_09_
Elena estaba la noche del viernes en el instituto viendo un partido del equipo de fútbol, los Timberwolves. Extrañamente, Stefan no estaba entre los miembros de su equipo, a pesar de haber sido anunciado como jugador titular.
La chica estaba escuchando a Caroline hablar de lo sexy que estaba su novio Tyler con el uniforme del equipo, cuando vio a lo lejos a Damon, quien le hizo señas con la cabeza para que le acompañara.
Tras disculparse con sus amigos, la joven Gilbert se dirigió hacia los aparcamientos, a donde se suponía que había ido el Cazador pero no le veía por allí.
-¿Damon? –preguntó ella mirando a su alrededor.
Antes de darse cuenta siquiera de su presencia, alguien la empujó contra la pared con fuerza. Al girarse para ver de quién se trataba, la vampira se quedó alucinado con lo que vio.
-Damon… -murmuró la chica confusa, pues este tenía la mirada perdida y sostenía en alto en su mano derecha una estaca de madera apuntando a su corazón.
Elena no sabía qué era lo que le llevaba a actuar así, pero lo que sí tenía claro era que el chico estaba muy alterado por algo. Pero, pese a su mirada amenazante, la vampira no le temía, pues sabía que él no le haría nada y así se lo hizo saber:
-Damon, sé que no vas a hacerme daño –le dijo ella con voz dulce posando una mano sobre la de este, sobre aquella que sostenía la estaca-. Por favor, baja esto y habla conmigo.
La mano del chico tembló ligeramente debido a esa lucha interna que estaba viviendo en su interior.
-Stefan ha muerto –murmuró él aún algo perdido en sus pensamientos-. Un vampiro lo mató en el bosque esta mañana.
-¿Y crees que he sido yo? –se ofendió Elena, pues creía que a estas alturas el chico sabría qué clase de persona era y que jamás haría tal cosa.
-Ya no sé qué creer, solo sé que voy a vengarle.
-Y yo voy a ayudarte a hacerlo –le prometió ella-. Ahora, por favor, baja esto.
Damon pareció dudar un momento, pero después aflojó su agarre sobre la estaca y dejó que la vampira se lo quitara de la mano. Elena, al verle tan abatido, consoló al chico con un abrazo y este se dejó, aunque no le devolvió el gesto.
-Encontraremos al vampiro que hizo esto –le susurró la joven acariciándole el cabello con cariño-. Lo prometo.
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Damon no sabía por dónde empezar a investigar sobre el asesinato de su hermano, pero por suerte tenía a Elena a su lado para ayudarle. La chica propuso que, ya que él tenía tan buena relación con la sheriff Forbes, este podía pedirle acceso a las pruebas que habían recogido de la escena del crimen, donde tal vez encontrasen alguna pista.
En esa pequeña caja de pruebas no había gran cosa, pero Damon encontró algo interesente.
-Esto nos podrá valer.
-¿Qué es? –preguntó la vampira curiosa.
-Un anillo de día. Con ayuda de una bruja, podremos dar con el paradero de ese cabrón.
-Bonnie puede hacer el hechizo de localización.
-¿Por qué iba tu amiguita Bennett a ayudarme? –se burló él ante tal absurda idea.
-Tú lo has dicho, es mi amiga. Lo hará si yo se lo pido.
-Así solo conseguirás que se enteren de esto tus otros amigos –le advirtió Damon, refiriéndose a su atípica relación-. ¿Estás segura de querer arriesgarte?
-Prometí ayudarte, ¿no? Pues voy a cumplir mi promesa.
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Bonnie recibió una llamada de su amiga Elena, quien misteriosamente la citó en el cementerio y le pidió que acudiese sola. Una vez allí, la bruja se extrañó al ver al Cazador junto a su amiga.
-¿Qué hace él aquí? –preguntó Bonnie tomando una pose defensiva.
-Tranquila, no pasa nada –trató de tranquilizarla vampira-. Yo le he traído.
-¿Por qué? ¿Te está amenazando?
-Tengo cosas mejores que hacer que obligar a gente a venir conmigo a una escalofriante reunión nocturna en el cementerio –se burló Damon en respuesta.
-Lo dice el que chantajeó a Elena para que le contase su historia…
-Chicos, ya basta –les regañó la aludida al ver que el Cazador iba a volver a protestar-. Bonnie, yo le he traído aquí porque le he prometido ayudarle a encontrar a alguien y necesito que tú hagas un hechizo de localización.
-¿Y por qué tenemos que ayudarle? –preguntó la bruja nada cómoda con esa idea.
-No tenemos por qué, pero yo quiero hacerlo y necesito que me hagas este favor.
-Está bien… -accedió Bonnie de mala gana-. ¿Tenéis algún objeto personal de esa persona?
Como respuesta, Damon le entregó el anillo que tenía guardado en el bolsillo trasero de su pantalón. La bruja, al verlo, supo enseguida que se trataba de un anillo de día, por lo que miró a Elena de forma interrogante, preguntándole si estaba segura de que era buena idea. Ante el firme asentimiento de esta, a la chica Bennett no le quedó otra que sacar un mapa de Estados Unidos y llevar a cabo el hechizo.
-Georgia –dijo ella cuando concluyó.
-¿Podrías ser un poco más específica? –pidió con tono de mofa Damon-. Georgia no es que sea un sitio muy pequeño, ¿sabes?
-Georgia, Atlanta. Es todo lo más que puedo especificar.
-Rastrear toda la ciudad me llevará días…
-Gracias por la ayuda, Bonn –le agradeció Elena a su amiga, pese a las protestas del Cazador.
Una vez se hubo ido la bruja, Damon se dirigió hacia la cripta de su familia y la vampira le siguió los pasos en silencio. El Cazador sacó de una tumba vacía una bolsa llena de estacas, pistolas con balas de madera y diversos elementos típicos de un caza vampiros.
-¿Nos vamos ya? –preguntó Elena al verle prepararlo todo.
-Me voy –matizó el chico-. Tú no vienes conmigo.
-No pensarás enfrentarte a ese vampiro tú solo, ¿verdad?
-Es exactamente lo que pienso hacer.
-Te prometí que estaría contigo en esto, ¿recuerdas? –insistió ella, no admitiendo un no por respuesta.
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El viaje en coche se produjo en silencio, aunque no fue para nada incómodo. Ambos se callaron para disfrutar de la música que había puesto Damon, música que, para sorpresa de la vampira, le encantaba. Es más, incluso había algunas canciones que eran de sus favoritas. Al parecer, Elena tenía más en común con el Cazador de lo que creía y eso la emocionaba y asustaba a partes iguales.
A los pocos kilómetros de entrar en Georgia, Damon salió del camino para aparcar frente a un local cuyo cartel a la entrada ponía "Bree's bar".
-¿Me has traído a un bar? –alucinó ella al verlo, bajando del vehículo al igual que el chico-. Damon, no soy mayor de edad, no van a dejarme entrar.
-Ya lo verás –le respondió él con una sonrisa burlona, haciéndole un gesto con la cabeza indicándole que le siguiese.
Elena, resignada, le siguió. Dentro había pocos clientes y sonaba una canción bastante agradable, por lo que el ambiente era relajado. La joven vampira vio que la camarera, una mujer de piel olivácea de unos 28 años, dejó de limpiar la barra del bar en cuanto les vio entrar.
-No puede ser… -dijo ella muy emocionada al ver al chico-. ¡Damon!
-Hola, Bree –saludó este con una sonrisa radiante.
La mujer se subió en la barra para atravesarla y fue directa a abrazarle con gran alegría.
-¿Qué te trae por aquí, pastelito? –le preguntó Bree al Cazador con voz dulce y algo coqueta.
-Estoy buscando a alguien.
Al comprender de qué se trataba por el tono de su voz, la mujer se puso seria en el acto.
-Oí lo de tu hermano –murmuró esta-. Lo siento mucho.
-Gracias.
-¿Estás rastreando a su asesino?
-Una bruja novata me mandó aquí con un hechizo localizador –le explicó Damon-. Esperaba que tú pudieses ser más concreta con su paradero.
-Será todo un placer ayudarte con eso –le dijo ella, para después continuar hablando dirigiéndose a Elena en un tono más animado-, pero ¿qué tal si os invito a unas copas primero? Debéis estar agotados de tan largo viaje.
El Cazador asintió conforme y la pareja siguió a Bree, quien volvió a su posición tras la barra, sacó unos vasos de chupitos y los cargó con una botella de Bourbon, pues sabía que era la bebida favorita de Damon.
-Por Stefan –dijo la mujer alzando el vaso.
Damon y Elena imitaron su gesto y brindaron por el fallecido. El chico se bebió su vaso en seguida y, antes de que la vampira hiciese lo propio con el suyo, él se lo quitó de las manos y se lo bebió. Elena le miró desconcertada, a lo que este alzó las cejas en su dirección a modo de broma, algo que le hizo sonreír bobamente.
-Bueno, ¿y a ti cómo te ha cazado? –le preguntó Bree a la joven al ser su mirada de enamorada.
-No me ha cazado, en realidad yo…
-Nena, sino te ha cazado, estás pillada –dijo la camarera con una sonrisa pícara-. Da igual, disfruta del viaje.
-Vale… -murmuró Elena desviando la mirada hacia el suelo algo avergonzada, para después volver a alzar la cabeza para dirigirse a la mujer-. ¿Y cómo os conocisteis?
-En la facultad.
Elena abrió mucho los ojos sorprendida y se giró para mirar a Damon.
-¿Tú en la universidad? –preguntó ella en tono divertido, incrédula al oír eso.
-No sabes la de vampiros que hay por los campus –se excusó él, dándole un trago a su vaso de chupitos que Bree acababa de recargarle.
-Hará unos siete años –continuó contando la camarera-, yo estaba terminando mis estudios en Ocultismo cuando apareció este hermoso hombre y me enamoré. Entonces él me contó su pequeño secreto. Y me enamoré aún más, porque sabes, ya también tenía un pequeño secreto que deseaba compartir con alguien.
-Es bruja –le susurró Damon a la chica Gilbert al oído como si se tratase de un secreto-. Me ayuda de vez en cuando a localizar vampiros.
-Cambiaste mi mundo, ¿sabes? –le dijo Bree al Cazador con una sonrisa en los labios.
-Arrasé tu mundo.
Bree se quedó un buen rato mirando a la pareja atentamente, observando la complicidad que existía entre ellos.
-Para Damon las obligaciones siempre han ido antes que las chicas –dijo muy a su pesar la mujer, para después dirigirse hacia la joven Gilbert-. Qué suerte la tuya que eso haya cambiado.
Y, tras decir esto, Bree tomó un último chupito antes de irse a atender a otro cliente a la otra punta de la barra, sin saber que este comentario suyo provocó un silencio algo incómodo entre Damon y Elena.
-¿Te apetece comer algo? –le preguntó poco después el Cazador a la vampira para desviar el rumbo de sus pensamientos-. Te recomiendo las hamburguesas, están de muerte.
Antes de que esta pudiese responder, sonó el móvil de Elena y vio que se trataba de su tía Jenna.
-Claro, ve pidiendo tú –le dijo la chica-. En seguida vuelvo.
La vampira salió del bar y, una vez fuera, aceptó la llamada entrante.
-Hola, Jenna. Siento mucho no haberte llamado.
-¿Dónde estás? –preguntó esta preocupada.
-Estaba muy cansada anoche –mintió Elena de forma muy poco convincente-, me quedé a dormir en casa de Bonnie y quería llegar pronto a clase.
-¿Estás bien?
-Sí, es solo que… Me preocupa que por culpa de la muerte de ese chico, Stefan, el Consejo comience una caza de vampiros.
-No permitiremos que eso ocurra –le prometió su tía con firmeza.
-Claro que no. Bueno, Jenna… Tengo que colgar ya.
-De acuerdo, hablaremos luego en casa.
Nada más colgar, Elena suspiró aliviada al no haber sido descubierta en su mentira. Sin más tiempo que perder, regresó al interior del local con Damon.
-¿Todo bien? –le preguntó él preocupado al ver su cara apenada.
-Detesto tener que mentir a Jenna.
-¿Y por qué lo has hecho, entonces?
-No quiero que se preocupe.
-¿Porque estás a solas conmigo y soy peligroso para ti? –dedujo Damon el motivo por el que su tía tendría por qué preocuparse.
-Porque estamos a la caza del vampiro que mató a tu hermano –le corrigió la joven, dejándole claro que no le consideraba un peligro a él.
Damon gruñó disgustado con ese comentario y le acercó el plato de hamburguesa con patatas fritas que tenía sobre la barra.
-Las penas se van comiendo.
-¿Tú crees? –le preguntó ella retándole, a lo que él respondió encogiéndose de hombre y desviando su mirada hacia su propio plato de comida.
Ella cogió su hamburguesa con las manos y, estaba a punto de darle un bocado, cuando cayó en la cuenta de algo, por lo que volvió a dejarla en el plato y quitó el pan de arriba para apartar un ingrediente.
-Vamos, ¿no te gustan los pepinillos? –se quejó Damon quitándole de la mano los pepinillos que esta acababa de quitar de su hamburguesa-. ¿Qué pasa contigo?
El chico se comió los pequeños trazos de pepinillo bajo la atenta mirada de la vampira, quien le sonrió agradecida por ahorrarle comérselos.
-¿Cuándo vamos a salir a buscar al vampiro? –le preguntó Elena en un susurro por si alguien les escuchaba.
-Bree está haciendo un hechizo de localización, tardará un rato.
La bruja amiga de Damon no regresó hasta poco después de que estos hubiesen terminado el almuerza y, para pesar de ambos, no traía buenas noticias consigo.
-Algo me está bloqueando –les informó Bree-. Ese vampiro debe de tener alguien ocultándole, porque no me deja dar con él.
-¿Qué hacemos entonces? –le preguntó Elena al Cazador.
-Habrá que encontrarle a la antigua usanza, hablando con desconocidos en un bar –indicó él abriendo los brazos para señalar a su alrededor.
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Horas después en el bar, Damon y Elena estaban sentados en sus asientos junto a la barra rodeados de varias personas que acababan de conocer.
-¿Listos? ¡Ya! –dijo Bree, a lo que todos bebieron chupitos a la vez.
Elena dio un saltito de alegría al terminar la primera.
-¡Y van tres! –celebró ella, para después burlarse de Damon haciendo pucheritos al verle toser ligeramente-. ¿Quieres biberón?
-No puedo desencajarme la mandíbula como una serpiente para beber alcohol –se defendió él.
-Ah… Sí, claro, vale. ¿Quién se apunta a otra ronda? –preguntó la vampira a los demás.
-Nena, deberías estar en el suelo –le dijo una rubia arrastrando las palabras por culpa del alcohol.
-Pero no estoy borracha, ¡mi tolerancia al alcohol está como aquí arriba! –celebró Elena alzando una mano y dando saltitos.
Damon se quedó embobado mirándola, pues se la veía muy feliz y eso era raro en ella.
A pesar de que el chico se lo estaba pasando muy bien con Elena, tenían un objetivo pendiente aquella noche, por lo que le hizo a esta señas con la cabeza indicándole que debían dividirse y hablar con la gente del bar para ver qué sabían estos del tipo que estaban buscando. Damon se quedó cerca de la barra hablando con unas chicas algo bebidas, mientras que Elena se fue hacia las mesas de billar con unos chicos.
La vampira no dudó en retar a sus acompañantes a una partida de billar. Uno de ellos aceptó de inmediato, pues quería aprovechar eso como excusa para ligar con ella.
Desde la otra punta del local, Damon vio cómo el chico no paraba de hacer bromas intentando hacer sonreír a Elena y cada vez se arrimaba más a esta. El Cazador, celoso al ver que ella no hacía nada para apartarlo y solo le daba más juego, fue donde ellos y se colocó detrás de Elena cuando a esta le tocaba tirar.
-Déjame que te enseñe un truco –le susurró él al oído, haciéndole sentir un dulce cosquilleo que recorrió todo su cuerpo.
Damon se echó hacia delante, pegando su cuerpo al de Elena y posó sus manos sobre las de esta. Ante esta proximidad, lejos de sentirse incómodos, ambos se sintieron realmente bien.
-Tienes que realizar un movimiento suave –susurró Damon contra el oído de la vampira al mismo tiempo que acariciaba las manos de esta con delicadeza-. Y, solo cuando tengas claro hacia dónde quieres tirar, golpeas la bola.
Mientras le explicaba esto, el chico iba realizando los movimientos tomando el control del cuerpo de Elena cual marioneta, algo con lo que ella estaba totalmente encantada aunque jamás lo admitiría.
Al realizar finalmente el esperado golpe a la bola blanca, numerosas bolas se colaron por los agujeros más cercanos a estas, algo que hizo que Elena ganase la partida de inmediato. Esta dio un grito de alegría y, entre saltitos, se giró para abrazar a Damon, quien torpemente le devolvió el abrazo.
El tipo que estaba jugando con Elena se largó al ver que no tenía ninguna oportunidad con esta. Por su parte, a ninguno de los dos le importó su marcha, es más, ni se dieron cuenta de que se había ido.
-Quería preguntarte algo –le dijo la chica a Damon con timidez-, ¿Bree y tú…?
-No –respondió él de inmediato al comprender el rumbo de sus pensamientos-. No hubo nada entre nosotros.
-Pero Bree dice que se enamoró de ti.
-No fue algo mutuo. Quiero decir, es una mujer increíble, pero yo nunca pensé en ella de aquella forma.
-Ajá… -asintió Elena aliviada al oír eso.
-¿Por qué lo preguntas? –le dijo el chico con voz traviesa-. ¿Estás celosa?
-¿Por qué iba a estarlo?
-No lo sé, tal vez porque te gusto…
-Ni en tus sueños, Salvatore –fingió ella repulsión ante esa idea.
-Vamos, pero si soy irresistible –bromeó él divertido por su reacción.
-Eres un engreído, ¿lo sabías?
-Engreído es mi segundo nombre.
Ambos se echaron a reír y, al percatarse al fin que el compañero de billar de Elena se había ido, comenzaron una partida uno contra uno, olvidándose de su "misión" de espionaje.
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Elena estaba junto a la mesa de billar practicando unos tiros que le había enseñado Damon, mientras esperaba a que este regresase del baño. Estaba a punto de golpear la bola con el taco cuando su móvil sonó y, tambaleándose un poco, fue hacia su chaqueta para sacarlo de su bolsillo.
-Elena.
-¡Jenna! –saludó ella demasiado contenta a causa del alcohol-. Espera, no te oigo bien.
La vampira se puso su chaqueta de cuero y se dirigió hacia fuera del local porque allí dentro había mucho ruido.
-Elena, ¿dónde estás? –le preguntó su tía preocupada-. ¿Estás bien?
-Sí, estoy bien. Todo va bien.
-Me han llamado del instituto, me han dicho que no has ido a clase.
-No, Jenna… -murmuró Elena justo en el momento en el que tropezaba con un escalón y se caía al suelo-. Ah… Qué golpe más tonto…
Ella se levantó y pensó en coger su móvil pero, cuando iba a agacharse, alguien apareció de repente tras ella, le tapó la boca con una mano y se la llevó a la fuerza.
Mientras tanto, Damon regresó del baño y se sentó en la barra del bar para hablar con su amiga.
-¿Cómo es que estás saliendo con una vampira? –le preguntó curiosa Bree, para luego continuar al ver la cara de asombro del Cazador-. Oh, vamos, sé reconocer un vampiro novato cuando lo veo y a tu chica no se le da muy bien disimular su condición.
Damon fingió que no había oído su comentario sobre su chica, pero Bree no estaba dispuesta a dejarlo a un lado y quiso obtener respuestas:
-Así que, dime, ¿desde cuándo sales con Elena?
-No salgo con ella.
-Pero te gusta.
La falta de respuesta de Damon le dio a la bruja la confirmación a sus palabras.
-Así que –continuó hablando la mujer-, ¿ya has aprendido a controlar tus instintos de Cazador?
-Qué más quisiera… -gruñó él disgustado consigo mismo.
-Si no es así, ¿cómo puedes estar con Elena?
-Es complicado.
Bree asintió comprensiva y dejó el tema al ver que era algo que afectaba mucho a su amigo.
-Eh, ¿y tú chica? –preguntó la mujer extrañada al no ver a Elena por allí.
-Estaba aquí ahora mismo –murmuró él mirando a su alrededor buscándola.
Damon, preocupado, salió del bar y se encontró que en el suelo estaba el móvil de la chica.
En medio de la noche, el Cazador se dirigió hacia lo que parecía ser una obra de construcción y halló a Elena atada con cuerdas a un póster de luz.
-¡Damon, no! –le gritó esta justo en el momento en que un tipo aparecía de la nada y golpeaba al Cazador en las piernas con una barra de metal y le hacía caer al suelo.
El vampiro golpeó al chico sin piedad numerosas veces, mientras que Elena forcejeaba con sus ataduras para liberarse e ir a ayudarle.
-¿¡Qué coño haces!? –le exigió saber Damon a su atacante, algo que le hizo parar de golpearle.
Elena logró soltarse y fue corriendo hacia ellos, pero, al saltar sobre el vampiro, este, al ser mayor que ella, la empujó fuertemente contra unas vallas.
Lee, que así era como se llamaba el vampiro, cogió un bidón de gasolina que tenía al lado y comenzó a esparcir el líquido sobre el cuerpo de Damon.
-¡No! –gritó con voz desgarrada Elena al ver sus intenciones.
El vampiro le mostró los colmillos a la joven a modo de amenaza antes de volver a prestar toda su atención en Damon.
-¿Quién eres tú? –le preguntó el Cazador al tipo.
-Perfecto, no tienes ni idea –gruñó este enojado.
-¿De qué estás hablando? –le preguntó esta vez Elena al vampiro-. ¿Qué te ha hecho?
-Ha matado a mi novia –le dijo este, para después girarse hacia Damon con odio-. Se llamaba Lexi, ¿te acuerdas de ella?
Damon se quedó en shock por un momento al caer en la cuenta de algo. Lexi era una vampira que él había matado días atrás durante su pequeña escapada de cacería.
-Tú mataste a Stefan –comprendió él.
El vampiro, ignorando sus palabras, retomó lo que estaba haciendo antes y continuó arrojando gasolina sobre Damon.
-¿Qué te había hecho ella? ¿Eh? ¿¡Qué te había hecho!?
-Nada –murmuró el Cazador en respuesta-. Al igual que mi hermano tampoco te hizo nada a ti.
-Mataste a mi novia Lexi, quería que tú también sintieras el dolor de perder a alguien que amas. Aunque, de haber sabido que tenías novia -dijo esto último girándose para mirar a Elena-, habría ido a por ella en su lugar.
Damon, cabreado al ver que amenazaba a Elena y aprovechando que el vampiro le había dado la espalda, le dio una fuerte patada a este en la espinilla y le hizo tambalearse lo suficiente como para tener tiempo para ponerse en pie y golpearle con fuerza en la cara. En otra circunstancia, el Cazador habría hecho uso de sus armas al momento, pero estas estaban en el coche y la estaca que siempre solía llevar oculta en su cazadora se cayó al suelo lejos de él cuando Lee le tiró la primera vez.
El vampiro reaccionó rápidamente y le devolvió el golpe, esta vez en el estómago. Por su parte, Elena, viendo que Damon estaba en desventaja porque su contrincante era más fuerte que él, recogió del suelo la barra de metal y golpeó a Lee lo más fuerte que pudo en la cabeza, derribándolo.
Sin tiempo que perder, Elena se movió a velocidad vampírica hacia la estaca de Damon y se la lanzó al chico, quien la cogió con destreza en el aire y, de inmediato, se la clavó en el pecho al aturdido vampiro.
Acto seguido, Damon cayó de rodillas al suelo doliéndose del brazo al notar su tatuaje crecer. Pocos segundos después, tras pasarse el dolor, el chico no pudo evitar echarse a llorar desconsoladamente por su hermano. Con mucho cuidado, temiendo una reacción violenta por su parte, Elena le imitó la posición y le abrazó como pudo.
Damon, que se dejó arropar por sus brazos por un rato, se separó ligeramente de ella y esta temió que la rehuiría, pero se sorprendió sobremanera cuando el chico posó una mano en su rostro y estampó sus labios sobre los de Elena con fiereza, con rabia contenida. La joven le correspondió sin dudarlo y, cuando el chico pareció haberse calmado, este rompió el beso con delicadeza.
-Es hora de volver a Mystic Falls –dijo él como si no hubiese pasado nada, algo a lo que Elena solo pudo responder asintiendo con la cabeza debido a su confusión.
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De regreso a casa en coche, reinó el silencio por largo tiempo, pues ninguno sabía qué decir al estar ambos pensando en el beso que habían compartido, beso que ninguno de los dos sabía qué significaba ni cómo afectaría a su atípica relación.
-Gracias –le dijo él a Elena cuando ya estaban a medio camino hacia Mystic Falls-. Por ir conmigo a vengar a mi hermano. No ha estado mal este viajecito –añadió con voz burlona-, al parecer no eres la peor compañía del mundo.
Elena rió divertida por su comentario y este le correspondió con una sonrisa sincera.
-Antes era más divertida.
-Lo has hecho bien –le aseguró él.
-Te he salvado la vida –dijo ella haciéndose la interesante.
-Lo sé.
-Que no se te olvide.
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Elena regresó bien tarde a casa procurando no hacer ruido, cuando la luz del salón se encendió y vio a Jenna de pie junto al umbral de la puerta cruzada de brazos.
-No has ido hoy a clase –dijo la mujer con una voz muy seria-. ¿Dónde has estado todo el día?
-Cumpliendo una promesa.
Como su tía no pararía de preguntar hasta conocer toda la historia, Elena se sentó con ella en el sofá y le habló de lo ocurrido con Damon. Sabiendo que Jenna no la juzgaría por su extraña relación con el Cazador, Elena no se dejó ningún detalle sin contar.
-Deberías tener cuidado con ese chico –le advirtió su tía de forma protectora-. No termino de fiarme de él.
-Eso es porque no lo conoces.
-¿Y tú sí?
-Damon me ha contado muchas cosas, confío en él.
-Te gusta –se dio cuenta Jenna al ver cómo defendía al chico.
-Puede –reconoció a medias la joven-. Y si es así, ¿qué tiene de malo?
-A parte del hecho de que está "programado" para matarte…
-No me hará daño –le dijo Elena muy segura de ello-. Ha tenido muchas oportunidades para hacerlo, pero no lo ha hecho.
-No se me da bien hacer de poli malo y tampoco quiero hacerlo. Si ese chico te gusta de verdad, no seré yo quien te impida estar con él. Solo te pido que tengas cuidado.
-Gracias, Jenna –agradeció su sobrina dándole un abrazo-. Eres la mejor.
-¿Y cómo besa don complicaciones? –preguntó la mujer con una sonrisa pícara al romper al abrazo.
-¡Jenna! –la regañó la joven Gilbert, uniéndose después a la risa de esta.
