Hello again and again! :D

He vuelto para subir el capítulo 9 del Puzzle6. Ahora se sabrá qué sucede con Nero y con su secuestro muahahaha.

Y las respuestas a sus tan queridos post :)

Kaechi Sparda: Sí, lo sé. Soy una total maligna, separé todos los capítulos del Puzzle6 para que quedara en una parte que dejara al lector O.O. Y por lo visto funcionó, muahahaha.

Pero bueno, gracias por postear. Y si quieres saber lo que se avecina para la pareja de los semidemonios… hay que seguir leyendo, jejeje. Pero diré de antemano… que nada bueno (risa maligna). Gracias por postear y seguir la historia :) Besotes ;D

SirenaLoreley: Síiii…. Credo es un aliado. Es mostrar los sentimientos del personaje jejeje. Y Nerito estaba solo en el medio del bosque porque se suponía que se encontrarían allí. Sabrás porqué más adelante, jeje. Y ahora, sí… Nero pasará por algunos momentos difíciles. A velar por él, jejeje.

Bueno, gracias por seguir la historia… suerte para ti TBN :b

DEVIL MAY CRY; DANTE X NERO; PUZZLE6

Dante llegó apresurado. Veía su celular. Iba tardísimo. 20:32. Llegó y comenzó a recorrer el bosque, extrañándose de la ausencia de Nero. No solía llegar tarde. Menos aún, si tenía todas las de llegar antes.

Esperó un par de minutos y luego se desesperó. Marcó. Algunos segundos después, escuchaba el tono del celular de su compañero. Colgó, y el tono se detuvo.

Volvió a llamar, y nuevamente escuchó, a lo lejos. Ésta vez, caminó, siguiendo el sonido. Luego, comenzó a correr. Se detuvo al escucharlo a su lado. Se volteó con rapidez y exasperación, pero Nero no estaba allí.

Sólo su celular, cubierto de un brillante verde claro en el suelo, iluminado. Lo tomó, con preocupación, y luego, se atrevió a caminar a Fortuna, a preguntar por su amante, aunque tenía un mal presentimiento.

No podía ver a su alrededor. Su visión estaba interrumpida por una venda, pero se sentía llevado por, a lo menos, cuatro personas. Entre dos, llevaban cada uno de sus brazos. Uno más, les guiaba.

Sintió las escaleras. Descendió con temor; tropezó un par de veces, sin saber dónde pisar.

— ¿Dónde me llevan? —reclamó.

Ninguno respondió.

— ¿¡Dónde me llevan! —exigió.

Sintió un golpe en la espalda que le hizo gemir y otro tras las rodillas, haciéndole perder el equilibrio. No pudo afirmarse de nada; ellos le afirmaron.

—Mantente en silencio—le exigieron.

Escuchó el oxidado crujir de un portón y que le empujaban, cayendo en algo frío y duro. Un calabozo. Ahora ¿Dónde?

— ¡¿Qué quieren de mí? —

Sintió que, en silencio, le rodeaban de cadenas; una por el cuello, que casi le ahorcaba, y que le azotaban contra la helada pared.

"Dante, por lo que más quieras, ven a rescatarme" pedía en la mente.

—Díganme qué demonios quieren—

Sintió sus risas.

—Eso mismo. Un demonio—rieron.

Habían envuelto a Devil Bringer en una especie de tela gruesa, y sobre eso, el grillete que le mantenía colgando a la pared, tocando el suelo con la punta de los pies a tientas. Sintió que se iban; la reja que se cerraba, y luego, más bajo, cómo subían las escaleras y cerraban otro par de puertas.

Comenzó a alborotarse; a intentar zafarse, o alcanzar con firmeza el suelo.

—No creas—escuchó.

Se detuvo, con sorpresa. Acababa de notar que había alguien en aquel lugar.

—Eres de ¿dónde? —

— ¿Crees que voy a decirte? —

—Deberías—

Sintió su risa.

—Cállate si no quieres meterte en problemas—

Pasaron muchas horas en aquella incómoda posición; permanecía preocupado de sus tendones, buscando algo positivo de la situación. Rogaba, cada cinco minutos, que su poderoso Dante apareciera por aquella puerta quebrándole el cuello a aquel desconocido, soltando sus cadenas y tomándole por la cintura, besándole y consolándole.

Pero nada.

La puerta seguía sin moverse.

Había logrado mantener la calma por algunas horas, cuando la puerta se abrió. Miró de inmediato, pero el oído le dijo que aquel no era quien esperaba.

— ¿Hay que quitarle la venda? —preguntó uno de ellos.

Al parecer, habían entrado varios.

—Claro que no, vaya si eres imbécil—

Reconoció aquella voz; se alertó, y agudizó a la fuerza su oído. Pero no podía reconocer a su portador.

—Entonces… ¿qué hacemos? —

—Sacarle algo de información—

Nero presionó la musculatura; supuso que debía de empezar a mantenerse firme.

—Mira, Nero, vamos a hacer algo. Estás en esta incómoda situación, no por lo que eres, sino por lo que sabes. Si nos contestas algunas preguntas, vamos a dejarte ir tranquilo—

Sintió un par de sonrisas divertidas.

—Eso depende—contestó.

—Entonces, comencemos. Sabemos que tienes relación con un tal Dante Sparda. Dinos todo lo que sepas de él—

Nero dudó un minuto; entonces era a Dante a quien buscaban. No a él.

—No conozco a ningún Dante. Menos a algún Sparda ¿Qué es eso? Creí que me preguntarían cosas que supiera—

Escuchó un suspiro, y recibió un golpe. Lo resistió con firmeza, pero en el interior, gimiendo de dolor.

—No te metas en más problemas, contéstanos—

—Son de la Orden de la Espada—acusó.

— ¡Contéstanos lo que se te pregunta! ¿Dónde está Dante ahora? —

Se negaba rotundamente a hablar.

—No conozco a ningún Dante Sparda—

—Lo conoces; vives y trabajas con él ¿Dónde está ahora? —

Ya sabían; no quedaba más opción que sólo comenzar a negarse a responder.

—No voy a responder eso—se negó.

—Entonces sí lo conoces, contesta—

Negó.

Recibió otro golpe; un segundo, un tercero y un cuarto. Sintió un amargo sabor en la boca y algo que escurría por allí.

—Contesta. No me tientes—

Se concentró y escupió a la nada; sin saber dónde había alguien. Por lo visto, había dado en el blanco, pues recibió, como respuesta, un insulto y un golpe.

— ¿Te niegas del todo a responder, Nero? —

—Ustedes son de la Orden de la Espada, ¿cómo se supone que pueden hacer esto? —

Sintió que le movían y que era su nariz la que ahora rozaba la superficie vertical tan fría. Un frío en la espalda y en el pecho; al cabo de un par de minutos, se había dado cuenta que le habían desprovisto de la chaqueta y de la pollera bajo él. Comenzó a jadear, sin abrir la boca. Sintió la preparación de algo tras él.

—Entonces… si te niegas a responder… sufre ¿Una última oportunidad? —

—Olvídalo, no voy a responder—

—Ni siquiera sabemos dónde queda la cosa esa—escuchó.

—Cerca de donde lo encontraron, ¿no? —

—Recorrimos todo el perímetro y nada—

—Son unos imbéciles—

Un azote estalló en su espalda, sorprendiéndole y haciéndole gemir de dolor. Le harían algo, pero no estaba tan seguro de que le azotarían. Comenzó a razonar, en medio de cada azote. En el Palacio de Fortuna, en el que alguna vez solía vivir, tenían el calabozo. Un lugar frío, de concreto, en el que llevaban a prisioneros legales y demonios que encontraban. Desde que era niño, había visto aquella realidad. Sólo ver a los guardias como su hermano mayor llevarles escaleras abajo; y una vez, sólo una vez, se había atrevido, con inocentes 11 años, a bajar las escaleras, siguiendo a su hermano. Un camino largo y oscuro. Escuchó los gritos desesperados de los demonios.

—No debes estar aquí, Nero. Sube—le había dicho Credo, tomándole por el hombro.

Asintió y subió, aún mirando.

Un azote; número desconocido. Tampoco sabía cuántos le darían.

—Estamos en el Palacio…—masculló.

"Y ni Credo ni Kyrie se han dado cuenta de que yo soy el nuevo prisionero" pensó "Dante tampoco ¿Por qué aún no llegas? "

Con la esperanza de que alguno de los tres se aparecería para acabar con su tortura, resistió los azotes con paciencia. Pero cada uno dolía más que el anterior; cada nuevo azote era sobre el territorio del anterior. Su piel ardía; pero no quería hablar.

—Está llorando—escuchó, como susurro.

El fuste se detuvo; el dolor aún no.

— ¿Te niegas a hablar? —

Aquella voz tan conocida; seguía sin poder reconocerla. Le torturaba el desconocerla.

—Déjenlo por ahora. Denle uno de los calmantes y lo dejan aquí, muriéndose de hambre, Cuando quieras hablar, te estaremos esperando. Pero no vamos a esperar por siempre, Nero…—

Le obligaron a tragar algo. Pero apenas sintió que la reja se cerraba, comenzó a gritar.

— ¡Credo! ¡Estoy aquí! —

—Si alguna vez viviste aquí, sabrás que arriba no se escucha—

Hizo crujir sus dientes, pero volvió a gritar.

— ¡Kyrie! —

—Y Credo ya no está en la guardia que trae a los demonios. Si sigues gritando, vas a acabarte la voz. Nada te cuesta decirnos dónde está Dante Sparda. De haberlo dicho, te hubieras ahorrado todo este dolor ¿Por qué lo proteges tanto?—sonrió el guardia.

Las lágrimas caían por sus mejillas, pero se negaba rotundamente a confesar.

Lo dañarían si lo encontraban.

Lo que sea que le hubieran obligado a tragar comenzaba a hacer efecto. Si es que aquellos eran los efectos. Sentía una especie de corriente recorriendo cada filamento de su cuerpo; eso le volvía inquieto y le hacía gritar y alborotarse. Los grilletes y las cadenas hacían ruidos atroces, pero más atroces eran las heridas en su espalda y en sus muñecas.

Y Devil Bringer no respondía.

Cada día era la misma tortura. Un minuto de interrogatorio. Como jamás respondía, ni abría la boca siquiera, recibía el maltrato. Ya sabía cómo iba todo. Primero, algunos de los presentes le golpeaban y le pateaban. Lo siguiente era el azote.

Había aguantado una semana y algunos días. Ya se había rendido. Ni Credo ni Kyrie habían notado que él estaba allí siquiera ¡Dentro del propio Palacio! Cada mañana intentaba gritar; cada tarde, cada noche. Su voz casi ni salía. El cuerpo le dolía de sólo moverse.

Y Dante tampoco había llegado.

—No llegaste, Dante… no llegaste—susurraba, cada cinco minutos, sin que alguien pudiera escucharle.

Cada cierto tiempo, dejaba de sentir las piernas; cuando se daba cuenta de que tenía extremidades bajo la cintura, intentaba moverlas, y luego un hormigueo. Lo mismo en los brazos. El hambre y la sed le torturaban.

—Si dices algo sobre Dante, podrás comer y beber lo que quieras, pero habla—le decían, cada día que se negaba a responder.

Su cuerpo se alimentaba de sí mismo por la desesperación del hambre; se carcomía solo, pero no hablaba.

Una semana y cinco días. Ya no tenía sentido de la realidad.

—No llegaste, Dante, no llegaste—susurraba, intentando moverse— Dante… no llegaste… no llegaste—

Decía eso cada menos tiempo; cada vez más seguido. Su visión de tiempo se había alterado drásticamente. No sentía nada a su alrededor.

Y seguía repitiendo la misma frase una y otra vez.

—No llegaste, Dante… no llegaste—

No sabía si era de día de noche, pero de pronto, sintió que la puerta arriba se abría.

—Un momento; yo me adelanto. Les llamaré si necesito algo—

— ¿Vamos con usted? —

Sus oídos, que parecían ser lo único que funcionaba del todo, escucharon la voz de Credo.

—Credo…—susurró, tratando de llamarle.

La puerta se abrió de golpe y sintió la voz de Dante, que se había lanzado contra el guardia. Escuchó su grito de dolor, pero desvaneciéndose. Luego, le quitaron la venda. En esto, Nero trataba de empujarle, con violencia, defendiéndose, creyendo que era un guardia que le azotaría. Quien le intentaba ayudar, le influía temor. Desesperación. La poca luz que tenía el calabozo le ardía en los ojos, haciéndole cerrarlos de inmediato.

— ¡Nero! ¡Nero! Por lo que más quieras, dime que estás bien—

Cayó; el golpe en el suelo, casi no dolió. Su cabeza caía casi inerte sobre su hombro, con los labios entreabiertos, con sangre seca cayendo por su torso y su rostro.

—Nero…—

—Dante… no llegaste, Dante, no llegaste—susurró.

—Estoy aquí… mírame, mírame bien… ya llegué… —

—No llegaste, Dante, no llegaste…—repitió.

Cada vez peor; no resistió más y perdió el conocimiento, cayendo hacia un lado.

Dante le alcanzó a tomar en sus brazos; le tomó y le cargó en sus brazos, tomando su chaqueta de paso. Iba a salir, pero Credo estaba frente a él, obstruyéndole la salida, apuntándole con un arma.

—Me traicionaste—

—No, Dante… escucha…—

—Me traicionaste, Credo… y a tu hermano…—

— ¡Shh! Cállate, ¡no actúes como mujer despechada que me dan ganas de golpearte!— —Los guardias están arriba en la escalera, esperando mi señal. Déjame a Nero; tú vas y los atacas; sácalos del camino, no me interesa cómo. Luego vuelves por Nero y te llevo hasta la salida de atrás—

—Entonces…—

—No te traicionaría. Menos a Nero. Por Dios, míralo…—

—Lleva dos semanas aquí y no te habías dado cuenta—

—No tuve acceso a los prisioneros de la Orden, Dante… deja de reclamar. Ya tenemos a Nero, los guardias se van a extrañar y tú aquí refunfuñando ¿Irás? —

Sacó a Rebellion de su espalda y quitó el arma a Credo, quien sostuvo al menor entre sus brazos, mirándole con tristeza.

—Ay, Nero… ¿cómo? —

Escuchó los gritos de los guardias, y algunos cuerpos cayendo por las largas escaleras.

—Dámelo—exigió, al volver.

Lo tomó en sus brazos; el comandante de la guardia le cubrió con la chaqueta azul y marchó algunos metros adelante. Antes de llegar arriba, le ordenó detenerse; luego, la larga carrera hacia la salida.

—Entonces… debo agradecerte por haberme ayudado—

—Es mi hermano, Dante. No puedo dejar esto de lado. Vamos, vete—

—Pero… ¿qué hay de ti? Van a sospechar—

— ¡Golpéame! —

— ¡Masoquista! —

— ¡Sueñas! Sólo golpéame… si lo haces rápido…—

Dante pareció captar rápido la idea; un rápido y certero golpe, y el joven de uniforme blanco ya estaba tirado sobre el suelo, totalmente inconsciente.

Luego, se echó a correr.

Llegó a Devil May Cry y le dejó descansar sobre el sofá, dejando caer con descuido sus armas y corriendo por su casa, buscando gasas.

Volvió en un resbalo a su lado, a limpiarle y quitarle la sangre. Su rostro deprimido e impotente miraba el herido rostro de su amante.

—Nero, perdóname… ¿cómo pude permitir que terminaras así? —sollozó, apoyando la cabeza sobre el vientre de su compañero, ya cubierto por algunos edredones.

Éste sólo dejó caer la cabeza en su dirección. Le tomó y le volteó, curando lo que se pudiera de su tan herida espalda, y volvió a dejarle boca arriba en el sofá, cubierto. Comenzó a darse vueltas y vueltas, caminando frente a él.

Día siguiente, y llamaron a su puerta. No había dormido en lo que quedaba de noche y se mantenía tenso; abrió la puerta rápido y entraron ambos hermanos, directo al sofá al verle.

— ¿Cómo está? —preguntó el mayor.

—Te golpeé fuerte, ¿verdad? —preguntó, sosteniendo un tazón entre sus manos y mirando con preocupación la venda sobre su ojo.

—Pues… sí, algo, pero esa era la idea. Si yo era el único que había sobrevivido y estaba consciente comenzarían a sospechar. Entendiste rápido el plan, ¿no? —

— ¿No te duele? —

—Algo. Lo bueno es que fuiste certero—

—Tienes suerte, demonio…—reclamó la mujer.

—Kyrie, por favor, contrólate, estamos aquí por él, y deberías estar agradecida de que lo salvó—

—Después de dos semanas—

Eso provocó que bajara el semblante de Dante; Credo lo notó.

—Nosotros tampoco fuimos muy útiles, ¿no? Después de todo, estuvimos dos semanas teniéndolo en el castillo y no nos dimos cuenta. Fue en los últimos días en los que me di cuenta de que había algo sospechoso en el calabozo. Agradécele—

—Primero muerta—

—No es necesario; no salvé a Nero para recibir sus agradecimientos—murmuró el demonio.

— ¿Qué tal sus heridas? —

—Malo. Tiene la espalda destrozada… ¿qué le hacen a los demonios ahí? —

—Yo generalmente estaba encargado de llevarlos, así que mucho no sé. Y… depende de lo que hayan querido obtener de él—

— ¿Su poder? —

—Respuestas—

— ¿Respuestas de qué? —

—Eso habrá que averiguarlo. O preguntarle cuando despierte—

Dante cayó en un suspiro sobre el suelo.

—Te ves cansado—

—Los demonios no se cansan—

—Dile eso a mi madre, ándate a dormir—

Él sólo dio la espalda y apoyó la cabeza sobre el vientre de su compañero.

Cada mañana era lo mismo; Dante semi dormía al lado del sofá, apoyando la cabeza. Siempre muy armado, por si alguien venía a cazarle nuevamente. Curarle las heridas; intentar que despertara. Cualquier cosa.

Pero nada.

Y llegó a cumplirse la semana y media.

Ya cumplí con mi parte… subí la novena parte, jejeje. Hice sufrir un poquito (¬¬) a Nero, pero todos necesitamos tensión de vez en cuando.

Y gracias por leer… nos vemos el próximo jueves :D