Mis queridos lectores;
Antes que nada, un cordial saludo a todos y cada uno de los asiduos y no tan asiduos seguidores del fict. Espero con este capítulo, disminuir el considerable número de mails que amenazaban con atentar contra mi persona, sino actualizaba más pronto que la última vez.
Gracias por todos los RR que han dejado, espero fervientemente que lo sigan haciendo, ya que eso me deja saber que tan bueno es mi trabajo, y si gusta o no.
Ahora, sin más dilaciones, el nuevo capítulo de Cruzada Potter.
Capítulo IX
Adiós, Hermione
El amanecer sorprendió a Draco Malfoy leyendo un desgastado libro, a la tenue luz de las velas en su habitación. Extrañamente había adoptado el hábito de levantarse durante la madrugada, y no lograr conciliar de nuevo el sueño. No recordaba hace cuanto tiempo le sucedía esto; pero en realidad le estaba fastidiando ya.
Escuchó un suspiro entrecortado, que interrumpió sus cavilaciones.
--¿Draco?—una dulce y apagada voz femenina llamó su nombre, en medio de la casi absoluta penumbra en la habitación. –-vuelve a la cama, amor. Aún es muy temprano. ¡Ni siquiera ha salido el sol!—ronroneó ella.
--Sabes que no me gusta estar en la cama, a menos que vaya a dormir—argumentó Draco, distraídamente, dando la vuelta a la página que leía.
--No recuerdo que pensaras eso ayer—
Inconscientemente, el rubio soltó una sincera carcajada.
Cerró el libro que hasta hace poco leía, lo dejó sobre el escritorio, y con paso seguro caminó hasta la cama. Movió muy despacio el edredón que la cubría y se acostó junto a la mujer. Mientras observaba las facciones de ella, con la luz tenue y el crepitar armónico de los grillos a lo lejos, su rostro se le antojó perfecto, como tallado por ángeles.
Llevó su fría mano a los sensuales labios femeninos, recorriendo las comisuras con su trémulo índice. Podía notar la respiración entrecortada de la mujer, tan dulce y tierna le parecía, que a veces el ápice de conciencia que le quedaba, lo llamaba a la reflexión. Le causaba casi remordimiento aprovecharse de ella, de su buen corazón y de su turgente cuerpo.
--¿Es acaso posible que hayas amanecido más hermosa?—
--En realidad lo dudo, Draco—rió la mujer por lo bajo—pero apuesto que le dices eso a todas—
--No a todas—dejó su mano viajar hasta el nacimiento de sus pechos, acariciando con suprema carencia y deseo, y nuevamente subir a sus sensuales labios—solo a las que tienen cuerpos como el tuyo. —concluyó.
--Gracias, creo. En fin, ¿te parece bien que retomemos lo de anoche?—
El rubio pronuncio su perfecta sonrisa, excitado por la tentadora invitación de la mujer.
--Ten por seguro, que en este preciso momento no hay nada que quiera más, preciosa. —
--Hazme tuya, Draco—
Y así fue, como la sinuosa voz de Hanna Abbot, eminente escritora y prolífica mujer de sociedad, embargó los sentidos del rubio, llevándolo a un estado surreal y voluptuoso de conciencia.
—HL—
Fue bastante curioso, el hecho que la prensa no se enterase del atentado que sufriese Hermione, hace poco más de una semana en Sunset Hill. Acababa de ser dada de alta en la Clínica Dawson por Lavender, aquella mañana de finales de septiembre. Aún se encontraba algo delicada, por lo que no dudo un instante cuando Ginny le sugirió que se quedara con ella, en su departamento del centro por una temporada.
Esperaba aún sobre la cama de la Cínica a que llegara su amiga.
Entre sus manos sostenía con cariño una vieja y bastante maltratada fotografía; las personas en el retrato la saludaban afectuosamente, mientras que a momentos se abrazaban y sonreían felices. i Tan felices /i , pensó ella con nostalgia. Entonces, el recuerdo de aquel día de verano la golpeó de súbito, y no pudo evitar que una solitaria lágrima bajara por su mejilla.
Flash back
El cielo de verano estaba claro y hermoso. Sólo se veía así luego de una tormenta. Los incontables árboles en rededor y el fresco viento que soplaba, eran una maravillosa invitación a la tranquilidad y el descanso.
Sentía reverdecer su espíritu con el canto de las aves.
El hostal, de aspecto rústico pero reconfortante, dominaba cual centinela la cima de una montaña, que imponente y soberbia, recibía cientos de turistas en aquella época del año.
Una joven mujer, asomada en el balcón de su habitación, sonreía distraída al grupo de gente bajo ella, que se aprestaba a salir en excursión. El lugar, el ambiente, y la calma que se respiraba desde ahí, no hacían más que emocionar a la joven; era como si pensara que estando en aquel sitio, tan alejado y sereno, ella consiguiera por fin ser libre.
Y es que estando junto a él, podía dar rienda suelta a sus emociones.
--¿A quién le sonríes?—
Hermione se volteó para observar al hombre tras de ella. Sus profundos ojos verdes y su sincera sonrisa la llenaban de esperanza, de alegría por vivir. Había encontrado en su amor, la medicina para todos los males del mundo, había encontrado a su lado, felicidad que esperaba durara para siempre.
Sonriéndole ampliamente, con tono entusiasta Hermione le contestó:
--A nadie…a todos, sólo estoy feliz esta mañana—
Harry prefirió el silencio, a decir cualquier cosa que pudiera arruinar el momento. Observaba abstraído a la mujer frente a él: sus rizos castaños cayendo dóciles sobre los hombros, la raída camiseta de él, que en ella lucía simplemente magistral, y su cálida sonrisa, que eran el perfecto marco para la perfecta mujer.
Al cabo de unos intensos minutos, en que las miradas de ambos hablaron mudas por ellos, Hermione rompió el silencio.
--¿Qué?—
--Nada. Es que cuando me miras así, todo parece tener sentido. —
Las palabras de él, el modo en que pronunció cada una, y la fuerza que le transmitían sus ojos, hicieron de éste, uno de los momentos mágicos que Hermione atesoraría por siempre.
Y es que estando junto a él, no había máscaras ni secretos.
Se acercó a Harry sin pensar, sin dudar. No quería saber de nada ni de nadie, lo único que Hermione Granger deseaba en ese momento, era abandonarse en los brazos de él, en busca de nuevos placeres. Lo abrazó fuertemente, se restregó, lo incitó mientras con las manos recorría su cuerpo.
Harry jugaba sinuoso con sus rizos, alborotándolos. Besando, mordiendo, acariciando, se dejaron caer en la no muy confortable cama que compartían, y en medio de la juvenil pasión, y el salvaje deseo que los arrastraba, hicieron del canto de las aves una canción de amantes.
Fin del Flash back
Durante el trayecto en taxi desde la Clínica hasta el departamento, Ginny tuvo tiempo de sobra para estudiarla y adivinar los sentimientos que, a pesar de su sosegado aspecto exterior, pugnaban en el interior de la joven. Y algo era innegable: Ginny tenía el fastidioso hábito de ser franca cuando uno menos lo deseaba.
-- Has estado bastante extraña toda la semana, y dudo en realidad que tenga que ver con lo que ocurrió en tu fiesta. Cuéntame, ¿Sucede algo con Harry acaso?—
Hermione tosió, levantando la vista al techo, como si le hubiese despertado un súbito interés de repente. Prefirió no prestarle atención, sabiendo que entonces no la presionaría. Pero lo que bullía hace días en lo más profundo de su ser, tenía tarde o temprano que explotar.
--¿Por qué no me cuentas lo que sucede con Harry? Tal vez yo pueda ayudarte, querida.--
Hermione tosió otra vez, o tal vez estaba sofocándose. Se aclaró la garganta, y mirando de reojo a su amiga le contestó:
--Será mejor que hablemos cuando lleguemos al departamento, Ginny. —
--Si así lo deseas—
Tras varios minutos de recorrido, el auto se detuvo frente a un gran edificio departamental de aspecto moderno.
Ninguna dijo nada, al igual que en el taxi, hasta que estuvieron dentro del apartamento. La estancia que los recibió, al igual que el resto del lugar, gritaba Ginny por todos lados: paredes rojas sangre y azul eléctrico, pinturas y cuadros cuyos estilos eran indeterminables, adornaban los muros. Y extrañas lámparas de pedestal en las esquinas iluminaban el departamento.
Cuando Hermione se hubo instalado en la habitación de huéspedes, salió a la sala, donde Ginny, con una humeante taza de té verde, la esperaba para ser sometida a la inquisición.
--¿Y bien?—preguntó Ginny, cruzando las piernas en un sutil movimiento, cuando la castaña se sentó frente a ella, en un de los cómodos muebles de caoba de la sala.
--Tengo que confesarte algo, Ginny. –se aclaró la garganta, mirando de reojo a la pelirroja— Y espero que...—
La actitud de Hermione parecía la de una pequeña niña, que esperaba a ser regañada tras verse descubierta en alguna travesura. Se le hacía bastante difícil comenzar a hablar, y es que en realidad no sabía que le quería decir a Ginny. Lo único de lo que tenía certeza en aquel momento, es que si no sacaba de su ser estos sentimientos encontrados, que parecían carcomerla a ratos, talvez antes de lo que deseaba le tocaría pasar otra temporada en la Clínica Dawson.
Y es que la idea de volver al régimen de gelatina sin sabor y los baños de esponja, no le atraían para nada.
--Se trata de Malfoy y yo—soltó la castaña con tono dubitativo—y de un arreglo que hicimos—
El rostro de Ginny se sonrojó tenuemente, al comenzar a imaginar el tipo de relación, o como Hermione prefería llamarlo: arreglo, que sostenía con el rubio. La tensa calma que precedió sus palabras, y el hilo de voz en que habló, solo hizo el momento más incomodo.
--¿Malfoy y tú?—
—HL—
--Es la oportunidad de mi vida, Harry. Conocer la cultura, visitar los Campos Elíseos, la plaza de la Concordia, la torre Eiffel, barrio de los artistas, Montmartre,…--
La perorata de Nahiara se vio interrumpida por una seria mirada de Harry.
--Fuimos las vacaciones pasadas, y las anteriores, pequeña. Nos tomamos fotos en casi todos los sitios turísticos de la ciudad—
--Pero, Harry, es distinto. —ella levantó sus manos, como argumentando con estas— El programa de intercambio con el Colegio de la Soborna es,…, es—la emoción de la joven le hacía complicado concretar la idea.
--¿Una oportunidad única en la vida, que probablemente jamás vuelva a repetirse y que deseas con todas tus fuerzas experimentar?—
Harry, que estaba sentado en el comedor terminando con el periódico, y Nahiara, que estaba exponiendo los beneficios de ir a estudiar fuera del país, dirigieron su atención al hombre que hacía su aparición a través del umbral en la habitación.
--Gracias, Seamus—la joven sonrió ampliamente—era justamente lo que trataba de hacer entender a Harry; quien aún sigue renuente a permitirme viajar a la Soborna—
--No creo eso de ti, Harry. Nosotros estudiamos lejos de nuestras familias, y mira que nos fue bastante bien. Nahiara es una niña de bien, responsable y bastante inteligente; por no decir muy linda—la jovencita sonrió con aire de suficiencia—no veo el problema ni los impedimentos para permitirle estudiar fuera del país. Seguramente cuando llegue a París se convertirá en la primera de su clase, y en un éxito entre lo jóvenes locales —
El pelinegro cerró el periódico, y lo dejó sobre la mesa del comedor. Se levantó lentamente de la silla, y se acomodó el nudo de la corbata. Con todo lo que había pasado en las últimas semanas, en verdad se encontraba renuente a dejar ir a Nahiara. Ya no se sentía seguro ni siquiera en su casa; comenzaba a pensar que en cualquier momento podría convertirse en el blanco de un siniestro, o mucho peor, podría ser su pequeña quien se viera afectada por la latente inseguridad que pensaba, los amenazaba constantemente. Podía vislumbrar la emoción contenida en la voz de la joven, y el cálido destello en su mirada cuando hablaba de estudiar en el extranjero.
Y es que la propuesta de estudiar en el exterior, había llegado a la casa como un vendaval furibundo.
--Aún no he dicho que no—soltó Harry con tono solemne, mirando alternadamente a Nahiara y a Seamus—y el que traten de venderme la idea tan agresivamente, les aseguro que no ayuda a tomar una decisión—
--¿Qué estamos decidiendo?—
--Estamos decidiendo el éxito o fracaso de mi futuro académico, Ron—explicó Nahiara al recién llegado—aunque como está la situación, bien podríamos hablar de mi fracaso académico. Quien sabe, talvez termine sirviendo mesas en algún bar de mala muerte en la carretera, ganando un sueldo que no alcance para nada; donde traileros calvos y gordos de nombre Serapio traten de propasarse conmigo —
Harry fulminó con la mirada a Seamus y a Ron, cuando éstos no pudieron contener sendas sonoras carcajadas.
--En primer lugar—Harry cerró su puño, dejando libre solo su índice para comenzar a enumerar sus argumentos—tienes un fideicomiso millonario, así es que no deberías preocuparte por el dinero. Segundo—Harry liberó su dedo medio—en vista de los últimos acontecimientos, un auror de confianza te escoltará en todo momento, y—Nahiara abrió su boca para replicar, pero la mirada de Harry y su dedo anular se lo impidieron—por último, prometo pensarlo bien durante la tarde y comentarte mi decisión en la cena—
Ron y Seamus aplaudieron divertidos la solemnidad en las palabras de su amigo, y su aire de paternal autoridad.
--En cuanto a ustedes dos,…--Harry y su fulminante mirada se vieron interrumpidos por la repentina aparición de Dobby en el comedor.
--Señorita, Nahiara. Han llegado por usted—
--Bueno, Harry—ella hizo un puchero, con el que esperaba enternecerlo— espero que lo pienses bien y recuerda: calvo, gordo y de nombre Serapio. —Harry bufó mirando a un costado—hasta luego Seamus, Ron, cuídense—
--Hasta luego, pequeña—soltaron Ron y Seamus al unísono, cuando la joven abandonó la habitación, como segundos antes lo hiciera Dobby.
Ron tomó asiento en el comedor al igual que Seamus, y como éste, empezó a servirse el desayuno.
--Comienzo a pensar que en sus casas no los tratan bien. Déjenme adivinar, Luna no hizo desayuno y como estás malacostumbrado, no te preparaste nada—Ron asintió, mientras intentaba pasar el primer bocado de pastel de frutas—y en tu caso—analizaba a Seamus mientras arqueaba las cejas, en un gesto pensativo—huiste al alba de la cama de tu amante de turno, y para variar, no tuviste tiempo de prepararte nada—Seamus también asintió en silencio, mientras devoraba su segundo huevo cocido.
--No molestes, Harry y siéntate con nosotros. Percy no demora y luego comenzaremos la reunión. —Ron se llevó a la boca un gran pedazo de pastel de frutas, y mientras lo masticaba preguntó:--Entonces, Seamus, ¿qué tanto has averiguado con respecto al asunto del espionaje corporativo?—
--La investigación marcha perfectamente, como reloj suizo. —Respondió Seamus jovial— Estamos sobre la pista de los perpetradores; de acuerdo a nuestras fuentes, tal parecen que son tres. Les aseguro que antes de lo que imaginan tendremos sus cabezas en una charola de plata, sobre la mesa del Consejo Directivo—
La contundencia en las palabras de Seamus, brindaron a Ron y a Harry una efímera sensación de seguridad.
Mientras Ron volvía a atacar su desayuno frugal, y Harry escondía su rostro nuevamente tras el periódico matutino, Seamus, socio de ambos en la compañía y amigo de la infancia, en silencio se regocijaba con siniestros pensamientos y terribles planes a medio fraguar, que como único fin tenían, hacer de lo más miserable la existencia de Harry Potter.
Y es que para él, el espionaje industrial y la eminente quiebra de Empresas Aries, era solo el comienzo.
—HL—
El sonido de unos pasos hacía eco a lo largo del corredor iluminado y de tonos pasteles. Las puertas, todas caobas y de lustrosas chapas, parecían acompañar silenciosas a Harry en su trayecto. Trataba de no apretar demasiado el ramo de preciosas lilas en su mano, pero no podía controlar su ansiedad.
Sabía que ella no se recuperaba del todo aún, pero esperaba que juntos superaran las secuelas del siniestro, y así dar por terminado el oscuro capítulo que habían atravesado. No había dudas, si alguien en el mundo merecía una oportunidad para disfrutar esta vida, esos eran ellos dos.
Con una renovada sensación de seguridad, llegó frente a la puerta que buscaba.
Se aclaró la garganta para hablar, y trató infructíferamente de acomodar su cabello. Cuando se vio derrotado por su improvisado peinado, levantó el puño para llamar a la puerta, pero esta se abrió muy despacio, revelando dos altas figuras en el interior del departamento de paredes rojas y azules.
Al pelinegro se le fueron los colores del rostro, y las piernas le flaquearon.
--Hola, Harry—se apresuró nerviosa a decir Hermione, al verlo frente ella.
--Hola, Potter. ¡Que gusto, tanto tiempo sin verte—
El tono irónico de Draco Malfoy, y su falsa cortesía le provocaron náuseas a Harry. Se sintió hastiado al encontrar al rubio rondando a su mujer, porque Hermione era su mujer, era suya y de nadie más. Se quedó viendo a los ojos marrones de ella, tratando de encontrar en estos una respuesta real, un motivo valedero; pero era como si su profunda mirada, aquella por la que Harry daría su vida, se ratificara en una tácita culpa, aceptando en silencio lo poco que le importaba su relación con él.
--Bueno, Hermione. Gracias por todo, siempre es un placer verte—Malfoy se acercó a ella, puso una mano en su femenina cintura y le dio un corto beso en la mejilla derecha. Se separó de ella, y le dedicó una burlona mirada al pelinegro, que supo acompañar con una acerada sonrisa. —No te ves muy bien, Potter, estás bastante pálido. Deberías abrigarte más, Comienza a hacer mucho frío, y puede que te de algo—
Y sin decir más, Draco Malfoy salió del departamento y se perdió por el pasillo.
Harry continuaba sin proferir palabra alguna; se llevó una mano a sus lentes y los acomodó sobre su nariz, en un inconsciente ademán, sin apartar un solo segundo su mirada de los ojos de ella. Se cuestionaba duramente, cuántas de estas afrentas debería soportar, cuanto más tendría que aguantar por ella; comenzaba a sentirse un cretino por permitirle a Hermione jugar con él tan vilmente. Hordas de magos tenebrosos no consiguieron derrotarlo, cientos de compañías rivales no pudieron acabarlo, enjambres de periodistas amarillistas no lograron destruirlo; y no sería una mujer quien se jactaría de quebrar a Harry Potter, y mucho menos ella.
Ella lo tomó por uno de sus brazos, pero él se separó bruscamente.
--No es lo que parece, Harry. Si tan sólo me dejaras explicarte—
El rostro desasosegado de ella y el hilo de voz que usó, apaciguaron por un instante al hombre. Parecía arrepentida, acongojada, triste. Y fue esa reacción la que encendió el polvorín de su cólera. ¿Qué había hecho que la tenía así? ¿Por qué razón lucía tan apenada y culpable? y lo que más le molestaba, ¿el por qué de la enorme sonrisa de Malfoy y la aparente cercanía de ambos? Todas estas interrogantes se agolpaban salvajes en la mente de Harry. La amaba; la amaba demasiado; pero no estaba dispuesto a convertirse en el juguete de nadie.
--¿Explicarme? ¡Explicarme, ¡Qué tan idiota piensas que soy, Hermione!—el tono sereno con el que habló, y su fría mirada helaron la sangre de ella. En un violento arranque, arrojó con todas sus fuerzas el ramo de lilas que pensaba regalarle a Hermione, estrellándolo contra la pared, casi rozando sus rizos castaños— ¿Tengo un letrero que dice imbécil en mi frente, acaso?—
Hermione lo sujetó nuevamente por el brazo, obligándolo a entrar al departamento.
Ya estando dentro, Harry trato de manera fútil tranquilizarse, pero sin mucho éxito. La situación había escapado de las manos de ella; conocía demasiado bien a Harry, sabía que estando él así sería prácticamente imposible solucionar nada.
--¿Qué significa este escándalo?—
Ginny había salido de su habitación, al escuchar al pelinegro reclamándole a su amiga. Vestía una simple bata, y lucía de aspecto extraño: una mascarilla de algo que parecía ser aguacate ocultaba sus facciones y una toalla amarilla a juego con su bata cubría por entero sus lacios cabellos. Al ver Ginny el rostro de Harry ser surcado por unas finas arrugas en su frente, supo con certeza que la situación solo podía empeorar.
Conocía bastante bien a su amigo, y sabía que aquellas finas arrugas, solían vaticinar sólo problemas.
--Debo decir que no estoy sorprendido, Ginny. —la gélida mirada de Harry atravesaba a la pelirroja—ya imaginaba yo que estabas de alcahueta en todo esto—
Las duras palabras de Harry sorprendieron sobremanera a Ginny, casi asustándola, ya que no recordaba haberlo visto reaccionar así jamás, y mucho menos hablarle con ese tono, tan cargado de ira y vehemencia; así es que, decidiendo con sabiduría que era una situación en la que no debía inmiscuirse, prefirió evitar una confrontación con su amigo, regresando así por donde había llegado, sin proferir palabra alguna.
Cuando el pelinegro regresó su atención a Hermione, ésta tomó con ambas manos el rostro de Harry, obligándolo a mirarla a los ojos por un instante; el rostro de la mujer comenzaba a verse anegado por la frustración de sus lágrimas; Harry lo sabía, se daba cuenta, pero ya no le importaba, no le importaba nada. Entonces, en un arranque inesperado de su cegadora ira, la agarró con fuerza de las muñecas y la empujó aparatosamente, haciéndola caer sobre uno de los muebles.
--Escúchame, Harry. Draco estaba aquí porque yo le pedí que viniera. —Soltó ella fuera de sí, tratando de explicarse—yo quería que viniera para que así…--
--¿Tú le pediste que viniera?—Harry la interrumpió nuevamente, haciendo uso del mismo tono frío e imperturbable, sus ojos parecían salir de sus órbitas; se comenzaba a notar su respiración agitada—Ahora lo entiendo todo. —
Tras un par de profundas respiraciones, donde Harry permitió al oxígeno llegar hasta su estómago, se tranquilizó de momento. Sentía su rostro arder, talvez era el sofocante calor que creía, encerraba la habitación, o bien los arrebatadores celos que le consumían, pero comenzaba a pensar que de permanecer más tiempo en aquel lugar, no sería capaz de controlar la vorágine de sentimientos que le embargaban.
Por eso, dedicándole una extraña mirada a Hermione, Harry le confesó:
Alguna vez pensé que nuestro amor era más grande que cualquier cosa que hayamos vivido—Hermione abrió la boca para replicar, pero un contundente ademán de Harry se lo impidió—déjame terminar, por favor, Hermione. No hubo un solo día en los ocho años que estuviste fuera en que no pensara en ti. Si estabas bien, si extrañabas la ciudad, si me extrañabas a mí. ¡Por Merlín, Hermione! a veces me quedaba despierto durante la noche, imaginándote a mi lado, sintiéndote a la distancia en mi cama vacía. —
--Harry, la verdad es…--
--Sinceramente, Hermione, no me interesa saber ninguna verdad. Lo que haya sucedido, esté sucediendo o suceda en lo venidero entre tú y…--Harry prefirió no mencionar el nombre del rubio—quien sea, me tiene sin cuidado. No puedo aceptar esta situación, ya lo habíamos discutido, no puedo. Lo siento, pero no depende de mí. Prefiero que lo nuestro termine ahora, a que…--
El nudo en la acongojada garganta del pelinegro le impidió terminar su oración. Su tono de voz se había reducido a un simple murmullo, un terrible y lacerante murmullo. Levantando entonces levemente el rostro, le dedicó a Hermione una última mirada.
La mirada gélida y amarga que Harry le dirigió, casi le parte el corazón.
--Adiós, Hermione. —
Así, habemos llegado al final de otro capítulo de Cruzada Potter. Espero de corazón haberme reivindicado en este capítulo con todos los seguidores del fict.
Y ahora sí, las preguntas que se plantean son:
¿Será que Hanna Abbot es algo más que la simple amante de turno de Draco Malfoy?
¿Cuál es el misterioso acuerdo que existe entre el rubio y Hermione?
¿Le dará permiso Harry a Nahiara para estudiar en el extranjero?
¿Será que Seamus al final consigue acabar con Empresas Aries?
¿Acaso este es el fin de la relación de Harry y Hermione?
¿Se convertirá entonces, después de todo en un Draco/Hermione?
Averigua todo esto y más en el siguiente Capítulo de Cruzada Potter.
Atentamente;
Eduardo Monar
Abogado de Profesión
Escritor y Farrero por vocación.
P.D; )
P.D; ) )
P.D; Gracias a todos los que siguen el fict, y gracias por los RR. Prometo actualizar antes de diez días (suponiendo que siga vivo hasta entonces).
