—Sonríe~—pidió Germania, aunque el que sonreía era él.

—No—contestó Roma.

—Sonríe~.

—No.

"Ya van cincuenta y seis veces que la escena se repite" pensó Roma para sus adentros. Y él sólo aguantaba hasta sesenta veces. Lo había comprobado varias veces, aunque no por la misma estupidez.

—Sonríe. Por favor, Roma.

—Dije que no, Germania.

Cincuenta y siete, y sentía las ganas de golpear al germano a flor de piel.

—Sonríeee~.

— ¡No!

—Sonríe~.

—No.

"Una más. Una más y lo mato" pensó al llegar a cincuenta y nueve.

El rubio suspiró, observándolo con atención. El Imperio Romano agradeció para sus adentros el que el otro no insistiera una vez más. Si bien se desahogaba bastante golpeando Germania, a veces se sentía culpable de hacerlo.

—No hay caso. Es imposible lograrlo—se rindió el germano, sentándose sobre el césped. Roma agradeció la tranquilidad, observando el cielo. En poco rato atardecería.

—Me alegra que te des cuenta de la verdad.

— ¡No me gusta ésta verdad! —Protestó— ¡Quiero ver tu sonrisa! ¡Seguramente te haga ver guapo!

— ¿Para qué necesito ser guapo? Eso no gana las batallas. Lo hacen la fuerza, la disciplina, el trabajo duro…

Bla, bla, bla—masculló—Ya me conozco tu discurso de memoria.

—Deberías aplicarlo.

—Lo hago—le recordó—Pero todos deberíamos divertirnos. La vida no es sólo batallas. ¡También hay que preocuparse por la familia! ¡Y los amigos!

—No sé si te considero exactamente un amigo…

—Y por ésa persona especial que nos atrae románticamente. Por eso deberías sonreír para mí.

— ¡Y eso con menos razón! ¡Ni siquiera te considero mi amigo, y ya te das aires de ser el amor de mi vida!

—No me doy aires. Lo soy.

—Hay veces en las que me gustaría agarrarte de ahí—dijo el castaño, señalando el largo cabello blanco que el otro tenía recogido en una larga trenza—Y arrastrarte hasta el fondo del Mar Mediterráneo, para tener un poco de paz.

—…Eso es muy rudo de tu parte, Roma.

—Y tú eres un pesado.

Un silencio se formó entre ellos, mientras el de ojos naranjas observaba el cielo, y el rubio parecía reflexionar para sí mismo.

Paz. Al menos Roma ya sabía que podía existir aunque tuviera a Germania a su lado. Cuando estaba callado, podía soportarlo sin quejas. Mucho menos molesto e irritante. Incluso se atrevería a decir que lucía un poco más bello. Si fuera más callado, no le molestaría llegar a ser su amigo, incluso algo más…

—Sonríe~—insistió nuevamente el germano, volviendo a la carga. Ésa había sido la aparente conclusión de su reflexión.

"Sesenta" resonó en la mente de Roma.

Y estampó un puñetazo contra el rostro de Germania. Éste reaccionó más o menos a tiempo. Su rostro se salvó, pero le dio en el brazo.

—Dolió—se quejó el rubio, sobándose la parte superior del brazo—Ojalá existieran las clases para controlar la ira.

—No necesito eso. Tú necesitas clases para dejar de molestar a las personas.

—Tú eres el único que se queja de que yo molesto.

—Entonces los demás son idiotas.

—O tú eres el único al cuál, aparentemente, molesto.

El silencio volvió a reinar. Aunque no por demasiado tiempo.

—No voy a sonreír—contestó finalmente Roma.

Germania hizo una mueca de tristeza. Pero internamente, prometió no rendirse. Haría que Roma sonriera alguna vez, y sería una sonrisa sólo a él.

Pero por el momento, mejor dejaba de insistir o le rompería los huesos.


Me encanta esta pareja, en ambas versiones :D Debería haber más amour para ellos e.e