9.- LA LEY DE LA OSCURIDAD
Capítulo 9
Nuevo compañero
-declaramos al acusado. . . culpable de todos los delitos, y lo condeno a permanecer en un reformatorio durante treinta y ocho años siete meses y cinco días.
El juez dio un último golpe con el mazo y salió de la sala mientras dos policías esposaban a Yami y se lo llevaban a la furgoneta.
-lo siento-le dijo el abogado al abuelo.
-tranquilo. Hizo lo que pudo.-le respondió él.
Los dos policías y Yami abandonaron la sala.
-oye, se que no es buen momento, pero..., ¿no está como más alto?
-yo lo veo igual que siempre.
-hmm, serán cosas mías. De todos modos continuaré investigando. Si de verdad es inocente debe de haber alguna pista, y si la hay la encontraré. Ese crío no puede ser tan cruel. Al menos su actitud no lo es.
-gracias.
Los dos se marcharon de la sala. Yami iba al reformatorio en la furgoneta con los os policías. No cruzaron una sola palabra en todo el viaje, que no fue precisamente corto.
Se bajaron los tres del coche, y le llevaron hacia unas puertas de color gris, que chirriaron al abrirse cuando la secretaria pulsó el botón después de ver a los policías.
Entraron y caminaron por un largo pasillo hasta llegar a la ceda que le correspondía. Yami entró sin decir una palabra ni hacer ningún tipo de gesto. Dentro había otro chico, de la misma edad de Yugi a juzgar por su apariencia. Estaba dormido en una de las camas.
-acaban de terminar de comer. Se está echando la siesta. Si tienes hambre dilo, si no, no se hace nada hasta las siete de la tarde.
Después de un rato Yami le hizo gestos al guardia más cercano pidiendole papel y boli, que era el mismo que lo había acompañado en el juicio.
-se supone que no debemos dejaros ese tipo de cosas-dijo el vigilante.-pero bueno, te lo dejo si me lo devuelves luego.
Yami asintió como demostrando su agradecimiento, pero no soltó ni una palabra
Comenzó a escribir en el papel, apoyado en la mesita que tenían en la esquina de la habitación. No tardó en devolverle el bolígrafo al guardia.
Después tumbó encima de su cama, observó unos instantes a su compañero de celda, y cerró los ojos.
Al de un rato sonó un molesto ruido, como si fuera una especie de alarma de incendios.
Yugi se despertó confundido y cansado. Miro a su alrededor sin saber muy bien dónde se encontraba. Había otra persona en su misma habitación, que le miraba.
-hola-saludó Yugi.
-hola-le devolvió el saludo su compañero.
Se quedaron en silencio unos segundos hasta que Yugi se percató del tozo de papel doblado que se encontraba encima de una pequeña mesa en la habitación. Se estiró para cogerlo.
'Para Yugi'
-¿lo has escrito tú?
-no. Igual ha sido uno de los guardias. ¿Supongo que ése es tu nombre, no?
-sí.
-pues lee lo que pone. Ahí dice que es para tí.
Yugi asintió mientras abría el trozo de papel escrito.
'Te declararon culpable en el juicio. Estás en la cárcel. Ten cuidado.'
-¡¿qué es esto?! -saltó Yugi.
-¿el qué?-curioseó el compañero-¿qué pone?
Yugi miró a su alrededor ignorando la pregunta de su compañero.
Se dio la vuelta y vio los barrotes. Dejó caer el papel y se levantó para mirar a través de ellos. Estaba casi al final de un largo pasillo lleno de celdas iguales, con gente con cara de pocos amigos.
-¿te encuentras bien?-le preguntó su compañero.
Las puertas comenzaron abrirse. Yugi pegó un salto hacia atrás.
El chico se levantó para mirar lo que había escrito en el papel, luego miró a Yugi con cara de asombro.
-¿es que no sabías cómo te declararon en tu propio juicio?
-no. Recuerdo que fui al servicio. Luego me he despertado aquí.
-¡¿tienes pérdidas de memoria?!
Yugi asintió.
Es la hora del recreo. ¿Te apetecería ir juntos y me cuentas más? Vine anteayer y ninguna de las personas que hay aquí me parece... bueno, no me parece que sean buenos amigos.
Salieron de la celda y se pusieron en la larga fila que se había formado.
-¿qué ocurre?-preguntó Yugi.
-hay que ponerse así cada vez que salimos o entramos para que nos cuenten a ver si falta alguien.-contestó su compañero-. Es por seguridad.
-ah.
Las celdas volvieron a cerrarse.
-por cierto-volvió a hablar el chico- mi nombre es Pablo.
Uno de los guardias pitó una vez con el silbato que llevaba al cuello.
-eso significa que han acabado de contar y nos podemos ir ya afuera.
-oye...-dijo tímidamente Yugi- tú...¿tú eres inocente de lo que se supone que hiciste para estar aquí?
Pablo sonrió.
-sí. Pero supongo que eso ya no importa.
Pasaron por varias puertas y largos pasillos hasta llegar a una especie de campo casi sin hierba y vallado de un lado al otro. Tenía dos pistas de baloncesto, a un lado varios aparatos para hacer ejercicio y varios guardias repartidos por toda la zona.
La gente comenzó a dispersarse por el lugar.
Yugi y Pablo se quedaron sentados cerca de la puerta.
-¿Y tú?-preguntó Pablo.
-¿yo qué?
-pregunto, a ver si tú tampoco hiciste nada de lo que te acusan.
-no. Bueno, no lo recuerdo. Pero sé que no hice esas cosas.
-Este lugar es peligroso. Por muchos guardias que haya siempre hay alguien que viene a por ti. Si estás solo estás perdido. ¿Te gustaría que fuéramos amigos? Así al menos nos tendríamos el uno al otro.
-claro que sí.-contestó Yugi con una gran sonrisa.
Pablo le devolvió la sonrisa.
-¿cuánto rato estaremos aquí?
-normalmente hasta las nueve y media más o menos. Pero a veces hay algún evento especial o así. Luego cenamos. A veces nos dejan ver alguna película. Luego nos vamos a la cama hasta las ocho del día siguiente.
-vaya. ¿Y no se puede hacer nada para matar el tiempo?
-sí, claro. Hay varias actividades que se puede hacer durante las siestas, o los recreos. Hay un taller de manualidades y pintura. O puedes apuntarte a la cocina que creo que les falta gente.
-¿Y cuando podre hablar con mi abuelo?
-las visitas son los martes a las ocho.
-aún faltan tres días...
Pablo y Yugi estuvieron charlando un rato hasta que se les acercó uno de los chavales que estaba jugando al baloncesto, pues se le había ido el balón y había caído cerca.
Les soltó una mirada amenazadora, y volvió de nuevo al campo.
-tengo miedo-dijo Yugi.
-y yo. Esos tipos siempre andan buscando pelea. Normalmente con gente más débil que ellos. Supongo que ahora tendremos que andar con cuidado. Sobre todo cuando estemos lejos de los guardias.
-no me gusta este lugar-soltó Yugi, con los ojos llorosos.
-ni a ti ni a nadie. Pero tampoco podemos salir.
Volvió a sonar el timbre y la gente comenzó a dejar lo que estaba haciendo y volver a sus respectivas celdas.
Al pasar el chico de antes volvió a mirarles.
Después del recuento se metieron a sus celdas, y más tarde se apagaron las luces. Hacía frío, se escuchaban sonidos extraños y olía raro. No era el lugar más cómodo del mundo, vamos.
Ni Yugi ni Pablo podían dormir, así que se quedaron charlando un rato. Hasta que un ruido que no era del goteo de las cañerías les asustó.
-hola chicos.-dijo una voz amenazadora por detrás de los barrotes.
-¿q...quién eres? ¿Donde están los guardias?-preguntó asustado Yugi.
-los guardias han tenido que atender una pequeña emergencia y no están. Qué pena, ¿no?
-no puedes entrar. Está cerrado.-dijo Pablo.
-¿no creerás que soy tan tonto como para no coger las llaves, verdad?
La puerta comenzó a abrirse lentamente.
El matón llevaba un palo de madera en la mano.
Los dos amigos tragaron saliva.
-¿porqué te metes con nosotros? ¡No te hemos hecho nada!
El matón se paró en mitad de la habitación.
-¿qué porqué? ¿No es obvio? Por el colgante que llevas al cuello. No sé si sabrás pero aquí no dejan pasar armas, y eso tiene mucha punta. Es peligroso, y lo quiero. Si a los guardias se les ha pasado confiscarlo no es mi problema.
Yugi agarró el puzzle. Pablo lo miró un instante antes de volver a mirar al matón, que continuó andando lentamente hacia ellos.
El sennen puzzle comenzó a brillar. El plan de Yami para salir de la cárcel no era precisamente ese, pero si Yugi necesitaba ayuda, no le iba a dejar solo, y menos si también iba a sufrir algún amigo suyo.
-es la hora del juego
-¿juego? ¿Y a qué pretendes jugar en la cárcel y sin luz?
-será un juego parecido al escondite.
-Yugi, déjalo, dale el colgante y te dejará en paz. Así solo vamos a tener algo más de tiempo, y a lo mejor nos pillan.
-eso es un juego de niños. Y me aburre.-contestó el matón ignorando a Pablo, que se encontraba detrás.
-no será un juego normal, sino un juego de las sombras.
-¿y eso cambia el juego?
Yami sonrió.
-sí. El que sobreviva gana. Es la única regla. Pero no nos esconderemos el uno del otro.
-¿y entonces de quién?
-Lo sabrás si te encuentran, y no son los guardias, ya que, como bien has dicho, no hay ninguno ahora. Vamos, el juego ya ha comenzado.
-bien, espero que no me estés engañando, no te conviene.
Yami salió de su celda, seguido del matón. Pablo se levantó para ir con Yami.
-tú quédate ahí. Esto es peligroso.- dijo, sin voltearse a mirarle.
-pero...
La puerta de la celda se cerró y los dos comenzaron a andar por el largo pasillo.
Yami fue directo a la cocina, mientras que el matón continuó andando hasta el patio, donde comenzó a escuchar respiraciones extrañas y pasos descoordinados.
-¿¡quién anda ahí!?-preguntó, sin obtener respuesta alguna.
Yami llegó a la cocina, cogió el encendedor y encendió los hornos y la freidora. Después cogió el aceite y lo empapó todo con él, excepto la salida. Luego tomó la sartén más grande que encontró con la mano en la que no tenía el encendedor y se subió a una de las mesas, junto al grifo, y esperó.
Mientras tanto, el matón intentaba descubrir qué era lo que había en el patio, curioseando por donde le alcanzaba la vista, hasta que por fin vio algo.
-¿Hola? ¿Supongo que tú serás el que nos tiene que encontrar, no?
...
-bueno, no importa si no contestas. Hagamos un trato. Yo te doy lo que me pidas si pasas de mí y vas a por el otro chaval. ¿Qué te parece? Lo que sea. Tengo muchos contactos.
La extraña respiración comenzó a hacerse más fuerte, como si estuviera más cerca, y parecía como si ahora fuera más de una.
-¿hola? Oye, si sois más de uno puedo haceros dos favores, no me cuesta nada.
Cada vez estaba más cerca, y eran más los pasos que se acercaban a él.
De repente sintió una fría respiración en su cuello. El matón se dio la vuelta lentamente, asustado. A la mitad, y mirando de reojo, vio la pútrida, huesuda y sangrienta cara de una desaliñada chica. Su corazón comenzó a latir fuertemente y comenzó a correr lo más rápido que pudo hacia el edificio, gritando.
Cuando reunió el valor para mirar hacia atrás había una horda de ellos persiguiéndole, y para su desgracia le estaban alcanzando.
Corrió lo más rápido que pudo. En el pasillo le pidió a Pablo que le dejara pasar, pero, y aunque lo había estado intentando, la puerta no se abría.
Los pasos de los zombis se oían cada vez más cerca, y el matón no tenía tiempo para forzar la cerradura, así que continuó corriendo.
Llegó a la cocina, donde se encontró con Yami.
Ignorando a su rival, el matón cogió varios cuchillos para defenderse, y se puso en frente de la puerta.
Los zombis no tardaron en llegar, y él lanzaba cuchillazos a todos los que podía. Sin embargo, ninguno cayó al suelo, ni hizo amago de dolor. En poco rato le quitaron el cuchillo y le hicieron algunas heridas. Se apartó y se fue al fondo, junto con Yami.
-¡vamos a morir!
-no. Solo el perdedor.
En cuanto terminaron de entrar todos en la cocina, Yami cogió el encendedor, lo tiró al suelo y aprovechó cuando los zombis luchaban contra el fuego para escapar usando la satén como escudo contra algunas de las llamas más grandes que alcanzaban.
El matón cogió el vaso más cercano, lo llenó de agua, y la echó al fuego, que se convirtió en una llamarada y alcanzó sus zapatos empapados de aceite.
Se arrastró hacia la salida entre las llamas y los zombis hambrientos, pidiendo auxilio. Llegó solamente hasta la puerta, donde Yami le miró con desprecio, y le dijo.
-eso te pasa por ser tan avaricioso. No todo se logra con dinero y moviendo hilos. Por eso he ganado.
Yami desapareció por el oscuro pasillo mientras el matón usaba las pocas fuerzas que le quedaban para apartar a los zombis y escapar de las llamas, sin lograrlo.
Bueno, pues hasta aquí el capitulo. Espero que lo hayan disfrutado.
El próximo comenzará donde lo acabo de dejar.
Y como siempre, comenten, Gracias. n.n
