Capítulo 8: ¿Me vas a explicar?
El sol comenzaba a brillar a través de las cortinas cuando la puerta de la habitación se abrió.
Harry se levantó rápidamente y se apresuró hacia Amalia, que permaneció en el umbral de la puerta, con el rostro serio. Me acerqué y Dumbledore hizo lo mismo.
-¿Cómo está? –preguntó Harry. Su voz era baja y ronca.
-Estará bien –respondió Amalia.
Me preocupaba su rostro. Si la chica estaba bien, ¿por qué permanecía tan seria?
-Bien –musitó Harry y se tambaleo hacia la habitación, lo alcancé a sujetar.
-Cálmate –le espetó mi amiga. La vi suspirar y se apartó para dejarnos pasar-. Está durmiendo, su cuerpo estaba al límite, no va a despertar en varias horas –nos explicó, un poco más relajada.
Harry se acercó a la cama y se arrodilló, mientras acariciaba el cabello de la muchacha.
Sentí movimiento a mi alrededor y me giré a ver a madame Pomfrey, con un bulto entre sus brazos... El bebé. Me acerqué a verlo, preocupado. La medimaga lo tenía completamente envuelto y lo presionaba contra su pecho.
-¿Está...? –no puede hacer la pregunta, pero ella me entendió y movió su cabeza en negación.
-Ya estaba muerto –susurró ella, para que sólo escucháramos Dumbledore y yo, quien también se había acercado-. Creo que estaba así, mínimo, doce horas atrás.
Me sentí mareado. Hace seis horas esa chica había estado de pie, cuando me la encontré por primera vez en el basural. Eso significaba que desde mucho antes ella estaba mal.
La vista se me nubló por las lágrimas. No recordaba la última vez que había llorado tanto, pero había creado un vínculo con estos chicos y me sentía responsable por ellos.
Traté de ver al pequeño bulto, pero madame Pomfrey me lo impidió.
-La chica no tenía ni siquiera seis meses y el feto no estaba bien desarrollado.
-Entonces, el bebé...
-Dejemos a tu amiga descansar tranquila –dijo Amalia en voz alta, para que todos escucháramos.
-Me encargaré del pequeño –nos explicó madame Pomfrey, y se fue.
Me acerqué a Harry y lo sujeté por los hombros. Ya no lloraba, pero su cuerpo parecía sin vida sobre el costado de la cama.
-Vamos, también necesitas descansar. Mañana hablaremos...
-No –me interrumpió con fuerza repentina. Respiró profundamente unas cuantas veces y siguió, con tono más suave-. Estoy bien, puedo esperar en el sillón.
Tardé unos momentos en comprender lo que pensaba: Aún no confiaba en nosotros y prefería estar despierto y vigilando el cuarto donde se encontraba su amiga.
Al parecer tendríamos que hablar algo antes que todo.
-Está bien. Vamos –le dije.
Trató de levantarse y me apresuré a sujetarlo. Respiraba de forma extraña y su cuerpo temblaba. Su rostro estaba pálido.
Resistí la tentación de mandarlo a dormir con un hechizo. Eso no ayudaría a ganarme su confianza.
-Deberías descansar, muchacho –escuché hablar a Dumbledore.
-Estoy bien... señor –replicó Harry en voz baja. Era obvio que no estaba bien. Tomó varias respiraciones profundas y se dirigió a la puerta. Miré a Dumbledore y no pude evitar sonreír.
La última en salir fue Amalia, quien cerró la puerta despacio. Los demás ya estábamos sentados. Harry había vuelto a ocupar el mismo lugar en el sofá de dos plazas y Dumbledore se sentó en el individual. Quise ofrecerle el lugar que quedaba, al lado de Harry, a Amalia, pero antes de decírselo ella habló:
-Siéntate, prefiero estar de pie.
Su rostro estaba serio.
Se quedó de pie frente a Harry, con los brazos cruzados y mirándolo con el ceño fruncido.
Me senté al lado de Harry. El chico seguía pálido y estaba inclinado hacia adelante. Al parecer no era consiente de lo que hacia, ni que lo estábamos mirando.
-¿Qué está pasando? –preguntó, sin rodeos, Amalia.
Miré por última vez a Harry, quien había levantado el rostro y nos miraba con miedo. Luego vi a Dumbledore que también me miraba.
-Yo... –traté de explicar, pero tampoco sabía que decir. Decidí contar todo lo que había hecho, tal vez eso ayudaría a entender-. Yo... terminé la misión –dije, mirando a Dumbledore, él inclinó la cabeza en señal de entendimiento-. Estaba cansado y me equivoqué en la aparición...
-Claro –interrumpió Amalia, con expresión incrédula-, porque es normal que te equivoques.
-Eso fue lo que pasó –le dije, mirándola para que me creyera-. Aparecí en un basural, no sé exactamente dónde. –Miré a Harry-. ¿Sabes el nombre del lugar?
Él se encogió más en el sofá, por un momento pensé que no iba a hablar.
-No... –su voz salió extraña, por lo que se aclaró la garganta con una mano en su pecho-. Nosotros vivía... estábamos en una ciudad al suroeste de Londres y luego caminamos hacia el este... pasamos una carretera y... luego llegamos a... al lugar donde nos conocimos –dijo, mirándome-. Pero no sé como se llama... no había letreros... no pensábamos estar mucho tiempo, pero... pero Hermione...
-Está bien –lo interrumpí, entendiendo lo que les pasó. Ya más tarde aclararíamos eso. Seguí con mi explicación-. Cuando iba a aparecer de nuevo los sentí y... bueno... ataqué a Harry –reconocí avergonzado mirándolo, pero su rostro no parecía mostrar una expresión diferente.
-Ya –replicó Amalia-. ¿Y qué...? –se interrumpió de golpe-. ¿Harry? –susurró, mientras se acercaba al muchacho como zombie. Este se asustó, se paró de golpe y se fue detrás del sofá.
-Yo reaccioné de forma similar –le dije a mi amiga.
-Es suficiente –murmuró Harry-. ¿Quienes... y qué son?
-Antes de responderte –habló Dumbledore con voz potente-, nos gustaría hacerte unas preguntas.
Harry se sujetó con fuerza del borde superior del sofá y miró hacia la habitación donde se encontraba la muchacha.
-Dijiste que no sabías tu apellido. Ahora te pregunto, ¿por qué?
-Ah, yo... –su rostro lucía confundido-. ¿Qué? –preguntó, luego de unos momentos en el que pareció desconectarse. Me preocupé y me acerqué a él. Habíamos estado tan preocupados por la chica que me había olvidado de su estado deplorable, tal vez tenía hambre y frío.
-¿Qué pasó con el bebé? –preguntó de repente.
-Está muerto –respondió Amalia, luego de unos minutos. Su voz volvía a denotar enfado y su mirada era acusadora.
No podía apreciar el rostro de Harry, porque al estar inclinado su cabello lo cubría.
-No... ¿Por qué? –preguntó en voz baja.
-Eso es obvio –espetó Amalia-. La chica no estaba preparada para ser madre, su cuerpo no tiene los nutrientes necesarios y, por lo que dijo Remus, sus condiciones de vida no eran adecuadas.
-Pero, traté de darle lo que pude...
-El estado del feto indica que no se desarrolló bien desde el inicio de la gestación. Debieron haber ido a un hospital –terminó casi gritando.
-Entonces... nosotros lo matamos –dijo Harry.
-¡No! –repliqué-. Estas cosas pasan...
-Si tienen responsabilidad. –No sabía que le pasaba a Amalia. Ella no era así-. Por el estado del cuerpo de la chica, estoy segura de que vivían así hace mucho tiempo. Independiente del hecho de que vivían en la calle, si saben que no pueden cuidarse ni de ustedes mismos, tampoco podrían cuidar un bebé. Si pueden andar disfrutando de su relación debieron tomar las precauciones para que esto no pasara.
Con que eso era lo que la enfadaba. Mi amiga odiaba la irresponsabilidad, lo que era irónico por su apellido.
Harry había levantado el rostro y miraba a Amalia.
-¿Qué? Se equivoca... nosotros no...
No supe que quería decir, porque de pronto empezó a toser, mientras se cubría la boca con un trapo sucio que sacó del bolsillo de su pantalón. Puse una mano en su espalda y me incliné a su lado.
-¿Estás enfermo? –le pregunté. No me contestó, seguía tosiendo y podía sentir el esfuerzo de sus pulmones-. Harry... –me había inclinado más hacía él y pude ver una mancha marrón que resaltaba en el pañuelo, también un pequeño hilo de sangre que corría por su mentón desde su boca-. ¡Amalia! –grité-. ¡Está tosiendo sangre!
Mi amiga se acercó con su varita en la mano, pero eso al parecer asustó a Harry, porque retrocedió asustado.
-No –susurró.
-Tranquilo –dijo Amalia-. Tengo que examinarte.
Al parecer lo que asustaba a Harry era la varita, y no me extrañaba. Le iba a explicar las cosas, pero no me dio tiempo...
Cuando Amalia ya estaba a un paso de Harry, una fuerza nos impulso hacia atrás... pensé que impactaríamos contra algún mueble o la pared, pero algo me detuvo. Vi que Amalia estaba sentada en el suelo, delante de un mueble, en la esquina de la habitación. Por suerte parecía no haber chocado. Dumbledore estaba sentado de forma extraña. Al parecer se había estado levantando, pero la magia lo volvió a sentar. Llevé mi mano hacia atrás... casi pegado a mi estaba la pared, al parecer me había detenido a un centímetro de esta.
Era obvio que Harry no controlaba los impulsos de magia, pero nos había detenido. Supongo que en su interior luchaban el miedo que nos tenía contra el agradecimiento por ayudar a su amiga.
-Yo... no...
Enfoqué a Harry. Estaba hincado en el suelo y parecía apenas consiente.
Me apresuré a su lado, al igual que Amalia. Esta vez nadie salió volando.
Amalia puso una mano en su espalda, examinándolo de forma muggle. La había visto varias veces hacerlo en los ataques, para ayudar a los muggles.
-Pero qué demonios está pasando –la escuché susurrar. Me preocupe, al parecer era algo más grave que un simple resfriado.
-Escúchame –le dijo a Harry, sosteniéndole el rostro con las manos-. Usé mi varita para ayudar a tu amiga, ahora déjame ayudarte, ¿si? –le había hablado de forma suave y con rostro maternal. Vi a Harry asistir con la cabeza.
Amalia recibió la varita que le tendía Dumbledore... al parecer, cuando salió impulsada hacia atrás, también su varita había salido volando de su manos.
-Vamos a tu cuarto, Remus –me pidió Amalia.
