VIII: Encuentro inesperado.

Hikaru:

— Mi trato es, será y seguirá siendo igual o peor director, sea su hija o quien sea. Salir a tardes horas de la noche, lo que es una de las falta grave al reglamento que usted estableció. Regla número uno: El toque de queda de la clase diurna es a las seis y treinta minutos. Clase diurna a las nueve en punto. Cualquiera que quebrante esta regla será sancionado-dicte la regla parada recta frente al escritorio y el director mirándome por encima de sus lentes directo a los ojos—. Además de eso… atacar a otro estudiante, para el colmo a un delegado o guardián… estuve en todo derecho de defenderme y no lo hice, ni siquiera la herí, esquive cada inútil ataque-explicaba y en respuesta mi superior me miraba con desaprobación con los brazos cruzados frente a su escritorio.

Adiós a mi amistad con Kaien y lo que es aún peor, a su deliciosa comida.

La pequeña Hikaru de estómago sin fondo llora desconsolada a lo que la Hikaru dietética se rie en una esquina.

— Entiendo, pero recuerda que estamos buscando la igualdad entre ambas especies para así ser capaces de convivir con ellos de una manera en la que no nos perjudicaremos. Eso de casi atacar aunque sea verbalmente a mi hij…quiero decir, a Yuuki Kuran o princesa sangre pura, les será un pecado e irán a por ti. No quiero que te hagan daño Hikaru-chan-explico ahora preocupado.

¿Quién entiende los cambios de humor de este hombre? Antes me estaba asesinando con la mirada porque su hija se lanzó ella sola voluntariamente a un árbol tras esquivarla, y ahora se preocupaba por mi bienestar.

— Para lo mucho que me importa esa "igualdad"-comente y este se apoyó del escritorio levantándose de repente por "profanar" su idea y levante mi mano en un gesto de "déjeme hablar"—. Sin embargo, yo respeto y trabajare bajo esas reglas, esa ha sido mi misión.

Lo que en verdad era una Gran y terrible mentira.

— Pero usted, creo que entiende más que yo que ese deseo suyo es algo casi imposible…Me retirare si no le importa, sé que tratara de llevarme la contraria, pero no cambiare de parecer. Tengo que seguir con mi jornada. No vaya a ser que otro "honorable ser superior" siga el ejemplo de la "princesa"-hice mi reverencia tras hablar con ironía y sarcasmo en mi tono de voz.

Salí sin esperar a que dijera "hasta luego".

Tampoco era como si lo esperara tras esas palabras.

Suspire con pesadez caminando rápidamente por los pasillos, razón por la cual mis pasos retumbaban en el piso de cerámica en la taciturna noche.

El ambiente que hacia me tenía tensa y desconocía la razón.

Sentía que algo me observaba, o alguien.

Al bajar las escaleras y salir al jardín, detrás del muro había una silueta, que en cuanto noto mi presencia cerca suyo salió a encararme.

— Vaya, al parecer hoy es el día de "hagan trabajar a la nueva delegada". ¿Es que hoy les dio la gana a todos los de la clase nocturna darse un paseíto o qué?-dije con un tono alegre con las manos en la cintura, el vampiro dio un paso hacia atrás al ver mi sonrisa juguetona.

¡Oh! No te asustes porque te puedo volver cenizas antes de que la brisa te sople una hebra del pelo.

Sin embargo, no podía disfrutar de desmembrar al chupasangre.

— Retírese al dormitorio Luna antes de que yo lo lleve a las malas, váyase por su voluntad Daiki Housen. Le conviene-dije al vampiro con el aura de madre naturaleza saliéndole por todos los poros de la piel pálida del vampiro.

El apuesto vampiro de pelo verde-para el colmo, porque no bastaba con que manejara la voluntad de las plantas, tenía que tener el pelo verde. Dicha cabellera estaba peinada hacia abajo y sus ojos amarillos me examinaron de arriba abajo detenidamente. Se acerco e hizo que su estatura de Altura 181cm…Tal y como decía el expediente, se hiciera notar aún más.

— Buenas noches señorita Yamanobe, es un placer el hablar con usted cara a cara-susurro tomando mi mano(a la fuerza) y dándole un beso a mis nudillos tras inclinarse un poco.

Mi piel se erizo con el contacto frio de su piel contra la mía.

Narradora universal:

El encuentro entre los orbes dorados del hombre y los orbes ambarinos de la chica fue algo que hizo que esta arrebatara su mano con disimulada repulsión de aquel ser frío. Frotándola contra su otra mano con suma repulsión por aquel beso atrevido que el joven había dejado por "cortesía" en sus nudillos.

El joven Daiki por este trato hacia su persona, se ofendió.

— ¿Qué ocurre? ¿Acaso no es el objetivo de esta institución la confraternización entre humanos y vampiros?-pregunto con voz ronca ladeando su cabeza

«Este ser despreciable me tiene harta, si tan solo fuera en mi patria ya lo habría vuelto polvillo de hadas».

— En efecto, pero no puedo obviar que usted está quebrantando las reglas respecto al toque de queda…joven Housen, también invade mi espacio personal al hacer tales cosas que a mi me resultan…repulsivas-respondió con una sonrisa idéntica a la suya—. Por lo que me veo obligada a escoltarlo a su dormitorio, no vaya a cometer otra falta al reglamento-agrego llevando su mano derecha a su pecho, haciendo una reverencia.

— Oh, usted es una joven muy correcta. No infringe ninguna regla, tampoco es vulgar y mucho menos falta al respeto a sus superiores. Tuve la oportunidad de presenciar el pequeño encuentro entre usted y nuestra princesa, por lo que no hubo ningún acto de agresividad hacia ella. Otro cazador la hubiese herido, sin embargo usted conservo su posición de delegada sin infringir ninguna regla…Me atrevo a decir que usted es una humana de gran calidad.

Aquellas palabras hicieron que ambos se miraran con sumo desprecio, en parte Hikaru lo miro con total repugnancia.

Repugnancia que no pudo esconder y se lo hizo saber.

— Le falta mucho para conocerme, y no diga de "gran calidad". No soy ningún saco de carne o sangre, y de ser ese el caso…Esos comentarios no están permitidos, ¿debo de comunicarme con tu superior para que usted me imite y conozca su posición?-pregunto con severa brusquedad, el tono dulce y sensual natural de Hikaru había pasado a ser grave, autoritario y tosco.

Pero las cosas se vinieron abajo antes de esta percatarse.

La castaña, sin embargo -sin percatarse si quiera- ya estaba elevada a unos metros de la tierra. Se encontraba atada por plantas bastantes consistentes de brazos y piernas, el libro que andaba leyendo había caído al suelo con las paginas abiertas y las lianas iban enredándose aún más en sus muslos.

— Sublime…Nunca me había interesado tanto en un humano-chasqueo los dedos y paso de estar vertical a inclinada. Todo el pelo castaño, largo y sedoso hacia adelante el cual el joven empezó a acariciar—. Hermosa y cuidada cabellera castaña, sedosa.

El joven vampiro se acercó más a la joven, colocándose a centímetros de su rostro. El chico cerro los ojos sintiendo la cálida respiración de la joven que no se había siquiera alterado un poco por la situación, por lo que el aliento fresco de la joven le hizo relamerse los labios.

Hikaru trago aguantándose las ganas de volarle la cabeza de igual manera de como el la ato, de una forma misteriosa despegar su cabeza de su cuerpo.

— Te doy cinco segundos para que alejes tus ramas de mi cuerpo, de lo contrario, no me encargare de los daños ocasionados a tu rostro afeminado-dijo la chica mirando con severidad al joven, con su temple neutro y sin embargo una sonrisa burlona por el ofendido circulaba en su rostro.

— ¿Sino qué? Justo ahora toda tu sangre está circulando hacia abajo y tu posición es perfecta para encajar en ese cuello bronceado tuyo mis colmillos-contesto el chico mirando ansioso el cuello de la castaña.

En ese momento Hikaru le escupió en el rostro, justo en la frente.

— Fíjate que ahora con mi saliva te ves más masculino-se rio por lo bajo Hikaru que con las navajas que traía agarradas a un sistema de palancas en las mangas salieron al hacer un movimiento brusco de muñeca, liberándole así las manos siendo esta capaz de destrozar todas las lianas con sus manos—. Es un desperdicio usar mi energía espiritual para romper tus ramitas, las navajas hechas de metal madre de esta ciudad tampoco son tan malas…a ver que tan bien te cortan en tajos-termino de quitarse los trozos de la planta del uniforme y tras pisar fuerte con su pierna izquierda y apoyarse de su cintura hizo una vuelta al punto de levantar su falda y hacer que el vampiro desviara la vista de su ataque a sus bragas (en realidad a sus nalgas) y que la patada que le venía directo a su rostro no le interesara.

Pero aunque el joven Daiki cerró los ojos esperando el impacto esta nunca llego.

— ¡Zero, suelta!-escucho gritar a la chica y cuando abrió los ojos. En efecto ahí estaba el pelo plateado mirándole con aquellos orbes lilas y las cejas fruncidas en una expresión de disgusto.

— ¿Planeabas matarlo y que yo me encargara de los cargos?-pregunto Zero a la castaña enojada ahora ignorando al vampiro. Daiki dirigió su vista a donde el delegado sostenía la pierna y noto que estaba haciendo fuerza, pero para el colmo lo más amenazante de esa patada, eran las cuchillas que sobresalían de los zapatos de la chica— Tienes una forma muy peculiar de exterminar.

Sin más la levanto y la subió en su hombro, quedando toda la parte delantera de ella-cabeza, pechos y cintura- en la espalda del y el trasero y las piernas en la delantera, procuro sostener sus piernas para que no se moviera demasiado. Ella trataba de moverse pero al parecer él la tenía bien inmovilizada-aunque podía zafarse no debía pues lo heriría y es su compañero-hasta que se rindió.

— ¡Housen, usted y yo no hemos terminado!-grito golpeando la espalda de Zero en lo que este caminaba y se alejaba.

El pelo verde sonrió y en cuestión de segundos desapareció planeando su próximo ataque.

Mientras más caminaban lo más que Hikaru se quejaba y lo más que Zero chocaba accidentalmente contra un árbol golpeándola en la cabeza.

— De acuerdo, ya llegamos-informo Zero a lo que abría la puerta de una habitación que Hikaru desconocía.

— Esta no es mi habitación-hablo Hikaru cuando la lanzo a la cama desorientándola un poco.

— Claro que no retrasada-entonces este se empezó a desvestir dejando a ver su torso desnudo, los abdominales marcados, la V de su pelvis…Hikaru tuvo que aclarar su mente y dejar de mirar el cuerpo de su compañero.

— ¿Entonces qué hago aquí? Nos vemos-se levantó nerviosa por dentro y decidida por fuera a irse.

Nuevamente la agarro, esta vez de la muñeca izquierda y la empujo hacia la cama. Se subió también con ella, llevo aquella mano hacia atrás de su cabeza y un incómodo intercambio de miradas se desato entre ambos.

— No te vas, dormirás conmigo devoradora de croquetas.