Capítulo 9: AQUARIUS LANE
Harry despertó con algo mojado en la frente. Estaba todo dolorido y veía todo borroso. Pestañeó varias veces, una joven de 19 años, rubia y con los ojos color miel lo miraba con preocupación.
—Al fin, pensé que no despertarías jamás —dijo ella. Harry intentó levantarse, pero todo su cuerpo estaba pesado. Miró hacia todos los lados. Estaba en una pequeña habitación. Al lado de su cama había una chimenea, del otro lado, una mesa y algunas sillas.
—¿Ya despertó? —dijo una voz. Un anciano entró en la habitación. Era alto, tenía los mismos ojos que la joven, un exuberante bigote blanco y el cabello grisáceo. La joven llevaba entre los brazos un montón de ramas, entre ellas, la varita de Harry.
—Prenderé el fuego —anunció ella.
La muchacha se acercó a la chimenea y prendió el fuego. Iba quemando las ramitas y cuando iba prender fuego la varita de Harry, este se sentó en la cama bruscamente.
—Espera, Jo —la detuvo el anciano—. No quemes esos palitos, son muy finos y no avivarán el fuego.
—De acuerdo, pero si es madera innecesaria, puedo quemarla. Y tú, ¿Por qué te sentaste? Estás muy mal, no hagas esfuerzos —retó a Harry—. Y acuéstate.
—Jo, ¿has visto ese objeto que tenía el muchacho? No el libro, el otro —preguntó el anciano distraídamente.
—¿Ese palito con que nos intentó clavarnos? —inquirió Jo—. Sí, lo iba a quemar.
—No, no lo tires —gritó el anciano—. Es muy extraño que intentara defenderse con ese palito, creo que el chico tiene algo que ver con la magia —Harry tragó saliva, preocupado.
—Abuelo, no existe la magia ¿cuántas veces tengo que decírtelo? —Jo miró a Harry, que estaba nervioso—. Míralo, no tiene cara de que sea un brujo. No le hagas caso —se dirigió hacia Harry con un ungüento.
—Pero es muy misterioso, voy a revisar es palito igual —dijo el anciano—. A propósito, muchacho, ¿cómo te llamas?
—Mi nombre es Harry Potter —se esforzó a decir Harry—. ¿Y usted?
—Oh, claro, no me he presentado: soy Aquarius Lane y mi nieta Joane.
—Mi abuelo era un gran físico e inventor —comentó Jo revisando las heridas de Harry—, pero ahora se le ha dado que la magia existe, está chiflado...
—No estoy chiflado, la magia sí existe.
—Compruébalo.
—No tengo como comprobarlo, pero cuando pueda, lo aré —Aquarius salió de la habitación llevándose la varita de Harry. Harry observó que había ido a una especie de laboratorio.
—Creo haber dicho que no te movieras —le recordó enojada Jo—. Estás muy lastimado y débil, así que vuelve a dormir.
Harry se dio media vuelta y después de un rato, durmió. Tuvo un sueño extraño con Ron, Hermione y Alex. Harry se despertó en el medio de la noche, con varias preguntas asaltándolo ¿Qué pasó con sus amigos después que salieron de la fortaleza de Voldemort? Pensando, se levantó de la cama con dificultad. La habitación estaba vacía; Harry se dirigió hacia la ventana. El cielo estaba estrellado y debajo, el mar reflejaba la luna.
—Te dije que te quedaras quieto en la cama —Harry tuvo un sobresalto. Se dio vuelta y Jo lo miraba enojada, pero cambió su expresión—. ¿Qué te pasa? Tienes una carita tan triste...
—Necesito volver —dijo Harry volviendo a la cama—. Deben de estar preocupados conmigo
—¿Tus padres?
—No, ellos murieron cuando yo tenía un año.
—Lo siento...
La puerta del laboratorio se abrió de un golpe. Aquarius salió con un cuaderno en una mano y la varita en otra.
—Esto es una varita de madera de acebo y tiene algo en su interior: ¡una pluma roja! —exclamó él, feliz—. Debe ser una pluma de alguna ave mágica.
—Abuelo, ¿hasta en el medio de la noche continuas con tus locuras? —preguntó Jo con impaciencia—. Te voy a decir una cosa: ¡La magia NO existe!
Aquarius volvió a su laboratorio y cerró la puerta golpeándola. Jo le dio buenas noches a Harry y volvió a su dormitorio. Harry se quedó pensando si Aquarius descubriría que él era un mago. "Necesita un embrujo desmemoriante" pensó Harry, "y de los grandes".
Por segunda vez, Harry despertó en el medio de la noche con un dolor en su cicatriz, como un apretón. Abrió los ojos y vio horrorizado una lupa apoyada sobre su frente y a su alrededor varios objetos de laboratorio. Harry se levantó bruscamente tirando todo. Miró hacia un lado y vio a Aquarius sobre la mesa con la varita de Harry, una pluma y un libro.
—¿Qué hace? —gritó Harry.
—Disculpa, es que estoy casi seguro de que eres un mago —respondió—, aunque lo escondas.
—No, no lo soy —dijo Harry.
—Abuelo, escuché un ruido —gritó Jo desde su habitación, mientras el anciano seguía buscando algo en su libro.
—¡Lo encontré! —anunció contento Aquarius—. Esta pluma que tengo en la mano es igual a la que hay en la varita y el ave dueña de esta pluma es un Fénix —terminó.
—Estoy sorprendida —dijo la muchacha.
—¿De mi inteligencia? —preguntó Aquarius orgulloso.
—No, de tu locura.
Harry sonrió y el anciano puso una cara de ofendido y se fue a su laboratorio. Harry sacó las cosas de su cama y volvió a dormir.
—¡Despiértate! —llamó Jo. Era el 7º día que estaba en ese lugar—. Ya está el desayuno —Harry se dio vuelta en su cama, soñoliento.
—No quiero ir a clase hoy, Ron —gruñó entre sueños.
—¿Clase de qué? —Harry abrió los ojos y Aquarius lo miraba con interés—. ¿De magia?
—Deja al chico. Estuviste toda la noche estudiando al pobre como si fuera un bicho raro —dijo Jo colocando los platos en la mesa.
Harry se levantó y fue hasta la mesa. Era un desayuno muy extraño; nunca había comido tantas cosas sacadas del mar (peces, ostras, mejillones) y una ensalada de algas.
—Come, te hará bien —dijo Jo. Harry comió como nunca. Estaba muy hambriento.
—Está muy rico —comentó Harry—. Nunca comí una comida como esta.
—Entonces, ¿qué comen los magos? —inquirió Aquarius intentando que Harry confesara algo. Jo lo miró enojada.
—No olvides que tienes que ir a pescar, abue —dijo Jo cambiando de tema—. Y tú ayudarás, no piensas en quedarte aquí gratis, ¿no?
—Claro —dio Harry contento, que nunca había ido a pescar porque los Dursley nunca lo llevaron.
Después de desayunar, Harry acompañó a Aquarius hacia un barco en la playa. Momentos después, estaban en el medio del mar. Aquarius la pasó la caña de pesca y un pote de lombrices.
—¿Qué tengo que hacer? —preguntó Harry mirando el pote desconcertado.
—¡No me digas que los magos no pescan! —exclamó Aquarius—. Mira, se coloca una lombriz o carnada en el anzuelo y luego lo tiras al agua. Después es sólo esperar que algún pez cace la carnada...
Harry hizo lo que le dijo Aquarius. Esperó por un largo rato hasta que algo cinchó el anzuelo con fuerza.
—¡Pesqué algo! —gritó Harry emocionado. Cinchó con fuerza, pero el pez era más fuerte y lo hizo caer del barco. Harry salió a flote, pero estaba muy hondo y Aquarius lo ayudó a subir al barco.
—Ten cuidado, esta área es peligrosa —le advirtió.
—Perdí mi caña de pesca —dijo Harry desanimado.
—Te presto la mía, pero más cuidado, sino nos quedamos sin nada para pescar y Jo nos pegará un reto de aquellos... —sonrió—. Yo usaré la red. Tengo una pregunta —comenzó disimuladamente mientras Harry volvía a intentar a pescar—, ¿qué tipos de peces hay en el mundo mágico?
Harry lo observó y se contuvo. Desde que se había recuperado, Aquarius Lane había intentado sacarle información desprevenidamente, pero nunca lo lograba y eso lo frustraba.
Después de un par de horas, Harry había pescado apenas dos pescados de menos de quince centímetros cada uno. Miró hacia la casa y vio algo blanco aleteando alrededor de la casa de los Lane. "Hedwig", pensó Harry. Cuando el barco tocó tierra, Harry corrió para ver si era su lechuza, pero se desanimó al ver que era solamente una lechuza. Al acercarse, el pájaro descendió y se posó en la arena, picoteando un caracol. En ese instante, Harry, por primera vez desde que llegó, quiso verdaderamente volver a Hogwarts, ver a sus amigos, principalmente a Alex, saber qué les había pasado.
Desalentado, volvió a la cabaña.
