Hola a todos! vuelvo con un nuevo capitulo. Primero que nada, nuevamente gracias a todas las personas que se toman su tiempo para dejarme sus opiniones, es mi elixir para vivir. Espero que les guste el nuevo capitulo que les traigo, de verdad que me preocupa que les guste, además de que a mi me gusta es un agrado extra el que a las demás personas también.
Desde este punto la historia se tornara levemente mas serie y siniestra, por decirlo de alguna manera. El cambio será paulatino y ustedes podrán apreciarlo conforme avance.
No me queda mas que decirles que disfruten el capitulo y que nos leemos en la próxima actualización.
Enjoy!
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Capitulo nueve
"paso en falso"
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La mañana del primero de enero Harry despertó con un enorme dolor de cabeza, sabia hasta cierto punto que se había excedido con la ingesta de alcohol, pero no pensó que fuera para tanto. Por entre las cortinas se dejaban colar algunos rayos grises que iluminaban la habitación. Perfecto, el día estaría nublado.
Agradeciendo ello para sus sensibles ojos, pateo las sabanas de la cama y se sentó, llevaba su pantalón cuadrillé de pijama y una sudadera blanca. No recordaba haberse colocado el pijama anoche. Frotó sus ojos a la vez que bostezaba a sus anchas y desperezaba sus atrofiadas articulaciones.
Chasqueó la lengua, la sentía pastosa y pesada, necesitaba urgentemente lavarse los dientes. Se levantó y caminó por el piso alfombrado hacia su baño, junto al gran lavamanos de mármol había una jarra de agua y un vaso de vidrio, se sirvió varias veces hasta sentir saciada esa sed sofocante. Abrió el grifo y mojó su cara un par de veces para terminar de despabilar, al levantar su mirada vio su piel morena un tanto apagada, unas ojeras bajo sus ojos y estos mismos se encontraban un tanto rojos, sumando su desordenado cabello, aunque eso no era inusual.
"Affter party", pensó con gracia.
No diría que la velada había sido la mejor de su vida, se había entretenido, eso es cierto, pero debía atribuir a eso mayormente al alcohol que había bebido, había estado tan nervioso por las miradas que Níniel le daba que bebió más de la cuenta para tratar de desanudar el amarre que sentía en sus entrañas y que se retorcían en cada momento. Horrible.
Por suerte, parece que Níniel no deseaba retomar el compromiso, aunque hecho de forma inocente, era un compromiso, y si algo sabía bien de los elfos del bosque, es que respetaban mucho sus tradiciones. Suspiró aliviado mientras volvía a la cama con el vaso lleno de agua en una mano.
Apoyo el vidrio sobre su mesita de noche y se lanzó sobre las sabanas, abrazando una almohada de pluma. Sin embargo, a pesar de que todo había salido relativamente bien con la elfa, se sentía un tanto extraño y no sabía por qué. Paso su lengua por entre sus labios, había algo, algo que no podía recordar bien. Recordaba un calor, no abrazador, tampoco molesto, era cálido, y quería permanecer ahí, también recordaba un olor a menta mezclada con manzanas verdes, frescas y un tanto ácidas. Volvió a pasar su lengua por entre sus labios formando un gesto de concentración.
Cual resorte rebotó sobre su cama a la vez que abría sus ojos con pánico mirando hacia la pared de al frente. Recordaba el calor, un pecho duro, unos brazos rodeándolo fuerte, y el ruido de la saliva al ser intercambiada, también recordaba un gemido.
¡Oh por Merlín y Morgana y por todos los grandes magos!
El terror se expandió cual virus por todas sus extremidades y hasta la última fibra de cabello. Recordaba el cabello platinado entre sus manos, y unos ojos como plata fundida que lo miraban deseoso mientras él mordía unos labios finos y suaves.
- Por favor que todo haya sido un sueño- murmuró en un quejido lastimero a la vez que agarraba su pelo con su mano y su cara se volvía roja - que haya sido un sueño – volvió a repetir sin poder creer lo que había obligado a hacer a Draco – soy el peor ser humano del mundo.
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Draco tenía la mirada fija en el techo, llevaba horas despierto sin querer levantarse, más bien sin poder levantarse. Apenas Morfeo le desembarazó de sus brazos, abrió los ojos impactados por el recuerdo de la noche anterior.
Recordaba claramente el calor, las manos gruesas, el cuerpo duro contra el suyo, y la saliva que fluyo de una boca a otra gracias a los besos, también la reverencia de derrota que le había entregado Níniel.
Potter le había sonreído como nunca pensó verlo, de forma coqueta, provocativa, una sonrisa que prometía el placer de cometer varios pecados. Un escalofrió subió por su espalda. No fue necesariamente de asco, y he aquí el dilema. ¿Qué sentía por Potter?
Se había percatado que con el pasar de los meses su odio y desdén que había predominado en él por los años de Hogwarts se iba menguando poco a poco, y de una manera tan rápida que le asustó un poco. ¿Seis meses podían marcar tanta diferencia?
No le abrumaba la amistad que había forjado con el moreno, es más, era agradable, quien hubiera pensado que sus caracteres se llevarían tan bien. No, lo que le asustaba eran aquellos espasmos que le daban al verlo en las mañanas, los saltos en el estómago cada vez que lo veía volver a su habitación después de entrenar, con las sudaderas apegándose a cada musculo de su abdomen, o las curiosas cosquillas que sentía en su nuca o vientre cada vez que conectaban sus miradas o Harry lo tocaba.
Estaba abrumado, tenía la respuesta a sólo una milésima de sus pensamientos consientes, él sabía, lo intuía, y sabía que otros también lo hacían, si no fuera así ¿por qué Sirius le habría dicho aquello anoche?
Lo sabía, sabía lo que en su cabeza se negaba a dar un nombre, a hacerlo real, tangible. Suspiró angustiado. No estaba preparado para asumir lo que sentía, aquel beso le había dado la respuesta en cuanto sus bocas se habían separado.
Por eso mismo cuando Potter trató de volver a besarlo, lo sorteo con maestría y arrastró al borracho mago hasta su habitación, y con las mejillas rojas, le había sacado la ropa y puesto su pijama ante la feliz e inocente sonrisa del ebrio de Potter.
-¿qué mierda pasa conmigo? - murmuró angustiado, recordando que nunca había sentido aquello cuando había besado a Astoria, que era el prototipo de futura esposa perfecta, se había besuqueado con ella por casi un año, le gustaba sostener esa frágil figura entre sus brazos, sentir los senos de la chica contra su pecho, apegarse a ella y sentir la suavidad de su cuerpo y el olor a fresas que desprendía.
Pero lo que ayer había sentido había sido totalmente diferente, no había suavidad ni fragilidad en ese encuentro, habían sido pechos duros chocando uno contra el otro, brazos gruesos y musculosos rodeando espaldas anchas, no había existido las delicadas curvas, si no oblicuos marcadas. No fue él el que llevó el beso ni los abrazos, había sido Potter, con sus manos gruesas y calientes y su boca demandante.
El calor que sintió en su nuca y espalda por donde Potter lo sostuvo de forma ruda, como no queriendo que escapara, mientras su boca se abría paso a la suya como nunca había sido invadida, con esa lengua un tanto rasposa, que había acariciado toda su cavidad a la vez que la saliva hacia un sonido tan morboso y excitante mientras se intercambiaba de una boca a otra. ¿Desde cuándo el ruido de la saliva se podía considerar erótico?
Suspiró sintiendo un extraño calor recorrer su cuerpo a la vez que un leve tirón desde de la zona sur lo hizo despertar de sus recuerdos.
Un tanto espantado descorrió rápidamente las frazadas para ver horrorizado como una erección bastante prominente se hacía notar bajo su pantalón de pijama, una erección que hace unos minutos no estaba ahí.
Se arrojó hacia atrás llevando uno de sus brazos sobre sus ojos, gruñendo frustrado. ¿Qué mierda le estaba pasando? Siguió gruñendo un rato hasta que decidió ir a bañarse, negándose a hacer cargo del molesto bulto entre sus piernas.
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Cuando Harry cerró la puerta tras de sí se sobresaltó al escuchar otra abrirse, sus ojos verdes se toparon con otros marrones, que parecían un tanto abochornados. Hermione terminó de cerrar la puerta a la vez que bajaba sus ojos para buscar motas de pelusa inexistentes en su suéter.
-buenos días, Mione – la chicha le sonrió un tanto cohibida.
-buenos días, Harry. ¿Descansaste bien?
-sí, me tomé una poción para la resaca y estoy como nuevo – se acercó a la chica y la abrazó por los hombros- supongo que yo no debo preguntar si dormiste bien.
El tono malicioso hizo que Hermione frunciera el ceño indignada a la vez que sus mejillas se sonrojaban. Dio una carcajada estrepitosa, no quería molestar a su amiga, pero es que verla salir del cuarto de Ron y recibir esa mirada de culpabilidad fue más de lo que pudo soportar.
- ya, tranquila – rio cuando la chica le dio un puñetazo suave en el estómago - ¿y Ron no baja?
-no quiso levantarse – Harry iba a decir algo cuando el ruido de la puerta abriéndose lo detuvo, y los cabellos rubios hicieron que el aire se congelara en sus pulmones.- buenos días, Draco – saludo Hermione, haciendo reaccionar a Draco que se había quedado petrificado viéndolo.
-buenos días, Granger- termino de cerrar la puerta tras de sí, y Harry por primera vez fue más consiente que nunca de como lucia Malfoy. El pantalón verde musgo lucia muy bien en él, bastante entallado cabe mencionar, la tela de las piernas perdiéndose en las botas negras de piel de dragón que llegaban casi a las rodillas, las que todos usaban en el castillo, y el suéter blanco hacia que su piel pareciera aún más blanca de lo que era. Su manzana de adán hizo un movimiento exagerado al tratar de pasar saliva por su garganta seca.
-buenos días, Draco- saludó con la voz un tanto más ronca, los ojos grises centellaron y entre dientes le devolvió el saludo. Se podía sentir lo tenso del ambiente, y pronto se dio cuenta que Hermione también se había percatado de ello, sus astutos ojos viajaban de uno al otro con las ideas de qué podía estar sucediendo desfilando en su cabeza - ¿vamos a desayunar? – preguntó nervioso.
-querrás decir almorzar- corrigió Granger mientras los tres enfilaban por el corredor – son pasadas las doce.
- pues entonces un brunch- Draco los miró por el hombro, siendo quien encabezaba la caminata – más ligero que un almuerzo y con más variedad que un desayuno.
-me parece estupendo- Hermione le dio alcance y lo tomó del brazo – podríamos comer en el solárium, ¿no?
-en el que está en la torre norte, tiene una hermosa vista a la terraza de la abuela Potter- Harry sonrió mientras veía como Draco y Hermione se enfrascaban en una conversación que incluía la bella terraza que su abuela había decorado para ella y lo que pedirían para hacer el brunch. Hermione decía que enviaría un mensaje a Ron, estaba segura que con la mención de comida su novio se levantaría como un resorte de la cama, y Harry compartía su opinión.
Se quedó unos pasos rezagados, disfrutando de la imagen de sus reclamados aprendiendo a llevarse bien, sabía que la magia del castillo tenía que ver, aceleraba el proceso, aunque supuestamente también se debía a que como él elegía a sus reclamados por afinidad, tarde o temprano todos aprendían a llevarse bien.
Sin embargo sus ojos se desviaron de la imagen feliz para ir un poco más abajo. ¿Desde cuándo Draco tenía un culo tan…. redondo? Definitivamente los pantalones entallados le sentaban bien.
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-Eres un jodido troglodita – Weasley se encogió de hombros ignorando a Malfoy, Harry oculto su sonrisa bajo la taza de té.
-no te metas hurón- espetó dándole una gran mordida a una tartaleta de calabaza.
-¡Ron! Draco tiene razón, por favor ocupa los cubiertos por último, por el amor a Merlín.
-¡Hermione! Se supone que debes apoyarme….
-no si mientras comes me caen las migajas a mi jugo – Draco soltó una risita maliciosa, mirando con superioridad a Ron quien observaba dolido a Hermione, como si la chica lo hubiera traicionado de la peor forma.
- entonces – comenzó tratando de romper la escena frente a sus ojos, Draco sonriendo triunfante, Ron con lágrimas en los ojos y Hermione con una pose indignada, sacando algunas migajas de tartaleta de su jugo - ¿Qué quieren hacer hoy? Es nuestro día libre.
Ron se irguió feliz, limpiándose los restos de tartaleta de las mejillas con la manga de su suéter azul.
-podríamos ir a patinar sobre el lago- sugirió- o jugar a la guerra con las bolas de nieve, o hacer figuras de nieve….
-¿qué acaso tienes cinco años?
-¡cállate hurón!
-¡cállame comadreja!
-¡por el amor a Merlín! Llevo una semana acá y todos los días el mismo drama- Ron se veía avergonzado y Draco mostró una cara impávida, aunque su mirada demostraba algo de lo abochornado que se sentía por el regaño.
-déjalos, Mione, ellos se entienden así.
-pero, Harry…
- mientras no se hechicen, todo bien - bebió nuevamente de su taza antes de hablar- podríamos ir a deslizarnos por las colinas, la nieve ya no está tan blanda, no nos hundiremos.
-pero no hay colinas…- murmuró Ron mirando hacia el ventanal, afuera sólo se veía la terraza de su abuela cubierta de nieve, y de fondo el bosque.
-si las hay, solo que aquí no se ven, están a unos 15 minutos a pie- dejó la taza sobre el platillo y le sonrió a sus tres espectadores- ¿vamos?
Se dijo y se hizo, apenas terminaron de comer fueron a sus habitaciones a abrigarse, mientras que Harry le encargaba los trineos a uno de los elfos. Espero a sus amigos a los pies de las escaleras, todo se habían puesto gorros y bufandas, además de chaqueta impermeables.
Draco, que era quien llevaba más tiempo en el castillo, nunca había salido del castillo, a excepción de la piscina y los patios internos, Ron tan sólo había salido por red flú y Hermione recién conocía su entorno, es por ello que le causó gracia cuando abrió las gigantescas puertas dobles de roble que daban al verdadero recibidor del castillo. El techo se encontraba a unos nueve o diez metros de altura, la estancia era bastante amplia, todo de mármol y piedra, incluyendo las columnas que en dos filas iban de la puerta principal hasta donde estaban ellos, que saliendo de las puertas se dieron cuenta que a ambos lados habían dos elegantes escaleras con una bella alfombra roja, ascendiendo a un segundo piso en una elegante curva.
- El pasillo que ven arriba era para cuando se presentaban a la familia- explicó apuntando a dos puertas que había ahí, una en cada extremo del corto pasillo del piso superior- hace mucho que no hacemos eso.
Se encogió de hombros y avanzó por el vasto recibidor, escuchando solo el eco de los zapatos repiqueteando en el piso de mármol. En las puertas, a un costado, dos elfos domestico los esperaban, uno estaba vestido con un impecable traje de mayordomo con el escudo de la familia Potter en el pecho, mientras que la elfina vestía el traje de mucama con la tiara incluida.
-amo Potter, las cosas que nos pidió ya están listas- dijo el elfo vestido de mayordomo, mostrando dos trineos de madera bastante lindos, hechos de un solo tronco con una curva bastante elegante y de un tono muy parecido a la canela, además de una mochila que descansaba en el piso junto a los trineos.
-muchas gracias, Ronny, Rindy – ambos elfos sonrieron e hicieron una reverencia, la elfina tomo con sus dedos las puntas de su vestido.
Se echó al hombro la mochila, mientras que Ron y Draco se colgaron los trineos tras la espalda con las correas, y salieron por las grandes puertas siendo despedidos por los elfos, graciosamente Rindy había sacado un pañuelo blanco que mecía entre sus dedos.
La entrada principal era todo lo que debía esperar de un castillo como el de los Potter, se demoraron cinco minutos de la puerta principal hasta la verja de hierro, habían dos estatuas a cada lado de la reja, que Harry no mencionó que eran gárgolas de verdad, hasta que estas dejaron su piel de piedra y se dieron vuelta a verlos.
-¡santo Merlín!- susurró Ron dando un respingo, los ojos rojos de las criaturas fijos en ellos.
-amo Potter – susurró una de las bestias con una voz gutural, dando una pequeña reverencia con la cabeza, la otra también imitó el gesto.
-iremos a dar una vuelta, volveremos al anochecer – informó, las gárgolas asintieron y las rejas se abrieron solas, dándoles paso hacia los terrenos abiertos de los Potter.
-es increíble – susurro Hermione una vez se alejaron de la puerta- tenía entendido que las gárgolas solo custodiaban lugares mágicos importantes y muy antiguos, ni siquiera hay de estas en Hogwarts.
-bueno, en primer lugar, el castillo de mi familia si es un lugar mágico antiguo importante – dijo Harry observando de reojo a su amiga – y segundo, en Hogwarts tienen golems.
Pronto dejaron el sendero por el que caminaban para desviarse a las altas colinas que se veían en el horizonte, que en verano daban una hermosa vista de los campos verdes del norte de Inglaterra, pero que en invierno eran unos hermosos prados de pura nieve virgen.
Toda conversación se detuvo cuando tuvieron que comenzar a subir la cuesta de la colina, se fijó que tanto Ron como Draco no parecían cansados, en cambio Hermione jadeaba y sus mejillas estaban rojas por el esfuerzo. Se alegraba que la condición física de sus dos reclamados hubiera mejorado tanto, por otro lado, le daba pena lo que debía soportar ahora en adelante su amiga.
Llegaron a la cima, teniendo una hermosa vista lejana del castillo, éste se veía majestuoso entre medio de tanta naturaleza blanca, por uno de los costados y el fondo estaba el frondoso bosque, por el otro estaba el lago, que ahora se mantenía congelado mientras que todo el frontis era delimitado por la verja negra, cuya entrada era custodiada por las gárgolas.
-es hermoso- Hermione veía embelesada el paisaje ante sus ojos, corrió su mirada y vio que Ron y Draco también habían sido capturados por el paisaje que parecía brillar bajo los rayos de sol.
- bueno, vamos a deslizarnos, ¿no?- soltó de pronto sacándose la mochila y sacando de ella un trozo de madera que con un movimiento de su varita se comenzó a desdoblarse una y otra vez hasta convertirse en una mesa de camping de madera con sus respectivas bancas, depositó la mochila sobre la mesa y aplaudió con sus manos enfundadas- ¿Quién empieza?
El próximo par de horas se turnaron para deslizarse colina abajo, entre risas y gritos hicieron competencias, para en un momento recibir un grito indignado de Hermione al ver que existía un hechizo que hacia subir a los trineos mágicamente colina arriba.
-la meta está marcada – Ron se acomodó en su trineo mientras que Hermione lo hacía en el otro- buena suerte mi amor – ambos se deslizaron colina abajo mientras que se decían cosas a gritos.
-pintoresco – Se dio vuelta para ver a Malfoy sentado en la banca mirando como los otros dos seguían su carrera. Llevó sus ojos desde Draco a sus dos amigos, calculando el tiempo en que se demorarían en dar la vuelta. Decidió que era el suficiente.
-Draco – dijo sentándose a su lado, pudo ver casi de inmediato como el rubio se tensaba en su asiento, y se sintió mal- yo… quisiera hablar de lo que pasó anoche – sus manos se movían nerviosas mientras que Draco parecía hecho de piedra, quieto, que apenas si se notaba que estaba respirando – yo, pues….. sé que es una mala excusa echarle la culpa al alcohol, pero de verdad siento lo que sucedió, en ningún momento me quise aprovechar de ti.
-¿aprovechar?- dijo Draco mirándolo con ácido en los ojos mientras su tono de voz era seco y rasposo.
-tú eres mi reclamado, pero eso no quiere decir que yo sea tu amo- dijo abochornado, recordando vagamente los deseos que habían nublado su juicio la noche anterior y que había llevado a que poco pudorosas ideas cruzaran su cabeza, ideas que incluían a Draco y poca ropa. Tosió un par de veces tratando de guardar la compostura.
-significa qué lo que hiciste conmigo anoche lo haces con cualquier persona.
-¡¿Qué?!
Su cara escandalizada chocaba contra una furiosa, y en los ojos grises pudo vislumbrar algo parecido al dolor. De pronto la desesperación se apoderó de su ser, no quería, por ningún motivo, que Draco pensara aquello de él, por supuesto que no hacia eso con cualquiera, y si hizo aquello con el rubio era porque de verdad quería hacerlo, aunque aquello le avergonzara, porque para ser franco, no entendía esa euforia que saltaba dentro suyo cada vez que Malfoy le dedicaba una sonrisa, es más, se sentía halagado de los celos que a veces el otro mostraba, aunque él sabía bien que esos celos eran porque Malfoy estaba acostumbrado a tener la atención sobre él, y nada más. No supo por qué ese pensamiento le supo agrio.
-disculpa, con cualquier persona o criatura – el rubio chasqueo la lengua – fetichista pervertido.
-¡no soy fetichista! De verdad- lo miro con ojos suplicantes – y tampoco un pervertido.
-¿oh, en serio? Entonces me habré imaginado tu largo expediente con criaturas- el tono amargo y venenoso de Draco no se le pasó desapercibido.
- no es un expediente muy largo – recalcó – y ya te dije; Níniel, pero ese se cuenta como beso de despedida. Cuando bese a la huldra, bueno…- se cohibió un poco por el recuerdo - estaba entrando a la adolescencia y ella considero gracioso el provocarme y besarme, la sirena fue porque me lo pidió ella, y los besos que compartí con la kitsune fue porque ella me sorprendía en las esquinas, me besaba y salía corriendo- trató de ver si es que Draco le creía, pero solo vio como la furia aumentaba en los ojos grises.
-oh, así que te anduviste besuqueando por los rincones del castillo con la Kitsune- Harry se encogió un poco por la furia contenida en las palabras – vaya, y yo pensé que era especial.- dijo sarcástico.
-¡si lo eres!- gritó antes de que su cerebro pudiera meditar lo que estaba diciendo, Draco alzo una ceja mirándolo con desprecio- eres el primer ser humano que beso, y además eres un chico, y de verdad que me gusto…. Besarte
El tono de voz bajo hasta terminar en un murmullo la última palabra. Los ojos se desviaron a sus manos, avergonzado por las palabras que su boca decía, porque no sabía por qué decía aquello, su pecho y su cabeza eran un embrollo de emociones y pensamientos, pero sí sabía, que lo último que dijo, era completamente verdad.
Sus ojos se alzaron ante el silencio que le siguió a su declaración, y la vista lo sorprendió. Draco tenía los ojos un poco más abierto de lo normal, sus iris grises brillaban de una forma que no lo había visto hacer antes, sus labios estaban entre abiertos, pero lo que más llamo su atención, fue el suave tono rosa que adornaban las mejillas del rubio. Se veía tan…. Bien.
- Y pues, eso… - se rasco nerviosamente la nuca- de verdad me gustó, pero lamento haberte forzado, nunca fue mi intención obligarte a hacerlo, es decir, si uno besa a alguien es porque el otro también quiere ¿no?- sonrió de forma nerviosa, a lo lejos podía escuchar los gritos de Ron y Hermione acercándose.
-por supuesto – Draco recompuso su postura, su rostro se mantenía sereno – un beso se hace de a dos.
- la próxima vez no te obligaré – dijo en broma, aunque un suave eco en su cabeza rogaba en que no lo fuera- entonces, ¿estamos bien?
- te perdono, si a eso es a lo que te refieres – contestó pedante Draco, sacándole una sonrisa ladeada que fue imitada- ay Potter, ¿Qué haré para controlar esos bajos instintos?
-¡oye! Yo no tengo tal cosa – Draco simplemente sonrió.
-¡gané!- Hermione llego frente a ellos, aun sentada sobre el trineo, con los brazos alzados en señal de victoria, Ron llegó tras ella con cara de derrota, pero con una sonrisa leve en los labios – eso fue emocionante, y para nada mareador como las escobas, iugghh.
Rio un poco al igual que Ron, sus manos abrieron la mochila que estaba sobre la mesa y de ella extrajo un termo y unas tazas que las puso de forma ordenada.
-¿Quién quiere chocolate caliente? – preguntó, Hermione alzó el brazo eufórica, Ron se levantó rápido para acercarse a la mesa y Draco sólo alzo levemente la mano.
Mientras se sentaban a beber, el líquido espeso ayudando a calentar sus cuerpos, Harry se permitió tímidamente acercarse un poco a Draco, lo suficiente como para sentir el fantasma del calor que emitía el otro sobre él. Se alegraba de haber tenido esa breve conversación, porque no podía imaginarse el tener al rubio enojado con él, no que eso fuera raro, peleaban y discutían bastante seguido, pero aun así, sabía que el otro no se iría, y con lo ocurrido anoche, había crecido una opresión en su pecho, una angustia que se alimentaba de la posibilidad de que Draco estuviera lo suficientemente enojado con él por el incidente y lo mantuviera lejos.
Se alegraba que no fuera así, y pudiera permitirse el estar sentado a pocos centímetros de él, riendo, conversando, discutiendo. Y pudiendo apreciar como esos ojos grises se achicaban un poco cuando sonreía, o ese brillo plateado que resplandecía cada vez que sus ojos se encontraban.
Sobre las lejanas colinas del oeste, el sol ya se posaba sobre la nieve.
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Harry miró con pena la imagen frente a él, a su lado, su padre observaba con el rostro serio lo que ocurría bajo ellos. La primera semana de enero ya finalizaba, y tal como había predicho, su amiga estaba sufriendo horrores.
Hermione estaba arrodillada en el piso, con las manos sobre el suelo de madera, el moño alto que llevaba dejaba escapar varios mechones desordenados, y su cara roja demostraba el cansancio del que era presa, a su lado Tonks le acariciaba la espalda de manera conciliadora.
-es delgada – sus ojos voltearon hacia su padre- no tiene mucha grasa corporal ni tampoco musculo, habrá que darle una dieta especial.
-ella nunca fue alguien de deportes.
-lo puedo ver- se mantuvieron en silencio mientras veían como Hermione se levantaba del suelo y aceptaba la botella de agua que Tonks le ofrecía - ¿cómo va Ron?
-en sus entrenamientos físicos bastante bien – explico viendo como la castaña comenzaba a elongar según las instrucciones de la metamorfomaga- él siempre fue una persona muy activa, y ayudaba en las faenas de campo en su casa, así que se adaptó bien. En cuanto a su núcleo, Remus dice que en la próxima semana debiera poder alcanzarlo finalmente.
-bien- los ojos castaños de James se posaron en su figura, su semblante serio- la falla mágica que ocurrió en navidad, aunque bastante grande fue inofensiva para la población- cabeceo dando a entender que sabía aquello- sin embargo hemos podido hacer algunas averiguaciones bastante interesantes.
Harry guardo silencio y sólo miró a su padre ansioso, la última semana su padre junto con Sirius, Peter y su madre habían estado saliendo constantemente del castillo para averiguar más cosas sobre la gran falla mágica que había ocurrido.
-hemos logrado establecer tres firmas mágicas- comenzó su padre – hay una que se repite en todas las fallas, desde las primeras, que casi pasaron inadvertidas, sin embargo no hemos podido dar con los responsables.
-A pesar de ello, tenemos una pista que nos está conduciendo hacia gales- los ojos marrones de James se fijaron en él, una mirada oscura que le apretó el pecho – sé que tus reclamados son cosa tuya, y cuando los reclamas también, pero si las cosas se siguen desarrollando como lo están haciendo, temo que pronto no nos estemos enfrentando a un par de locos.
-¿quieres decir que se aproxima una guerra?- preguntó con la voz ahoga, James cerró los ojos, pensando.
-espero que no, pero de que habrán enfrentamientos próximamente, eso sí es seguro- una mano se posó en sus hombros- la última vez que un mago manipulo la red mágica fue Grindelwald, y lo que estas personas están haciendo ya superó lo que él hizo- James pasó una mano por su cabello, soltando un suspiro frustrado- haremos todo lo posible por detenerlos, pero en el caso de que no lo logremos, quiero que tú estés preparado – James se giró completamente hacia él- hijo, quiero que tú y tu reclamados estén listos para cualquier cosa lo antes posible, así que, si es que la magia y tu intuición te lo permite, no dudes en llamar cuanto antes a los que tengas en mente.
-¿tan grave es?- la pregunta salió en un tono tan bajo que temió que su padre no lo hubiera escuchado.
- aun no lo es, pero nunca está de más ser precavido.
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Los ojos de Grenger se veían más grandes de lo normal, brillando en genuino asombro e incredulidad, mientras que los de Weasley mezclaban el asombro con la envidia, y por otro lado, los de Harry mostraban orgullo, sus esmeraldas brillaban de orgullo sólo para él, y eso hizo que su pecho se inflara como nunca.
-vaya, Draco, ¡es increíble!- exclamó la castaña girando a su alrededor.
- lo sé- dijo con suficiencia, mientras levantaba su gran orgullo.
Por fin, tras varias semanas, había logrado perfeccionar su primera técnica, y ahora tenía entre sus manos una esfera hecha con pura electricidad, de un tono grisáceo con destellos celestes que chistaba suavemente. Había podido lograrlo hace poco, pero no había querido mostrárselo a nadie hasta que no pudo controlar perfectamente la intensidad, potencia y dirección.
-¿y en qué se diferencian de los rayos que ya usabas?- preguntó la comadreja.
-bueno, mi estimado- comenzó haciendo que Ron frunciera el ceño- las descargas que daba antes eran de baja intensidad y sólo funcionaban si tocaba a la persona o estaba muy cerca de ésta. Con esta no es necesario- y para marcar su punto, puso la palma de su mano en forma vertical, la bola de energía pegada a ella, y apunto hacia el final de la sala, donde estaban dispuestos varios maniquíes, y con solo un chasquido como aviso, la bola salió disparada de su mano a gran velocidad para impactar en uno de los maniquíes, creando una pequeña explosión.
-¡impresionante!- Hermione salió corriendo a ver que tanto daño había hecho su ataque, mientras que Weasley miraba boquiabierto.- ¡le ha hecho un agujero!- gritó la chica desde el otro lado de la sala.
Draco sonrió con prepotencia, se sentía tan bien deslumbrar a ese par de Gryffindors con sus habilidades. Una mano, extrañamente cálida, se posó en su hombro, y unos ojos verdes venían acompañados con una sonrisa.
- Bien hecho, Draco- le alabó Potter, alzó el mentón y puso cara de indiferencia, Harry sonrió más- espero que lo perfecciones aún más, ¿esos eran maniquíes de madera? Diré que te traigan de piedra para que puedas practicar la potencia- le dio una última sonrisa antes de girarse al pelirrojo- vamos Ron, te toca meditación con Remus y Sirius.
- ¿y yo?- pregunto Granger llegando de nueva cuenta donde ellos.
-decidieron darte la tarde libre- la chica pareció avergonzada, pero agradeció de igual forma- un elfo dejó unas pociones reconstitutivas en tu habitación, tómatelas para que mañana estés recuperada, nada de quedarse leyendo- amenazó con unos de sus dedos hacia la chica que rio entretenida.
-como diga, maestro- se mofó, le dio un suave beso en los labios a Ron y desapareció por la puerta. Weasley hizo una seña con la mano y desapareció a su propia clase.
-iré a supervisar a Ron- Harry le miró una última vez- sigue haciéndolo así de bien.
-como ordene, maestro- siguió con la mofa que había iniciado Granger, Harry suspiró de forma dramática y murmuró algo sobre la falta de respeto hacia su persona. Al pasar a su lado, pudo sentir como unos dedos pasaban suavemente por sobre los suyos, en una caricia casi accidental.
Porque eso fue, ¿o no?
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Estaba sentado en el piso en un rincón de la sala, la luz grisácea de un día nublado entraba por entre los visillos, alumbrando tenuemente a las tres figuras del centro. Remus hablaba en voz baja, casi hipnótica, mientras que un halo violeta cubría los ojos de Sirius monitoreando los avances de Ron.
No había nadie más en la sala, lo habían decidido así, ya que Ron estaba tan cerca de por fin llegar a su núcleo, y como cuando Draco lo logró Remus y Sirius habían terminado con varias quemaduras por su cuerpo, no querían involucrar a los otros y que también pudieran salir lesionados. Después de todos, como le habían mencionado su padre y abuelo, los poderes de los reclamados siguen una línea parecida a la de su maestro, y según ellos, él tenía un poder bastante destructivo.
-¿lo ves? ¿Puedes sentirlo?
Remus trataba de guiar a su amigo por los extraños pasadizos de su mente, Ron fruncía el ceño y apretaba los labios en muestra de concentración. Una gota de sudor resbaló desde el cabello rojo hasta la mandíbula.
Su plan original distaba mucho de lo que actualmente estaba ocurriendo. En primer lugar, se habría dedicado al entrenamiento de Draco estos últimos seis meses, y recién después de año nuevo llamaría Ron, y para finales de junio llamaría a Hermione. De esa forma, podía dedicarse a cada uno de sus reclamados por un tiempo exclusivo de seis meses, dos reclamados por año, no era mucho, pero las cosas no habían resultado así.
Evitaba que sus amigos vieran los diarios, aunque había notado que un par habían logrado llegar a las manos de Hermione. Los periodistas se estaban haciendo un festín con la familia Potter, claro está que ninguno era tan estúpido como para insultarlos directamente, a excepción de esa Rita Skeeter, pero eso no les quitaba la facultad de hacer insinuaciones de todo tipo sobre el sadismo oculto que tenía la futura cabeza del clan. Porque sí, decían que era un sadista y que por ello había reclamado a tres magos en tan solo medio año, y por supuesto, ellos tenían como antecedentes las reclamaciones de Ron y Hermione, en donde ambos le habían enfrentado.
Por otro lado estaba su padre, la mirada seria que llevaba cuando conversaron aun le producía un nudo en el estómago. Había entendido que su padre pensaba que quienes fueran los que causaban las anomalías eran personas peligrosas, lo suficiente como para pedirle a él que acelerara su proceso de selección. Abrió una pequeña libreta que llevaba en un bolsillo interno de su bota, corrió las paginas, cada plana con una fotografía diminuta y anotaciones bajo ella, algunas páginas llevaban una gran cruz. Finalmente paso su vista entre dos fotografías, en una unos ojos marrones le devolvían una mirada afable, mientras que en la otra unos casi dorados se la devolvían con suficiencia.
Decisiones, decisiones.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando de pronto una luz celeste lo cegó momentáneamente, para ser reemplazada por una gran flama rojo brillante, que ascendió hacia el techo girando cual dragón, para luego descender rápidamente, creando una onda de llamaradas que expulsó a Sirius y a Remus. En tanto él sólo tuvo que cubrirse para que las lenguas de fuego no le quemaran la cara.
Una vez pasada la conmoción, pudo apreciar lo que había pasado. Ron por fin había llegado a su núcleo.
-¡es increíble!- gritó su amigo, aún sentado en el piso mirando sus manos emocionado – déjenme hacerlo de nuevo, ahora será más espectacular.
-tranquilo, socio, con calma – Sirius se acercó rápidamente después de lograr apagar su camisa, o lo que quedaba de ella.
-genial – alzó sus ojos verdes hacia Remus, el hombre se sacaba los trozos de tela de lo que alguna vez fue un suéter y una camisa, dejando al descubierto se pecho, bien marcado, pero con varias cicatrices que lo cruzaban- primero Draco y ahora Ron - suspiró y lo miro con angustia fingida- ¿sabes lo que pasaría si esos dos se ponen a pelear?
-me podría hacer una idea – su sonrisa contagio a Remus, al mirar nuevamente al frente, Ron ya estaba de pie y miraba fascinado como sus manos estaban envueltas en llamas.
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Peter se caracterizaba por ser un hombresillo silencioso, su baja estatura y el entrenamiento que había obtenido al ser reclamado por James, había mantenido en él un cuerpo delgado, no tan musculoso como el de Sirius y Remus, pero él ya sabía que nunca se podría comparar a sus amigos, le había quedado muy claro en el colegio, mientras ellos crecían y se volvían altos y apuestos, el quedo bajo y comenzó a crecer un poco a lo ancho.
Por suerte había podido corregir eso, no quería pensar en él como un hombre cuarentón, bajo, gordo y calvo. Eso sí que hubiera atentado contra su autoestima. Pero a pesar de que seguía siendo el mismo chiquillo tímido y callado, por lo menos ahora no andaba a la sombra de sus amigos, sino que ahora ellos reconocían su valía, y aquello le llenaba de orgullo.
-ahí debe ser- miró a su lado, Tonks apuntaba a una antigua casa ubicada en medio del bosque. La maga había cambiado su figura por una un poco mas menuda, su piel ahora era negra al igual que su cabello y su ropa, por su parte él llevaba una capa ajustada con capucha, por si había que esconderse- vamos.
Generalmente, él hacía grupo con Tonks, a menos que los otros necesitaran sus habilidades, pero los dos hacían una muy buena dupla de espías. La parte logística caía en manos de Remus y Lily, James y Sirius eran el grupo de ataque, y ellos se especializaban en inteligencia. Cualquier información que debía ser averiguada o confirmada, ellos lo hacían.
Llegaron a la casa abrigándose con la oscuridad, sus pasos ligeros los llevaron hacia la puerta trasera, Tonks se adelantó y confirmó que estaba sin seguro. Se miraron con seriedad, eso fue demasiado fácil.
El primer piso estaba a oscura, había pocos muebles y la mayoría se veían muy antiguos y descuidados, en el ambiente reinaba un olor mezclado entre la humedad y madera putrefacta. Del rellano principal, donde estaban las escaleras hacia el piso superior, unas voces amortiguadas por las paredes llegaron a sus oídos.
Le hizo una seña a Tonks para que fuera su respaldo, la chica cabeceó y el rápidamente se transformó en rata, subiendo los peldaños sigilosa y velozmente, al llegar al pasillo superior, se puso a rastrear el origen de las voces, no se demoró mucho en encontrarlo. La puerta estaba entre abierta y el candelabro iluminaba tenuemente la habitación, dentro de ella, cuatro figuras se cernían sobre una mesa.
-¿está seguro que con esto será suficiente, mi Lord?- preguntó la voz de una mujer, pudo distinguir entre las sombras un largo cabello rizado.
-¿estás dudando de mí, querida?- la voz de aquel tipo hizo que se le erizaran sus pelos de rata, y un mal augurio se asentó en su estómago.
-por supuesto que no, mi señor- se apresuró a decir la mujer- es solo que…. Es un muggle.
Con eso, Peter agudizó sus pequeños ojos negros escaneando la habitación por segunda vez, las cuatro figuras se movían en torno a una mesa, pero en cuanto una de ellas se desplazó hacia un lado con algo entre sus manos, la luz del candelabro iluminó mejor la estancia. La bilis se le subió a la garganta.
Sobre la mesa, había un hombre, que debía bordear los cuarenta años, su tés estaba pálida, su cabeza ligeramente colgando por el borde de la mesa, con el tórax completamente abierto y ensangrentado. En una mesa posterior había varios órganos puestos en frascos y una gran fuente bajo la mesa recogía la sangre que se vertía del cuerpo sin vida.
El hombre estaba siendo sacrificado. Estaban haciendo sacrificios, magia negra. Su pulso se aceleró ante la verdad, es por eso que de pronto las fallas comenzaron a ser tan importantes, esos sujetos estaban usando magia negra a través de sacrificios para manipularla.
En su campo de visión periférica, una sombra se estaba arrastrando muy cerca de él, y apenas tuvo tiempo para esquivar las fauces de esa gran serpiente que le miraba de forma hambrienta, pero no tuvo mucho tiempo para pensar en esa serpiente, su escudo amarillo se alzó ante el maleficio que voló hacia él por parte de uno de los magos.
Giro su cabeza hacia las personas, y su garganta se apretó, unos ojos rojos enmarcados por cabellos más negros que la noche misma le miraban con una sonrisa despiadada. El hombre siseo y para su sorpresa, la serpiente pareció responderle.
Habla parsel.
-Nagini ha encontrado a un intruso- los otros tres se voltearon rápidamente y de sus varitas salieron distintos hechizos que los pudo bloquear con su escudo.
La misión ya estaba comprometida, debían salir rápidamente de ahí y avisar a James. Corrió hacia la escalera donde Tonks lo miraba ansiosa, buscando explicaciones. Volvió a transformarse en humano y sacó rápidamente su varita.
-hay que huir- le dijo, la chica asintió y ambos bajaron rápidamente la escalera esquivando los hechizos que caían sobre ellos. No podían desaparecerse, había un campo de fuerza rodeando la casa, por lo que tuvieron que salir de ella para lograr huir, pero cuando giró su varita, sus ojos se desviaron hacia la puerta, por donde una figura se asomó, y sus facciones fueron iluminadas por la luna menguante.
Al parecer, llevaría dos malas noticias.
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continuará...
