Derechos: Los personajes le pertenecen a S.M, quien es la que nos hace soñar con cada uno de ellos, cualquier otro personaje que no sea identificado, es totalmente mío, como la historia.

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Capítulo 9

Escucho a Renata gritarme y reclamarme, he aprendido a convertir sus chillidos en ruidos sordos para así no lastimar mi audición. Años y años de práctica lo logra de una manera magistral. El mando está en el cerebro decía mi profesor de música del instituto. Me enseñó a educar mi oído y ahora me sirve para no escuchar sus berrinches sin razón, pero solo me dura hasta cuando el nombre de Bella y la palabra "padres" sale de sus labios.

—Es-spera, ¿q-qué? — sacudo la cabeza, buscando muy en el fondo de mi memoria el por qué ese nombre salió volando de sus labios.

—¡NO TE HAGAS EL DESENTENDIDO, EDWARD! — grita, su cara roja como una manzana.

—¡No sé de qué hablas! — le grito/susurro a Jane, no queriendo que las niñas escuchen nuestra discusión. —Pensé que hablabas de Tanya, — sacudo mi cabeza confundido — ¿no estabas hablando de ella?

Jane ríe, una carcajada seca y sin sentido. Sus ojos azules me miran intensamente, hace tiempo que no me miraba de esa manera. Ella es una mujer frívola, pero hubo un tiempo donde esos ojos resplandecían de calor.

—¿Tanya? — repite, incrédula. — hace tiempo que dejé de reclamarte sobre ella, Edward. ¿cuánto tiempo tiene desaparecida del mapa? — sus uñas largas se pasean por su quijada, danzarinas. —¿cinco años?

—¿Entonces, ¿qué haces…? — dejo mi pregunta a la mitad, entendiendo repentinamente lo que me quiere decir.

—Eso, Edward. — se acerca unos pasos donde estoy. — Esto tendré que reportárselo a sus padres. Ella es menor de edad.

—N-n-n-n-n-n-n-n-no…— gruño, apretando mis manos. Mis nervios y rabia fluyendo libremente por mi cuerpo.

—¡He ahí — gruñe— ni siquiera lo puedes negar! — apunta a mi obvia crisis nerviosa que estoy teniendo ahora.

Mi boca se seca y las palabras quieren salir tan rápido de mí que no sé por dónde empezar. Antes de cometer un delito, salgo de la habitación, azotando la puerta en el camino. En el pasillo recuerdo que voy a llevar a las niñas a sus destinos, así que inhalo aire tan fuertemente que se queda atrapado en mi garganta, mis ojos picando por las lágrimas de la miseria.

Bella y yo… nuestro único pecado fue quedarnos dormidos sin antes asegurarnos que la composición se grabó correctamente.

Sacudo mi cuerpo, alejando ese sentimiento de rabia de mi cuerpo. Me estremezco del coraje, pero dejo a un lado todos mis sentimientos mientras comienzo a bajar las escaleras.

Tenía un lugar en mente donde quería llevar a Bella y, mientras lo pensaba, el coraje fue siendo sustituido por la emoción y ansiedad. Así que prácticamente terminé trotando hacia la salida.

Veo a Renata empujar con el hombro a Bella mientras ellas van saliendo. Bella se tambalea un poco y se sostiene de la pared a su izquierda, llego rápidamente a su lado, buscando en su rostro alguna señal de molestia, pero esos ojos chocolates me atrapan cuando me veo reflejados en ellos.

—¿Estas bien? — mi mano automáticamente busca un lugar en su brazo, su contacto quema.

La mirada encendida de Bella se dirige hacia Renata rápidamente, sus labios apretados en una fina línea, pero cuando regresa a verme se convierten en una sonrisa dulce. Acomoda su mochila en el hombro, quiero quitársela, mas sé que no me dejará.

Pequeña Juilliard Biónica y terca.

—¿Tienes algo qué hacer hoy? — pregunto y rebusco en las profundidades de sus ojos, en mi mente ruego porque me diga tiene la mañana libre.

—Solo ir al fisioterapeuta.

—Está bien, — algún ser supremo está poniéndose de mi lado. — Primero iremos a dejar a Renata a lo de Claire — espero su aprobación, ella asiente un poco ausente, mirando a mis ojos. —Te enseñaré algo muy especial, pequeña Juilliard Biónica.

Continuo mi camino hacia el carro, dejándola con una sonrisa en sus labios. Me encanta que esto de su pierna se lo tome tan natural, una verdadera luchadora. Abro la puerta del auto y con una pequeña inclinación les doy paso a las niñas para que suban.

Renata sonríe abiertamente. Siempre peleamos, no nos llevamos bien, pero este gesto la derrite tontamente y esa sonrisa abierta y tan natural me recuerda a cuando ella era una pequeña y esperaba toda la tarde por mí para su lección de piano.

NPI•

El camino a la casa de Claire fue en silencio, Renata tarareó una canción con sus audífonos puestos en sus oídos. Miraba a Bella divertido por las muecas que hacía mientras rodaba los ojos. Dios, a veces resultaba tomarse la etapa adulta de manera responsable, pero en estas cosas la veía infantil y libre, responsable aun, pero a su ritmo.

Dejamos a Renata, Jacob sale a recibirla. Él estaba sin camiseta, gotas de agua cayendo por su torso desnudo. Hijo de un gran amigo, pero la mirada que le dirige a Bella no me gusta y ni siquiera puedo decir algo porque Renata podría mal interpretarlo.

—¡Hola, Edward! — su sonrisa de Colgate brillando hacia nosotros. Hago el intento de una sonrisa y asiento en dirección a él.

—¡A Jasper no le va a gustar nada verte así! — le grito de regreso.

Jacob se encoje de hombros.

—Claire es novia de Quil y Quil es parte de la manada, lo que quiere decir que los Hale también lo son.

Me rio fuertemente por su analogía, Jasper la va amar y yo estaré encantado de ayudarle a enterrar el cadáver. Mi sonrisa muere cuando por accidente la veo a Bella recorrer los pectorales de Jacob con sus ojos, incluso sus gafas de sol han sido puestas sobre su cabeza.

—Dime que tiene menos de dieciocho…— murmura Bella.

Gruño y mi gruñido se esconde con el sonido del ronroneo del carro.

—¡No me digas que es el novio de Renata! — expresa toda sorprendida.

—No.

—¿Entonces, por qué estas molesto?

—No estoy molesto— prácticamente gruño, luego quiero patearme porque sonaba molesto.

—Sí lo estas— dice, acomodándose entre el asiento del piloto y copiloto. — Ese ceño fruncido— señala. — en la mañana también lo tenías y cuando bajaste de tu cuarto estaba más pronunciado aún.

La miro a través del retrovisor, sus ojos chocolate viéndome como queriendo leer mi mente. Le sonrío para tratar de tranquilizarla.

—Creo que éstas loca, — dije sacándole la lengua. —Ahora sí, soy todo tuyo, ¿Dónde desea que la lleve señorita Biónica?

Bella rio abiertamente, mientras buscaba en su mochila lo que sea que necesitaba. Luego me pasó un papel pulcramente doblado, estas pocas semanas me había dado cuenta que todo era ordenado y limpio con ella. Sus apuntes, su computador, su ropa… su lado de la habitación que compartía con Renata es muy impecable, claramente se nota el contraste de personalidades.

Parqueo cerca de un conjunto de edificios en Brooklyn, por fuera no parecía ser un centro ortopédico, apenas se podía divisar un gimnasio y el letrero colgando de un pilar de hierro forjado. Me quito el cinturón de seguridad y bajo del carro enseguida para ayudar a Bella con sus cosas, tiene su bolso entre sus manos y cuando me da una para apoyarse en mí, algo pasa. Ambos nos quedamos viendo, ella asustada con sus grandes ojos café mirando directamente a los míos. Es como si mirara mi alma con su alma. Nuestras manos siguen en contacto y mi corazón a mil por cien.

Esa corriente… esa corriente ya la había sentido antes. Leve, estremecedora. Llega hasta la punta de cada uno de mis nervios.

Estoy seguro que ella siente lo mismo y está asustada, tal como yo lo estoy. Ambos no sabemos qué hacer, ella quiere soltar mi mano, pero yo la aprieto más y una sonrisa tímida cruza por sus labios. A la luz del sol pareciera que brillara, sus hebras caobas resaltan más con los rayos solares, sus ojos más vivos que nunca y su piel traslucida que parece brillar en millones de pequeñas partículas de diamantes.

—En-entonces…— murmuro, nervioso. —¿Te…— respiro hondo, mirando sus ojos, — recojo en una hora?

Bella asiente y tira un poco más fuerte su mano, separándose de mí. Echo un último vistazo de ella, como si fuera a desaparecer. Asiente con la cabeza, mientras se hace a un lado para cruzar directamente por la puerta del edificio de piedra caliza que está detrás de nosotros.

Me quedo ahí, por unos segundos. La piel de mi mano me hormiguea. Doy un par de palmadas en mi mandíbula, como si quisiera despertarme de un sueño.

NPI

Una hora después vuelvo a parqueas afuera del complejo de edificios de piedra caliza. Salgo de mi auto y corro hacia el interior que me impacta por completo; es moderno, grandes paredes pintadas de blanco hacen parecer más espacioso. Sus ventanales que van del techo al suelo y grandes lamparas de araña colgando del techo. En una pequeña isla en un rincón de la recepción se encuentra una chica, sonriendo abiertamente cuando me acerco a ella.

—Buenos días, caballero, ¿en qué puedo servirle?

—Buenos días, — murmuro, un poco avergonzado por no saber hacia donde dirigirme. —estoy buscando a Isabella Swan.

La chica frunce el ceño mientras busca en su monitor el nombre de Bella.

—Disculpe, no tenemos a ninguna Isabella Swan registrada aquí.

—¿Cómo que no? — le apunto al monitor, mi cuerpo temblando por el pensamiento de que Bella posiblemente esté perdida — vuelva a buscar, yo la dejé aquí hace una hora.

—¿Cuál es la especialidad?

—Ortopedia.

—Señor, aquí no hay ninguna doctora Swan.

—Oh, no es doctora, es una paciente.

—Lo siento, pensé que estaba buscando a algún médico, tome asiento mientras le busco a la paciente.

Me señala una fila de asientos que detrás mío, le sonrío y camino hacia ellos. Por un momento creí que estaba confundiéndome de edificio y estaba a punto de salir a buscarla en edificio por edificio.

—Sr. Swan, su hija estará en breve lista— asiento, cerrando los ojos.

Es como un choque contradictorio, esta mañana peleaba con Jane diciendo que Bella prácticamente era como mi hija y que estaba loca si ella pensaba que podría haber algo con ella, pero ahora escuchándolo de boca de otra persona algo se apretujó en mi estómago, como si me propinaran un golpe duro que no veía venir.

Quince minutos después Bella sale del ascensor, risueña como siempre. Sus ojos bailan por toda la sala y cuando me localiza brillan de una manera cegadora. Una sonrisa se forma automáticamente en mi rostro y enseguida me pongo de pie cuando ella se para frente a mí.

—¡EDWARD! — grita entusiasmada mientras brinca a mis brazos, la recibo celosamente y trato de mantener la distancia con su cuerpo, aunque ella no me ayuda y se pega a mí con sus brazos alrededor de mi cuello.

Miro a mi alrededor y observo como las personas que pasan a mi alrededor nos ven con expresiones de sorpresa y juzgándonos. No hay nada que juzgar, ¿no? Solo somos nosotros en un abrazo inocente…

—Vámonos si quieres llegar con tiempo a tu audición, — murmuro, alejándome despacio de ella, quien parecía estar en un mundo paralelo.

Caminamos hacia el carro en completo silencio y cada quien se acomodó en su asiento. Voy pensando cómo romper este silencio que, aunque no era incomodo en mi cabeza estoy haciendo pelotas mis sentimientos.

En la mañana podía jurar por mi hija que no tenía sentimientos por Bella, pero no estoy seguro de ahora. Luego de que la recepcionista me haya confundido por el padre de Bella mis sentimientos y pensamientos están revueltos. Mi cordura me dice que deje de prestarle atención a mi corazón. Tenía tiempo que no le ponía atención, no es que no quiera de alguna forma a Jane, pero ella no precisamente fue el amor de mi vida.

Para romper este silencio, se me ocurre hacerle una broma a Bella.

—Hay malas noticias, — me detuve en la roja. Bella se acomodó en su asiento, mirándome con atención. Apretó los labios en una fina línea, tratando de no reír.

—¿Qué pasó? — sus ojos curiosos danzando, mirando todo a su alrededor como si la "mala" noticia estuviera visible.

—No se guardó la composición— dije poniendo expresión apenada.

Los ojos de Bella se abrieron aún más, casi saliendo de sus cuencas. El terror ganó lugar en su expresivo rostro. Me arrepentí enseguida al ver lagrimas formarse en sus ojos. Ni siquiera puede formular alguna palabra, está en estado de shock. Un puchero se formó en sus labios antes de estallar en llanto. Parqueo rápidamente a un lado de la autopista.

—¡SUÉLTAME! — grita cuando siente mis brazos a su alrededor. La ajusto lo más que puedo entre mis brazos, peleando con su furia por estar molesta.

Susurro "es una broma" en su oído mientras siento cómo su cuerpo se relaja. Mis manos pasando suavemente por su espalda, calmando los hipidos. Una vez que la siento suspirar, alejo su cuerpo del mío y con ambas manos acuno su cabeza. Sus ojos rojos y su nariz colorada como Rodolfo el reno me hace sonreír.

—Lo siento, — le susurro.

Ella asiente, apoyando sus manos en las mías. Sonríe, aun con los ojos rojos y acuosos. Le sonrío de vuelta, tratando de pasar aquel nudo que se formó en mi garganta por verla llorar… por mi culpa. Esos ojos chocolates excavando profundamente en los míos, como leyendo mi mente. Quiero cerrar los ojos, pero su intensidad no me deja. Mi mano se entierra en su espesa cabellera oscura y la acerca a mí, lentamente, sintiendo esa electricidad recorrer por ambos.

Intento no hacerlo, pero mi cerebro está en modo automático y no sigue órdenes. Por dentro mi consciencia me dice que no debo hacerlo, mas cuando sus labios tocan los míos pierdo aquella gota de raciocinio que quedaba en mí.

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¡HOOOOOOOLA! Primero pido mil disculpas por demorarme en esta actualización, estoy pasando por un problema de salud un poco complicado y no había tenido como que muchas ganas de escribir. Gracias por la paciencia, espero poder tener la próxima semana el siguiente capítulo.

Pero, ¿cuéntenme qué tal les pareció? Estoy que alucino porque esto no lo tenía planeado para esta altura, mas ya está aquí y… ¡AL FIN UN ACERCAMIENTO! ¡Comenten! ¡Comenten! ¡Comenten! ¡Que esto comenzó arder!

Hasta luego y que tengan una linda semana,

Mel de Lutz.