Naruto no me pertenece, es propiedad de Kishimoto, solo he tomado sus personajes para hacerlos protagonistas de la siguiente historia, la cual es de mi autoría en su totalidad.


Esta historia es una adaptación de mi primera publicación en Wattpad (por lo que contendrá OoC), si quieren pasarse y leerla en su versión original, son bienvenidos.

Pueden conseguirme en dicha plataforma bajo el mismo seudónimo.

Sin más que decir, ¡feliz lectura!


—No. Me. Jodas. —Dice Ino mientras entramos al restaurant que hemos decidido visitar hoy después de que pasara por mí al bufete.

—¿Qué pasa? —Pregunto después de que el encargado nos da la autorización para ir a la mesa que he reservado antes de salir con mi mejor amiga. Miro hacia donde ella lo hace y me congelo en el sitio.

Sasuke y Karin vienen hacia nosotros y... Él tiene su mano en la espalda ajena.

Pero, ¿por qué me sorprende tanto? Si al caso vamos es más que obvio que volvieron, y me alegra. Sólo espero que no le cuente sobre nuestro desliz, estaban separados, pero aún así resultaría desagradable.

Ambos deparan en nosotras y creo que quiero esconder mi cabeza bajo la primera mesa que está al alcance. Su novia me da una mirada y yo maldigo a mi amigo internamente, ya lo sabe. Se lo ha contado. La manera en la que me ha estudiado me dice que así es.

—Señoritas, ¿sucede algo? —Pregunta quién nos atendió antes, debemos dar la impresión de ser dos estatuas aquí paradas. Ino le responde con amabilidad y cuando termina yo empiezo a caminar, ella me sigue.

Tendremos que pasar junto a ellos y justamente ahora es de las cosas que menos me apetece.

Siento la mirada de Sasuke sobre mí y reprimo las ganas de golpearle su lindo rostro. Imbécil. Mantengo la compostura y sigo caminando.

—Buenas tardes. —Murmuro y sigo mi camino. Ino viene detrás de mí y cuando tomo asiento en nuestra mesa evito mirar en la dirección de la pareja re-formada.

—Se han ido, y él no ha quitado la mano de su cuerpo. —Chilla mi amiga indignada y yo me dedico a hablar con el camarero y darle a conocer lo que querré—. Saku, ¿no te molesta?

La miro y después niego.

—¿Por qué debería hacerlo? Es su vida. —Señalo hacia el hombre todavía de pie junto a nosotras—. Ahora pide y deja de hacerlo esperar que debe tener otras cosas que hacer.

El camarero sonríe aún cuando ella pide y hasta al retirarse. Luce su inmaculada dentadura con orgullo.

—¿Hablas enserio? ¿No te molestó? —Le doy una expresión cansada—. ¿Ni un poco?

—Te dije que no, es su vida.

—¡Pero ustedes se acostaron! —Habla más fuerte de lo que hubiese querido y yo miro a todas partes, afortunadamente o nadie nos escuchó o se hacen los que no lo hicieron.

Ahora si me molesto un poco.

—Podrías bajar la voz y dejar el tema de una buena vez, Ino, por favor. —Gruño.

—Lo siento, no quise gritarlo. —Se disculpa con el ceño fruncido—. Sólo que pensé que como no se hablan desde el fin de semana, verlo, y más aún encontrarlos juntos, crearía una reacción en ti.

—Pero no lo hizo. —Bufo cuando con su rostro me indica que no me cree—. Como te dije el viernes, lo sospechaba así que no es sorpresa alguna. ¿Qué pensabas que haría? ¿Gritarle, insultarlo, tirarle agua al rostro...? —Me burlo.

—Esto es un tema serio, Sakura.

—¿Por qué?

—Porque ustedes —Esta vez sí se mide—, lo hicieron y su relación cambió.

—Nada ha cambiado. —O eso quiero hacerle creer.

—¿No? ¿Me crees retrasada?

—Ino, ya para con esto. —Veo al camarero venir con nuestras órdenes y creo que es un ángel, por lo menos me salvará de la lengua de mi mejor amiga unos minutos, y tendré la excusa para mandarla a callar: La hora de la comida es sagrada y en ésta no se discute.

Justo ahora amo las reprimendas que mamá me daba de pequeña.

El joven llega hasta nosotras y dispone nuestros platos de forma adecuada, no deparo mucho en que me mira. Eso es típico en los hombres de hoy.

—Les deseo un buen provecho. —Dice, y su voz es masculina, pero joven. A lo mucho tendrá 20 años. Me regala una sonrisa que yo no dudo en responder y después se marcha.

—Otro más que babea. —Comenta mi acompañante entre risas, yo la imito y después nos ponemos manos a la obra con nuestra comida.

El viernes llega, y pese a ser fin de semana, no estoy muy contenta. Hoy es la junta en Uchiha Interprises.

Me levanto de la cama y tomo una ducha, lavo mi cabello y lo seco un poco, después lo peino y lo recojo en un moño alto que no deja que se escape ni un mechón rebelde. Escojo una chaqueta blanca con una camisa esmeralda debajo y una falda del color de la primera prenda. Me monto en unos zapatos cerrados de tacón no muy alto. Me maquillo sutilmente y aplico color nude a mis labios, que se vea simple pero profesional. Me echo un poco de perfume, reviso mi maletín donde está la carpeta que dio inicio al caso más algunos apuntes y me preparo para salir, no sin antes beber una gran taza de café.

—Todo irá bien, Sakura. —Me digo a mi misma y salgo de casa.

Me tardo un poco en tomar un taxi, pero al final lo consigo y llego justo a tiempo, que bueno que salí con tiempo de sobra. Detestaría no ser puntual hoy.

Llego a la recepción y como la vez anterior, espero a que me autoricen para poder pasar hasta el ascensor. Cuando lo hacen, la mujer que me ha atendido me detiene al hablar:

—El señor Uchiha la espera en la sala de juntas. —Eso ya lo sabía pero de igual forma le agradezco y me encamino, sin interrupciones esta vez, al lugar pactado.

Las puertas del ascensor se abren y yo quedo un poco desorientada por el lugar, nunca había pasado por aquí y su amplitud y elegancia me distraen por segundos.

Dejando el despiste de lado, voy hasta la puerta de la sala de juntas y la abro. Dentro está Sasuke con su asistente. Ambos deparan en mí, saludamos y después la mujer se retira. Quedamos solos así que voy al grano.

—Tenemos 15 minutos para ponerte al día sobre lo que escucharás, así que estate atento.

Sus ojos oscuros me miran confundidos, se levanta de la mesa que por cierto preside.

—Es bueno ser profesional, pero un saludo normal entre personas que se conocen de años no está fuera de lugar.

—Hola, Sasuke. —Musito reprimiendo las ganas de rodar mis ojos—. Escúchame atento que no tenemos tiempo.

Ni ganas de perderlo.

Me hace un gesto para que me siente en la silla a su lado y cuando ya estamos mucho más cómodos, abro mi maletín.

—Después de que realicé la visita de conocimiento para el caso, he investigado un poco más.

—¿Y qué has encontrado?

—Quiere dinero, eso es obvio, pero no por lo que pensábamos.

—¿Entonces por qué?

—Tiene su casa hipotecada desde hace unos meses, mucho antes de que todo ocurriera, he contactado a algunos colegas y me han comentado de que están por quitarle su hogar sin miramientos ya que el plazo ha expirado.

Sasuke me mira un instante y después sus iris se tornan lejanos, está pensando, analizando todo.

—Entonces quiere utilizar la empresa como salvación.

—Así es. —Saco un pequeño informe y se lo entrego—. Hice los cálculos necesarios para su pensión por invalidez y efectivamente, necesita la mitad del dinero que le llega quincenal para pagar sus terapias y consultas, más la otra parte le sirve para vivir cómodamente, sin mucho lujo pero bien, por lo que un aumento del pago es totalmente innecesario.

—¿Y si se queda sin casa? —Pregunta, ese es un punto que no me gusta, pero hay que ser justos, no tiene porqué correr con los gastos de otra persona con la que nada tuvo que ver hasta el día del accidente.

—Eso escapa de nuestras manos.

Lleva las manos a la gran mesa de roble pulido y las entrelaza sobre su boca, ayudándose de la firme superficie.

—Sakura... —Empieza a decir cuando es interrumpido por el sonido de la puerta. Accede a quienquiera que toque y su asistente vuelve.

—Señor, ya ha llegado Murt y su abogado. —Anuncia.

—Hazlos pasar.

Poco después aparece un señor mayor con canas y gafas que al instante depara en mí, seguido del afectado. Por Dios, es joven. No llegará a los 30 años y ya tiene discapacidad.

Me repito una y otra vez que tengo que ser profesional, que sea un joven pasando por un mal momento no da pie a que actúe como lo está haciendo.

—Buen día. —Saluda el abogado con voz firme—. Soy Kurozi Ardid —Nos da la mano y después presenta al restante—, y él es Scott Murt.

—Sakura Haruno. —Respondo y miro a mi lado—. Y Sasuke Uchiha, como ya sabrán.

Ellos asienten y nos sentamos, Sasuke y yo del lado derecho y los otros hombres frente a nosotros.

—Señores, hemos accedido a venir, como ya sabrán, para mediar términos y condiciones que han sido editados o moldeados en conveniencia a la empresa, motivo por el cual mi cliente está inconforme.

Miro al aludido, quien evita hacer lo mismo directo a mis ojos, no me pasa desapercibida la gasa que envuelve su extremidad, ha perdido gran parte de éste.

—Entendemos eso, pero por favor, ¿podría especificar paso a paso lo que a su cliente le molesta? —Pregunto.

El señor me sonríe levemente y abre su maletín, de allí saca lo que parecer ser un contrato y lo pone frente a mí, tiene algunas cláusulas resaltadas.

—Como puede ver, señorita Haruno —Señala la primera oración resaltada y repite—: Cualquier trabajador que resulte herido en el ámbito laboral mientras cumpla su labor, será remunerado, o podrá obtener pensión de invalidez sí las pruebas necesarias son presentadas según sea el caso, como ahí lo dice, mi cliente fue remunerado, aunque no adecuadamente. —Busca otro archivo y no me lo entrega, sólo lo lee—. Los gastos de hospitalización y la debida atención médica fueron calculados mediante el estado en el que se encontraba mi cliente —Asiento, esperando a que continúe—, más no basándose en los gastos posteriores.

—Señor Ardid, permítame recordarle que el estudio se realizó nuevamente después de que el involucrado fuese dado de alta, lo estipulado resultó ser 10.000 dólares mensuales que se le depositan en dos partes, cuyo monto debo recordar, está muy por encima del sueldo de cualquier trabajador, no obstante es lo que se necesita para que su recuperación sea plena y lo más llevadera posible. —Ahora es mi turno de mostrar estadísticas, las cuales observa atento—. Cada una de las necesidades del trabajador están suplidas según mi parecer: salud y alimentación de por vida no lo obtiene cualquiera.

—¿Pero a qué costo? Perdí un brazo. —Habla por primera vez el demandante.

—Y lo lamento mucho. —Digo sinceramente—. Pero no me parece que la demanda sea necesaria. Guiándome por testimonios y pruebas fidedignas gracias a las cámaras de seguridad. —Su rostro parecer perder color—. Usted se encontraba bajo los efectos del alcohol cuando todo ocurrió, en horas laborales, se quedó dormido cuando no debió y el resultado fue catastrófico para su persona pero no por eso es menos culpable. ¿Lo recuerda?

Joder, no me gusta tratar mal a un hombre que recién ha tenido un accidente y está cerca de quedarse sin hogar, pero es mi trabajo. Defender los derechos de cada quien, aunque a veces apeste.

—No ingerí alcohol, sólo era café.

Su abogado lo silencia y pide unos segundos a solas para poder salir y planificar nuevas estrategias sin nuestra presencia. Abandonan la sala y yo me quedo con Sasuke.

Nos miramos el uno al otro y recuerdos poco apropiados llegan a mí. Desvío mi vista de él y me entretengo con mis archivos.

—¿Sabes algo, Sakura?

—No, ¿qué?

—Nunca pensé que ser defendido por una mujer se pudiese sentir tan bien. —Bromea en medio de una tensa pausa y yo rio un poco. Así es mi mejor amigo, serio y bromista cuando la ocasión lo amerita.

Los visitantes vuelven a hacer acto de presencia.

—Señores, he conversado con mi cliente —Dice el mayor—, y ha accedido a terminar está disputa con una sola condición.

—¿Y cuál es? —Indago.

—Que su pensión sea aumentada. —¿Y eso se supone un avance?—. Para después ser eliminada, sólo necesita incrementarla hasta que su brazo cure, de ahí podrán dejar de ser responsables.

Lo escucho y no lo creo, estarán desesperados, pues esa medida es buena para ellos solo momentáneamente.

Miro a Scott.

—Señor Scott, ¿podría preguntarle algo?

Mira a su abogado y después accede.

—Sí.

—¿Tiene esto algo que ver con la hipoteca de su casa, no es así?

Su representante en esta ocasión me mira y sonríe, sabiéndose sin cartas. Esto es absurdo, desde un principio se lo dije a Sasuke, pero hay que ser conscientes y ponerse en los zapatos del trabajador para entenderlo.

—No quisiera hablar de eso. —Elude.

Yo miro a mi amigo y con nuestras miradas nos comunicamos, sabían que no tendrían oportunidad en esta demanda y aún así siguieron adelante. No sería de extrañar que el señor Ardid en realidad fuese amigo de Murt y que solo por eso haya accedido a respaldarlo.

—No es necesario. —Anuncia el pelinegro a mi lado—. Ya estamos al tanto de su situación y el motivo que lo llevó a hacer esto.

Creo ver algo de vergüenza en el rostro del lesionado.

—Entonces me entenderán. —Responde.

—También imaginarán porque hemos decidido hacer un alto a la situación y así evitar una demanda por difamación. —Comenta el abogado. Dio en el blanco con uno de los puntos que tenía preparado en su contra, pero que me abstuve de exteriorizar.

—Así es.

—Entonces, ¿qué dicen?

Busco a Sasuke con la mirada y él no me expresa nada, estoy por pedirles unos minutos a solas para conversar con él cuando habla.

—Creo que tengo una mejor idea. —Su voz se escucha decidida, como la de todo un hombre de negocios—. ¿De cuánto es la hipoteca de tu casa, Scott?

El nombrado baja la mirada y dice casi en un susurro.

—60.000 dólares, señor Uchiha.

—¿Y cuando vence el plazo?

Yo sólo me dedico a observar el intercambio de palabras entre los dos hombres, creo saber a dónde quiere llegar.

—En tres días.

Mi mejor amigo suspira a mi lado y sentencia después:

—Pasa por mi oficina, Uchiha Interprises te facilitará el monto necesitado.

—¿Qué? —Dice el otro, incrédulo.

—Disculpe, Uchiha, ¿podría explicarme esta decisión? —Interviene el abogado, con la misma sorpresa que el demandante.

—Sé que puedo ayudarlo, considérelo como un préstamo gracias a los años de trabajo que Scott dedicó a mi empresa. —Me mira a mí y pregunta—: ¿Habrá algún problema con mi decisión?

—No, ninguna. —Tomo la batuta de la situación—. Si la empresa decide realizar el préstamo, cuya respuesta ya es obvia, podríamos buscar una forma en la que ninguna de las dos partes salga afectada. Como por ejemplo, un descuento fraccionado.

—¿Eso qué quiere decir, señorita Haruno? —La esperanza en su voz hace que casi quiera abrazar a Sasuke por su solidaridad.

—No me parece justo que después de lo sucedido, usted desista de la pensión por invalidez, cosa que me lleva a una sola respuesta: La empresa le facilita el préstamo hoy mismo, así sale de deudas y sobre todo, va a seguir recibiendo sus pagos al día, sólo que estos tendrán un monto menor, de esa forma, mes a mes podrá pagar su deuda, después de saldada su monto volverá a ser el mismo, 10.000 dólares al mes.

—Me parece una buena idea, ¿de cuánto fraccionamiento estaríamos hablando? —Pregunta interesado el abogado.

Para responder tengo que comunicarme con mi cliente, así que después de contar con su opinión, les doy a conocer la decisión:

—1.000 dólares al mes, 500 cada quincena.

—¡Eso es perfecto! —Comenta Scott. Le sonrío con amabilidad, pese a lo que imaginé en un principio este hombre sólo estaba movido por la necesidad y no por codicia.

—Supongo que ya no habrá más que decir. —Dice el mayor, levantándose y extendiéndome la mano.

—Sólo una cosa: Pasen por la oficina de Sasuke a recoger el cheque y firmar el pagaré que yo mañana les enviaré el nuevo acuerdo escrito. ¿Les parece?

—Sí, muchas gracias. —Me dice el ex-trabajador para después dirigirse a su antiguo jefe—. Lamento las molestias, señor, le agradezco esto mucho. Mi madre también lo hará, muchas gracias.

—Me alegra quedar en mejores términos. —Alega mi amigo extendiendo su mano y despidiéndose de mí para ir a realizar el cheque mientras yo hago las llamadas pertinentes para dar fin al caso. Antes de irse me pide que lo espere, que necesita hablar conmigo. Accedo un poco nerviosa por el tono con el que me ha hablado y cuando se va no me muevo de mi lugar.

Unos minutos después entra su asistente con un café igual de exquisito que el de la otra vez. Sonrío porque me conoce y este gesto inesperado se me hace agradable, la joven mujer se marcha diciéndome que mi mejor amigo volverá pronto.

Espero pacientemente, distrayéndome con mi teléfono y bebiendo a sorbos mi bebida.

La puerta se abre repentinamente y yo miro hacia allí, esperando encontrarme con Sasuke de pie, pero no, no es él.

—Oh, hola. —Saluda.

—Hola, Karin. —Respondo con una sonrisa tensa cuando me da un repaso completo con su mirada.

—Pensé que Sasuke estaba aquí, así me ha dicho la recepcionista.

Me levanto de mi asiento y comienzo a guardar mis cosas con cuidado.

—No, se ha ido hace poco a su oficina para concluir la reunión con el trabajador que perdió parte del brazo.

Sus labios se separan, esbozando una auténtica expresión de sorpresa y tristeza.

—¿Perdió parte del brazo? Santo cielo, no sabía de esto.

Me encojo de hombros mientras cierro mi maletín, ya me quiero ir. No me siento capaz de mirarla a los ojos después de todo lo que ha pasado.

—Sí, bueno. —Salgo de detrás de la mesa—. Seguramente tendrá tiempo para explicártelo luego.

Camino hasta la puerta dispuesta a salir del lugar.

—Sí, de seguro... ¿Ya te vas?

Me detengo frente a ella y asiento, desvío mi mirada hacia el espacio disponible para salir.

—¿Me harías un favor, Karin?

—Claro, ¿cuál?

—Dile a Sasuke que me ha surgido un imprevisto y que mañana al terminar el trámite pendiente le llamó para avisarle.

—Muy bien. —Suelta sonriente.

—Adiós.

Salgo de allí expulsando el aire retenido en mis pulmones. Sabía que debía irme a penas terminara la reunión.

Diablos, ¿siempre será así de ahora en adelante?


Espero que queden conformes con este nuevo capítulo. Creo que tardaré un poco más en subir el próximo, así que les pido un poco de paciencia:3

Saludos.