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~ Fotografías ~
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Daisuke
Entusiasmo
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Es muy divertido volver a estos pasillos. Es, también, remover memorias. No excesivamente viejas, pero ya de varios años.
Daisuke está entusiasmado. Corretea de aquí para allá y parlotea acerca de los profesores. No dejo de hacerle fotos que reflejan todo su entusiasmo, es realmente contagioso. Aunque la mejor es la que le saco tan rojo como un tomate porque estaba criticando a un profesor que decía que le tenía manía y justo casi se chocó con él al doblar una esquina.
Es de esas cosas que solo le pasan a Dai.
Buscamos la primera aula que tuvimos en esta escuela, la primera que compartimos, y tratamos de recordar (sin éxito) cuáles eran nuestros pupitres. Él acaba señalando uno, muy seguro y contento por haberse acordado. Me sorprendo de su capacidad de convencerse a sí mismo, porque recuerdo claramente que ahí se sentaba una antigua compañera de clase. Pero lo dejo estar.
—¿Cómo has conseguido que nos dejen entrar? —pregunto, mientras inmortalizo el contraste de su pelo con el techo blanco.
—Solo lo he pedido. —Se encoge de hombros. Sí, lo entiendo, con ese entusiasmo es difícil que le puedan negar algo. Aunque él suela creer que no es así.
—Es muy agradable volver, pero me siento de pronto muy mayor.
—¡Yo no! Es raro… Es como si no hubiera pasado el tiempo. Parece ayer cuando me reí tanto que me salió el zumo por la nariz, o cuando perdí una apuesta y tuve que comerme una lombriz...
Mientras me cuenta anécdotas de la niñez, sus dientes, tan blancos y rectos, ocupan toda su sonrisa. Es la viva imagen de la despreocupación, perfecta para la sesión sobre él.
—Oye, ¿hay alguna lógica en el orden en que estás haciendo las fotos? —me pregunta, mientras paseamos de camino a la salida.
—Lógica, no. Un sentido para mí, sí.
—¿Cuál?
—No sé si podría explicarlo.
—Soy todo oídos. —Me río.
—Bueno, empecé con Taichi porque si no lo conseguía con él, no podría con ninguno. Sora fue la siguiente porque sentí que era lo correcto, alguien a quien ya entendía. Y después quise probar con alguien que me supusiera un reto, Iori. Desde ahí voy pensando quiénes me resultan sencillos o quiénes no… No sé, simplemente me despierto y siento que el siguiente será uno u otro.
—Aún no sé bien qué quieres decir con eso de conseguir algo —dice.
—Ya te enseñaré el resultado final, igual entonces lo entenderás.
—Vale.
Acelera el paso cuando nos acercamos a nuestro destino. Se deja caer, con los brazos y las piernas extendidas, justo en el centro del campo de fútbol. Relajado, enérgico, dispuesto a todo. La pose que no sabía que buscaba para capturar su esencia.
Es alguien lleno de sed de aventuras, de entusiasmo que está dispuesto a repartir. Una persona muy sana para tener cerca, para hacer más divertidos los momentos, dispuesto a reír a carcajadas en cualquier instante. No quiere decir que no tenga inseguridades o mal humor, que a veces tiene exageradamente, pero eso solo lo hace aún mejor.
Daisuke debe ser una de las personas más fáciles de entender. Y, precisamente por eso, una de las más raras de encontrar.
—Dai —lo llamo, él levanta la cabeza para que sepa que me escucha—. ¿Recuerdas lo que te escribí en esa tarjeta que te regalamos en tu cumpleaños?
—¿Que no cambie nunca?
—Sí. Pues eso, no lo hagas. Y, venga, se nos hace tarde, vamos a comer algo con los demás, nos están esperando.
No tiene mucho mérito sacarle una sonrisa entusiasta, porque es de las personas que más las regalan, pero igualmente me contagia el buen humor.
