Undercover Swing
Resumen: Mulder y Scully van de encubiertos como pareja a una misión para atrapar a un criminal atroz, el cual resulta ser tambien el anfitrión de numerosas fiestas sexuales.
DISCLAIMER: Este fic contiene material sexualmente explícito. Si este contenido no es de tu agrado puedes dejar de leer.
Pd: Como siempre todos sus comentarios, dudas, inquietudes, quejas y reclamos pueden dejarlas en un bello review para que se las pasemos a la autora original.
Capitulo 9: "El largo camino a Casa"
El vuelo a casa fue sin incidentes, tranquilo, demasiado para el alivio de Scully. Nerviosa, e insegura de dónde estaba su pie en su nuevo papel con Mulder, lo último que quería era quedarse encerrada con él durante las siguientes cuatro o cinco horas. La cercanía de su presencia, el calor de su cuerpo, el aroma de su perfume... Sería demasiado. Y lo sabía. Así que, cuando Skinner les informó que las habilidades de perfilista de Mulder serían necesarias durante el proceso interrogatorio, estuvo muy feliz de huir. Sola.
El vuelo en sí fue una depuración. Fue capaz de empezar a desprenderse, de mudar la piel de la mujer que encarnó durante la última semana. Con cada milla que el avión volaba hacia el este, una parte de Holly quedaba atrás, dejando un rastro disperso de ella a través del país: ropa en Las Vegas, audacia en Kansas City; lujuria en Tennessee, y su corazón en Virginia Occidental. Cuando llegó a DC. Holly ya no existía. En cambio, Dana Scully salió del avión, vestida y preparada como la mujer que todos conocían.
Casi todos.
Mulder la había conocido como Holly.
Había facilitado el caso ser otra persona. Prohibido. Tentador. También había hecho más fácil enfrentar la reacción de Mulder. La forma en que la había mirado... Dios. Temblaba sólo con recordar su intensidad mientras entraba en su cuerpo, una y otra vez.
Pero no podía ser Holly aquí. No podía ser Holly de nuevo. Era Dana Scully. Y Scully no iba a fiestas swingers, no coqueteaba ni seducía hombres casados, no participaba del sexo en público. Y definitivamente no se acostaba con su compañero.
Abrió la puerta de su apartamento y la pesadez del silencio la saludó. El sol poniente emitió un cálido resplandor contra las paredes de su cascarón. Olía como su casa. Se veía como su casa. Pero se sentía... vacía.
No debía sentirse vacía, esta era su vida. Esta era la vida que Dana Scully había elegido. Había decidido vivir sola. Había optado por ignorar una vida social, una vida con amigos y salidas. Había elegido la vacuidad.
Lo sabía, pero volver a casa, a un apartamento vacío se sentía sofocante y su pecho dolía de soledad. Lo echaba de menos.
Le había dicho que necesitaba tiempo, que necesitaba distancia. Y sólo después de ver su mirada triste, su expresión de dolor se dio cuenta de que una bofetada en la cara probablemente le habría dolido menos.
- Sólo... necesito... descomprimir un poco, Mulder. Estuvimos... juntos por más de una semana... y sólo necesito un poco de espacio. - Le había explicado suavemente mientras empacaba su maleta. Notó su mandíbula tensa, sus ojos tan llenos de dolor que hizo que ella quiso ponerse a llorar.
- ¿Y si no quiero espacio, Scully? ¿Qué pasa si quiero esto? - Dijo, señalando la cama arrugada. Todavía olía a sexo. Su sexo.
Sacudió la cabeza, mordiéndose el labio mientras cerraba su bolso, y su garganta se apretó con emoción. - No entiendes...
- Tienes razón. No entiendo, Scully. Pensé... ¿Esto significó algo para ti?
Había significado más de lo que ella esperaba. Precisamente por eso debía marcharse.
No podía mirarlo, temerosa de perderse. Habría sido tan fácil caer... Oh, qué fácil hubiera sido inclinarse y tomar sus labios entre los suyos, cayendo de plano contra la cama... Demasiado fácil.
Sacudió la cabeza para aclarar sus pensamientos. - Mulder, estuve toda la semana pasada interpretando a alguien muy diferente de mí, y en esa semana, estuvimos... - Hizo una pausa, tragando con fuerza. - experimentando con una parte del otro que nunca antes habíamos visto. Podemos culpar al caso. Es fácil de explicar...
- Scully...
- No, déjame terminar... Yo... - Suspiró exasperada, dejando caer la cabeza sobre sus hombros. - Siento que ya no sé quién soy... - Miró hacia abajo, mordiéndose el labio mientras buscaba las palabras correctas.
- Yo lo sé.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, y parpadeó rápidamente, deseando que se alejaran. - Mulder, lo que viste... - Se detuvo, pellizcando el puente de su nariz. Estaba segura de su afecto por Scully, pero no estaba segura dónde encajaba Holly en esa ecuación. No podía conciliar a las dos mujeres en su cerebro. Y estar cerca de él sólo lo hacía peor. Batallando entre su mente y su corazón, sabía que la distancia proporcionaría la clarificación que necesitaba. Nunca había planeado caer en sus brazos como lo hacía, tan desenfrenada, tan llena de pasión. En el caso, habían podido pasar todo el día en brazos del otro, haciendo el amor, comiendo, riendo...
Pero tenían que vivir en el mundo real. Un mundo que no les permitía tales lujos, y no estaba segura de poder sobrevivir a la angutia si las cosas salían mal.
Necesitaba distancia. Necesitaba tiempo.
Él cayó de nuevo sobre el colchón con un gemido frustrado, su gruñido profundo la asustó. - ¡Sabía qué harías esto! - Scully terminó de cerrar su valija con un tirón final y resonante. - Admítelo, quieres borrar todo lo que hicimos...
- Mulder... este caso...
Golpeó la mano contra el tocador de madera, y ella se sacudió, cerrando los ojos. - ¡Carajo, Scully! ¡¿Por qué no puedes pensar con tu corazón y no con tu jodida mente por una puta vez?!
Alzó los ojos para encontrarse con los suyos, ignorando la pregunta. Pronunciando el golpe final. - Creo que necesitamos estar separados ahora mismo. - Observó el dolor que grabado en su rostro mientras le arrancaba el corazón.
Pasó la semana siguiente mirando su equipaje sin desembalar, aún llevaban las etiquetas blancas del aeropuerto. Rasguñadas y deterioradas por el uso y abuso excesivo, su bolso y valija habían tenido mejores días. Ah, las historias que podrían contar...
Si había aprendido una cosa en los últimos años, era que todos los hoteles (incluso los sórdidos moteles de paso) olían igual. A veces, esos días antes de que llevara el olor industrial de lo que sea-en-lo-que-estaban-trabajando en su ropa. Teniendo en cuenta la falta de formaldehido (formol) y de sangre alienígena tóxica en sus últimos casos, no esperaba que su memoria olfativa se desencadenara de la forma en que lo hizo cuando abrió sus maletas.
Su ropa olía a él.
Su ropa olía a ellos.
Claro, todavía podía oler su propio jabón y perfume mezclado con los artículos sucios, pero debajo de eso estaba el aroma de su aftershave, su olor a almizcle, el olor a cloro. Los recuerdos que había intentado en vano reprimir volvieron instalándose en un primer plano de su cerebro: las manos en su cuerpo durante la primera fiesta, su beso contra el auto, las piernas alrededor de él en la piscina, la mirada en su rostro mientras la observaba moverse sobre el Sybian, sus sonidos cuando habían estado frente al espejo, su sexo moviéndose dentro y fuera de su cuerpo mientras la tomaba por detrás.
Cerró de golpe su maleta, y corrió el zipper del bolso con tanta prisa, que un trozo de encaje rojo asomó por el costado. No importaba. Aún no estaba lista. No estaba lista para deshacer las maletas, para borrar la prueba de lo que habían compartido.
Sólo necesitaba tiempo. Lejos de él, tiempo para recuperar el control sobre sus sentimientos, sobre su corazón. Sólo entonces podría enfrentar la realidad de que ya no podía ser Holly con su compañero. No sabría cómo estar íntimamente con él como Scully. Antes de este caso, nunca había pensado en ello, pero ahora parecía haber una diferencia tan grande entre ambas.
Sólo necesitaba tiempo para resolver sus pensamientos... no sólo en relación a Mulder... sino también a sí misma.
Apenas hablaron en toda la semana. Desgarrados en diferentes direcciones, eran como barcos que pasaban por la noche, cada uno ocupado en tareas o asignaciones que los alejaban del otro. Ella había fingido decepción, incluso lanzó uno o dos comentarios molestos en dirección a Skinner cuando él le había entregado sus asignaciones temporales. Irónico que fuera la que tenía problemas cuando había sido ella la que lo había solicitado en primer lugar...
Skinner la había comprendido cuándo fue la mañana siguiente de su regreso a Washington. Había tenido en cuenta la naturaleza íntima y vulnerable del caso al aprobar su petición. Ella culpó a la naturaleza atroz de los delitos, a la empatía con sus víctimas. Su jefe no necesitaba saber que era porque tenía miedo de estar en la misma habitación que Mulder.
Ignoró sus llamadas, y sus mensajes sin respuesta llenaron su contestador automático.
Ey, Scully, soy yo. Acabo de regresar a la ciudad. Intenté llamarte, pero tu teléfono debe estar muerto o algo así. Te veré mañana en el trabajo... Llámame... Yo... Llámame
Ey, Scully... Fui esta tarde para llevarte a almorzar, pero no estabas en las aulas... o en la morgue... De todos modos... Esperaba verte. Llámame.
Ey, Scully soy yo. Oye, uh hablé con Skinner sobre las asignaciones, pero no se movió. Esto será sólo por un par de semanas... espero.
Sólo habían pasado cinco días desde que él sintió sus labios contra los suyos, o escuchó sus gemidos guturales cuando la tocaba, pero la extrañaba.
La echaba de menos como amante, como mujer, no sólo como su compañera. Echaba de menos hablar con ella todas las noches antes de quedarse dormido. Extrañaba la visión de sus ojos somnolientos por la mañana mientras sorbía su café y cambiaba las páginas del periódico local de Las Vegas. Echaba de menos el perfume de su pelo mientras descansaba sobre su pecho. Echaba de menos su sabor.
Gimiendo, apagó la televisión, dejando caer la cabeza contra el sofá. Su habitual entretenimiento lo atraía poco ahora, no cuando tenía recuerdos reales sobre los cuales recrearse, o sacar provecho. Recuerdos de su piel húmeda en la piscina, sus pulgares a través de sus pezones, las piernas alrededor de su cintura, la suavidad de su lengua contra la suya, el calor húmedo de su aliento contra su cuello, sus labios alrededor de su pene.
Habían pasado cinco días desde que salieron de Las Vegas, pero cinco días eran demasiado largos para estar sin ella.
Le había dicho que necesitaba tiempo.
Cuánto más tiempo, sin embargo, no estaba seguro. Y estaba aterrorizado de averiguarlo.
Esperaba que el agua tibia aliviara el dolor sordo que se había instalado en su corazón durante los últimos días. El olor a lavanda, vainilla y eucalipto invadió sus sentidos, pero poco hizo para distraerla de los pensamientos que seguían resurgiendo. El agua rozaba su piel en suaves olas. Cerró los ojos, dejando que sus dedos bailaran a través del agua salpicada de aceite.
Aceite.
Tembló al imaginar el toque fantasmal de sus manos acariciando sus piernas, y se aferró al borde de la bañera en anticipación de dónde se moverían a continuación. El calor floreció profundamente en su vientre. Deslizó las manos sobre sus muslos, imitando su toque. El olor de las sales de baño de lavanda le recordó la bolsa de arroz que llevaba puesta sobre sus ojos... cuando sus manos, resbalosas por el aceite, la habían tocado, frotado, adentrándola en una cálida felicidad.
Su clítoris palpitaba de deseo, pulsando entre sus piernas. Sus manos vagaron, acomodándose entre sus muslos, deslizándose por sus doblados pliegues. Siseó mientras sus caderas se arqueaban contra su mano.
Cinco días…
Habían pasado cinco días desde que ella sintió esto, esta intensidad corriendo por sus venas. Se mordió el labio mientras sus dedos rodeaban su clítoris, aliviando e intensificando el dolor entre sus piernas. Gimió, sus gritos frustrados resonando en las paredes del baño. Alzando su otra mano del agua, tomó su pecho, apretando la carne hinchada. Una oleada de electricidad se disparó directamente a su centro mientras pellizcaba su pezón endurecido entre sus dedos, haciéndolo rodar entre la yema del índice y el pulgar.
Sus dedos entre sus piernas... Su boca alrededor de su pezón...
Repitió aquella primera noche en su mente, la noche de la primera fiesta. Sus manos, labios y dientes habían trabajado su cuerpo de una manera que nunca había sentido antes. El solo recuerdo de eso era suficiente para mojarla. Sintió los restos persistentes de su tacto, el hormigueante rastro de fuego que habían dejado atrás.
Qué diferente serían las cosas ahora... si tuviese la oportunidad de nuevo.
Detrás de sus ojos, imaginaba su boca en su cadera, mordisqueando, su lengua caliente y mojada. Jadeó, estremeciéndose mientras sus dedos continuaban su contacto entre las piernas, el agua tibia del baño girando contra su carne hinchada mientras su mano se movía bajo el agua.
Recordó el profundo dolor que su contacto había encendido, cuán desesperadamente había querido que sus dedos se sumergieran entre sus pliegues. Desesperadamente había deseado su toque entonces. Lo había necesitado. Demasiado asustada para demostrarle cuánto la estaba afectando, cuán húmeda y encendida había estado. Se había negado al placer de su compañero. Pero ahora, ahora detrás de sus ojos, podía cambiar la historia...
Engancha las tiras negras de sus bragas y las saca de sus piernas, escuchando su siseo de sorpresa mientras extiende sus piernas sin querer. Se arranca la bolsa de arroz de sus ojos. Necesita verlo. Necesita experimentar esto completamente. Ondulando las caderas hacia su mano, susurra: "Tócame" y él gime, dejando sus manos vagar por la parte interna de sus muslos antes de colocarse entre sus piernas.
Su espalda se arquea en el suelo mientras sumerge sus dedos dentro de ella, sus groserías murmuradas cayendo en sus oídos. Él se inclina, su pulgar rodeando su clítoris hinchado mientras sus dedos se mueven dentro de su cuerpo. Sus gemidos y gritos resuenan en la habitación, y Mulder la silencia con su boca. Sus labios bailan uno sobre el otro, jugando y divirtiéndose. Ella arrastra su lengua a lo largo de su labio inferior, tirando de este entre sus dientes mientras gimotea. Los dedos de su compañero trabajan dentro de su cuerpo, dando vueltas y frotándose contra un lugar tan profundo, que desea llorar por el éxtasis que se inflama. Sólo él. Es el único que le hizo sentir esto, que la hizo sentirse así.
Sus respiraciones calientes juegan en su boca, y abre los ojos. Él la está mirando, sus ojos casi negros por la excitación. No puede evitar embestirla suave y rítmicamente con sus caderas mientras su mano continúa construyéndola... construyéndola más y más cerca de su liberación. Se aferra a su espalda, hundiendo las uñas en el suave algodón de su camisa, sintiendo el calor irradiando de su cuerpo. Sus caderas se encuentran con su mano con cada embestida, y él gime en su cuello. "Carajo, Scully" estaba hirviendo, sujetando su hombro con fuerza.
Siente el primer impulso fuerte de su liberación. Su barbilla se eleva, su cuello se arquea más... más lejos con cada respiración, mientras la tensión en su núcleo señala su fin inminente. "No te detengas... voy a acabar", susurra... a sí misma, a él, a Dios... No le importa quién está escuchando. Deja que la escuchen. Deja que escuchen lo que le está haciendo.
Ese pensamiento es lo que la rompe. Sólo bastó pensar en eso para caer. Jadea, sus paredes apretando alrededor de él mientras su espalda se arquea del piso. Él gruñe en su oído, ferozmente bombeando sus dedos a través de su orgasmo. "No te detengas, no te detengas, no pares" canta dentro de su cabeza, esperando que pueda leer su mente. Esta vez no está sola en su liberación. Esta vez, la visión de ella, su sensación, el sabor y su aroma, lo llevó al borde también. Esta vez, comparten el lento regreso al presente, sus cuerpos tiemblas y sus respiraciones son inestables mientras entierran sus rostros el uno en el otro...
Suspiró cuando sus dedos detuvieron sus movimientos, su pecho palpitando con un deseo saciado. Su piel hormigueaba, todavía sintiendo su toque fantasmal, con una recepción perfecta, su mente todavía oía el sonido de su voz. Zumbaba en sus oídos, y luchó contra las lágrimas que amenazaban con derramarse de sus ojos. Sacudió la cabeza, con la esperanza de librarlo de su cerebro lleno de lujuria, sólo dándose cuenta de que no era sólo un producto de su imaginación. Era su contestador automático. Se sentó, cerró los ojos mientras su voz resonaba a través de su apartamento vacío.
... De todos modos, Scully... solo quería... Uh... yo sólo... - Suspiró. - sólo te extraño. Llámame. El agudo sonido que terminó la llamada le atravesó los oídos, hizo una mueca. Inclinándose de nuevo en la bañera, envolvió sus brazos sobre su pecho, y una sola lágrima cayó.
- También te extraño. - Susurró.
Después de abrir y cerrar cada cajón de la cómoda, echó un vistazo a la pila de ropa en la esquina. Suspirando, se resignó al hecho de que probablemente todos sus pijamas estarían sepultados en alguna parte. Colocando su equipaje en la cama, finalmente sucumbió a la necesidad de ropa limpia. Abriendo el bolso, ordenó sus artículos en pilas específicas, deteniéndose especialmente en su bikini, los recuerdos se arremolinaron en su cerebro. Tragó saliva, con la garganta apretada por el recuerdo.
Metió la mano en su equipaje, deteniéndose ante la prenda frente a ella. La tomó, sosteniéndola mientras su corazón le caía al estómago. Encaje y gasa rojos. El negligee que Holly planeaba llevar a la fiesta en la Sala Mágica. Se giró para mirarse al espejo, sosteniendo la ligera prenda frente a su cuerpo. Pasó la mano por la suave extensión de encaje. De pronunciado escote con cintura Empire caía fluida la gasa a sus caderas. Las bragas de encaje a juego completaban el conjunto. Recordó haberlo comprado, y correr apresuradamente al mostrador de salida, para que nadie notara que estaba comprando esa pieza de lencería un poco vulgar...
Abrió un cajón y notó el algodón y el satén que habitaban en su interior. A Dana Scully le gustaban las gamas sencillas. Le gustaba lo simple. Le gustaba lo cómodo y confortable. Si el encaje aparecía en su lencería era sólo porque estaba allí personalizando un sujetador sencillo o unas bragas. Dana Scully no usaba ni poseía encaje puro. El encaje puro era demasiado poco práctico y caro para un agente activo. Se miró al espejo, admirando la forma en que caía sobre su cuerpo.
¿Qué habría pensado Mulder de ella usando esto? ¿Le habría gustado, lo habría deseado después? ¿Le habría pedido que se lo dejara puesto mientras la cogía o se lo arrancaría de su cuerpo con pasión? Sus rodillas temblaron mientras lo sostenía entre las manos.
Se mordió el labio, sintiendo que sus manos temblaban. Sabía lo que tenía que hacer. Caminando hacia la cama, se sentó y levantó su celular de la mesa de noche. El número le era familiar y sus dedos lo marcaron automáticamente.
Contuvo la respiración mientras su estómago revoloteaba salvajemente. La línea sonó dos veces antes de que él respondiese.
- ¡Ey! - Su voz era suave, y ella sonrió a pesar de sí misma.
Se lamió los labios. - Hola. - Exhaló en el teléfono.
Hubo una pausa, y oyó el crujido rechinante del cuero de su sofá. - Es bueno saber de ti... yo... - Hizo una pausa, suspirando. - Te extraño. - Terminó suavemente, tan silenciosamente que Scully casi se lo perdió.
Retorció el material rojo en sus manos, asintiendo como si pudiera verla. - Lo sé... - Susurró, mirando sobre su regazo. - Lo siento, Mulder. - Dijo suavemente. - Sólo necesitaba algo de tiempo.
Suspiró profundamente al otro lado de la línea. - Yeah... Sí, lo sé... Scully, yo...
- ¿Puedo ir? - Se precipitó, sosteniendo el negligee contra el pecho. Hubo una pausa. El latido de su corazón tamborileaba tan fuerte en sus oídos, se preguntó si él llegaba a oírlo al otro lado de la línea.
Prácticamente pudo oírlo sonreír. - Siempre.
Colgó el teléfono, sonriendo mientras lo colocaba de nuevo sobre la mesa. Iba a venir. Scully. Su pecho se hinchaba con un dolor familiar. La había extrañado con una ferocidad inexplicable, sólo quería estar cerca de ella, abrazarla, oír su voz. Carajo, sólo quería estar lo suficientemente cerca como para oler su perfume. Lo sabía, sabía que una vez que le permitiera tocarla, amarla, una noche no sería suficiente. Y tenía razón. Lo quería todo. Quería dormir en sus brazos cada maldita noche, despertar mirando su rostro cada mañana.
Se duchó, luego caminó nerviosamente por el departamento, esperando su llegada. Enjugándose las sudorosas palmas en los jeans, se quedó inmóvil ante el suave golpe en la puerta. Su estómago se endureció, y su respiración escapó por sus labios fruncidos, deseando que los nervios se disiparan.
Su mano tembló cuando alcanzó la puerta, y se rió entre dientes, rodando los ojos ante la reacción de su cuerpo. Se sentía como un adolescente nervioso de nuevo, y la reina de Homecoming acabara de pedirle una cita de estudio. Era el bastardo más afortunado del mundo.
No creía que su sonrisa pudiera aumentar, pero cuando abrió la puerta y la vio frente a él, se dio cuenta de que estaba equivocado.
- Scully. - Exhaló. Un rubor subió por las mejillas de su compañera, y ella sonrió tímidamente. Sus cabellos se curvaban suavemente alrededor de su rostro, más recuerdos de sus primeros años juntos en lugar de la brutalmente impecable y elegante melena estilo "Bob" que había estado luciendo últimamente. Dio un paso hacia un lado, permitiéndole pasar, y el aroma de lavanda, eucalipto y vainilla la siguió. Aceites de baño, notó. - ¿Puedo tomar la chaqueta? - Dijo con una gran sonrisa, cerrando la puerta. - Hace más de 32°, Scully. ¿Por qué estás...? - Se detuvo de repente al enfrentarla totalmente. Scully se paró frente a él, sosteniendo su chaqueta con un brazo extendido... usaba sólo un negligee rojo.
Un negligee rojo muy escotado.
Sólo un negligee rojo muy escotado y muy transparente.
Se le doblaron las rodillas, y apoyó su mano contra la puerta. Carajo, mierda. ¿Estaba tratando de matarlo?
El pecho de Scully se alzó con fuertes respiraciones mientras su corazón latía violentamente. Lo quería. La tensión era palpable, la electricidad chisporroteaba en sus brazos mientras los pequeños vellos se ponían de punta.
Se lanzaron uno al otro simultáneamente, sus bocas se aplastaban mientras sus cuerpos se fundían en un ardiente abrazo. Sus lenguas se arremolinaron y los dientes chocaron mientras envolvían sus brazos alrededor del otro. La levantó del suelo y la llevó a la sala, sentándolos en el sofá, donde continuó el suave ataque de sus labios en su cuello. Gimió mientras sus pechos se apretaban contra el suyo, y se maravilló de la suavidad de su piel mientras deslizaba las manos por su espalda.
Ella deslizó sus dientes a lo largo de la arteria en su cuello, y Mulder siseó, aferrándose a sus caderas y presionándola firmemente contra su erección. Sus manos acariciaron sus muslos, y Scully se retorció en su regazo, su piel temblando bajo las yemas de sus dedos.
Luchando contra el último pedacito restante de control que le quedaba, Mulder la tomó por los hombros, instándole a hacer una pausa de los tentadores patrones que su lengua dibujaba al arremolinarse contra su cuello. - Scully... - Susurró dolorosamente. - creo... creo que deberíamos hablar...
Scully mordisqueó el lóbulo de su oreja, atormentándolo entre sus dientes. - No quiero hablar. - Dijo en un ronco susurro, y él se inclinó contra ella, sintiendo que su último vestigio de contención declinaba.
La agente gimió cuando capturó sus labios entre los suyos, dejando que su lengua permaneciera ahí, saboreándolo. Dios había extrañado esto. El calor le empapó el corazón, mojando sus bragas mientras se balanceaba sobre él, sintiendo la cabeza de su erección presionar en su clítoris con cada golpe.
Él tomó su cara, levantándola de su boca. - Te extrañé. - Susurró, acariciándole la mejilla con la nariz. La envolvió fuertemente entre sus brazos, tirando de su cuerpo para pegarla contra el suyo. Quería sentirla completamente. Lo necesitaba. Sus manos vagaron bajo el material de su lencería, y sonrió contra su piel, retrocediendo para ver su cara. - ¿Esto es nuevo? - Su voz era cruda y ronca por la excitación. Su clítoris se agitó de deseo, y sus ojos revolotearon. Podría sólo acabar con su voz.
- Sí. - Respondió sonriendo traviesamente, con los ojos densos y somnolientos de lujuria. Se jaló el labio entre los dientes, observando sus ojos verdes rastrillar la amplia extensión del escote. Sus dedos subieron por el corsé de encaje y gasa, jugando justo fuera de los confines de sus senos. Sus pezones se frotaban contra el arrugado encaje con cada respiración pesada, y empujó su pecho, desesperada por su toque, su cabeza era borrosa bajo su mirada caliente. Se sintió atraída, deseándolo, con la oscura intensidad de sus ojos atrayéndola hacia él. - Holly debía llevarlo a la fiesta - Dijo suavemente, arañándolo sutilmente bajo la camiseta a través del suave rastro de pelo debajo de su ombligo. Él asintió dos veces, levantando sus manos para acariciar suavemente sus pechos, y rodando sus pulgares a través de sus endurecidos pezones con un suave suspiro. Scully gimió, dejando caer su barbilla mientras la emocionante sensación de hormigueo irradiaba a través de su cuerpo. Inclinándose hacia delante, Mulder presionó sus labios contra su cuello expuesto, haciéndola jadear, moviéndose contra él.
- Bueno... - Comenzó, arrastrando suaves besos contra su piel - Gracias a dios que no lo hiciste, porque no habría podido controlarme lo suficiente para hacer nuestros malditos trabajos. - Ella sonrió y capturó sus labios de nuevo, Sus lenguas retorciéndose y enredándose. Le tomó la parte de atrás de la cabeza, moviendo los labios para besarle la mandíbula... el cuello... la cara. - Scully... - Su voz se agitó contra su mejilla, su nombre se pronunció en suave reverencia. Su centro hormigueó cuando su hálito caliente se apoderó de ella, y gimió suavemente, rodando sus caderas contra él, ansiosa por sentir la conexión final de sus cuerpos. Sus manos retorcieron la gasa entre sus dedos, tirando del fino material.
- ¿Te gusta? - Gruñó, su aliento pesado contra la parte superior de su cabeza. Su compañero murmuró su aprobación contra su pecho, acariciándolos mientras su lengua bajaba por el esternón.
- Mmmhmm... Sexy... - Murmuró contra el encaje. Levantó la cara, acercando las manos a sus hombros para tirar lentamente de las correas. Ella tembló cuando sus dedos se deslizaron por sus brazos, las correas descansaron contra sus codos. Con cada respiración que tomaba, sus pezones se movían más y más, empujando la prenda más abajo por su cuerpo, exponiendo sus pechos desnudos a su vista. Todos los vellos de su cuerpo se erizaron y sus ojos palpitaron mientras sus pulgares rozaban las puntas de sus endurecidos pezones, atormentándola, provocándola, empujándola cada vez más cerca de lo inevitable.
Jadeó con fuerza cuando su boca se cerró alrededor de uno, gimiendo en su cabello. - ¡Oh, dios! - Gritó, acariciando su rostro, empujando su pecho hacia él mientras su lengua se arremolinaba, chupando y tirando en respuesta a sus gritos embriagadores. Necesitaba más. Quería más. ¿Cómo había podido pasar cinco días sin esto? ¿Cómo pudo haber pasado siete años sin esto?
Mulder se apartó un poco, encontrándose con sus ojos mientras su lengua rodeaba su pezón. Ella lo observó, con la mandíbula floja. Su saliva brillaba en cada pico rosado. Cada pasada lanzaba un choque de deseo corriendo hacia su clítoris, haciéndola rotar su sexo contra él. La fricción de sus bragas contra el material áspero de sus jeans envió deliciosas ráfagas de calor por su núcleo, frotándose contra su carne hinchada. Siseó, dejando caer la cabeza contra sus hombros con un fuerte gemido.
- Mierda, Scully. - Gimió, salpicando besos húmedos contra su pecho mientras se dirigía al otro. Ella no quería que se detuviera. Lo quería así. Lo quería todo, su boca alrededor de sus pechos, sus manos empujando sus caderas contra su sexo duro. Lo quería como antes. Caliente. Frenético.
Antes de que pudiera pensar en ello, las palabras ya estaban fuera de su boca. - Cógeme como Holly. - Exhaló. Él hizo una pausa momentáneamente, antes de reanudar la suave caricia de su boca.
- Detente, Scully. - Inhaló en su pecho, besando un camino hasta su clavícula, sumergiendo su lengua dentro y fuera del valle hueco de su cuello, saboreando su perfume.
- No soy Scully. Holly. - Gimoteó suplicante. Impulsando sus caderas más rápido contra él.
Su calor ardía en su pene, y gimió inconscientemente, poco dispuesto a dejarla hacer esto. - No. - Dijo firmemente, deteniendo sus caderas. - Para.
Ella se detuvo inmediatamente, el color corriendo por sus mejillas mientras más tiempo permanecían sentados en silencio. Su compañero se apoyó contra el sofá, sosteniendo sus muñecas en su regazo.
El cabello, el negligee... De repente, las piezas del rompecabezas estaban juntas. Estrechando sus ojos hacia ella, extendió la mano y tomó su mejilla. - Scully... ¿De qué se trata todo esto? ¿Por qué Holly? No... no lo entiendo. - Sus mejillas ruborizadas y sus hinchados labios contaban la historia de un hombre consumido por la lujuria. Sus ojos contaban la historia de un hombre enamorado: oscuro, profundo, tierno. - ¿Por qué no puedes ser tú?
Scully dejó caer la cabeza y se llevó las manos temblorosas a la cara. Las lágrimas ardían detrás de sus ojos y la vergüenza le pesaba en la garganta. Se bajó de su regazo, envolviéndose con sus brazos con una cierta apariencia de modestia. Mulder se estiró detrás de él y levantó la manta de la parte posterior del sofá, cubriéndola alrededor de sus hombros.
- Háblame. - Dijo suavemente, arrodillándose en el suelo ante ella. Colocando sus manos a cada lado de sus piernas, la miró a la cara, observando cómo se contorsionaba en una gama de emociones. Miedo, tristeza, arrepentimiento, amor... Cuando no respondió, respiró hondo, deteniéndose antes de dejar salir las palabras. - ¿Por qué quieres ser Holly? ¿Qué tiene ella que Dana Scully no tenga?
El calor hormigueó en su rostro, y tomó la manta, tirando de ella alrededor de sus hombros. Suspiró temblorosa, incapaz de encontrarse con sus ojos. - Mulder... Yo... - Dijo, moviendo la cabeza mientras miraba el techo. Tal vez las respuestas que buscaba estaban escritas en su pintura blanquecina. Dejó caer su barbilla, mirándolo atentamente. - ¿Quién soy para ti?
Inclinó la cabeza hacia un lado. - ¿Para mí… qué?
Se lamió los labios. - Me conoces por tres nombres... soy Scully... soy Dana, aunque me llamas así rara vez... y soy Holly. Entonces, ¿quién soy para ti? - Su pregunta era seria, y no podía obviar el indicio de molestia en su voz. ¿Qué estaba pasando? Hace una semana, estaba encima de ella, detrás de ella, dentro de ella. Sus gemidos y jadeos todavía le hacían cosquillas en el perímetro exterior de su mente. Hace un minuto, había tenido su cara enterrada entre sus tetas...
Parpadeó, la comprensión alboreando en su mente. - Crees que sólo quería estar con Holly. - No era una pregunta.
Su ceja se elevó más alto en su frente, y sus labios se fruncieron mientras mordía el interior de su mejilla. - ¿Y bien? - Preguntó, su voz era espesa. - Sólo... - Se aclaró la garganta.... estuviste con Holly... ¿Cómo sabrías...?
La detuvo en seco, inclinándose hacia delante. - Tu nombre es Dana Katherine Scully. - Dijo, haciendo una pausa mientras se movía para sentarse a su lado. - Dana... - Susurró con melancólica reverencia, y ella sintió que su corazón se apretaba en su pecho.
No podía contar la cantidad de veces que lo soñó susurrando su nombre en esa forma, áspero en su oído mientras se movía dentro de ella. Sus mejillas se sonrojaron, y respiró lentamente por su boca, su cuello calentado con renovado deseo.
- Dana... Dana es... - Rió incómodamente, sentándose en el sofá y girando hacia su compañera. Ella se sentó en un rincón del sofá, con las rodillas apoyadas en el pecho, la enorme manta todavía envuelta alrededor de sus hombros. Sus ojos se oscurecieron cuando su mirada se posó en Scully intensamente. - Dana es la mujer en ti. Es tierna, y amable... vulnerable incluso, pero en el buen sentido.
Su respiración se aceleró, y sus latidos resonaron en sus oídos, amortiguando el sonido de su voz. Estaba paralizada, incapaz de moverse o pronunciar una palabra.
Alargó la mano de su rodilla y la sostuvo entre las suyas. - También eres la Agente Scully. Ella es capaz, fuerte, brillante, una defensora feroz de las víctimas, y claramente una santa para lidiar con ese loco de mierda compañero tuyo. - Se echaron a reír, y él llevó sus dedos pequeños a sus labios, presionando un beso en las yemas. Su sonrisa vaciló, y sus ojos se pusieron serios. - Pero tú también eres... Scully. - Hizo una pausa, bajando la mirada. - Mi Scully. - Susurró.
- ¿Tú Scully? - Chilló, apenas por encima de un susurro, sus ojos incapaces de apartar la vista de su rostro, su corazón golpeando profundamente en su pecho.
El asintió. Sosteniendo su mano contra su pecho, se inclinó hacia atrás, reflejando su posición. - Yeah. - Sonrió, colocando un mechón de pelo tras su oreja. - La mujer que conozco, la mujer con la que pasé los últimos siete años es todas ellas. La mujer de la que llevo enamorado desde... más de lo que puedo recordar.
Los ojos azules se llenaron de lágrimas, y su corazón latía con la verdad de sus palabras. Era todas esas mujeres. No sólo la Agente Scully, no sólo Dana, no sólo Holly.
Ni siquiera Scully.
Ella era su Scully.
Claramente, él veía algo en ella que ella misma, posiblemente, no notaba.
Sacudió su cabeza suavemente, su voz llena de emoción. - No lo sé, Mulder. La semana pasada, como Holly, salió algo de mí que nunca me di cuenta que existía... Hice cosas que nunca hab... - Se separó, suspirando y retorciéndose en su asiento.
Parpadeó un par de veces. - Mírame, Scully. - Excitante. Rasposo. Su clítoris dolía en respuesta Pavloviana. - Tú. Estuviste. Increíble. - Cada palabra era significativa, recortada.
Sonrió incrédula, sacudiendo la cabeza.
Mulder se acercó más, tomando su cara entre las manos. - Tú. Estuviste. Increíble. - Repitió. Se comprometió a decírselo todos los días hasta que le creyera, que nunca pensaría menos de ella, que la quería, la deseaba.
- Por lo general no soy así. - Dijo con recato, alzando los ojos para captar brevemente su mirada.
Sonrió resplandeciente. - Ni yo tampoco. Carajo, Scully...
Ella se rió de sus palabras, sintiendo que se sacaba un peso de los hombros. Sus palabras la aliviaron, la tranquilizaron. Él continuó suavemente.
- ¿Recuerdas lo que te dije en la piscina? - Preguntó. Scully se mordió el labio, repitiendo aquella noche en su mente.
Los momentos brillaron ante ella, pequeños fragmentos de memoria borboteando hasta la superficie...
- Mulder no quiere que la primera vez que haga el amor con ella sea en una piscina. - Había susurrado.
- ¿Quiere hacerle el amor? - Preguntó, necesitando estar absolutamente segura de que lo estaba escuchando bien.
- Cada momento de cada día.
Asintió con la cabeza, sintiendo que su vientre zumbaba emocionado ante el recuerdo de sus palabras. Su clítoris dolía de nuevo, y siseó cuando su mano cayó, tocando un punto desnudo en su muslo. Su piel ardía de anticipación.
- Scully… - Susurró, y se giró hacia él, inclinando su barbilla sólo un momento antes de que sus labios rozaran los suyos. Sutilmente, hábilmente, la probó, la acarició, dejando que sus lenguas se enroscaran. - Déjame hacerte el amor. - Susurró contra su mejilla, y ella se estremeció contra él. Mulder presionó los labios contra su cuello, y su pulso golpeó suavemente su barbilla. Podía sentir su excitación brotando de cada latido acelerado. - Déjame mostrarte, Scully... Sólo tú... - Se detuvo, besando su hombro. - y yo.
Su lengua barrió su labio inferior en una sedosa caricia. Bajando por la mandíbula, mordisqueando y succionando la suave piel de su cuello, sintiendo cada estremecimiento de Scully contra él.
- Mulder. - Suspiró en su hombro, temblando bajo su boca. Sus manos acariciaron sus muslos, y tomó los bordes de la manta. Apartándola, él gimió en su cuello mientras sus manos rozaban sus pechos, sus pezones cosquilleaban sus palmas mientras las arrastraba por su cuerpo.
Levantando la barbilla, acercó los labios a su oreja. - ¿Sabes lo que me haces?
Ella jadeó, estremeciéndose, sus paredes internas se crisparon mientras su excitación crecía. Se mordió el labio. - Dímelo. - Susurró contra su hombro. Moviendo su pequeña mano por su muslo, acarició el bulto sobre la gruesa tela de sus jeans.
- Carajo, Scully. - Siseó, y ella jadeó, empapándose con el sonido de su voz rasposa. Él presionó su mano sobre su erección, curvando sus dedos alrededor de su forma. - ¿Sientes lo que me haces? - Susurró ronco. Scully asintió en su cuello, notándolo pulsar bajo su palma. Sacudió sus caderas. - Todos los días... mmmm... No tienes idea de cuánto tiempo... ungh - Gimió mientras su mano se movía sobre su pene, acariciándolo lentamente. - Cómo... cuántas veces... pensé en ti... cogiendo... - Gruñó.
La mano de su compañera estaba caliente mientras la frotaba sobre él, y su longitud se deslizaba entre sus dedos. Mulder le pasó las manos por el pelo, y ella siseó de placer mientras aferraba los mechones color ámbar con fuerza entre sus dedos.
- Tantas noches quise llamarte. - Susurró, mordisqueando la curva de su mandíbula. - Sólo para oír tu voz.
Scully gimió con fuerza, balanceando la cabeza mientras sus dientes se hundían en su cuello. Probablemente tendría una marca a la mañana siguiente. No le importaba. Simplemente no quería que se detenga.
- Mulder. - Suspiró. ¿Cuántas noches había pensado en lo mismo? ¿Cuántas noches solitarias se había quedado sin hacer nada ("sat on her hands"), mirando fijamente su teléfono, temerosa de llamarlo, temiendo que terminaría en su puerta con sólo una cosa en su mente?
Sin soltarle el cuello, pasó las puntas de sus dedos por su brazo, deteniéndose en la curva de su codo. La anticipación irradiaba de su piel mientras sus dedos se encontraban a centímetros de su pecho. Sus pezones le dolían mientras esperaba, la agonía de sus exploraciones lentamente la estaba enloqueciendo.
Habló despacio, con voz áspera. Cada soplo de aire caliente de su boca le hacía cosquillas en la oreja, enviando una sacudida de deseo a su centro, tensando e hinchando su núcleo. Era terriblemente erótico, apenas la tocaba, apenas rozaba su piel con sus labios. Sólo el sonido de su voz embriagadora era suficiente para mojarla, para llevarla hasta el punto de no volver.
- A veces... después de colgar, me imaginaba que te presentabas a mi puerta. - Le susurró al oído.
Su voz temblaba mientras hablaba. - ¿Qué llevaba puesto?
Lo sintió sonreír contra su piel, y sus dedos reanudaron su tormentoso ascenso por su brazo. Sus nervios estaban en alerta mientras los rozaba subiendo y bajando. ¿La Scully de su fantasía llevaba un abrigo sin nada debajo? ¿Usaba una falda lápiz y medias Thigh Highs, lista para sentarse a horcajadas y cogerlo? ¿Cómo la veía Mulder cuando fantaseaba? ¿Qué clase de mujer era para él?
- Mmmm - Tarareó contra su hombro. - Iba cambiando.
Sus dedos bailaron alrededor de su hombro y sobre su clavícula, cayendo a la suave hinchazón de sus senos. Ella empujó su pecho en su mano, levantando su torso con la esperanza que sus pezones lo rozaran. Por favor... No quería mendigar.
Mulder no quería nada más que besarla, devastarla, devorarla. Su pene se tensó a través de sus jeans, y sus caderas se sacudieron con cada golpe de su mano. Una gota de sudor caía por el centro de su pecho. El puro esfuerzo de mantener a raya su deseo estaba cobrando su precio, pero sabía que si la besaba, si la tocaba completamente, todo habría terminado.
Y no quería que terminara.
Apenas había empezado.
- Dime. ¿Qué estaba usado? - Susurró sin aliento.
- Mmm. - Dijo, tirando del lóbulo de su oreja entre los dientes. - A veces jeans, a veces el traje que llevabas en el trabajo ese día... - Se detuvo, dejando caer sus dedos sobre su seno, sumergiéndose entre sus pechos.
- ¿Un traje?
Un traje ni siquiera había pasado por su mente cuando imaginó su fantasía. Él sonrió contra su cuerpo, moviendo su cara al otro lado de su cuello. El placer se arrastró a través de su piel caliente cuando sus labios la mordieron y succionaron, encontrando... el... justo... lugar debajo de su oído. Jadeó cuando descubrió el punto en su cuello, haciendo notas mentales mientras mapeaba cada zona para referencia futura.
- Tu fantasía es... tan simplista, Mulder. - Dijo juguetonamente contra su mejilla, presionando los labios contra su sien. La sal de su sudor bailaba sobre su lengua, y gimió cuando sus dedos se deslizaron por su vientre, su estómago revoloteando bajo su toque.
- Mis necesidades son simples. - Su voz era ronca, gimiendo cuando su lengua acarició un sendero alrededor de la oreja, profundizando en su interior, sintiendo como sus manos se tensaban a cada paso.
Sus fantasías podían ser simples, pero seguía siendo un hombre con necesidades. Gruñendo bajo, tomó sus caderas y tiró de su cuerpo, colocándose contra el sofá hasta que lo montó a horcajadas.
Ella sonrió suavemente. - ¿Qué necesidades son esas?
Acariciando su rostro, sus oscuros ojos la taladraron. - Tú. - Respondió simplemente. - Mis necesidades son simples: sólo tú. - Ella se retorció internamente ante sus palabras. Su corazón floreció de amor por él, y sacudió la cabeza, preguntándose si alguien alguna vez la había mirado así antes. Le acarició la mejilla con ternura y lo besó.
Gimiendo ante el contacto, entrelazaron sus lenguas mientras balanceaba sus caderas contra él, frenética para aliviar el dolor entre sus piernas. Rozó las uñas en su pecho pasando por encima de sus pezones. Sus caderas corcovearon contra ella, haciéndola lloriquear.
- Entonces, ¿La Scully de tu fantasía usa jeans? - Susurró contra sus labios. - ¿No, fantasía de ir desnuda bajo la gabardina? - Sonrió contra su boca.
Sus manos grandes vagaron por su cuerpo, acomodándose contra sus costillas. Sus pulgares barrieron la piel delicada bajo sus pechos, y Scully tembló, arqueándose contra él.
- No. Solo tú. Sólo Scully. - Suspiró. Sus ojos eran intensos cuando su mirada se centró en ella. No necesitaba una fantasía ridícula, tampoco quería una. La quería a ella. Quería a Scully.
Su compañera mantuvo los ojos fijos en los suyos mientras buscaba el botón de sus jeans. Quería sentirlo, probarlo, pero su mano la detuvo.
- No aquí... La cama... - Dijo suavemente, moviendo la cabeza.
Inclinándose hacia adelante, lo calló con su boca, dejando que su lengua aliviara las reservas de su mente. Sus complacientes labios le aseguraron que él entendía su mensaje, y gimió cuando ella se apartó. Estaba a su merced, esclavo de todos sus caprichos. No es que se quejara tampoco.
Dejó caer la cabeza contra el sofá con un fuerte gemido mientras le desabrochaba los pantalones, liberando su doloroso sexo duro de sus confines. Con la esperanza de aliviar el dolor, lo envolvió con sus dedos y comenzó a golpear lentamente. La mandíbula de su compañera se aflojó y sus ojos se oscurecieron, lanzándose entre su rígida erección y su rostro. Su clítoris palpitaba desesperadamente, mientras lo observaba tocarse, y se estremeció al verlo.
- Cuéntame más de tu fantasía. - Apenas reconoció su voz cuando escapó de sus labios, tan profunda y ronca. - ¿Qué sucede después? - Cubrió su mano con la suya, igualando sus golpes. Sus ojos fueron atraídos por su rostro, excitados por la misma visión, de lo que su toque le hacía.
Se le pusieron los ojos en blanco, y tragó saliva ruidosamente. Se aferró a sus caderas mientras su cuerpo continuaba los movimientos lentos, tortuosos contra él. Su pene permanecía rígido, firme entre ellos mientras sus manos se encargaban de su cuerpo.
- Dime. - Repitió, jalando su labio inferior entre sus dientes. Mulder gimió. Ese maldito labio, otra vez.
Scully se apoyó contra el cuerpo de su compañero, sintiendo la humedad de sus bragas mientras se movía hacia adelante y hacia atrás. Gimiendo en su boca, frotó su clítoris contra la parte inferior de su pene con cada golpe.
Cerró los ojos y suspiró. - Vienes una noche... después del trabajo... no ungh... recuerdo por qué viniste... pero estás aquí...
- ¿Y...? - Respiró profundamente, llevando una mano de su pene para acariciar su seno, retorciendo su pezón.
- Y nos sentamos uno al lado del otro, hablando... riendo... - Su pecho se alzaba al ritmo tentador de su mano.
- ¿Acerca de qué? - Preguntó, cada vez más intrigada por su fantasía, sorprendida aún que lo que deseara fuese tan normal.
- Sobre cualquier cosa... - Hizo una pausa, y ella vio un rubor subiendo por sus mejillas. - Sobre la vida... sobre el futuro... nuestro futuro... Lo que quieres... lo que necesitas... ungh… - Se quebró, gimiendo.
- ¿Esto es lo que haces cuando piensas en mí? - Susurró. Sus oscuros y pesados ojos azules miraban directamente a su alma.
La pequeña sonrisa maliciosa que curvaba sus labios le dijo a Mulder que su compañera tenía toda la información que necesitaba.
Moviéndose hacia adelante, ella frenó la mano, presionando contra él mientras lentamente, suavemente se balanceaba arriba y abajo, hacia adelante y hacia atrás, frotando su clítoris contra su sexo.
Mulder observó el lugar donde sus cuerpos estaban presionados. - Mierda. - Dijo hirviendo, haciendo una mueca de dolorosa agonía. Sus manos se apoderaron de sus caderas, ayudando en sus movimientos, viendo el encaje rojo raspar su sexo. El negligee le rodeaba la cintura, sus senos desnudos, balanceándose con sus suaves movimientos. Tenía los ojos entornados y las mejillas rosadas, los labios rojos e hinchados. El encaje se movía al ritmo de sus caderas, arañando placentera y deliciosamente contra su pene.
Era lo más excitante y caliente que había visto.
Su excitación sangró a través del encaje, mojando su erección mientras se movía, y llevó la cara de su compañera hasta sus labios. Sus caderas se detuvieron momentáneamente mientras su lengua exploraba el interior de su boca. Después de unos momentos, se apartó lentamente. - Mi fantasía es esto, Scully. - Dijo, pasando sus manos por sus muslos, sintiéndolos temblar bajo sus dedos.
Abrió los enormes ojos azules y lo miró, sus narices tocándose la punta.
- Mi fantasía siempre fue... sólo tú. Solo tú como mujer. - Se inclinó hacia adelante, arrastrando besos por su cuello. Ella siseó en respuesta. - Mi fantasía eres tú, dejándome amarte. - Sus manos se deslizaron entre ellos, acariciando sus pechos, rodando sus pezones entre sus dedos. Ella se estremeció, acariciándole la mejilla con la nariz. - Dejándome tocarte. - Susurró, y Scully gimió, frotando su clítoris contra su compañero.
- Mulder... - Susurró, pasándole los dedos por el pelo.
- Dejándome verte... ver esa parte tuya que normalmente mantienes oculta... - Añadió sin aliento, embistiendo sus caderas mientras rodaba sus pezones entre el pulgar y el índice.
- ¿Como Holly? - Su aliento se aceleró contra su cuello, y él envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo, sosteniéndola contra el suyo, sin querer dejarla separarse.
- Creo que hay una pequeña parte de Holly dentro de ti, dentro de Dana Scully. Tú creaste a Holly, Scully. No la creó el Bureau. No fue creada por mí. Fue creada por ti. Ella eres tú. - Susurró con fuerza. - ¿No lo ves? Esto... - Dijo, haciendo un gesto entre los dos. - Esto es lo que siempre quise. La Agente Scully, Dana Scully, Holly. Todas ustedes.
Le acarició la cara, mirándola profundamente a los ojos. Era una mirada que evocaba a una vez que habían estado en su pasillo, cuando le había rogado que no se fuera. Tan llena de amor y ternura que le hacía doler el pecho.
- Scully, no necesito fantasías elaboradas, ni negligees caros. - Habló, tocando la tela. - Aunque este pequeño número definitivamente me hace reconsiderar mi opinión. - Ella sonrió, agachando su barbilla. - Sólo te quiero a ti. - Una lágrima se deslizó por la mejilla de su compañera, y él la apartó. Se mordió el labio, sus ojos recorriéndola. - Quiero tu lado vergonzoso y tímido. Quiero el lado que es travieso, atrevido y le gusta hablar sucio. - Dijo con una sonrisa irónica y un pequeño guiño. Ella sonrió, sonrojándose desde su frente hasta su ombligo. - Quiero a la mujer a la que le gusta hacer el amor, y quiero a la mujer a la que le gusta coger. - Scully se lamió sus labios, su vientre temblaba. - Todos tenemos diferentes partes de nosotros, partes que no suman, que no tienen sentido con los demás. - Tocó su mejilla suavemente. - Pero son las que te hacen tú. Es la combinación de todas esas partes las que me hicieron enamorarme de ti. - Terminó, y se inclinó, presionando sus labios contra los suyos. La abrazó con fuerza, sus lenguas danzando, tocándose, acariciándose.
Ella se apartó lentamente, dejando que sus labios perduraran.
- Quiero hacerte el amor... - Dijo sin aliento, pasando las manos por su espalda.
- Ya estás haciéndolo. - Nunca se había sentido más amada en toda su vida. Mulder se movió para ponerse de pie, pero lo detuvo, presionándolo contra el sofá. - No. - Dijo, sacudiendo la cabeza. - Aquí. Me gusta esto.
Él asintió sin decir palabra, levantando el dobladillo de su camiseta por encima de su cabeza, y empujando los jeans de sus piernas, dándoles patadas al suelo.
Scully se paró frente a él mientras se sentaba en el sofá, empujando los restos de su negligee de sus caderas. Esta noche serían ellos. Sólo ellos. Mulder envolvió su miembro turgente con su mano, bombeándolo lentamente mientras el encaje y la gasa caían al suelo. Sus ojos se oscurecieron imposiblemente mientras ella meneaba sus caderas, lenta y tentadoramente despegando el último vestigio de Holly de su cuerpo. Pulgada por pulgada, fue cayendo, y su puño se movía más rápido cuanto más esperaba. Ella sonrió impíamente, empujando la prenda por sus muslos donde finalmente cayó. En el momento en que el encaje empapado golpeó el suelo, Mulder la alcanzó, tirando de su cuerpo encima del suyo.
Le pasó los dedos por el pelo castaño, gimiendo suavemente. La boca de Mulder estaba caliente, suave, increíblemente húmeda mientras besaba cada centímetro de su pecho, y ella siseó cuando sus labios se cerraron alrededor de su pezón, chupándolo profundamente en su boca. Sus dientes atormentando y estirando su pico endurecido, mientras su lengua lo calmaba, dándole suaves golpecitos. Una oleada de deseo la inundó, y se balanceó en él, rogándole en silencio para llenar su dolor. Su lengua continuaba el tormento, arrastrándose por su pecho, dejando un sendero húmedo que brillaba a la luz dorada de su sala.
Jadeó cuando su erección presionó contra su carne hinchada, y él gimió, hundiendo sus dientes en su clavícula.
Lo tomó de la mandíbula, y lo llevó hasta su boca ansiosa, su lengua inmediatamente girando alrededor de él en un ferviente intento de comunicar sus necesidades. Lo necesitaba. Siempre lo había hecho.
Mulder presionó sus caderas contra ella, y gimió cuando la dulce fricción de sus cuerpos acarició su sexo. Se apartó de su boca y sus ojos se encontraron. Sentándose más atrás, reanudó sus acciones anteriores, presionando su pene a su clítoris mientras se frotaba contra él. El precum se asentó en su cabeza, y lo arrastró con su dedo, chupándolo entre sus labios.
- Jesús, mierda. - Gimió con fuerza Mulder, su cabeza cayó hacia atrás al verla. Su pene relucía con la excitación de su compañera, y luchó contra el impulso de mirar hacia abajo y observarla, sabiendo muy bien que si lo hacía, acabaría justo en ese momento. Inclinándose hacia delante, Scully se acomodó encima de él.
- Mírame, Mulder. - Susurró. El agente abrió los ojos justo cuando empezaba a hundirse, y ambos gimieron al unísono, temblando de necesidad.
- Scully. - Exhaló, acariciando la parte posterior de su cabeza mientras la otra mano empujaba sus caderas para moverse.
- Soy yo. - Dijo, balanceando sus caderas por encima de él. - Soy yo.
Fijaron sus miradas en el otro, rompiendo esto sólo cuando el deseo fue demasiado intenso para mantenerlos físicamente abiertos. Él recitó su nombre en una entrecortada oración, una y otra vez, mientras se movía dentro de su cuerpo, sus paredes apretándolo en cada embestida.
Scully inclinó sus caderas, frotando su clítoris contra su grueso vello púbico. Mulder respondió cada uno de sus golpes, empujando hacia arriba deslizándose dentro, y ella gritó, sin importarle quién pudiera oírla. Dejó caer la cabeza hacia delante, apoyando los brazos en la parte de atrás del sofá. Acariciando la parte de atrás de su cuello, acercó sus rostros a milímetros uno del otro.
- Mulder. - Gimió, y su velocidad aumentó. Las caderas femeninas se detuvieron, dejando que tomara el control mientras empujaba hacia ella con un deseo ardiente, cada sacudida golpeando un punto dentro que hacía que su piel chisporrotease, y su vientre se tensara.
Sus respiraciones se mezclaban, el sudor se pegaba al estómago mientras se movían. Él sostuvo su cabeza en un férreo control, y ella rasguñó el sofá, clavando sus uñas en el cuero mientras sentía su orgasmo acercarse.
Su sexo onduló alrededor de él, y Mulder gimió profundamente, empujando la cara de su compañera hacia atrás acunándola con ambas manos, sin detener nunca el rápido balanceo de sus caderas. - Quiero verte.
Los ojos azules revolotearon abiertos, vidriosos y desenfocados, mientras sus piernas temblaron de necesidad.
- Mmmm... carajo, yeah. - Gruñó Mulder, mientras sus paredes se apretaban alrededor de él. - Eso es todo... Acaba para mí. - Exhaló contra su boca. - … Acaba para mí…
- ¡Mulder! - Jadeó, gimoteando cuando la explosión eléctrica de su orgasmo se agolpó a través de su cuerpo, colapsando su cuerpo contra él. Tres golpes más y su compañero estaba allí, gritando su nombre mientras ella se aferraba a su alrededor. Derramando su semilla dentro, fue frenando sus movimientos mientras su liberación corría por sus venas.
Ella apoyó su frente contra la suya, acariciándole la nariz con una suave caricia.
- Scully... - Suspiró con reverencia.
Lo besó tiernamente en los labios. - Yeah... estoy aquí - Susurró.
Su pecho se alzó al abrir los ojos para mirarla. - Estás aquí. - Repitió. Ella sonrió suavemente, acariciándole el cuello. - Para... que conste... - Dijo sin aliento, su voz aún temblorosa. - ¿Qué tipo de G-man... sería si... no tuviese... al menos un "desnuda-bajo -el-abrigo"… como fantasía?
Ella sonrió, sacudiendo la cabeza mientras lo besaba suavemente. - Puedes contármelo en otra ocasión.
Envolvió sus brazos alrededor de su compañera, sonriendo contra su pelo mientras besaba su sien. Holly podría haber sido insinuante, sexualmente abierta, atrevida y osada, pero no tenía comparación, no le llegaba a la suela ("Didn't hold a candle"; no sostenía una vela), a la mujer que actualmente estaba encima de él.
- Holly y Paul no tienen nada de nosotros, Scully.
Alzó la cabeza, arqueando una ceja en desafío. - Demuéstramelo. - Dijo, inclinando su cara hacia abajo para capturar sus labios con los suyos.
Él tenía toda la intención de hacer precisamente eso.
Epílogo.
Seis meses después…
Lo miró a través de la oficina mientras apagaba el monitor de la computadora, lamiendo sus labios y se levantaba para recoger sus pertenencias.
- ¿Te vas? - Preguntó, con los ojos todavía pegados al archivo que estaba leyendo.
- Sí, voy a reunirme con mi vieja amiga Nicole a las 19:00. Iba a ir a casa y cambiarme primero. - Metió los brazos en su chaqueta, mirándolo. - ¿Estás seguro que no quieres venir conmigo? - Preguntó con esperanza, y él la miró, sacudiendo la cabeza.
- No. Ve con tu amiga esta noche. No te preocupes por mí, estaré bien. - Dijo mientras se recostaba en la silla, masticando el extremo de un lápiz. Su lengua reluciente jugueteaba con la punta y ella sintió que su pulso se aceleraba, muy consciente de lo que su lengua era capaz de hacer.
- Bueno. - Exhaló, sacudiendo la cabeza de sus pensamientos excitantes. - No te quedes demasiado tiempo.
Le echó una mirada, pellizcando el puente de su nariz mientras se quitaba las gafas. - Yeah. - Se movió haciendo una mueca de dolor. - Probablemente trabajaré un par de horas y luego despegaré. Los chicos tienen un nuevo programa que trataron de mostrarme hace un tiempo, pero nunca puedo hacer un tiempo. - Sonrió adrede, jugando con el lápiz entre sus dedos.
Ella mordió el interior de su labio, sonrojándose mientras asentía comprensivamente. Seis meses habían pasado desde sus asignaciones encubiertas como Holly y Paul. Desde que se hicieron íntimos como Mulder y Scully. Seis meses de pasar las tardes juntos, comer, hablar y hacer el amor en todas las posiciones imaginables, y algunas no tan concebibles.
Se dirigió a la puerta, deteniéndose antes de abrirla. - Probablemente estaré hasta tarde... por si quieres venir… o algo.
Él sonrió. - ¿O algo?
Sonriendo, atravesó la puerta y se dirigió hacia el ascensor. - O algo... - Dijo suavemente para sí misma.
Su vientre revoloteó nerviosamente en su camino a casa, sus manos sudando mientras se aferraba al volante. Mirando su espejo retrovisor, comprobó dos veces para asegurarse de que no la estaban siguiendo, años de entrenamiento haciendo de esa acción algo natural. Su piel se deslizaba, no estaba acostumbrada a ser tan engañosa, pero la sensación del deseo prohibido era más fuerte, atrayéndola, empujándola en dirección al Hotel St. Regis.
Al entrar en el lujoso vestíbulo, sus tacos golpearon contra el mármol de los pisos, y echó una mirada sobre su hombro con cautela, temiendo la exposición. Colocando su equipaje en su hombro, se registró y garabateó su supuesto nombre en la línea punteada, evitando la mirada de la mujer detrás del mostrador.
Al terminar de ducharse en la habitación del hotel, se paró frente al espejo del baño, observando su reflejo vaporizado. El agua goteaba por sus hombros, y tomó otra toalla, notando el leve temblor de sus manos.
Mordió su labio, luchando contra la sonrisa que jugaba en las comisuras de su boca. Su vientre se estremeció, y su piel hormigueó con anticipación. Perdida en sus propios pensamientos, siguió su rutina, secando expertamente su cabello en su familiar y elegante melena "Bob", aplicando su maquillaje hábilmente. Tomó la larga brocha negra y añadió más color y contorno alrededor de sus ojos. Él le había dicho que amaba sus ojos.
Respirando temblorosa, exhaló lentamente a través de los labios fruncidos. - ¿Qué estoy haciendo? - Susurró al espejo.
Se dirigió a la cama, abriendo su equipaje, sacando de adentro y levantando la nueva ropa interior. De un profundo midnight purple; tan oscuro que el color sólo se podía ver con cierta luz. Las luces de la habitación captaron los débiles destellos de púrpura en el costoso encaje, y ella sonrió. Nada como la ropa interior nueva.
Cuidadosamente, quitó las etiquetas y deslizó la diminuta thong midnight purple por sus piernas, maravillándose de la suavidad de la seda contra su piel. El pequeño vestido negro que había comprado específicamente para esta noche todavía colgaba en la bolsa de prendas de vestir de la tienda. Temerosa de que Mulder lo viera e hiciera demasiadas preguntas, había ocultado la compra en el maletero de su coche, apiñando la bolsa de Victoria Secret a su lado.
Cerró el vestido por detrás, pasando las manos por la extensión de sus costados. Sonriendo maliciosa, se preguntó ociosamente si no sería ella la primera en bajar la cremallera esta noche. ¿O él asumiría los honores?
Un suave toque de perfume entre sus pechos y detrás de las rodillas, y estuvo lista. Mirándose atentamente en el espejo, respiró profundamente, colocando una llave de la habitación adicional en su bolso. Nunca se sabía quién podía necesitar una...
Sorbió su martini, mirando alrededor del bar mientras se sentaba en la pequeña mesa redonda de la esquina. Sus ojos ahumados, su amplio escote y su pequeño vestido apretado hacían poco para mitigar las conjeturas acerca de su ocupación del resto de las personas ahí, pero no le importaba.
Arremolinó el alcohol en su lengua, llevando la oliva a su boca. Mirando el reloj de la esquina, notó la hora, aplastando nerviosamente su servilleta en un intento de calmar sus nervios. ¿Había estado ahí sólo diez minutos? De repente, se preguntó si podía seguir adelante. De nuevo.
El toque de una mano contra su espalda la asustó, y giró la cabeza sobre su hombro.
- ¿Puedo invitarte un trago? - Preguntó el caballero. Ella le sonrió educadamente, lamiéndose los labios.
- Eso estaría bien. - Dijo. Gesticulando hacia el asiento libre a su lado, alargó la mano. - ¿Quieres sentarte?
Él ordenó las bebidas al camarero y se sentó en el asiento indicado. Sus ojos oscuros fueron de su servilleta a su rostro, y de nuevo a la servilleta que la mujer retorcía entre sus dedos.
- Pareces nerviosa. - Observó, desabrochándose el saco.
Sonrió tímidamente, sacudiendo la cabeza. - Yeah, yo eh... - Se rió, sentándose en su asiento. - No... No estoy acostumbrada a hacer esto.
- ¿Beber? - Le sonrió, y ella se encontró devolviéndole la sonrisa, incapaz de negarse a su encanto.
Sintiéndose más a gusto, más cómoda, se inclinó hacia delante y sonrió. - Captando hombres.
- Ahhh. - Dijo él, asintiendo con la cabeza, su mirada concentrada en la mujer a su lado. Estaba encantado por ella, cautivado. Ella le devolvió una mirada de pestañas curvadas, sonriendo con coquetería. - Nunca te había visto antes. - Afirmó, acercando el vaso a sus labios.
Alzó una ceja y removió el stick en el líquido transparente. - Primera vez para todo, supongo.
- Supongo... - Sonrió, girando el vaso sobre el posavaso. Hizo una pausa, observándola atentamente. El pecho de la mujer hormigueó, su vientre revoloteó. Esto era tan diferente de ella... Él hizo un gesto a su mano. - Ninguna marca de anillo de bodas... Ningún anillo en realidad... Entonces, ¿qué está haciendo una chica como tú en un lugar como este? - Preguntó, sonriendo. Ella se sonrojó, mordiéndose el labio y agachando la cabeza para evitar su sonrisa irónica.
- Yo uh... - Hizo una pausa, rascándose la nariz, sacudiendo la cabeza suavemente. ¿Podría definir su relación con Mulder? No estaban casados, pero pasaban cada segundo juntos. No estaban saliendo, pero había estado durmiendo con él durante los últimos seis meses. Dijo lo único que pudo. - Es complicado.
Asintió comprensivamente, notando su incomodidad con el asunto. Dejando que el escocés ámbar rodara alrededor de su lengua, dejó el vaso y se inclinó hacia adelante. - Entonces, ¿una bebida me da el derecho a tu nombre?
Casi se ahogó con el sorbo. - ¿Mi nombre? - Se limpió la barbilla con la servilleta, sus ojos brillantes en él.
Él asintió con la cabeza y ella entrecerró los ojos, sintiendo los vellos de sus brazos de punta.
No había vuelta atrás ahora. - Me llamo Holly. ¿Tú?
Levantó el vaso, señalándola con un brindis burlón. Antes de que se lo llevara a los labios, respondió: - Yo soy Paul.
Mirando sus familiares ojos avellana, sonrió y dijo: - Es bueno verte de nuevo.
FIN
¿Creen que todo ha terminado aquí? ¡No, no es así! La autora ha decidido continuar este fic brindándonos escenas extras y un final alterno, así que si desean saber cómo continúan las aventuras de Holly y Paul pueden seguir el siguiente enlace :D post/160504152973/coming-again-soon-undercover-swing-extended
