Disclaimer: Nada es mío. Y esto va, definitivamente, sin ánimos de lucro.
Es inútil hacer cualquier cosa a prueba de tontos, porque los tontos son muy ingeniosos
–Oh, vamos Bella.
–Pero…
–Por mí. –murmuró significativamente Edward. Ella resopló molesta y continuó caminando detrás de su prometido hasta el garaje de su familia. –Lo prometiste. –le recordó. Y frente a eso (una artimaña sucia), no supo qué replicar.
–Al menos dime que no lo escogió Alice. –murmuró, intentando consolarse en los pequeños detalles.
La sonrisa torcida que tanto le gustaba apareció en los labios del vampiro. Y ella refunfuñó una vez más.
Él la atrajo hacia sí con un brazo protector que intentaba infundirle ánimos; pero para ese entonces, ella estaba muy encaprichada con que no quería otro auto que no fuera su monovolumen, que había sufrido un sospechoso accidente poco tiempo después de que ella prometiera aceptar un nuevo auto tras la muerte del -en ese entonces- actual.
Cuando Edward se lo enseñó, casi más cae sentada. De hecho, hubiera terminado en el suelo si él no lo hubiera impedido. Casi eran audibles los lamentos internos de la muchacha, mientras miraba horrorizada lo que suponía era un muy -pero que muy- costoso auto.
–Estás de broma ¿verdad?
– ¿Eso parece? –respondió con una sonrisa cortés y la diversión bailando en sus ojos brillantes.
Ella refunfuñó algo por lo bajo y él sonrió ampliamente complacido.
–Vamos, Bella, ¿qué tiene de malo?
– ¡Todo! ¡Todos van a mirarme cuando pase por la calle! –protestó.
–A ti no, al auto. –sonrió Edward. Ella lo fulminó con la mirada: daba igual qué miraran si ella estaba adentro de objeto en cuestión.
Edward suspiró y prometió que no duraría mucho tiempo, aún así, ella continuaba creyendo que tener un auto con ventanas antibalas era pasarse. "Prácticamente indestructible, justo lo que necesitas" se había burlado Emmett.
Todavía podía recordar las risas de la noche anterior, donde ella era el centro de las burlas -claro que sin la menor intención de ofenderla-. Aún molesta, se subió a su auto y se marchó a casa. Los Cullen ya habían ido por la cena y ella no tenía mucho por hacer en casa ajena -que por mucho tiempo que pasara en ella, continuaba siendo ajena-.
Llovía.
Llovía como nunca y era curiosamente inquietante. Ahora que los Cullen se habían marchado, Bella tenía tiempo de sobra para pensar en cosas que evitaba pensar. Ella se sentía como la lluvia ahora que ninguno de los Cullen estaba para distraerla.
Pensó en llamar a Seth en cuanto llegara a casa. O a Angela. Quizás a ambos. Y aceleró un poco, por inercia. Pasar mucho tiempo con Edward comenzaba a afectarle.
No se acostumbraba a regular la velocidad y eso definitivamente fue un inconveniente cuando el auto salió disparado contra el camión estacionado delante de ella, y contra el que se estrelló antes de frenar.
Abrió los ojos desorbitada y confundida.
Bajó del auto y balbuceó unas cuantas incoherencias: ante sí, el camión tenía una perfecta abolladura. Y el supuesto auto invencible e indestructible de Emmett, un rayón imperdonable.
Ahora sí que se iban a burlar.
…
A los Cullen y Quileutes les gustan las chicas que dejan reviews ;)
