Dedicatoria: este capítulo se lo dedico a todas las chicas de la QuedadaHarryPotterBCN, por ser simplemente geniales (y por leer mi historia, claro XDD). ¡Tengo ganas de veros de nuevo, chicas! Y recordad: SiriusSiriusSiriusSiriuuus!

9. Evanesco

Había pasado una semana desde que Narcisa echara a Bellatrix de su casa. La mortífaga se había puesto en contacto varias veces con ella y con Regulus, recordándoles la promesa que ambos le habían hecho. A veces les suplicaba que no se retractaran, otras veces los chantajeaba o empezaba a gritarles que no se les ocurriera echarse atrás; mas Narcisa y Regulus sabían que no iban a hacerlo. El chico no tenía otra opción, y la joven Malfoy carecía de la voluntad necesaria para dejar a su hermana en la estacada.

Durante toda la semana Narcisa se había preguntado qué efectos tendría la poción sobre Bellatrix; puesto que estaba claro que se trataba de magia oscura, la chica rubia suponía que habría consecuencias, aunque ya se las imaginaba y de hecho, ya las estaba sufriendo: en una semana, Cissy había notado que los tres Black estaban irritables y asustados. Ella misma se encontraba mal, como si viviera rodeada de dementores. Un poco mareada, incluso. Aterrada. Angustiada.

Culpable.

No quería que llegase el viernes, y a medida que se acercaba el fatídico día Narcisa se sentía peor. Además, el periodo no aparecía.

Lucius notaba que ella no estaba bien, y al principio había intentado mostrarse confidente y receptivo con ella. De hecho, se interesó tan sinceramente que Narcisa tuvo la breve tentación de contárselo, pero le había prometido a Bella que no diría nada a nadie; además, no estaba muy segura de poder confiar en su marido, pese a que éste se había portado muy bien con todo el asunto de Regulus.

Así que Narcisa fingió ser feliz una vez más, y Lucius fingió creérselo porque realmente deseaba que fuese así. Siguieron acostándose juntos prácticamente cada noche, pese a que casi no se veían durante el día, como si haciendo el amor pudiesen ser sinceros el uno con el otro.

Después de varias excusas de Narcisa, Lucius dejó de preguntarle porque se iba a dormir a casa de Bellatrix.

-Ya sabes, querido- decía Narcisa-. Será como cuando éramos pequeñas.

-¿Dormíais juntas cuando erais pequeñas?

-Alguna vez.

-Bueno. Me alegra que hayáis arreglado las cosas.

-¿Qué cosas? No había nada que arreglar.

-Ah. Últimamente os he notado más distantes.

Narcisa se encogía de hombros y la conversación se disolvía en el aire. Lucius no insistía más.

Entretanto, Regulus no había cumplido su promesa, y Narcisa lo sabia. Nott

y el seguían viéndose, aunque con menos frecuencia y más secretismo. Pero Regulus no tenía fuerza de voluntad, no podía renunciar a lo único que lo hacía feliz. Y aunque nunca lo reconociese, Narcisa sentía un poco de envidia. Pese a que fuese algo arriesgado, inmoral y destinado a un triste fracaso, la joven Malfoy no le pasaba desapercibido el brillo en la mirada de su primo, su sonrisa apenas imposible de ocultar. Al menos, el tenía algo por lo que sonreír.

En el transcurso de aquella semana, Narcisa descubrió que a sus diecinueve años, no encontraba muchas razones para estar contenta: Bellatrix y Regulus volcaban todas sus preocupaciones en ella, Lucius era un marido cada vez mas difícil de intentar amar, y Meda no daba señales de vida después de años. A veces, Narcisa pensaba que había fracasado en todo: hija, hermana, esposa, y por ultimo, madre.

Podía ser que estuviese embarazada.

Era una opción perfectamente plausible.

A esas alturas de su vida y de su matrimonio, podía ser mamá en aquellos momentos. Narcisa se preguntaba muchas veces porque no notaba ningún signo de vida en su interior, si es que había alguno, y durante aquellos días encontró una respuesta lógica: no quería un hijo. No quería ser madre antes de los veinte años, no quería que sus niños tuviesen un padre que solo se interesase por ellos si eran varones. No quería que su primogénito viniese a un mundo donde la muerte, los secretos y los engaños eran el pan de cada día.

Además, la idea de ser infértil la asustaba. No quería ir a un médico, aunque eso supusiera dejar su posible embarazo sin ningún tipo de cuidado adicional. Narcisa era plenamente consciente de que una vez supiera que estaba en estado, toda precaución sería poca, teniendo en cuenta el historial de embarazos malogrados de la familia Black. Pero estaba demasiado asustada como para averiguar la verdad, aun con los riesgos para su hijo que aquello implicase.

...

El numero 12 de Grimmauld Place era un lugar cada vez más oscuro desde la huida de su primogénito, pero Narcisa pensaba que de noche, la fachada era aún más decadente si cupiera.

A las diez del viernes, ella ya se había despedido de su marido y había enviado todo lo necesario para pasar aquella noche a casa de su hermana. Después, se había aparecido en la puerta de Regulus, que Kreacher había abierto servicialmente.

-Tengo que ver a Regulus- dijo Narcisa. El elfo le hizo una reverencia y la invito a entrar en la tétrica morada.

-Por supuesto, señora Malfoy- dijo Kreacher-. El amo Regulus esta en la biblioteca, señora Malfoy.

-Conozco el camino- le espetó Narcisa. Subió las escaleras hasta el primer piso, donde siguió por el estrecho corredor hasta la puerta de la biblioteca. Escucho voces en el interior, y frunció el ceño. Se suponía que Reg iba a estar solo. Llamo a la puerta y las voces cesaron.

-¿Kreacher?- dijo Regulus.

-Soy Narcisa- dijo la mujer abriendo la puerta en el instante en el que Black se levantaba de su butaca.

-¿Ya es la hora?- dijo Regulus, consultando el reloj de pared-. Discúlpame, Cissy, se nos ha pasado el tiempo volando.

Theodore Nott sonrió desde otro sillón. Estaba sentado en actitud relajada, el pelo rizado de color castaño recogido en una coleta, la piel de la cara blanca y pecosa, los ojos verdes en expresión amable.

-Buenas noches, Narcisa- dijo cordialmente. Ella observó la escena que transcurría: fuego en la chimenea, dos copas de hidromiel, libros, una sencilla conversación superficial, tranquilidad, risas. Sonrió, un poco recelosa, como si esperase encontrar algo prohibido y secreto en algún momento; pero en lugar de ello, de repente se sintió una intrusa, como si hubiese invadido una escena intima.

-Hola, Theodore- dijo Narcisa.

Nott se levantó de su asiento y avanzó para besarle la mano.

-Estás preciosa, si me permites.

Ella aceptó el cumplido con naturalidad.

-Muchas gracias.

-Lo pasamos muy bien en tu casa durante las navidades- la halagó Theodore-. Me consta que todo el mundo quedó impresionado. Una casa espectacular, y una dueña radiante.

Regulus sonreía sutilmente, sin apartar la vista de Nott en ningún momento.

-Será mejor que te vayas, Theo- dijo con suavidad-. No queremos que Lucius se ponga celoso.

El otro hombre le rió la gracia en un tono de voz cálido, como una caricia. Cogió un libro de la mesa y se lo puso bajo el brazo. Miro a Narcisa, como excusándose.

-Estábamos haciendo deberes- dijo, señalando vagamente el libro. La superioridad de la sangre pura.

-Ah, si- dijo ella, reconociendo el odioso tomo-. Mi marido también lo esta leyendo.

-Un poco denso, si me permites- se atrevió Nott-. Regulus tiene que explicarme algunas partes porque sinceramente, a veces me duermo. Literalmente. Tienes un primo muy inteligente.

Regulus lo miró con condescendencia, como si quisiera regañarle. Pese a que probablemente no había dormido en toda la noche, como Narcisa, y su cara era pálida y ojerosa, había algo en la expresión del joven Black que lo delataba todo. Hasta un ciego podría verlo: la proximidad excesiva entre ambos hombres, el contacto magnético de sus miradas, el silencio demasiado cómodo, la complicidad intima de la mano de Regulus en la espalda de su amante.

-Os dejo, entonces- dijo Nott, visiblemente apenado-. ¿Puedo preguntar a que se debe tu visita, Narcisa?- dijo con franca curiosidad.

Ella escudriñó su expresión y comprobó que estaba siendo sincero, que Regulus no le había contado nada pese a que seguramente lo estaba deseando. La mujer sonrió con encanto.

-Vamos a ir a ver a mi hermana- comentó, alegre.

Regulus también sonrió, pero aunque Nott se había creído la expresión falsa de Narcisa, no le pasó por alto la mueca fingida del joven Black, lo miró fijamente, abandonando su expresión cortés y risueña.

-Cuídate- le dijo con sencillez.

Regulus asintió.

-Narcisa me vigilará- dijo, sonriente-. ¿Verdad, prima?

La señora Malfoy concluyó que quien no viera que esos dos eran amantes, es que estaba ciego. Y probablemente sordo.

-Claro- dijo la mujer cálidamente.

Nott asintió, recuperando la compostura.

-Estupendo- bromeó-. Me quedo más tranquilo, entonces.

Regulus se dirigió a la puerta.

-Te acompaño a la salida- dijo. Nott le siguió, despidiéndose de Narcisa y dejándola sola en la biblioteca, aún más preocupada por su primo que antes. Nunca lo había visto a solas con Theodore, y entonces comprendió los rumores. ¿Qué era lo que lo hacia todo tan evidente? Narcisa supuso que Regulus estaba enamorado, por muy imposible que pareciese, y seguramente por eso les era tan difícil de ocultar.

Cuando Regulus volvió, se encontró a su prima en la butaca donde Nott se había sentado.

-¿Realmente estabais leyendo?- pregunto Narcisa, aún sin creérselo del todo.

-Si- dijo Regulus secamente-. No solo deshonramos nuestros respectivos apellidos con prácticas antinaturales y depravadas, ¿sabes?, también leemos y charlamos- le espetó-. Y ahora coge tu capa de viaje. Nos vamos.

...

Narcisa nunca se había preguntado dónde vivía Snape; pero ahora que en medio de la noche se aparecieron delante de la fábrica aparentemente abandonada, no necesitó preguntar nada.

-Reg- empezó-. No...

-Tenemos que entrar- dijo él. No parecía demasiado feliz por tener que hacer aquello-. Vamos- la cogió del brazo sin miramientos y la empujó sendero abajo hasta que llegaron a la puerta. Llamó.

-Quizá no esté- aventuró Narcisa.

-Por nuestro bien, espero que sí- respondió su primo.

Al rato, la puerta larga y oscura se entreabrió y apareció Snape, con su habitual túnica negra. No se fijó en Narcisa, ni siquiera la miró. Interrogó con la mirada a Regulus, y éste asintió gravemente.

-Pasad- dijo Snape-. Narcisa, quizá te gustaría esperar en el salón mientras hablo con Regulus- de dijo el hombre, en un tono paternal que molestó a la mujer.

-Te lo agradezco, Severus, pero vendré con vosotros- contestó ella tajantemente.

Snape levantó una ceja, como si no esperase ser contradicho por ella.

-¿Bellatrix quiere que ella esté delante?- dijo Snape, como si no pudiera creérselo.

Regulus hacía un gran esfuerzo por frenar la lengua.

-Sí- contestó fríamente. No parecía gustarle que alguien de tan poca categoría como Snape cuestionase las decisiones de Bellatrix-. ¿Tienes la poción, o no a tienes?

Severus compuso una sonrisa torcida, como si se hubiese acordado de un chiste gracioso.

-Esperad aquí. Perdonad que no os ofrezca nada de beber, pero creo que cuanto antes se beba la poción Bellatrix, antes se recuperará.

Narcisa miró al joven de pelo negro, intentando disimular su ansiedad.

-¿Qué le pasará a mi hermana?

-Se pondrá enferma- dijo Snape-. Fiebre, sudores, sueño inquieto si consigue dormirse. Después, estará cansada y débil.

-Su marido regresa mañana- dijo Narcisa-. ¿Crees que estará bien para entonces?

-No- contestó Snape llanamente-. Pero espero que lo disimule- el hombre parecía cansado. Pese a que era joven, tenía aquella expresión en los ojos negros de quien se ha visto obligado a crecer demasiado rápido-. Aguardad- dijo lacónicamente-. enseguida vuelvo.

Narcisa asintió y se mantuvo en silencio hasta que Snape regresó al cabo de unos minutos. Regulus tampoco dijo nada, absorto en sus pensamientos, la mirada gris perdida en algún lugar mejor. Su mano se apoyaba en el hombro de Narcisa con firmeza, como si quisiera impedirle que lo abandonara en ese lugar. Snape regresó y le tendió una ampolla a la mujer. Era muy pequeña, llena de un líquido rojo sangre.

-Asegúrate de que se la beba toda- dijo Severus-. Y que no la vomite. Tiene un sabor muy fuerte. O eso me han dicho. Pero no quiero que tengáis que volver a por más.

-Gracias- dijo Narcisa.

Snape asintió.

-Espero que funcione- se limitó a responder.

...

-Sírvemela- dijo Bellatrix. Estaba sentada en la cama de su dormitorio, vestida con un largo camisón y una bata de satén. Narcisa la miró, temerosa.

-No, Bella- dijo la rubia-. No te la serviré. Tendrás que tomártela tú.

Regulus, que se apoyaba en la puerta de brazos cruzados, rodó los ojos.

-Lo que me faltaba- refunfuñó-. Como empecéis a pelearos os juro que me voy, chicas. ¿Alguien podría hacer el favor de empezar esto?

Bellatrix le arrebató la botella a Narcisa y la sirvió en una copa de plata que había preparado para la ocasión.

-Estás tan metida en el barro como el que más, Cissy- le dijo a su hermana-. No pretendas apartar tu túnica. Ya es tarde para eso.

-¿Acaso me has dado otra opción?- le espetó la rubia.

Bellatrix chasqueó la lengua.

-No eres tú quien debe beberse esta asquerosidad. Huele a azufre- dijo, olisqueando el contenido de la copa-. Y seguro que sabe peor.

-Tú tampoco tienes que hacerlo si no quieres- empezó la rubia suavemente-. Aún estás a tiempo, Bella- intentó acercarse a su hermana mayor, pero ésta se apartó de ella, alzó la copa en un brindis burlón hacia los Black, y se bebió la poción en dos largos tragos.

-¡Qué asco!- gimió, llevándose una mano al cuello. Dejó la copa con brusquedad en el tocador y trató de aguantar las violentas arcadas que las sacudían.

Regulus miró a Narcisa, alarmado.

-¡Que no la vomite!- gritó-. ¡Haz algo!

Pero Bellatrix consiguió tomar el control de su cuerpo.

-Estoy bien- dijo. Su tez había adquirido un color ligeramente verdoso, pero por lo demás parecía entera-. Será mejor que intentemos dormir un poco. Me da que el efecto no será inmediato.

Regulus asintió.

-Vosotras meteros en la cama. Yo me sentaré en el sillón.

Las dos mujeres obedecieron. Lo único que podían hacer ahora era esperar.

...

No ocurrió nada relevante hasta bien entrada la madrugada, a eso de las cinco. Regulus dormitaba en el sillón, y Narcisa se esforzaba por mantener los ojos abiertos, estirada con su hermana en la cama de los Lestrange. Se sentía muy incómoda en el sitio donde Rodolphus dormía y sabiendo lo que estaba ocurriendo en el vientre de Bellatrix, quien se había sumido en un sueño inquieto. Al principio Narcisa se preocupó, pues su hermana sudaba, se movía y murmuraba palabras inteligibles; pero pasado un tiempo, dejaron de intentar solucionarlo. Pensaron que quizás fuese como despertar a un sonámbulo: las consecuencias podían ser imprevisibles.

Pero hacia las cinco, la respiración de Bellatrix se aceleró más, y Regulus despertó sobresaltado. Miró a Narcisa, quitándosele el sueño de golpe.

-¿Cuánto rato lleva así?

-Muy poco- respondió ella-. Reg, creo que esta ocurriendo... algo- dijo, indecisa. Regulus miro a su prima mayor, quien se removía entre las sabanas.

-Sal, Cissy- dijo el hombre. Se levanto del sillón y se acerco a la cama, examinando a Bellatrix con cautela-. Esta ocurriendo.

Narcisa no podía moverse. Solo era capaz de mirar a Bellatrix, la frente perlada de sudor, el rictus de dolor, la mandíbula apretada con fuerza, las manos crispadas agarrándose a las sábanas blancas.

Regulus insistió, tirando de ella con brusquedad.

-Sal de aquí, Cissy. No tienes porqué verlo.

Bellatrix se despertó al fin, justo cuando Regulus empujaba a Narcisa hacia la puerta. La mortífaga extendió los brazos hacia su hermana, como una niña pequeña que se ha despertado de una pesadilla y busca a su madre. La mujer rubia se zafó de Regulus y se apresuró de vuelta a la cama, abrazando a su hermana con fuerza.

Había un rastro inconfundible de pánico en los ojos negros de Bellatrix. Se agarró a su hermana durante todo el proceso, que no fue rápido, ni indoloro, ni limpio. Se hizo eterno, a trompicones, ensangrentado y borroso. La sobrina de Narcisa se moría lentamente. Parecía que el cuerpo de Bellatrix se resistía a dejarla marchar, pero al final la poción hizo su efecto y las sábanas se empaparon de sangre. Bellatrix exhaló un largo suspiro y se dejó caer en los almohadones. Soltó la mano de Narcisa, y Regulus, que había apartado la cara inconscientemente y tenia los puños cerrados, miró a su prima mayor.

-Ya está- dijo el hombre secamente, sin compasión alguna. Bellatrix le devolvió la mirada.

-Dame mi varita, Regulus- susurró.

El hombre se la tendió con indecisión, y cuando Bellatrix levantó las sabanas, Regulus se dirigió a Narcisa.

-No mires, Cissy.

La mujer rubia no necesitó oírlo dos veces: asintió y se cubrió los ojos. Escuchó a su hermana murmurar Evanesco, y cuando los volvió a abrir, la cama estaba limpia como si nada hubiese ocurrido. Y así sería a partir de ahora: Bellatrix jamás se quedaría embarazada, y Narcisa nunca tendría sobrinos.

-Ahora si que ya esta- dijo la mortífaga lacónicamente.

Regulus asintió. Tenía la cara pálida, ligeramente verde. Se esforzaba por contener una expresión de asco.

-¿Qué necesitas?- le preguntó sin tapujos.

-Nada- dijo la otra-. Puedes volverte a casa.

El hombre chasqueó la lengua, fastidiado por ser tratado como un vulgar elfo doméstico.

-Vamos, Cissy. La señora no necesita nuestros servicios- dijo tendiéndole la mano a su prima menor.

Narcisa dudó. Miró a Bella, quien lucía delgada, pálida como una chiquilla débil y enfermiza.

-Puedo quedarme si quieres- le dijo.

La hermana mayor la miró y le sonrió, llena de confianza.

-Estoy bien, Cissy. Ahora sólo necesito dormir.

-De acuerdo. Te dejamos descansar, entonces.

Narcisa y Regulus abandonaron la habitación, cerrando la puerta detrás de ellos con suavidad.

Las primeras luces del alba asomaban por las ventanas. Todo estaba tranquilo y apacible, ajeno a la desgracia que tan calladamente había acontecido en el dormitorio de los Lestrange.

Regulus respiraba entrecortadamente. Parecía querer vomitar, y Narcisa se sorprendió guiándole hacia el baño mas próximo y sujetándole el cabello negro mientras el hombre, sacudido por violentas náuseas, devolvía todo el contenido de su estómago.

-Tranquilo, Reg- le susurró Narcisa, asombrándose de su propia serenidad-. Relájate.- lo ayudó a incorporarse y a echarse agua fría en la cara. El hombre se enjuagó la boca y trató de dominar los nervios.

-Narcisa- murmuró-. Hay cosas que tú no sabes.

-¿Qué?

-Tengo una... una sospecha.

-¿Una sospecha?¿Y de qué se trata, si puede saberse?

Regulus se miró al espejo, torturado.

-Creo que la niña no es de Rodolphus- susurró.

-¿Qué? ¿Es esto alguna clase de broma? Porque te advierto que no tiene gracia. No tiene ninguna gracia.

-No he hablado más en serio en toda mi vida.

-Madre mía- gimió Narcisa-. Esto es... no puede ser.

-Creo firmemente que esa niña era del Señor Tenebroso- dijo el hombre, temeroso de su propio atrevimiento.

Narcisa se separó de él y lo miró con los ojos como platos.

-¿Qué! ¡No! ¡No, Regulus, Bellatrix nunca engañaría a Rolph!

-Claro, porque el matrimonio de los Lestrange es sólido, basado en la confianza y el respeto mutuo, ¿verdad?

-Pero... pero... ¿qué te hace pensar...?

-Ya te he dicho que tú no sabes ni la mitad de cosas que yo sé. Tú no has estado en Su presencia. Tú ni siquiera le conoces- musitó, con un deje de envidia en la voz-. Y desde luego, no has visto a Bella cuando esta con Él. No has visto las atrocidades que tu hermana ha cometido sólo para divertirle. Parece que se beba sus palabras, Cissy.

Por la mente de la mujer pasaban un montón de recuerdos de su hermana hablando con pasión de la causa, admirando la habilidad y el talento de su maestro, alardeando de los trucos que le había enseñado y de ser su favorita.

-Merlín- susurró Narcisa.

-Es la única razón que se me ocurriría para que Él hubiese consentido la desaparición de un miembro de sangre limpia.

-¿Crees que.. están enamorados?- pregunto Narcisa ingenuamente.

Regulus soltó una carcajada repentina.

-¿Enamorado?¿Él? Siempre he supuesto que no es capaz de un sentimiento tan humano. Enamorarse implica vulnerabilidad. Él está por encima de todo eso. O por debajo, según se mire. En todo caso, podría experimentar alguna especie de deseo hacia Bellatrix. Quizás otra expresión de sus ansias de dominación hacia tu hermana.

-¿Crees que la han obligado a provocarse ese aborto?

-A tu hermana no se la obliga a nada, Cissy, a tu hermana se la convence, y solo hace falta una palabra del Señor Oscuro para tenerla absolutamente bajo control.

El sol ya entraba a raudales por la ventana del baño, iluminando los elegantes muebles y el espejo enorme donde los dos Black se reflejaban. Narcisa abrazó a Regulus por la espalda y apoyó la mejilla entre los frondosos mechones negros de su nuca.

-¿Opinas que deberíamos...?

-¿Qué, averiguarlo? ¿Preguntárselo a Bellatrix? No se tú, pero yo no quiero saberlo. Hay cosas que es mejor ignorar.

-Pobre Bellatrix. Esta poción será su maldición.

-Tonterías- dijo Regulus-. La poción se usa en San Mungo cuando la gente normal quiere deshacerse de sus hijos.

-¡Dijisteis que era ilegal!

-Es ilegal prepararla fuera de un hospital, pero desde luego esta tan maldita como el agua de este ridículo grifo con forma de serpiente. Somos los sangre limpia quienes tenemos tanto miedo a estas cosas. Somos nosotros los que nos maldecimos. Bellatrix no es una excepción. Y por eso, algún día el recuerdo de esta noche la destruirá.

-Basta- dijo Narcisa-. La niña era de Rodolphus, Regulus. Y el Señor Tenebroso estuvo de acuerdo con su desaparición porque no quería perder a su mejor guerrero, que casualmente es mi hermana. Esta es la historia. Y punto.

-Una cosa es que estuviese de acuerdo, y otra cosa es que se encargase personalmente el asunto, involucrando al mejor pocionista que tenemos. Snape no ha actuado por voluntad propia; está claro que el Señor Oscuro lo mandó a ayudar para asegurarse de que Bellatrix no se tomaba una poción mal preparada.

-Eso es porque se preocupa por ella- dijo Narcisa sin convicción-. Porque la aprecia y porque no quiere perderla.

-A ver si te queda claro, Narcisa- dijo el hombre, agarrándola por los hombros y mirándola con fijeza-. El Señor Tenebroso no aprecia a sus mortífagos. Ni a Rodolphus, ni a Snape, ni a McNair. Ni siquiera a tu marido o a Bellatrix, que son sus favoritos. Está claro que hay algo más en todo esto. Pero nosotros nunca preguntaremos nada. Nos creeremos la historia que nos ha contado Bellatrix, y esconderemos nuestra teoría en lo más profundo de nuestras mentes. Y con suerte, para cuando lleguemos a viejos ya la habremos olvidado.

...

Se me ha ido la olla, se me ha ido la olla, se me ha ido la olla... En fin, como habréis deducido, estamos llegando al primer gran clímax de la historia. Y digo primero, porque gracias a todos los comentarios he decidido seguir escribiendo un poco más; aún no sé exactamente cómo me lo montaré, pero lo bueno de todo esto es que podéis hacer sugerencias sobre cómo querríais que fuese todo: ¿os gusta el personaje de Regulus? ¿Queréis que tenga más protagonismo? (aka SLASH, SLASH, SLASH!) ¿Queréis que aparezca más Lucius? ¿O quizá un poco de Andrómeda y Sirius? ¡Quiero feedback, chicas! (Y reviews, principalmente xddddd)