Capítulo 9: Cicatrices invisibles.

"Qué deprisa que se nos echa encima el futuro"
El Quinto Elefante. Terry Pratchett.

Temari y Kankuro fueron escoltados por un par de samuráis hasta el ala familiar. Chishima los acompañó a las habitaciones que les habían sido asignadas como huéspedes de honor de la daimyō, señalándoles de paso la que cubría las funciones de cuartel improvisado del grupo de Konoha. Entraron a sus respectivos aposentos y se cambiaron de ropa.

El silencio en que se sumió la mansión al terminar el festejo era roto tan sólo por el ruido que hacían los grillos al frotar sus patas y el fluir del agua de las fuentes de bambú del jardín central. Pequeñas lámparas iluminaban el largo pasillo, alargando las sombras que proyectaban al ir avanzando hacia los aposentos. Kankuro llamó a la puerta e Iruka abrió la puerta.

–Mizunami-san –saludó Kankuro– les agradecemos nos reciban a esta hora.

–Siéntense, por favor –indicó Iruka.

Ambos hermanos tomaron asiento lado a lado en el sofá. Iruka se retiró a la recámara cerrando las puertas tras de sí y un momento después apareció ante ellos Lobo, enfundado en una cómoda yukata. Se sentó con las piernas cruzadas en uno de los almohadones de su comedor multiusos.

–Como dije antes, recibí órdenes de Hokage-sama. ¿Qué desean saber?

–Podrías comenzar por decirnos lo que han encontrado, Kenshi-san –dijo Kankuro llanamente.

–Kankuro... –protestó Temari, el carácter de su hermano no había cambiado mucho desde su niñez, seguía siendo impulsivo.

–En estos días desaparecieron tres shinobis, entre los rastros encontrados en la zona, tres pertenecían a civiles, un equipo está rastreando los olores.

–¿Cómo es posible que un ninja sea sometido por un civil? –replicó Kankuro irritado.

–Había un cuarto olor perteneciente a un ninja. Uno de los civiles hizo contacto con uno de los nuestros –continuó Lobo.

–¡Entréganos a ese bastardo!

–¡Kankuro! –advirtió Temari.

–Mi colaboración con ustedes no incluye la desobediencia de mis órdenes principales –respondió Lobo sin inmutarse– ante todo tengo la tarea de resguardar la reputación de este país.

–Pero…

–Basta Kankuro –ordenó Temari con tono enérgico.

–Como shinobi comprenderán que no puedo traicionar al cliente. Acatando las órdenes de mi Hokage estoy autorizado para darles información y colaborar con ustedes, siempre y cuando ello no interfiera con la misión principal.

Ambos guardaron silencio, sopesando las palabras. Entendían el razonamiento, y sabían que no podían actuar por su cuenta sin recibir la orden de su Kazekage, que por otro lado, accedería a lo que dijera Konoha. Lobo esperaba paciente la respuesta de ambos.

El ruido de veloces y pequeños pasos los sacó de sus pensamientos.

–Localizamos el lugar, Lobo –dijo Pakkun irrumpiendo a toda velocidad, deteniéndose jadeante frente a él. Gato entró corriendo tras el dogo.

–¿Tienes el mapa? –preguntó Lobo, Pakkun asintió entregándole un pergamino que él le pasó a Gato.

–Es un complejo de tamaño mediano, hay ninjas armados guardando la zona. Los tres de Kumo están ahí dentro, aunque percibí sus chakras muy debilitados –afirmó– Oh –dijo advirtiendo por primera vez a los dos hermanos– buenas noches.

–Bu-bbuenas noches –respondió Temari, aún impactada de escuchar el nombre código 'Lobo' y de oír hablar a un perro.

–El lugar está ubicado a media jornada de aquí, pero aún dentro de las fronteras del país –dijo Gato examinando el documento y marcando la zona en el de la pared– es posible que estén aprovechando la neutralidad de Tori no Kuni.

–¿Percibiste otras señales?

–Hay varias docenas, las de los guardianes y otras aún más débiles que las de los de Kumo… –el ninken hizo una pausa, como no deseando decir lo que pensaba– Lobo... es probable que necesites equipos de apoyo.

–Buru y tú hagan el registro de chakra. Para mantener tanta gente se tienen que estar aprovisionando en algún lado, quiero a Shiba y Guruko tras el armamento que utilizan, Bizuke y Ukino tras equipamiento no estándar: orígenes, tipo y cantidades ordenadas. ¡Verraco! –tronó, al instante apareció un desgreñado y adormilado muchacho, haciendo que una vez más los hermanos se quedaran pasmados, otro nombre.

–Sí Lobo-sama –respondió.

–Envía algunas de tus amigas con Pakkun para enlace –ordenó.

–Entendido –respondió Verraco retirándose a la habitación y reapareciendo un momento después con un par de águilas; a una seña de Lobo, Pakkun salió a todo correr– síganlo –ordenó a sus aves, que emprendieron el vuelo tras el perro, en tanto que él se quedó parado muy quieto, en espera de otras instrucciones.

–Esperemos que Kumo no mande escuadrón de recuperación, sería bastante malo... –comentó Gato oprimiéndose el puente de la nariz.

–Ve a descansar Shôgo, tú también Verraco –dijo despidiéndolos a ambos.

–Sí Lobo-sama –respondió Verraco aún atontado, regresando a la habitación.

–Si necesitas algo... –comenzó Gato, indeciso de dejar a su capitán.

–Por ahora sólo podemos esperar, ve a dormir, te hace falta.

Gato echó un vistazo a los hermanos y vaciló un instante antes que la mirada de Lobo lo convenciera de retirarse. Corrió la puerta al salir.

–¿Y bien? –preguntó Lobo en vista del silencio de ambos hermanos, que seguían sin despegar la vista de él.

–Por lo visto esta es una misión larga y a gran escala –gruñó Kankuro, saliendo momentáneamente de su estupor.

–¿Debemos entender que estas pérdidas afectan a todas las naciones? –preguntó Temari.

–No puedo llegar tan lejos como para asegurarlo, pero es probable que sí.

–¿Cómo es que no ha habido investigaciones al respecto? –preguntó Temari.

–Es posible que los países las hayan considerado como deserciones. Como saben, muchos nukenin se unieron a Akatsuki y a Oto. No tengo información para evaluar cuántos shinobi por aldea se han perdido aquí.

–Evidentemente no fueron consideradas deserciones importantes, ya que no han enviado escuadrones de aniquilamiento –razonó Kankuro en voz alta.

–Según nuestros informes, hasta ahora el perfil había sido rango chūnin. Para la mayoría de las aldeas ninja un chūnin es fácilmente reemplazable.

–¡No para nosotros! –protestó indignado Kankuro.

–Tampoco para Konoha, Kankuro-san.

–Pero no hay suficientes chūnin certificados, los exámenes serán en unos meses y la ausencia de...

–Temari-san –interrumpió Lobo levantando la mano– te recuerdo que no todas las aldeas ninja son ocultas, tampoco todas son aliadas, por ello no envían a sus genin a los exámenes de la alianza.

–Es cierto –admitió Kankuro.

–Ustedes están aquí porque le dan importancia a todos y cada uno de sus elementos. No todas las aldeas ninja comparten esa filosofía. Aquellas, para quienes sus shinobi son sólo una herramienta, pueden sustituirlos por otro sin pensarlo dos veces.

–La preocupación de Shôgo-san sobre Kumo...

–Uno de los tres ninjas que tomaron en esta ocasión era de rango jounin, de Kumogakure –contestó Lobo– con o sin intención, eso elevó su estándar por un grado.

El mismo pensamiento cruzó la mente de todos: el Raikage no era un hombre que se caracterizara por su paciencia. Un ninja de rango superior sí era considerado una pérdida importante, suficiente para movilizar los equipos de recuperación y/o eliminación en caso de que poseyera Kekkei Genkai o perteneciera a un clan destacado.

En la mayoría de las aldeas el proceso era el mismo: si el shinobi desaparecía era rastreado y recuperado, o eliminado si la recuperación era imposible. Si se confirmaba como desertor entonces era incluido en los libros Bingo y marcado para eliminación. Algunos iban tan lejos como para ofrecerles a grupos mercenarios una recompensa por su captura vivo o muerto, solicitando la entrega del cuerpo.

Un suave llamado les sacó nuevamente de su meditación. La puerta se descorrió y entró Neji, el cansancio tornando muy blanca su piel y resaltando las ojeras.

–Yuki, ¿algún problema?

–No capitán, Gato-san me envió a informarte de mi regreso, terminé las órdenes que él me dio, ¿espero las tuyas?

Lobo lo miró moviendo la cabeza y suspirando teatralmente.

–Esto es el colmo... este equipo debería tener otro nombre –renegó Lobo– supongo que sospechó que si venía lo echaría a patadas.

–Él considera que necesitas descansar –contestó Neji con honestidad, mordiéndose el interior de los cachetes para disimular la risa que amenazaba aflorar en sus labios.

–Bien, dile que mis órdenes son: 'Gato, ya duérmete', ¡lo mismo va para ti Mizunami! –elevó la voz– y para ti Yuki, puedes dormir hasta que te duela el cuerpo. Retírate.

–Sí capitán.

Neji se dio la vuelta y abandonó la habitación tan discreto como había llegado. Los hermanos habían observado divertidos el intercambio, reconociendo a otro de los 'primos' que habían estado en la recepción: el jovencito que se había sentido indispuesto y había regresado ligeramente tarde al banquete, por ello creían comprender el porqué de la orden de Lobo.

–El único que me obedece es Verraco –refunfuñó moviendo la cabeza– ¿Entonces, Temari-san, Kankuro-san, ¿tienen alguna otra pregunta?

–Queremos ayudar, Lobo-sama –comenzó Kankuro– Gaara quiere respuestas, ahora entiendo por qué los que enviamos en esta ocasión volvieron a salvo, eran jounin y los de hace seis meses... si hay una posibilidad de recuperarlos... si siguen vivos...

–Los recuperaremos –afirmó Temari dándole un coscorrón a su hermano– ¡no seas tan negativo Kankuro!

–¡Serás...! ¡Lobo-sama ni siquiera ha aceptado!

–¿Y por qué no habría de hacerlo eh? –preguntó Temari retadora.

–¡Por razones obvias, cabezota!

–¡Hey hey! Esperen un momento. Mis órdenes fueron de cooperación total con ustedes con la única excepción que ya les indiqué. No tengo inconveniente de que se integren a la misión, siempre y cuando su Kazekage de la autorización.

–Eso no es problema, tenemos carta amplia –replicó Temari con orgullo.

–Bien, entonces consúltenlo con la almohada porque soy el capitán. Uno al que no le hacen mucho caso sus subordinados pero el capitán al fin y al cabo –dijo Lobo poniéndose de pie– ¿quieres apagar el maldito aparato de una buena vez, Gato?

Ambos hermanos se miraron sin comprender, pero sí entendieron que había dado por terminada la entrevista. Hicieron una ligera inclinación y se retiraron. Sus aposentos quedaban casi al extremo del pasillo, uno enfrente de otro. Caminaron pensando en las últimas palabras del hombre.

–¡Es increíble! –dijo Kankuro emocionado.

–¿Qué te parece tan increíble, tarado?

–¿Cómo se le ocurre decir que lo pensemos?... es decir ¡trabajar bajo las órdenes de Él!, ¿qué más? Nunca en mi vida pensé que lo conocería, menos... menos.

–Ya, ya, ya entendí.

–Ese hombre solo terminó con tres escuadrones de Suna durante la invasión a Kusa que ordenó el Tercero.

– …¿Y eso te parece motivo de admiración?

–Uh... así como lo planteaste creo que suena mal...

–Hombres...

–Tú ni digas nada que bien que se te caía la baba cuando estabas bailando con él –ondeó las caderas imitando un baile y... echó a correr.

Temari se recostó pensando en la afortunada circunstancia que habían dispuesto los dioses para que encontraran aliados de Konoha investigando la misma situación que les había sido asignada a ellos. En cuanto Shiranui se había retirado, había enviado dos mensajeros, el primero a Tsunade solicitándole el apoyo del equipo en misión y el segundo a Gaara, informándole de su encuentro y de la petición hecha.

La rápida respuesta de la Hokage llegó mucho antes que la de su hermano menor. Sin embargo, al regresar a su habitación tras la fiesta, había encontrado a Takamaru con el pergamino aún atado a una de sus patas. La respuesta de Gaara era tal y cual había anticipado: ponerse bajo las órdenes del capitán enviado por Konoha y colaborar en todo lo que fuera necesario, si llegaban a necesitar apoyo tan sólo tenían que enviar un mensajero y les sería enviado de inmediato. Él se encargaría, por la vía diplomática, de investigar los movimientos de las otras aldeas respecto a la situación.

Descubrir que el atractivo primo de la daimyō era el famoso ANBU Lobo de Konoha fue una sorpresa aun mayor que la que sintiera esa mañana, cuando Shiranui le dijo que no tenía el rango suficiente para solicitar la entrevista. La inevitable concepción que se había hecho de él se había derrumbado estrepitosamente al conocerlo; lo había imaginado curtido, frío y despiadado, no como alguien que se preocupara de que sus subordinados se fueran a descansar. La edad también le resultó chocante, era bastante joven para las hazañas que contaban. Y en su aspecto no quería ni pensar, ya bastantes bromas le había hecho Kankuro al respecto.

"Por Kami... tiene dieciocho años y se comporta como un chiquillo" pensó.

Su pensamiento voló hacia las dunas que rodeaban su tierra natal, sintiendo una punzada de nostalgia antes de quedarse profundamente dormida.

*****************

El servicio les había instalado una cafetera, convirtiendo en permanente el suministro de café, cosa que Lobo agradeció profundamente, aunque disfrutaba bastante del té. El día había amanecido frío, presagiando la cercanía del invierno, un viento gélido sacudía ligeramente los cristales del ventanal, que por otro lado, habían mantenido cerrado desde su llegada.

Gato, Neji y Lobo se encontraban sentados en los cojines alrededor de la mesa, sobre la que estaba extendido el pergamino que había llevado Pakkun la noche anterior. A un lado de Lobo estaba echado Ōkamimaru, el morro posado sobre su regazo.

–¿Decidiste algo respecto a los de Suna? –preguntó Gato.

–Lo escuchaste todo, no creo necesario darte un breviario –afirmó, tomando un sorbo de su taza de café– inclúyelos en la ecuación.

–Gracias por no desactivar el comunicador –dijo Gato con una pequeña sonrisa, Lobo podía gruñirle lo que quisiera pero lo dejaba hacer su trabajo– estás convencido de que se nos unirán.

–Desean tanto como nosotros llegar al fondo de esto y su ayuda llega en buen momento.

–Suzuki proporcionó la salida adecuada para Mizunami, uno de sus hombres partió hacia el País del Hierro para ser relevado, ya se hizo correr la voz del regreso urgente de uno de los primos. ¿El sello está funcionando bien?

–Según Ardilla sí, aunque no me dijo en qué basaba su deducción –respondió Lobo.

–¿Entonces ya no piensas molestarlo más?

–¿Qué diversión podría obtener?

–Diversión... te odio –dijo Iruka entrando a la sala de reuniones, caminó directo a la cafetera y se sirvió una taza.

–Yep, funciona a la perfección, aunque creo que la franqueza se elevó ligeramente –dijo Lobo.

–Sí, parece ser.

–Estoy aquí, ¿saben? –dijo Iruka mirándolos venenoso.

–Ya, ¿no te dejábamos dormir, sensei? –preguntó Gato tendiéndole a Neji un grupo de marcadores que el joven tomó, dirigiéndose hacia el mapa de la pared.

–Descansé lo suficiente.

–Es bueno que estés aquí. Este mapa indica la ubicación del complejo –explicó– a partir de ahora esto se complicará un poco más... sostener la fachada de parentela con Toki-sama se está convirtiendo en una inconveniencia –agregó sin pensar.

–Desde el principio ha sido así, Gato, pero fue un requisito que ella misma pidió a Godaime. Yang, informa con detalle a Yin de lo que consideres necesario que deba saber para su encuentro de hoy.

–Sí capitán.

–Siéntate, Verraco –dijo Lobo al ver al joven parado indeciso en la puerta– trabajo de memoria por ahora.

–Sí, Lobo-sama.

–Sin el sama –replicó Lobo.

Verraco se sentó junto a él, ganándose una sonrisa por parte de Gato cuando advirtió que Ōkamimaru cambió de almohada, apoyando el hocico sobre las piernas del joven, que lo acarició contento.

Gato y Lobo continuaron marcando el mapa de la pared con la información de Pakkun, delimitando las zonas donde los ninken habían encontrado trampas y sellos visibles, en tanto que Neji ponía a Iruka al corriente de la jornada del día anterior, la gente con la que se había encontrado y la descripción del futuro 'empleador'.

–¿Te dio alguna indicación del tipo de trabajo que espera de mí?

–Sólo dijo que buscaba un ayudante, que el lugar estaba cerca de aquí y que incluso podía seguir hospedado en la aldea.

–Eso no tiene sentido –dijo Iruka meditabundo– es decir, Pakkun indicó que el complejo está a media jornada de aquí.

–Yo no le di importancia –dijo Neji disgustado.

–Pero la marca de chakra fue identificada como perteneciente a uno de los civiles...

–Y es la única pista que tenemos. ¿Pudiera ser un intermediario?

–Es una posibilidad, Yang –intervino Lobo– Pakkun pudo confirmar la presencia de los shinobi perdidos y también que estuvieron en contacto con ese hombre. Por ahora es todo lo que tenemos y lo usaremos.

Se quedaron callados. En una película los buenos se infiltraban entre los malos directamente y desmantelaban todo en un santiamén; en la vida real no era tan fácil, el camino no siempre era recto, tenía sus recovecos y curvas imprevistas, giros del amo destino que tendía a manejar los hilos de la existencia a su antojo.

–Uuuu... tienen cara de haber visto un fantasma –dijo Ardilla entrando derechito hacia la cafetera, traía una manta echada sobre los hombros.

–¿No pinta bien el panorama? –preguntó Gallo, que iba tras Ardilla.

–No y aléjate del café –dijo Lobo levantando la vista hacia él.

–¡Pero... Lobo! Sólo...

–Te pones como hámster dopado –Lobo interrumpió su protesta.

–Tch... me consta –saludó Ardilla con su taza– ¿ya pidieron el desayuno? –preguntó envolviéndose más en la manta.

–No tardará –respondió Gato, enrolló el pergamino y despejó la mesa.

–Sólo faltan los hermanos Sabaku –dijo Lobo– ah, aquí están. Supongo que tomaron su decisión.

–Sí, Ken... Lobo-sama –respondió Kankuro y Temari asintió.

–Sin el sama –replicó Lobo maquinalmente, ambos lo miraron confusos.

También llevaban una manta echada sobre los hombros y parecía que estaban muriendo de frío. Ardilla les acercó una taza de café.

–Para el frío –explicó.

–Gracias, errr...

–Ardilla –se presentó–, como civil Myrouko.

–Y ellos son Gato, Gallo, Yin y Yang –señaló Lobo– creo que ya los conocen.

–Todos son... –Temari se detuvo, acunando la taza de café.

–La misión lo requería, Temari-san –dijo Gato viendo que ella los miraba incrédula, recordándolos como los 'primos' de la daimyō.

Siete en total, más los dos cebos era casi el equivalente a dos equipos estándar, nada mal y si era necesario solicitarían el apoyo de más equipos de Suna, Gaara lo había dejado claro, la prioridad era recuperar a su gente.

–Bien, el desayuno viene en camino, comencemos. Yin se retira oficialmente de la misión. Verraco harás el seguimiento para determinar las rutinas de recorrido de los guardias, así como las vías de acceso. Yang y yo ubicaremos el tipo de trampas y sellos. Gallo y Gato los shinobi que aún siguen en la aldea son jounin, sigan con la vigilancia de ellos y de los cebos, Ōkamimaru les ayudará con su nariz. ¿Alguna pregunta?

–¿Y nosotros? ¿No pensarás dejarnos a un lado, Lobo-san? –preguntó Temari, en un tono entre advertencia y amenaza.

–Hoy hay una reunión diplomática donde Shôgo y Kenshi tienen que estar presentes, uno de ustedes representará a Shôgo, Ardilla a mí.

–¿Qué? ¡Nos perderemos la acción! –protestó Kankuro.

–Kankuro-san, no hay acción por ahora –dijo Gato– te sugiero que disfrutes la comida y uses un bunshin convincente para representarte a ti mismo o al revés, como te acomodes mejor.

–¡Rayos! Había olvidado que estamos invitados...

–Incluso una misión 'fácil' puede tener sus dificultades. Susuki-san se encargará de apoyarlos si lo necesitan. Aunque no creo necesario decirlo, ni él ni sus hombres son shinobi, pero no lo subestimen, es un hombre de bastantes recursos, al igual que Chishima –dijo Lobo.

–Tendremos un hombre menos –murmuró Temari sin advertir que habia expresado lo que estaba pensando.

–En efecto, su papel terminó y no podemos retenerlo más –contestó Gato.

–Gato es el sub-capitán en esta misión, les dará sus órdenes en cuanto terminen la reunión y en mi ausencia. Ardilla, encárgate de darles equipo adecuado, no queremos que se congelen.

–Entendido –respondió Ardilla.

–¿Uh?

–Gallo, equipo de comunicaciones –Gallo asintió.

–¡Esperen... esperen un momento! ¿congelarnos? –preguntó Kankuro.

–El frío del invierno –explicó Lobo encogiendo los hombros.

****************

Mantener el henge de los dos chūnin de Konoha a la vez que vigilar a los pocos shinobi que quedaban fue más sencillo que todo el trabajo de los días anteriores. Gato le tendió unas semillas al lobo para rastreo y el animal partió en dirección diferente a la de ellos, dividiendo efectivamente la zona.

Dar la impresión de que holgazaneaban mientras visitaban todos los lugares de interés público del lugar les permitió hacer ambas labores a la vez. Entraron a una taberna a descansar por un rato; a diferencia de los días anteriores, aún no había parroquianos en el lugar. Tomaron una mesa, poco después una botella de sake y un ligero entremés les dieron la bienvenida. Gallo realizó un rápido escaneo del lugar a fin de detectar cualquier dispositivo de espionaje y una vez satisfecho se acomodó en la silla.

–¿Cómo lo ves?

–Se mantiene en control, no te inquietes tanto –respondió Gallo incluso sin que Gato pronunciara nombres.

–El estallido de ayer... de no ser por ti... gracias Gai.

–Jugaste con fuego, Tenzô.

–Lo sé y lo lamento. Lo presioné demasiado.

–No me gusta hablar del hubiera, pero debiste dejar todo como estaba y actuar como habíamos acordado con Genma.

–No podía soportar hacer las cosas sin advertirle.

–Esa lealtad te puede causar problemas, pero lo hecho, hecho está.

–Falta uno más, cuento contigo.

–Te estás adelantando, ¿no crees?, es posible que tan sólo siga tu plan.

–Iruka va a comenzar su parte, así que no tendrá en quién concentrarse, ¿es necesario que te recuerde que esta misión toca fibras sensibles?

Lo miró, si había alguien cuya lealtad hacia Lobo/Kakashi fuera absoluta, ese era Tenzô, su admiración rayaba en la adoración y si Gai le hacía bromas pesadas a Kakashi, éste a su vez se las hacía a Tenzô, que se quejaba amargamente con Asuma, pero a pesar de todo lo seguía ciegamente.

–Te preocupas demasiado por él. Iruka se retira, pero parece haberle tomado cariño a Kôsen.

–Eso es más preocupante...

–Crees que entre en modo protector –afirmó Gallo.

–¿Por qué tenían que enviar alguien así?... Toki-sama le reveló que no seguí sus órdenes, me extraña que esté tan tranquilo...

El hubiera no existe. Ese hecho se aprendía a fuerza de golpes siendo un shinobi, no era algo que se enseñara en la Academia. Gato había obedecido las disposiciones de hospedaje de Tsunade sin rechistar, aunque no estuviera de acuerdo, la responsabilidad que Ibiki le asignara personalmente le había costado esfuerzo extra para llevarla a cabo.

Iruka, a pesar de sus arranques emocionales era muy inteligente, esa combinación intrigaba a Lobo y alentaba su espíritu latoso, pero Gato habría preferido que Gallo o Genma fueran sus compañeros. Ambos tenían la capacidad de mantenerlo aterrizado, ya que Genma era alguien con quien Lobo se permitía el lujo de bajar la guardia y dada una emergencia, Gallo podía igualar su velocidad y fuerza.

–Está planeando algo, eso es seguro –dijo Gallo tras un largo silencio y casi se arrepintió de pronunciar esas palabras, consciente de que aumentaría la aprensión de Gato.

–Quisiera saber qué.

Nada había indicado que la misión fuera a convertirse en una de gran escala, aunque hablando en relación a otras no lo era tanto. La reconstrucción de Konoha tras el ataque de Orochimaru había sido un proceso largo y penoso a pesar del apoyo financiero del Rey del País del fuego; el éxito de las misiones determinaba el que los países siguieran confiando en la excelencia de los ninja de Konoha. La amplia red de relaciones de Tsunade les había procurado misiones en los lugares más increíbles, pero esa misma abundancia la estaban resintiendo en ese momento, con la falta de personal. Tenían que acomodar la misión a las circunstancias actuales.

Ibiki había sido explícito con Tenzô: la misión era un reto para todo el equipo, para Iruka era una prueba de los límites de sus propias capacidades y para ellos la oportunidad de cerrar definitivamente las heridas de un pasado en el que todos estaban implicados.

*************

–Gato-san ha estado preocupado por ti. Sé que no es de mi incumbencia pero...

–Eres muy perceptivo, sensei. Acomódate, tenemos que devolverte tu yo original antes de que te vayas –dijo Ardilla sacando la caja aplanada de su mochila.

–Buena forma de mantenerme callado.

–Ha habido ciertos preparativos que he tenido que hacer –afirmó un rato después, cuando Iruka pensaba que no diría nada más.

–¿De índole personal?... perdón por preguntar.

–Hace 8 años tuvimos una misión de recuperación, Lobo y Gato habían sido asignados para control de daños en un asesinato masivo efectuado por seguidores de Jashin en la Aldea Oculta de las Aguas Termales, así que en sustitución de ambos fueron enviados Cobra como capitán, Hayate de apoyo y una medi-nin en entrenamiento ANBU; Cobra decidió que los cebos fueran ella, confiando en sus habilidades médicas, y Hayate. Lobo regresó de su asignación en uno de los equipos de apoyo pero fue demasiado tarde, Hayate resultó muy lastimado, a ella... la perdimos y a Cobra también, y ella... era muy cercana a Lobo.

–Lo siento.

–Hay cicatrices que son invisibles –dijo tocando con suavidad el borde de la cicatriz sobre la nariz de Iruka– y el dolor residual se lleva toda la vida.

–Entonces los preparativos...

–Han requerido mucho chakra y eso le preocupa a Gato –le sonrió, ahuyentando así su triste remembranza– listo, sólo falta el cabello.

Iruka se quedó en silencio, recostando la cabeza sobre la palangana que su compañero había dispuesto bajo su nuca. Se dio cuenta que su pregunta había removido sedimentos del tiempo, no era una respuesta directa, sino una justificación, más para sí mismo, de lo que sea que hubiera estado haciendo. Pero junto con ella, también le había dado contestación a algunas de las preguntas que se planteaba.

–No mueras, Iruka.

******************

Por comodidad, Kankuro prefirió usar a Karasu para personificarse a sí mismo y él tomar el papel de Shôgo. El procedimiento le era familiar puesto que intercambiarse con su marioneta era una de sus técnicas favoritas, en varias circunstancias ese hecho le había salvado la vida. Ardilla lo había puesto al corriente de las 'manías' que Gato le asignó a su persona civil y cuando quedó satisfecho del resultado, se habían separado.

Ambos hermanos asistieron al evento diplomático y al terminar éste, regresaron al cuartel general seguidos por Ardilla y Karasu.

–¡Por Kami!, creí que moriría de aburrición –comentó Temari suspirando aliviada.

–Pues yo comí muy sabroso –declaró Kankuro.

–Sólo piensas en la comida...

–Equivocada, también pienso en otras cosas –repuso Kankuro dejándose caer en el sofá.

–No quiero saberlas –negó Temari, aflojando la tela de la faja.

–Shôshiro cree que ya vamos en camino a Suna. ¿Esto tiene que ver con la siguiente fase del plan?

–Así es. Ustedes son conocidos en este país, y en varios, ya que suelen ser los guardaespaldas de Kazekage-sama –dijo Ardilla regresando a su persona.

–Nos han dicho poco respecto a esta misión –afirmó Temari mirándolo con severidad.

–El resumen que les dio Lobo cubre los puntos importantes.

–¿Qué más nos puedes decir, Ardilla-san? –preguntó Temari– entiendo que no nos proporcionen todos los detalles, pero queremos saber a qué nos enfrentamos y cuál será nuestro papel.

–Gato no tardará en regresar.

–Tener la coartada perfecta para actuar les ocasiona demoras, ¿cierto? –preguntó Temari mirándolo entrecerrar los ojos mientras rebuscaba en su mochila.

–Es inevitable.

–Lobo-sama o Gato-san, ¿quién da las órdenes? –soltó Kankuro a quemarropa.

–¿Quién quiere ser el primero? –preguntó mirándolos de uno en uno, ambos lo miraron estupefactos.

–El primero en...

–Ustedes no están aquí, van rumbo a Suna –dijo encogiendo los hombros– las órdenes del capitán son equiparlos.

–Supongo que yo –dijo Kankuro mirando dudoso a su hermana.

–Siéntate aquí. –Señaló uno de los cojines cercanos a la mesa.– Es como un juego de Shogi, pero en pareja, Lobo decide la estrategia y qué piezas mover y Gato las encaja dentro del esquema –dijo Ardilla, mientras limpiaba la pintura del rostro de Kankuro– Temari-san, en la recámara hay dos paquetes, toma uno y cámbiate, aprovechemos el tiempo.

Temari entró a la habitación y tomó uno de los dos atados. Lo abrió y sacó el unforme azul profundo, mirando las extrañas placas que formaban la armadura. Al extender la envoltura se dio cuenta que era una túnica con capucha, de material resistente y de apariencia aislante. Se deshizo del kimono y comenzó a vestirse. El uniforme no era el estándar de los shinobi de Konoha, al menos no lo reconoció como tal, tampoco le parecía un vestuario ANBU aunque nunca había visto uno, las fuerzas de operaciones especiales de Suna usaban uno diferente, lo único en que todos eran similares, era las máscaras. La túnica sin embargo, la reconocía por el incidente de la invasión de Orochimaru. Salió de la recámara.

–Tu turno, Temari-san –indicó Ardilla.