Buenos días! Tal y como os prometí, voy a seguir actualizando. Aquí tenéis este nuevo capítulo, para mi uno de los mejores hasta ahora de toda la historia. Me parece el capítulo que se necesitaba para poder igualar a los dos protagonistas y que por fin, hablaran claramente de toda su historia de amor. Espero que os encante tanto como a mí!

Antes de leer, millones de gracias por los RW, alertas y favoritos! Me animan tanto a seguir!

Leedlo con ganas y, sed felices pequeños!

Donna*

Capítulo 9 – Luz en el horizonte

Una joven caminaba hacia La Madriguera emocionada. Acababa de comprar el vestido de bodas de Ginny y también su propio vestido de dama de honor. El vestido de la pelirroja era absolutamente especial. Les había llevado horas decidirse por uno, y al final, habían obtenido el mejor de los resultados. Era blanco como el alba, de palabra de honor que acentuaba el pecho de ella. Mientras unas mangas de encaje fino lo acompañaban. El vuelo de la falda es bastante amplio, dándole un toque de princesa de cuento. Su vestido, en cambio, es de color rosa claro. Era largo, completamente de seda, haciendo caer el vestido de una manera muy elegante. Tenía un escote en uve y unos tirantes muy finos que los sujetaban. Era precioso.

Había pasado una semana muy tranquila. Estaba absolutamente en paz consigo misma, y hacía años que no conseguía aquello.

Sin un motivo aparente, el sentimiento de venganza que estaba tan incrustado en su corazón había desaparecido, o al menos menguado bastante. No sentía esa necesidad de vengarse de Draco Malfoy, pero sí la muerte de sus padres. Sin embargo, cada vez tenía más dudas de si fue realmente Draco quien los había asesinado.

En realidad, le daba igual ahora. Malfoy le había demostrado varias veces en los últimos meses que no era un mal tipo y que mantenía aquella esencia del chico del que se enamoró hace años. Por lo que se atrevía a pensar en que no fuera el asesino que ella había pensado, y que tantos documentos acreditaban. Si ningún auror había descubierto nada más, quizá era porque él no había cometido ningún crimen.

Entraron a la casa de los Weasley y se encontró con su novio, a quien le dio un suave beso.

-Mira qué vestido tan bonito – dijo enseñándole su vestido, mientras veía la mirada de aprobación que él daba.

-Estarás preciosa con él – dijo. Sin embargo, no sonreía al decirlo. Hermione suspiró, cansada.

-Ron no te tienes por qué poner así, es sólo una cena – le recriminó ella. Llevaban discutiendo por aquello varios días. Esa noche Hermione iba a cenar con Cormac McLaggen, Neville Longbottom y Parvati Patil. Los dos últimos le daban a igual a Ron, Patil porque era chica y Neville, porque era Neville y además estaba saliendo con Luna.

-No entiendo por qué yo no puedo ir, soy tu novio – dijo como en todas las discusiones. Hermione respiró varias veces, contando hasta diez. No quería que toda la familia del pelirrojo se enterara de sus asuntos privados de pareja.

-Esto lo tenemos hablado, Ron – dijo dando por finalizada la discusión, pero no iba a ser así de fácil.

-Me da igual Hermione – soltó con voz queda –no vas a ir y punto – sentenció haciendo crispar los nervios a la joven bruja.

-Ron, esto lo hemos hablado mil veces. Yo hago lo que me da la gana, no te estoy faltando al respeto en ningún momento si voy a cenar con mis amigos – le recriminó.

Ron le miró ofendido, odiaba cuando se actuaba de manera despegada hacia él.

-Últimamente tienes demasiado amigos ¿no? – preguntó hiriente. La castaña no comprendió sus palabras.

-¿Qué quieres decir?

-Malfoy – fue lo único que dijo – mucho decir que era un asesino pero le llevas a tu casa y te da igual lo que yo piense. ¿Tienes idea de lo que pudo ocurrirte Hermione? – le soltó. Fue como una bofetada para la castaña. Al día siguiente del percance con el hombre y Malfoy, se lo contó a Ron, necesitaba decírselo. Pero hasta el día de hoy no le había reprochado que él hubiera sido su salvador. En realidad era absurdo reprochar eso. Le habría agradecido en el alma a cualquiera que le hubiese salvado. ¡Se encontraba herida!

-Eres idiota, Weasley – le dijo cortante. Era ridícula aquella escenita de celos. – Malfoy me salvó, sí. ¿También tengo la culpa de eso? – Le preguntó incrédula – no seas patético Ron. Deja ya a un lado tus estúpidas inseguridades y déjame vivir en paz – le chilló fuera de sí. Estaba enfadada.

Ron en otras ocasiones se habría amedrentado y le habría pedido perdón, pero esta no era una de ellas. Cuando Draco Malfoy y los celos se unían, era imposible parar la posesividad de Ron.

-No tienes la culpa, Hermione – le contestó él, rojo de rabia – pero no le debiste llevar a tu casa, es el enemigo. Es el asesino de tus padres – dijo imitando la voz de Hermione por tantas veces que así lo había acusado. Aquello hirió a Granger.

-Ni se te ocurra volverme a imitar en un tema así – le dijo con voz pausada pero firme. Ron comprendió que se había pasado, pero estaba demasiado enfadado como para echarse atrás. Él tenía razón, pero ella no quería comprenderlo. Era demasiado cabezona.

-Si de verdad me quisieras no me harías sufrir como lo haces cuando estás con otros – le recriminó. Era una frase bastante común en Weasley cuando se enfadaba y no sabía qué decir. Miró hastiada a la pared de enfrente, conteniéndose.

-Ronald, Cormac es mi amigo – dijo con lentitud la última palabra, como si de un niño se tratase- no deberías de ponerte celoso de él, jamás tendría algo con él. Y menos estando contigo – concluyó, esperando que su novio captara el mensaje.

Sin embargo, tuvo el efecto contrario en él.

-Ahí está el asunto, que ya tuviste un lío con él. ¿Cómo crees que te mira él a ti? No seas estúpida – le insultó, perdiendo los nervios.

-Como a una amiga – gritó alzando los brazos, exasperada. – Lo que pasó entre él y yo fue hace más de cuatro años, y no fueron más de dos besos – le dijo, a sabiendas que este tema lo habían tocado cientos de veces.

-Me traicionas cada vez que estás con él, me humillas – dijo con algunas lágrimas de rabia en sus ojos. Hermione lo miró perpleja. No entendía tal reacción. – Tanto has culpado a Malfoy y lo metes en tu casa. ¿Qué cojones estabas pensando? – le recriminó enfadado, cambiando de tema.

-No quedé con Draco Malfoy – le dijo de forma lenta, intentado que lo comprendiera, él me salvó de un tipo horrible y sí, se lo agradecí muchísimo – le dijo de forma sincera, levantando la voz por la situación que estaban viviendo – se lo habría agradecido a cualquiera que me hubiera salvado. – Dijo cada vez más furiosa- Pero eso sí, si tu no hubieras estado tan cansado – dijo con mofa – no me hubiera tenido que salvar tu gran enemigo – escupió continuando con su burla.

Ron se quedó paralizado, cerró los puños con fuerza, temblando levemente de rabia.

-¿No presumes de ser tan independiente? – Le recriminó él, dolido por lo que le acababa de acusar – Haberte defendido tú sola – le dijo cada vez más enfadado.

Ginny apareció en la sala, tras haber escuchado los gritos, intentando poner paz en el ambiente, pero ninguno de los protagonistas le hacía caso.

-Claro que lo soy, eso es lo que te molesta. Pero que te quede claro Ronald Weasley, que no eres mi padre para decir con quién quedo y con quién dejo de quedar – le reprochó, con los ojos brillantes por la situación que estaban teniendo. Eran los dos estúpidos. Ambos sabían que con esas palabras sólo se harían daño, pero una vez comienzan, no podían terminar. Eran los dos muy tercos.

El pelirrojo le miró enfadado, más que en ningún momento en toda la discusión que llevaban.

-Eso es lo que te hace falta a ti para dejar de hacer tonterías, un padre – supo que con eso iba a herir lo más profundo de Hermione, pero su mente no pudo controlar a su boca y las palabras salieron como cuchillos, lanzándose al corazón de ella.

Ginny le agarró del brazo, intentando hacerlo callar, enfadada por las palabras que acababa de soltar su hermano.

Hermione le miró con ojos llorosos, le miró con fijación. Dolida. Cogió sus cosas y se desapareció de aquél lugar sin decir ninguna palabra más. Ya estaba todo dicho.

Se apareció en el Callejón Diagon, no se le había ocurrido otro sitio. Sabía que Ron iría en un rato a su casa a pedirle disculpas y lo último que quería era verle la cara. Paseó con lentitud extrema, mientras algunas lágrimas caían por sus mejillas. Era la hora de cenar, por lo que no había mucha gente en la calle y no había demasiada claridad. Lo agradeció.

Se sentía tan dolida. Jamás habría imaginado que unas palabras como esas saldrían de la boca del pelirrojo.

Le había dado en su punto débil. Él lo sabía. Había visto su sensación de triunfo cuando pronunció las palabras. No sabía muy bien cómo reaccionar. Se sentía humillada por sus palabras. Le había dado a entender que su comportamiento era por culpa de la pérdida de sus padres, como si actuara de forma errónea por tenerlos asesinados.

Era un golpe muy bajo.

Se sentó en uno de los bancos que había, y se agarró las rodillas, protegiéndose del frío, mientras las lágrimas fluían libres. Estaba avergonzada. No de ella, sino por encontrarse en una situación así. Le había acusado de tantas cosas en tan pocos momentos.

Era un celoso compulsivo, algo ridículo quizá. Era una persona muy insegura y por ello ningún hombre que no fuera él se le podía acercar a Hermione. Ni siquiera Cormac, ni mucho menos Draco.

"Eso es lo que te hace falta a ti, un padre"

Eso es lo que había dicho Ron. Qué más quisiera ella. Pero así era su vida, no podía volverlo atrás. Ni siquiera su novio, su alma gemela, le protegía en aquél tema del que era tan sensible. Entendía que cuando se enfadara se le fuera la lengua y comenzara a decir cosas sin sentido, pero aquello era inaceptable. Le estaba echando en cara no tener padres, no tener alguien que te guiara en la vida.

Suspiró. También le habían dolido aquellas burlas hacia ella. Él siempre la había apoyado en su idea de vengarse de Malfoy. Ahora, ni siquiera ella pensaba en vengarse, sólo iba a dejar pasar aquél asesinato. Sin embargo, se sentía traicionada por el pelirrojo. Por actuar de semejante manera.

Lo que más le dolía el alma, sin duda, era aquella alusión a los padres.

Les echaba tanto de menos. Tanto. Varias lágrimas se amontonaron cuando su mente trajo estos pensamientos hacia ella. Era un dolor que siempre permanecería ahí, dentro de ella. Acompañándola el resto de sus días.

Pero que Ron, su novio, se lo reprochara de manera tan cruel era algo que ella no podía soportar. Jamás se habría imaginado que él diría unas palabras tan hirientes hacia ella.

-Granger, Granger – escuchó una voz, levantó la cabeza y le buscó con la mirada, sabía quién era - ¿qué te ocurre ahora? – dijo con un deje de superioridad, típico en él. Sin embargo, su mirada demostraba verdadero interés en saber qué le ocurría.

La castaña le miró sentarse a su lado y negó con la cabeza. Se secó, como pudo, las lágrimas con las mangas de su chaqueta.

-Sé que te encantó que te salvara, pero no puedo ser tu salvador a todas horas – dijo bromeando, haciendo que ella esbozara una leve sonrisa, mirando al suelo – Y más teniendo en cuenta tu torpeza – dijo riendo.

-Gracias Malfoy – dijo con voz ronca a causa de las lágrimas – pero estoy bien – sin sonar muy segura.

-¿Bien? – Le preguntó incrédulo – Miénteme mejor – le propuso divertido. Hermione sonrió, al menos le estaba animando. Entonces, recordó algo.

-¿Qué hora es? – preguntó, había olvidado por completo la cena.

-Más tarde de las diez – respondió, preguntándole con la mirada porqué preguntaba aquello.

-Se me ha olvidado por completo que tenía una cena – dijo con simpleza, no tenía ganas de acudir a la cita después de todo lo ocurrido.

-¿Con Potter y los dos comadrejas? – Hermione recordó que le había dicho aquella noche que había cenado con ellos. Su rostro se arrugó al recordar lo que Ron le había dicho, y negó con la cabeza. Una fina lágrima bañaba su mejilla

– Era con Cormac, Neville y Parvati – respondió lo más entera que pudo.

-¿McLaggen? – preguntó incrédulo. No se le había pasado por alto los gestos que había hecho Hermione cuando nombró a Potter, y a los pelirrojos, pero decidió que era mejor hablar del tema cuando la joven se tranquilizase.

La castaña asintió.

-¿Desde cuándo os lleváis tan bien? – preguntó excesivamente curioso para su propio gusto, pero no lo pudo evitar.

-Hace un año o así. Hemos coincidido en algún acto del Ministerio, y nos llevamos muy bien – dijo con simpleza, era una amistad sencilla la que mantenía con Cormac, no entendía por qué tanta sorpresa.

-¿Tan bien como para cenar juntos? – preguntó cada vez más curioso. Sabía que aquél tipo y Hermione habían tenido un pequeño lío en Hogwarts.

-Sí, tampoco es para tanto. Es sólo un amigo – dijo con voz chillona a causa del llanto que había tenido.

-Imagino que a Weasley no le habrá hecho gracia la cena – dijo en modo de afirmación, comprendiendo qué le ocurría a la castaña. Una sensación de enfado le invadió al pensar que se encontraba así por la estúpida comadreja.

-Eso me da igual – dijo de forma segura – no quiero hablar del tema – explicó – Me voy – dijo poniéndose en pie, secándose las lágrimas lo mejor que pudo.

-¿A dónde?

Hermione entonces pensó. No sabía a dónde ir. Ron iba a ir a su casa a pedirle perdón y no quería verle. Draco notó su indecisión y no comprendió el porqué.

-¿Quieres venir a mi casa? – se ofreció. Hermione le miró espantada, como si acabara de decir la mayor tontería.

-No, claro que no, gracias – dijo con rapidez.

-¿Por qué? – Se indignó él – No tienes ningún sitio donde ir, porque está claro que a tu casa no quieres ir – dijo el rubio.

-No – contestó con voz suave, mirando al suelo.

-¿Se puede saber por qué? – cada vez más indignado por no entender nada de lo que le ocurría a aquella chica.

-Ron irá y lo último que quiero es verle – susurró. Se sentía tonta frente a él, diciéndole que no quería verle al pelirrojo.

Draco se le quedó mirando con la cara desencajada durante largos segundos. La joven no entendía qué ocurría. Le miraba con fijeza, examinándola, como si no la reconociese de repente.

-Antes no huías de nadie, Granger – dijo con un deje de decepción – nos mostrabas a todos tu carácter – dijo cortante, esperando una respuesta que le satisficiera.

Hermione se quedó callada. Tenía razón. En la época del colegio era una mujer de armas tomar, algo mandona quizá, pero siempre imponía su opinión frente a la del resto. Ya no era así. Había cambiado. Su carácter había sido amedrentado. La vida, la falta de su familia, le había hecho sentirse inferior en algunas situaciones que el resto de personas.

Malfoy la observó. No decía nada, pero notaba que su mente estaba repasando sus palabras. No debía de haber sido tan sincero.

-No tienes por qué verle si no quieres. Vayamos a cenar algo a casa, te vendrá bien. Y luego decide qué es lo que deseas hacer – dijo el rubio valorando su situación sin quererla presionar. Solo quería que ella se tranquilizara. Le jodía verla así de frágil cuando jamás había sido así.

Hermione dudó unos instantes en ir o no ir, pero lo cierto era que su mente no supo buscar otro hogar. Iría a cenar ahí y dormiría en su propia casa al terminar. Con un poco de suerte Ron se habría ido.

La joven le miró y asintió con vergüenza, agradecida a Malfoy.

Llegaron a la casa. Hermione estaba nerviosa, y Draco lo notó. Intentó hacerla relajar.

-¿Has cenado? – preguntó. Ella negó con la cabeza.

-Pero no tengo hambre, de verdad – dijo con sinceridad absoluta. Del disgusto, se le había cerrado el apetito.

-¿Un par de copas de vino? – le propuso Draco, decidido a hacerla olvidar aquél mal rato. Hermione sonrió ante aquella invitación. Adoraba el vino, sobre todo si era muy dulce.

Sacó una botella de vino, había escogido esa a propósito. Conocía el gusto de la castaña, o al menos el que tenía hasta hace dos años, por lo que sabía que ese vino le iba a encantar. Sirvió dos copas y echó el líquido dentro.

Hermione lo olió primero. Le encantaba deleitarse con aquella bebida. Dio un pequeño sorbo y miró a Draco, que la miraba divertido. Dio un sorbo largo, saboreándolo al completo.

-Está delicioso – exclamó ante la atenta mirada del rubio, quien sonrió satisfecho.

-Sabía que te iba a gustar – la joven se sonrojó. Draco rió con ganas – no sé por qué no dejas de lado la vergüenza, nos conocemos bien.

Ese comentario hizo sonrojarse más a Granger.

-No lo puedo evitar – dijo sonriendo mientras daba otro sorbo.

-A Pansy también le encanta el vino, pero es más amiga de los licores – dijo con simpleza, amenizando la conversación para tranquilidad de la joven.

- ¿Dónde está ella? – se interesó la castaña por su amiga.

-Ha ido a pasar la noche a casa de Blaise. Creo que pronto me abandonará y se ira definitivamente a vivir con él – dijo dando un sorbo al líquido color burdeos. Hermione sonrió ante lo que el rubio de contaba.

-Es un buen chico para ella – dijo mirándolo amistosamente. Relajandose poco a poco, consiguiendo un clima confortable junto a él. La tristeza que sentía hacía unas horas empezaba a disiparse.

-Al fin se fija en alguien que le convenga – comentó con sorna.

-Es normal equivocarse al principio, con el tiempo perfilas y consigues lo que es mejor para ti – dijo con una sonrisa, sin pensar exactamente lo que decía.

Draco guardo silencio durante unos instantes.

-Hay personas que aciertan desde el comienzo – insinuó.

Hermione se dio cuenta de su error y comprendió que debía solucionarlo, no se estaba refiriendo a sí misma en ningún momento.

-Claro, mira el caso de Harry y Ginny. Se casaran dentro de unas semanas – dijo ilusionada.

-Ya me he enterado de la gran noticia – dijo con ironía. No le iba a negar que no fueran de su agrado aquellos dos. – Imagino que la enana Weasley estará insoportable con los preparativos. ¿Eres su Dama de Honor? – preguntó interesado.

-Sí – dijo mirándolo a los ojos, explicándoselo con calma – Luna y yo. Y está algo nerviosa – dijo sonriente, dándole en cierta medida la razón – es bastante nerviosa en su día a día, así que imagínate cuando organiza su propia boda.

Ambos rieron. Era usual ver a Ginny gritando por los pasillos de Hogwarts por cualquier motivo.

Guardaron silencio durante varios minutos que a la pareja de magos se les hicieron eternos. Draco tenía una pregunta en la punta de la lengua hacía rato y necesitaba exponerla. Necesitaba saber la respuesta.

-¿Estás mejor? – dijo el rubio, queriendo saber más de porqué estaba así.

La joven asintió, con una sonrisa.

-¿Qué te ocurría? – Preguntó mirándola – Quiero la verdad – dijo con determinación. Hermione le miró, vio las copas de vino. Aquél hombre se estaba por tanto tan bien con ella, que no podía hacer otra cosa que contarle la verdad.

-Ron no quería que fuera a la cena con Neville, Parvati y Cormac, todo empezó ahí – explicó mirando a la mesa, le daba tanto apuro contarle sus problemas como antaño – pero me daba igual que no quisiera, es mi vida – dijo con seguridad- pero él estaba muy enfadado y me dijo cosas que no debía. – Exclamó bebiendo otro pequeño sorbo, queriendo esconderse tras la copa de la mirada del rubio, que le miraba expectante.

Hermione suspiró. Sabía cómo era Draco, había que decirle todo tal cual era, exactamente. Nada de cosas a medias.

-Le dije que no podía controlarme ni ordenarme nada – Draco sonrió para sus adentros, era una frase típica de la castaña – que no era mi padre para mandarme. Pero él me dijo que justo era eso lo que necesitaba, un padre – aquella última palabra la dijo en un susurro, como si el hecho de nombrarla le produjese un tremendo dolor. Malfoy fue consciente de ello y se acercó a ella por detrás, abrazándola por la cintura. Con lentitud. Notó como ella se relajó ante el abrazo, lo necesitaba.

-Weasley es un gilipollas – dijo con seguridad, en un tono de voz bajo.

Hermione no contestó, estaba tan a gusto abrazada a él. Se sentía lejos de la discusión con Ron, lejos de aquél miedo. Reconfortada.

-¿Cómo se atreve a decirte eso? – soltó enfadado Draco, sin apartarse de ella. Recordando una y otra vez aquellas palabras.

-Déjalo pasar Draco, estaba enfadado, no sabía lo que decía – dijo con lentitud. Notó como él se alejaba de su abrazo, mirándolo molesto.

-No lo defiendas – le recriminó – sabes que ha estado fatal lo que ha hecho, y aun así lo defiendes. Es un auténtico cobarde, que paga contigo todos sus miedos – le soltó enfadado. Se encolerizaba cuando veía que la castaña sentía más de lo debido por aquél pobretón.

-Puede que tengas razón, pero yo también vuelco en él los míos – le explicó apartando la mirada de la profunda que tenía delante suya.

-Antes superabas tus miedos – le reprochó él, disgustado con el cambio que veía en ella.

-Las cosas han cambiado, Draco – dijo algo ofendida – no puedo ser la misma que era.

-Claro que puedes. Tu Hermione antigua lucha por salir pero tus miedos se lo impiden. Y tanto que defiendes a Weasley porque te apoyas en él. Dime, ¿qué tipo de apoyo recibes si cuando se enfada arremete contra lo que más te duele? – dijo en un tono algo hiriente, haciendo brillar los ojos caramelo de ella. Al instante, se sintió mal por haberlo dicho.

Le miró dolida y pensó en ignorar aquella pregunta, pero sus ojos grises la presionaban a formular alguna respuesta.

-No es así de sencillo, le quiero mucho – y era verdad lo que decía, no mentía. Malfoy bufó ante aquella frase.

-Cuando cenamos juntos, me dijiste que no me habías olvidado – reprochó, mirándola con fijeza, escudriñando cada gesto de ella.

-Y no lo he hecho. Te dije que nunca lo haría, Draco – le respondió ella, algo confusa por sus palabras – es diferente lo que tuvimos tú y yo, a lo que tengo con Ron – se intentó explicar.

Draco se acercó a ella peligrosamente, con una rapidez extrema.

-¿A quién prefieres?

Hermione dudó en contestar o no. No sabía en realidad a quién escoger, eran tan diferentes. Ron era su amor, su alma gemela desde que se conocieron. Pero una parte de sí misma sabía la respuesta, por mucho que la espantara. Sin embargo, la respuesta no podía ser aquella. No podía permitírselo ni siquiera a su mente.

-Draco, tú mismo estás de acuerdo en cuanto he cambiado. Antes era independiente, una chica libre y algo testaruda – el joven la miraba sin pestañear – pero me sentí sola. Muy sola. Y ahí estaba Ron. – dijo a modo de explicación.

Draco se revolvió de su silla y se acercó peligrosamente a la joven, que lo miraba expectante. Había cambiado tanto su vida desde que el rubio había vuelto a aparecer.

-Sé que tienes una barrera por tu propia seguridad, como yo tenía hace años– dijo terriblemente cerca de su presa. La chica lo miraba nerviosa. No se le había pasado por alto la cercanía del joven. Lo observó mientras su boca, se abría instintivamente. Era tan apuesto. Tenía el pelo por encima de sus ojos, y sus labios rojos brillaban por la saliva que acababa de regalar su lengua sobre ellos. – Pero justo fuiste tú quien derribó ese muro – dijo en su oído, notando como el vello de la joven castaña se ponía de punta al notar su aliento chocar. Se sintió victorioso por dentro.

Hermione intentó entender las palabras que él le decía, demasiado distraída por su presencia. Notaba su pecho subir con una agitación nerviosa, excitada. Se reprendió a sí misma. ¡Tenía novio por Merlín! No debía alterarse de semejante manera por Malfoy.

Granger levantó la mirada y la enfrentó. Grave error. Cuando chocó contra ellos se dio cuenta que demasiado fácil iba a perder el control en ellos. Eran extremadamente profundos. Sus rostros, sin pretenderlo, se estaban acercando con lentitud. Draco avanzaba con lentitud tortuosa hacia los labios de la chica, que parecía que estuvieran esperándole.

El ambiente se tensó en aquella sala a medida que pasaban los segundos. Querían volver a ser uno solo, como hacía años. El rubio observaba su cuerpo acercarse al suyo, su delicioso cuerpo. La deseaba tanto que dolía. Estaban a milímetros de sus labios. Aspiró suavemente dispuesto a besarla, oliendo su perfume a flores. ¡Cuánto lo había añorado! Pero algo sucedió antes de que ese fugaz sueño se desvaneciera como el viento.

-No, Draco – dijo ella volviendo a sí misma.

Él se alejó los milímetros suficientes como para mirarla a los ojos. Tensando la mandíbula.

-¿Es por Weasley? – gruñó.

-No puedo traicionar así a Ron – dijo afirmando la cuestión. Despeinándose la melena. Nerviosa.

-¡Él te ha traicionado hablándote de esas maneras! – le reprochó alejándose el rubio.

-Estaba enfadado, Ron actúa así cuando se enfada y… - intentó excusarle, sin saber exactamente por qué.

-¿Estás enamorada de él?

Él observó como ella apartaba la mirada de él. Dudaba en qué contestar. El rubio solo quería saber esa respuesta y de ser afirmativa, no volvería a molestarla. Jamás. Esperó varios minutos que se hicieron interminables. Hasta que por fin, notó como ella se dispuso a contestarle.

-No lo sé – el rubio bufó. Vaya respuesta de mierda. No era una pregunta tan complicada, o se estaba o no – o al menos así pensaba el mago-.

-Hermione es imposible que no sepas si le amas o no – le dijo en un tono de voz elevado, enfadando a la joven.

-No es así de sencillo – le recriminó con una voz más fuerte – no puedes pretender aparecer en mi vida después de abandonarme y esperar que corra a tus brazos. – chilló algo histérica.

-No pretendo eso – respondió en una misma tonalidad – simplemente quiero sinceridad. Si no me quieres, me iré y no te molestaré más. Dejaré que seas feliz con el subnormal de Weasley.

Hermione entonces se asustó. Aquello era peor.

-No he dicho que no te quiera – susurró intentando calmarle. No podría permitirse alejarle de nuevo de sí misma.

-Pero tampoco has dicho que no estés enamorada del pobretón. – explicó hiriente.

-Quiero a Ron – declaró firme, mirándolo mientras se acercaba más a él. – No te imaginas cuánto – dijo sujetando fuerte la mano del rubio que se disponía a alejarse de ella. – Pero a ti también, y mucho. Muchísimo – declaró con la voz rota.

Draco le observó con cierta nostalgia. No podía comprender su estado de indecisión. Podía entender, aunque le jodiera en la parte más arcaica de su ser, que sintiera un cariño especial por Weasley, o por él – aquél pensamiento le revolvió el estómago – pero no se podía amar a dos personas a la vez. Era algo que el corazón no permitía. Era una persona u otra. Tan sencillo como aquello. Joder.

-No voy a estar esperando a que, por gracia mágica, sea el elegido, Granger – dijo con un tono muy serio. Se notaba que estaba dolido y Hermione se sintió mal en esos momentos. No quería hacerle sentir infravalorado, pero tampoco decantarse por uno de ellos.

-Lo entiendo – dijo en un susurro – pero no me atrevo a tomar ninguna decisión. Una u otra me matarían. – dijo sincera, derramando lágrimas.

-Weasley es Ronald Weasley, una persona, en singular – le explicó él como si de una niña se tratase – que rompas con él no significa que tengas que separarte de los amigos que tenéis en común. Por Merlín, Hermione, vuelve a ser tú – dijo indignado sabiendo perfectamente lo que le ocurría a la joven.

Hermione miró al suelo y comenzó a sollozar de forma sonora. Se odiaba a sí misma por actuar tan insegura. Hace años se habría reído al verse una futura castaña tan patética.

-No es solo por eso, le quiero de verdad. Me enamoré de Ron – dijo intentando rebatir su argumento. Era cierto que había estado enamorada del pelirrojo, pero la intrusión del rubio de nuevo en su vida había despertado los sentimientos de su adolescencia.

Draco respiró pausadamente. Le jodía mucho aquella puta afirmación. No estaba seguro de si lo que Hermione sentía por él era amor o simple cariño, y que ella le dijeses que había conseguido sentir por otro lo que sintió por él le jodía. Y mucho.

-Está bien.

Hubo un silencio en aquella sala. Lo único que se escuchaba era el lamento de Granger, que miraba al suelo ante su indecisión.

-¿Qué diablos te aporta Weasley, además de su entorno? – preguntó con verdadero interés el rubio.

Granger se tomó un tiempo para meditar la respuesta.

-Protección – dijo al fin. Draco bufó.

-Eso no significa que estés enamorada, por Merlín – dijo perdiendo los nervios por completos. Rozaba la desesperación en aquellos momentos, todo lo que había planificado junto a ella sentía que se iba a venir abajo por el subnormal del pobretón. –Dime que sientes por él tanto como sentiste por mí. Dime que él se ha convertido en tu mejor amante, en la persona que mejor te entiende, que más te apoya en todo lo que hagas. Dime que quieres envejecer junto a él, y que no dudas en decir que es él el hombre de tu vida – dijo acercándose peligrosamente a ella, que le miraba perpleja.

Se miraron durante largos instantes. Estaban cerca el uno del otro. Se escuchaba la respiración agitada del rubio a causa del enfado del momento.

Hermione se decidió a hablar, sin parpadear, mirándolo con intensidad a los ojos grises.

-No sabes todo lo que te he llegado a amar. – dijo con voz clara ante la mirada de él. Notó como su enfado menguaba al escuchar aquello – cuando empecé a salir con Ron como una pareja me enamoré de él, es verdad, - Dracó gruñó – Ron me ha apoyado en los peores momentos de mi vida, no le puedo traicionar de esta manera – el rubio hizo el amago de alejarse pero paró al escuchar la siguiente frase- pero también sé que, en el fondo de mi ser, tengo debilidad por ti – dijo mirando al suelo ante esa última frase.

Draco se acercó a ella y la abrazó con suavidad, no quería besarla. Solo darle ese apoyo, esa protección que ella tanto necesitaba en esos momentos de excesiva intimidad. Le había confiado sus mayores secretos y temores, no quería presionarla bajo ningún concepto. No obstante, su parte más egocéntrica y más insegura, necesitaba paradójicamente escuchar algo.

-¿A quién prefieres?

Se miraron, todavía sin terminar de soltarse el uno del otro. Ella sabía que él necesitaba asegurarse de que aquello no era una confesión cualquiera, sabía que Draco Malfoy estaba enamorado de ella, por lo que, aunque le daba pavor admitirlo, fue sincera.

-Ya sabes a quién – dijo cauta, principalmente por ella misma.

-Quiero que lo digas – dijo regocijándose en su propio placer de escuchar lo que tanto había deseado. Notaba que ella estaba siendo totalmente sincera.

-Te prefiero a ti – dijo con una sonrisa. Había dicho la verdad. Draco sonrió conforme. Se acercó a ella contento, pero con tranquilidad, disfrutando cada segundo a su lado.

-No quiero que vuelvas a sufrir por ese cobarde – se agachó unos centímetros para estar a la altura de ella. La joven se acercó a él y profundizó un abrazo. Sus simples palabras le reconfortaban más que cualquier otras. – No vuelvas a llorar por él o no soy consciente de mis actos – dijo con sinceridad, haciendo erizar el vello a Hermione por la emoción.

-Gracias – dijo con ternura.