Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no me pertenecen, ninguno.
9/26 (Epílogo incluído)
¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Bueno, como siempre, he aquí el capítulo correspondiente al día de hoy, que ojalá disfruten =). Como siempre, quisiera también agradecerles a los lectores de esta historia. ¡Gracias! Por darle una oportunidad y seguirla día a día. Y, más aún, gracias, muchas gracias, a quienes se tomaron esa molestia extra de escribirme haciéndome saber su opinión y lo que piensan. Y, si no es mucha molestia, me gustaría saber qué piensan y les sigue pareciendo.
Muchas gracias a: Rukia Kurosaki-Chan (¡ay, eres tan amable! ¡Gracias! Y si, debe ser duro. Para mi amó a Riza toda su vida, pero qué se le va a hacer... no puede tenerla, ergo, la razón por la que escribo de esta pareja =P), Sangito (me alegra que te haya gustado y no te haya resultado del todo confuso y si, quería retratar una especie de atracción (a modo de curiosidad) aunque distinta desde el inicio. En cuanto al beso, llegará a su debido tiempo =)), Inma, HoneyHawkeye (jaja, tu comentario me causó mucho. Yo también lo pienso, tanto que consideré hacer un fic de Roy y Riza discutiendo en la cotideaneidad, como Roy no bajando la tapa del inodoro =D), Andyhaikufma, laura-eli89 (me alegra que te guste lo de mezclar, tenía miedo de cómo fuera a resultar, pero es un alivio. Gracias =). En cuanto al beso, llegará a su debido tiempo, y llegará =D), fandita-eromena (tu review me hizo muy feliz, ¡gracias! En cuanto a lo de Berthold, no quería retratarlo del todo frío. Evidentemente se arrepintió en algún momento de desatender a Riza dado que se disculpó con ella en sus últimos momentos. En cuanto a la concentración de Roy, si, es pobre con Riza por allí =D Me alegra que el capítulo te haya dado una impresión tan firme de la relación de ambos, es algo así como la idea de todo el fic), mariana garcia (qué bueno que te haya gustado- Y si, esa es la idea que quería dar. Después de todo, el padre de Riza sí le dijo a Roy al morir que se la confiaba a él ;)), Lucia991, inowe, Akamaruwolf323 (desgraciadamente si, siempre nos quedarán los fic ;) Y me alegra mucho que te guste como me los imaginé de jóvenes, es agradable saberlo. ¡Gracias!), Arrimitiluki y Darkrukia4 (¡Gracias! Me alegra que te haya gustado. En cuanto a la continuación, te garantizo que continuaré subiendo un capítulo al día. Espero que disfrutes la historia =)).
Gracias a todos. ¡Nos vemos y besitos!
Cosas que dejamos atrás
IX
"Un completo idiota"
Suspiró, alzando la vista de su papeleo y clavando sus ojos caoba en la puerta cerrada de la oficina del coronel. Su superior había llegado temprano, a diferencia de su habitual costumbre de hacerlo un par de horas pasadas la hora real de comienzo de su turno, y meramente los había saludado con un asentimiento al pasar y había ido directo a su oficina, cerrando su puerta tras de sí y hasta el momento no había vuelto a abandonarla ni a asomar su cabeza. Ni siquiera para aceptar su acostumbrado café que ella le había preparado. De hecho, sólo había replicado que lo dejara allí, que en un momento saldría a buscarlo, y no lo había hecho. De eso ya había pasado otra media hora, y el brebaje estaba frío e imbebible pero Riza se rehusaba a arrojarlo dado que la orden de su superior había sido la de dejarlo allí. Y allí estaba, sobre el escritorio vacío que su superior solía ocupar cuando optaba por trabajar en el mismo espacio físico que ellos en vez de su oficina privada, intacto y olvidado. Havoc había sugerido ya que lo desecharan en dos ocasiones y Riza empezaba a considerar la opción seriamente.
Roy no parecía que fuera a asomar su cabeza por otro largo tramo más de la jornada laboral y la bebida ya no era siquiera aceptable para ningún paladar de todas formas. Riza nunca había sido del tipo de persona que prefería el café (al té, por ejemplo) pero aún así bebía la ocasional taza en la mañana para proporcionarse una adecuada dosis de cafeína y poder continuar a través de todo el día y por ende sabía perfectamente que no había nada más desagradable que el café frío, salvo quizá la carne enlatada de dudosa consistencia que los había mantenido vivos en Ishbal. De todas maneras no tenía sentido conservarlo. Si su superior deseaba café, sería mejor que se preparara otro. Por lo que poniéndose de pie se dispuso a deshacerse del líquido apropiadamente. Una vez hecho, volvió a su escritorio. Su superior continuaba sin asomar su cabeza.
Havoc habló —Me pregunto si el jefe estará bien...
Y Fuery se acomodó calmamente los lentes sobre el puente de la nariz —El coronel se tomó todo esto muy enserio.
Breda se encogió de hombros —Era de esperarse, el coronel ha estado proyectando esto desde hace mucho tiempo —finalmente decidí dar un paso al frente, y asumir la responsabilidad por lo ocurrido en Ishbal. Tomará tiempo, lo admito. Pero primero debo desmantelar las áreas de confinamiento de los Ishbalitas y asegurarme de que Ishbal sea considerado una tierra santa. Estoy seguro de que encontraré ciertas resistencias en este punto, especialmente de los altos cargos. Aún así, no puedo rendirme. Y necesitaré de tu ayuda para armar las estrategias del proyecto. No lograré que lo aprueben si me presento ante los altos cargos con solo palabras y un plan pobre.
Havoc se cruzó de brazos y se apoyó contra el respaldar de su silla, cigarrillo apagado danzando entre sus labios —Aún así, no puede ser sano. Lleva allí demasiado.
Fuery asintió —Supongo que querrá tener todo listo para la reunión de los altos cargos de hoy.
El rubio sonrió—No recuerdo haber visto al coronel trabajar tanto en demasiado tiempo. Al menos no referente al papeleo.
Breda asintió, una sonrisa despreocupada en su habitual expresión idiota, la misma que llevaba ocasionalmente a que las demás personas no lo tomaran en serio. No obstante, el alto intelecto del teniente segundo lograba opacar efectivamente esa primera impresión que su aspecto lograba dar de su persona; razón por la cual formaba parte del equipo elegido a mano de Roy Mustang y razón por la cual también era al primero al que le consultaba sobre estrategias así como también situaciones políticas —Creo... desde que fuimos todos trasladados y el coronel tuvo que encargarse solo de su trabajo.
Havoc sonrió —Debe haber sido una pesadilla —él no había estado, por supuesto, por razón de discapacidad motriz.
Breda se encogió de hombros —La batalla en la región limítrofe de Pemdleton lo es —aquella región y en particular Pemdleton, que limitaba con Creta, era donde la batalla se llevaba a cabo y continuaba desde hacía años ya, sin cese ni tregua. Afortunadamente, él había sido excusado de ser enviado al campo de batalla. Fuery, en el sur, no había tenido tanta suerte—. Los platillos occidentales no son tan malos. Al menos no tuve que estar bajo el comando de la reina de hielo en Briggs y congelarme los pies como tú en el último entrenamiento conjunto con el Norte. Ni fui enviado a las trincheras como el sargento Fuery en el Sur.
Por un instante, una expresión de tristeza cruzó sus jóvenes y amables facciones. Había perdido a un camarada allí, Thomas, que había estado con él en las trincheras y había muerto producto de una explosión de las tantas que habían estado huyendo. Aerugo no escatimaba en armamento —No creí que sobreviviría... Pero la teniente primera Hawkeye lo tuvo peor.
Riza negó calmamente con la cabeza. No era del todo cierto, sus días bajo el comando de Bradley habían pasado lentos y tortuosos y más aún cuando había descubierto que no era un homúnculo sino dos los que la estaban vigilando. No obstante, ella había tenido la certeza de que no la dañarían –siempre que no se convirtiera en un inconveniente- porque la necesitaban viva para subyugar al coronel. Amenazas o no, Hawkeye seguiría viva, porque eso era lo que mantenía a su superior en el lugar que los homúnculos deseaban. Se había convertido en un rehén, si, pero eso significaba que la necesitaban con vida. El resto de su equipo no. Ellos habían sido enviados cada uno a las fronteras donde las principales guerras de Amestris con los países limítrofes eran llevadas a cabo (cada punto del círculo de transmutación), esperando o no que murieran. No importaba. Sus vidas no tenían valor alguno para los homúnculos y sus planes y por ende podían ser desechadas en las guerras para la creación de la piedra filosofal. Era una suerte –y no tanto, dado que sus subordinados eran perfectamente capaces- que no hubieran debido lamentar otra tragedia como la de Hughes.
—No. Yo fui un rehén. Por ende, mi vida no estuvo en riesgo inmediato —aseguró, seria. No intentaba minimizar la situación que había vivido, porque los días en que había debido mantenerse apartada del coronel para evitar que nada le sucediera habían sido largos. Demasiado largos. Aún así, ella había podido permanecer en su casa, en las comodidades de su módico apartamento y mantener una rutina relativamente normal. También, había sido ubicada en una locación privilegiada para obtener información para su superior –aunque no había obtenido nada realmente- y había tenido la certeza de que mientras su vida sirviera a algún fin, no se la arrebatarían. Sin embargo, había vivido con miedo y había debido aceptar de mala gana que un homúnculo la observaría desde las sombras constantemente. Selim Bradley.
Suspiró, observando la puerta cerrada de la oficina del coronel. Ciertamente agradecía que las cosas hubieran resultado bien en definitiva, y que su superior hubiera sido capaz de recuperar su vista. Aún así, aún tenían demasiado por hacer y el coronel parecía haber definitivamente comenzado a avanzar de acuerdo a sus planes. Sonrió con calma. Como dije, pretendo tomar en mis propias manos el asunto de Ishbal, y espero que me sigas. Era en ocasiones como aquellas en que recordaba especialmente por qué había decidido seguirlo y unirse a la milicia. Por qué había dedicado toda su vida a él. Y por un segundo, se preguntó si no debería cerciorarse de que su superior se encontrara bien y no necesitara nada. Sin embargo, decidió aguardar un poco más. Si el coronel no salía era seguramente porque estaba ocupado y no porque estuviera procrastinando como ocasionalmente hacía. Ishbal era una temática delicada para ambos y estaba completamente segura de que su superior se tomaría la misma con la seriedad necesaria y requerida. Si, completamente segura.
Suspirando larga y tendidamente, retomó su trabajo. Si todo salía como esperaban, pronto podrían poner en marcha el proyecto Ishbalita que devolvería a los antes habitantes de Ishbal a sus tierras. Y aún entonces, deberían asegurarse de que todo lo destruido por ellos mismos fuera reconstruido y retornado a su estado original. Los edificios, los templos y las instalaciones necesarias para que las personas pudiera vivir y cultivar allí. De mejorar el área, Ishbal podría convertirse en un buen punto de intercambio con Xing, pero para alcanzar todo eso aún debían lograr que el proyecto fuera aprobado. Primero por los altos mandos del cuartel del Este, donde se encontraban ahora, y luego por los altos cargos de Central.
Aunque asumía que el mayor inconveniente sería el Este y no la capital de Amestris. Después de todo, el actual Fuhrer Grumman tenía al coronel Mustang en alta estima. Más aún, le debía al mismo su posición actual y por ende Roy estaba confiado de que aceptaría proveerle al menos ese proyecto con que ocuparse las manos. En el Este, no obstante, ya no tenía contactos ni superiores con predilección por su persona. Menos aún que le debieran favores. Por lo que dependería plana y simplemente de él el convencerlos del beneficio de llevar a cabo dicho proyecto. Seguro, su superior era carismático y manipulador, cuando necesitaba serlo, pero Hawkeye dudaba seriamente que fuera lo mismo cortejar a una mujer a seducir con la idea de un proyecto a un grupo de militares de alto rango.
Las probabilidades no estaban necesariamente de su lado y eso era lo que venía preocupando al coronel por varios días, semanas incluso. Pero confiaba en la habilidad de su superior para lograr aquello también. A diferencia de lo que muchos pensaban, y a diferencia del aura de arrogancia y superficialidad que Roy Mustang dejaba entrever, su superior era un comandante capaz. Y si ella había elegido seguirlo era porque realmente creía en él y en su capacidad de lograr lo que una vez le había dicho frente a la tumba de su padre. Un futuro donde todos pudieran vivir felices.
Separando a duras penas la punta de la pluma del papel, alzó la vista. Su superior no era el único trabajando duro. Los tenientes segundos Havoc y Breda y el sargento mayor Fuery también lo hacían, igual que ella. Después de todo, todos ellos comprendían la importancia de aquello. En ese instante, sonó el teléfono. Una, dos veces. Y al ver que el coronel no atendía desde el interior de su oficina –dado que seguía sonando- alzó el auricular del suyo propio y lo llevó a su oído. Expresión seria. Voz calma —Oficina del coronel Mustang. Aquí, Riza Hawkeye al habla.
La encargada de las líneas militares, al otro lado de la línea, replicó —Ah, teniente Hawkeye. Hay una llamada para el coronel Mustang de una línea externa insegura.
Riza alzó sus ojos a la puerta, aún cerrada. ¿La tomaría el coronel o estaría demasiado ocupado? Quizá lo mejor sería que ella tomara el recado y le informara luego. En caso de ser urgente, estaba segura de que siempre podía ponerse de pie y golpear su puerta pero a menos que fuera absolutamente necesario no veía propósito en importunarlo. Asintió —Transfiérala, por favor.
Suspiró, aguardando que la conexión fuera establecida —Oficina del coronel Mustang. Aquí Riza Hawkeye al habla —un breve silencio. ¿Acaso habrían cortado? Y luego, una voz se hizo oír al otro lado. Una voz claramente femenina y endulzada. Por supuesto. Pensó con sarcasmo.
—Hola, ¿se encuentra Roy-san?
Hawkeye se enderezó, expresión estoica —El coronel se encuentra ocupado en este instante, ¿puedo tomar su recado?
La joven al otro lado pareció vacilar —Ah... ¿Podría decirle que llamó Jane Bishop? Él sabrá. Dígale, por favor, que estaré aguardando su llamada. Buenos días.
Riza exhaló silenciosamente —Si, buenos días —y cortó. Sabiendo perfectamente que el coronel no la llamaría. Más aún, y a juzgar por el tono de la joven, posiblemente era seguro asumir que ya habría salido en una o dos ocasiones con ella. Y que si no la había llamado era porque había obtenido todo lo que había deseado obtener del efímero amorío o fuera lo que aquello fuera o hubiera sido. No era la primera llamada de ese estilo con la que tenía que lidiar. En ocasiones eran incluso más agresivas, sabiendo sin lugar a dudas que el coronel las estaba ignorando y en aquel momento Riza Hawkeye preferiría lidiar con ese tipo de llamada. En realidad, de tener voz en el asunto, preferiría no tener que lidiar con ninguna llamada de tipo personal del coronel. Era inapropiado, por no decir ligeramente irritante, y ciertamente no era parte de sus obligaciones para con la milicia el hacer de secretaria del coronel o intermediaria de sus relaciones. Más aún, no tenía por qué lidiar con mujeres llorando por culpa de las acciones de su superior.
Retrayendo la mano del auricular, se puso de pie. Caminando con paso seguro y certero hasta la puerta de la oficina de su superior y golpeando con el dorso del puño la puerta. Al no recibir ninguna respuesta del interior, decidió tomarse el atrevimiento de ingresar, tal y como había hecho en otras ocasiones, sólo para encontrarlo trabajando a contra reloj con la cabeza tras una gran pila de papeles y el cabello azabache habitualmente alborotado más despeinado de lo usual. Su mano que sostenía una pluma moviéndose fluidamente sobre el papel.
—Coronel —lo llamó, intentando atraer la atención de su superior, el cual ni siquiera parecía haberse percatado de su presencia en la habitación.
Alzando la mirada, detuvo su mano en seco —Ah, teniente Hawkeye. ¿Sucedió algo?
—No, señor —negó calmamente con la cabeza, examinando la general apariencia de su superior. Había bolsas bajo sus ojos –aunque a duras penas visibles- y su cabello despeinado y la tensión de sus hombros lo hacían lucir considerablemente más exhausto de lo que en realidad aparentaba. En la oficina, la ventana estaba abierta, y colgada en el respaldar de la silla giratoria de cuero se encontraba la chaqueta militar de él. Mientras que las mangas de su blanca camisa permanecían dobladas prolijamente hasta sus codos, descubriendo sus torneados antebrazos. Los ojos caoba de ella se deslizaron por un instante de alguna que otra blanca cicatriz a la siguiente y a lo largo de estos, hasta detenerse en la del dorso de su mano. Suspiró—. ¿Se encuentra bien, coronel?
Roy lucía cansado —Así es, teniente. Pero quisiera terminar esto antes de la reunión de hoy, para poder presentar el proyecto hoy mismo. Si logro la aprobación de los altos cargos de aquí no creo encontrar resistencias en lograr que sea aprobado en Central. Aún así, no puedo confiarme.
Riza cerró los ojos con calma y asintió —Entiendo. ¿Necesita algo, coronel?
—A menos que tenga tiempo, teniente, me temo que no hay nada más que necesite —masculló, ligeramente malhumorado.
Riza enarcó una ceja y negó con la cabeza —Me temo que no —dando media vuelta y tomando el pomo de la puerta en su mano. No obstante, se detuvo en seco, espalda a él—. Ah, y lo llamó Jane Bishop, coronel. Dijo que aguarda la devolución de la llamada —voz severa. Suspiró—. Y por favor absténgase de continuar dando la línea militar. No es apropiado.
Roy frunció el entrecejo —Me ofende, teniente. Claramente no hice tal cosa.
—Estoy segura que no, coronel —retrucó sarcásticamente—. Aunque apreciaría no tener que hacerme cargo de sus despechos románticos. Si mal no recuerda, no es parte de mis obligaciones para con la milicia. O usted.
—Como dije, teniente, debe haber obtenido el número por su cuenta. No doy el número de la línea privada de la milicia a nadie, por razones obvias.
Riza se volteó, cruzada de brazos —Entonces quizá debería considerar reclutar a sus ex-amantes, coronel. Dado que sus capacidades de recopilación de información casi igualan a las del suboficial Falman —expresión severa.
—Ya tengo una valiosa subordinada, teniente. No necesito a nadie más en mi equipo.
—No, supongo que no, coronel —dio media vuelta, volviendo a tomar el pomo de la puerta—. De lo contrario no podría fraternizar con ellas —y volteó el rostro—. Y por favor, asegúrese de devolver la llamada, es inapropiado y desconsiderado de su parte mantener a alguien aguardando bajo falsos pretextos.
Roy enarcó una ceja —¿Está diciendo que mis intenciones son dudosas, teniente?
Hawkeye exhaló —No, coronel. Sus intenciones seguramente son claras, sólo que me temo que la mujer con la que salió no parecía estar al tanto de ellas.
Roy sonrió arrogantemente y entrelazó los dedos de sus manos, apoyando los codos sobre el escritorio y descansando el mentón sobre el dorso de las mismas. Ceja enarcada —¿Está insinuando que la mujer con la que salí no es lo suficientemente inteligente para percatarse de mi naturaleza, teniente?
—No dije eso, coronel. Usted puede ser bastante manipulador —concedió. Seria.
Pero su superior parecía entretenido, disfrutando claramente la situación y sonriendo orgullosamente como siempre —¿Está diciendo que mi persona la cegó, teniente?
—Su discurso habrá sido convincente, coronel —asintió—. De lo contrario no veo cómo alguien aceptaría una cita con usted.
—¿Mi atractivo? —sugirió, sonriendo satisfecho.
Riza exhaló pacientemente. Preguntándose cuándo la conversación había ido escalando en esa dirección. Y, más aún, por qué le había consentido que lo hiciera —Asumo que es seguro afirmar que si alguien acepta salir con usted coronel es porque lo encuentra atractivo —concedió.
—Eso es bastante superficial, teniente, ¿no le parece?. ¿Y usted?
Le dedicó una mirada de reprobación —Yo no acepté una cita con usted, coronel, si mal no recuerda. Y no es mi ética de cortejo la que está en tela de juicio.
—Me hace sonar despreciable, teniente —dijo, fingiendo sentirse herido por las palabras de su teniente primera.
Ella cerró los ojos con calma —Sólo me atengo a los hechos, señor.
Roy separó las manos y se enderezó, volviendo a tomar la pluma con la derecha calmamente. Asintió —Bien, teniente. Entiendo. Llamaré a Janine y le comunicaré mis deseos de no continuar viéndola.
Riza negó con la cabeza y abrió la puerta —Jane, coronel. Y por favor vuelta a trabajar, la reunión es en dos horas —y, sin decir más, cerró la puerta. Quizá con un poco más de fuerza de la necesaria. Tanto Havoc como Breda y Fuery observaron la puerta cerrada, temiendo que de un momento al otro se soltara de los goznes. Claramente no sucedería. Aún así, parecía una especie de metáfora apropiada. Hawkeye no estaba complacida. Y, para variar, su superior era el causante de ello.
Por ende, todos comprendieron perfectamente que lo mejor era apartarse del camino de la teniente primera y el coronel. De hecho, generalmente solía ser lo más conveniente. Cada vez que Mustang hacía algo para fastidiar a Hawkeye (y era seguido), Hawkeye dedicaba toda su atención y tiempo ignorando olímpicamente al coronel, mientras continuaba con su trabajo diligentemente. Y luego, cuando su superior comprendía lo que estaba sucediendo, decidía intentar volver a captar la atención de su teniente primera por todos los métodos bastante poco convencionales y ridículos que su mente pudiera concebir, lo que generalmente resultaba con Hawkeye aún más fastidiada e ignorando todavía más al coronel, si es que eso era remotamente posible. Sin embargo, al día siguiente –cuando todos ellos arribaban a la oficina-, de alguna forma u otra, las cosas parecían haber vuelto a la normalidad una vez más, razón por la cual todos sospechaban que el coronel y la teniente tenían un método particular de reconciliarse después de horas. No que fuera asunto suyo, por supuesto. Así como tampoco reportarían nada a la milicia, considerando que dicho "método" estaba especificado como prohibido en las leyes de fraternización (al menos entre oficiales dentro de la misma cadena de comando). Como habían establecido, no era asunto suyo. Y su lealtad estaba con el coronel y Hawkeye, sin lugar a dudas.
Riza, suspirando larga y tendidamente por quizá la enésima vez en el día, alzó la mirada y observó el reloj y luego la puerta cerrada de la oficina del coronel con el entrecejo fruncido. Quedaba poco ya, para la reunión de los altos cargos, y su superior aún no parecía tener listo y redactado el proyecto Ishbalita y el tiempo se le estaba agotando ya. Observando el reloj una vez más, negó con la cabeza y depositó su pluma sobre el escritorio. Veinteminutosycontando...
Afortunadamente, la puerta de la oficina se abrió en ese momento. Dejando entrever a su superior nuevamente, el cual ahora lucía más presentable. Con su chaqueta militar puesta una vez más y su expresión menos drenada. En cuanto a su cabello, el coronel ciertamente parecía haber hecho un intensivo intento de domesticarlo y en cierto grado parecía haber tenido éxito (considerando cómo había lucido cuando ella había ingresado a la oficina). No obstante, no era demasiado el cambio. Desde que Riza tenía memoria, el cabello azabache de Roy Mustang hacía lo que se le placía, al igual que la persona a la que le pertenecía. Negó para sí. Al menos se encontraba ahora presentable a sus superiores y su expresión solemne dejaba entrever sin lugar a dudas que se tomaba aquello verdaderamente en serio.
—Teniente, ¿podría revisar esto? —Riza asintió secamente, aceptando el papel que le estaba extendiendo. Con calma y dedicación, comenzó a leerlo detalladamente—. ¿Qué piensa?
Se lo devolvió —Que está bien detallado, coronel. Así como bien redactado. No veo razón para que sea devuelto.
Roy lo aceptó y sonrió arrogantemente, observando el papel en manos. Sabía que aquellos que estuvieran en contra y se opusieran a la política de reconstrucción de Ishbal que él quería comenzar buscarían cualquier excusa para rechazarlo. Un acento, una frase confusa y terminaría como basura en el tacho de algún superior. Por esa razón, se había tomado el trabajo de hacer el informe con el esmero que generalmente no le ponía a ningún otro documento, asegurándose y cerciorándose de que fuera legible y comprensible para que no fuera desechado tan fácilmente —Bien. ¿Vamos, teniente?
Riza le dedicó una mirada inquisitiva —¿Quiere que lo acompañe, coronel?
Roy asintió —Me vendría bien una confiable subordinada de mi lado, teniente. Aún cuando no pueda intervenir.
Se puso de pie, llevándose la mano a la frente —Si, señor —y comenzando a seguirlo a la salida. Su rango no le permitía intervenir activamente en la reunión. Sin embargo, sí le permitía estar presente con un comandante de mayor rango presente, supervisándola y haciéndose responsable por su conducta en la misma. Algo que claramente lo tenía sin cuidado. Si había alguien familiarizado con el protocolo y las leyes de la milicia era Hawkeye. Más aún, Roy estaba seguro de que no había persona en todo el Este más disciplinada que su teniente primera. Por ende, creía más que propicio llevarla consigo. Además, tal y como había dicho, le venía bien alguien confiable y que lo apoyara presente en la reunión. Incluso si no era capaz de opinar. Incluso entonces, la mera presencia de Hawkeye le provocaba calma y confianza. Ella era, y desde que tenía memoria, su constante a lo largo de todo. Incluida su carrera militar.
—Ya llamé a Jane, teniente. E hice lo que me dijo—sonrió de lado, observándola de reojo. Riza permanecía estoica—. Presente mis intenciones limpiamente.
—Es bueno saberlo, coronel. Pero, como afirmé, no es asunto mío —replicó, seria. Sin dejar de mirar al frente, al resto de corredor que les quedaba por recorrer.
—Y aún así, teniente, vino a mi oficina, me juzgó y me llamó despreciable —no obstante sus palabras, la sonrisa arrogante no desapareció.
Riza exhaló —No hice tal cosa, coronel.
—Me llamó inapropiado y desconsiderado, teniente —la citó, aún examinando la expresión de su teniente primera en busca de una reacción. Pero Hawkeye era demasiado formal y profesional para dejar entrever lo que pensaba, si es que tenía alguna opinión al respecto. Más aún en el cuartel.
—¿Acaso no lo es? —nada, notó Roy.
—¿Eso cree de mi, teniente? ¿Qué soy un hombre que juega con los sentimientos de las pobres e indefensas mujeres que caen bajo mi carisma y encanto?
Riza suspiró —Le recomendaría desinflar un poco su ego, coronel. Me temo que la puerta de la sala de reuniones no es tan amplia para que pasen los dos —replicando mordazmente—. Y no. No creo tal cosa. Cada uno es responsable de sus propias acciones y decisiones.
Roy enarcó una ceja. Por supuesto no le sorprendía del todo. Hawkeye era una mujer pragmática y racional y como tal era perfectamente capaz de poner su orgullo a un lado y hacer un mea culpa de su conducta y las consecuencias resultantes de las mismas. La había oído decir aquello en demasiadas ocasiones también, empezando por el desierto de Ishbal. No obstante, la actitud parecía algo dura considerando el tópico —¿Entonces está insinuando que es culpa de las mujeres por acceder a salir conmigo, teniente?
—Sólo toma un poco de observación, coronel —retrucó, seria—. Y no, no plenamente. Simplemente afirmo que cada uno es capaz de elegir.
—¿No cree que puede haberlas cegado mi persona, teniente? —sonrió arrogantemente—. Después de todo, el amor es ciego.
Riza frunció el entrecejo ante la mención de la palabra ceguera y la deliberada elección de él de usarla. Su cuerpo entero tensándose ante el recuerdo de él sentado en una cama y mirando a la nada misma. Inutilizado, completamente discapacitado para continuar su sueño —Por favor no diga cosas de mal gusto, coronel —lo amonestó, severa.
Roy asintió, retirando la sonrisa de su rostro por un instante —Si, mis disculpas, teniente —después de todo, sabía lo duro que había sido para ella el lidiar con la pérdida de la vista de él.
Suspiró, continuando —Además, dudo seriamente que sea amor de lo que habla, coronel. Esas mujeres difícilmente lo conocen.
—¿Y usted si, teniente? —la sonrisa volviendo a aparecer.
Se tensó —No estamos hablando de mi, coronel —replicando, tajante—. Así que apreciaría que no haga comentarios fuera de lugar.
Roy soltó una carcajada relajada ante la reacción de su teniente primera y refugió ambas manos en sus bolsillos acomodándose la carpeta del proyecto de Ishbal bajo el brazo —Bien. Bien. No los haré —la observó por un segundo. Su flequillo meciéndose a duras penas con el movimiento de sus pasos, suavemente. Cubriendo y descubriendo sus ojos caoba de la vista negra de él. Sonrió satisfecho—. ¿Entonces asumo que tampoco cree en el amor a primera vista, teniente?
Riza lo observó de reojo, seria —Asume bien, coronel. No lo hago —confirmó. Riza Hawkeye no creía en el destino, en una especia de progresión predeterminada que llevara las cosas en una determinada dirección, sino que creía fervientemente en decisiones y determinaciones y caminos a seguir elegidos por voluntad propia. Creía en acciones y consecuencias. Por ende, era lógico que no creyera en conceptos como el que su superior acababa de mencionar. Después de todo, ella no había seguido al coronel hasta donde se encontraban por obra y gracia de ninguna fuerza mayor, sino que ella misma lo había decidido. Si, había sido su voluntad de hacerlo. Y aceptaba todo lo que había venido con ello—. Estoy segura, por otro lado, que a lo que se refiere se lo llama atracción física, señor.
Mustang enarcó una ceja, aún sonriendo de forma presuntuosa —No una romántica, ¿verdad Hawkeye?
Suspiró —Nos conocemos desde hace mucho tiempo —una sonrisa sutil apareciendo en sus labios—. Me temo que eso se lo dejo a usted, coronel.
Suponía que lo era, después de todo, un romántico (aunque no en el ordinario sentido de la palabra). Un idealista. Idealizando todo; la milicia, sus ideales y en cierta forma hasta la mujer a su lado. Seguro, había perdido gran parte de su ingenuidad a lo largo del camino, había dejado gran parte de esta en Ishbal especialmente, respecto a todo. La milicia, el deber de los soldados y su propio sueño. Incluso Hawkeye. No obstante, aún continuaba aferrándose a esa ambición, a ese sueño que le había comentado frente a la tumba de su sensei, dispuesto a convertirlo en algo posible y factible de ser realizado. Y aún continuaba aferrándose egoístamente a ella también. Hawkeye, en cambio, era más bien una realista. Seguro, una vez había sido ingenua como él, había creído en las palabras suyas también y se había unido igualmente a la milicia. Lo había seguido. Pero todo eso se había perdido en la guerra. Ishbal la había endurecido, la había hecho más fuerte también, pero la había forzado a aceptar las cosas con resignación. El hecho de que nada enmendaría lo que habían hecho allí. De todo lo que Hawkeye una vez había creído, Ishbal se había asegurado de arrebatárselo (incluso la imagen ingenua que había tenido de él). No obstante, su teniente primera aún afirmaba creer en una cosa. Él. ¿Por qué? A veces él mismo no tenía la menor idea.
Se frenó, frunciendo el entrecejo —¿Es eso lo que cree, teniente? ¿Qué soy un incurable idealista? —qué patético... Un hombre adulto. Lo sabía, por otro lado. Hughes mismo se lo había dicho. Que era un ingenuo y un incauto. Que sus ideales lo eran también. Y aún el tiempo y lo sucedido no habían cambiado del todo eso. Seguro, se había enfadado consigo mismo durante la guerra por serlo, y su percepción de las cosas era más realista ahora. Tenía bases más sólidas y sus pies bien afirmados en la tierra. No obstante, aún lo era, bajo la superficie. Y Hawkeye siempre había podido ver más allá de las apariencias con él.
Riza se detuvo en seco, ambos finalmente habían arribado al lugar en que sería llevada a cabo la reunión —Así es, coronel. Y me alegra de que lo sea. De lo contrario no habría accedido a seguirlo hasta el infierno.
Una sonrisa de satisfacción apareció en sus labios —¿Entonces lo considera una cualidad atractiva, teniente?
—Positiva, sería más bien la palabra, coronel —lo corrigió. Yo creo que un idiota así sería muy útil.
—No me dará el gusto, ¿no es así, teniente? —tomó el picaporte, acomodándose la carpeta bajo el brazo.
Riza negó suavemente —No, coronel. Así que por favor deje de presionar el asunto. Es inapropiado.
—Ah... realista como siempre, ¿cierto?
La pequeña y tenue sonrisa regresó, si bien por un instante, antes de ambos ingresar a la reunión —Uno de los dos tiene que serlo, coronel, después de todo —y cerrar la puerta tras de sí. Una hora y media después, ambos emergieron de la sala detrás del resto de un grupo de comandantes de mayor rango que el coronel. El cual, y desde que había terminado la reunión, permanecía en silencio y serio.
Riza lo observó de reojo —¿Cree que lo acepten?
Roy metió ambas manos en los bolsillos, observando al frente. Expresión pensativa —No estoy tan seguro. Aún así, sólo necesitamos la aprobación de la mitad más uno, teniente. Supongo que ahora sólo nos queda esperar —no rezar. Ellos no creían en Dios, no desde Ishbal. Especialmente él.
Asintió —Eso parece.
El corredor que recorrían se encontraba vacío en aquellos momentos. Siendo el resonar de sus pasos el único sonido audible rompiendo con el profundo silencio. Roy sonrió —Imagino que es seguro afirmar que no tendremos la aprobación del mayor general Hakuro —recordando con placer la expresión de fastidio del hombre cuando lo había visto tomar asiento en una de las sillas de la larga mesa rectangular, mientras que Hawkeye había permanecido de pie tras él, firme y obedientemente, oyendo todo en silencio.
—Supongo que no, coronel —coincidió—. El mayor general Hakuro no lo mantiene en muy alta estima.
Roy sonrió de lado —Y eso es una pobre estimación, teniente.
Riza le dedicó una mirada reprobatoria —Me pregunto que habrá hecho, coronel, para recibir los disfavores del mayor general.
—¿Está insinuando que fui inapropiado, teniente? —cerró los ojos con calma pero la sonrisa permanecía firme—. Lamento decepcionarla, mi límite son las mujeres casadas.
Ella suspiró —Es bueno saberlo, coronel.
Roy abrió los ojos, observándola de reojo y sonriendo —Y es bueno que usted no sea una, teniente.
La expresión severa y de reprobación retornó a sus estrictas facciones —Para fines prácticos, es como si lo fuera, coronel. Así que apreciaría que actúe acorde —no era del todo mentira. En cierta forma, se podría decir que lo estaba, con su deber de vigilar su espalda y protegerlo. Con su deber de cerciorarse de que no se apartara de su recto camino. Era lo que debía hacer, al menos, sacrificar cualquier felicidad propia y cualquier afecto concerniente al coronel que pudiera tener en pos de asegurarse que continuara con vida y alcanzara la cima. Eso era, sin mencionar las leyes de fraternización.
Una sonrisa amarga apareció en lugar de la arrogante y cargada de satisfacción —Supuse que diría algo así, teniente —decidiendo virar la conversación deliberadamente—. En cuanto al proyecto, supongo que sabremos en un par de días.
Riza asintió —Esperemos que sea aprobado, coronel —abriendo la puerta de la oficina. Desgraciadamente, el día no concluía allí para ellos –y para contrariedad de Mustang que realmente había drenado su energía completa en redactar el informe del proyecto Ishbalita- y aún tenían un par más de horas delante antes de poder siquiera marcharse del cuartel general. Sin mencionar el papeleo que había desatendido priorizando el antes mencionado proyecto. Suspiró. Si, aún le quedaba bastante trabajo.
Al verlos arribar, los tres hombres presentes en la oficina alzaron la cabeza. Breda fue el primero en hablar —¿Cómo fue, coronel?
Roy se pasó una mano por el cabello, cansado —Siempre que la decisión final no dependa del mayor general Hakuro, supongo que tenemos posibilidad.
Havoc torció el gesto ante la mención del hombre. Todos ellos estaban familiarizados con la animosidad de este hacia Mustang. Especialmente porque Hakuro no se molestaba en disimularla y aprovechaba cada oportunidad que encontraba para amedrentarlo y presionarlo. No que funcionara. El coronel podía ser considerablemente condescendiente cuando la situación lo requería (no había ascendido tan rápidamente por arte de magia) y sabía lidiar con el mayor general de forma que siempre terminaba fastidiándolo un poco más. Aún así, Hakuro no se rendía y, por lo que podía ver, no lo haría tampoco hasta que se asegurara de que Roy Mustang estuviera lejos de su jurisdicción y –preferiblemente- degradado a unos cuantos rangos menos.
—Por supuesto, cada vez que puede tiene que entrometer sus narices.
Roy cerró los ojos con calma mientras tomaba asiento tras su escritorio, el que se encontraba en la oficina conjunta, descansando ambos codos en la lisa superficie y apoyando su mentón sobre el dorso de su mano izquierda, la cual cubría la derecha cerrada en puño —Dudo seriamente que el mayor general Hakuro tenga influencia en la decisión final. De todas formas, no debemos confiarnos. El resultado nos será informado en breves días.
Fuery asintió —¿Entonces sólo nos queda esperar, coronel?
Riza asintió, seria —Me temo que si, sargento.
Havoc torció el gesto —Y mientras tanto tenemos que seguir haciendo todo este papeleo que el coronel dejó que se acumulara.
Enarcó una ceja —Te estoy escuchando, Havoc. Si no quieres que encienda tu cigarrillo con mis propias manos te aconsejaría que comiences a hacer tu papeleo —alzando los dedos como si tuviera intención de chasquearlos.
Hawkeye suspiró —Usted también, coronel. Por favor comience a hacer su trabajo.
Roy tomó la pluma y bufó, hundiéndose en su silla y observando con tedio el papeleo. No era realmente tanto, no como en otras ocasiones, pero realmente estaba demasiado cansado para hacer todo aquello. Más aún tras mantener aquella reunión en que había debido exponer brevemente delante de todos los altos cargos sus intenciones de reconstruir Ishbal y, todavía más, convencerlos de que era beneficioso por Amestris y el Este en particular. Lo último había sido lo particularmente difícil. Aún así, había usado todo su carisma y toda su elocuencia para hacerlo, y creía que lo había hecho lo suficientemente bien como para convencer a un par de superiores más. Alzó la vista. Hawkeye ya estaba trabajando.
Decidido a hacer lo mismo, tomó el primero y comenzó a leerlo. Lo firmó al final, aprobándolo, y pasó al siguiente. Y al siguiente. Y así hasta que quedaba tan solo media hora para marcharse. Satisfecho, comenzó a trabajar incluso con mayor dedicación. Si terminaba todo a tiempo, y al paso que iba parecía ciertamente que fuera a lograrlo, podría marcharse del cuartel general temprano y para variar. Idea que le complacía. Y ya solo le quedaba una pequeña pila que revisar. No obstante, su mano se detuvo en seco antes de trazar su firma al final de un reporte cuando el teléfono de la oficina sonó. Alzando la vista, tomó el auricular y lo llevó a su oído, cerrando solemnemente los ojos —Aquí coronel Mustang al habla —suspiró, cubriendo el micrófono con su palma y alzando la vista a su teniente primera—. Teniente, la arpía al teléfono —Havoc sonrió y Riza torció el gesto.
—Coronel, apreciaría que no se refiriera a mi amiga de esa forma. Es incivil —amonestándolo, voz severa.
Roy sonrió arrogantemente y asintió —Mis disculpas, teniente. Tiene razón. La teniente segunda arpía está al teléfono.
Riza se puso de pie, bordeó su escritorio y tomó el teléfono que le ofrecía, prácticamente quitándoselo de la mano de su superior con más brusquedad de la realmente necesaria. Expresión severa —Aquí Riza Hawkeye al habla.
La voz de Rebecca, alta, ruidosa y claramente molesta se hizo oír. Tanto que hasta Roy la alcanzó a escuchar —Dile al coronel que lo oí. Que la próxima vez cubra el teléfono como un hombre —Riza negó con calma, observando la expresión de fastidio de Roy, que claramente estaba pensando en alguna respuesta mordaz para la próxima vez que la viera. Por alguna razón, Roy Mustang y Rebecca Catalina no eran particularmente compatibles. O quizá lo fueran un poco demasiado, y ese parecía ser el problema.
—Se lo informaré, Rebecca —suspiró. Preguntándose qué querría la morena para haberla llamado por teléfono aún estando servicio y trabajando. Rebecca, por otra parte, tenía aquel día libre.
—¿Y? ¿Estás preparándote para tu cita? —inquirió, curiosa. Y demasiado fuerte. Tanto que Mustang la oyó, cesó de escribir el papel que tenía a mano, y alzó la vista. Havoc, Breda y Fuery también la observaban ahora. Claramente la palabra cita no era algo que se asociara con ella. Sí con el coronel y también con el teniente segundo Havoc. En escasas ocasiones con el teniente segundo Breda y en casi nulas con el sargento mayor Fuery. No obstante, Riza no hablaba de citas, ni mencionaba la palabra. Menos aún tener o salir en una. No, Hawkeye era demasiado privada para comentar algo de esa naturaleza en el cuartel general y frente a ellos. Rebecca, por otro lado, no tenía la misma costumbre de discreción que la rubia.
Su expresión se tornó en una severa —Estoy segura de haber afirmado en más de una ocasión que no es una cita, teniente Catalina —y no lo era. Se había encargado de asegurárselo a la morena hasta el cansancio pero Rebecca tenía la cabeza demasiado dura como para que las palabras le llegaran y tuvieran un efecto duradero en ella. Aún así, nada cambiaba el hecho de que aquello no era una cita sino una mera cortesía de parte de ella de aceptar una cena con un antiguo compañero de ambas de la academia que había venido a la ciudad del Este por unos días (dado que estaba estacionado en un pueblo más cerca de la frontera con el desierto) e insistido en invitarla a comer para recordar viejos tiempos. La idea no le había entusiasmado particularmente, pero Isaac, igual que Lucy, había sido un camarada durante la academia, una agradable compañía también, y merecía por lo menos la cortesía de ella de aceptar su amable ofrecimiento. Sólo eso.
Rebecca, por otro lado, no cedía en su teoría (que sostenía desde la academia, por cierto) de que Isaac tenía intenciones románticas para con ella —¿Oh? Isaac estaría muy decepcionado de oír eso.
—Buenas noches, teniente Catalina —y, sin decir más, le cortó. Posicionando calmamente el auricular sobre el teléfono. Expresión estricta. Aquello claramente no era algo para discutir en el cuartel general. Al voltearse, por supuesto, no se sorprendió de ver la vista de todos sobre ella. Suspiró—. ¿Acaso sucede algo teniente Havoc?
—Ah... No, Hawkeye —se encogió de hombros y volvió a su trabajo, no sin antes clavar los ojos en su superior. Breda y Fuery hicieron lo mismo. Todos ellos con particular caución. Pero el coronel había vuelto a bajar su vista al papeleo. El cual, por otro lado, no parecía estar haciendo realmente. En absoluto.
A los escasos minutos, minutos que Riza había usado para retornar a su escritorio y retomar su trabajo, la voz de Mustang se hizo oír —¿Acaso tiene una cita, teniente?
Ella ni siquiera alzó la vista de su papeleo —No es una cita, coronel —voz tajante.
Roy sonrió arrogante ante la respuesta. Aún así, prosiguió hablando —¿Y por qué me suena el nombre Isaac?
Ésta vez, sí alzó la mirada —Si mal lo recuerda, coronel, lo conoció hace un par de entrenamientos conjuntos con el norte atrás. Junto con Lucy, fueron mis compañeros de academia.
Roy golpeó su puño izquierdo contra su palma derecha recordando súbitamente —Ahora que lo menciona, teniente... ¿El alto, serio y aburrido que estaba siempre acompañado de la teniente segunda con ancha contextura física?
Exhaló pacientemente —Ese mismo, coronel. Aunque apreciaría que fuera menos desagradable a la hora de referirse a mis compañeros de la academia. Especialmente a la teniente segunda Catalina.
—Puedo hacerlo, teniente primera. Si eso la complace —sonrió.
Riza negó para sí —Lo hace, señor. Gracias —voz seria mientras retomaba su trabajo. Si quería llegar puntual, y Riza Hawkeye siempre era puntual, debía continuar su trabajo y terminar rápidamente. Sería incorrecto de su parte no arribar a tiempo al punto citado. No obstante, el trabajo de su superior no parecía avanzar demasiado. Y, llegada la hora, los tenientes segundos Breda y Havoc y el sargento mayor Fuery se pusieron de pie (Havoc sirviéndose de las muletas para hacerlo) y tomaron sus cosas, listos para marcharse. Cuando ella terminó de acomodar su escritorio, no obstante, la voz de su superior volvió a hacerse oír.
—Teniente, ¿podría revisar todos estos? —sin alzar la vista de su trabajo, le extendió una pequeña pila.
Hawkeye asintió y los tomó con su mano —Si, coronel —dando una última ojeada al reloj antes de comenzar a leer el primer papel del montón. 07:30. Havoc y Breda intercambiaron una mirada antes de despedirse y marcharse, cerrando la puerta tras de sí. Riza, por su parte, continuó revisando los documentos que su superior le había solicitado pero la tarea estaba resultando más dificultosa de lo que había anticipado y el tiempo se estaba estirando poco a poco. 8:15. 8:25. Suspiró. Lo mejor sería realizar una llamada explicando que no podría asistir debido a que aún tenía demasiado trabajo en el cuartel. Era lo correcto, después de todo. Y lo mínimo que podía hacer. Poniéndose de pie, se dirigió a su superior—. Permiso para retirarme a realizar una llamada.
Roy alzó la vista de su trabajo —Concedido, teniente —viéndola abandonar la habitación y cerrar la puerta tras de sí. Una vez Hawkeye estuvo fuera de su vista, se relajó ligeramente en su silla, complacido. Había sido un recurso despreciable, lo admitía. Y era egoísta de su parte el querer retenerla cuando él tenía citas a diario y entre semana con cualquier mujer atractiva que se cruzara en su camino. No obstante, no había podido evitarlo. Había sido como aquella vez cuando había encontrado a Barry The Chopper con sus brazos enroscados alrededor de la cintura de su teniente primera y algo se había disparado en su cabeza, llevándolo a amenazar a la condenada armadura. Y ahora... ahora posiblemente había actuado mucho peor, denegándole a Hawkeye la posibilidad de tener una cita simplemente porque él no había estado complacido de escucharlo. No había estado de acuerdo. Pero Riza Hawkeye no necesitaba su consentimiento y nunca lo había hecho, y él no tenía derecho alguno de entrometerse tampoco. Después de todo, Hawkeye no le pertenecía.
Observó los papeles sobre el escritorio de su teniente primera. ¿Si se sentía culpable? Ciertamente. Desde que tenía memoria, él siempre había sido egoísta respecto a ella, en todos los sentidos, obteniendo de ella todo lo que necesitaba al momento y manteniéndola a su lado por el simple hecho de que la idea de no tenerla resultaba aún peor. Insoportable. Y esta ocasión no era la excepción. De enterarse de sus motivos, estaba seguro de que su teniente primera se marcharía de la oficina. Eso era, si no vaciaba un cartucho de su semiautomática dejando una marca en la pared detrás de él con la forma de su cabeza. Aún cuando Roy Mustang sabía perfectamente que Riza nunca empuñaría un arma contra él, a menos que estuviera determinada a dispararle si no se enderezaba de su camino. Por favor, coronel, no vaya a dónde no puedo seguirlo. Y no lo haría. Menos aún por algo así. Pero la idea parecía apropiada. Él mismo se dispararía, después de todo, por hacer hecho lo que había hecho.
Si, despreciable era una palabra apropiada para describirse y a sus métodos en ese preciso momento. Cuando la puerta se abrió, bajó la mirada a sus propios papeles. Observándola, con discreción, tomar nuevamente asiento en su escritorio y retomar la tarea que le había asignado e intentando descifrar si su subordinada estaba molesta con él por haber sido retenida después de horas cuando claramente tenía otro compromiso al que asistir. Uno que había anunciado minutos antes de que el turno de ambos terminara.
Sin alzar la vista de su propio trabajo, la oyó decir —Coronel, ¿sucede algo? —estoica.
Roy se aclaró la garganta, tosiendo y cubriéndose la boca con el puño antes de enderezarse en su silla y decir —No se de qué habla, teniente.
Exhaló —¿De verdad? Si me permite decirlo, coronel, está actuando como un perro con la cola entre las patas —la analogía parecía apropiada. Después de todo, ellos eran perros, perros de la milicia. Y su superior claramente actuaba como si tuviera motivos ocultos y no se sintiera particularmente orgulloso de éstos.
Él sonrió arrogantemente —¿Tan obvio soy, teniente?
Riza negó con calma —Su tic nervioso lo delató, coronel —finalmente alzando la vista a su superior.
El moreno parpadeó —¿Mi...?
Una tenue sonrisa calma apareció en las facciones de ella —Su tic nervioso, coronel —repitió, fácticamente—. Eso que hace con su garganta y mano, cuando se remueve contra sus pensamientos. Lo hace desde que estudiaba bajo la tutela de mi padre.
Roy descendió el puño que cubría su tos fingida con calma. No sabía por qué se sorprendía o lo había hecho realmente. Llevaban demasiado tiempo conociéndose, quince años para ser exactos, como para ser tomado desprevenido por algo así. Más aún, Hawkeye siempre parecía haber tenido el don de leerlo como a un libro abierto y generalmente él era capaz de hacer lo mismo con ella, reduciendo casi el 80% de su comunicación a comunicación no verbal. Aún así, había ocasiones en que ella demostraba que era mucho más capaz de leerlo de lo que él podía leerse a sí mismo y a ella. Esas ocasiones resultaban ser ligeramente frustrante. Especialmente cuando la concernían a ella. Sonrió —Lo hago, ¿cierto?
Asintió —Así es —la suave sonrisa desapareció progresivamente hasta dejar a su paso su habitual expresión neutral—. ¿Qué hizo ahora?
Fingió sentirse herido —¿Por qué asume lo peor de mi persona, teniente?
Riza le dedicó una mirada calma —¿Acaso no debería?
Roy sintió enormes deseos de excusarse y marcharse de allí. Su teniente primera lo mataría —Ah... No, debería, teniente —aseguró—. Hice algo terriblemente poco ético.
Ella, por otro lado, no pareció sacudida en absoluto por la parcial confesión de su superior. Roy Mustang era un hombre honesto y recto, la mayor parte del tiempo, y era por esa razón que había elegido seguirlo y sus acciones más drásticas generalmente estaban bien motivadas y justificadas, aún cuando implicara las más atroces conductas. En cuanto al resto del tiempo, Hawkeye se sentía libre de admitir que la brújula moral de su superior concerniente a su vida personal no era la mejor calibrada. Y aún entonces, no había nada realmente atroz en sus acciones si bien admitía que eran moralmente cuestionables —Estoy segura de que nada puede ser tan terrible, coronel. A menos que haya decidido robar otra novia al teniente segundo Havoc.
—Posiblemente peor que eso, teniente —dejó caer su cabeza.
Riza enarcó una ceja. Expresión inquisitiva —¿Hay algo más despreciable que robarle las novias a su subordinado y fiel camarada, coronel?
—Ah... No, teniente. Tiene razón. Simplemente tuve el impulso de robarle otra novia a Havoc —mintió, pobremente. No podía simplemente admitir a su teniente primera, armada hasta los dientes teniente primera, que había saboteado deliberadamente su posibilidad de tener una cita y una relación dentro de los estándares de normalidad. Algo que él posiblemente nunca le podría proporcionar, así lo quisiera.
Por alguna razón, ella le creyó. O quizá no, pero simplemente le siguió la corriente. Tal y como había hecho delante de la tumba de Hughes con su pobre excusa de estar lloviendo para justificar sus lágrimas frente a ella —Por favor, absténgase, coronel. En teniente segundo Havoc ya tiene bastantes inconvenientes para conseguir una novia como para estar lidiando con usted y su poco ético comportamiento también.
Roy asintió y tomó su pluma —Lo intentaré —volviendo a su trabajo. Una pausa. Y... —Lamento haber estropeado su cita, teniente —sin alzar la mirada del papel.
Riza suspiró y negó para sí, aún leyendo los documentos que su superior le había entregado —Está bien, coronel. No era una cita —pero no había real resignación en su voz, salvo cansancio (posiblemente de aún estar en el cuartel general) y algo que sonaba terriblemente similar a la comprensión de alguien que lo sabía todo desde el inicio. O quizá era su imaginación y la culpa de sus acciones y su cabeza le estaba jugando una mala pasada.
Negó con la cabeza, dejando la pluma sobre el escritorio —Aún así, teniente. Mis disculpas por haberla retenido hasta tan tarde. Si hubiera realizado mi trabajo a tiempo...
—Aprecio la tardía disculpa por algo que hace prácticamente todas las noches, coronel —lo interrumpió, sarcasmo en la voz. Era cierto, en ocasiones y por varias noches a la semana debía quedarse para asegurarse de que el coronel hiciera todo su trabajo. Y ayudarlo también con la organización. No obstante, ella siempre lo hacía por voluntad propia. Él no lo solicitaba, menos aún ordenaba. No, ella lo hacía por voluntad propia. Y élnuncase disculpaba por retenerla hasta tarde—. Pero no hay necesidad de disculparse. Como dije, no era una cita e Isaac estuvo más que predispuesto a reprogramar.
La culpa se desvaneció de su sistema, casi completamente —Entiendo, teniente. Entonces me complace saber que no fui inconveniente para su vida social.
Riza enarcó una ceja. Entretenida por la actitud de su superior —Si no lo conociera lo suficiente, coronel, creería que se siente amenazado.
Fingiendo perplejidad —¿Amenazado, teniente? No veo por qué lo debería.
Hawkeye asintió, cerrando los ojos con calma —Estoy de acuerdo, coronel. Isaac es abismalmente diferente a usted. A diferencia suya, hace su trabajo correctamente, en tiempo y forma, y no deja para después lo que debería hacer al momento. Tampoco se marcha antes o cede papeleo a sus propios subordinados.
Roy torció el gesto, clara expresión de fastidio y sus dedos cerrados demasiado firmemente alrededor de la condenada pluma en su mano derecha —Algo me dice que esta conversación está yéndose a pique. ¿Por qué no la alcanzo a su casa, teniente?
Riza alzó la vista, estoica —No es necesario, coronel. Aún es temprano. Además, estoy segura de que estaré perfectamente bien por mi cuenta.
Él se puso de pie, apoyando ambas manos contra el escritorio. Expresión determinada —No diga tonterías, teniente. No es inconveniente. Además, es lo mínimo que puedo hacer por haberla retenido después de horas. Es mi deber como su superior.
Exhaló pacientemente —Lo dudo mucho, coronel. Asimismo, ¿qué hay del papeleo? Aún no ha terminado y-
—Lo terminé hace más de media hora, teniente.
Riza le dedicó una mirada inquisitiva, de desconfianza, entrecejo fruncido —¿A qué se refiere con eso, coronel? —voz peligrosamente controlada y calma—. Si mal no recuerda, me hizo quedarme para ayudarlo a terminar.
—Y eso hice, teniente. Terminar. Hace media hora —ignorando deliberadamente la mirada de amonestación de su subordinada. No la culpaba. Por otro lado, creía que la había sacado barata, considerando lo que había hecho.
Riza se puso de pie —Bien, coronel. Lléveme a mi casa, por favor. Realmente creo que necesito una taza de té y un calmante.
Roy enarcó una ceja —¿Toma calmantes, teniente?
Caminó hasta la puerta —No, coronel. Pero quizá considere solicitar una prescripción al médico de la milicia, considerando que tengo que lidiar con usted —seguido de él que debía caminar a pasos largos para mantenerse a la par de su teniente primera. Cuando llegaron al auto, él se apresuró par abrirle la puerta (como era correcto) pero ella se adelantó y la abrió por su cuenta, ingresando y cerrándola tras de sí con más fuerza de la necesaria. Roy bordeó el auto y subió del lado del conductor, cerrando también su puerta y observándola por un minuto.
Riza permanecía sentada erguida en el asiento, vista al frente y expresión rígida y severa. Claramente desaprobaba sus acciones, ahora que sabía que habían sido deliberadas de su parte, y se rehusaba a mirarlo. Por ende, suspiró y arrancó el auto. Dejando atrás el cuartel general —¿No me hablará por el resto del viaje, teniente?
Ella continuó observando por el parabrisas las farolas que iluminaban las calles de ciudad del Este. Mirada dura —Me temo que no merece que siquiera dignifique eso con una respuesta, señor.
—¿Quiere decirme en donde metí la pata, teniente, al menos? —dobló la esquina, observándola de reojo.
—En probar que Rebecca tenía razón, coronel. Y si no lo sabe, no creo que merezca que se lo esclarezca tampoco.
Por supuesto que lo sabía. Minutos antes había estado sintiéndose el hombre más despreciable por haberla retenido egoísta y arrogantemente de esa forma, para sí, como si tuviera algún derecho sobre ella. No los tenía, no con todo lo sucedido y no con todo el daño y los recuerdos malos que le había ocasionado. No con las cicatrices que había dejado en su cuerpo tampoco. Pero no podía aceptar el tener que resignarse a ella, aún cuando sabía que debería —¿Estuvo hablando de mi con la teniente segunda Catalina, teniente?
—Eso tampoco es asunto suyo, coronel. Así como no lo es si deseo tener una cita con un hombre de mi elección —Roy se quedó mirándola fijo, olvidándose de que debía estar mirando hacia el frente. El auto comenzó a perfilarse hacia la acera—. Y mire al frente, por favor.
—¿Entonces sí era una cita, teniente?
—No dije eso, coronel. Pero si lo fuera, no sería asunto suyo tampoco —replicó, tajante.
—Permítame recordarle que está prohibido salir entre oficiales de la milicia, teniente.
Riza negó calmamente —Sólo entre los que pertenecen a la misma cadena de comando, coronel. De todas las personas, usted debería saberlo.
—Pensó esto a fondo, ¿no es así?
Suspiró —Acaba de pasarse mi apartamento, coronel —señalándole lo que no había pasado de alto a sus ojos. Roy pisó a fondo el pedal, clavando los frenos bruscamente. Tanto él como ella fueron inclinados ligeramente hacia delante por la brusca frenada. Riza abrió la puerta y descendió, agachándose para despedirse brevemente—. Que tenga buenas noches, coronel —antes de cerrar la puerta de un portazo y marcharse. Comenzando a caminar la cuadra faltante, que él había dejado atrás, hasta su apartamento.
Volteándose, apoyando su brazo en el apoya cabeza del asiento ahora vacío de acompañante y observándola por el espacio entre los dos asientos y el cristal de atrás del auto, suspiró. Dejando caer la cabeza. Realmente manejé esa situación bien, ¿no es así? Se maldijo. Ciertamente había actuado como un completo idiota.
