"Hola, friki."
Lestrade abrió la boca, claramente queriendo reprender a Sally, pero John atrajo su atención y agitó la cabeza. Sherlock estaba sonriendo.
"Buenos días, Sally," respondió, mientras ella se dirigía a la oficina donde los tres hombres se encontraban. "Que agradable oír tu dulce voz de nuevo, hacía mucho tiempo."
Sally sonrió, ligeramente triste a John, quien asintió mientras ella le entregó la carpeta a Lestrade antes de sentarse en una esquina. Tenía que ser difícil, John cayó en la cuenta. La mayoría de la gente tenía a Sherlock entre algodones, cosa que odiaba, pero ella había decidido tratarle como normalmente hacía, aunque eso la expusiese a críticas dadas las circunstancias. John nunca había tenido mucho tiempo para Sally, pero apreciaba su consistencia.
Lestrade alzó la voz. "¿Estás seguro de esto, Sherlock?" Se aseguró de nuevo. Sherlock le ignoró.
"Estamos seguros," respondió John, flexionando su brazo para apretar los dedos de Sherlock como reproche. Considerando lo ansioso que había estado por volver a Scotland Yard ese día, podía haber puesto un poco más de ganas en ser amable. Pero entonces, eso no sería muy típico de Sherlock.
"Vale," Lestrade comenzó. "Buscamos a la Au Pair desaparecida."
Las cejas de Sherlock se alzaron. "Bueno," arrastraba las palabras. "Menos mal que no me habéis llamado para nada trivial."
"Ja-ja," replicó Lestrade, aparentemente relajándose un poco cuando Sherlock probó que su carácter, al menos, no se había visto afectado por su lesión. Era igual de criticón que siempre. "Esta Au Pair en particular, acudió a una entrevista de trabajo, le propinó al dueño de la casa un golpe mortal en el cráneo y desapareció con una cantidad sustancial de joyas y dinero. Hasta ahora le hemos seguido la pista hasta la estación de ferrocarril, pero ya está. No podemos encontrar más vías, no tenemos nada más sobre lo que continuar y está…"
"¿Fuera de vuestro alcance?" interrumpió Sherlock.
John vio a Sally poner los ojos en blanco en la esquina, pero sonreía. Le vio mirándola y se encogió de hombros.
"Una nueve perspectiva sería bienvenida, claro," admitió Lestrade, pasando varias fotografías a John. "Son de la escena del crimen. El cuerpo se descubrió hace dos días así que no hay nada que ver…" Se quedó helado por la terminología usada pero sonrió disculpándose y continuó. "Te puedo contar sobre el caso, los pasos que hemos dado…"
Sherlock alzó la mano para parar la conversación. "¿John?" dijo, girándose para estar cara al hombre cuyo brazo no había soltado desde que dejaron el apartamento.
John estudió la primera foto. "Vale, salón mediano, un par de butacas, una frente a la otra, alejadas de la chimenea. La víctima yace boca abajo en la alfombra frente a las butacas. Hay evidentes signos de traumatismo por golpe seco en la parte de atrás de la cabeza, imposible determinar el arma por esta foto. La posición del cuerpo y el ángulo de la herida sugieren que estaba sentada cuando el golpe fue asestado por detrás, pero debía haber sido muy fuerte ya que la víctima está a cierta distancia de la butaca, con los brazos abiertos, y se le han salido los zapatos."
Hizo una pausa y Sherlock apretó su brazo de forma alentadora. "La víctima tiene el pelo rubio a la altura de los hombros, estatura y corpulencia media, vestida elegantemente. La piel, el físico y la ropa indican que es una persona joven, rondando la veintena."
John miró a Lestrade. "¿Qué te hace estar tan seguro de que la Au Pair lo hizo? Seguro que el marido fue el primer sospechoso."
Lestrade arqueó las cejas. "Parece que has aprendido un par de cosas, John," dijo.
John captó la media sonrisa de Sherlock por el rabillo del ojo antes de que Lestrade continuase, observando la carpeta mientras hablaba.
"Philip Harbrook, bastante más mayor que su mujer, tiene una hija de un matrimonio anterior… de ahí la necesidad de una Au Pair. Fue viudo hasta hacía tres meses, cuando se casó con la fallecida. Un romance fugaz, aparentemente. Él estaba hecho un desastre cuando tuvo que identificar el cuerpo."
Lestrade solía ser más compasivo que eso, pensó John. Claramente no le había gustado el marido.
"Se fue a trabajar a las ocho a.m," continuó Lestrade. "Dejó a su hija en la guardería de camino, y estuvo en compañía constante de nueve a once hasta que el cuerpo de su mujer fue descubierto por la mujer que iba a ser entrevistada a las dos. Ya hemos hablado con las citas de las diez y las once, y la señora Harbrook estaba definitivamente viva cuando él se fue."
John echó un vistazo a las otras fotos. "Hay algunos planos cortos," le dijo a Sherlock. "No mucho más que añadir, joyería mínima pero parece limpia. Solo una cadena de oro y una pulsera, además de la alianza." Observó la foto más de cerca. "Parece un poco apretada y hay una inscripción pero no la puedo leer…"
"Dice Ahora y para siempre, con sus nombres y la fecha," participó Sally. "¿Eso es importante?" preguntó, esperanzada.
"No lo parece," Sherlock le dijo con desdén antes de girarse hacia Lestrade. "Necesitamos ver la escena del crimen," declaró. Hubo un silencio y agitó la cabeza. "Oh, no seáis tan pedantes. Vale, necesitamos ir a la escena del crimen para que John pueda verla y yo la pueda visualizar. ¿Mejor así?"
"Yo os llevo," Sally se ofreció, para sorpresa de todos los que estaban en la habitación. "¿Qué?" preguntó. "No soy tan zorra, ¿Sabíais?"
Sherlock se sentó en el taxi, considerando su situación actual. No tenía sentido pensar más sobre el caso hasta que tuviese más datos, y era más que capaz de mantener varios hilos de pensamiento, de todas formas. Se encontró dándole vueltas al tema de John, y la manera en la que su reacción había cambiado desde la tarde anterior.
El masaje había sido…bueno, casi abrumador a decir verdad. Al contrario que todas sus experiencias anteriores. Parecía claro que el área de las relaciones físicas merecía ser estudiado más profundamente.
Realmente nunca había tomado consciencia de su propio físico, excepto para molestarle cuando le traicionaba e insistía en comer o dormir a horas inconvenientes. Ahora se daba cuenta de que debía prestarle más atención a las reacciones de su cuerpo, para entender mejor a John. Echó la vista atrás, recordando el momento en el que se había despertado boca abajo aquella mañana y sintió que su mano descansaba sobre la tripa de John.
Bastante bajo en el vientre de John. Era interesante, que uno pudiese pensar que el argumento a favor de los cojines de John estuviese basado en su miedo de poder acosar a Sherlock mientras dormía, ya que inicialmente parecía que todo lo contrario era mucho más posible. John todavía yacía sobre su espalda, en su lado de la cama, justo como normalmente. Era Sherlock quien había estirado un brazo posesivo, que ahora descansaba reclamando a John de manera decidida.
No había signos de un despertar inminente y Sherlock se quedó muy quieto, concentrado en las sensaciones de su mano. El experimento en tacto había sido exclusivamente de una parte, lo que se le antojó como desequilibrado e inaceptable.
Podía sentir un fragmento de piel a lo largo de su dedo corazón, y usó su pulgar para levantar con delicadeza la parte baja de la camiseta de John, hasta que pudo sentir la piel desnuda bajo la parte superior de su mano. John continuó durmiendo y Sherlock movió la mano gradualmente hacia arriba, deslizando su dedo meñique bajo la cintura de los pantalones del pijama de John, haciendo hueco para cuatro dedos hasta que su mano yacía en la posición que tenía al despertar, pero esta vez debajo de la ropa de John en lugar de encima. Así era mucho mejor.
Concentrándose de nuevo, Sherlock podía sentir la fina franja de vello que se extendía cuanto más abajo alcanzaba su mano. Era distinta a la de su propio abdomen, seguro. Con cuidado de no despertar a John, deslizó su mano derecha bajo su propio cuerpo hasta que adoptó la misma posición que su izquierda. Interesante.
El vello de John era más grueso y parecía más… ¿Peludo? La falta de información visual era bastante molesta. Alentado por el sopor continuado de John, flexionó la mano suavemente, concentrado en la información recogida por las yemas de sus dedos. La piel de John era extremadamente suave…y muy caliente.
Ambas manos se deslizaron un poco más abajo, solo con fines comparativos, obviamente, cuando los nudillos de su mano izquierda rozaron algo. Sherlock se quedó paralizado, reprendiéndose mentalmente.
Pese a que nunca le habían molestado personalmente, era consciente del fenómeno de las erecciones mañaneras, y debía habérsele ocurrido que John podía encontrarse en ese estado.
Dos cosas dividieron su atención, la primera fue el sorprendentemente fuerte deseo de girar la mano y envolverla alrededor de John. Sherlock resistió este impulso, parte de su cerebro avisándole de que emprender tal acción contra un hombre dormido con el que todavía no tenía una relación íntima podía considerarse como tomarse demasiadas confianzas. La segunda distracción fue el hecho inesperado de que su cuerpo estaba reaccionando para imitar el de John, algo incómodo en su posición actual.
Estaba debatiendo cual sería el mejor curso de las acciones cuando John murmuró algo en sueños y se estiró, su columna arqueándose sobre la cama cuando lo hacía. Sherlock tomó la oportunidad de deslizar su mano a una postura menos controvertida y se puso de lado.
"Buenos días, Sherlock," John murmuró, aún medio dormido. Sherlock se sorprendió al darse cuenta de que por primera vez desde que había abandonado el hospital, el miedo de que la afasia volviese no se le había pasado por la cabeza. Abrió los ojos, tratando de quitarle importancia, pero todo seguía siendo negro.
John rodó hacia él, y se paró en seco. "Oh," dijo, sorprendido de que Sherlock ya hubiese abierto los ojos. "¿Todo bien?"
"Eres una distracción," Sherlock se quejó. "Quiero saber cosas sobre ti."
John se rio entre dientes. ¿Yo soy una distracción?" inquirió. "Eres tú el que tiene la mano bajo mi camiseta, muchas gracias." Estiró la mano para acariciar la piel de Sherlock, duplicando el movimiento de la palma que ahora descansaba en su espalda. "De todas formas… ¿Qué quieres saber?"
"Todo," dijo Sherlock, decidiendo seguir el ritmo de John e ignorando la extraña situación de la erección. "Quiero saber por qué eres diferente a todos los demás y si siempre lo vas a ser. Quiero saber por qué me quieres, y si también quieres a alguien más y si alguna vez has deseado a alguien más como me deseas a mi ahora y cuánto va a durar esto. Quiero saber por qué el vello de tu vientre es diferente al mío y que otras diferencias hay, y como se sienten. Quiero saber cómo es tu cara cuando estas excitado y quiero que me beses y quiero saber por qué no lo haces."
"Maldita sea," dijo John. "Es demasiado temprano para la Santa Inquisición."
Sherlock bufó. "No te estoy haciendo preguntas," su tono añadía la palabra "idiota" al final de la frase. "Deduciré las respuestas."
"Ah, pues buena suerte con eso," respondió John de manera amistosa. "Hazme saber si te atascas con algo."
Una pregunta de Sally, que se sentaba en el asiento plegable de enfrente, sacó a Sherlock de su ensimismamiento.
"Entonces, ¿Cómo van las cosas?" preguntó.
"Aún es muy pronto para una conclusión, ¿No crees?" Sherlock respondió, alzando las cejas. "Hasta un detective consultor necesita un poco más para continuar."
Sally suspiró. "Me refiero a ti," aclaró. "¿Cómo lo llevas con…todo? ¿Vas a clases y esas cosas?"
"¿A clases?" repitió Sherlock como un eco. ¿De que hablaba esta mujer ahora?
"Ya sabes," Sally trató de explicar. "Cómo lidiar con la ceguera, retomar tu independencia, aprender a apañártelas tu solo, esas cosas. Ya sabes, clases." Sonaba como si se arrepintiese de haber preguntado.
"¿Por qué iba a querer hacer eso?" Le preguntó él. En serio, no era un misterio por qué la fuerza policial estaba en tan mal estado. "Tengo a John," añadió, en caso de que ella todavía no lo entendiese.
Hubo un silencio. Sherlock apretó ligeramente el brazo de John, quien devolvió el apretón como siempre. Asumió que la línea de investigación se había acabado con eso, pero parecía que Sally solo estaba tomando aliento.
"Pero…" Aparentemente, estaba experimentando algún tipo de ceguera vocal por sí misma. "Pero…No puedes esperar que John esté disponible para ti las 24 horas, 7 dias a la semana," protestó. "Tiene una vida propia que llevar. ¡Es médico, por el amor de dios!"
"Es mi médico," apuntó Sherlock.
"Es tu médico, entonces, ¿No se le permite tener más pacientes y tiene que estar a tu disposición a todas horas del día y la noche?" demandó Sally. "¿Te parece razonable?"
"¿Cómo le aguantas?" Esa última pregunta no estaba claramente dirigida al él.
Sherlock giró la cabeza, interesado en oír como John explicaría la situación.
"Creo que ya estamos aquí," dijo John.
El apartamento ante el que se habían detenido parecía acaudalado, y John aprovechó la oportunidad de cuestionar más a Sally sobre el caso, pasando por suerte de la extraña conversación en el taxi.
Ella parecía contenta de responder a sus preguntas mientras caminaban hacia el edificio, John murmurando direcciones y avisos de escalones por lo bajo.
"El señor Harbrook tenía algo de dinero de su primer matrimonio, pero esta casa fue pagada por la fallecida. Tenía un cuantioso fondo fiduciario, aunque no podían tocar el capital. Su salario de por sí fue suficiente para pagar todo esto." Agitó el brazo para indicar el esplendor general mientras introdujo la llave en la puerta. "Todavía viven aquí, el señor Harbrook y su hija, aunque están fuera por el momento, el salón está cercado por cinta policial," explicó.
"¿Qué pasará con todo el dinero ahora?" preguntó John, aun pensando que el marido era un posible candidato, más que una misteriosa Au Pair desaparecida.
"Oh, se lo lleva él," le dijo Sally. "Hará alguna donación caritativa pero después es suyo, sin más." Intercambiaron miradas. "Créeme, si pudiera cargarle a él lo haría sin pensar, pero su coartada es muy sólida y no hay evidencia de que tuviera nada que ver con las candidatas al puesto. Su mujer colgó la oferta de trabajo, planeó los encuentros, todas las notas contienen su letra y es la única con la que las demás han hablado. No parece que haya nada para retenerle."
Para entonces ya habían alcanzado la habitación y Sally levantó la cinta. John puso su mano en la nuca de Sherlock para guiarle mientras pasaban por debajo.
Sally continuó. "Además, la mujer desaparecida escapó con más o menos medio millón de libras en joyas más una cantidad no especificada de dinero. El señor Harbrook no está seguro de cuanto fue robado."
Sherlock quiso estar exactamente donde la víctima había sido encontrada, mientras John describia la habitación en meticuloso detalle, desde los muebles (lujosos), la decoración (fría), las piezas de arte (modernas), las fotografías de una niña pequeña que rondaría los tres años en las más recientes, la disposición de la habitación, el diario abierto sobre el escritorio que solo mostraba "Miss J", "Miss B", etc… escrito bajo las citas, con un lapicero a la izquierda y los currículums de las aspirantes a la derecha, todos presentes excepto el de la misteriosa "Miss K", que estaba anotada para la entrevista de las doce.
Después se posicionó en la butaca en la que, supuestamente, la víctima había estado sentada a la hora del ataque, mientras John leía el informe de la autopsia.
Por lo visto el arma homicida ya había sido identificada como una estatua pesada que normalmente yacía en la esquina de la mesa, eran dos manos sujetando una bola del mundo. "Parece la Copa del Mundo," explicó John, pero no parecía que esa información ayudase a Sherlock así que volvió a ceñirse a los hechos.
"La herida consiste en un solo golpe del arma homicida. No se necesitaría una gran cantidad de fuerza si la víctima estaba sentada en ese momento. El ángulo del golpe sugiere que la asaltante era probablemente zurda, y la muerte fue instantánea."
"Describe el cuerpo, John," pidió Sherlock, que había encajado sus manos bajo la barbilla. "Ignora lo que sabes, o lo que crees que sabes y dame los datos."
John echó un vistazo al informe de nuevo, examinando las fotos más de cerca. "Vale, mujer blanca, de entre veinticinco y treinta años, un metro sesenta y cinco de altura, sobre sesenta kilos. Piel clara, pelo rubio, ojos azules. Causa de la muerte: Golpe seco en la cabeza. Abrasiones en ambas rodillas, rasguño evidente en el nudillo del cuarto dedo de la mano derecha, callos en las yemas de los dedos de la mano izquierda y las uñas muy cortas, mordidas, pero las de la mano derecha son más largas." Alzó la vista. "¿Te ayuda en algo?"
"Oh, ya lo creo," respondió Sherlock, sonriendo. "Creo que las cosas se están volviendo muy claras, ¿Tu no?"
John y Sally se miraron. John se encogió de hombros y Sally puso los ojos en blanco. "¿Quieres ir a la estación de ferrocarril?" Preguntó ella. "Hay algunos videos de la Au Pair dirigiéndose a los guardarropas, la seguimos con los videos de seguridad de la calle, pero no hemos podido verla salir. ¿Alguna idea?"
"Creo que ir no tendría ningún sentido," dijo Sherlock. "A la morgue, por favor. Y Sally, ¿Podrías traer los efectos personales de la víctima? Y a Lestrade, también."
Sally parecía asombrada y miró a John cuestionando, pero este se encogió de hombros de nuevo. Parecía que Sherlock había dado con algo, pero sobre qué era, John no tenía ni idea.
"¿Para qué quieres al D.I Lestrade?" preguntó. "¿Le vas a contar todo el rollo, no?"
"Oh no," respondió Sherlock, sonriendo satisfecho mientras ofrecía su mano a John. "No le voy a contar nada." Se giró en cuanto agarró a John y le tuvo cerca. "John se lo va a enseñar."
Sherlock podía sentir la frustración de John al entrar al taxi, dejando a Sally volver a Scotland Yard. Era una extraña manera de tomar conciencia y no tenía ninguna razón lógica, pero tiró de John hacia sí, pasando un brazo alrededor de él.
John bufó. "¿Me vas a contar lo que pasa?" preguntó. "¿O vas a esperar a que haga el idiota delante de Lestrade?"
Sherlock se encogió de hombros. "Solo tengo lo que tú me has contado," apuntó. "Podría estar equivocado."
"Sí, claro, como si eso fuera a pasar," murmuró John.
Sherlock sonrió. John siempre tenía mucha confianza en él. Estaba completamente justificado, por supuesto, pero era bueno aun así. El caso estaba ya casi solucionado y Sherlock comenzó a considerar lo que Sally había dicho en el taxi antes. "¿Doy por hecho que siempre estás ahí, John?" le preguntó.
"Si," John respondió inmediatamente. Quizá demasiado inmediato, pensó Sherlock. Dejó el brazo caer y John suspiró, dándole pequeños golpecitos hasta que lo colocó de nuevo donde estaba.
"No es nada nuevo, siempre lo has hecho," explicó, moviendo su mano hasta la rodilla de Sherlock. "Por dios, me hiciste recorrer medio Londres para mandar un mensaje por ti la noche siguiente a conocernos."
"Y disparaste a un hombre para salvarme esa misma noche," observó Sherlock en bajo.
"Lo hice," John pareció haber tomado una decisión. "Así que está bien. Si, das por hecho que estoy ahí pero solo porque yo te dejo." Apretó la rodilla de Sherlock y se giró para mirarle. "No puedes aprovecharte de alguien en contra de su voluntad. Es mi elección."
Sherlock no estaba muy seguro de cómo responder, pero notó que esto era importante para John, por lo que esperó.
"Podría haber herido al taxista cuando le disparé, pero no lo hice," John continuó, su voz grave. "Te amenazó y le maté." Hizo una pausa antes de admitir, "Habría matado a cien taxistas para salvarte."
"¿Incluso al principio?" Sherlock estaba sorprendido.
"Casi inmediatamente," le dijo John. "No podría haber dicho por qué al principio." Se encogió de hombros. "Quiero decir…sabía que me atraías, eso fue inmediato."
"Y obvio," Sherlock añadió con satisfacción.
"Si, muy bien, gracias," continuó John. "Pero me sentía conectado contigo mucho más allá de eso. No lo voy a llamar "amor a primera vista" porque creo que es ridículo, no te conocía de nada. Pero fue más como…"
"Reconocimiento," acordó Sherlock.
Cuando Lestrade y Sally llegaron a la morgue, John se estaba preocupando.
No sabía que era lo que Sherlock esperaba que hiciese, o cómo hacerlo, y Molly había traído el carrito y roto a llorar, desapareciendo y dejándoles con el cuerpo. La situación, pensó John, era menos que ideal.
Sherlock no sentía tal reparo. "Venga, John," le incitó. "Quiero ver el cuerpo. Bueno," añadió, "las manos, por lo menos."
John le estaba guiando hacia la mesa cuando Lestrade y Sally llegaron, Sally cargando una bolsa que presumiblemente contenía los efectos que Sherlock había pedido.
Miraron hacia la mesa, donde Sherlock estaba usando los dedos para examinar la mano izquierda de la víctima. "¿John, que piensas de esto?" preguntó.
Lestrade alzó la voz. "Será mejor que tengas algo sólido para mí, Sherlock," le advirtió. "Si he hecho todo el camino desde ahí abajo por una especulación, no voy a estar muy contento."
"Tú nos llamaste, ¿Recuerdas?" apuntó Sherlock. "John," habló de nuevo. "Mira esta mano."
Alzando los brazos en un gesto de rendición hacia Lestrade, John se desplazó hasta el cuerpo y examinó el apéndice en cuestion. "Vale, si," confirmó. "El nudillo del dedo anular está bastante raspado, más evidente que en la fotografía."
"¿Pero y la mano en conjunto?" preguntó Sherlock. "¿Se le ocurre algo, doctor?"
John la miró de nuevo. Era una simple mano. "Bueno, tiene callos en las puntas de los dedos… ¿Puede que tocase un instrumento de cuerda?" aventuró.
"Bien," dijo Sherlock. "Continúa…"
John estaba pensando en tocar instrumentos. "Tendría ventaja porque tiene las manos grandes," dijo. "Bueno, grandes en proporción a su cuerpo."
"Excelente," dijo Sherlock, mientras Lestrade agitaba el pie impacientemente. "Manos grandes y…"
John echó un vistazo al carrito. "Si, pies grandes también," confirmó. "Espera, nadie ha mencionado los pies. ¿Cómo has sabido eso?"
"¿Qué talla diría, doctor?" Sherlock preguntó, juntando las manos.
Sally rebuscaba en la bolsa de evidencias. "Un seis," dijo, sacando un zapato de tacón negro.
Todos miraron dudosos a los pies del carrito.
"Vamos," invitó Sherlock. "Es mejor que se los pruebes."
Sally le pasó el zapato a John, quien lo hizo, pero era obvio que el zapato era mucho más pequeño.
"Esta chica no es cenicienta," dijo Sherlock. "Permitidme presentaros a la Au Pair ausente."
Lestrade se quedó con la boca abierta. "Entonces, si esta es la Au Pair, ¿Dónde está la mujer?" demandó. "Y cómo…"
"¿Por qué no nos lo explicas, Sherlock?" instó John.
Sherlock sonrió. "La primera foto de la escena del crimen mostraba que la víctima no llevaba puestos los zapatos. Los zapatos no se caen tan fácilmente, especialmente no ambos, tenía que haber una razón. Además, el anillo de bodas le estaba estrecho, solo había estado casada tres meses, su anillo debería encajar perfectamente…así que claramente algo estaba mal en el cuerpo."
Estaba disfrutando con esto, y John lo sabía. Sherlock estaba en su elemento, y era todo un espectáculo.
"Después, tenemos la escena del crimen," continuó. "Hay fotografías en la habitación, pero ninguna de la mujer. ¿Ni siquiera una foto de bodas? Parece un poco raro. Los bolígrafos a la izquierda del diario indican que la esposa era zurda, pero la víctima era claramente diestra."
"Eh…" Lestrade comenzó para interrumpir.
"Mírale los dedos," le pidió Sherlock. "Toca la guitarra: uñas más largas en la mano derecha para rasgar, uñas cortas y callos en la mano izquierda para deslizar sobre las cuerdas. Por lo tanto, diestra."
"Entonces," continuó. "Si los hechos no se ajustan a tu solución, tu solución está mal. El informe de la autopsia sugiere que la asaltante es zurda. Partiendo de ahí… La señora Harbrook entrevista Au Pairs, habiendo seleccionado de antemano aquellas candidatas de condiciones físicas similares a las suyas. Escoge a la mejor candidata, le asesta un golpe en la cabeza y e intercambia la ropa. Pero se encuentra con un obstáculo: la víctima tiene manos y pies grandes. Los zapatos no le entran y los tiene que dejar al lado del cuerpo. El anillo, la alianza, tiene que estar de cualquier manera en su sitio así que lo fuerza, de ahí las abrasiones en el dedo."
"Increíble," dijo Sally. Todos se giraron a mirarla y ella tosió. "Eh, quiero decir, ¿Por qué iba a hacer ella eso? ¿Y dónde la vamos a encontrar?"
"Yo propondría seguir al marido," respondió Sherlock. "Él identificó el cuerpo, asi que obviamente están en esto juntos. ¿Dijiste que el dinero estaba bajo custodia, y no podían tocar el capital?"
"Correcto," dijo Lestrade. "Si hubieran montado un falso suicidio sin cuerpo, habrían tardado años en conseguir el dinero. Con el asesinato, lo consiguen en el momento." Negó con la cabeza. "No acababa de tragar a ese hombre, menudo bastardo de sangre fría."
"Pobre chiquilla…" dijo Sally.
John había estado pensando. Sabía que era una pérdida de tiempo si estaba Sherlock, ya que seguro que estaba inevitablemente equivocado en cuanto a deducciones, pero esta vez no pudo evitar preguntárselo.
Se giró hacia Lestrade. "¿Qué le pasó a la primera mujer?" preguntó.
"¡Joder!" dijo Sally.
