Disclaimer: Los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer y esta trama a Completerandomness12. Yo solo traduzco con su autorización.

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Capítulo nueve

Edward

No pude contener mi emoción cuando llegamos a la entrada de mis padres. Parecía que había pasado mucho tiempo desde que había estado allí…desde que había realmente hablado con alguno. Vi a Bella mirar mi casa maravillada por una fracción de segundo antes de volver a su actitud semi-estoica. Una parte de mi se preguntaba cómo iba a lidiar con mi familia. Entonces, me di cuenta que ella iba a estar bien y le agradaría a mi familia. Quiero decir, era Bella. ¿Quién no la quería?

El primer encuentro con mis padres fue bien, llevando a mi madre a hacer que mi padre y yo salgáramos de la habitación. Seguramente era así podía interrogar a Bella. Esa mujer era tan sutil como una herida de bala. Pero por eso era que la amaba.

—Así que… —comenzó papá, dejando algunos de mis bolsos en el armario—. Bella parece buena —dijo, sentándose.

—Sí. —Sonreí—. Lo es.

—Es muy hermosa. —Sonrió, dando unas palmadas en la cama.

—Ajá. —Asentí incómodamente.

¿Hacia dónde iba con eso?

—Solo voy a ser honesto y preguntar —bufó—. ¿Se están protegiendo?

Oh, Dios. ¡No!

—¡Papá! —Salté, cubriéndome las orejas—. ¿Realmente estamos teniendo esta conversación? Tengo veintitrés años.

—Las mismas reglas y consecuencias valen —respondió—. Mira, los dos son personas atractivas… jóvenes… y hormonales. Solo no quiero…

—¡Sí! —grité, pasando mis dedos por mi cabello—. Estamos cuidándonos —respondí, escondiendo mi disgusto en mi voz.

—Solo quería asegurarme —me dijo—. Cuando te convertiste en adulto, no dejaste de ser mi hijo. —Me dio una palmada en la espalda.

—Lo entiendo. —Asentí incómodamente—. Es solo… tengo veintitrés. No es como si fuera un virgen de veintitrés años. He tenido sexo antes, papá —reí incómodamente.

Cuando perdí mi virginidad, no había sido exactamente la gran cosa. Tenía quince años y Tanya y yo estábamos estudiando. Un día volvió del baño y me saltó encima. Lo próximo que supe era que ya no era virgen. Tanya era muy…venturosa. A veces, llevado al extremo. Una vez, me ató y me puso un bolso sobre mi cabeza. Hiperventilé y casi tuve un ataque de asma. Tenía que admitir, siempre se sintió raro cuando teníamos sexo. Yo esperaba que se sintiera más… natural, quizás orgánico… y no tan forzado. Sonaba como una chica.

—Lo sé, lo sé. —Bajó mis bolsos—. Solo quería asegurarme. —Se fue.

—¿Dónde se queda Bella? —pregunté, siguiéndolo a la puerta.

—Compartirá habitación contigo —anunció papá.

—¿Eh?

En años anteriores, cuando los Cullen y los Denali se juntaban, todas las parejas debían dormir en cuartos diferentes. De hecho, la familia Denali se quedaba en un ala de la casa cada vez que se quedaban. No se quedaban mucho porque solo vivían a quince minutos de nosotros.

—Vamos, Edward. —Rió papá—. Son adultos. Creo que pueden dormir en el mismo cuarto. ¿Acaso Bella no se queda a dormir en tu departamento?

—Sí —respondí. Se había quedado una vez. Eso fue divertido. Pero entonces, estar con Bella siempre era divertido.

—Entonces, supuse que los dos debían compartir habitación —dijo—. Tu madre y yo no somos tan estrictos como te gustaría pensar —añadió—. Deberías refrescarte. La cena estará lista en unos momentos.

—Okay. —Busqué en mis bolsos algo que ponerme.

Me decidí por una camisa blanca con rayas negras y grises y unos pantalones negros. Entré a la ducha y recé para que todo esto funcione. Hasta ahora, lo estaba. Todos parecían querer a Bella. Era increíble que mis padres no me hayan tratado como un animal lastimado al borde de la muerte. Comencé a secarme cuando escuché su voz.

—Hey, tío Carlisle —escuché a Tanya decir—. Ha pasado tiempo.

Mierda. Estaba aquí. Sabía que esto pasaría. Sabía que tenía que enfrentarla. Eso no lo hacía más fácil. Sería la primera vez que la haya visto desde que me abandonó…durante mi fiesta de graduación…solo…con un anillo de compromiso en mi bolsillo.

Rayos. Eso seguía siendo duro.

Terminé de alistarme. En vez de tomar la escalera principal, tomé una ruta alternativa que me llevaba a la cocina. Miré alrededor y noté que la cena estaba casi lista. Esto significaba que todos ya casi estaban aquí. Mamá se enorgullecía de ser capaz de sincronizar la cena muy bien. Tenía que admitir, tenía un don. Miré a la mesa y sonreí. Había una fuente de frutas llena de manzanas, naranjas, y mangos. A Bella le va a encantar.

—¿Tío Eddie? —escuché preguntar a mi sobrina, Megan, confundida.

Ella era la hija de Emmett. No llegaba a verla tan seguido porque ahora vivían en California. Siempre era lindo verla. Era adorable.

—¿Megan? —pregunté, dándome la vuelta—. Hola, pequeña —grité, tomándola en brazos y haciéndole cosquillas.

—¡D-detente, tío E-Eddie! —Sacudió sus pies alrededor—. ¡Da cosquillas!

—Lo sé. —Reí, haciéndole cosquillas más fuerte por un poco más—. ¿Cómo estás? —La bajé al suelo.

—Estoy bien. —Rió, frotando su barriga—. Pensé que eras tú —comenzó—, pero entonces no porque tu cabello está diferente.

—¿No te gusta? —Hice un puchero, pinchándola.

—Me encanta. —Pasó su mano por mi cabello—. Es tan suave ahora.

—Wow, gracias…uff —pausé mientras Lexi me sacaba el aire. Le gustaba correr para abrazar—. Hola, cariño. —Besé su cabello.

—Tío Eddie. —Besó mi mejilla—. Te extrañé.

—Yo también te extrañé. —Le devolví el beso—. A las dos. —Le di un beso en la mejilla a Megan.

—¿Dónde está tu novia? —preguntó Megan, mirando alrededor—. Lexi dijo que luce como una princesa.

—Es verdad. —Asintió Lexi emocionadamente—. ¿Trajo a Snooki? —preguntó, sus ojos se iluminaron.

—Sí que lo trajo. —Le tomé las manos a las dos y las llevé a la sala dónde vi a Snooki por última vez. Seguía dormida en su lugar—. ¡Shh! —susurré—. Pueden acariciarla, pero está durmiendo. —Les di gentilmente el perro a ellas.

—Es linda —murmuró Megan mientras Lexi asentía en acuerdo.

—Seremos silenciosas…

—¡EDWARD! —chilló Emmett, envolviéndome un abrazo destructor y despertando a Snooki. De hecho, la asustó y ella salió corriendo de la habitación.

—¡Hey! —Megan entrecerró los ojos a su padre.

—¡Vuelve, Snooki! —gritó Lexi, corriendo tras el perro.

—¿Cómo estás, hermano? —Sonrió Emmett.

—Estoy bien. —Sonreí, sentándome—. La vida es buena.

—¿Cómo lo estás sobrellevando? —preguntó, sentándose—. Esa perra trajo a su nuevo novio —anuncio, poniendo los ojos en blanco.

—Otra vez… estoy bien, Emmett. —Le saqué importancia—. Ella puede hacer lo que quiera. Traje a Bella.

—Pero esta es tu casa —señaló.

—Emmett —lo calmé—. Está bien. Estás más molesto que yo.

—¿Dónde está Bella? —Vino Alice, sentándose a nuestro lado.

—Con mamá.

—Oh. —Rió Em—. ¿Está investigándola?

—Seguramente.

—Que Dios la ayude. —Rió Alice.

—Tengo hambre. —Emmett se puso de pie para dirigirse a la cocina.

—Aquí vamos. —Siguió Alice.

—Sabes cómo se pone mamá —advertí a mi hermano, tratando de detenerlo.

Mamá odiaba absolutamente cuando las personas comían algo antes de la cena. Aclamaba que arruinaba tu apetito. Cuando éramos niños, si nos atrapaba, no podíamos comer postre.

—Mamá te matará cuando te vez. —Alice sacudió su cabeza.

—Pff —sonrió Em—. No me atrapará. —Comenzó a revolver el refrigerador.

—¿Cuándo no te ha atrapado? —pregunté, sacudiendo mi cabeza.

—Te apuesto cinco dólares.

—Trato. —Estreché su mano mientras mamá entraba en la cocina.

—No hay pastel para ti —dijo mamá seriamente a Emmett mientras él daba un mordisco de pollo.

—¡Mamá!

—Paga. —Extendí mi mano, y Emmett me dio los cinco dólares.

—¿Dónde está Bella? —pregunté a mi madre.

—Se está refrescando —sonrió—. Se quejó que olía a caballo. —Sacudió su cabeza—. La cena estará lista pronto.

—Oh, Dios mío. —Alice puso los ojos en blanco—. ¿Han visto…?

—¿Edward? —escuché mi nombre e instantáneamente me sobresalté.

—Hola, Heidi —respondí—. ¿Cómo estás? —pregunté, tratando de ser cortés.

Ella era una perra.

—Bien. —Sonrió, mirándome de arriba abajo. Otra vez. Me sentí incómodo. ¿Por qué la gente hacía eso?—. Acabamos de conocer a tu Bella —suspiró—. Parece muy… interesante.

Cuando la escuché decir eso, no creí que haya sido en halago.

—Es muy linda. —Sonrió Lexi, acariciando a Snooki—. Se parece a Belle de La Bella y La Bestia. —Asintió.

—Por supuesto que sí —espetó Heidi—. ¡Tanya! —llamó—. Ven aquí, querida. Edward quiere verte.

—¿Eh? —escuché la voz de Tanya, acercándose—. ¿Qué dijis…? Oh. —Se detuvo a mirarme—. ¿Edward? —chilló, mirándome.

Ella lucía diferente. Su cabello ya no era rubio fresa, sino de un rubio platinado. Y me atrevía a decir que sus pechos lucían… más grandes. No parecía ella,

—Hey, Tanya —la saludé—. ¿Cómo estás? —pregunté.

Quería ser cordial con ella. No quería que las cosas fueran incómodas.

—Bien. —Miró a su madre y dio un paso hacia mí—. Luces… bien. —Sonrió, observándome—. Realmente… bien.

—Gracias. —Sonreí, pasando mis manos por mi cabello sin gel—. Estoy probando un nuevo look.

—Bueno… te queda bien. —Se acercó—. Muy bien. —Estiró su mano para tocar m cabello.

—¿Viste, no? —anunció Bella, inclinándose contra la puerta y deteniendo a Tanya—. Él estaba tan asustado cuando se lo cortó. —Rió, abrazándome por la cintura—. Luces tan adorable ahora. —Pasó su mano por mi cabello.

Ella tenía puesto una blusa blanca y negra. Parecía una camisa de traje. Lo combinó con unos pantalones negros y accesorios rojos. Incluso tenía una flor grande y roja en su cabello.

—Más que tierno. —Me miró Tanya.

—¿Acaso no es la verdad? —preguntó Bella, inclinándose para darme un beso.

Ahí pasaba otra vez esa chispa. Al principio, pensé que era un asunto de la estática. Ahora que estaba pasando tan frecuentemente, no sabía que sacar de la situación. Parecía que cada vez que Bella y yo nos tocábamos, había esta chispa que corría por mi cuerpo. No era una de esas corrientes feas… sino una buena. Eran del tipo que me dejaban temblando con el mejor tipo de ansiedad. Me gustaba como se sentía. A veces, sentía que solo me pasaba a mí. Otras, podía jurar que ella lo sentía también. Tenía miedo de preguntarle.

—¡Nena! —Un tipo que no había visto antes vino y abrazó a Tanya por detrás—. ¿Dónde has estado? He estado esperando.

Él era como imaginaba. Definitivamente uno de los tipos de fraternidad.

—Edward, este es Riley —me presentó—. Riley… Edward.

—Hola, amigo. —Me asintió con la barbilla. Oh Dios. Le devolví el saludo.

—¡Bella! ¡Bella! —gritó Lexi, corriendo a abrazar la pierna de Bella—. Te extrañé.

—Yo también te extrañé. —Bella se inclinó para abrazar a mi sobrina—. ¿Qué tenemos aquí? ¿Eres Megan? —preguntó Bella a mi sobrina rubia—. Edward me contó que tenía una hermosa sobrina rubia. Solo quiero asegurarme.

—Sí. —Megan se sonrojó, asintiendo—. Soy Megan.

—Bueno, hola, Megan. —Bella estiró su mano—. Soy Bella.

—Tienes razón —Megan le dijo a Lexi—. Sí se parece a Belle de La Bella y la Bestia. Es muy hermosa.

—Gracias —sonrió Bella, mirándome—. Sus hijas son adorables —le dijo a mis hermanos.

—La cena está lista —anunció mamá, aplaudiendo. De ahí era que lo heredaba Alice—. Diríjanse a la sala.

—De acuerdo —dijeron todos, llenando la habitación.

—Eddie. —Emmett se acercó a mi lado y me dio unas palmadas en la espalda—. Bella… bien. —Sonrió—. Muy bien. Estoy feliz por ti, bro.

—Gracias. —Sonreí.

—Wow —escuché reír a Rosalie en una esquina—. Tengo el presentimiento que será una cena interesante. —Sonrió, siguiendo a Emmett.

—Que Dios que nos ayude —bufó Jasper, dejando la cocina.

Una vez todos sentados, comenzamos a llenar los platos.

—Así que, Bella —comenzó mamá, pasando las papas a mi papá—. ¿Cómo se conocieron los dos? —preguntó.

—Fue un poco horrible —respondió Bella, mirándome—. Estaba ayudando a una amiga. Me pidió que audicionara para la orquesta. Así que, fui y audicioné. No me estaba sintiendo bien. Así que, salí corriendo porque solo quería ir a casa y dormir. —Se detuvo a mirarme—. Cuando abrí la puerta, escuché este horrible sonido seguido por algo cayendo al suelo.

—Ay —interrumpí, frotando mi nariz—. Eso dolió.

—Lo siento. —Sonrió, besando mi nariz—. Lo golpeé con la puerta. Su nariz estaba sangrando mucho. Estaba segura que la había quebrado. Me quedé con él y lo ayudé a limpiarse.

—Eso es tan adorable. —Sonrió Alice, preparando el plato de Lexi.

—Claro —añadió Tanya, poniendo los ojos en blanco.

Mientras revivía esa noche, me di cuenta de algo.

—Esa no fue la primera vez que nos conocimos —corregí—. Me mandaste a la mierda en la biblioteca. —Me sonrojé, haciendo que Emmett estallara en risas.

—Cuenta esta historia. Por favor —rogó.

—Estaba estudiando para un examen —comencé—. Y vi a unos tipos mirándole el trasero. No vi su rostro porque ella estaba durmiendo en el suelo, usando una pila de libros como almohada. Así que, le di mi chaqueta como manta. Ella me mandó a la mierda por molestarla y me dijo que la deje sola.

—Hey —interrumpió Bella—. Estaba durmiendo. No soy una persona mañanera —se defendió—. Me gusta más mi versión. —Hizo un puchero—. Nunca me dijiste por qué me diste tu chaqueta. Gracias por eso. Odio cuando unos pervertidos me miran. —Tembló.

—De nada —sonreí, sabiendo que era verdad.

—Bella —comenzó Alec esta vez—. ¿De dónde eres?

—Nueva York.

—¿Qué parte?

—Del lado noreste.

—Eso es bueno —comentó Heidi—. ¿A qué colegios fuiste?

—Me enseñaron en casa —anunció Bella, pasando sus manos por su cabello. Sabía que estaba pensando en lo que había pasado con su cabello y su madre haciéndola quedarse en casa. Sostuve su mano, pasando mi pulgar por sus nudillos. Quería que supiera que estaba bien.

—¿Dijiste que audicionaste para la orquesta? —preguntó otra vez Heidi—. ¿Qué instrumento?

—Violín —contestó Bella—. No he tocado en años. Estoy un poco oxidada.

—¡Oh! —Sonrió Heidi—. Tanya tocaba el violín. Todavía lo hace. Ha sido primera silla desde… siempre, realmente —dijo con orgullo mientras Tanya sonreía a Bella.

—Deberíamos tocar alguna vez. —Tanya miró a Bella a los ojos.

—Eso sería bueno. —Sonrió Bella.

—Lo sería —concordó Heidi, riendo.

—Carlisle mencionó que estabas teniendo dificultades con matemáticas —anunció Alec a la mesa—. ¿Cómo está yendo eso?

—Genial. —Asintió Bella—. Nunca seré capaz de agradecer lo suficiente a Edward por ayudarme. Estaba tan preocupada por mis otros estudios, que mi clase de Cálculo II se me fue de las manos —dijo—. Realmente odio no entender las cosas.

—¿Qué otras clases estabas tomando? —saltó papá.

—Tenía un grupo de estudio para mi clase de Psicología, un cuento para mi clase de Literatura, además estaba trabajando en editar mi película para el festival. No puedo imaginar lo explayada que estaba. —Sonrió.

Mentira. Bella era inteligente. Demasiado. La única cosa en la que puso empeño fue para Cálculo II.

—Su película fue increíble —halagué.

—Por supuesto que piensas eso. —Sacudió su cabeza.

—Ganó, ¿o no? —preguntó Alice.

—Sí. —Asintió Bella—. Pero creo que el segundo lugar se lo merecía más. —Frunció el ceño.

—Eso es señal de humildad. —Papá sonrió a Bella—. Ese es un trato que mucha gente no tiene… admitir que no se merece algo.

—Gracias. —Bella sonrió tímidamente—. Eso significa mucho.

—Wow —dijo Heidi—. Eso es algo. Puedo imaginar… trabajar mucho en eso y hacer todo lo demás. Tu promedio debió de bajar bastante.

—No. —Sacudió su cabeza Bella—. No realmente. La única clase que me preocupa es Cálculo II. Tengo "A" en todas las demás. En Cálculo, depende si tengo una "B" o "B+". Es un buen problema que tener, ¿no? —preguntó, haciendo que mis padres asintieran en aprobación.

—Genial —elogió Emmett—. Mi hermano se consiguió una belleza con cerebro.

—Yo tampoco lo hice tan mal. —Bella me dio un golpecito en el estómago.

—Su profesor quiere publicar su ensayo de Psicología —alardeé.

—Cariño, —me miró—. No alardees sobre mí. Por favor. —Me miró a los ojos.

No quería hacerla sentir incómoda. No podía evitar estar orgulloso de ella. Además, podía ver que ella no tenía a nadie que alardeara de ella.

—¿En serio? —preguntó mamá, impresionada—. ¿De qué trata?

—Es sobre la correlación entre la auto-imagen y actitudes de niños de kínder de diferentes contextos socio-económicos. Se centra en cómo cada grupo de niños trata a sus juguetes.

—¿En serio? —preguntó Alice—. Así que si un niño abriera la primera edición de Barbie vintage que seguía dentro del paquete de otro niño, ¿qué significaría?

—Bueno… —comenzó ella. Inmediatamente di un apretón a su mano bajo la mesa, señalándole que dejara de hablar. Esta no era una batalla que querría meterse. Con suerte, Tanya me interrumpió.

—¡Vamos! —gritó Tanya—. ¡Eso fue hace siglos! ¡Supéralo!

—No —dijo Alice calmadamente—. Nunca me olvidaré de tus celos descarados y indiferencia para con la propiedad de otro.

—¡Eres una perra! —comenzó Tanya.

—Uh —dijeron Lexi y Megan al mismo tiempo—. Dijiste una mala palabra.

—Te daré algo…

—Sr. y Sra. Cullen. —Sonrió Bella, deteniendo la obvia discusión—. No estoy segura si les dije, pero tienen una casa hermosa —halagó.

—Gracias. —Sonrió mamá. Ella amaba cuando la gente le halagaba la casa. Se enorgullecía de sus dones decorativos—. Decoro en mi tiempo libre.

—Bueno, tu gusto es espectacular. Deberías hacerlo profesionalmente.

—¿En serio?

—Claro. —Sonrió Bella, volviendo a comer su ensalada.

Comimos en silencio por unos minutos, hasta que Heidi rompió el silencio.

—Bella —dijo—. Debe ser emocionante… ya sabes… salir con un Cullen… con todo ese dinero —comenzó, dando un sorbo a su vino—. Quiero decir, no todos los días te encuentras en una relación con el heredero de la fortuna de Bancos Cullen —terminó, observándola. Bella le devolvió la mirada con una expresión blanca en su rostro.

Mierda. Quizás debería haber dicho algo. Honestamente, nunca salió a colación. No estaba en mi naturaleza hablar del negocio familiar cada vez que podía. Después de la Guerra Civil, el país decidió en un sistema monetario unificado. Bueno… mi tatarabuelo fue una de las muchas personas que diseñó el sistema. Al hacerlo, creó el Banco Cullen, cosa que terminó siendo la primera y más vieja cadena de bancos en el país. La última vez que chequeé, estábamos en el tercer o cuarto puesto mundial.

—Para ser honesta —comenzó Bella después de un corto silencio—. Realmente no hablamos de ello. El dinero tiene manera de volver rígidas las conversaciones. ¿No lo crees? —preguntó, volviendo a su ensalada—. Por cierto, Carlisle —sonrió—, quiero elogiarte por hacer frente a los cobros por vivienda que Clinton quiso meter en el 94. La gente les hizo pasar un infierno por eso. Pero al final, fueron el único banco que no necesito ayuda federal cuando la economía se fue al carajo —sonrió—. Así que, buena decisión.

—Gracias —le sonrió. Miró a mamá y ambos me miraron felices.

—Pareces tan inteligente. —Heidi fue por ella otra vez—. ¿Qué hacen tus padres?

—Suficiente sobre mí. Siento que monopolizo la conversación —desvió Bella—. Rosalie Hale, debo decir que tus cintas de ejercicio son…increíbles —elogió a Rose.

—Gracias. —Sonrió Rose—. Lo dirijo todo yo, desde las cintas a la comida.

—Se nota. —Bella flexionó sus brazos—. Me siento tonificada…pero no musculas.

—Noté que las mujeres nos gusta estar en forma, pero seguir manteniendo una silueta femenina —concordó Rose.

—Eres increíble. —Asintió Bella—. Mi amiga, Victoria, alaba el piso por el que caminas. Ella era un poco rellenita antes de que llegaras a su vida —contó.

—Estás predicando al coro, hermana —respondió Rose—. ¿Cómo crees que esas barras son tan buenas? —preguntó, riendo.

—No respondiste a mi pregunta —espetó Heidi.

—Lo sé —respondió Bella cortadamente—. Fue mi manera educada de negarme responder.

—Cuidado —respondió ella—. Puede que piensen que estás escondiendo algo.

—Cuidado — Bella respondió con una sonrisa—. Puede que piensen que eres pretenciosa.

El sonido de los cubiertos de repente se detuvo.

Oh, mierda.

—Bueno —jadeó Heidi, mirando alrededor de la mesa. Todos de repente estaban fascinados con sus comidas—. No creo que intentar conocer a la chica que captó la atención de Edward sea pretencioso —bromeó.

—Lo es cuando solo haces preguntas para saber si comparto el mismo nivel social que tú o no… —se detuvo Bella, comiendo una bocanada de puré—. Por eso, estás intentando de adivinar si…vale la pena prestarme real atención.

Noté que toda la mesa se había convertido en un partido de tenis.

—Por favor —bufó Heidi, pasando sus dedos por sus perlas—. Se estuvieras en estampas de comidas, no importaría —espetó—. No somos ese tipo de personas.

—Cosa que lleva a la pregunta —pausó Bella, tomando un sorbo de agua —. Si mi historia personal no importa, ¿por qué quieres saber tanto? —preguntó, limpiando su boca—. ¿Mmm? —preguntó, después de mucho silencio.

Un siseo fuerte rompió el tenso silencio.

—Shh —escuché susurrar a Tanya mientras Diva saltaba a su regazo.

El gato tenía un sweater rojo, con un collar de diamantes.

—¿Puedo traer a Snooki? —Hizo un puchero Lexi.

—No —negó mamá—. Tanya, saca a ese gato de mi mesa.

—Aw. —Hizo un puchero Tanya…al menos intentó hacerlo—. Ella solo extraña a Edward. —No, claro que no lo hacía. Ese gato me odiaba—. Incluso él le compró este collar. —Le mostró a Bella—. ¿No es hermoso, Becca?

—Ajá. Claro que si, Toyia —sonrió Tanya.

—¿Edward le compró algo a tu perra? —Irina preguntó a Bella. Me había olvidado que ella estaba aquí.

—No. —Bella sacudió su cabeza y Tanya sonrió—. No veo el punto en comprar ropa o joyas a una mascota, así que nunca quisiera que lo haga, de todas formas. Pero cada uno con lo suyo. —Volvió a comer.

—¿Qué hay de malo con eso?

—No tiene sentido —explicó Bella—. ¿Cuándo fue la última vez que viste a un gato mirarse el cuello? —preguntó. Alice sonrió. Creo que un poco de vino salió por su nariz—. Además, ¿por qué le comprarías un sweater a un animal que ya tiene abrigo de piel? —preguntó con una ceja alzada—. Es redundante y no lo entiendo.

—Saca a ese gato de mi mesa —demandó mi madre nuevamente—. El postre se servirá en el solárium —anunció, levantándose de la mesa.

—Es inteligente. —Sonrió papá mientras nos dirigíamos a buscar el postre—. La apruebo.

—¿Cómo lo estoy haciendo? —susurró Bella en mi oído.

—Genial. —Sonreí, abrazándola. Chispa. Ahí iba otra vez.

—No nos hemos conocido formalmente —le dijo Emmett a Bella—. Mi nombre es Emmett. —Le estrechó la mano—. Lo siento que todo lo hermoso me lo haya llevado yo y te quedaste atascada con él. —Me apuntó.

—Por favor. —Puso los ojos en blanco, besando mi cuello—. Tengo al hombre más sexy y caliente según mi opinión.

—Esa fue la comida más entretenido que he tenido en mucho tiempo. —Sonrió Rose, mirando sus uñas.

—Sentí que estaba en un teatro —rió Alice.

—No puedo creer a Heidi —bufó Jasper—. Básicamente, le estaba haciendo una jodida entrevista a Bella.

—Estoy bien —aseguró Bella.

—Aquí vamos, gente. —Vino mamá sosteniendo un gran pastel de pacana—. Sé que es la favorita. —Sonrió, sentándose a la mesa.

—Sí. —Emmett me hizo a un lado para conseguir una porción.

Mientras se formaba una línea, Bella se sentó en la esquina y miró alrededor.

—Bella. —Se acercó mamá—. Sé que eres altamente alérgica a las nueves, así que hice este pastel de manzana para ti. —Dejó un pastel frente a ella.

—¿En serio? —Sonrió Bella, olisqueando el pastel—. No tenías que hacer eso.

—Por supuesto que sí —dijo mamá—. Un pajarito llamado Alice me contó que te gustaría. —Guiñó un ojo.

—Gracias. —Sonrió Bella.

—¿Quieres compartir? —pregunté, sentándome a su lado.

—No puedo comerlo todo sola. —Me dio un pedazo—. Pensé que el de pecana era el favorito de todos.

—No quería que te sintieras sola. —Comí una bocanada.

—Esto está bueno —gimió Bella.

—Mi mamá es la mejor cocinera que conozco.

—Ella es muy dulce —comentó, tomando otro bocado.

—Sí, lo es. —Me detuve a observar mi familia. Era bueno estar en casa—. Bella…

—Si me agradeces una vez más… —susurró, sacudiendo su puño en modo de amenaza.

—Sra. Cullen —exclamó Riley—. Este es un pastel jodidamente delicioso. Como que… en serio… la mejor mierda que he probado.

—Uh… Gracias. —Mamá medio sonrió, medio estremeció ante su vocabulario en frente de las niñas.

—Qué idiota —murmuró Bella. Asentí en acuerdo.

Otra media hora y los Denali estaban de camino a su casa. Alec no se emborrachó así que fueron capaces de conducir. Gracias a Dios. Era casi la una de la mañana, así que decidimos ir a la cama.

—Buenas noches, tío Eddie —dijeron Lexi y Megan.

—Buenas noches. —Las abracé y besé.

—Buenas noches, Bella —dijeron, abrazándola.

—Estoy muy emocionada como para dormir. —Dio saltitos Megan.

—Mientras más rápido se duerman, más rápido puede venir Santa —susurró Bella—. Él no puede venir cuando sabe que están despiertas.

—Oh. —Se miraron entre sí—. ¡Okay! —Corrieron escaleras arriba.

—¿Puede Snooki dormir con nosotras? —preguntó Megan, tomando el perro en brazos.

—Claro —dijo ella, y las chicas fueron a su habitación, con Snooki tras ellas.

—Son absolutamente adorables. —Bella descansó su cabeza en mi hombro antes de bostezar.

—Vayamos a dormir —sugerí mientras ella me seguía a mi habitación.

—Estoy tan cansada —anunció, revolviendo entre sus bolsos—. Viajar me dejó muerta. —Bostezó nuevamente, sacando unos pijamas.

Cuando se dirigió al baño para cambiarse, aproveché para ponerme mis pijamas también. Tenía una remera azul, pantalones azules, y medias. Tomé un par de sábanas y comencé a preparar mi cama en el suelo.

—¿Esto otra vez? —preguntó Bella, saliendo de la habitación—. Edward, no voy a hacerte dormir en el suelo de tu propia casa. —Quitó las sábanas del suelo.

—Pero…

—Sin peros. —Bostezó, guardando las sábanas en el armario—. Vamos a compartir —me dijo, palmeando la cama.

Analicé lo que ella llevaba puesto. Era un top con rayas blancas y negras y un short negro. ¿Acaso tenía puesto sostén? No estaba seguro. Pero… podía ver que la habitación estaba fría.

Genial, ahora me sentía como un pervertido.

—Metete a la cama. —Se acurrucó.

—De acuerdo —accedí, metiéndome a su lado.

—No puedo creer que duermas con medias puestas —rió, chocando su dedo con mi pie cubierto.

—¿Qué hay de malo en eso?

—Es raro.

—¿Y? Mucha gente duerme con medias —me defendí, quitándome los lentes—. ¿Y si tengo frío?

—Para eso están las mantas —rió.

—Como sea. —Comencé a quitármelas.

—No. —Tomó mi mano—. No quise decirlo para que te las quites. Solo es diferente, eso es todo. Muy Edward. —Pasó sus dedos por mi cabello. Acepté feliz el asombro.

—Buenas noches, Bella. —Sacudí mi cabeza.

—Buenas noches. —Apagó la luz.

Me desperté con el sol entrando por la ventana. Miré al reloj para ver que ya eran las diez de la mañana. Vi que Bella estaba envuelta en mis brazos. Estaba asombrado de ver que de alguna manera, Bella y yo nos habíamos enredado durante la noche. Ella se acurruca contra mi pecho y mi nariz es golpeada con un olor maravilloso de fresas. Bella siempre dijo que yo olía bien. Pero nunca había encontrado alguien que oliera como ella. Su cabello estaba por todo su rostro y estaba retorciendo su nariz e intentando acomodarse. Era tan hermosa. Aparté un poco de cabello detrás de su oído. Su cabello era tan suave. Era como una almohada. Pasé mi nariz por su cabello e inhalé el aroma a fresas.

—Tienes que comprar nueces en el circo —murmuró Bella, acercándose. Le sonreí. ¿Quién hubiera sabido que Bella hablaba dormida? —. No… no… oh… déjame sola murmuró otra vez—. No, no… no… —susurró—. Edward —murmuró y sonrió antes de girar hacia el otro lado.

—¿Qué? —murmuré para mí. ¿La escuché bien? ¿Bella estaba soñando conmigo? ¿O solo estaba en su sueño?

Un suave golpe a la puerta me sacó de mis pensamientos.

—¡EDDIE! —exclamó Emmett, abriendo la puerta.

—¡JUMANJI! —gritó Bella, despertando.

—¿Qué? —Em y yo nos reímos de ella.

—Tuve un sueño que estaba por ganar Jumanji y Victoria estaba por ser lanzada al a jungla. —Sacudió su cabeza—. Fue raro.

—Mmm…okay —dijo Em, todavía sonriendo.

—¡Feliz Navidad! —Mis sobrinas entraron corriendo a mi habitación y saltaron a la cama.

—Feliz Navidad, hermosas —sonrió Bella, abrazándolas.

—Wow, Bella. —Lexi miró al pecho de Bella—. Tienes unas boobies muy grandes.

—Lo sé —concordó Megan.

Emmett, por supuesto, encontró esto muy gracioso y comenzó a reírse.

—Eh… ¿gracias? —respondió Bella incómodamente mientras se cubría el pecho.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó Rose, entrando a la habitación.

—Nada…

—Tía Rose —comenzó Lexi—. ¿O no que Bella tiene boobies grandes?

—Bueno… —comenzó Rose, apartando la mano de Bella—. Sí, es verdad —le dijo a su sobrina—. Buenos pechos, Bella.

—¿Gracias?

—Vamos —interrumpió Alice, pasando por la puerta—. El brunch* está listo.

—¡Sí! —gritó Emmett, corriendo a la cocina.

—Vamos. —Megan tiró de mi mano.

—Tú también, Bella. —Lexi tiró de la mano de Bella—. ¡Vino Santa!

—¿Sí? —preguntó Bella—. ¿Te trajo muchos regalos?

—¡Muchos!

—Muchísimos —elaboró Megan—. Ese fue un buen consejo el que diste, Bella.

—De nada —sonrió, sentándose a mi lado.

—¡Feliz Navidad! —me saludó mamá mientras entraba al comedor.

—Feliz Navidad —respondimos todos.

El desayuno pasó sin eventos. Emmett se la pasó tragando comida y las chicas pedían abrir los regalos cada cinco minutos. Como familia, los abríamos en la tarde.

—¿Vendrán los Denali? —preguntó Bella.

—No.

—Gracias a Dios —dijeron Alice y Rose al mismo tiempo.

—Pasamos la Navidad solos en familia —sonrió papá, sosteniendo la mano de mi mamá.

—¿Qué harán tus padres por las fiestas ya que tú no vas a ir? —preguntó mamá, tratando de hacer conversación.

—Están divorciados —informó Bella.

—Oh. —La sonrisa de mamá cayó.

—Está bien —dijo Bella lentamente—. No recuerdo verlos juntos. Se divorciaron cuando tenía dos.

—Bueno… —pausó mamá—. Estoy segura que te extrañan.

Bella rió un poco amargamente para ella antes de preguntar:

—¿Te molestaría pasarme la sal, Jasper? —Esto efectivamente terminó esa conversación.

En ese momento, me sentí un poco triste por Bella. Ella no parecía estar acostumbrada a mis padres todavía. ¿Qué tipo de Navidad estuviera pasando si no venía aquí? Sabía que no tenía la mejor relación con sus padres.

—Está bien —susurré en su oído—. No les dije. Lo siento.

—No te disculpes por tener una dinámica familiar normal —me dijo, comiendo un poco de huevos.

Terminamos de comer rápidamente y limpiamos la cocina antes que papá me sacara a un lado mientras terminábamos de alistarnos para el día.

—Tengo que hacer algo —anunció—. ¿Quieres venir?

—Está bien. —Tomé mi chaqueta y lo seguí a su Mercedes. Emmett y Jasper vinieron también.

—¿Vas a buscar el regalos para mamá, no? —preguntó Em, levantando una ceja.

—Cállate —ordenó, acelerando el coche—. Ordené que uno de sus regalos sea hecho a medida. Tengo que recogerlo.

—Así que, ¿estás buscando el regalo de Esme? —rió Jasper.

—Sí y no. —Papá puso los ojos en blanco.

Por mucho que ame a mi padre, él era un poco indeciso. A veces, no tenía idea de cómo conducía el negocio familiar.

—Enfrentemos lo obvio, —rió Emmett—. ¿Qué le pasaba a Heidi anoche?

—Estoy sorprendido que no le preguntara a Bella su número de seguro social. —Jasper sacudió su cabeza.

—Se emocionó un poco demasiado —admitió papá—. Pero ustedes saben que así es Heidi.

—¿Pero por qué lo dirigió hacia Bella? —pregunté—. Ella ni siquiera la conoce.

—Hijo. —Papá se detuvo en un estacionamiento—. A cada madre le gusta sentir que su hija es irremplazable. Bella es hermosa, inteligente, y muy buen educada. Creo que eso hirió un poco el ego de Heidi —terminó, caminando hacia Tiffany's.

Sonreí. Bella era todas esas cosas. ¿Por qué no tenía novio? ¿Por qué me importaba?

Seguimos a papá a la tienda. Miré alrededor para pasar el tiempo y allí estaba. Era un regalo que sería perfecto para Bella. Ya le había comprado un regalo y fue enviado a casa. Pero, sabía que ella le encantaría lo que estaba observando. No estaba seguro si lo aceptaría porque era caro. Pero, ella ya estaba haciendo mucho por mí. Tenía que conseguirle algo más. Tomé la oportunidad y lo compré. Con suerte, ella no estaría muy enojada conmigo.

—Wow. —Se acercó Jasper por detrás—. Eso es mucho diamante.

—Lo sé. —Sonreí mientras la vendedora me daba mi bolsa. ¿Por qué me miraba de forma graciosa? —Espero que le guste.

—Así de buena en la cama, ¿eh? —bromeó Emmett.

—Hey —advertí a mi hermano.

—Sin ofender. —Alzó las manos en defensa.

—Está bien. —Vino papá, sacudiendo su cabeza ante el recibo—. Vamos.

Cuando llegamos a casa, papá dejó nuestros regalos con los otros mientras las mujeres no miraban.

—¿Papá tenía que comprarle un regalo a mamá, no? —rió Alice.

—Por supuesto.

—No puedo creer que no se haya dado cuenta que mamá sabe.

—Entonces ella no tendría los grandes regalos que quería —razoné, caminando hacia el estudio.

—Ella es increíble —susurró Alice, mirando a Bella que estaba mirando Cómo el Grinch robó la Navidad con mis sobrinas—. No arruines esto.

—No lo haré —sonreí, mirando a mi amiga.

El resto del día pasó rápidamente, y estábamos todos frente al árbol de Navidad, esperando abrir regalos.

—Tengo la cámara —anunció papá, chequeando la batería—. Estamos listos ya.

—¿Quién es Santa? —preguntó Jasper.

—¿Santa? —preguntó Bella, confundida.

—La persona responsable de entregar los regalos a todos —expliqué rápidamente—. Yo lo haré —ofrecí, yendo hacia el árbol.

—Em… —Bella miró alrededor hacia todos—. Tomaré las fotos y videos y esas cosas —ofreció y papá le dio la cámara.

—Este es de… Bella a Megan —dije, dándole a mi sobrina el regalo—. Y este es para Lexi de Bella.

Sus ojos se iluminaron mientras rompían el envoltorio, haciéndolo a un lado cuando estuvo en el camino. Bella rió, grabando todo en video.

—¡Un caballete de roble! —gritó Megan.

—¡Una casa de ensueño de Barbie! —chilló Lexi.

—Son increíbles. Gracias. —Las chicas corrieron a Bella para abrazarla.

—No hay de qué.

—No tenías que comprar regalos —dijo mamá.

—Mamá, yo le dije que no debería. —Alice hizo un puchero.

—Quería hacerlo. —Bella se encogió de hombros.

—Son carísimos —admitió Rose, sonriendo a Bella—. No tenías que…

—Está bien. —La tranquilizó Bella—. Vamos. Continuemos.

Para ser una familia acomodada, no dábamos muchos regalos en Navidad. De chico, me enseñaron que Navidad no se trataba sobre eso. Usualmente solo recibíamos dos o tres regalos cada uno por año. Donábamos más a la caridad.

Mientras tirábamos todos los papeles, me di cuenta que Bella no estaba allí.

—¿Bella? —la llamé, buscando en la siguiente habitación. Noté una luz bajo la puerta de un baño y lentamente abrí la puerta. La escuché hablando por teléfono con alguien.

—Lo sé —murmuró hacia el teléfono—. Eso solo raro… ver cómo funciona una familia real. Me hace sentir más dañada de lo que ya sé que estoy. —Sacudió su cabeza. ¿Estaba sollozando? —Lo sé… lo sé. También te extraño… No te emborraches tanto. ¿De acuerdo? —rió. Estaba hablando con Victoria. Tenía que estarlo—. Adiós.

—¿Estás bien? —pregunté, sentándome a su lado.

—Sí —respondió, secándose las lágrimas rápidamente.

—Bella… —Puse los ojos en blanco, apuntando a sus lágrimas.

—Cállate. —Humedeció una toallita con agua caliente para lavar su rostro—. Tienes una familia hermosa, Edward —sonrió.

—Gracias. —Sequé algo de agua de su rostro.

—De nada. —Abrazó mi cuello y besó mi cuello.

—Bella… —La miré, nuestros rostros peligrosamente cerca.

—¿Sí? —contestó, acercándose más.

—Hey, chicos… —Rosalie entró en la habitación—. ¡Mierda! —Se cubrió los ojos—. Lo siento —se disculpó—. Mamá me envió. No han abierto sus regalos todavía —dijo rápidamente, dejándonos solos.

—Eso es incómodo. —Bella sonrió mientras dejábamos la habitación.

¿Qué acababa de pasar? ¿Qué casi pasó?

—Okay. —Mamá tomó la cámara y la apuntó a nosotros—. Bella, cariño, ¿por qué no estás en ninguna de las fotos?

—Yo… eh… parecía algo familiar. Así que, solo…

—Tonterías. —Sonrió, juntándonos a todos—. Ahora eres de la familia. —La abrazó. Puso la cámara en cronometro y posó a todos para la foto—. ¡Digan queso! —cantó, y todos la seguimos.

—Déjame ver. —Alice corrió para tomar la cámara—. Esta es una buena. —Le mostró a todos. Todos sonreíamos. Emmett había puesto orejas de conejo en mi cabeza y Megan y Lexi le habían hecho a Bella.

—Esto luce como algo que verías en el catalogo de Sears —rió papá.

—Hey. —Bella miró a mis sobrinas—. Me pusieron orejas de conejo. —Les hizo cosquillas.

—Fue g-gracioso.

—Lo haría otra vez —dijo Lexi.

Mientras Bella torturaba a mis sobrinas, fui a buscar mis regalos para ella en el árbol. Como arrancar una bandita, le di el regalo caro primero. No se enojaría mucho frente a mis padres. Eso esperaba, de todas formas.

—Aquí tienes. —Le dejé la bolsa de regalo azul en su regazo—. Te compré esto. Feliz Navidad, Bella.

—Edward. —Sonrió, abriendo la bolsa—. ¿Tiffany's? —preguntó—. No tenías que hacerlo. —Me miró a los ojos.

—Quise hacerlo —dije, repetí sus palabras de antes—. Ábrelo.

Vio el fondo de la bolsa y sacó la caja. Sonrió y rió para ella misma mientras abría la caja de madera.

—Vamos. —Miró dentro de la caja—. Edward, esto es muy caro. No puedo aceptarlo —me dijo mientras sacaba el brazalete de plata y diamantes de la caja y me lo mostraba.

—Bella. —Lo tomé de su mano—. Quiero que lo tengas. ¿Por favor? —pregunté, tratando el puchero estilo Alice—. Está hecho diamantes libre de conflictos. Lo chequeé —le dije.

—Supongo. —Puso los ojos en blanco levemente y le puse el brazalete.

—Es muy brilloso. —Megan lo observó.

—Es un buen regalo, tío Eddie. —Sonrió Lexi.

—Wow. —Asintió Alice en apreciación.

—Eso supera cualquier regalo que le hayas hecho a esa zorra —rió Rose, guardando algunas cosas en el bolso nuevo de Gucci que Emmett le había regalado.

—Rose —siseó mamá.

—No es como si fuera la única en pensarlo —respondió Rose.

—Bella. —Sonrió mamá—. Él es cómo su padre en su forma de dar regalos —regodeó mientras papá le ponía el collar carísimo alrededor de su cuello.

—Sí. —Bella rió mientras Alice tomaba una foto de Bella usando el brazalete.

—Aquí está tu otro regalo.

—¿Me das dos regalos?

—Solo ábrelo —ordené dándole la bolsa.

—Está bien. —Miró la caja en confusión y un poco de emoción—. ¡Oh, Dios mío! —Miró al regalo y comenzó a reírse incontrolablemente—. Y-y-y-yo… —pausó—, no puedo creer que me compraras esto. ¿En serio? —me preguntó, levantando el juguete.

—Creí que necesitabas algo de convencimiento —respondí despreocupadamente.

—¿En serio? —Lentamente se puso de pie y me dio mi regalo—. Ábrelo —dijo, y me di cuenta que la caja que me dio era del mismo tamaño y forma que la de su segundo regalo.

—No lo hiciste.

—Oh, sí. —Asintió su cabeza lentamente—. Lo hice.

—Sabes, —Abrí la caja— esto no va a terminar muy bien para ti —le advertí mientras sacaba mi arma.

—No te pongas muy arrogante. —Caminó a mi alrededor en círculo.

En este punto, toda mi familia nos miraba como si estuviéramos locos. Pero estaba muy concentrado en mi oponente.

—Bella —espeté, encendiendo mi Sable de Luz de Luke Skywalker Edición Especial… completo con efectos de luces y sonidos.

—Edward —regresó el sentimiento, encendiendo su Sable del Lado Oscuro de Darth Vader Edición Especial, y apareciendo el famoso brillo rojo.

—¿En serio esto está por pasar? —Alice se puso entre nosotros.

—Si es así. —Emmett se puso de pie—. Déjenme grabarlo —dijo, encendiendo la cámara.

—Cinco dólares a Bella —susurró Jasper a Rose.

—Por favor. —Rose sacudió su cabeza—. Edward lo tiene…por completo. —Estrechó la mano de Jasper.

—Vamos, Bella. —Agité el juguete. Hacía un sonido cuando lo movías. ¡Genial! ¡No te distraigas! —¿Asustada?

—¡Nunca! —gritó Bella, moviendo su espada para atacarme. La bloqueé y empujé hacia atrás.

—Y así comienza…

Quince minutos después…

—¡No corras de mí! —Bella me perseguía por la cocina con Emmett tras de ella. Nos había estado siguiendo alrededor de la casa desde que comenzó.

—Esta secuencia de acción será increíble cuando la edite —exclamó Emmett.

—Solo admítelo. —Me defendí contra otro ataque—. Has subestimado tu habilidad.

—Lo mismo para ti —respiró Bella, siguiéndome afuera—. No cambia… mierda —se detuvo, cayendo en los últimos tres escalones.

¡Mierda!

—¿Bella? —pregunté, apagando mi arma—. ¿Estás bien? —Me senté a su lado para ver sus raspones.

—Sí. —Se puso de pie—. Me raspé un poco las manos.

—Está bien —papá nos detuvo—. Eso es suficiente. Llamémosle un empate o invoquen una tregua.

Toda la familia salió a tomarnos fotos y reírse de nosotros. Miré a Bella y estaba sonrojándose. Eso raramente pasaba.

Después de eso, Bella vendó sus manos y nos preparamos a ir a la cama.

—Este fue la mejor Navidad de todas —sonrió Bella, sacando un par de pijamas.

—¡Hey, chicos! —Alice metió su cabeza por la puerta—. Yo, Jasper, Emmett, y Rose vamos a ir a la ciudad a Hype —informó—. Van a tener su anual Jingle Jam. ¿Vienen?

—¿Quieres ir? —preguntó Bella.

Realmente no me gustaba mucho salir a fiestas. Pero, si ella quería ir, iría.

—No me molesta. —Me encogí de hombros.

—No estoy lista para ir a dormir —sonrió Bella—. ¿Cuándo estamos yendo?

—En una hora —dijo contenta mi hermana, yéndose.

—¿Realmente quieres ir? —me preguntó Bella—. No tenemos que ir.

—Está bien —dije, buscando en mi bolso por algo que ponerme.

Solo me tomó diez minutos alistarme. Me puse una camiseta negra, unos jeans negros, y unas zapatillas. Bella pasó la mayoría del tiempo haciendo algo en su cabello. Después atar la parte superior, rizó el largo y este caía por sobre su pecho. Luego se puso un vestido rojo que llegaba a la mitad de su muslo, con un hombro descubierto. Se puso unos tacones dorados, unos brazaletes, y un abrigo de piel.

—Uuh —susurró Rose mientras bajábamos las escaleras—. ¿Acaso no son una pareja sexy ustedes dos?

—Eso intentamos —sonrió Bella, besando mi mejilla.

Entramos todos en el Escalade de Emmett y nos dirigimos a la ciudad.

—¿Cómo es Hype? —preguntó Bella.

—Es un club muy tranquilo y relajante —explicó Jasper—. Te gustará.

—Tienen los mejores martinis —exclamó Rose.

—Sí —sonrió Alice—. Te conseguiré uno, Bella.

—Por favor, y gracias. —Bella abrazó a mi hermana y a Rose.

Nos tomó algo de tiempo encontrar un lugar dónde estacionar. Cuando lo hicimos, caminamos hacia el frente de la línea.

—Déjennos manejar esto. —Nos apartó Alice, llevando a Bella y Rose hacia el tipo de seguridad.

—¡Aw… boo! —gritaron aquellos que estaban esperando en la fila mientras los seis de nosotros entrabamos… justo cuando dos personas comenzaron a discutir fuertemente.

—¡Púdrete! —gritó el tipo rubio a su compañera pelirroja.

—Por favor —la mujer pelirroja le sacó el dedo—. ¡Puedes chuparla… y cojerla! —Lo empujó.

—Oh… te daré algo para cojer.

—Como si lo quisiera. —La mujer apartó su cabello, sacudiendo su cabeza—. ¿Quién rayos usa mocasines en un club, de todas formas?

—¡Perra!

—¡Idiota! —gritó la chica. No podía verla. Estaba muy oscuro.

Pero sí podía ver al tipo. Era James. Qué idiota.

—¡Me debes un trago, pelotudo! —la chica le gritó.

—¿Edward? —Bella vino a buscarme. Apunté hacia la pareja que discutía. Estaban a punto de ser sacados del club por el de seguridad.

—Espera un minuto. —Bella observó de cerca—. ¿Victoria? —gritó.

La pelirroja se giró para revelar… ¿Victoria?

¿Qué rayos estaba ella haciendo aquí… con James?

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*Brunch: juego de palabras, mezcla de breakfast (desayuno) y lunch (almuerzo). Se utiliza cuando es muy tarde para desayunar y muy temprano para almorzar.