¿Conoces esa sensación que tienes cuando tu mente se bloquea ante algo? Es difícil explicarlo... Simplemente algo viste, escuchaste, leíste o... O quizás lo supiste desde el inicio como yo, pero tu mente simplemente quiso negarlo.
Y entonces simplemente no sabes que hacer, te bloqueas. Sientes que todo lo que te rodea es puramente blanco, tus pensamientos son blancos, y posiblemente tu eres blanco. Irónicamente el blanco es un color ignorado, incluso juzgado por otros por su inutilidad y catalogado incluso como un color vacío, a veces incluso es sinónimo de nada.
Así me sentía. Simplemente todo a mi alrededor era de aquel color tan vacío, todo excepto yo, ya que seamos honestos... Yo no soy Blanco, soy transparente.
Ser transparente es mi mejor habilidad.
Un ser que nadie puede ver, ni siquiera debe tener la voluntad de pensar ¿Cierto? Entonces... ¿Porque mi mente no puede simplemente aceptarlo?
Debo estar mal.
—¡Zelda, espera!— Al es luchar esa voz Link detuvo su paso, y volteo la mitad de su cuerpo para mirar al príncipe Zora que no tardo nada en alcanzarlo en la entrada de la región donde estaba un carruaje esperándolo y el tenia en sus manos lo único que le pertenecía, un equipaje donde se llevaba lo único que el tenia en esta vida, la espada maestra; Sidon lucia cansado de haber corrido por todos sitios buscándolo, era entendible, prácticamente lo había evitado todo el día.
Y era algo que Sidon no comprendía. La noche anterior habían tenido una cita de ensueño, según el todo salio de maravilla ¡Incluso se habían besado! (El simple pensamiento de eso lo pone mas rojo de lo que ya era.) Pero si todo había salido tan bien ¿Que sucedió entonces? ¿Por que Zelda lo evito desde ese momento? Ya que desde que leyó esa carta todo cambió de golpe y el no lo logra entender, según Zelda la carta era de su padre queriendo hablar de su compromiso y debía ser algo bueno ¿No?
Eso quería pensar, le aterraba la idea de saber que algo iba mal, le aterraba pensar que hizo algo mal que hiciera que el Rey de Hyrule ya no lo consideraba apto para ser esposo de su Hija; a estas alturas ese era el único pensamiento que tenia Sidon. Había que entenderlo, estaba asustado. Mucho mas al ver aquellos ojos color zafiro tan vacíos. Aquellos ojos que tanto miro, que vio como con sus acciones la vida volvieron a ellos, como el brillo era cada vez mas intenso la noche anterior y de repente era como si todo se esfumara, no había brillo, no había nada, y el no lo entendía.
—¿Que sucede, Sidon? —La voz de Link salio quizás demasiado fría a insensible para Sidon, muy diferente a la voz que ya se había acostumbrado a escuchar, no le gustaba para nada. Link solo estaba ahí parado, mirándolo y a la vez no, perdido en el limbo, de nuevo.
—No ¿Que te sucede a ti? ¿Porque te vas tan de repente? ¿Porque me has estado evitando desde anoche? ¿Que sucede, Zelda? — Dijo Sidon en un tono rogante y asustado, era obvio en su expresión, sus ojos dorados reflejaban aquella gran preocupación que tenia por lo que sucedía, quizás estaba paranoico pero el conocía a Zelda, el sabia como era y que haya vuelto a como era cuando se conocieron (O incluso en un estado peor) no lo hacia feliz, lo alteraba demasiado.
—¿De que hablas Sidon? No sucede nada. Simplemente me iré de la región Zora por unas pocas horas porque mi padre quiere hablar conmigo, no tienes porqué preocuparte.— Colocó una dulce sonrisa en sus labios intentando tranquilizarlo, pero no importa cuanto lo intentara, nada lograba tranquilizar al príncipe Zora quien simplemente sentía una presión en su pecho que lo mortificara, como si sintiera que iba a perder a su amada, y realmente no quería siquiera pensar eso.
Sidon apretó sus manos lleno de impotencia, quería pedir explicaciones claras, no se sentía calmado para nada, incluso admitía que quería gritar pero simplemente no podía, no quería asustarla pero también quería explicaciones, su mente era un revoltijo de palabras que no saldrían de sus labios.
—Princesa, se hace tarde.— Se escuchó la voz de el señor que conduce el carruaje llamarlo; Link suspiro suavemente listo para todo, se dio la vuelta y estaba apunto de subir cuando sintió una gran mano tomar su brazo; aunque sonara como una escritura romántica, el ya sabia lo que vendría así que calmadamente volteo a mirar a Sidon.
—Te estaré esperando... Ten cuidado ¿Si? —Murmuro mirándolo a los ojos, por un momento el corazón de Link se enternecio ante la mirada preocupada de Sidon, apreciaba eso... Aunque realmente no va dirigido a el.
Por un momento sus labios quisieron decir dos pequeñas palabras, sin embargo su corazón no tuvo la fuerza para hacer que sus labios se abrieran y las dijera, solamente tuvo la fuerza para hacer que se diera la vuelta por completo sintiendo como lentamente la mano de el mas alto lo soltaba a medida que el se alejaba, y así sin mirar atrás se entro al carruaje dejando que uno de los guardias cerrara la puerta mientras el se sentaba dejando la caja rectangular donde se encontraba la espada maestra a su lado.
Y sin mas el carruaje arrancó directo al castillo de Hyrule.
Mientras Link miraba el suelo del carruaje, o mejor dicho no lo miraba. Ya que su mente estaba perdido en la nada, pero era sentido común.
Desde el inicio sabia que esto ocurriría, que el dejara que el príncipe marcara un punto y aparte en su vida fue estupidez suya, nadie le dio esa orden. Era claro que el no tiene derecho a exigir nada, no tiene derecho a alegar que le duele.
Un pedazo de nada no puede sentir.
Link cerro los ojos, y tal como la ultima vez hace 11 años, las lágrimas nunca salieron de sus ojos aunque su corazón gritaba de dolor.
—¿¡Por qué razón haz dejado el castillo de esa manera?! ¡Abandonaste a tu pueblo sin razón alguna, simplemente por tus caprichos de nuevo! ¡Eres la princesa de Hyrule, Zelda! ¿¡Cuanto tiempo mas piensas actuar como una niña irresponsable?! —La fuerte voz de el Rey se hacia escuchar por todo el castillo, esa voz gruesa y profunda se escuchaba notoriamente enojada y no era para menos. Mientras Zelda por su parte se mantenía frente a el con la mirada baja pero notoriamente enojada y derrotada.
—No es de tu incumbencia.— Dijo de forma firme mientras apretaba sus puños a cada lado de su cuerpo, al igual que su padre ella también sentía la furia recorrerle. Odiaba haber sido atrapada, odiaba tener que escuchar la regañina de su padre de nuevo solo porque ella no hacia lo que el creía que era correcto ¿Y que intentar ayudar buscando información sobre las reliquias divinas no era algo correcto e incluso importante? Se supone que debía ser así, o eso piensa ella, pero el Rey no comparte ese pensamiento.
—¡Mas respeto jovencita! ¡No tienes derecho a hablarme así, mucho menos después de el gran caos que casi provocas; abandonaste a tu prometido el mismo día del encuentro y casi provocas que Hyrule y la Región Zora entren en conflicto por la irresponsabilidad tuya! Si no fuera por...— Iba a continuar, pero Zelda lo interrumpió en ese momento.
—Si no fuera por mi reemplazo ¡Ya lo se! ¡Era uno de otros motivos para irme, tengo un reemplazo por Hylia! ¡No me necesitan, simplemente manden a esa chica e incluso coronenla princesa de Hyrule! —Hablo Zelda rodeando los ojos, no media bien sus palabras en ese momento, estaba molesta mas que nada en el mundo.
—¡No hables así Zelda, si tenemos un reemplazo para ti es exactamente por culpa de tu gran irresponsabilidad! —Exclamo fuertemente, Zelda apretó los dientes y estaba apunto de responder sin embargo el sonido de la puerta abrirse la hizo voltear y ahí solo apretó los puños lo más que pudo, casi pudo sentir como ella misma se cortaba la circulación al ver ahí a su... Reemplazo. Que palabra mas despectiva.
—Buenos días majestades.—Hizo una reverencia ante Zelda y El Rey antes de incorporarse para mirar a Zelda con una pequeña sonrisa.— Bienvenida de vuelta princesa.— Zelda solo volteo la mirada queriendo ignorarlo, era algo muy común, Link había visto esa escena miles de veces, incluso cuando no estaba disfrazado, solamente sonrió un poco mas y miro a el Rey.— Su majestad, todo ha ido tal como lo ordenó en la región Zora; si necesita de mis servicios de nuevo por favor contacteme.— Dijo de manera amable.
—Muchas gracias, puedes retirarte.— Dijo de forma calmada, Link solo asintió e hizo una nueva reverencia y se fue por otro pasillo dejando a Zelda y a el Rey solos de nuevo con esa gran tensión en el ambiente.
—Zelda, no puedes seguir huyendo de tus responsabilidades, ya fue suficiente. En una hora partirás a la región Zora y llevaras a cabo tu compromiso, quieras o no.— Sentencio el Rey de Hyrule.
Zelda solo mordió sus labios sintiendo la rabia apoderarla, sin embargo solamente miro a su padre con aquellos ojos zafiros acuosos que brillaban en todo menos felicidad, y de forma autoritaria sentenció.
—Bien... Pero Link viene conmigo, quieras o no.—
Sentía la suavidad de el vestido desprenderse de su piel en ese momento, como quien se quita las vendas después de una herida dejando a la vista las cicatrices, se deshizo de aquella peluca dejando respirar sus verdaderos cabellos y se deshizo de el maquillaje molesto; solamente necesito colocar de nuevo sus ropajes y amarrar su cabello en una coleta para sentirse el de nuevo, ya no mas Zelda sino simplemente Link. Finalmente volvía a su nombre.
Se aproximo a su cama donde tenia la caja que guardaba la espada maestra, al abrirla contemplo como esta se guardaba finamente en aquella caja, siendo cubierta únicamente por su vaina, cual gran y valioso tesoro. La tomo entre sus manos y la añadió en sus ropajes al ser también una parte suya, y ahí estaba el, el héroe elegido. Supuestamente.
Soltó un suspiro mirando el espejo de reojo mirando su reflejo, volteo un poco mas su rostro y dejo que sus ojos captaran su imagen reflejada. Mientras mas miraba a un punto perdido en la nada mas notaba su imagen deformarse, dejándose llevar pos los recuerdos de lo que alguna vez fue y ya no, dejando que su ser se transforme en lo que ya no es pero hubiera sido; era todo un rompecabezas mental.
Salio de sus pensamientos al escuchar el sonido de la puerta, se aproximo y vio a una de las sirvientas mirarlo tímidamente aunque mas bien, de forma algo asustada.
—La princesa Zelda solicita su presencia en la sala del trono.— Murmuro.
Link hizo un movimiento con su cabeza de forma afirmativa y salio de su cuarto cerrando el mismo para pasar por el lado de la joven e irse por los pasillos, la mayoría de la servidumbre lo saludaba alegres de verlo, ya que supo por cartas que el Rey dijo que el había ido en la misión de rescate, era una mentira descarada pero mientras no dañe a nadie, todo estaba bien.
Al llegar a la Sala solamente escuchaba la fuerte discusión que Zelda y el Rey tenían, donde esta vez el era el motivo,
—¡No Zelda! ¡Ya es suficiente de hacerle perder el tiempo a Link! ¡Esta es responsabilidad tuya, el no tiene nada que ver! —Exclamo el Rey claramente enojado.
—¡Es MI Guarda espaldas! ¡El debe seguirme a donde sea que vaya, eso fue algo que TU elegiste así que si quiero que Link venga conmigo, vendrá! —Contesto de vuelta la princesa Zelda.
Link apretó un poco los labios, pero decidió entrar y hacerse notar. El Rey y Zelda voltearon a verlo inmediatamente, el solamente se acerco e hizo una reverencia diciendo un saludo cordial
—Buenas su majestades. ¿En que puedo servirles? —Dijo levantándose para mirar a los nombrados.
—Toma tus cosas Link, en una hora te iras conmigo a la Región Zora. Es una orden. —Dijo de manera fría, casi cruel. Fue tanto así que fue el mismo Link quien lo sintió, como su corazón exigía que simplemente dejaran de hacerlo sufrir pero realmente nunca seria escuchado.
—Claro que no Link, tu no iras con Zelda.— Contesto de vuelta el Rey, Zelda solo rodeo los ojos.
—Va a venir, es mi sirviente, así que hará lo que yo le diga.—Devolvio Zelda de manera autoritaria, estaba jugando con fuego como tal pirómano.
—He dicho que...—
—Su majestad.— Link se atrevió a interrumpir al Rey quien lo miro expectante.— Si es lo que la princesa desea, por favor, déjeme ir con ella.— Murmuro de manera calmada, Zelda ante eso solo se sintió mas aliviada que nunca, no como una ganadora...
—Ya ha decidido, y así será. — Termino de decir Zelda y sin mas se dio la vuelta para irse dejándolos solos.
El Rey simplemente miro al mas joven con decepción y dolor, diciendo algo que solo destruía mas a el corazón del Hyliano.
—Link, deja de autolesionarte, por favor.
Ojala pudiera.
