08. Epílogo
Durante aquel último año, nos habíamos estado viendo en intervalos de dos en dos semanas, en puntos al azar, alrededor de Tomoeda, donde la rutina siempre era la misma: salía yo de casa, y aparcaba el auto cerca del punto indicado para aquella ocasión, pues los cambiábamos constantemente. Después de todo, nuestra paranoia seguía a la orden del dia. Allí, estacionada intentando pasar desapercibida, esperaba a Touya, quien subía al asiento del copiloto, y de este modo, pisando el acelerador a fondo, para evitar que nadie nos mirase en aquellos sitios, emprendíamos el camino de casi una hora, rumbo a Tokio.
Al llegar a la capital, la rutina se rompía casi por completo. Cuando estábamos allí, dejábamos de ser Daidouji Tomoyo y Kinomoto Touya, y nos convertíamos simplemente en "novio y novia". En la capital, era como si fuésemos personas completamente diferentes: nos comportábamos como una pareja normal, en una cita normal, disfrutando de momentos normales. Era tan liberador el poder caminar tranquilamente por la calle, sin temer a toparnos con alguien que pudiese reconocernos, y exponer nuestro secreto a familiares y amigos. Por ello, durante nuestras visitas a Tokio, no habíamos dejado ningún sitio por recorrer: habíamos ya ido a comer a varios restaurantes, visto películas en el cine, visitado diferentes museos, ferias y parques, entre otros lugares de interés. Prácticamente no había lugar en Tokio en el que no hubiésemos creado ya agradables recuerdos.
Sin embargo, pese a la estabilidad de nuestra relación, y la confiabilidad de que seguía siendo un secreto, hacía cosa de un mes, la rutina había cambiado casi por completo.
Touya y Yukito habían terminado la carrera, y como mejor amiga de su hermana menor (después de todo había sido Sakura quien me había invitado), había hecho acto de presencia en la graduación de los muchachos. Inclusive había ido mi madre, después de todo, gracias a mi fuerte amistad con Sakura, nuestras familias se habían vuelto muy unidas. Aplaudí junto con mi mejor amiga, cuando Youka y Yukito subieron a recoger sus diplomas, y no tuve reparos en colocarme entre los muchachos cuando tomamos la fotografía "familiar" para celebrar tal acontecimiento. Inclusive les había dado un fugaz abrazo de felicitación.
En definitiva, acciones comunes que cualquier mejor amiga de la hermana menor hubiese hecho. Aunque debo admitir que durante el resto de la celebración, nos mantuvimos un poco distantes. Frente a nuestras familias, nuestra relación terminaba cuando Sakura no estaba presente, por lo que entablar largas conversaciones, como si fuésemos amigos de toda la vida, estaba terminantemente prohibido. Inclusive me había contenido de abordar demasiado a Yukito, pues inclusive con él, nuestra relación de amigos era menor.
Así, sin necesidad de hablarlo de antemano (ambos sabíamos a lo que nos exponíamos), Touya y yo nos comportamos un poco distantes, para no levantar sospechas. Aunque debo admitir que durante la cena-baile de aquella noche, decidimos que sería buena idea bailar aunque fuese una sola canción. Aquello fue todo gracias a Sakura, quien había insistido a su hermano mayor que bailara con alguien. Touya, antisocial como siempre, se había negado en rotundo a sacar a bailar a alguna de sus nuevas colegas, por lo que para "desembarazarse" de la insistencia de su hermana menor, había fingido que ponía los ojos en blanco, y me había invitado a mí.
Aquella actitud suya tan desinteresada sentaba de perlas cuando intentábamos pasar desapercibidos. Sin embargo, al momento de estar solos, bailando frente a frente, su actitud había cambiado por completo. Yo no podía dejar de sonreír como una tonta, después de todo, aquella era una ocasión súmamente especial, yh la estábamos viviendo juntos. Al terminar de bailar, había regresado a la mesa, donde Sakura se había apurado a preguntar porqué me encontraba tan feliz.
-Esto es muy divertido -dije mientras me encogía de hombros-. Y amo bailar. ¿Vamos Yukito?
Fingiendo que la idea era simplemente estar en la pista, sin importar quien fuese el acompañante, insistí al joven Tsukishiro, quien prontamente aceptó, y de este modo, ambos nos dirigimos al centro del salón.
-Has sido un cambio muy positivo –me dijo mientras bailábamos una pieza calmada, y no pude evitar sorprenderme al ver que Yukito era un excelente bailarín-. Touya se ve ahora más feliz que nunca.
-Él también me hace inmensamente feliz –respondí sonriente-. Puedes estar seguro de que no le romperé el corazón a tu mejor amigo.
Yukito me dedicó una tierna sonrisa, y yo no pude evitar sonrojarme. Aquel era el tipo de discurso que había yo dado a Syaoran, cuando él y Sakura se hicieron novios. Aquella había sido la mirada que había yo dedicado a Syaoran, cuando le confié el cuidado de la felicidad de Sakura. Así que así era como se sentía...
Apenas un mes después de la graduación y el baile, Touya y Yukito se encontraban empacando ya sus cosas. Los dos muchachos acababan de ser aceptados como residentes en un reconocido hospital de Tokio, por lo que debían mudarse allí, para poder cumplir con sus obligaciones, y poder oficialmente convertirse en doctores. Los dos muchachos, unidos prácticamente desde el primer día del jardín de niños, se habían decidido a rentar un departamento juntos, durante aquellos dos años que duraría su residencia en Tokio.
Sakura, quien había tenido un leve enamoramiento hacia Yukito cuando aún estaba en la primaria, y que durante todos aquellos años se había convertido en una muy buena amiga del muchacho, nos hizo a mí y a Mei Lin acompañarla durante una tarde de fin de semana, a ayudar al chico de piel pálida, a empacar todas sus cosas. Touya, por su parte, se había negado rotundamente a que le ayudaran, y se había encerrado en su habitación, guardando todo en cajas, durante el resto de aquel día.
Sin embargo, cuando los dos chicos anunciaron que sus cosas se encontraban listas (y fingiendo que yo debía hacer una visita importante a Tokio) él y Yukito había subido las cajas a la cajuela, ocupando la mitad del asiento trasero, y subieron al auto.
Conduje aquel ya acostumbrado trayecto de una hora, durante el cual los dos muchachos y yo conversamos de cosas casuales. Al llegar a Tokio, siguiendo la ruta marcada por el GPS, finalmente llegamos a un bonito edificio de departamentos, color ladrillo, de tres pisos, ubicado en un bonito barrio tradicional, en el corazón de la ciudad.
Aquel departamento lo había encontrado yo, mientras revisaba anuncios por internet. Debido a ello, cuando subimos por las escaleras hasta el tercer piso, introduje la llave en la cerradura y abrí la puerta, pudimos comprobar que el sitio era simplemente espectacular. Cosa obvia, ya que secretamente había encargado una renovación total del piso laminado, el papel tapiz, las cortinas y el mobiliario.
Touya, quien se había empeñado en bajar ya un par de cajas, tuvo que dejarlas junto a la puerta, para poder admirar el lugar. Se trataba de un departamento tipo loft, con la pequeña cocina ubicada al lado derecho, la cual contaba con una bonita barra que tenía ya colocados un par de bancos. Las dos habitaciones se encontraban ubicadas del lado izquierdo, y estaban conectadas por el baño que se encontraba entre ellas. En medio del piso, en un concepto abierto, estaba la amplia sala, la cual contaba con unos enormes ventanales que se abrían hacia la terraza, y que dejaban ver el hermoso paisaje del centro de la ciudad. Inclusive podía apreciarse la hermosa e imponente Torre de Tokio.
Él y Yukito se aproximaron a los ventanales, y prácticamente pegaron el rostro al vidrio. Fue Yukito quien abrió una de las puertas corredizas, y así, los tres salimos a la terraza.
-Este lugar es increíble, Tomoyo –me felicitó Yukito.
-Me alegro de que les guste –respondí al tiempo que Touya me abrazaba por la cintura, y besaba mi frente-. Además, queda muy cerca del hospital.
Aquel fin de semana, fingiendo que aún me encontraba atendiendo asuntos urgentes en Tokio, pasé la noche en el departamento de los chicos. Yukito rentó un par de películas, Touya preparó la cena, y los tres nos sentamos en el sillón de la sala, mirando la televisión, o jugando juegos de mesa.
Sin embargo, el domingo por la noche tuve que despedirme. Al día siguiente yo debía comenzar a trabajar en una colección para un examen práctico en la Academia de Modas, y Yukito y Touya comenzarían a trabajar en el hospital.
Debido a este súbito ajetreo en nuestra vida diaria, Touya y yo estuvimos demasiado ocupados como para poder vernos, durante el mes siguiente. Lo que hace este día, realmente especial. No solo por el hecho de que finalmente volveremos a vernos, sino porque hoy, oficialmente, cumplimos un año de novios. Bueno, sub-oficialmente, pues sin contar a Yukito, nuestra relación sigue siendo un total secreto.
Aquella mañana de sábado, después de invertir un par de horas escogiendo mi atuendo (finalmente opté por un sencillo vestido rosa, de falda corta y mangas tres cuartos, y unos zapatos negros de tacón corto), me encuentro ya subiendo al auto, para dirigirme a Tokio, y después del acostumbrado viaje de una hora, he aparcado el auto al pie del edificio de departamentos. Es ya casi medio día. Debido a que tengo copia de las llaves del lugar, me es fácil entrar al edificio, subir al tercer piso, y entrar al departamento. Durante las veces que he estado allí, nunca ha sido necesario que toque para anunciar mi llegada. Lo peor que me ha tocado ver, es a los dos muchachos paseándose por el lugar, en calzoncillos. Sin embargo, al abrir la puerta, el único que se encuentra esperando en el sillón, es Touya. Y no está en ropa interior; al contrario, está vestido con pantalones de mezcilla y una camisa de manga larga, que le dan un aspecto casual.
-Buenos días –me saluda al tiempo que apaga el televisor, y se pone de pie-. Te ves hermosa hoy.
-Tú tampoco te quedas atrás –respondo mientras me acerco a él, y lo beso tiernamente en los labios- ¿Dónde está Yukito?
-Tiene guardia hoy en el hospital –responde mientras toma una bufanda del perchero que está junto a la puerta, y se la cuelga alrededor del cuello-. No aparecerá hasta mañana.
-¿Entonces cuál es el plan para hoy?
-Estaba pensando que podríamos ir a comer algo. Una vuelta al parque, y regresar al departamento a ver una película.
-Me parece bien –respondí alegremente, con lo que di media vuelta y salí del departamento. Touya me imitó, y después de asegurarse de que la puerta quedase bien cerrada, bajamos las escaleras, salimos del edificio, y emprendimos la caminata.
Tal como había dicho Touya, comimos en un bonito restaurante cercano, comida tradicional japonesa. Debido al cálido ambiente que hacía olvidar que nos encontrábamos en otoño, nos habíamos sentado en la terraza del segundo piso, mirando el ajetreo que se ocurría en la calle, mientras bebíamos un poco de vino y conversábamos de cosas triviales, durante un par de horas, antes de que nos decidiéramos a salir a caminar a un bonito parque cercano. Como todo en aquella zona de la ciudad, también el parque tenía un aire tradicional. Nos entretuvimos viendo a los pocos cisnes que aún nadaban en el lago, desde el pequeño quiosco que se alzaba en una pequeña colina, dentro del lago, conectada a la orilla por un rústico camino de piedra.
La noche estaba próxima a caer, y como el frío estaba incrementando considerablemente, nos decidimos a finalmente regresar al departamento. Subimos las escaleras tomados de la mano, y mientras Touya se dedicaba a abrir la puerta, yo intentaba que mi corazón no saliera de mi pecho, debido a lo fuerte que palpitaba. Aquel día sería especial por demasiadas razones. Lo que estaba por ocurrir era una de ellas.
Durante aquel año, Touya y yo nos habíamos negado a hacer pasar nuestra relación, a un plano mucho más personal. Durante los primeros meses, la que se había negado rotundamente a hacer nada sexual, había sido yo. El recuerdo de aquel primer encuentro aún estaba demasiado presente en mi mente y en mi piel, y en cierto modo me avergonzaba. Touya lo entendió al instante, y nunca lo mencionó, ni intentó presionarme. La única vez que me atreví a preguntarle si no le frustraba el no entregarle a su cuerpo aquella necesidad básica, me respondió que por mí esperaría lo que fuese necesario.
Aquella noche finalmente me había dado cuenta de que no teníamos por qué esperar más. Me encontraba ya lista para entregarme a Touya Kinomoto, por completo.
Así que apenas la puerta del departamento se abrió, antes de darle la oportunidad de encender la luz de la sala, tomé su mano, y lo hice girarse hacia mí.
-¿Qué pasa? –preguntó confundido. Pero no respondí. Me limité a besar suavemente sus labios, lenta y suavemente. Touya correspondió al instante, al tiempo que me rodeaba la cintura con ambas manos. Yo me apuré a acariciar su pecho, desabrochando un par de botones.
Casi al instante, se separó de mis labios. Debido a los grandes ventanales, la luz de la vida nocturna de Tokio se filtraba a la sala, lo que hacía que estuviéramos tenuemente iluminados, y pudiésemos vernos. Sus profundos ojos castaños se encontraban clavados en los míos.
-¿Estás segura? –susurró mitad asustado, mitad emocionado. Yo sonreí.
-Totalmente –fue mi respuesta, con lo que él volvió a acercase suavemente a mi rostro, y volvió a besarme.
Introdujo su lengua en mi boca un par de veces, y yo hice lo mismo, hasta que sus labios dejaron de presionarse contra los míos, y empezaron a recorrer mi cuello. No pude evitar gemir un poco. Mientras mis manos seguían recorriendo su pecho, desabrochando más botones, y por tanto, dirigiéndose cada vez más al sur, Touya comenzó a acariciar mis piernas, subiendo las manos, con lo que alzó la falda de mi vestido, en busca del mayor contacto que pudiese tener con mi piel. Al instante sentí como sus manos acariciaban mi trasero. Volví a gemir.
Lo aparte de mí, y tomé su mano. Así, en la oscuridad, lo guié hasta la habitación, donde me coloqué de frente a la pared, y dejé que él se abalanzara sobre mí. El así lo hizo, y ahora, mientras con una mano seguía acariciando por debajo de mi falda, con la otra, lentamente bajaba el zipper de mi vestido.
Una vez que este bajó por completo, lentamente deslizó el vestido por mis hombros, por mis caderas, y dejó que resbalase hasta el suelo. Me giré para ver aquellos ojos, que brillaban enigmáticamente en aquella oscuridad.
Como ya había desabrochado toda su camisa, se la retiré velozmente, con lo que tuve la oportunidad de besar sus hombros y su pecho. Le di un ligero empujón, con lo que se separó de mí, y se sentó en el borde de la cama. Ahora fui yo quien se abalanzó sobre él, e hincada como me encontraba en el borde de la cama, comencé a desabrochar la bragueta de su pantalón. Él se apuró a quitarse los zapatos. Le saqué los pantalones con un poco de dificultad, y cuando hube terminado, volví a apoyarme contra su cálido torso. El rodeó mi desnuda cintura con sus fuertes brazos, y en un rápido movimiento, me hizo recostarme en la cama. Me aprisionó las manos, y comenzó a besar de nueva cuenta mi cuello, bajando por mis pechos. Besó un poco aquí, un poco allá, antes de seguir bajando, por mi torso, detenerse un momento en mis caderas, y finalmente parar en mi ombligo.
Allí, se tomó el tiempo para quitarme los zapatos, y de este modo, comenzar a recorrer mis piernas con sus manos y sus labios. Su lento acenso, y la dedicación que tomó al dejarme mojadamente emocionada por arriba de mis bragas, hicieron que una nueva ola de gemidos me inundara.
Incapaz de contenerme ni un segundo más, apoyé las palmas de mis manos en la cama, y me incorporé. Tomando un poco de impulso, lo sujeté del cuello, y lo jalé hacia mí, con lo que su cuerpo cayó sobre el mío. Sin embargo, al instante lo hice volver a girarse, y de nueva cuenta volví a quedar sobre él, aprisionándolo con mis piernas.
Esta vez fue mi turno de comenzar a besar toda su anatomía. Sin embargo, al llegar al ombligo, no me detuve, y seguí aquel lento y tortuoso recorrido, en el que lentamente hice bajar sus boxers, hasta finalmente, sacárselos por completo. Excitada como me encontraba, me incorporé de la cama, donde lentamente me quité el bra y las panties.
-¿Estás completamente segura? –preguntó mientras me admiraba de pies a cabeza. Esto y su pregunta, me hicieron sonrojarme un poco. Sin embargo, me compuse casi al instante, y me apuré a volver a sentarme sobre él.
-Completamente –respondí antes de volver a besarlo. Sus manos comenzaron a acariciar mi espalda, mis caderas y mi trasero, hasta finalmente volverme a hacer que me recostase en la cama. Me miró directamente a los ojos. Yo hice lo mismo. Allí, me dedicó una de sus hermosas sonrisas.
-Te amo, Tomoyo –susurró suavemente, con lo que mi corazón volvió a latir a mil por hora. No pude contener yo también una sonrisa.
-Yo también te amo, Touya.
Y con esto, volvimos a fundirnos en un beso. Pude sentir como poco a poco se abría paso entre mis piernas, por lo que me separé para darle total acceso. Estaba nerviosa, pero al mismo tiempo ansiosa. No podía esperar por sentirlo dentro de mí.
¡Hola a todos de nueva cuenta!
Justo acabo de terminar de responder a sus reviews, así que espero y vuelvan a dejar varios en este epílogo C: Sí, fue solo una excusa para volver a poner una escena XXX ahahahaha :X Primeramente una disculpa a aquellos que no les gustan los finales abiertos (creo que esos son los que más me gustan a mí xD) porque la relación de Tomoyo y Touya sigue siendo un "a ver que pasa". Estuve pensando (mientras escribía este fic) en crear una continuación de esta historia, aunque me encontraba indecisa si de hacerlos pasar por un/una tercera en discordia, o crear mejor la versión de los hechos, desde el punto de vista de Touya.
De momento, aquellas ideas tendrán que quedarse guardadas en el cajón de los fics de "ya veremos si tengo inspiración después", ya que en este momento me encuentro trabajando en otra historia =X Para aquellos que no entran a mi perfil a leer (que yo soy de la idea de que nadie los lee XD), estoy por cambiar mi nombre de usuario en ff . net. Para los que llevan tiempo conociéndome como hedwig-theme (o los que apenas con este fic se dieron cuenta de que existo XD), voy a cambiar este nombre por Ribonette. Les aviso de una vez por si alguno de ustedes tiene la idea de seguir al pendiente con lo que publique en un futuro.
Regresando a este fic, muchas gracias por leerme, dejarme review, agregarme a favoritos, follow, y todas esas cosas. De verdad agradezco mucho que me hayan apoyado en esta que fue mi primer historia en 1ra persona (espero y no haberlo hecho tan mal) e.e Les mando abrazos y besos, y nos seguimos leyendo. Sigan bellos :D!
