Los personajes no me pertenecen son obra y creación de Masashi Kishimoto.


Sasuke la vio azotar con cólera la puerta. Así que Hinata no iba a caer tan fácilmente como él lo había esperado, como lo hacían el resto de las mujeres apenas él mostraba tener algo de interés en ellas. Como ya se había dado cuenta, Hinata Hyuuga no era como las demás mujeres que había conocido. Tal vez no tendría que haberle dicho ese último comentario. Sonrió. La verdad era que le resultaba sumamente entretenido verla explotar de esa forma. Le divirtió el saber que se iba a resistir. Nada como un reto, él nunca resistía uno. Tomó su equipo y saltó por la ventana.

La ciudad era muy bella de noche, pero de día era un lugar de ensueño. Sus calles no eran tan grandes como las de Konoha pero tenían la medida perfecta para el tamaño de esta. La mayoría de las casas compartían el mismo tipo de arquitectura. Incluso los locales de venta de lo que parecía ser la zona comercial respetaban el modelo de diseño. Tenían ese estilo clásico japonés, relajante y concordante con la naturaleza que tanto había enorgullecido a las generaciones antiguas, y que parecía que las nuevas respetaban y querían seguir manteniendo. Un estilo que le iba perfecto al lugar, haciéndolo inigualable.

Se divisaban unas blancas y esponjosas nubes en el cielo pero aún así, el sol del mediodía bañaba completamente todos los rincones con sus ardientes rayos. Parecía que el calor del verano era el mismo en cualquier lugar del mundo. Las calles estaban bastantes concurridas. Decenas de personas circulaban por doquier. A pesar de que el calor era bastante fuerte, el aire que llegaba a través de los múltiples bosquecillos lograba refrescar algo el ambiente.

Hinata caminaba presurosa colándose entre la gente. Le hubiera gustado ir por los tejados, eso haría más rápida su llegada al palacio pero lo mejor era ir de manera normal sin llamar la atención. Un profunda e inquietante mirada de ojos grises le seguía los movimientos a distancia, asegurándose de no ser percibida por la chica. La peliazul decidió internarse en las cercanas zonas verdes, tal vez por allí se transitara mejor. El propietario de la mirada torció una sonrisa de triunfo al ver que se adentraba en el bosque.

La belleza natural del lugar casi le quito el aliento. Se podían apreciar en todo su esplendor unos jardines de incontables plantas que se encontraban en la entrada del bosquecillo. Los rayos del sol de verano cayendo de lleno sobre ellas en plena explosión floral hacían del sitio un lugar memorable, casi idílico. Los sietes colores del arco iris parecían estar estacionados en ese lugar, reposando sobre un manto inmenso de verde pasto.

Los colores y olores de las flores la absorbieron, deteniéndola por un momento. De pronto recordó un sitio similar. Sólo que ese estaba rodeado de cristal. Las plantas y flores de ese lugar eran cultivadas de manera controlada para efectos medicinales, en un ambiente en donde el clima también era regulado artificialmente. Pero no por eso dejaba de resultar precioso. Un lugar que en su momento le pareció romántico e ideal para lo que había decidido hacer. Sin embargo las cosas no habían resultado en lo que ella esperaba. Sonrió con nostalgia.

Tenía dieciséis años y creía estar enamorada.

Enamorada de alguien quien al principio le inspiraba temor. Aunque después de su enfrentamiento con Naruto su actitud se había modificado.

Al encontrarse de nuevo ya no era el mismo, él había cambiado tanto. Tan distinto de la primera vez que le había conocido. Tan diferente del chico siniestro y aterrador que había sido; ahora hasta de vez en cuando sonreía, y cuando lo hacía, lo hacía de corazón.

En las pocas semanas que habían convivido, su actitud y nueva visión de sí mismo ante la vida influyeron tanto en ella que fue la primera vez que sintió que ya no era la misma, que había cambiado.

La Hinata Hyuuga que era ahora se debía en gran medida a él y a todo lo que le había aprendido, no relativo a combates, entrenamientos o técnicas, sino a cómo enfrentar la vida y encarar y cambiar nuestro destino por más difícil que pareciera ser. El cambio radical que él había dado lo habían transformado en alguien sereno, sabio, en alguien confiable que ahora trasmitía una seguridad y calidez que le hicieron tener sentimientos confusos a su corazón.

Era por eso que tontamente había seguido el consejo de Ino de besarlo para ver si con eso lograba aclarar lo que sentía. Pensó que no se atrevería sin embargo esos serenos ojos verdes le habían inspirado confianza. Y así lo hizo, de forma tímida y algo atropellada, al fin y al cabo era la primera vez que lo hacía. Se había acercado a él y plantado, con algo de torpeza, sus temblorosos labios rosas en los cálidos labios masculinos. Pero no había sucedido lo que esperaba. En su interior no se desató esa mezcla de júbilo y alegría que su amiga le dijo que experimentaría. No, no era amor lo que sentía, no podía explicarlo sólo sabía que amor no era. Admiración, simpatía, tal vez cariño pero no amor. Extrañamente no se sintió triste pero si la más tonta y avergonzada sobre la tierra, quería desaparecer en ese momento. Aunque él con toda la serenidad que ahora le caracterizaba había hablado con ella y las cosas se habían aclarado. Su humillante acto no había sido en vano, había ganado a cambio un inapreciable y valioso amigo para siempre.

Un suave viento agitó las hermosas flores, sacándola de sus pensamientos. De nuevo enfocó la mirada en el jardín florido. Había unas que particularmente llamaron su atención, se aproximó hasta ellas para observarlas mejor. No eran tan llamativas como las demás, solo tenían una simple hilera de seis pétalos azules, pero tenían una cálida sencillez que las hacía, a sus ojos, las más bellas de todas. Tal vez se debía a que eran de su color favorito. Se inclinó tocando sus suaves pétalos, acercó su rostro y un ligero aroma perfumado llegó hasta su nariz.

Sentado desde la rama de un árbol Sasuke la observaba. No había sido difícil dar con ella. Sabía que se dirigiría al palacio y que intentaría evitar lugares muy atestados de gente para poder desplazarse mejor. Iba a adentrarse en el bosque cuando la había visto parada contemplando los jardines. Parecía tan relajada, despreocupada. Disfrutaba de verdad el contemplar el paisaje. La vio inclinarse y retirarse el cabello para oler unas flores.

Esa imagen removió la memoria de Sasuke, trayéndole un recuerdo. Conocía esas flores. Una figura femenina de cabellos negros apareció en su mente. Reclinada sobre la tierra apreciaba unas flores, las mismas que habían llamado la atención de la Hyuuga, mientras le sonreía a él de manera dulce. Una ligera sonrisa triste se torció en el imperturbable rostro del Uchiha.

Hinata se levantó tenía que continuar. Le hubiera gustado saber cómo se llamaban, así podría tal vez decirle a Ino y ver si ella podía conseguirle unas semillas para cultivar algunas de esas hermosas flores en su casa.

Miró el cielo y el jardín que tenía enfrente, un lugar de verdad precioso.

Antes de irse respiró por última vez el olor de las flores, del día soleado.

"¿Por qué siempre hueles tan delicioso? A día soleado, a flores" Se sonrojó. Justo lo que él había dicho de ella momentos antes de besarla. Tocó sus labios con los dedos.

"Y a… algo más, un aroma que sólo tienes tú" Una pequeña y espontánea sonrisa apareció en su ruborizado rostro. No creía a Sasuke capaz de decir cosas como esas. Tal vez no era como ella pensaba. Pero es que siempre parecía tan atemorizante y frío… Frío. Hinata estaba muy lejos de haber sentido frío cuando estuvo en sus brazos o mientras su boca la besaba y con su lengua despertaba sensaciones aún más intensas de las que ya sentía. El deseo reverberó en su cuerpo haciéndola estremecerse.

¡No! No le ayudaba en nada recordar lo que había pasado y que debía olvidar. Sí, debía olvidarlo, pero ¿de verdad podría hacerlo? Peor aún ¿quería ella hacerlo?

- Si te dedicas a vagar Hyuuga, no vamos a llegar tan rápido como quieres para entregar los pergaminos.- Hinata lo miró algo sorprendida y molesta consigo ¿Qué clase de ninja era ella que nunca escuchaba cuando se le acercaba?

A lo lejos, los ojos grises se abrieron con sorpresa al ver el arribo del compañero de la chica. Un destelló de frustración apareció en ellos, pero después volvieron a tornarse de nuevo insondables, fríos. No había por qué desesperarse, pronto le llegaría el momento de arreglar cuentas con Hinata Hyuuga. Metió la mano en uno de sus bolsillos presionando con fuerza una pieza de metal para después, desaparecer entre las calles.

- ¿Qué se supone que haces aquí? – comenzó a caminar, adentrándose en el bosque.

- Por más que ahora te disguste mi presencia somos compañeros Hyuuga, así que tenemos que completar esta misión, juntos. –La vio ruborizada ¿en qué estaría pensando? La chica no le contestó. Se le emparejó. – Toma, supongo que no te ha dado tiempo de comer algo. Acabo de comprarlo. Tal vez no esté tan bien como los que tú te preparas, pero este comestible.- Le extendió la mano ofreciéndole un onigiri con vegetales.

Hinata se mostró contrariada, de nuevo mostraba esa gentileza que pensó no tenía. No quería tomarlo pero sería una descortesía hacia su gesto, además de que su estomago traicionero dio un pequeño rugido al ver la bola de arroz. No había probado nada desde el anochecer cuando habían llegado.

- Arigato, no debiste molestarte.- Lo aceptó, comenzó a comerlo. Terminó con el onigiri bastante rápido, no se había dado cuenta que tenía tanta hambre. Caminaron un rato en silencio.

- Debiste haberme esperado. No tuvimos oportunidad de inspeccionar el lugar y ver que tan seguro era. Podrías haber arriesgado la misión al irte por tu propia cuenta.- A pesar de que había utilizado su acostumbrado tono engreído, no había sonado severo. Hinata se sintió culpable, él tenía razón. – Además que le diría a la Hokage si alguien te llegase a atacar por andar sola en este lugar. – comentó en tono ligero, Hinata lo miro de soslayo. Tal vez lo había dicho en broma pero se sintió algo decepcionaba de que la creyera una presa fácil.

- Aunque lo dudes se defenderme y puedo protegerme yo misma. Si eso que dices pasara, no necesitaría la ayuda de nadie. Podría arreglármelas sola. – contestó con serenidad. Dio un salto hasta las ramas de los árboles, comenzando a avanzar por ellos.

- ¿De verdad? Hablando así parecería que eres una ninja fría e insensible. Aunque la imagen no te acompaña. Tienes más la apariencia de una sencilla chica de campo que de temible kunoichi.- unos segundos más ya estaba junto a ella.

- Las apariencias engañan. No necesito actuar altanera y soberbia para demostrar que soy una buena kunoichi. Por si no lo sabes tengo rango Jounin, Uchiha.- Hablaba sin apartar la mirada del camino, aunque no podía negar que se sentía nerviosa de estar de nuevo cerca de él. Su cuerpo entero parecía estar en alerta ante su cercanía. Sasuke sonrió.

- Tienes razón las apariencias mienten, si tu fervor para pelear es el mismo que despliegas cuando haces… otras cosas. – Hinata ignoró el comentario. – Debes de ser una rival de cuidado. Me gustaría tener un combate contigo para ver si ese rango es meritorio… Claro, a no ser que… me tengas miedo... – dio un salto rápido poniéndose por delante de ella.

- No lo conseguirás esta vez…-lo alcanzó, adelantándose unos metros de él.

- ¿Conseguir que?

- Provocarme.- Le miró de reojo.

- No pretendo provocarte Hyuuga, sólo me gustaría constatar si mi compañera es tan buena ninja como dice ser…

- Claro, si tú lo dices. Aunque creo que lo único que pretendes, es hacerme enojar para caer en tu juego.

- ¿Caer en mi juego?

- Sí, y así puedas tener una excusa de contacto físico conmigo para luego abalanzarte sobre mí… como lo hiciste anoche…- Lo miró de nuevo, debía ser el calor pero Sasuke parecía que se había… ruborizado.

- Si mal no recuerdo, no hice nada que tú no me permitieras, Hyuuga. –Objetó algo divertido, le gustaba la Hyuuga cuando era mordaz. Ahora el rubor la cubría a ella.

- Eso no volverá a pasar.- intentó sonar calmada.

- Tienes razón, Hyuuga, eso no volverá a suceder…- Contestó muy seguro de sí.

Hinata apartó un momento la vista del camino, mirándole con algo de… ¿desilusión? No se suponía que eso era lo que ella deseaba, que él la dejara en paz. Olvidarse de lo que había sucedido. Entonces por qué repentinamente se sentía desolada. Sin ser consciente disminuyó su paso. ¿De verdad él le había hablado en serio? Una inquietante opresión se posó en su pecho, cerrándole la garganta.

Sasuke seguía andando si dejar de ver hacia a delante, ganándole unos metros otra vez. Ella aumentó el ritmo, alcanzándolo de nuevo. Sintió la imperiosa necesidad de verlo a los ojos y saber si mentía.

- Es…es bueno que estemos de acuerdo.- Lo miró de soslayo, intentando leer su perfil, tratando de no sonar tan abatida como se sentía.

- Sí, Hyuuga, como dije no volverá a pasar. – Sasuke volteó a verla, un brillo travieso irradiaba de sus ojos. – La próxima vez serás tú quien no se pueda contener y te… "abalances" sobre mí. - Hinata volteó de súbito para verlo. El corazón se le agitó.

- ¡B-baka! Eso nunca sucederá…-Una sensación muy parecida al alivio se adentró en su cuerpo, liberándola de la opresión que acababa de sentir.

Apartar la vista de donde andaba fue totalmente imprudente. Cuando saltó de nuevo para alcanzar otra de las ramas no apoyo bien el pie en la que se desplazaba y resbaló. Sasuke giró, y en lo que a Hinata le pareció un pestañeó, llegó hasta ella sosteniéndola entre sus brazos. La depositó en el suelo, soltándola pero quedándose cerca, muy cerca.

- Nunca digas nunca, Hyuuga.- le habló con voz suave y ronca a centímetros de su cara. Hinata sintió secársele la garganta al escucharlo. Una oleada de calor, que nada tenía que ver con el clima, y que ahora ya sabía a qué se debía, la invadió de repente. La creciente agitación del deseo se apoderó de ella, sacudiéndole el corazón, despojándola del aire que había en sus pulmones. Aspiró con fuerza su inconfundible olor, ese olor que siempre recordaría. Hinata de pronto deseó acercar su nariz al cuello de chico para llenarse completamente de su varonil aroma. Sasuke tenía esa conocida mirada que la hipnotizaba posándose sobre sus opalinos ojos. El chico se acercó aún más, su cálido aliento le acarició los labios. Ella supo lo que vendría, él iba a besarla. Hinata entrecerró los ojos y levantó la barbilla. Estuvo a punto de sonreír. Anhelaba que Sasuke lo hiciera. – Ya te lo dije Hyuuga, la siguiente vez, tendrás que ser tú quien inicie las cosas. – Sasuke se dio vuelta, alejándose de ella mientras sonreía con suficiencia.

Hinata tragó saliva con dificultad. No lo había hecho, no la había besado. El calor de la vergüenza le tiñó el rostro mientras que una desconocida sensación de frustración la embargaba. Apretó los puños dejando escapar un ligero soplido de desesperación.

-¡Sueñas Uchiha! –replicó molesta, mas con ella misma que con él. La realidad es que lo deseaba y más que antes si era posible. Y él lo sabía y quería tomar ventaja de ello.

Pero no se permitiría caer de nuevo. Una cosa era haber sucumbido la noche anterior cuando no era consciente de lo que pasaba en su interior y otra muy distinta que hiciera lo que Sasuke pretendía. Además si él no lo hubiera comenzado, probablemente ella seguiría sin darse cuenta.

Pero ahora que tenía pleno conocimiento de su situación y de lo que él intentaba, estaba segura que podía resistir al efecto de tenerlo cerca. Bueno no tan segura pero lo lograría. Lograría controlar la sensación que le causaba, hasta reducirla y eliminarla por completo de su cuerpo. Tal como si fuera una enfermedad. Ella llegaría a hacerse inmune a él. Sasuke se iba a quedar con un palmo de narices si pensaba que ella se le echaría encima sólo porque lo deseaba. Él podría hacer lo que quisiera pero ella no caería. Le demostraría al arrogante Sasuke Uchiha que no era tan irresistible como se creía.

"¡Ja! De verdad que eres ingenua en creerte eso" Su Temari-conciencia aparecía otra vez.

"-¿Nani?-" Se contrarió, su plan era prefecto.

"No te trates de engañar Hina, el tipo es tan perversamente sexy, que cómo resistírsele" Ahora su Ino-conciencia también hacía acto de aparición.

"-¡Pues lo lograré!-"

"Sí, y ¿cómo lo harás? ¿Soñando que lo seduces en la regadera?" La clara ironía de Temari se reflejaba en ese comentario.

"¡Kya! Que buen sueño Hina" Soltó su Ino interna, con claro regocijo.

"-…-" Se ruborizó al recordarlo.

"Dijiste que eras una mujer adulta, actúa como tal. Deja de tener reservas con lo que sientes" Otro comentario contundente.

"-Es que…-" Nada convincente se le ocurrió.

"Así es Hina. ¡Vamos, suéltate! Si el chico te gusta esta bien, ¿ne?"

Ese pensamiento le tomó por sorpresa y tampoco pudo contestar, no encontró nada con que defenderse.

El resto del camino Hinata se había mantenido a distancia de su compañero. Pensando en lo último. ¿Sasuke le gustaba? Miró su espalda y sus cabellos negros agitándose con el aire, respiró su incomparable aroma. Los rápidos latidos de su corazón contestaron la pregunta.

Avanzaban en silencio, ninguno parecía tener la intención de hablarle al otro.

Sasuke se preguntaba que estaría pensando la Hyuuga. Su boca se torció en una mueca de fastidio. La chica de nuevo había golpeado su orgullo. "¡Que se había lanzado encima de ella!" Aunque no era del todo falso. Pero la tensión había sido demasiada y su voz acompañada por la invitación de sus brillantes ojos lo había terminado de desequilibrar. Sin embargo no se arrepentía, él nunca se arrepentía de lo que hacía.

Pero ahora ella tendría que ser quien perdiera el control. Ella misma se había sentenciado al haber dicho que no dejaría que él le pusiera una mano encima y así lo haría, aceptaría el reto. Él ganaría, porque ella aún lo deseaba, lo acababa de constatar con sus propios ojos al acercársele. Eso era todo lo que necesitaba saber. La Hyuuga caería, ninguna mujer por más que lo intentara se resistía a Sasuke Uchiha, él siempre obtenía lo que quería. Tal vez ahora si podría cumplir su fantasía de verla suplicando por él. La mueca se convirtió en sonrisa.

- Al parecer ya llegamos… - Fue el primero en romper el silencio. A unos cuantos metros se encontraba lo que parecían ser los terrenos del palacio. Descendió de los árboles al suelo firme.

- Hai – contestó su compañera, cuidando de no aterrizar muy cerca de él.

Salieron del bosque, tomando una vereda que conducía hacia el palacio. Se detuvieron al llegar a una gran puerta que daba entrada. Había dos puestos de control de cada lado, con dos personas a cargo de ellos en cada uno. Tenían que pasar por uno de los puestos antes de poder acceder a los terrenos. Una muralla rodeaba todo el lugar. Viéndolo bien a Hinata le parecía como una versión miniatura de Konoha.

- Identifíquense.- Solicitó el que parecía el más joven de los guardias, que usaba un pañuelo atado al cabello, mientras el otro, que tenía un tatuaje en una de sus mejillas, sólo se limitó a observar.

- Konichiwa, somos ninjas de Konoha- Mostró su protector frontal que llevaba colgado al cuello.- Estamos aquí para ver a Haruna-sama.- Hinata los miró y sonrió.

- Ah, los Shinobis de la Hoja.- El joven se sonrojó ante la sonrisa de la chica. Revisó con algo de nerviosismo lo que parecía una bitácora, para luego mirarlos de nuevo.- Sí, aquí están, Hyuuga Hinata y Uchiha Sasuke.- Hinata asintió cortésmente.- Pueden entrar…

- Arigato- sonrió, mientras volteaba a ver de reojo a Sasuke, quien comenzaba a caminar para entrar al lugar.

- Su compañero no mostró su placa de shinobi, ¿Cómo podemos saber si de verdad es un ninja de la Hoja?- inquirió de pronto el sujeto del tatuaje antes de que entrara.

- ¿Eso importa? – preguntó Sasuke con su acostumbrada arrogancia, dándose la vuelta para verlo de forma retadora.

- Por supuesto que no importa…- respondió una amistosa voz a su espalda. Un hombre joven se aproximaba hasta ellos. Sasuke lo reconoció, era el guardia que había preguntado por la Hyuuga en la mañana, - Está bien Ren, a partir de ahora yo me hago cargo.

- Como usted diga Ranmaru-san. – El hombre llamado Ren asintió pero le dedicó a Sasuke una mirada de inconformidad.

- Konichiwa, soy Kurohara Ranmaru, Jefe de seguridad del País Nano y guardia personal de Haruna-sama. Pero ustedes pueden llamarme Ranmaru o Ranma.- giró a ver a la kunoichi. –Es un placer conocerla al fin Hinata-Hime.- sonrió galantemente a la chica haciendo una pequeña inclinación de cabeza. Ante el gesto, un ligero rubor tiñó las mejillas de Hyuuga.- Me alegra que ya estén aquí.

- Si sus subordinados no nos hubieran detenido, ya estaríamos en presencia de Haruna-sama.- contestó Sasuke mirándolo con molestia.

- ¿Uchiha-san, cierto?- Sasuke asintió sin dejar que se notase su turbación por la pregunta. El guardia continuó. - Tendrá que disculpar a Ren, Uchiha-san pero él es muy estricto y profesional en lo que a su trabajo se refiere, eso lo hace uno de nuestros mejores elementos.- le sonrió a Ren.- Desde el incidente de hace unos cuantos años, nos hemos esforzado por mejorar la seguridad del lugar y de Haruna-sama. Creo que Hinata-hime recordara eso.- Hinata asintió

- Ranmaru-san no es necesario que me llame de esa manera, sólo con mi nombre estará bien.- pidió de manera cordial.

- Sumimase, no pretendía incomodarla, es sólo que al ser miembro de uno de los clanes más renombrados y poderosos de todo el País del Fuego, me pareció adecuado. Pero si usted lo prefiere así, entonces está bien Hinata-san.- volvió a dedicarle una espléndida sonrisa, mientras los conducía al palacio

Ranmaru era bastante más alto que Sasuke pero casi con el mismo físico. Cuerpo fibroso, atlético. Irradiaba seguridad. Tenía el cabello rojizo y lo llevaba desordenado dándole un aspecto relajantemente despreocupado (le recordó el de Kakashi-sensei). Su varonil rostro de facciones más que atractivas mostraba amabilidad. Pero lo que más llamó la atención de la chica fueron sus bonitos y profundos ojos grises. En ese momento brillaban de una manera tan especial que a Hinata le hubiera gustado identificar a que se debía.