Teen Titans NO me pertenece ni sus personajes, a no ser si son OC's inventados, éstos inventos sí me pertenecen.

¡Buenas!

Actualizando de nuevo, es raro... hasta para mí, pero por lo visto las musas andan de buenas este año, ¡y me alegra tanto! Ya iba siendo hora de comenzar a cerrar esta historia. Bueno, agradezco a todos los favoritos y seguidores que vinieron con el capítulo anterior (fueron bastantes, ¡gracias!) y a los que se animaron a dejar reviews, lo cual me dejó bastante feliz :) (gracias a NellyMoose y a Shasad Naoko)

No les voy a quitar más tiempo, así pueden empezar a leer c:

¡Disfruten!

Capítulo IX: La hechicera del amor (Editado)

P.O.V: Raven:

No terminé de ingresar a mi habitación, y ya se estaban reventando las lámparas del techo y salían volando los libros de los estantes de la biblioteca. No tenía ganas de controlar el desastre en el que tarde o temprano se convertiría mi recámara, sin embargo no era nada recomendable dejarme llevar por mis impulsos emocionales. Es decir... no quería terminar tirando la torre T abajo.

Eso ha sido...

―¡Cállate, Lumen! ¡En el lío que me has metido! ―grité desesperada, viendo cómo mi cama comenzaba a levitar. Respiré con aprensión, cerrando mis ojos para no ver lo que estaba provocando. Un zumbido ensordecedor se instauró en mis oídos, por ende coloqué mis manos sobre mis orejas. Aguardé unos largos segundos, normalizando mi integridad y tomando de a poco el control sobre mí misma, con esfuerzo. Para cuando dejé de oír que las cosas de mi cuarto se rompían, abrí otra vez mis párpados.

Mi habitación era un auténtico campo de guerra. La cama -que estaba con las patas hacia arriba-, se había partido al medio y las sábanas y cobertores colgaban de las rotas lámparas del techo. Un montón de vidrios cubría el suelo, haciéndolo brillar, y varias páginas de libros se esparcían por toda la extensión del piso.

Deberías meditar un poco. ―sugirió la voz dentro de mi cabeza. Fruncí los labios.

―¿Eso crees? ―murmuré sin ganas ―.No sé qué fue lo que hiciste allá en la sala de monitores, pero no vuelvas a hacerlo más.

¿De verdad querías liberar tu energía allí? Yo hubiera preferido mil veces que desbocaras tu descontrol emocional aquí, en donde nadie te vea y en un sitio en donde puedas romper las cosas con tranquilidad. ―me explicó con cierto enfado.

―Ha sido peor. Contuviste mi energía, y ahora que la has liberado, fue peor de lo que podría haber sido en la sala de monitores. ―mientras dije eso, empecé a reparar mis cosas ―.Allí habría roto un par de pantallas... pero casi vuelo en mis pedazos mi cuarto, Lumen.

Sabía que ella había manipulado mis emociones rato atrás para que la rarísima situación que pasé junto a Robin no se interrumpiera por culpa de mi falta de control emocional. Había sido extraño no sentir que estaba a punto de destruir algo, y por un momento me había sentido... normal... pero las consecuencias de ello habían sido bastante más graves de lo común. Jamás había causado un daño tan grande con mis poderes.

Lo que ha hecho Robin... ―empezó la oración, mas se interrumpió a sí misma; yo suspiré con desgana.

―No vamos a detenernos a rememorar nada. ―le aclaré.

Creo que es la primera vez que un chico se te acerca tanto.

―Bast...

¿Has sentido su perfume? Es decir, claro que has sentido su perfume... hasta yo lo he sentido. ¿Qué crees de su aroma? ―me cortó el llamado de atención. Por alguna razón, Lumen tenía cierta «obsesión» con las fragancias de la Tierra.

―No creo nada. ―dije cortante, reparando mis libros y colocándolos en el lugar mediante magia.

Qué va... casi se te sale el corazón por la boca. ―y como lo haría una niña de diez años, se rió de forma chillona. Había sonado ahogada... seguramente se estaría comiendo las uñas como de costumbre. Rodé los ojos.

―¿Podrías callarte? ―exigí con enfado ―.No dejas de hablarme ni cuando estoy delante de otras personas, hoy Robin me ha mirado raro cuando te mandé a cerrar la boca en su habitación. Te pones inaguantable.

¡¿Pero por qué no has entrado? ―había gritado casi con decepción. Casi.

―No tengo por qué darte explicaciones. ―había empezado a enojarme... demonios, era más niña que Starfire.

Huele a madera. ―su cambio de tema fue tan drástico, que me costó un poco volver a ubicarme en la conversación.

―¿Madera? ―repetí de pronto inexpresiva, tratando de recordarlo. A lo mejor Lumen no se equivocaba... por lo que podía rememorar, olía a menta fresca, ¿o era sándalo?

Sándalo; muy poco sándalo con una considerable cantidad de madera húmeda... como cuando llovía sobre un jardín y los troncos de los árboles generaban esa fragancia. Ese estilo de madera.

Madera y menta. ―fruncí el ceño, dejando temporalmente mi tarea de restaurar mi cuarto.

―No, más que menta es sándalo. ―la corregí.

¿Pero el sándalo no es lo mismo que la menta?

―Claro que no, por más de que ambos sean hierba buena, son plantas distintas. ―hice una pausa, con la mirada perdida ―.Además, el sándalo es más leve que la menta... Robin huele a sá...

Me auto-detuve; quiero decir, ¿qué demonios hacía analizando aquello? Ni que me importara... no tenía por qué gastar mi tiempo y mi energía en una... en una cosa como esa. Mi estúpido líder podría tener aroma a rosas que a mí me importaría un pimiento.

Con renovada efusividad, volví a reparar las cosas que había roto rato atrás. Para cuando terminé, me acerqué lentamente a la ventana, quedándome detenida ante la vista que la ciudad bajo el sol de un nuevo mediodía me ofrecía. La vida humana era tan... fácil, tan libre. Los humanos eran libres de elegir su destino, de evolucionar como quisieran. En Azarath no era así, y por algún motivo, sentí cierta punzada de envidia por aquellos que no tenían ni idea de lo que eran verdaderos problemas.

De pronto recordé algo...

―Lumen. ―llamé con mi acostumbrado tono de voz.

¿Sí?

―Necesito contarte algo.

Luego de meditar y entrar en mi mente hasta la enorme biblioteca que representaba el hogar de Lumen, tomé asiento junto a ella en el gran claro, delante de la mesa. Ella se cruzó de piernas en el suelo, haciendo resonar su juego de llaves dentro de sus tapados.

¿Y bien? ¿Qué quieres contarme?

Ya casi que me había olvidado de su físico: su vestido blanco y flojo, arrugado y sin ni una sola mancha; su cabello, también blanco, atado en dos altas coletas de niña; sus labios profundos y respingones, bajo el trazo de un lápiz labial bordó; sus cortísimas uñas, las cuales eran sometidas constantemente a la tortura de ser mordisqueadas por su dueña. Lumen era idéntica a mí en cuanto a la forma del rostro y del físico, mas no coincidía en nada en cuanto a la personalidad y la forma de vestir y actuar.

¿Qué significa «Metalix»?

Su sonrisa constante se borró por completo de su rostro, y fue automático el hecho de llevarse las manos a la boca, buscando algo para morder aunque ya casi que no le quedaban uñas. Su espalda curvada por estar sentada de piernas cruzadas, se enderezó al instante. Aquello me extrañó un poco: era la primera vez que la veía preocupada... o bueno, algo así.

N-no tengo idea... qué va. ―murmuró con el ceño fruncido ―.¿De dónde has sacado eso, Raven?

¿Me estás... mintiendo? ―pregunté asombrada. No podía creer que Lumen estuviera ocultándome algo así de descaradamente. La vi mirar hacia todos lados, nerviosa.

Ya, lo siento, no te enfades. ―me pidió, estirando sus brazos para posarlos sobre mis hombros. El contacto me molestó -me desagradaba que me tocaran-, pero no me atreví a moverme, a la espera ―.Por favor dime de dónde has sacado ese nombre.

¿Es un nombre? ―ahora sí que empezaba a sentir más curiosidad. Lumen se pasó la mano por la cara, susurrando un taco. Arqueé una ceja sin caber de asombro.

Sí. ―susurró, como si fuera en contra de lo que quisiera hacer ―.¿Podrías decirme dónde lo has conseguido?

Le conté -muy extrañada- el sueño que había tenido la noche anterior, en la que encontraba ese libro entre las estanterías de la biblioteca. Lo que no le dije fue lo que vi después: sobre los chicos de la torre y las imágenes raras que pasaron por mi mente antes de despertar. Pensé en Robin situado en un ataúd con su ojos cerrados y mi piel se erizó.

Lumen se mantuvo en silencio, con los ojos abiertos y casi sin parpadear, mordiendo sus uñas hasta la cutícula. Me pregunté cómo era capaz de no sentir dolor haciendo esa barbaridad.

¿Qué significa todo esto? ¿Por qué te has puesto así de nerv...

Indícame en dónde estaba ese libro, Raven. ―La vi ponerse de pie, ahora mortalmente seria. De pronto me sentí enfadada.

Respóndeme o no te diré nada.

Un incómodo silencio se hizo presente en el ambiente, espesándolo todo. Lumen chasqueó la lengua, y volvió a sentarse. No habló hasta pasado algunos segundos.

Metalix, perteneciente a la segunda generación de dama al mando que se encargaba de los lazos amorosos de las familias más aristócratas de Azarath. ―Escuché cada palabra con atención, empezando a armar un escenario en mi mente ―.En resumen, Metalix era conocida como la hechicera del amor.

»Muchos de Azarath querían sus atenciones... poder tener la bendición de recibir un poco de su poder, de su don para unir personas. Todos deseaban estar con su amor no correspondido, y Metalix era la única capaz de convertir el odio o rechazo de uno en creciente amor. Ella hacía que los que no se querían, de pronto se enamoraran ciegamente. Era buena en lo que hacía, y adorada por muchos, incluso por Azar.

La mención de Azar me trajo una sensación un poco incómoda... no sabía cómo sentirme al respecto en cuanto a mi mentora de toda mi vida.

El caso es que, mirando las estrellas del cielo y viendo más allá de lo que se podía ver normalmente, una vez se enamoró de un muchacho que no pertenecía a su dimensión, un muchacho que hacía lo mismo que ella pero que estaba tan lejos de sí que le era inalcanzable. Ese muchacho también unía personas en nombre del amor, y cultivaba lazos de afecto entre personas. La distancia entre ella y él era algo que tenía solución, pues en Azarath transportarse de una dimensión a otra era factible, por ende Metalix viajó hasta el lugar en donde su amor se encontraba para poder conocerle en persona y que él le viera. Pero, si había algo que tenía prohibido, era utilizar su poder a su favor... es decir, intentar enamorar a alguien de ella. Azar se lo tenía terminantemente denegado.

»Lamentablemente, si bien ambos se conocieron y se enamoraron, Metalix pudo ver con el tiempo que él se enamoraba de cada muchacha que aparecía ante su presencia. Ella se sentía terriblemente dolida, porque cada vez que volvía de visitarlo a su dimensión, se enteraba y veía que él la engañaba con otras mujeres. Él era un amante del enamoramiento, y no se resistía a ninguna persona que le pudiera brindar amor. Metalix lo sabía... mas no lo aceptaba. También sabía que él tenía una única regla, y esa era no tener hijos con ninguna de las mujeres de las que se enamoraba.

»En un intento desesperado por sentirse más amada que todas las demás por él, rompió su palabra con Azar y utilizó su magia a su favor... hechizó al hombre para que, durante una noche, pasara por alto la regla de no procrear familia. Y lo logró.

¿Él y ella... tuvieron un hijo? ―me atreví a abrir la boca, absorta en la historia. Lumen asintió, con pesar.

Él se enfadó muchísimo con Metalix una vez que el hechizo de ella dejó de surtir efecto... y le prohibió que volvieran a verse jamás, diciéndole que no quería tener nada que ver con aquel bastardo que estaba en su vientre. Bajo los efectos del inmenso dolor, Metalix volvió a Azarath envenenada de ira y comenzó a deshacer todos los lazos amorosos de todo aquel que se cruzó por delante de ella; si ella no podía ser feliz, entonces nadie lo podía ser. Destruyó muchísimas familias, hechizó a muchos con odio y obligó a varios a matarse entre sí, creando una masacre. Azar, por obviedad, se enteró, y por lo tanto le arrebató sus poderes mágicos amorosos para que nunca jamás pudiera volver a manipular a nadie. Cargando con un retoño ahora indeseado, fue encerrada en otra dimensión recóndita, en donde tuvo a su hijo. Actualmente, no se sabe nada de ninguno de los dos... ni de Metalix, ni de su hijo bastardo.

Me quedé absorta mientras procesaba toda la información dada por Lumen.

¿Cómo es que sabes todo eso y yo no lo sabía? ―Se puso de pie con parsimonia, alisando su vestido con sus manos.

Hay muchas cosas que aún no puedo decirte, Raven. Pero te aseguro que algún día las descubrirás. ―me paré del suelo ―.¿Me indicarías dónde habías encontrado ese libro?

Cuando llegamos al sitio de mi sueño en donde supuestamente había estado el ejemplar, no me sorprendí al no encontrarlo allí. Al parecer, Lumen tampoco.

De ahí fue que lo saqué. ―murmuré con inexpresividad...

Abrí los ojos tan asustada, que por poco no me estalló el corazón. La alarma del crimen sonaba ruidosamente en toda la torre T. Dejé de levitar en posición de flor de loto y me apresuré en transportarme hasta la sala de estar, en donde me hallé con mis compañeros de trabajo.

―Bueno, ya era hora de que algún villano hiciera de las suyas... estos días las cosas estuvieron demasiado tranquilas. ―Cyborg se abrió paso para contemplar lo que había en el televisor gigante, y se quedó tan helado como todos nosotros.

La imagen que se proyectaba en pantalla era alucinante... pero ni tiempo tuvimos para analizarla, pues de la nada Chico Bestia se irguió con las orejas hacia atrás, y luego un instante de suspenso dio un alarido.

―¡CÚBRANSE!

No terminó de decirlo y ya se había transformado en un T-Rex que nos envolvió a todos, y yo había formado una burbuja de energía que nos cubrió a los cinco. La explosión fue fuerte, tanto que el impacto contra la burbuja me hicieron doler los brazos de una manera tremenda; no supe de dónde saqué fuerzas para contenerla.

Sentí que un líquido tibio bajó por mi nariz, y el sabor a sangre inundó mi boca cuando deshice el campo de energía. Me pasé el dorso de la mano por los labios y lancé un escupitajo a un lado.

―¡¿Están todos bien? ―Robin gritaba por encima del ruido de los escombros. No veía a nadie medio metro a la redonda de tanto polvo que se había generado.

―¡Estoy bien, amigo Robin!

―Funcionando. ―comunicó Cyborg desde algún punto a mi derecha. Yo sólo tosía, por lo que no pude responder. Sin embargo, no oímos a Bestia.

―¡¿Bestia? ―llamó nuestro líder, moviendo las piedras e intentado caminar entre el desastre ―.¡¿Chico Bestia?

―A-aquí. ―la voz quebrada del enano verde estaba justo a mi lado. Avancé con torpeza por las rocas y sin querer le pisé una mano ―.Maldi...

―Perdona. ―me agaché junto a él y apronté mis manos ―.¿Qué te duele?

―Creo que me he roto una costilla. ―enseguida coloqué mi magia sobre su pecho, y en efecto tenía una costilla quebrada. Ahogó otra maldición mientras yo trabajaba.

Apareció el resto de los Titanes a nuestro alrededor, Cyborg tecleando su brazo y Robin mirando hacia todos lados, alerta.

―Amiga Raven, ¡tienes sangre! ―captó la atención de todos.

―No es nada, fue la sorpresa de la explosión. ―contesté concentrándome en unir los últimos trozos de hueso.

―Según mi sensor de movimiento térmico, los objetivos están ingresando a la torre. ―informó el semi-robot.

―¿De dónde ha salido ese explosivo? ¿Cómo es que no fue detectado?―inquirió Robin, destellando furia en su voz.

―Un dron. ―respondió Bestia, ya sentándose sobre las piedras ―.Escuché el zumbido antes de que ingresara a la sala, venía por el pasillo.

―¿Por el pasillo? ―repitió Cyborg ―.Pero si la puerta principal esta del lado opuesto, y las ventanas de toda la torre están selladas...

―A menos que haya querido entrar por el tejado. ―sugirió Starfire, rascándose el antebrazo en donde tenía unos raspones recientes.

―Buena idea. ―concedió Robin con orgullo, sacándole una tonta sonrisa a Star. Por un momento sentí algo extraño removiéndose en mi pecho al verlos congeniando... no quise detenerme a analizarlo. Para nada ―.Vamos a dividirnos en grupos, si mal no recuerdan, hay oficiales de policía hechizados por doquier rodeando la torre.

Ayudé a Chico Bestia a incorporarse, mientras el soltaba quejidos.

―Te dolerá un poco acostumbrarte a la enmendadura. ―le dije, mientras se apoyaba en mi para equilibrar de a poco el peso. Miré a Robin a la espera de la distribución de los grupos, y por un instante me pareció sentir que estaba incómodo. No me quitó la vista de arriba.

―Cyborg, ve con Chico Bestia hasta el sótano, y vayan subiendo de pisos para barrer la invasión. ―comunicó, con voz extrañamente tranquila. Bestia demoró un poco en quitarse de encima, agarrándose el lado derecho del pecho ―.¡Vamos, Bestia!

―Oye viejo... ―exclamó el chico, claramente enfadado ―, no se si lo has notado, pero si no fuera por Raven en este momento estaría cien por ciento indispuesto. Tranquilízate, ya iré tomando velocidad.

De pronto el ambiente se tornó espeso, si bien el polvo ya se había dispersado en su mayoría. Cyborg miraba alternativamente a Robin y al enano verde, como si se tratara de una competencia de pin pong, mientras que yo me cuidé de no moverme ni un poco de la tensión. Starfire parecía ajena a todo.

―Chicos, creo que deberíamos apresurarnos. ―murmuró dulcemente. Robin tardó un poco, sin embargo terminó asintiendo a la extraterrestre.

―Starfire, quédate aquí custodiando la puerta principal... dudo que vuelvan a atacar dos veces el mismo sitio, pero por si acaso es mejor mantenernos prevenidos. ―ordenó ―.Raven, acompáñame a la azotea.

Juro que jamás me hubiera imaginado que Robin te llevaría con él... una decisión impredecible. ―después, Lumen soltó una carcajada. Hasta la vi rodar los ojos en mi imaginación... y deseé decirle que cerrara la boca.

Nos dividimos, y junto a Robin comenzamos a dirigirnos por las escaleras hacia el piso máximo de la torre. No decíamos nada, pues estábamos bastante ocupados pensando qué demonios hacían oficiales de policía atacándonos... o bueno, oficiales de policía hechizados. Eso me recordó a la última villana que apareció e hizo lo mismo para intentar atacar a mis compañeros, cuando yo estaba indispuesta. No la habíamos visto ahora en el monitor, pero los policías tenían el mismo aspecto perdido, con sus ojos azules centellando.

―Raven. ―estaba jadeando, por el esfuerzo que hacía al correr lo más rápido que podía. Lo miré por el rabillo del ojo, con algunos de los mechones de su cabello alborotado pegado a su frente perlada de sudor.

―Qué. ―mustié, inmutable. Doblamos en una esquina.

―¿Te encuentras bien? Es decir... ―hizo una pausa, recuperando aire sin frenar su andar ―, has sangrado por la nariz, ¿te sientes mareada o al...

Vi que dejó de hablar y frenó inmediatamente su corrida, y supe que algo no andaba bien. Mucho menos cuando se tiró sobre mi con expresión horrorizada, embistiéndome para acabar los dos en el suelo. Luego de eso, una explosión cercana levantó el polvo de una pared caída un pasillo más adelante. No me molesté en crear una burbuja de energía, pues estábamos a salvo de las piedras grandes y escombros. Esperamos a que pasaran los segundos para ver si el estruendo se calmaba, y fui reparando -con terror- que Robin tenía su cara pegada a la mía.

Respiraba agitado, preso de la adrenalina. Yo no me había puesto mi antifaz, y sentía la punta de su pelo rozando mi frente y mis mejillas desnudas, cubriéndolas de pequeñas gotitas salinas. Su aliento chocaba desbocado contra mi nariz, mis labios...

Miré, sin poder ser consciente de lo que hacía, sus labios entreabiertos apenas separados de los míos por unos cuantos centímetros, y sentí cierto regocijo perverso en mi vientre. Su fragancia a madera húmeda con sándalo, se mezclaba con el sutil aroma a sudor limpio... y por más de que yo no hubiera corrido y sólo hubiera estado transportándome junto a él levitando, mi inhalación y exhalación se había vuelto superficial. De pronto todo se tornó espeso.

«No es el momento... no es el momento, ¿qué rayos hago? ¡Debo salir de esta maldita situación!»

―¿Te encuentras... bien? ―ronroneó; por un instante creí ver que se acercaba un poco más a mi rostro. Debería ser producto de mi imaginación... mi estúpida, retorcida, traicionera, y poco cuerda imaginación.

―Será mejor que nos apuremos. ―modulé, masticando cada palabra. Se apartó con obvia resistencia y me tendió la mano una vez que se puso de pie. Yo no la tomé, y me levanté con mis poderes. Vi que hacía una mueca de desconformidad.

No nos detuvimos más, y retomamos nuestro trayecto hacia el techo.

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Desde ya, les agradecería los reviwes :)

Mayqui, ¡cambio y fuera!