9.- Novio III: Formulario para salir con mi hija.
-Mi papá quiere conocerte.
James no pudo evitar estremecerse ligeramente al oír las palabras de su novia. Sabía que en algún momento tendría que reunirse con su "suegro", pero aun así se sentía nervioso ya que a pesar de que llevaban un mes de relación no sabía absolutamente nada del hombre.
-¿No dijo cuándo?- le pregunto mientras la tomaba de la mano para que siguieran caminando.
-No, pero pronto se pondrá impaciente si no te presento- contesto Johanna. Realmente le gustaría retrasar ese momento el mayor tiempo posible, pero también sabía que su papá actuaria por su cuenta si lo creía conveniente.
Se quedaron un momento en silencio mientras pensaban en ese hecho. Al ver el nerviosismo de Johanna, James sonrió para tranquilizarla y dijo:
-Pues si esta tan ansioso de verme no hay que hacerlo esperar. No puede ser tan malo, ¿o sí?
Cuatro días más tarde, se arrepentía profundamente de haber dicho esa frase.
El y Johanna fueron recogidos por un elegante auto negro, que los llevo a un imponente edificio blanco llamado "Club Diógenes", según lo que decía la placa de la puerta.
-¿Aquí trabaj- trato de preguntar cuando entraron al lugar, pero fue silenciado de inmediato por su novia.
Antes de que pudieran avanzar una mujer los intercepto en el pasillo, y les hizo una seña para que la siguieran. James estaba cada vez mas confundido; miro a Johanna pidiendo una explicación, pero esta solo siguió a la mujer luciendo cada vez más nerviosa. En completo silencio atravesaron un pasillo, subieron una escalera y atravesaron otro pasillo hasta llegar a una puerta cerrada en la cual se podía leer el nombre "Mycroft Holmes". James tragó saliva.
-¿Y mi papá?- pregunto Johanna, después de que entraron a la oficina.
-Está por llegar, lo retraso una reunión- dijo la mujer misteriosa, mientras enviaba mensajes con su móvil.- Tomen asiento- dijo señalando un sofá con la mano que no sostenía el teléfono.
-Podrías ir aclarándome algunas cosas, ¿no crees?- dijo James en voz baja cuando se acomodaron.
-Claro, lo siento- contesto su novia también en voz baja.- veamos, por donde comienzo…Ah, sí. Mi papá trabaja en el gobierno, no puedo decir en que específicamente porque ni yo lo sé, es secreto; cuando llegamos te hice callar porque la regla principal de este lugar es el silencio (algo ridículo si me preguntas) y te pueden expulsar si hablas. Ella- dijo señalando a la mujer que seguía pegada a su celular- es la asistente de mi papá, puedes llamarla Anthea a pesar de que no es su verdadero nombre (también es secreto) y-
No pudo seguir hablando, porque en ese momento la puerta se abrió dando paso a la figura imponente de Mycroft Holmes.
Ok, ahora sí que estaba nervioso. Y no era para menos: el hombre era como diez centímetros más alto que el, tenía una mirada penetrante, y el traje negro que llevaba puesto solo lo hacía ver más amenazante.
-Puedes retirarte Anthea- dijo mientras se quitaba el abrigo y se lo entregaba. "Anthea" asintió en silencio y se fue.
-Bien-hablo mientras se giraba hacia ellos, observándolos. Observándolo- Johanna, ve a hacerle compañía a Anthea, ¿de acuerdo?
-¿Qué?- pregunto incrédula-pero...pero-
-Vamos hija, estoy segura de que le encantara tu presencia- decía el político calmadamente mientras la guiaba hacia la puerta.- Además, me gustaría tener una conversación privada con él.
-De acuerdo- dijo Johanna resignada- solo…no lo traumatices ¿sí?- le suplico.
-Mm, ya veremos- contesto Mycroft antes de cerrar la puerta. El sonido de la puerta cerrándose se oyó como una sentencia para James.
-Siéntate- dijo el político señalando una silla enfrente de su escritorio. Lentamente James se sentó. Estuvieron en silencio por varios minutos mientras Mycroft se quitaba la chaqueta, se sentaba y apoyaba los codos sobre la mesa.
- Las normas sociales dictan que para conocernos debemos hablar de deportes, política u otros temas del día. Eso no pasara. La información que necesite saber de ti me la proporcionaras contestando las preguntas que te hare, ¿entendido?
-S-sí.
-¿Cómo dices?
-Sí señor.
-Muy bien. Nombre completo por favor.
-James Evans.
-Fecha de nacimiento.
-15 de Abril.
-Edad.
-17.
-¿Antecedentes penales?
-…Ninguno.
-¿Eres donante de órganos?- pregunto dejando de escribir para mirarlo fijamente a los ojos.
-L-la verdad no lo he considerado- contesto, sintiéndose cada vez más pequeño bajo ese escrutinio.
Ante esa respuesta Mycroft le lanzo una mirada de desaprobación
-Pues piénsalo y me respondes antes de irte. ¿Coeficiente intelectual?
-N-no lo s-se.
El político negó soltó una risita de burla y murmuro algo parecido a "que sorpresa" antes de seguir hablando.
-En veinte palabras o menos, ¿Qué significa no toques a mi hija para ti?
James pensó seriamente su respuesta antes de decirla en voz alta.
-¿Ninguna clase de contacto físico?
-Captas bien las ideas, eso me gusta.- Hizo una pausa para observar con calma al chico: cabello negro, estatura promedio para su edad, ojos cafés, pálido… aunque tal vez eso se debía al susto que le estaba dando. Apenas entro y lo vio pudo deducir bastantes cosas sobre él: padres divorciados, tenía un perro, a veces jugaba futbol con su padre… parecía un buen muchacho, pero no puso resistirse a intimidarlo un poco.
-Bien, ahora te explicare algunas cosas, así que pon atención porque no repito dos veces.- espero a que James asintiera antes de continuar- No tienes permitido tocar a Johanna delante mío, puedes mirarla todo lo que quieras desde el cuello hacia arriba, pero si no eres capaz de mantener tus ojos y manos alejados de su cuerpo, ten por seguro que hare que alguien te los arranque, ¿comprendes?
James abrió mucho los ojos y asintió frenéticamente con la cabeza.
-Excelente. Ahora, cuando quieras salir con mi hija debes informarme a donde irán, a qué hora pasaras por ella y a qué hora volverán. Cuando la vayas a buscar, ignora la silueta reflejada en la ventana, ese soy yo, o en caso de no estar disponible mi asistente. Ah, y no te extrañes si notas que las cámaras de seguridad de la calle se mueven en tu dirección, ese también soy yo.- se quedo en silencio esperando que el adolescente asimilara a información recibida. Cuando lo vio estremecerse continúo.- No debes mentirme, tal vez te parezca un idiota pasando por la mediana edad, pero en lo que respecta a mi hija, soy omnipotente y omnipresente. En otras palabras, lo sé TODO. Si te pregunto algo, tienes una sola oportunidad para decirme la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Y por ultimo y no menos importante, si en algún momento piensas en hacer algo que pueda lastimar a Johanna, tal vez sea bueno informarte que tengo al ejército, un grupo de agentes del Servicio Secreto y un ilimitado permiso para portar armas a mi completa disposición. ¿Entendido?
James se le quedo mirando fijamente por unos cinco minutos antes de contestar, todavía tratando de procesar la información recibida. Realmente no se esperaba algo como esto. Nop. Definitivamente no. El había tenido novias antes, y obviamente había tenido que hablar con el padre, pero nunca había sido intimidado (ni amenazado de muerte) de esa forma.
-Yo jamás dañaría a Johanna señor, no tiene que preocuparse por eso.- contesto con voz firme y sincera. Al escucharlo Mycroft sonrió.
Se oyeron unos toques en la puerta.
-¿Papá, James? ¿Puedo entrar?
-Adelante- dijo Mycroft mientras se levantaba junto con el adolescente. La puerta se abrió y Johanna entro de inmediato, observándolos a los dos, como si estuviera buscando heridas o cualquier tipo de lesión.- ¿Cómo les fue?
-Tuvimos una muy buena conversación- contesto James para sorpresa del político- pero creo que ya es hora de irme a mi casa.
-Por supuesto- contesto Mycroft espabilándose- un coche te llevara a tu casa de inmediato.
-Muy bien. Nos vemos Señor Holmes- se despidió James con voz alegre mientras le daba la mano al padre, un beso en la mejilla a la hija y salía de la habitación.
-¿Qué le dijiste?- pregunto Johanna sorprendida. Ella esperaba encontrarlo con un trauma o verlo salir corriendo.
- Solo fue una pequeña charla- contesto el político con una sonrisa divertida- Ahora, vámonos a casa.
Johanna lo observo con una mirada de sospecha por unos segundos, pero al no ver nada fuera de lo común, se encogió de hombros y lo siguió.
