Disclaimer: Ninguno de los personajes de Inuyasha me pertenecen, sólo los utilizo para la creación de este Fic, que espero disfruten :)
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Difícil de expresar
Por Franela
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Expectativas
Todo un éxito.
Así catalogaron las críticas especializadas al concierto ofrecido por Irasue y Sesshoumaru Taisho. Algunas eran más serias que otras, pero lo cierto es que las reacciones fueron las mismas.
El primer movimiento de Rachmaninoff terminó prácticamente en medio de los aplausos de una audiencia alucinada, encantada, y los intérpretes debieron de volver al escenario en al menos en cuatro ocasiones. Mientras Sesshoumaru y su madre estaban en su camarín, descansando finalmente de aquel concierto que les había producido más de un dolor de cabeza, dándose ese merecido lujo, quien debía pagar por su prolongada ausencia era, obviamente, el Taisho restante.
Inu fue asaltado por toda clase de personalidades del mundo de la música en cuanto dejó el salón principal del teatro para ir a felicitar a su esposa (y también a su hijo, por supuesto) con un ramo de flores en las manos. Mientras él debía de lidiar con toda clase de preguntas, Irasue veía, no sin cierto asombro, como su hijo reposaba en el sillón del camarín en una extraña posición: Sesshoumaru estaba sentado, de cierta forma, pero invertido, con sus largas piernas colgando por el respaldo de aquel sofá y su cabeza hacia abajo, con el cabello tocando el suelo, y sus párpados cerrados.
Cuando abrió los ojos recobró también una postura convencional (dejando de lado aquel pequeño momento infantil). Luego de ver a su madre y que ésta le devolviera una sonrisa divertida, ambos salieron para encontrarse con varios periodistas que querían felicitarlos —y sacarles unas cuantas palabras—, algunos amigos también y un alegre esposo y padre feliz de verse libre de tanta gente. La entrega del ramo quedó inmortalizada en varias fotografías, pero los más requeridos fueron ambos intérpretes, e Inu se apartó con una sonrisa para verlos e incluso aventurase de capturar el momento con su propio teléfono celular (tratando de pasar desapercibido, por supuesto). Muchos años habían pasado desde que viera a sus dos grandes orgullos juntos.
Cuando por fin pudieron hacerse con algo de privacidad la mujer preguntó de inmediato por quienes no estaban presentes. Inu le explicó que Kaede se había marchado y llevado consigo a Rin en cuanto el concierto hubo terminado, y que Jaken se había encargado de llevarlas; Byakuya y Kohaku aguardaban por ellos en el vestíbulo junto a Tsukuyomaru y su hija. Además, una pareja dijo que aguardarían para poder dedicarle al menos un saludo, siendo tanto el tiempo en el que no se habían visto, pero que no podían asegurar nada por su apretada agenda y corta estadía en el país.
—Su mujer se llama Gretel —dijo Inu, extendiéndole su brazo a su mujer. Sesshoumaru caminaba varios pasos delante de ellos—, ambos muy alemanes, aunque debo reconocer que el hombre era la reencarnación misma de Johannes si no fuera por su mentón cuadrado. Karl, Karl Strauss ¿De dónde los has conocido?, no recuerdo que los mencionaras antes.
—En una de mis giras, algunos años atrás —fue toda la respuesta de la mujer. Inu sabía que, por el tono que ella había empleado, no debía insistir con el tema.
En virtud del tiempo, aquella pareja que aguardaba por ellos ya no se encontraba presente. Las excusas ya se las habían dado a Inu, y fueron re transmitidas por Byakuya.
El día después del concierto fue, como cualquiera se lo esperaría, una mañana espectacular. Desde su cama la perspectiva del techo de su habitación fue diferente, el aire era distinto, la tensión de sus músculos era menor, el exterior parecía más apetecible que nunca. Si Sesshoumaru hubiese tomado desayuno con Irasue seguramente habría percibido el té más dulce, incluso el pan más sabroso.
Se levantó decidido a compartir ese éxito, sin embargo, ni su padre ni su madre se encontraban presentes en casa (aunque para ser justos, no planeaba hacerlo con ninguno de ellos). Jaken tampoco estaba por los alrededores, estaba en libertad total. Decidió caminar, hace mucho que no lo hacía por distancias tan largas.
El parque que tanto había evitado se volvía ahora tentador, las familias de fotografías no estaban todavía por ahí ni parecían estarlo en el futuro próximo. La sombra bajo un árbol se convirtió en el lugar perfecto para volver a pensar en cosas como sí mismo, en su trabajo, en su vida. Y para pensar, sin quererlo, en alguien más.
¿Desde cuándo había comenzado a rondar por su mente? ¿En qué momento comenzó a pensar en ella sin darse cuenta? ¿Cuál fue el momento en el que ella comenzó a preocuparle? Él había vuelto para descansar, para olvidarse de todo, para volver a empezar. ¿Cuándo comenzó otro camino al que tenía planeado? Él tenía un propósito. ¿Cuál era ahora? ¿Desde cuándo había comenzado a hacerse preguntas?
¿Desde cuándo, en el fondo, había cambiado?
Antes de darse cuenta cruzaba por la puerta del orfanato luego de ofrecerle un asentimiento de cabeza al viejo Totosai. El anciano le miró con cierto asombro, sin embargo rápidamente volvió la atención a su animal antes de que éste se escabullera de su vista (y de su historia, obviamente). A cada paso resonaba una leve nota. «Otra vez él», pensó. Por alguna razón tomó conciencia de que no era la primera vez que la escuchaba tocar exactamente esa misma melodía. ¿Sería acaso su compositor favorito? Debía realizar la pregunta cuando se diera la ocasión.
Todo estaba extrañamente silencioso a excepción de las perturbaciones que realizaban las cuerdas del piano en el aire. Se quedó cerca esperando que terminara y poder realizar su aparición. La espera fue en vano. Beethoven, Tchaikovsky, Grieg, Sibelius y Debussy, Chopin, uno tras otro, cada melodía más lenta, grave y melancólica que la anterior. Se preguntó cuándo debería entrar al salón, incluso si debía de hacerlo. El patio comenzaba a tomar vida. Algunos niños no le hacían el menor caso, otros se le quedaban viendo.
—¿Vas a estar toda la mañana ahí parado? —El tinte de burla en su voz contrastaba enormemente con la nostalgia que arrancaban sus dedos de las teclas del piano vertical. Su forma de tratarlo, tan personalmente, ya no le sorprendía. Sesshoumaru se miró los pies. «Los zapatos». No dijo nada pero entró de igual forma, terminando de cerrar la puerta corrediza tras de sí—. ¿Qué te trae por aquí?
El joven creyó que seguramente ella pensaba que estaría celebrando en algún lugar, quizá tirado en alguna habitación de hotel, o eso esperó que pensara para formular tal pregunta. ¿Por qué debía cuestionar su presencia? Prefirió no pensar en ello. En lugar de contestar tomó una silla y se sentó a su lado.
—Te equivocaste en el último movimiento —le dijo, acercando sus manos a las teclas—. La frase es así. Tú tocaste esto. Son sólo unas notas, y aunque la armonía no se vea afectada sí se pierde el significado. Debes tener cuidado.
—Lo sé, lo sé, error de principiante —se disculpó ella, restándole importancia.
—No eres una principiante —replicó, rápido—. Toma atención, son errores por estar distraída.
La chica suspiró. Verla así, de hombros caídos y siendo reprimida, le recordó que no era más que una niña. Una niña que no tenía futuro, no uno que él conociera al menos. Cayó en cuenta, entonces, de lo poco que sabía de ella: quién era su compositor favorito no era más que la punta del iceberg, faltaba saber cuáles eran sus demás preferencias, sus sueños y esperanzas, qué quería hacer cuando cumpliera la mayoría de edad y debiera abandonar aquellas paredes que la han albergado más de cinco años, aquellos preciados años de adolescencia.
Pero no preguntó. Odiaba hacer preguntas, ya bastantes le había hecho a su madre una noche algunos días atrás. En lugar de eso se prometió averiguarlo por su cuenta. Todo lo medianamente relevante respecto a ella lo sabría. Todo.
Rin se recuperó y volvió a tocar, siguiendo esta vez cada indicación que Sesshoumaru le daba (las cuales fueron muchas). Ayame apareció por la puerta al cabo de un par de horas para anunciar el almuerzo aunque poco caso recibió de los intérpretes. Ella nada sabía de música así que los dejó, dando a la anciana Kaede las excusas pertinentes; aun con la puerta cerrada podía oírse vagamente el sonido de las cuerdas al ser golpeadas.
Muy de vez en cuando Sesshoumaru se aventuraba a tocar parte de las piezas que ella interpretara antes para demostrar sus errores. Si bien era buena ejecutante y tampoco fuera una mala intérprete, sí le faltaba estudiar las piezas y la historia que había detrás de ella, ésa era la clave, según su punto de vista, de una buena interpretación. Pocas veces el mejor intérprete no era el autor mismo, se debía saber de él y de su obra para poder llevar a cabo una excelente interpretación.
A veces también se sintió también frustrado, hacía tiempo que no aprendía de alguien y nunca en su vida había dado clases a alguien más, le era difícil ponerse en el lugar de ella. Suspiros hubo muchos, tanto de parte de la joven como de él. Las horas pasaban y las energías se iban. Quién lo diría, después de un exitoso concierto, en lugar de atender la agenda que se le había formado de pronto, prefirió gastar su tarde entre aquellas paredes y sonrisas cansadas. No, no la había gastado. Fue tiempo bien invertido. Aquellas sonrisas fatigadas se habían tornado cómplices con cada obra; cada vez fueron necesarias menos palabras y correcciones.
Interpretación a interpretación podía prestar menos atención a las falencias y más podía dejarse llevar, adormilado sobre una de sus manos. Tan ensoñado se encontraba que casi no pudo detener su mano cuando estuvo a punto de correr un mechón de cabello azabache del rostro de ella y dejarlo tras su oreja, permitiéndole ver bien su rostro y las expresiones del mismo. Casi, pues atendió a su juicio y se detuvo. Se enderezó carraspeando ligeramente para aclarar su garganta. Ella, creyendo que algo había hecho mal, detuvo su interpretación.
—¿Sucede algo? —preguntó con aquella mirada inquisitiva, esa que lograba perturbar algo de su calma.
—Nada. —Se levantó y acomodó la silla en su lugar original—. Es tarde y debes comer.
—Tú igual. —Ella, desde el piano, le seguía mirando, y la invitación, implícita en sus palabras, fue difícil de ignorar. El silencio se prolongó por un rato, no sabría decir cuánto hasta que atinó a responder—. ¿Cuándo vendrás de nuevo? —se le adelantó ella.
—La próxima semana —respondió. No tenía algo que hacer el día siguiente, ni subsiguiente o el que le seguía a ese, simplemente, y tenía la leve sospecha de que cierto cabello azabache algo tenía que ver, no podía estar más tiempo allí.
Ella le sonrió, de esas sonrisas simples y de párpados juntos.
—Te estaré esperando —le dijo y, tal y como unos días antes del concierto, se dio la vuelta y continuó con su labor antes de que él terminara de abandonar el salón.
Sesshoumaru se marchó con sólo una interrogante en su cabeza: ¿quién era su compositor favorito? Indiscutible era que se le daba bien Mozart, y ciertamente aquél iba con lo que él creía su personalidad, rosa y campo de flores. Sin embargo, era otro compositor de la misma época el que predominaba por su cabeza, pues a ella parecía dársele tan natural a pesar de que su estilo era muy diferente al del joven prodigio Amadeus. Era una pregunta que debía resolver en los próximos días. Por el momento, debía comenzar a averiguar algunas cosas.
En el salón donde ambos pianos descansaban de sus arduos días de trabajo Sesshoumaru aguardaba por la información que había requerido. Ya había pasado casi una semana, tiempo más que suficiente para que cumpliera con su pedido y él cumpliera su palabra de volver. Pensaba en qué haría cuando tuviera aquellas hojas en sus manos, cómo se sentiría él (y ella) tras resolver algunas cuantas dudas. Qué tantas cosas podrían pasar de ahí en adelante, sólo podría decirlo cuando tuviera la información en sus manos.
—Jaken no te traerá lo que estás buscando. —La voz a su espalda casi —casi— le sorprendió, pero de alguna forma podía decir que la estaba esperando—. Ya se lo he ordenado, así que puedes resignarte. Sé lo que estás tratando de hacer, Sesshoumaru.
—¿Ah, sí? —cuestionó levantándose del sillón blanco, el preferido de su madre, para ir hacia ella—. ¿Y qué se supone que estoy haciendo?
—Investigar una vida que no es la tuya se llama "acosar", por si no lo sabías. —A pesar de la ironía de su voz, Irasue mostraba un rostro de piedra, más incluso que la habitual inexpresión de su rostro. Cualquiera con sentido común sabría que estaba enojada—. Te lo digo desde ya: quédate donde estás y no sigas, o te arrepentirás.
—No me digas que te preocupas por mí o por lo que cruza por mi mente, madre. No esperes que siga tu consejo.
—No lo espero, y por eso no te estoy dando un consejo. Es una orden. —Antes de que su hijo le interrumpiera, levantó una mano—. No pienses que me preocupo por ti, porque no lo hago. —Irasue arregló la chaqueta sobre sus hombros, tomándose su tiempo para sopesar las palabras adecuadas—. Si realmente te preocupas por el bienestar de Rin, no sigas investigando a una familia que no la quiere conocer.
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Tengo miedo de decirlo pero... ¡Hola!
Sé, nuevamente, que he demorado mucho :( El semestre se me vino encima, y no salió como esperaba, pero al fin terminó u_ú
Este capítulo es... cómo decirlo.. ¿lento? sí, es algo muy lento. Me costó mucho escribirlo, principalmente lo que está en medio, la forma de conectar el inicio con el final que ya había escrito (rara vez escribo de forma lineal). Parte de mí siente que sólo estoy complicando una historia simple, al menos yo al comienzo esperaba que fuera una historia sencilla, pero siempre termino complicando la vida de algún personaje, en este caso Rin :/
Ya me dirán ustedes qué les va pareciendo, es que sentía que tenía que dar explicaciones de todo, no puedo dejar las cosas sin explicaciones, no me gustan los vacíos, no del todo (si han leído Juego de Tronos y los siguientes libros, se imaginarán lo que disfruto con las teorías xD, y lo que sufro con los libros también)... Así que, siento divagar tanto en lo de Rin y su familia, en un comienzo era sólo "una huérfana", pero le quise dar una historia más complicada -.-"
Caliu: Me encanta que esta historia te genere tanta pregunta, ojalá no te haya perdido y llegues al final. Respecto a Sesshoumaru, traté de mantener los rasgos más serios de él; en un comienzo tenía problemas, pero decidió hacerlos a un lado y "olvidarlos", por así decirlo; se hizo una pausa y se encontró con Rin. ¿Mangas detectivescos? ¿Me recomiendas alguno? estoy en sequía de mangas y animes con la universidad Jajaja xd Saludos :)
Patohf: Gracias por tu comentario, ojalá puedas leer este capítulo y decirme qué te pareció, nos vemos!
Yoya121786: Hola! Lamentablemente no tengo fecha fija de actualización, creo que como a muchos autores me gustaría actualizar más seguido, pero me ha costado bastante :/ Ojalá no te pierdas los que quedan, saludos!
Breen Martinez: Por favor, no te disculpes, discúlpame a mí por demorar en actualizar, pero me hiciste muy feliz al saber que te acordaste y leíste el capítulo :) Me alegro que te guste la interacción Irasue-Sesshoumaru, al menos no quería que fuera algo totalmente frío como había leído hace algún tiempo (y por tiempo me refiero a años, hace mucho que no me paseo por el fandom :c), pero sí leí otros donde su relación era seria, algo distante pero había relación XD Lo mismo con Inu, la mayoría de los fics que leí (nuevamente recalco los años que hay de por medio) era una relación malísima, más que echada a perder, e Irasue era una perra :c No sé, me gusta creer que una vez hubo algo lindo entre ellos(?)
Elie G.S: Hola! Me alegro de que te gustara mi historia, se hace lo que se puede n~n Me dio mucha risa lo del hada de los dientes xD Y bueno, que creas en lo que escribo me hace muy feliz, a pesar de todo el drama que le estoy metiendo (a veces siento que ya parece teleserie :c), la idea es que sea algo creíble, que a pesar de ser un fanfic puedan disfrutar de él. Respecto al romance... no te puedo decir nada, sería un spoiler jaja Pero no serán muchos capítulos más, no te preocupes. Saludos, espero saber de ti pronto~!
Bueno, ya no divago más y los dejo hasta otro capítulo (que espero sea pronto xd)~
Saludos!
