-Señor Black, le aconsejo que enfoque su vista únicamente en el papel si no quiere que le retire su examen.- la voz del profesor Flitwick le obligó a centrarse de nuevo en las preguntas de su examen. Era el último del curso y aunque no contaba demasiado para la puntuación final, él era Sirius Black, y debía acabar bien. Pero no podía concentrarse. En dos días acabaría aquel curso y podrían marcharse de vacaciones. Sonrió al pensar en lo bien que lo iba a pasar ese verano. Por fin podría pasar unas vacaciones alejado de su odiosa familia, puesto que se había mudado a casa de los Potter. Y lo mejor de todo era que Remus también pasaría parte de sus vacaciones en la casa de James, eso sí, no sin antes ir a Londres a visitar a su padre. Peter en cambio viajaría a Alemania con su familia a visitar a unos parientes, además de para ver la final mundial de quidditch, la cual enfrentaba a Bélgica contra Alemania.

-Veinte minutos muchachos. Revisen sus respuestas. Señor Pettigrew, deje de roer el lápiz, parece usted un ratón. Señor Potter, por mucho que mire al techo, Merlín no se aparecerá a chivarle las respuestas.

Sirius rió al oír la comparación del profesor y se giró lo justo para ver como James bajaba el rostro avergonzado de vuelta a su examen. Disimuló un poco cuando el pequeño profesor caminó por delante de él, escribiendo un poco en el examen que había terminado tiempo atrás. Miró de reojo a su derecha, donde en la mesa de al lado Remus escribía, mordiendo su labio inferior, frunciendo el ceño, cosa que siempre hacía cuando estaba concentrado.

-Señor Black, ¿acaso ve algo interesante en su compañero Lupin? Será mejor que revise su examen antes de que se lo quite. -le amenazó el profesor.

-A decir verdad...-comenzó a decir Sirius, sonriendo, pero prefirió no decir nada. A su lado, Remus había adquirido un adorable tono rojizo a causa del comentario del profesor - Ya terminé. ¿Dónde le dejo el...? -el profesor hizo un ligero movimiento de varita antes de pronunciar "accio examen", antes de que su pergamino volase hasta las manos del hombre.

-¿Puedo marcharme?- le preguntó, comenzando a guardar sus materiales en la mochila. El hombre revisó el examen rápidamente, asintiendo.

-Debería usted cursar encantamientos en una universidad mágica, sería un buen profesor, Black. De no ser por su manía de utilizarlos en contra de otros alumnos a base de bromas. Puede irse. Todos los demás, escriban sus nombres, recojo ya.

-¡Pero profesor! -la voz de un preocupado Peter a causa de que no le daba tiempo a terminar le hizo reir.

-Escríbalo, Peter.

Casi no le dio tiempo a hacerlo cuando el profesor, a través de un potente accio hizo volar todos los exámenes hasta su escritorio.

-Las notas las sabrán esta tarde. Pueden irse.

Los alumnos, unos más alegres que otros fueron saliendo del aula. Sirius a su vez se sobresaltó cuando Remus le agarró del brazo, comenzando a caminar junto a él.

-Deberías prestar más atención a tus exámenes Sirius, incluso el profesor se ha dado cuenta de que me miras demasiado...-le comentó, aún rojo a causa de la vergüenza.

-Pero es que tú eres mucho más guapo que un pergamino, Moony. -el sonrojo de este se incrementó aún más cuando Sirius depositó un suave beso en sus labios.

-Luego no te quejes si sacas malas notas, chucho. -Sirius rió al ver tan colorado a su novio. Le encantaba provocar esas reacciones en él. Agarró su mano y caminó con él sin soltársela en ningún momento, de camino a pociones para impartir la última clase del curso. Por el camino se les juntaron Peter y James.

-¡Por los calzones de Merlín! ¿Alguno de ustedes conocía todas las respuestas de la última pregunta?

-Hm, yo sí. -respondió Remus. Sirius a su vez lo interrumpió antes de que comenzase a relatar cada una de las respuestas.

-Y yo. Hay que ser muy tonto para no saberlo, Jamie. -rió el moreno. El de gafas le dio un pequeño empujón, no pudiendo resistirse a reir también.

-Entonces hay que ser como tú. Lupin, menudo chucho pulgoso te buscaste...-le dijo bromeando mientras entraban al aula de pociones.

-Perdona, pero yo a mi perro lo tengo bien cuidado, vacunado y domesticado. Incluso hace sus cositas donde debe. -rió Lupin mientras le seguía el juego a James.

-¡Oye! Par de Trolls...Amigos mios dicen que son...-murmuró mientras se colocaba en su asiento, frente a su caldero. El profesor Slughorn mandó silencio para despues ordenarles que preparasen una sencilla poción de amortentia como examen final.

-Sirius...

-Dime Rems. -el chico lo miró algo avergonzado. -¿Podría ser tu pareja? Ya sabes que pociones no es mi fuerte...Además la última vez Pete y yo hicimos explotar el caldero. -añadió mirando la pared que tenía a su derecha, la cual aún estaba un tanto ennegrecida a causa de la explosión.

-Claro, le diré a James que se ocupe de Peter. -dicho eso, intercambiaron parejas, comenzando a preparar la poción. Una hora después el líquido tomaba un tono rosa nacarado, característico de la amortentia. Como aun les sobraban un par de minutos, remus se inclinó sobre el caldero para apreciar mejor los olores que salían de él.

-¿Que hueles Moony? -le preguntó Sirius con curiosidad. El chico lobo cerró los ojos para poder centrarse en distinguir los aromas.

-Huelo...Al cuero de los libros viejos...A chocolate...Y...-Remus se sonrojó al identificar el último olor, que se relacionaba con la persona amada.

-¿Y bien?- Sirius le agarró la mano por debajo de la mesa, comenzando a acariciársela.

-Tu perfume. Huelo tu colonia, la que siempre te echas. -confesó el castaño algo avergonzado. Sirius sonrió al ver que le gustaba su perfume. No se lo iba a echar en cara, pero más de una vez se había percatado de como Remus inspiraba en su cuello cuando lo abrazaba.

-¿Y tú? ¿Qué hueles tú? -le preguntó señalando las espirales rosadas que salían del caldero. Sirius se inclinó sobre este, intentando deducir los diferentes olores que lo embriagaban.

-Hm...El olor a gasolina de las motos muggles...Tabaco de liar...Y...-frunció el ceño intentando saber cual era el último olor. Abrió los ojos y cuando el profesor no miraba, agarró a Remus por las solapas de su camisa y enterró el rostro en su cuello, inspirando, como el otro solía hacer. Sonrió y le dio un pequeño mordisco en el cuello antes de separarse.-El último olor sin duda eres tú. Hueles a chocolate Remus.

Lupin, sonrojadísimo miró a otro lado, rezando para que el profesor no les hubiese visto. Poco después Slughorn se pasó por su mesa, calificando con la mejor nota su poción, dejándolos marchar junto con el resto de alumnos.

-¿Sabes? Podríamos hacer un trato, tú me ayudas con pociones, y yo con lo que necesites.-le propuso Remus mientras caminaban hacia el gran comedor. Sirius sonrió ante la propuesta, pegando a Remus a su cuerpo, besándole la oreja.

-Hm, pues quizá necesite una ayudita con un pequeño problema que tengo ahí abajo...Y tú podrías solucionarlo. -Remus se separó riendo.

-Eres un guarro. ¡Hablaba de asignaturas!

-Bueno, también podrías ayudarme con eso.-el de ojos dorados le dio un suave codazo, entrando en el comedor, sentándose en sus habituales sitios. James llegó al poco tiempo, colocándose frente a ellos, sacando un par de papeles de su bolsillo. Peter a su vez seguía en el aula dado que tenía que entregar un último ensayo de pociones si quería aprobar la asignatura.

-Aquí tienes Remus. Esta es la dirección de la casa. Tu solo conéctate a la red Flu y aparécete. Seguramente acabes en alguna de las chimeneas de la casa, pero tranquilo, estaremos esperándote. -el de gafas le entregó el papel con la dirección de su vivienda al chico lobo, el cual lo cogió emocionado. Nunca había visitado la casa de James ningún verano debido a su licantropía y lo difícil que era ocultarla a los demás durante las vacaciones. Pero aquel verano su transformación tocaba a principios de las vacaciones, por lo que podría ir sin ningún problema. Sirius a su vez miraba pensativo su plato.

-Osea, que pasarás la transformación solo...-susurró lo suficientemente alto como para que solo lo escuchasen los otros dos merodeadores. El castaño asintió serio, pero al momento le dedicó una sonrisa restándole importancia.

-Tranquilo, mi padre me cuidará. Además sigo teniendo las cadenas en el sótano. -Sirius, al oir la palabra "cadenas" le miró escandalizado.

-¿Cadenas? ¿En serio piensas encadenarte? -Remus rió, encogiéndose de hombros.

-Hombre, es eso o descuartizar a mi padre. Asi que prefiero las cadenas...-el moreno negó con la cabeza indignado.

-Pero...Joder, eso es una maldita salvajada, Moony. Ni que estuviésemos en la edad media...No existen...No sé, ¿protecciones mágicas?-Remus continuó comiendo con total tranquilidad mientras negaba con la cabeza.

-Ya lo probamos, y no servía. Lo único que me mantiene quieto son dos gruesas cadenas de plata.-Sirius casi se atragantó cuando lo escuchó.

-Pero Moony, la plata para los hombres lobo es...

-Dejémoslo en muy jodida. -rió el castaño- Pero el lobo no es tonto. Sabe que si no se mueve, las cadenas no le harán daño. Se pone de muy mala leche, pero logran mantenerlo quieto durante toda la noche. Un método salvaje, pero efectivo.-fue turno entonces de James para hablar. El chico se veía mareado a causa del tema; incluso su piel parecía haber adquirido cierto tono verdoso casi enfermizo.

-Tendríamos que estar allí contigo para ayudarte...-murmuró mientras fruncía el ceño, golpeando la mesa con el puño cerrado.

-Tranquilos, en serio. Sobreviví a todas las tranformaciones antes de conoceros y de que os convirtieseis en animagos. Podré solo esta vez. -los otros dos merodeadores, no del todo convencidos decidieron dar por zanjado el tema.

-Entonces¿sigue en pie la excursión a "La Fortaleza" ? -Sirius le preguntó a James, mientras este devoraba un sándwich. "La Fortaleza" era la residencia del tío abuelo de James, una encantadora casa en la playa, inaccesible para los muggles debido a sus protecciones mágicas que la hacían indetectable.

-Sep, mi tío Joseph nos deja la casa durante tres días. Lo bueno es que la playa siempre está desierta, y hay un pequeño pueblo muggle en el que podremos comprar cosas, y ver curiosidades. Además tiene una barca y podremos pescar, incluso de manera muggle. Sería guay que Colagusano pudiese venir también...-los chicos asintieron dándole la razón. Luego James miró hacia una de las esquinas de la mesa, divisando a una muchacha de cabellos rojos.

-¿Creéis que le apetecería venir?-Sirius miró hacia donde su mejor amigo dirigía su vista y rió.

-Hm, si no vas tú quizá...-el de gafas le enseñó uno de sus dedos de manera bastante grosera y obscena antes de girarse y dedicarle a Remus la mirada más lograda de cachorrito apaleado que pudo.

-Remus...-gimoteó James, haciendo que este se atragantase con el zumo de calabaza.

-¿Q-qué?

-¿Podrías convencerla para que venga a "La Fortaleza"? - Remus abrió mucho los ojos, no sabiendo bien qué decir.

-Bueno...Podría intentarlo, pero no te aseguro nada...Lo más probable es que se niegue en rotundo... -James juntó sus manos, suplicándole que fuese a preguntarle a la pelirroja. Tras insistir un poco más, Remus se levantó del asiento, yendo hasta su amiga y sentándose con ella, bajo la atenta mirada de los otros dos merodeadores. Sirius a su vez miró a James desafiante.

-Cinco galeones a que la pelirroja no accede. -alzó la mano buscando el trato.

-Hecho. Cinco galeones y un maleficio tiñe pelo. El que pierda tendrá que pintárselo de rubio. -le dijo mientras estrechaba su mano.

-Ah no, eso si que no. Por ahí no paso. No dejaré que toques mi hermoso cabello. Cinco galeones. Es mi última oferta.-el de gafas rió asintiendo.

-Vale, chucho cobarde.

-Yo diría más bien precavido. Sé que de rubio no podrías resistirte a mí, Jamie, y me acosarías como a la pobre pelirroja...-James le dio un suave golpe.

-Memo...

Al rato Remus regresó a su anterior asiento, justo en el momento en el que aparecían los postres en las mesas.

-Pásame uno de esos mouse's de chocolate James, por favor. -el chico le pasó un par de cuencos, puesto que sabía que Remus solía repetir cuando se trataba de un postre de chocolate.

-¿Y bien? ¿Qué dijo?-Remus le miró, devorando el suculento postre de chocolate de una manera en la que Sirius comenzaba a ponerse celoso del dichoso mouse.

-Lo pensaría. Me aseguró que solo accedería si no la acosas durante su estancia allí, ni sueltas tus chorradas. Realmente la vi interesada en el tema de la playa. Me dijo que nunca ha ido a una. Puede ser tu oportunidad de sorprenderla, Jamie. -el muchacho sonrió, feliz a más no poder al saber que quizá la pelirroja de sus sueños pasaría algunos días con ellos fuera de los muros del castillo.

-Merlín, Moony, si no fuese porque Canuto me arrancaría la cabeza, ahora mismo te besaría. -Sirius le miró de reojo, receloso ante el comentario.

-A mi lobo ni lo hueles, ¿te ha quedado claro? -Potter asintió, ensimismado en sus felices pensamientos. Los otros dos sonrieron al verle tan alegre.

-No quiero ni pensar en como estará si Evans accede a salir un día con él...-murmuró Sirius mientras metía un dedo en el mouse de Remus, robándole un poco de su preciado manjar. El chico le miró con reproche.

-Tranquilo Moony, no es solo para mí.-una traviesa sonrisa inundó los labios del moreno, el cual momentos después manchaba los de su novio con el chocolate de su dedo.

-¿Pero qué...?-dijo Remus antes de verse interrumpido por la boca de Sirius, pegada a la suya, con su lengua recorriendo sin pudor sus labios. El chico no pudo más que cerrar los ojos y dejarse llevar por el beso, el cual se fue haciendo cada vez más y más fogoso.

-Ejem...¿Sabéis algún sitio en el que pueda vomitar? Gracias.- la voz de James los hizo volver a la realidad, haciendo que Remus apartase a Sirius de su cuerpo suavemente, empujando su pecho con una mano. Sirius en cambio rió un poco al ver como el rostro de su novio se tornaba rojo en un segundo debido al espectáculo que acababan de dar. Y es que no solo James había visto el beso, si no que casi una docena de alumnos se les había quedado mirando.

-¿Es que no tenéis nada mejor que hacer? Las fotos las vendemos a cinco galeones, en movimiento a diez. Y si me caéis bien os la puedo firmar y todo...-el frío y mordaz lado Black de Sirius hizo aparición, haciendo que todos los mirones volviesen a sus respectivos asuntos.-Cotillas...

-Eso o que andáis revolcándoos en público como si no hubiese mañana. -le contestó el de gafas, mirándole socarronamente. Remus jugueteaba con la cuchara en su postre, intentando pasar desapercibido debido a la vergüenza que sentía.

-¿Es envidia lo que tiñe tus palabras Potter? Lástima que Evans no quiera estar contigo, cerebro de Snitch.

-Chicos, dejadlo ya...-pidió el castaño, soltando el cuenco sobre la mesa, mirándolos a ambos como una madre podría hacer.

-Pero Rem, Sirius empezó...-comenzó James, aunque no pudo hablar mucho puesto que Sirius le cortó enojado.

-¿Qué? ¡Pero si empezaste tú!- al ver que su intento apaciguador había sido un fracaso, Remus decidió cortar por lo sano. Cogió a Sirius de la mano y se levantó del asiento, alzando con él al pelinegro.

-James, ve a ver si Colagusano ha tenido algún problema con Slughorn, está tardando demasiado incluso para él. Y tú, te vienes conmigo, para ver si consigo que no os matéis antes de acabar el curso...-y dicho eso Remus salió del Gran Comedor, arrastrando a Sirius consigo. El moreno protestaba mientras su novio, en completo silencio y omitiendo sus quejas los guiaba directos a las habitaciones. Una vez dentro de su cuarto, Sirius iba a preguntarle que narices hacían allí, pero no tuvo ocasión puesto que Remus asaltó sus labios con un deseo que jamás le había mostrado. Tal fue la sorpresa del animago que acabó trastabillando, cayendo ambos en su cama, con Remus sobre él. El chico, al sentir la caída se separó un poco de los labios del moreno, sonriendo divertido.

-Menos mal que la cama estaba ahí...-Sirius asintió, respondiendo a su sonrisa. Iba a preguntarle el porqué de todo eso a Remus, pero este volvió a acallarlo con un casto beso en los labios al ver sus intenciones. Sirius odiaba que no lo dejasen hablar, pero si era Remus el que lo callaba de esa manera no opondría resistencia alguna.

-Pensé que podríamos aprovechar el tiempo puesto que no nos veremos de nuevo hasta que vuelva de la visita a Londres...-el chico lobo se sonrojó levemente ante la sonrisa perruna que le dedicó el moreno.

-Entonces hagámoslo bien. -este sacó la varita y pronunció un hechizo que bloqueó la entrada, para que nadie los molestase. Tras ello, murmuró un sencillo hechizo insonorizador.

-¿Para qué hiciste el último?-le preguntó Remus. Oh, adoraba lo inocente que podía llegar a ser su novio en algunos momentos. Sin perder la traviesa sonrisa, realizó un brusco giro, intercambiando posiciones, quedando esta vez sobre un ahora sorprendido Remus. Luego bajó el cuello de la camisa del castaño, dejando libre la piel de su cuello, la cual comenzó a besar, lamer y morder sin compasión, provocando que el chico se retorciese bajo él, comenzando a soltar gemidos y gruñidos por el placer.

-Oh, joder, ahora entiendo... bien hecho...-le felicitó por el último hechizo mientras cerraba los ojos y se dejaba llevar por la deliciosa sensación que le provocaba el moreno con su boca. Mientras Sirius besaba aquella zona tan sensible, no perdía el tiempo, comenzando a desabotonar la camisa de Remus hasta toparse con el cuello del chaleco. El animago interrumpió los besos lo justo para poder quitarle al otro el chaleco que lo entorpecía en su labor de desnudarle. El castaño a su vez tampoco dejó pasar la oportunidad de quitarle la camisa a Sirius, no sin antes agarrarle de la corbata y atraerlo hasta su boca, en donde sus labios se unieron de manera más salvaje que antes. Las manos de ambos se movían temblorosas por el nerviosismo de la primera vez, deshaciéndose de la ropa del otro entre besos, mordidas y lamidas hasta que terminaron únicamente con la ropa interior puesta. Sirius contempló el pecho desnudo de Remus, que tantas veces había visto durante los seis años que habían compartido habitación. Pero aquella vez era diferente. Era especial para los dos. Pasó la yema de sus dedos delicadamente sobre una de las níveas cicatrices que surcaban su pecho, deleitándose al ver como el castaño cerraba los dorados ojos para disfrutar de la caricia. Sintió como Remus se estremecía bajo sus dedos cuando rozó una de las más oscuras cicatrices, en su hombro, la cual tenía forma de media luna, en la que si te fijabas bien se podían ver la marca de varios dientes. La mordida del lobo, pensó. Su corazón se aceleró al ver como Remus abría los ojos para mirarlo directamente a los suyos. Una dorada mirada cargada de deseo, algo encubierto por el sonrojo que teñía sus mejillas, haciendo resaltar las tres suaves cicatrices que surcaban su rostro. Bajó su boca hasta el hombro del castaño y besó suavemente la cicatriz de media luna, sonriendo ante el suspiro con el que le obsequió el chico. Tras ello probó a morder sin demasiada fuerza, lamiendo en el proceso, arrancándole un ronco gemido a Remus, el cual se rozó contra él excitado. Sirius a su vez cerró los ojos al sentir la cadera de Remus rozarse con la suya, en clara muestra de excitación, frotando ambas entrepiernas. Mordió un poco más fuerte, logrando sentir de nuevo la deliciosa sensación al Remus frotarse contra él, alzando sus caderas contra las suyas. Lupin a su vez acariciaba su espalda con suavidad, logrando que su vello se erizase a causa del placer de sus caricias. Se sintió morir cuando, empezando a mover su cadera contra la de Remus, este arañó su espalda, clavándole las uñas sin demasiada fuerza. Aquello puso a cien al moreno, quien intensificó sus movimientos, sacándoles a ambos gemidos ahogados que morían en los labios del otro. Sin dejar de rozarse contra Sirius, el castaño enredó sus dedos en el oscuro y ahora algo sudado cabello del muchacho, atraiéndolo hacia él, pegándolo más si podía a su cuerpo. Llevó su boca hasta la oreja del moreno para allí morder y lamer el lóbulo, haciendo que Sirius emitiese un ronco gruñido de excitación, lo que lo encendió aún más. Embestida tras embestida Remus sintió como el placer aumentaba, centrándose en la base de su estómago, sabiendo que no tardaría mucho en terminar. Sirius se movía contra él,mientras que con uno de sus brazos se sostenía, al lado de su rostro y con el otro agarraba firmemente su cadera para hacer más intenso el toque entre ambos. Finalmente Remus sintió como el orgasmo le golpeaba, haciéndole gemir alto el nombre de Sirius tras la sensación más caliente y salvaje que jamás había experimentado, no pudiendo evitar arañar la espalda baja del moreno. Sirius, tras un par de roces más se vino también, cayendo sobre el cuerpo de Remus mientras ambos intentaban recuperar el aliento. Momentos después se quitó de encima de su cuerpo, colocándose a su lado sobre la cama, sintiendo como sus latidos desenfrenados se tranquilizaban.

-Merlín...Eso si que fue aprovechar el tiempo...-resolló Sirius mientras abrazaba al castaño, que se acurrucó en su pecho, comenzando a dibujar formas al azar en su pecho con el dedo.

-Ya te digo...-rió Remus en brazos del otro, mordiendo su labio inferior sin poder reprimir una sonrisa al sentir un tierno beso en la frente. Adoraba esos pequeños detalles con los que el moreno le obsequiaba cuando estaban a solas.

-Por cierto, pareces más un gato que un lobo con eso de arañarme...Aunque tengo que decir que me ponía a cien. -le confesó el moreno mientras acariciaba su pelo lentamente.

-Me lo apuntaré para la próxima...-contestó Remus, incorporándose levemente, lo justo para darle un casto beso en los labios. -Aunque tenemos un problema, y tu tienes la culpa de ello...

Sirius le miró frunciendo el ceño sin comprender, a lo que el otro le respondió con una sonrisa demasiado burlona y traviesa como para pertenecer a Remus John Lupin.

-¿Cómo pretendes que no te viole en casa de James ni te rapta para hacer cosas de mayores allí después de esto? Si no fueras tan endemoniadamente sexy y provocador, yo podría sobrellevar la estancia en casa de Jamie bien. Eres peor que la Luna llena, Sirius Black.

-Y además tengo el mismo efecto, convertirte en toda una fiera. -le contestó el moreno con un guiño, haciéndolos reir. Y si hubiese sido por Sirius hubiesen vuelto a "aprovechar el tiempo" de no ser por que el cortarrollos de James comenzó a aporrear la puerta, alegando nose qué acerca de la necesidad básica de dormir. Tenían que conseguirle una cita con Evans a James pero ya.

N/A: TAN TA TA CHÁAAAAAAN. -redoble de tambores, trompetas y platillos- Aquí está el nuevo capítulo. Esta vez muchísimo más subidito de tono que los demás, pero que queréis que os diga, de alguna manera tenía que compensar la tardanza, asi que...PORNO TIME. Jaajajaja. Aunque siempre está mi característico edulcoramiento previo. No me culpéis si os salen caries después de esto. Tengo que agradecer muchísimo a toda la gente que lee el fic, que deja reviews, o que añaden a mí o al fic a favoritos. Enserio, me hace mucha ilusión y sois mi ánimo a seguir. Este capítulo se lo dedico a mi Bff, que es una fan del fic, y que sé que le encantará la dedicatoria. Te quiero enana. (: También debo avisar de que dentro de poco me iré de vacaciones, y no me dejan llevarme el pc, y además, para variar, no tendré conexión a internet, pero os dejaré un capítulo nuevo antes de irme. Además, a falta de pc, bueno el papel, por lo que escribiré más. Ante todo, muchas gracias y espero que hayáis disfrutado leyéndolo tanto como yo escribéndolo. Un besote enorme, Avengirl.

PD: Si dejáis un lindo review, Sirius les dará una foto de él y Remus besándose firmada por ambos. (;