Perdón por la demora en actualizar. Reconozco que estoy un poco desmotivada. Gracias a los que me escribieron para hacerme saber que la historia les gusta. Es lindo saberlo. :,).
Kotoko entró desesperada al hospital. Estaba en completo estado de shock. No sabía qué hacer, tenía turno pero no se sentía preparada para atender a nadie. Se miró las manos y estas temblaban sin poder controlarlas.
-¿Qué te sucede Kotoko?- le preguntó Daniel al verla apoyada en la pared temblando.
-¡Doctor! – exclamó asustada.
-¡Sí! ¿El doctor Daniel, me recuerdas? ¡Tu amigo! -¿Qué te sucedió Kotoko? …parece que viste un fantasma.
-Es que lo vi- susurró ella cabizbaja.
-¿Quieres conversar?... estoy en pleno turno… pero no hay muchos pacientes esta noche. Parece que estará algo tranquilo.
-No, no podría hablar ahora- le dijo con los ojos llenos de lágrimas.
Daniel suspiró fuertemente. Se le veía demasiado mal en esos momentos para forzarla a hacer algo.
-No sé que es lo que te sucedió, pero no estás bien. Ve a descansar, mañana hablamos ¿Te parece?.
-Por favor, no te moleste conmigo Daniel, solo que ahora no puedo… - le dijo preocupada.
-Estoy preocupado por ti Kotoko, no enojado. Por ahora ve a descansar. De todas formas deberás mantenerte alerta… si hay una emergencia te enviaré a buscar, no tenemos mucho personal hoy.
-Gracias sr doctor - le dijo ella sonriendo.
-De nada srta enfermera- le dijo con una sonrisa en sus labios.
Kotoko no podía creer lo que había vivido, estaba completamente sorprendida y triste. Al parecer no podría escapar de Irie tan fácil. Ella había querido convencerse qué estos meses separados, habían sido decisivos para reafirmar su quiebre matrimonial. Pero al parecer, eso no había sido así. Al parecer, esos meses habían hecho aflorar en él los sentimientos que ella siempre había querido.
Por una parte, estaba claro que ella aún lo amaba, pero por otra, estaba claro también, que muchas cosas debían cambiar para que ellos pudieran volver a estar juntos.
A la mañana siguiente, Kotoko se sorprendió al llegar al hall del internado. Alguien, le había dejado un regalo. Un gran ramo de flores destacaba junto a un pequeño paquetito envuelto con un elegante papel de regalo.
Sus compañeras corrieron hacia ella.
-¡Por fin apareces! ¡Esto llegó muy temprano! ¡Vino un joven muy apuesto a dejarlas! ¡Te dejó este sobre! ¡Apúrate! ¡Ábrelo y léelo!- gritaba una de ellas.
Kotoko miró el regalo pero antes quería saber qué decía la nota.
"Ayer olvidé pedirte tu número de celular, por eso quise reglarte este, quiero poder estar en contacto contigo durante el día, por favor úsalo. Está pensado especialmente en ti. Te quiero Kotoko. Naoki."
Kotoko abrió el regalo y encontró un hermoso teléfono celular. En verdad era muy lindo. Tenía su nombre tallado en el equipo y como fondo de pantalla tenía una foto donde salían los dos. Foto que les habían tomado en un día especialmente feliz para los ellos. Kotoko sintió un nuevo nudo en su garganta al ver la foto.
A los minutos de encendido, le llegó el primer mensaje:
-¿Te gustó mi regalo?.
-No era necesario, pero está muy lindo, gracias- le respondió ella.
-Me alegro, está diseñado especialmente para ti. Si necesitas algo a la hora que sea, avísame. Estaré esperando.
-Ahora debo ir a trabajar- le contestó Kotoko.
-Ok, buen día- le dijo él.
Kotoko no contestó. Irie por su lado sabía que esto sería difícil. No sabía cómo acercarse a ella. Entre las clases y su trabajo, sabía que Kotoko no contaría con mucho tiempo libre. Sabía que ella no debía fallar. Por otro lado, Kotoko, estaba muy a la defensiva, en verdad no sabía que hacer.
Irie pudo hablar por teléfono con su madre (quien lo llamaba incesantemente para pedirle detalle de todo). A pesar de que él se sentía descorazonado su madre le daba fuerzas para continuar.
-Hijo, ella te persiguió por años ¿Tú no te vas a rendir por unos pocos días? ¿Verdad?
-No mamá, pero es duro. Kotoko ya no es la misma.
-Me lo imagino. Para ella tampoco ha sido fácil, ponte en su lugar. Es normal que toda esta vivencia la haya hecho cambiar, pero en el fondo, sigue siendo la misma persona. No te desanimes hijo.
-Lo sé. Solo quiero que todo vuelva a ser como antes- le dijo él.
-Hijo no seas ansioso, deberás saber esperar.
-Sí, lo sé, gracias de nuevo- le dijo al cortar la comunicación.
Luego de la conversación Irie quedó más tranquilo, pero su madre estaba muy preocupada. Quizás su hijo no estaba preparado para hacerle frente a esta situación. A él que siempre las cosas se le habían dado fáciles, esta situación realmente le implicaría un desafío mayor. La verdad no estaba segura si él podría con ello, no creía que él pudiera mantener la calma si Kotoko insistía en no querer regresar con él. Ella siempre cedía ante él, pero esta vez las cosas no estaban saliendo como su hijo quería. Quería creer que su hijo podría manejar la situación, pero la verdad era que estaba bastante intranquila y preocupada por la situación.
(*******)
Al cabo de un rato, Kotoko se encontró con Daniel.
-¡Vaya! Todo el mundo habla de las flores que recibiste esta mañana – le dijo mirándola fijamente.
-¿Tú también Dr?- le preguntó ella cansada un poco del tema.
-¿Me vas a contar de quien son?- le preguntó el sentándose en los sillones del hospital.
-De mi marido. Me encontró. Lo vi ayer- le dijo sintiéndose como una chiquilla descubierta haciendo algo malo.
-Sí, ya me lo imaginaba. Ayer estabas pálida y temblorosa. Un fantasma no te hubiera dejado tan mal- sonrió irónico.
Kotoko sonrió.
-¿Y? ¿Qué viene ahora?- le preguntó él mirándola fijamente. -¿Qué vas a hacer?- le preguntó al ver su cara de incomprensión.
-¡Nada!- ¡Seguir como estoy!- No quiero verlo – le dijo apretando los puños de las manos.
-Está bien. Me voy. Acaba de terminar mi turno- le dijo cansado. -Nos vemos a la noche- le dijo él saliendo de la habitación rápidamente, ya que esa conversación lo había descompuesto. Si el marido de Kotoko estaba rondando, lo más probable era que ella quisiera abandonar el lugar, y eso era algo que él no quería permitir.
(+++)
Por los siguientes dos días, Irie no supo nada de Kotoko. Ella no quería contestar sus llamadas ni mensajes. Estaba comenzando a impacientarse. Encerrado en la casa tenía mucho tiempo libre. Aun cuando continuaba estudiando en forma autodidacta, se sentía demasiado frustrado con todo.
Ese día se dirigió nuevamente al hospital. Estuvo deambulando por los jardines, cuando divisó a Kotoko junto a sus amigas. Solo que esta vez, había una persona que llamó su atención.
Irie quedó impactado al ver esa escena. En el grupo había un nuevo rival. Lo tenía claro. Si algo había aprendido en estos años Irie, era el poder detectar a los hombres que se enamoraban de ella.
-¡No puede ser! ¡Maldita sea!- exclamó frustrado. Se escondió rápidamente para poder observar sin ser visto.
Parecía doctor. Llevaba la bata blanca de médico, pero se veía muy joven a la distancia.
-¿Será un estudiante de último año?- se preguntaba. Pero tenía dudas, porque llevaba el logo del hospital. Esa bata era de un médico. No de estudiante.
En eso pasó una enfermera que paseaba a una paciente en sillas de ruedas. Irie en forma sigilosa se acercó a ella y le preguntó:
-Disculpe señorita pero quiero preguntarle algo.
-¿Sí? ¿Dígame?- le dijo ella algo sonrojada.
-¿Quién es el joven que va entrando en estos momentos al hospital?.
-¿El doctor Tokishima?.
-¿Doctor?.
-Oh si, él es el doctor residente del hospital- le contestó la enfermera algo cohibida.
-Oh disculpe, es que se ve muy joven, nunca pensé que podría ser el médico residente.
-Bueno, si en verdad es muy joven. Cumplió recientemente los 30 años, pero es doctor hace varios. Es muy bueno. ¿Necesita hablar con él?.
-Si, pero vendré mañana mejor- dijo a modo de excusa - Lo vi entrar apurado, quizás está ocupado.
-Si, lo está. Creo que este es su segundo turno. El pobre no ha dormido en 24 hrs, debe estar exhausto. Mañana estará libre, así que le recomiendo venir pasado mañana ¿es algo urgente?.
-No, nada que no pueda esperar - le agradezco enormemente su ayuda.
La enfermera se ruborizó. Irie le había parecido muy apuesto, pero engreído. Aunque la forma en la que se despidió, fue muy educada.
Daniel por ser el doctor residente, tenía al igual que los internos, su propia habitación en el hospital. Sólo que estaba contaba con una pequeña cocina, living y comedor. Como su familia residía en otro estado, para ahorrar, había preferido vivir en el mismo hospital. Y ahí, era en "su mini departamento" donde siempre el grupo se reunía a compartir cuando no tenían turno.
(***)
Ya habían pasado 5 días desde su encuentro y Kotoko no había tomado prácticamente el celular que Irie le había dado. Ella lo mantenía en su habitación y apagado. Solo lo encendía durante la noche y apenas si leía los mensajes que su marido le enviaba. La verdad era que no quería tener que enfrentar la situación.
Ella pensaba que así sería mejor. Así ambos se dedicarían a sus carreras como primera opción. Pero eso teniendo en claro que ella pensaba que Irie se encontraba trabajando y estudiando en su ciudad natal y no precisamente a dos cuadras de donde ella se encontraba.
Ese día encendió su celular y vio que tenía por lo menos unos 40 mensajes de whastapps y varios mensajes de voz. Habían pasado ya unos días desde que Irie se lo había regalado y lo único que no había hecho con él, era usarlo.
Kotoko, ya sin excusa y bien dubitativa, decidió comenzar a leer los mensajes que Irie le había escrito. Al principio todo bien:
-"¡Buenos días!" "¿Cómo estás?" "¿Cómo estuvo tu día?" "¿Estás de turno hoy?" ¿Cuándo tendrás un día libre?... pero a medida que avanzaba, notó el cambio. Los mensajes se fueron poniendo cada vez más densos.
-"¿Por qué no me contestas?" "¡Dime algo siquiera!" "¿Estás bien?" "¿Cómo te ha ido?"
"El celular me indica que ni siquiera has leído mis mensajes… ¿Lo tienes apagado verdad? Por favor cuando lo enciendas y leas esto, háblame. Quiero saber de ti."
Luego, hizo algo de lo cual se arrepintió… escuchó los mensajes de voz.
Mensaje 1: Kotoko ¿Por qué me ignoras así? Me imagino que no quieres que te importune con tus estudios y con tu trabajo, pero por favor, sólo quiero tener la oportunidad de saber de ti.
Mensaje 2: ¿No podemos hablar que sea una vez al día?
Mensaje 3: ¡Kotoko, maldición! ¡En verdad, necesito saber de ti! ¡Por favor!- le decía con voz suplicante.
Mensaje 4: ¿Estás saliendo con alguien más? ¿Te gusta otra persona? ¡De ser así, dímelo de una vez, y no te molestaré más!.
Mensaje 5: Te amo Kotoko, puede que sea tarde, pero a mi forma siempre te he amado, lo sabes. Creo que te amo desde el momento que me entregaste esa ridícula carta, pero no lo quise reconocer. Lamento todo el tiempo que desperdicie en no decirte lo que realmente sentía por ti.
Mensaje 6: Kotoko, llámame- y acto seguido un sollozo -Me siento tan solo sin ti…
Kotoko comenzó a llorar. No sabía qué hacer. Todo se estaba descontrolando. Irie parecía desesperado. Ella sabía que debía enfrentarlo luego. Sabía que debía hacerle frente a la situación tarde o temprano. Pero no sabía que hacer. Escucharlo así le partía el corazón. Se sentía culpable de todo. Culpable de haber llevado a Irie a esa desesperación. Pero también sabía que no podría renunciar ahora. Retroceder ahora, sería un fracaso a todo lo que había avanzado.
Como sabía que no podría hablar con él sin echarse a llorar, decidió escribirle un mensaje:
-"Disculpa por no haber tomado contacto contigo antes, tenía el celular pagado. Hoy tuve clases importantes y turno, y no quería que nada desviara mi atención. No estoy saliendo con nadie Irie, por ahora solo pienso en terminar mi internado. Respecto a ti, no he pensado nada, por favor no me presiones ni me hables de amor ahora. Dejemos pasar algo más de tiempo. Concéntrate en tus estudios y da lo mejor de ti"
Al minuto Irie le contestó:
-"Me alegro saber de ti y saber qué estás bien. Disculpa los mensajes de voz, pero en verdad, quiero hablarte, poder verte. Estoy tan frustrado Kotoko con respecto a nosotros. Y con respecto a mis estudios, quiero decirte que congelé el semestre"
-"¿Congelaste el semestre? ¿Por qué? ¡Si ibas tan bien!- le escribió devuelta Kotoko sorprendida.
-"Para estar cerca de ti".
-¡Esto debe ser una broma!- exclamó Kotoko para sí. -¿Qué quiere decir para estar cerca de mí? ¿Él está en su casa? ¿o no? – pensó más inquieta aún.
Al leer esto último, Kotoko no lo pensó dos veces. Se cambió de ropa, se abrigó bien y salió corriendo a los jardines donde se encontró con Irie ese día. Caminó un rato por los alrededores solo para asegurarse que él no estaba rondando el hospital. La idea le había parecido absurda pero algo en su interior le había dicho que lo hiciera.
Se sentó en una de las butacas y sin darse cuenta, comenzó a llorar descontroladamente. Por un momento, deseó que fuera verdad. Deseó que él estuviera ahí esperando por ella. Sabía que era imposible, pero aún así lo llegó a desear en su fuero más interno.
