—Lamento interrumpirla… sería un desperdicio que tan bello peinado se estropeara… permítame por favor… —tomó la sandalia en su mano, la cual relució en piedras por el movimiento y levantando un poco el vestido, descubrió su fino pie, que incluso se sentía un tanto frío al tacto. Lo que enseguida la ruborizó, y al mismo tiempo puso nerviosa, la cercanía de su mano masculina la espantó, por lo que apartó el pie sin pensar.

—¡No tiene que hacerlo! —se bajó lo más que pudo las frondosas telas vaporosas que la cubrían hasta ocultarse.

—Es un honor para mí… -se lo colocó y enseguida prosiguió con el otro. —Será muy entrometido de mi parte pero… alcancé a escuchar que esperaba a alguien que no apareció… —la mira de reojo.

—Sí… —se sintió un poco más en confianza. —Me citaron aquí con el príncipe de Overworld… pero tal parece que todo lo que dicen de él es verdad… —le sonrió y sin notarlo se pasó un mechón de cabello tras la oreja.

Sus palabras abrieron grandes los ojos del pelinegro. —¿Y qué es lo que se dice de su alteza?...—la mirada curiosa no pudo abandonarlo.

—Se dice que es un imbécil, altanero, engreído, egocéntrico, narcisista, idiota –se levantó con la última palabra.

—Ahhh… jaja… que pocas referencias… más bien ninguna buena… Pero la gente dice muchas cosas. –Se paró a su lado, demostrando la diferencia entre sus alturas. Ella aún con los zapatos de leve tacón puestos le rozaba la barbilla.

—No creo que se equivoquen… si tiene cuernos en la cabeza como dicen no es más que un simple cabro… —lo miró respaldando su punto.

—Sí… supongo que cuando uno nace con esos atributos es fácil que se le clasifique como tal… —bajó la mirada por un segundo, pero luego regresó su mirada a los ojos acaramelados de la princesa.

—Bueno… atento joven… es hora de regresar a ver si apareció el cabro que busco. Ahora debo retirarme –le tendió la mano. –Mi nombre es Stacia, representante de la tierra de Underworld.

El joven le tomó la mano y la besó por encima del guante. –Alistair… el cabro que busca. –le sonrió.

Los ojos de la princesa se abrieron en sorpresa masiva.

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MYTHICAL BUTTERFLY

IX

—¿Qué… Qué dice usted?... –lo miró ciertamente nerviosa y al mismo tiempo apenada por las palabras que recién había pronunciado y lo describían.

—Dije que mi nombre es Alistair, -le sonrió más divertido al ver la expresión de horror dramático que se posó en el rostro de la chica. –Representante de Overworld… es un verdadero gusto Stacia-sama –le reverenció sin soltarle la mano, hasta que al volver a levantar el rostro hacia ella, finalmente la soltó.

—Yo… yo sólo… pues verá… usted –trata de articular una oración pero las ideas no confluyen correctamente. Por lo que se molesta. —¡Usted es el que de alguna manera ha estado todo el tiempo aquí afuera cuando yo he estado esperándolo allá adentro! –le dijo finalmente, señalando a la estancia donde se observaban las personas bailando.

—Jajajaja, pero por favor… no adopte esa actitud, que de ninguna manera le hace justicia a las facciones de su rostro. –Le dijo aún tratando de superar el humor que le provocaba. Pero ella no hace más que mirarlo aún molesta. —¿Entonces ahora piensa que todo lo que se dice sobre mí es cierto? —se cruzó de brazos y levantó la ceja izquierda.

—Pues claro… la gente no habla por nada. –Movió con discreción su flequillo –Mire que dejar esperando a las personas… —lo miró fulminante. –La fiesta es adentro por si no lo había notado.

—Y usted es justo como le describieron, que razón tenían. –Apoya su peso en la pierna derecha y ladea la cabeza, mientras mete las manos en los bolsillos de su chaqueta.

—¿Discúlpeme?... —preguntó con un dejo de indignación.

—¿Tal vez debería reservarme mis comentarios para mí no le parece? –bajó la mirada divertido.

—Pues debería… -le hecho un último vistazo y se dio la vuelta, haciendo ondas con su vestido y cabello gracias al viento.

—¿Y ahora regresará a la fiesta sin acompañante? –pregunta desde atrás. El rostro de la peliroja se preocupó con su pregunta. Tenía toda la razón, sería mal vista si luego de salir, regresara sola.

—¿Acaso eso a usted le importa? –pregunta aventando la pedrada de palabras aún de espaldas a él. –Desde un principio me dejó sola… —lo mira por encima del hombro.

—A veces uno en su torpeza comete errores imperdonables… -le dijo habiendo caminado lo bastante cerca de ella como para hablarle suave, por lo que al escucharlo, ella se volteó despacio encontrándolo con el brazo doblado y tendido en su dirección. —¿Me permitiría enmendar mi ridículo acto y empezar como la cortesía lo manda?

—¿La cortesía? –lo miró tratando de controlar su propia sonrisa.

—Los buenos modos y la hermosa compañía. –Ella terminó por sonreírle y colocar su mano enguantada sobre la manga del redingote del príncipe.

—Pero debe tener en cuenta que se trata solamente de cortesía.

—Lo comprendo a la perfección —colocó su mano izquierda sobre la de ella que había tomado su brazo como guía y compañía.

—Supongo que después de ese inesperado primer encuentro… puedo ser sincera con usted y mencionarle que yo no quería estar aquí… —El camino se volvía ligeramente más largo, con cada paso que emprendían de vuelta hacia la fiesta.

—Lo sé… —respondió sin verla, dejándose guiar por aquel corredor adornado con abundantes flores de pasillo.

La respuesta, llamó la atención de la diosa, que se paró en seco y dirigió su mirada al rostro de su acompañante. —¿Por qué lo dice?

Al notar su interés, le sonrió. —Porque no es como todas las demás… obsérvelas Stacia-sama… —le susurró al oído, parados los dos, a unos pasos de la puerta de vuelta a la fiesta, las mujeres con copas en mano, bailando y riendo sin pesar. —Si deseara estar en un lugar como este, no le habría importado no contar con un acompañante, no hubiera salido a tomar aire y no se habría enfurecido conmigo por no aparecer.

Después de un par de segundos de asimilación de sus palabras, prosiguió. —Es usted… bastante observador.

—Con las cosas que me gustan sí… —respondió en un cierto tono seco.

—¿Cómo? —estaba por soltarlo, pero él no le lo permitió, presionando un poco la mano sobre la de ella que lo agarraba.

—No me mal entienda… hablo del comportamiento… Cada persona es distinta, un soberano debe aprender a relacionarse con todos… sabiendo llegarles de la mejor manera, todo es posible.

—Parece todo un diplomático experimentado… —bajó la mirada sintiéndose extraña por aquella respuesta, al sentirse analizada ante sus ojos acerados.

—Son mandamientos reales… —le respondió mirándola extrañado, que ella misma no comprendiera aquellas palabras, siendo la representante de un reino.

—Le suplicó encarecidamente disculpe mi falta de conocimiento al respecto… sabrá que la soberanía de Underworld ha experimentado problemas últimamente.

—Sí… por eso precisamente es que estamos ambos aquí, —miró en todas direcciones, localizando una mesa. —Pero no es la costumbre mantener las conversaciones importantes al pie de las puertas. Por favor siga… —la encaminó entre la multitud, que al notarlos les abrió paso, hasta llegar a la mesa, donde un sirviente se acercó diligente a atenderlos, estaba por retirar la silla de la diosa, pero el príncipe lo liberó de tal cargo, siendo él mismo quien la retrajera y acercara a la mesa para que ella se sentara. —¿Desea beber algo?

—Sí… agua por favor.

—¿Agua? —los ojos grises se abrieron grandes ante su pedido. —Por favor, sé que tal vez el ambiente no le sea grato y la compañía le desagrade, pero no puede beber agua en reuniones oficiales, es como si me aborreciera en el primer acto.

—¿Aborrecerlo? ¿Pero de qué está hablando? Esto no se trata ni de usted, ni de mí, ni de nada más que no tenga que ver con el futuro de Underworld alteza. —le respondió seria.

—Y… de Overworld… supongo. —se recortó en su silla.

—Por supuesto —sacudió el cabello levemente nerviosa al afirmar.

—¿Aceptará el vino? —la miró impávido.

—No vine aquí a beber…

Su comentario pareció molestarlo un poco, suspiró sonoramente y se llevó una mano al rostro. —Correcto. Entonces hable, la escucho. —le cedió la palabra directa y hasta bruscamente, por lo que se sintió amedrentada, pero si había llegado tan lejos y finalmente lo había encontrado, no iba a dejar que mancillara su orgullo.

—Seré directa… todo Underworld… clama por un cese a la guerra…

—¿Fin a la guerra?... —le sonrió y estiró el cuello hacia arriba, para luego guardar unos segundos de silencio. —¿Y eso… se puede saber en qué nos beneficiaría?...

El cometido de juntarlos en una zona amena, había fracasado, la mirada torturante por ser comprendida en el rostro de la diosa lo decía todo. No prestaba atención a los alrededores, más que a las palabras ajenas a sus sentimientos y brutales que salían de los labios del príncipe frente a ella.

—Nosotros podríamos ayudar a solucionar los problemas de sus cosechas… las tierras áridas de Overworld podrían volver a dar fruto si es que trabajáramos juntos…

—¿Tierra árida? —le pegó con el puño a la mesa. —¿Ahora princesa, quiere compensar las maldiciones que sus mismos gobernantes hicieron sobre mis tierras en el pasado? ¿Acaso eso no es algo por lo que deberían sentirse orgullosos? ¡Despejaron a toda mi gente de la subsistencia del campo! ¿Y ahora quiere que terminemos con la guerra para que nos regresen los campos?... Increible… —trata de relajarse y se recuesta contra el respaldo de la silla.

No estaba preparada para ser correspondida con aquellas tajantes palabras, estaba frente al gobernante que había adquirido el poder como regidor del reino vecino y enemigo… un niño que había perdido a sus padres por la culpa de su hermano y que se había visto obligado a manejarlo todo por su cuenta desde muy pequeño, él, así como ella buscaba sólo el bienestar de su pueblo, ante ella no tenía a otro más que el rey no coronado de otra nación… dispuesto a acabar con ella con tal de defender la suya. La pasión que había impregnado en sus palabras era tal, que le hizo saltar las lágrimas.

—¿Stacia—sama?... —abrió los ojos sorprendido. —Le ruego mi disculpe si mis palabras fueron violentas…

—No… —se limpió sola, las gotas que amenazaban por desbordar sus ambarinos. —Usted tiene toda la razón. Yo… no estaba segura de que me esperaría al venir aquí, pero decidí emprender camino para conocer su punto de vista, a decir verdad jamás me detuve a pensar en lo que pudiera estar ocurriendo en las demás naciones y ese también fue un error. Es verdad que Underworld se encuentra en problemas… pero no puedo esperar ser socorrida por alguien a quien en el pasado mi reino le hizo tanto daño… tal vez esta reunión fue un error. —Se levantó de la mesa, ante los ojos incrédulos del príncipe.

¿Qué habían sido esas palabras mencionadas por ella?...

—¿Piensa rendirse así de fácil? —la miró aún sentado, cual la retara a continuar tratando de convencerlo, a pesar de sus mismas duras palabras.

—¿Es así como esto debe ser? ¿Qué debo esperar? ¿Acaso por mi posición debo inclinarme ante usted para que acepte pensar mi propuesta? Se supone que vendríamos aquí a firmar un acuerdo, pero sus palabras denotaron todo lo contrario, no quiere verse débil… no quiere fallarle a su pueblo, eso lo comprendo y lo respeto, pero así como usted defiende los suyos… así yo haré lo mismo con los míos.

—¿Por qué vino usted y no ninguna de las diosas gemelas? —preguntó desviando el rumbo de la conversación.

—¿A qué se refiere?...

—Todo el mundo decía que ellas tenían el mandato sobre Underworld… porque la diosa Stacia había desaparecido… pero véase ahora aquí. He visto a Terraria un par de veces… en las reuniones internacionales… pero es la primera vez que tengo el… honor de tenerla ante mis ojos.

Todo lo que el príncipe decía la confundía, ¿acaso le molestaba que hubiera asistido ella y no su hermana?

—¿Esta conversación tiene algún rumbo? —preguntó un tanto incómoda.

—Sí usted así lo desea puede tenerlo… —La mirada plata le confería un aire de misticismo. ¿Cómo aquel joven atento que conoció afuera se había transformado en esa bestia llena de resentimiento que no le dejaba ver más allá de su coraza principal?

—¿Eso quiere decir que mantendremos las conversaciones?

—En otro momento y en otro lugar… —se levantó también, dirigido directamente a su frente, la tomó de la mano elevándola en el aire. —Fue una muy mala idea pensar en discutir tratados importantes en una fiesta, aquí se hacen otro tipo de cosas. —la haló de la mano, pasando entre las personas a sus alrededores.

—¿Es que acaso usted piensa que yo? —pregunta al verse junto a él en la pista de baile.

—¿Bailar? —levantó las cejas divertido mientras le mostraba una sonrisa. ¿Cómo? ¿Había vuelto a ser el joven alegre del principio? —Es fácil, yo… coloco mi mano aquí, la tomó por la cintura, lo que la hizo respirar profundo y cerrar los ojos. —¿Se encuentra bien?...

—Sí… es sólo que…

—Por favor… concédame ser la envidia del mundo sólo esta noche… —con aquellas palabras, de un momento a otro, la conducía por el agarre de su mano y cintura por aquel suelo ligeramente resbaladizo.

¿Qué estaban haciendo? ¿No se supone que lo importante esa noche era hablar del futuro de los mundos?... Se había dejado llevar por su algarabía de niño al divertirse que no notó lo que estaba pasando, le colocó la mano sobre el pecho, sintiendo la clavícula dibujarse bajo sus ropas. Era la primera vez que estaba tan cerca de un hombre… desde…

No pudo evitar detenerse al percatarse de los agarres entre ambos.

—¿Stacia-sama? —la mirada de acero, se posó en ella preocupada, el baile de todos alrededor seguía, por lo que se sintió descolocada y alejándose un par de pasos de él, se dio la vuelta y caminó rápido casi a trote hacia la salida.

Las personas que observaron lo ocurrido, detuvieron sus bailes, al ver al príncipe correr tras ella.

Salió hacia el lugar donde se conocieron, recibiendo en el rostro y cabellos la brisa del viento nocturno, pero no la veía por ninguna parte, hasta que caminando un tanto más lejos, la vio apoyada contra el árbol, en el que él mismo se había detenido a descansar.

Se detuvo lo bastante lejos como para no incomodarla, pero lo bastante cerca para escuchar sus sollozos.

—Por favor váyase… —pidió sin voltear a verlo, lo que lo sorprendió, había notado su presencia.

—Por favor no me pida eso… y aunque insistiera… no podría irme dejándola así…

—Pues imagínese que soy sólo Underworld… sin rostro… ¿Aún así desearía ayudarme? ¿Apoyarme? —preguntó sin mirarlo.

—Ya le había referido que aceptaba que las conversaciones siguieran… —respondió serio.

—¡Yo no necesito conversaciones! —se volteó molesta, con los ojos empapados en lágrimas, lo que le hizo abrir grandes los ojos al príncipe, para luego bajar la mirada.

—Es… todo lo que puedo ofrecerle… —apretó el puño derecho, sintiéndose terrible, pero su razonamiento se lo decía, ante todo su reino… no cedería ante Uverworld nunca… nunca…

—Ya veo… entonces será lo mismo…

—Por favor… no se ponga así… permítame ayudarla —le tendió la mano.

—Ayudarme a mí es ayudar a Underworld… —le dijo seria y pasó de largo a su lado, por lo que él cerró los párpados molesto y se volteó tras ella al verla pasar a su lado.

—¡Estoy dispuesto a considerarlo!

OVERWORLD —HORAS DESPUÉS.

—¡¿Qué tú qué?! —la voz escandalizada de su joven escolta resonó en sus aposentos. Estaban terminando de vestirlo para dormir, por lo que el rubio escuchaba de pie junto al príncipe.

—Le dije que iba a considerarlo… —agradeció a las doncellas que lo envolvieron en telas, para luego sentarse en el frondoso sofá.

—No estás hablando en serio… —preguntó asustada la rubia también presente.

—Por supuesto que no… —los miró haciendo su punto evidente. —Ella sólo confiará en mí si le doy lo que me pide… como todas las mujeres… Es débil… está sola… aunque tenga ese par de mini diosas ahí…

—¿Qué quieres decir con eso? —parpadeó sin comprender Alice.

—Que ella será mis ojos en Underworld… —le sonrió. —No tiene idea de con quien se metió… hubieras visto lo nerviosa que estaba, sólo es cuestión de hacerle creer que tiene mi confianza, en ese momento Underworld estará más débil que nunca… y por fin… tendremos carta blanca para invadirlo… —los miró serio. Las llamas de la chimenea, se reflejaban en sus iris oscurecidos por la refracción de la luz.

Continuará…

Ok… giro giro giro… Este Ali sexy malvadoso me gurrsta Xddd.

¿Ideas? ¿Comentarios? No duden en escribirlas.

Gracias a todos por leer!

Dejo saludos especiales a: Mikureader, L' Fleur Noir, Okumura Alisson, zivlerady lectoras fantasma Yui-sama y Nati-sama jajajaja.

ARIGATO MINNA-SAN!

JA NEE!

PD sin han de matar a alguien por el cambio de trama esa es Sumi-sama que juega con mi mente de tanto fangirleo fabuloso. Juajuajua.