CAPÍTULO 9: MADRE E HIJA

- ¿Y bien, Hiashi? ¿Vas a explicarme eso de la boda? – Preguntó Hana Hyuga, lazándole una mirada asesina que congeló el cuerpo de su marido.

- ¡N-N-N-No es lo que te piensas! – Respondió, tartamudeando y temblando - ¡D-D-Deja que te explique… yo….!

Hana le puso un papel ante sus ojos.

- ¿Qué es esto? – Preguntó, agarrando el papel.

- Léelo en voz alta, por favor, cariño…

- D-De acuerdo… - obedeció – Vuelva inmediatamente, Hana-sama, y reúnase conmigo tan pronto como sea posible. Hinata esta metida en un buen lío, firmado…. ¡¡¿¿Yagami Shiro??!!

Se giró para mirar a Shiro, quien tan solo hizo la señal de la victoria con los dedos de la mano derecha mientras sonreía.

- ¡Maldito seas! ¡Te voy a…!

Iba a ir a matar a Shiro, tenía unas ganas enormes, eso sin dudarlo. Pero la mano de su esposa se poso en su hombro. Aunque era un gesto suave, sabía perfectamente que la mirada de su mujer era terrible, no quería girarse para verla.

- Así que… a eso se refería, ¿verdad, cariño?

- Y-Yo no… querida… yo…

- Vamos a hablarlo largo y tendido, Hiashi…

A rastras, Hana Hyuga se llevo a su marido, metiéndolo en un callejón. Ninguno sabía lo que pasaría allí, pero realmente no preferían saberlo.

Cuando iban a decidir que hacer, Hana se asomó por la esquina.

- Hinata, cariño, luego nos vemos, ¿vale? – Hizo un guiño y desapareció de nuevo.

El ambiente estaba tenso. Shiro, Kakashi, Hinata y Amelia ya estaban acostumbrados a ese tipo de escenas, pero para Neji y Sakura era algo totalmente nuevo, se habían quedado flipando en colores, literalmente. Por su parte, Naruto se había quedado dormido hacía rato, antes de que empezará la mujer a hablar con su marido.

- Bueno, ¿y ahora qué hacemos? – Preguntó Kakashi – Se esta haciendo de noche.

- Lo mejor será buscar un sitio donde pasar la noche, ¿no? – Sugirió Shiro, quien se acercó y arrodilló al lado de Amelia - ¿Estás bien?

- ¿A ti que te parece? – Preguntó con sarcasmo – Desapareces y luego te presentas aquí como si nada, te parecerá bonito.

- Ey, te he salvado la vida, ¿no es así?

- Ya, bueno…

- ¿Sabes dónde podemos quedarnos a pasar la noche? No sabemos cuanto tiempo estaremos aquí y…

Amelia le acarició el cuello, atrayéndolo hacía ella. Shiro se ruborizó y notó el aliento jadeante de su antigua compañera shinobi.

- A-Amelia…

- Shiro…

De golpe comenzó a estrangularlo. Hacía movimientos con los brazos, como si intentase escaparse volando, se ahogaba.

- No te veo desde dios sabe cuando, ¿y sólo te preocupa encontrar un lugar donde dormir? Y espero que con esa pregunta no estarás intentando sugerirme que os meta a todos en mi casa, ¿verdad, que no Shiro-kun? – Preguntó con una expresión alegre, pero que Shiro sabía que era terrorífica.

- ¡Fof cralo qke no! (Pos claro que no) – Pudo decir - ¡Quepia fefir un fotel o fotel! (Quería decir un hotel o motel!

Entendiéndole, Amelia le soltó. Shiro tomo enormes bocanadas de aire. Desde luego, ahogarse es lo peor que hay.

Miruki tiró la silla al suelo de una patada. Estaba furioso. Furioso consigo mismo, pero más furioso por haberse dejado golpear por ese ninja rubio.

- ¡Teníais que haberme dejado que acabará con él! ¡Podríamos habernos llevado a Hinata-san sin problema! – Protestó al hombre calvo, que estaba sentado al otro lado de la mesa, tranquilo.

- No te tomes las cosas así, Miruki-kun – le dijo – Estaban también esos dos y luego, por lo que me ha contado Death, aparecieron Hiashi-sama y otro Hyuga más.

- ¡Podría haberme librado de ellos también! ¡Superé a Hiashi Hyuga hace mucho!

- No lo dudo, chico. Pero un enfrentamiento tan violento podría haber dañado al objetivo, ¿y tú quieres eso?

Esta vez no dijo nada, sino que desvió la mirada, furioso, hacía Death, que estaba en el asiento de al lado, cruzado de brazos.

- ¿No vas a decir nada? – Le preguntó.

- No tengo nada que decir – respondió.

A Miruki le gustaría poder ver su expresión. No tenía ni idea de quien era realmente, pero sin lugar a dudas era un Hyuga, sus técnicas lo demostraban. Pero, ¿quién? No había oído nada de que hubiese ningún traidor en la familia, nadie que hubiese renegado del clan, ni tampoco había habido bajas últimamente.

- De todas formas, Miruki-kun…

Miruki miró al viejo calvo.

- Necesitamos a un sustituto para que todo vaya bien, ¿lo sabes, verdad?

- Lo sé, y tengo al candidato perfecto.

- ¿El contenedor del Kyubi?

- Eso mismo – asintió - . Traeré a Hinata-sama y a ese estúpido aquí. Vosotros cumplid vuestra palabra.

- No te preocupes, lo haremos.

Al caer la noche, el grupo ya estaba alojado en una posada del pueblo. Para estar cerca de ellos, Amelia y Hinata se alojaron allí también.

En ese momento, Sakura estaba examinando las heridas de Naruto, que ya habían cicatrizado gracias al poder del Kyubi, y Hinata estaba en el patio trasero de la casa, mirando como entrenaba Neji.

Por su parte, los demás estaban reunidos en la sala de estar de la posada, tomando un té. Hiashi y Hana Hyuga ya se les había unido. Shiro, Kakashi y Amelia no sabían lo que había pasado, pero les pareció ver que Hiashi temblaba de miedo cuando volvieron. Prefirieron no preguntar.

- Bueno… - comenzó a decir Hana – Resumiendo la situación… Hinata se marchó de casa porque no quería casarse y un grupo de ninjas, hasta ahora desconocidos, van tras ella.

- Eso mismo – comentó Kakashi.

- La misión de Kakashi y esos dos niños era traer a Hinata de vuelta, por orden de la quinta, que a la vez recibió la orden de… - paró un momento mientras miraba a su marido de reojo, quien se sintió aludido y sabía que esperaba que dijera algo, pero prefirió callar – de mi estúpido marido. Shiro mandó a mi pequeña aquí con Amelia, y luego vino a buscarla con los demás.

- Si – esta vez habló Shiro.

- Ains… - suspiró – En serio, los del consejo me sacan de mis casillas. Decidir que mi pequeña se case, ¡será posible!

- ¡Ha sido así desde siempre! – Protestó Hiashi - ¡Tú y yo nos casamos de la misma forma!

- ¡Tú y yo éramos pareja antes de que se decidiera tal cosa! ¡Además, estaba embarazada de Hinata antes de casarnos!

Shiro, Kakashi y Amelia se quedaron a cuadros, y miraron a la pareja con otros ojos, imaginándoselos, primero, cuando eran más jóvenes, y luego, casados.

- Es decir… ¿qué fue un matrimonio forzado? – Preguntó Shiro.

- Nada de eso. Yo quería a Hiashi y nos íbamos a casar de una forma u otra. Pero me quede embarazada de Hinata y para tapar el escándalo, nos casamos cuanto antes.

- Ah… - miró a Hiashi con mirada pervertida – Si es que hay que usar protección, Hiashi-sama… - bromeó.

- ¡Yo a ti te mato! – Gritó furioso, con la cara roja como un tomate, y preparándose para atacarle y matarle.

Un golpe en la mesa de Hana bastó para calmar la situación. Hiashi se volvió a sentar y Shiro recuperó la seriedad. Realmente el asunto era grave.

- Quiero saber una cosa, Hiashi…

- Dime, querida.

- ¿No planearías hacer lo mismo con Hanabi-chan, verdad?

Hiashi sintió como si una espada le atravesará el pecho. Comenzó a sudar y sentía el corazón oprimido, por los nervios.

- Lo sabía… - se respondió ella misma – Ya hablaré seriamente con los del consejo.

- ¡¿Pero qué dices?! ¡Cariño, no!

- ¡Ninguna de mis hijas se casará por conveniencia! – Gritó, levantándose y dando un fuerte golpe en la mesa que la partió en dos - ¡¿Está claro?!

- C-C-Clarísimo… cariño…

- Bien – fueron sus últimas palabras, antes de marcharse.

La habitación se quedó en silencio. Ahora sin mesa que los separase, los cuatro únicos inquilinos temporales de esa habitación no sabía que decir.

- Fuera de bromas y malos rollos – rompió el silencio Amelia. Todos la miraron - ¿Quién era ese enmascarado con el que peleó, Hiashi-sama?

Como concentrándose, el líder de los Hyuga se cruzó de brazos, cerro los ojos y levanto la cabeza. Todos esperaron una respuesta severa y una buena explicación.

- Pues la verdad… - se acercaron para oír la respuesta – No tengo ni idea.

Casi se cayeron de la silla del corte que les dio esa respuesta.

- ¡Venga ya! ¡¿Nos tomas el pelo?! – Protestó Shiro.

- ¡Sé que es un Hyuga pero no tengo ni idea de quien puede ser! – Se defendió – No tengo informes de que se haya sublevado ningún Hyuga ni tampoco que haya muerto ninguno.

- ¿Puede ser algún antiguo Hyuga del que haga tiempo que no tengáis noticias?

- Es posible.

Por un momento, por la cabeza de Shiro y Amelia pasó la misma idea. Cuando se miraron, se dieron cuenta de que ambos estaban pensando lo mismo. Pero Amelia negó con la cabeza.

- No, no puede ser él – dijo.

- ¿De quién hablas, Amelia? – Preguntó Kakashi, interesado.

- Rikimaru… es el único del que hace tiempo no se sabe nada dentro del clan. Hinata me lo dijo – explicó.

- Eso es cierto – confirmó Hiashi – Pero Rikimaru es uno de mis más leales hombres. Nunca nos traicionaría.

- Eso es verdad – afirmó Kakashi – Es un hombre fervientemente leal a Konoha.

- Pero, entonces quien…

Entonces, a Hiashi se le paso algo por la cabeza.

- Y si… - murmuró.

- ¿Mmm? ¿Se te ha ocurrido algo? – Preguntó Shiro al ver la reacción del líder de los Hyuga.

- Hace un tiempo desapareció misteriosamente un miembro de nuestro clan. Fue al poco del ataque de Orochimaru a Konoha.

- ¿Desapareció misteriosamente? – Preguntó Kakashi.

- Durante el ataque, él y otro grupo estaban encargados de vigilar una zona civil. Pero ese grupo fue eliminado y él fue el único superviviente.

- ¿Un ataque de Orochimaru? – Quiso saber Amelia.

- No. Por esa zona los hombres de Orochimaru no llegaron. Es más, todos los muertos tenían signos de que habían cerrado todas sus puertas de chackra.

- ¿De verdad? ¿Y quién era ese Hyuga? – Preguntó Shiro.

- Negiru Hyuga, el padre de Miruki Hyuga.

Los tres se quedaron de piedra. Pero, si lo pensaban detenidamente, eso explicaba porque el chico estaba con ellos. Si realmente ese hombre era su padre, no sería de extrañar algo como que él hijo se le uniese.

- Es el único que se me ocurre. Tras la muerte de su mujer, cambio radicalmente. En sus misiones, varios de sus compañeros morían de forma extraña, y casi siempre era él el único que volvía.

- ¿Nunca hizo nada la Hokage?

- No – negó Hiashi, mirando a Amelia – Siempre afirmaba que sus compañeros habían caído en batalla, y como cuando faltaba algún miembro de su grupo volvía siempre solo, no teníamos nada que probara nuestra teoría de que él fuese el causante de sus muertes.

- Si ese es el caso… ese tío es peligroso… - murmuró Shiro.

Hinata miraba la Luna. Neji ya se había marchado a su habitación, para ver como estaba Naruto, dejando a Hinata sola, pero teniendo el Byakugan activo para estar alerta, tal y como le había ordenado Hiashi.

No había ninguna nube en el cielo, por lo que deberían poderse ver muchas estrellas. Pero por culpa de la luz de la ciudad, pocas se podían ver realmente bien.

- Sería una vista maravillosa, ¿verdad?

Hinata se giro y miró a su madre, que le sonreía cálidamente. Con cuidado, se sentó a su lado.

- Has crecido mucho desde la última vez que te vi.

- Tampoco tanto…

- Yo creo que si. Han pasado ya tres años desde que te vi por última vez.

- Si… es cierto…

Sin poder contenerse más, Hinata se lanzó sobre las piernas de su madre y comenzó a llorar. Hana no pudo hacer más que sonreír y acariciarle la cabeza.

- No te preocupes, mi pequeña. Las cosas cambiarán. Pero por ahora, suéltalo todo.

Hinata siguió llorando. No solo lloraba de desesperación, sino también de alegría por volver a ver a su madre.

No sabía como irían las cosas a partir de ahora, pero tenía una cosa clara, deseaba realmente poder estar con su madre más que nunca.

Hiashi las miraba desde el pasillo. Era una estampa preciosa y que hacía mucho que no tenía el gozo de contemplarla. Su bella esposa, consolando a su hija llorona, a la luz de la Luna mientras la brisa del invierno amenazaba con congelar todo a su paso.

- Es una bonita estampa, ¿verdad? - Le preguntó Shiro, apareciendo de entre las sombras.

- No tenías que haberla llamado.

- Sabes bien que te equivocas – le replicó.

- ¿Eso crees? Solo pienso lo mejor para mi hija.

Shiro pasó por su lado, situándose delante de él, dándole la espalda.

- ¿Piensas lo mejor para ella? Respóndeme esto; ¿lo piensas según el punto de vista de un padre o según el punto de vista del líder del clan Hyuga?

Hiashi guardó silencio. No sabía que responder. Realmente no sabía como contestar a esa pregunta, una pregunta que llevaba siguiéndole durante muchos años. Por su parte, Shiro rió por lo bajo.

- Justo lo que me imaginaba – dijo y se marchó.

El líder de los Hyuga miró a la Luna. Tan radiante y tan cambiante a la vez. La vida de un humano era como la Luna, un camino de duros y extraños cambios, sin poder evitarlos. Tantos como formas podía adoptar la Luna.