Capítulo 9
Inuyasha
Presentía algo en ella: algo oscuro y peligroso. Ella había cambiado y no sabia que había en esa cambio.
Salió y encontró a su hermano apoyado en la encimera, riéndose de algo que Akeno o Rias había dicho. Parecían tan felices. ¿Cómo iba a trasladar a todos? Interrumpir su negocio iba a ser dificilísimo y ¡sólo tenían diez días para hacer lo todo! ¡Era imposible! ¿Encontrar un sitio nuevo, trasladar todo el equipo y aun así mantener sus compromisos? ¿Cómo podían hacer eso?
—hey Inuyasha – dijo Miroku – el almuerzo, no es hoy? —dijo Miroku , quitándose el sombrero con una leve inclinación de cabeza mientras entraba en la cocina—
- Si tienes razón - se apresuró a su estudio para coger su agenda de cuero con su planificación y con todos los detalles importantes del negocio. Salió apresurado de la casa
Ya estaba a punto de salir , pero algo le detuvo. Se quedó inmóvil durante un instante; luego corrió a su escritorio y echó un vistazo hacia su edificio, encogiéndose al dar se cuenta de que parecía nervioso. Pero, después de aquella llamada horrible, ¿qué se podía esperar ?
Respirando hondo, cerró los ojos un momento y se preparó mentalmente para otro encuentro con la enigmática, peligrosa y nueva Kagome Higurashi
—listo —dijo—Sesshomaru, Chicas, os ver é dentro de un par de horas, ¿vale? —dijo – tenemos un catering nocturno hoy pero juntos lo lograremos.
Veinte minutos más tarde, Kagome entró al restaurante, ignorando al gerente atontado que le dio la bienvenida. Se sorprendió a sí misma al dar se cuenta de que en realidad estaba esperanzada de ver a un hombre. Disfrutaba de la compañía de hombres atractivos, pero reconoció con una mueca que Inuyasha era diferente de alguna manera, casi como si ya lo hubiese conocido. Sus ojos otearon las mesas del restaurante, pero no lo vio de inmediato. Ella llegaba diez minutos, no era mucha la demora. ¿Dónde demonios estaba?
Un movimiento a su izquierda captó su atención y hay estaban esos ojos dorados, que recordaba de la noche de la fiesta. Observó cuidadosamente cómo se aproximaba, sin haber se percatado aún de que estaba allí. Casi rio cuando vio cómo se llevaba la mano al cabello. Se veía adorable y atractivo a la vez, una proeza bastante significativa.
Había llegado el momento de poner en marcha su plan. Dio un paso adelante mientras su mente cambiaba la idea original. No necesitaba contárselo todo. Solo lo suficiente para casarse con el.
Entonces podría llevar le el certificado de matrimonio a su padre y esa parte del asunto quedaría resuelta. Una vez que tuviera la participación mayoritaria de la empresa, encontraría la manera de conseguir el tercio restante, de librar se de su matrimonio y de volver a poner su vida en orden.
Un pequeño remordimiento se instálalo en su ser, usar a otra persona, pero no es lo que hacen en los negocios.
Aunque descubrir porque esos ojos dorados, le atraían tanto no estaría de más.
Dio un paso al frente y él se detuvo, observándola al mismo tiempo que ella alzaba la vista hacia el.
—Estás preciosa —dijo finalmente Inuyasha, tomando su mano. La levantó hasta sus labios para besar sus dedos y una vez más le sorprendió el temblor que podía percibir. Por alguna extraña razón, sentía deseos de estrecharla entre sus brazos y dar le parte de su fuerza, de decir le que todo iba a salir bien. En vez de eso, apretó sus dedos con más fuerza, atrayéndola hacia sí. Disfrutaba de su perfume dulce, femenino, y de los preciosos ojos marrones que lo miraban con un asombro.
—Por aquí —dijo, plegando el brazo sobre su mano. Al bajar la mirada para observarla, se percató de que lucía unos pantalones negros de vestir pulcros y entallados, pero no ceñidos a su trasero. Incluso su suave suéter amarillo era bonito pero no era ajustado, volvía a tener cerca a su Kagome, pero al parecer ella aun no lo recordaba.
—¿Qué tal tu mañana? —preguntó Kagome.
Inuyasha dio un sorbo de agua helada, necesitada de algo par a refrescarse.
—Ocupada —dijo, intentando que el pánico por la situación de su empresa no se reflejar a en su voz—. ¿Qué tal la tuya?
Kagome no estaba muy segura de cómo responder a esa pregunta. Nadie le había preguntado nunca por su día. Le miró con curiosidad.
—Ha sido productiva —contestó finalmente.
—¿A qué te dedicas? —preguntó el, ocultando sus manos bajo la mesa. A la luz tenue de la noche del evento, le había parecido un sueño e intimidante. Bajo la luz brillante del restaurante, resultaba… espléndida. Y recordaba cada rasgo que le gustaba de ella.
Una vez más, se quedó atónita.
- ¿No sabes quién soy? —preguntó con un tono de escepticismo en la voz.
- Más bien creo que tú eres la que no recuerda quien soy yo- y él sintió que su mente lo traicionaba, pero la sensación volvió en cuanto toco su mano al saludarla.
- No sé cómo te llamas. Y pensaba buscar te en Internet esta mañana, pero todo ha sido una locura y no me ha dado tiempo. —Miró detenidamente aquellos extraños y cautivador es ojos dorados, intentado recordar—. Bueno, ¿a qué clase de negocios te dedicas?
Élla se reclinó en la silla, sin creerle aún.
—Dirijo Higurashi Internacional —explicó, observando su rostro par a medir su reacció asintió con la cabeza.
—¿Es difícil? —preguntó—. ¿Qué tipo de negocio es?
—Eso no impor ta —dijo, Kagome desechando su actuación—. Lo que importa es qué podemos hacer el uno por el otro. —En ese momento llegó el camarero y tomaron unos instantes par a analizar el menú y hacer la comanda.
—Bueno, háblame de tu problema —dijo Kagome mientras servían el vino y volvían a estar solos.
- Bien veras – dijo sintiéndose intimidado por la fija mirada de la chica
- De verdad, estoy segura de que puedo dar con una solución- dijo Kagome
- Aunque aprecio sinceramente tu ofrecimiento de ayudarme.
Kagome estaba intrigada. No jugaba bien sus cartas, aunque él había hecho los deberes. El hombre dirigía una empresa de catering que prosperaba muy bien, y contaba con parte invertida por su primo Miroku, pero había algo en el que le recordaba a alguien, además de la presión de Andrea, tenia que usar una buena estrategia para salir ganando de este acuerdo, aunque pensándolo bien ambos serian beneficiados.
—Estás a punto de per der tres clientes esta tarde para tus principales eventos de la semana que viene, aparte de la cuenta de esta noche —le dijo, soltando detalles de la verificación que había hecho recopilar a su personal por la mañana—. Esos tres clientes son algunos de los más grandes y visibles que tienes, además de los más vocales. Ellos constituirán el derrumbe que eche abajo toda la empresa. Te han dado diez días para trasladar tu empresa fuer a de las instalaciones en las que vivís y trabajáis tú y tu familia. Y cada día que pase después de ayer, el precio cae precipitadamente si no aceptas la oferta de Andrea. ¿Qué tal voy hasta ahora? —preguntó, a sabiendas de que tenía todos los detalles.
- En resumen es el problema-
- Ok mira la cosa se puede complicar al pasar los días, cnosco a Andrea y para cuando falten pocos días para cumplir los diez días que te ha dado no será mas amable
- Si pero si no queremos movernos
- Yo tengo una opción para tu problema
- Déjame oírla por favor
Kagome observó sintiendo una punzada de culpabilidad. La reprimió sin compasión y entró a matar. —Cásate conmigo —dijo.
Inuyasha no estaba seguro de haber lo oído bien. No acababa de decir … no.
¡Era una locura! Pero la mirada en sus ojos le decía que no lo había entendido mal.
- ¿Casar me contigo? —preguntó; obviamente su mente no funcionaba correctamente.
- Sí. Yo necesito un esposo temporal y tú necesitas ayuda par a salvar tu negocio. Podemos ayudar nos mutuamente.
- Pero ni siquiera se si puedes resolver mi problema, y por que necesitas un esposo?
Oyó sus palabras per o seguían sin tener sentido.
- No puedo decirte todos los detalles pero necesito un esposo, para resolver unos problemas- dijo en tono frío—. Baste decir que yo puedo ayudarte con tu problema y tú a mí con el mío. En seis meses, cada uno seguir á por su camino sin que se hieran sentimientos y los dos saldremos ganando.
Inuyasha había pesado millones de cosas, menos el casarse, además Miroku había dicho que estaba cambiada pero no sabía que tanto, y en qué problema estaba que necesitaba un esposo. Pero podría verla más seguido, así sabría que le paso, porque se fue y como es que no lo reconoce.
Se le quedo mirando mientras llegaba la comida, parecía fundido en sus pensamientos, le había dado todo sin dosificar, entre más claros, mejor, como buena empresaria que era lo más lógico que haría, pero que tanto tenía que pensar se dijo Kagome
¿De verdad estaba proponiendo que se casaran durante seis meses y luego se alejaran el uno del otro? ¿Estaba soñando?. «Sí», suspiró. Tal vez fuera breve, pero… ¡por el amor de Dios, había soñado con un beso! Su beso, aquella noche y no la vio hasta ahora.
- ¿Cómo puedo ayudar te yo?- dijo Inuyasha alzando la mirada buscando sus ojos
- Ya te lo he dicho. Necesito un esposo. Los detalles no son importantes. la miró sin estar seguro de qué pensar.
- Es una locura —dijo finalmente, pensando que sólo estaba tomándole el pelo.
- Se que es una locura, pero ese es el mundo en el que vivo y estoy decidida a solucionar un problema que me ha estado atormentando durante algún tiempo. Un matrimonio temporal me ayudaría con eso. A cambio, yo te ayudar é con tu problema.
- No puedo detener la construcción, pero si puedo hacer que te den mas tiempo y mejores condiciones
- No lo se – dijo mientras intentaba comer
- No tienes nada que pensar, solo di que si y lo arreglamos de una vez- comento Kagome mientras bebía vino
- Muchas gracias, Srit.… quiero decir, Kagome —se corrigió cuando lo miro directamente, por usar su nombre
Para Kagome, aquello era bueno se notaba que era fuerte, investigaría más sobre él había algo que le convenció desde el principio que era una buena persona. Y tenía ese pequeño remordimiento por pedirle semejante cosa.
Además, si se casar a con ella, ¿no estaría bien aparecer de su brazo en alguna fiesta, reconocía que era tentador? Sospechaba que Kagome era un tiburón de los más grandes del océano. Y por la mirada en sus ojos, seguro que era más cruel. Le gustaba la idea de tener a un tiburón cruel, implacable y brutal de su parte. Pero volver a descubrir la Kagome verdadera.
- Segura que puedes obligar a Dávalos a mejorar el trato?- pregunto Inuyasha
- Ella quiere algo, y puedo presionar donde se debe- contesto Kagome
Tenía esa idea, además ella era la jefa de Andrea nada podía fallar, le tenía en sus manos. Y sin embargo, no estaba siendo arrogante. Simplemente, era ella con la que todo el mundo quería tener influencia. Su empresa era del tipo de las que presionaban a otras. Ella era el matón del patio. Puesto que era la jefa de Andrea, Kagome estaba segura de que podía exigir un trato mejor para aquella empresa.
- Te lo garantizo —observó la cara de Inuyasha, aún llena de dudas—. Qué te parece si hacemos lo siguiente —ofreció—: si te consigo más dinero por tu local actual, te doy tres opciones viables para el siguiente local y amplío el plazo de diez a treinta días, todo por escrito, ¿bastará eso par a que confíes en mi destreza par a hacer que se cumpla tu parte del trato?
- Negó con la cabeza- Inuyasha no lo creía posible
- Me asegurare de que Andrea cubra todo, es más con personal incluido.
- Y todo lo que pides es casar te conmigo durante seis meses?- comento Inuyasha
- Haces que mis problemas se solucionen, todos ganamos
Inuyasha
El hecho era que el plan de Kagome era genial, había tenido oportunidad de platicar con Miroku y le había comentado que era todo un as en los negocios, y lo veía de primera mano, pero casarse si ni siquiera lo recordaba y aun tenía muchas preguntas.
- Pero no me vas a decir por qué necesitas casarte. Dijo Inuyasha
- Tiene que ver con mi padre y unas acciones.- dijo después de un momento silencioso
- Y necesitas algo de show para la boda?
- No realmente, todo será discreto
- Mas bien que funciones tendría, que hay de los apellidos
- Pues solo seria, temporal en dado caso algún evento, para dejarse ver y conservare mi apellido de soltera, por cuestión de mis movimientos empresariales, pero es tu tiempo y se te notificaría con antelación, para no ocupar tu vida.
Para Inuyasha parecía poco, mas bien, necesitaría mas tiempo.
- Nadie tiene por qué saber los detalles de nuestra boda, ¿verdad?- preguntó pinchando un tomate cherry sin siquiera saber si podría dar un bocado.
- Solo los estrictamente necesarios, preferiría que nadie conociera los detalles. De hecho, voy a tener que solicitar lo como parte de nuestro acuerdo.- con esa pregunta supo que Inuyasha ya estaba casi en el bolsillo
- ¿Cuándo…? Quiero decir, ¿lo tienes programado? – consulto Inuyasha
- Si estás de acuerdo con los términos —contestó—, puedo hacer que preparen un borrador de los documentos legales hoy y enviártelos para que los revises esta noche. Si te conviene, podemos casarnos el lunes por la mañana.
- ¡lunes ! —dijo sin aliento,tan pronto.
Kagome se encogió de hombros, intentando ocultar su diversión ante la sorpresa de el.
- Hay un juez que me debe un favor. ¿Te vendría bien a las nueve? preguntó.
- Te quieres casar a las nueve –dijo
- Si si está bien en tú agenda, yo veré a Andrea después de la boda, todo quedara resuelto el mismo día. Solo leerás los documentos el fin de semana y me confirmas el domingo por la noche
- ¿Puedes dar me un día par a pensármelo?
- Si por que no
Mientras salía del restaurante, no podía creer lo que le había dicho, él se daba por hecho que lo recordaría, y lo ayudaría, no que le proponía un matrimonio de pacto, nada que ver con lo que había soñado cuando la conoció.
El auto de Kagome esperaba por ella, Inuyasha tomó su mano y la sostuvo mientras ella subía en el asiento trasero. Kagome sintió un escalofrío cuando su cuerpo alto y musculoso se sentó junto a ella en los lujosos asientos de cuero.
- ¿Puedes hablarme un poco de ti? —preguntó Inuyasha.
- ¿Qué quieres saber ? —preguntó ella a su vez mientras el vehículo se alejaba del bordillo sin hacer ruido—. Tengo veintiséis años. Nací en Tokio, Japón. Hablo japonés, griego, francés, inglés y alemán, además de un poco de español y mandarín. No tengo hermanos ni, que yo sepa, algunos parientes de madre, ninguno de mi padre, que vive en Atenas.
- Alzo la vista hacia sus preocupados ojos dorados y se ablandó un poco—. Viajo mucho por mis negocios y tengo varias casas y un ático en Nueva York. Una de ellas se encuentra aquí, en Tokio —Le miró con una sonrisa cínica—. Mientras permanezcamos casados, serás libre de usar cualquiera de mis casas, así como un jet privado que te lleve hasta allí. Te dar é el número de contacto de mi asistente, que se encargará de todo lo que necesites.
- Gracias. Eso es muy generoso de tu par te —dijo tratando de reprimir su diversión ante tan extravagante oferta.
Inuyasha bajó la vista hacia ella; se le acababa de pasar una idea sospechosa por la cabeza.
- Te burlas de mí, ¿o ya te estas arrepintiendo ?—preguntó sucintamente, con el tono que reservaba para sus presidentes o vicepresidentes cuando no estaban cumpliendo con sus expectativas.
Era el momento de decirle, que ellos eran todo hace 11 años, que él se había quedado esperando por ella desde la noche que la dejo en su antigua mansión.
- Por supuesto que no, Señorita Higurashi. ¿Ha dicho algo gracioso? —preguntó, intentando desesperadamente mantener una expresión seria.
Los ojos de él se estrecharon ante su risa evidente.
- Solo hay una cosa que hacer al respecto —le dijo, y por poco se echó a reír cuando desapareció la diversión de la cara de Kagome. Ella debía de haber sentido el cambio en su cuerpo, en su tono de voz, porque se mostró precavida de inmediato.
- ¿Y qué es? —preguntó sin respiración y alerta al instante.
Él no respondió. En lugar de eso, la levantó entre sus brazos. Con una mano en su espalda y utilizando la otra para acercarla, cubrió sus labios con la boca, exigiendo de inmediato tanto sumisión como participación. La mano en su espalda se deslizó hacia arriba. Hundió los dedos en su pelo y estropeó su impecable moño, haciendo que los mechones cayeran por su mano sobre los hombros de Kagome. Se sintió bien al probar su aliento y utilizó la bocanada de esta par a profundizar el beso.
Ya la habían besado antes otros hombres, pero eran piquitos comparados con el deseo que amenazaba con desbordar la ante el beso de Inuyasha. Era como si todo su cuerpo, toda su persona se moviera para que ella pudiera acoger más del roce de aquel hombre, par a que experimentar a más de lo que la hacía sentir.
La única cosa que frenó aquella sensación fue la que percibió al bajar la velocidad del coche hasta detenerse. Inuyasha se apartó y Kagome lo miró atónita, aterrorizada y excitada al mismo tiempo.
Era el su novio de la academia, su Inuyasha, ese era un beso que la había consolado el día de la muerte de su madre, esos brazos la habían dejado sorprendida cuando la abrazo en el partido de futbol. Se inclinó sobre ella, tomó otra muestra y después la deslizó de su regazo tan sólo un momento antes de que el conductor abriera la puerta trasera.
Inuyasha salió a la acera frente a su tienda. Ella salió; la necesitaba cerca de sí por alguna extraña razón. Sus manos estaban ansiosas de volver a atraer la entre sus brazos y al carajo con los ojos que pudieran estar observándolos. Ella estaba con el de nuevo y no la iba a dejar escapar, nunca Kagome y sus ojos castaños, se sintió tentado de romper su propia norma y besar la en ese preciso instante en la calle.
- Te enviaré los papeles dentro de… —dijo mirando su reloj— dos horas. Te llamaré mañana para responder a todas las preguntas que pudieras tener. De lo contrario, haré que la boda se celebre otro dia.
Dicho esto, volvió a meter se en la limusina y, un momento después, abrió de nuevo la puerta y volvió a besarla como si no hubiera un mañana. Volver a tocar su cara, un beso tierno, cariñoso, lleno de recuerdos.
- Inuyasha – dijo al separar sus labios
- Kagome, recuérdame, tengo muchas preguntas, pero lo que siento por ti, jamás desaparecerá
- Eres tu – dijo mirándolo fijamente a los ojos dorados
Junto su frente con la suya, la boda, no era una locura el haría lo que fuera por ella. Le zumbaba la cabeza con miles de preguntas y problemas, razones por las que no iba a llevar a cabo aquella descabellada idea de casarse. Es una locura», se dijo. Simplemente, Era un compromiso entre dos personas que prometían permanecer juntas durante el resto de sus vidas. Definitivamente, aquella no era la manera de salir de un problema complicado.
Pero con Kagome y ese beso, y todo lo que le hacía sentir, al verla, al sentir sus labios. Todo lo que le hacía sentir, estaba convencido de que ganaría de nuevo su corazón y en el proceso la protegería de todo y todos los que quisieran acercarse a su pequeña tiburón.
