba a contar no era una tontería. Estaba casi segura que la peliazul no aceptaría fácilmente lo que sucedió entre ella y Sei. Pero también era consciente de que todavía no eran nada... estaban saliendo, eso quizás iba a jugar a su favor. Tal vez podía ser perdonada.
Negó en su mente, odiandose.
No, pensar así es tan egoísta... no puedo creer en lo que me convertí.
Abrió la perilla y con lo primero que se topó fue con el disgustado rostro de Sachiko. Ésta atinó a desviar la visión.
Está enojada, cómo para no estarlo.
Valiente, se animó a caminar hacia ella y se sentó a su lado. La contempló de reojo, remojándose los labios. Estaban resecos debido a los importantes nervios que no la dejaban respirar en paz.
Tomó aire y habló —Onee-sama... —musitó, golpeando su codo con el suyo— Lamento lo de ayer, estaba un poco... fuera de mí.
Touko observaba aquel peligroso panorama con unos nervios casi peores que los de la castaña.
Sachiko se limitó a suspirar y mirarla unos segundos. Pero esos azulados ojos no tardaron en concentrarse en la taza frente a ella.
—No hay problema. Pero, ¿después me contarás qué te sucedió? Me preocupaste...
Aquella pregunta sonó a un ruego. Ruego que destruyó cada parte de su ser —Claro. Umm... ¿en el descanso?
—¿El invernadero? —Continuó su frase con una leve sonrisa.
Yumi se la devolvió —Sí.
Regresó la atención a la cotidiana tarea que tenía como parte del consejo estudiantil, al igual que las demás rosas. Que a todo esto, se mostraban más calladas de lo normal. Supuso que era porque los exámenes se acercaban y ninguna quería reprobar. Por ende, los libros perteneciéntes a cada curso adornaban bastante esa habitación.
Se dedicó a comenzar su trabajo. Sus dedos temblaban al escribir; no podía concentrarse sabiendo que Sachiko se encontraba al lado sin siquiera dirigirle la mirada o la palabra. Pero en especial porque tenía un mal presentimiento, y si mal no recordaba, sus presentimientos siempre acertaban.
Suspiró y empezó a ponerse de pie —Haré té, ¿quieren? —preguntó, forzando una sonrisa.
Todas asintieron brindándole otra mucho más honesta y amable; típico gesto de las rosas. Sus pasos viraron, pero antes de poder abandonar la mesa, la puerta abriéndose estrepitosamente detuvo su caminar.
Sus pupilas se ampliaron tanto al detallar a la persona que entró, que juró que iban a estallar. Quedó quieta en el lugar, congelada, mientras cada vez más divisaba como esa conocida rubia se dirigía hacia ella a paso rápido.
—¿S-Sei?
La ex rosa cerró los puños y comenzó a rodear la mesa —Yumi. —Llegó hasta su petrificada persona y atajó su brazo casi con rudeza. Las rosas dejaron caer el pastel que tenían en la boca; en especial su antigua soeur, Shimako— . Ven conmigo un momento.
¡¿Huh?!
Una esbelta figura se puso de pie, precipitada —¡Sei! ¿qué demonios estás haciendo? —Cerró la palma en su brazo y tironeó de él hasta liberar a su soeur— . No puedes entrar así.
Sei la observó de reojo, enfurecida —Tengo que hablar con Yumi, esto no es tu asunto Sachiko.
La nombrada arrugó la frente —Lo es, es mi soeur. Cualquier asunto que tenga que ver con ella es mío.
Eso sonó más posesivo de lo que quería expresar.
La rubia delineó una soberbia sonrisa, mientras la castaña intercalaba la visión entre ellas al borde del colapso.
—¿Ah, sí? ¿qué eres? ¿su dueña?
Sachiko apretó las mandíbulas. La paciencia no estaba de su parte —Déjate de bromas y vete.
—No lo haré —Volvió a tomar el brazo de Yumi y la miró— ¿Tenemos cosas que hablar, no?
La pequeña apegó los hombros al cuello, ansiosa. Sabía que tenían que hablar; lo que no sabía es que sería tan pronto. Su visita la tomó por completo desprevenida.
—S-Sí...
Su onee-sama la observó, entre sorprendida e iracunda —¿Es así? ¿y qué es lo que tienen que hablar? —Algo en sus ojos estaba mutando. Brillaban en demasía peligrosos— ¿Tan importante es para que ella decidiera molestarnos así?
Yumi bajó la cabeza, rendida —Sí... lo siento. Será solo unos minutos.
—En efecto —Agregó la ex rosa, enredando el brazo con el suyo—. Solo serán unos minutos. Esto no puede esperar, ¿verdad, monstruito?
La castaña se mordió el labio. Sei estaba jugando con fuego, o mejor dicho, con Sachiko. Sabía bien que sus palabras estaban acrecentando su ira.
Cuando decidió decir al menos algo cuerdo para calmarlas, por la única razón de que la peliazul la estaba fulminando con la mirada, la rubia reforzó el agarre, generando que regresara la vista a sus ahora, profundos ojos.
—De verdad... no puede esperar, Yumi.
Entrecerró los párpados, afligida. Claro que no podía esperar; ya le había hecho esperar mucho.
La gran rosa no dejó pasar desapercibida esa amorosa mirada que ambas se dedicaron, y temió lo peor. Posó los ojos en su soeur, dispuesta a pedirle una explicación. Pero su dulce voz haciendo acto de presencia se lo impidió.
—De acuerdo Sei, vamos —Se limitó a decir, desganada, y tironeó de su mano hasta llevarla a la salida de la habitación.
Las rosas observaron de soslayo a Sachiko, que tiritaba impotente en el lugar. Estaba a punto de estallar. Energía que invadió el cuarto y que por supuesto, Yumi percibió.
Se detuvo en seco y la detalló de reojo. Su onee-sama la miraba con desconfianza, dolida... como si supiera toda su penosa verdad.
Lo sospecha...
Trató de sonreírle, pero en su lugar dibujó una triste mueca —No te preocupes, onee-sama. En un momento vuelvo.
La nombrada dejó de temblar. Extrañamente esas palabras la sosegaron, al menos un poco. No obstante, aquello no duró mucho.
Notó como Sei antes de salir por la puerta esbozó una confiada y socarrona sonrisa. Chocó los dientes, apretando con rudeza los puños.
La puerta se cerró, dejando a todas en un súbito silencio. Sachiko la contempló unos instantes más, como si esperara que se abriese y que Yumi regresara a sus brazos corriendo, cosa que no sucedió. Se sentó de golpe y agarró su cabeza con una mano; plantó los ojos en la taza de su soeur.
¿Qué diablos está pasando entre ellas?
Pensó, retorciéndose de celos por dentro. Tenía un mal presentimiento; uno realmente malo. Sin embargo, no podía ser verdad lo que intuía... tenía que ser una mala broma.
Touko la miró y su pecho se encogió. Solo rogaba que Yumi tomara la decisión correcta, porque tal como estaban las cosas, todo iba a salirse de control demasiado pronto.
-/-
Sei contemplaba a Yumi desde lo alto, en silencio. Silencio porque la menor no se dignaba a mirarla a la cara desde que llegaron al invernadero.
—¿Por qué me trajiste aquí? —Cortó el pesado ambiente la ex rosa— ¿el invernadero? ¿en serio?
Finalmente se dignó a observarla —¿Q-Qué?
Se inclinó hacia ella —Este lugar es su lugarcito secreto, ¿no? , y me traes aquí... no tienes consideración por nada.
La castaña se alertó —¡N-No es así! Solo... pensé que este lugar está más apartado y así podríamos hablar bien...
—Éste también fue mi lugar secreto hace mucho tiempo. —La interrumpió, pasando los ojos al transparente techo—. Demasiado tiempo.
—¿Shiori-san? —murmuró lo más suave posible, con tal de no desatarle aquellos dolorosos recuerdos.
Sei regresó la mirada a ella, inexpresiva —Pensé que tú ibas a ser diferente.
—¡Lo soy! —Exclamó, perdiendo los estribos— ¡Yo no voy a abandonarte!
—¿No lo harás?
Sus labios se cerraron, tensos. ¿Qué le estaba diciendo? Ni ella misma sabía lo que quería. ¿Cómo podía ser tan insensible y decirle que no iba a abandonarla? Si elegía a Sachiko, no podía estar con Sei. Eso y abandonar era lo mismo.
Descendió el rostro, odiándose. De verdad, odíandose como nunca —Sei, yo... ese día en el parque, yo...
—No me importa lo que tengas que decir —dijo, severa—. Ni tus disculpas, ni nada de eso.
Yumi la miró, consternada. La rubia bufó.
—Estoy harta de esperar, pensé que podría... pero no. No sé porqué, pero siento que estoy esperando hace tanto tiempo.
—Sei...
—Sé que no es así... —Declinó la cabeza, pensante. Su voz cada vez más sonaba en un lamentable susurro—. Sé que no hace mucho descubrimos lo que sentimos la una por la otra, que deberíamos tomarlo con calma. Pero yo... —Posó los ojos en ella, decidida—... Esto que siento, Yumi, estoy segura que ha estado escondido en mi corazón durante mucho tiempo.
La pequeña le mantuvo aquella penetrante visión, dudosa —Sí, sé a lo que te refieres. Eso mismo pensé... y cuando me di cuenta, —Comenzó a jugar con el borde de su pollera, nerviosa— , entré en pánico. Porque descubrir eso significaba que tanto tú como Sachiko... a mí...
—No lo digas.
—¿H-Huh?
—¡Y menos me compares!
Dio un paso hacia atrás debido a ese inesperado grito —S-Sei... perdóname, ¡Nunca quise lastimarte!
La rubia tomó aire con rudeza y acortó la distancia —Verte con Sachiko ayer hizo que pierda lo que me quedaba de paciencia —Atajó su mentón y lo elevó hacia ella— ¿Sabes que no soy una persona muy tolerante, no? —cuestionó, delineando una coqueta sonrisa—. Te quiero solo para mí.
Yumi se ruborizó y desvió la vista con velocidad —P-Perdóname...
Era incapaz de pronunciar otra cosa. Se encontraba tan paralizada, que tal parálisis se extendió hasta llegar a sus cuerdas vocales.
—¿Perdonarte? —repitió, riendo en un murmullo— ¿Qué es exactamente lo que debo perdonarte, Yumi? Me pregunto si lo sabrás...
La pequeña, desorientada por sus irónicas cuestiones, se atrevió a mirarla —¿Qué quieres decir?
Sei acortó más la distancia y rodeó con un brazo su cintura —¿Acaso debo perdonarte el hecho de que te amo? ¿o tal vez el hecho de que te deseo? —susurró sobre su ahora, perdido aliento— Espera, ya sé. Es el hecho de que has jugado conmigo —finalizó con una tonada más grave de lo que recordaba.
La castaña entreabrió los labios, estupefacta. Era culpable de muchas cosas, pero jamás jugó con ella. No en su corazón, no lo sentía así.
—¡No es así!
—¡Sí lo es, Yumi!
—¡Tú me dijiste que me darías tiempo para pensar!
—¡Bien! ¡No puedo tolerar ese puto tiempo que te di! —En un arranque atrapó sus menudos hombros— ¡Tú no puedes decidirte, y está bien, lo entiendo! ¡Pero mientras tanto estás jugando con nosotras dos! ¡No puedes cambiar ese hecho!
La menor abrió los ojos de par en par, horrorizada. Era cierto; no quiso jugar con ninguna, pero lo estaba haciendo. Aunque ella misma no lo sintiera así, aunque se muriera de amor por ambas, el panorama visto desde afuera era otra historia. Una que tenía que terminar.
—¿Qué te pasa? ¿por qué no dices nada? —Exclamó, aferrando los dedos contra sus hombros— Niégamelo, Yumi. Niégame que nos usaste, tanto a mí como a Sachiko.
Yumi se dejó zarandear, sin fuerza alguna. Sentía como si su cuerpo hubiese ganado peso; no podía sostenerlo. Estaba a punto de caer de rodillas sobre el suelo.
—Al menos di algo para que deje de sentir esto por ti... ¡Porque no entiendo cómo me enamoré de alguien como tú!
Y sucedió. Su corazón se quebró en dos al escuchar aquellas hirientes palabras que sonaron a una suplica. Las lágrimas que con tanto esfuerzo contuvo se resbalaron por sus mejillas hasta estacionar en su mentón.
Sei la detalló, aspirando su propio llanto —¿Qué? ¿ahora lloras? ¡soy yo la quiere llorar!
Yumi negó perdidamente con el rostro, apretando con fuerza los párpados.
—Di algo... por favor —Descendió la cabeza, temblante— ¿Por que no me dices lo que sientes de una buena vez? Yo... ya no puedo más con esto... no así.
En un impulso la abrazó y la enterró en su pecho. Quería fusionarse con ella, hacer lo que fuera para no dejarla ir.
—Dímelo, Yumi... ¿qué es lo que tengo que hacer?
La nombrada, reaccionando, deslizó con lentitud las manos por su espalda y fortaleció el aprecio. Ella no tenía que hacer nada, la única que tenía que hacer algo...
Soy yo... yo tengo que decidir.
Miró de soslayo el desesperado rostro de su vieja amiga, mientras sentía como sus espasmos le removían el cuerpo. Se detestó por décima vez en el día. ¿Cómo pudo hacerla sufrir tanto?
Fue a hablar con Sei con intenciones de terminar todo, y lo mismo iba a hacer con Sachiko. No se merecía a ninguna, pero ahora al verla tan desarmada, tan triste... su mente no pudo evitar cambiar de parecer.
Y ahora... la decisión está tomada.
—Sei.—Se desprendió del abrazo con cautela y la observó de frente. La rubia la miró aún con lágrimas en los ojos.
Para su sorpresa, Yumi le regaló una hermosa sonrisa y se puso de puntitas de pie. Besó sus lágrimas con delicadeza, sobresaltándola.
—Yumi... —La llamó, casi hipnotizada por tal cariñoso acto.
—Perdona por todo lo que te hice pasar. Sé que no merezco ser perdonada —musitó, sujetando sus húmedas mejillas—. No quiero hacerte más daño, Sei, nunca quise hacerlo. Eres importante para mí, por eso... he tomado una decisión.
La rubia tragó saliva con una importante dificultad, y se quedó en silencio esperando por su veredicto. Yumi acarició su cachete y entreabrió los labios, dispuesta a saciar su curiosidad.
—Yo...
—Si vas a decidirte, hazlo ya.
Ambas pegaron un saltito en el lugar a causa de aquella lúgubre pero conocida voz que resonó a sus espaldas. La castaña contempló como esos grisáceos ojos frente a sí se transformaban en unos desafiantes, y atónita, comenzó a darse vuelta lentamente.
Lo que le quedaba de aire la abandonó al encontrarse con su onee-sama apoyada sobre la puerta, cruzada de brazos y con una iracunda y triste mirada.
—Sa... chiko.
