9
Cuando acabó su relato, Sasuke se quedó en silencio. Recordando. Cerró los ojos y sintió que había vuelto a la granja, que estaba nadando en el río junto a Sakura-chan y que reían juntos.
Un movimiento alteró su concentración. Abrió los ojos. La cucaracha estaba intentando pasar por debajo de la puerta de la celda, hacia el exterior.
- ¡¿Cómo Dobe! ¿¡Me abandonas!
El bicho se quedó quieto un momento, parecía que se iba a dar la vuelta, pero empezó a moverse y nuevamente intentó pasar por el pequeño resquicio que se separaba la puerta del suelo. Finalmente, lo consiguió.
Sasuke vio cómo las dos patitas traseras desaparecían bajo la puerta. Le molestó. Ese bicho le había hecho compañía los últimos días. Se sintió muy solo y triste de repente.
- ¿Pero estoy majareta o qué? Después de todo lo que he pasado me voy a poner a llorar por una cucaracha…
Se rió de su estupidez, sin poder evitar que a la vez, una lágrima rodara por su mejilla, se la secó violentamente, con la palma de la mano y se tumbó en el jergón. Cerró los ojos intentando dormir, pero el eco de su propia voz explicándole la historia al bicho se lo impedía.
Estuvo así mucho rato hasta que nervioso, estuvo tentado de llamar a gritos al carcelero para que le pegara una buena paliza, así por lo menos se quedaría inconsciente…
- Sólo dos semanas, sólo dos semanas, sólo dos semanas…
Empezó a repetirse la frase como un mantra, hasta que al final, entró en ese estado de duermevela en el que se mezclan la realidad y los sueños. Le pareció sentir cómo el pelo de Sakura-chan le hacía cosquillas en el cuello, incluso pudo oler el perfume a jazmín.
Finalmente se durmió.
Al día siguiente, la puerta de la celda se abrió para dar paso al carcelero del turno de mañana.
A diferencia de su compañero del turno de noche, Yamamoto Goki era un buen hombre. Bastante mayor, pero lo suficientemente fuerte como para hacerse cargo de los presos de máxima seguridad.
El chico Uchiha le caía muy bien.
Consideraba que era un chaval que se había perdido y equivocado de camino, pero estaba convencido que de que no había maldad en el interior de Sasuke y de que era totalmente recuperable. A veces bromeaba con él y había conseguido que el rostro habitualmente impasible del chico esbozara alguna sonrisa.
- Buenos días Sasuke-kun –era el único que le llamaba así.
El Uchiha no le contestó. Habitualmente lo hacía y el guarda se puso alerta. Se acercó lentamente hacia el jergón donde se encontraba el chico y le observó detenidamente.
Sasuke estaba profundamente dormido. Su ojo derecho estaba amoratado y sus labios partidos, las comisuras de la boca tenían sangre seca. Tenía el uniforme de preso manchado de comida y sangre, desgarrado por la parte delantera. Había restos de vómito en el suelo y en la ropa.
- ¡Eh! ¡Chaval! Despierta! –le gritó el guarda alarmado– ¿Estás bien?
Sasuke seguía dormido
- ¡Eh! ¡Uchiha!¡Levanta, hombre! –el carcelero le sacudió por el hombro.
Sasuke se despertó sobresaltado.
- ¡Ah! ¡Sensei! ¡No estábamos haciendo nada!– gritó.
- ¿Eh? –el carcelero miró a Sasuke con estupor - ¿Pero qué dices?
Sasuke miró al guarda de hito en hito.
Ese no era el Sensei y él no estaba al pie de un cerezo durmiendo con Sakura-chan, estaba en la cárcel de Konoha y ese hombre era el guardián del turno de mañana.
- ¡Oh! ¡Lo siento Yamamoto-san! ¡Estaba soñando! –le dijo Sasuke a modo de disculpa.
- Ya veo, chaval… Pero… ¿Qué te ha pasado en la cara? –le preguntó.
- ¿Eh? ¿Esto…? Nada. Me caí de la cama –mintió Sasuke.
- ¿Por eso tienes todo el uniforme manchado de comida y desgarrado?
- Me caí encima del cuenco de la cena y me enganché con un hierro suelto del catre.
El guarda miró a Sasuke. Le tendió una mano para ayudarle a incorporarse, a la vez que le sujetaba por los hombros. Sasuke hizo una mueca cuando un relámpago de dolor le cruzó la espalda.
- Vaya caída que tuvo que ser… Estás bien jodido… -le dijo el hombre.
- Siempre he sido muy patoso -rió Sasuke.
El carcelero echó un vistazo a la celda. Observó los restos de sangre, vómito y comida en el suelo.
- Hijo… -le dijo a Sasuke cálidamente, éste levantó la cabeza un poco sorprendido– ¿Quién estaba de guardia anoche?
- Eh… Hmpf… No sé. Sólo me caes bien tú. No sé quiénes son los demás –mintió el chico.
El guarda sonrió y añadió
- ¿Era ese cabrón de Shirou Kusatta, verdad?
Sasuke no contestó, aunque sostuvo la mirada al guardia mientras le sonreía irónico.
- ¿Cuánto te queda para salir? – preguntó el carcelero.
- Menos de dos semanas –respondió Sasuke.
- Ese cerdo te está provocando ¿verdad? –más que una pregunta, Yamamoto afirmaba.
Sasuke no dijo nada.
- Me encargaré de esto.
-¡No! – gritó Sasuke
- Hijo… Llevo muchos años trabajando aquí y esta no es la primera vez que ese tipo la lía…
- Me queda muy poco… Sólo es cuestión de aguantar dos semanas más.
El guarda miró a Sasuke.
- Yo pensaba que los Uchiha eráis más valientes… –le dijo.
- No es cuestión de valentía- le contestó Sasuke, herido en su orgullo- es que quiero salir en dos semanas, quiero volver a ver la luz del sol, quiero nadar en el río, quiero…
- ….Mmmm… -dijo el guardia pensativo- ¿Quieres ver a esa chica…?
Sasuke se sonrojó.
- … Qué chica…
- Oh, vamos, Gokikaburi me lo ha contado todo…
- Gokika… ¿Quién? –Sasuke miró al guarda como si se hubiera vuelto loco.
- Mi mascota de Clan, Gokikaburi a quién tu llamas "Dobe". –contestó Yamato.
- ¿Qué? ¿Dobe? ¿Su mascota de Clan? – Sasuke se puso pálido.
- Si hijo… Los Uchiha no sois los únicos que tenéis mascota de Clan. Vosotros tenéis gatos y nosotros cucarachas. –Yamamoto esbozó una orgullosa sonrisa de oreja a oreja- Estamos emparentados con el Clan Aburame.
Sasuke se sonrojó violentamente. "Mierda, mierda, mierda al cubo y multiplicada por mil", pensó. Le había contado sus penas a una puta cucaracha y resultaba que era la sirvienta de ese hombre.
- ¡Oh, Ju, ju! –rió el carcelero – No te apures, hombre, que yo también he sido joven.
Sasuke estaba abochornado. Después de tanto tiempo allí encerrado, le habían pillado con la guardia baja.
- Oh, vamos chico, no te enfades –dijo el guarda quitándole importancia al asunto-, hace tiempo que sospechaba que ese cabrón de Shirou te estaba haciendo la vida imposible y le pedí a Gokika… a "Dobe", que me ayudara a confirmarlo. Lo que nunca pensé es que Gokika…, "Dobe", te caería tan bien como para contarle tu vida.
-¿Ese bicho se lo ha contado todo? –Sasuke se sintió desfallecer – Genial…
-No te apures hombre, que "Dobe" me lo ha explicado palabra por palabra. No se ha inventado nada. Muy bonita historia por cierto, hubo partes que me emocionaron… Esa chica es increíble…
Sasuke sentía que le iba a estallar la cabeza de vergüenza.
-Por cierto Uchiha… -el carcelero preguntó- ¿Sakura-chan es la Doctora Haruno, verdad?
-¡¿Eh! –Sasuke se quería fundir -¡¿La conoce?
-Vaya que si la conozco… Es la única Sakura de Konoha y además, los Haruno son nuestros vecinos desde siempre. La conozco desde que era un bebé. Además, ella le ha tratado los juanetes a mi esposa y se encargó del parto de mi hija pequeña, también le sacó una muela a mi suegra y le curó el catarro a mi hija mayor. A mí me curó una alergia esta primavera y mañana tengo visita, porque me ha salido una verruga en el cu….
-¡Prométame que no le dirá nada de mí! –gritó Sasuke trastornado.
-Pero hijo… Es que… - el guarda quiso replicarle.
-¡Sólo prométalo, por favor! ¡Se lo suplico! –Sasuke estaba realmente afectado.
-Pero hijo, es que ella me preguntará por ti. Siempre lo hace –le dijo Yamamoto.
- ¡¿Eh! ¿Que le pregunta por mí…? – Sasuke se quedó inmóvil.
- Sí, claro chaval… Ella sabe que trabajo aquí y que te veo cada mañana - Yamamoto sonreía de oreja a oreja – Estos dos años, me ha preguntado por ti cada día que nos hemos visto.
A Sasuke le latía el corazón muy fuerte. Le había contado todo a la puta cucaracha, y ahora ese hombre lo sabía todo y conocía a Sakura-chan, que además, preguntaba por él cada día… "Vaya tela... Y ahora qué.", pensó.
-Yamamoto… - susurró Sasuke, sentía cómo le iba bajando la tensión, la cabeza le daba vueltas.. –Por favor, se lo suplico, no le diga nada… Es mejor para ella…
El guarda miró al Uchiha seriamente y después sonrió.
-Mira chaval… Yo no pienso decirle nada a esa preciosidad, eso es sólo cosa tuya – y añadió – Si me pregunta por ti, le diré que estás bien, que estás impaciente y con ganas de salir de aquí ¿te parece? A fin de cuentas es lo que le he ido diciendo todo este tiempo.
Sasuke se tranquilizó un poco.
-Sí, gracias Yamamoto-san, se lo agradezco… -Sasuke inclinó la cabeza casi hasta tocarse las rodillas.
-Pero déjame que te diga una cosa, chico…
Yamamoto se sentó en el jergón, junto a Sasuke y le puso una mano en el hombro. Sasuke se sobresaltó un poco, no le gustaba que le tocaran. Excepto Naruto, que para su espanto alguna vez le abrazaba al verle, nadie solía tocarle.
Yamamoto se dio perfecta cuenta de la incomodidad del chico, pero no retiró la mano.
- Si yo estuviera enamorado de una mujer como Sakura Haruno y supiera que existe una mínima y remota posibilidad de que ella me correspondiera, te aseguro que no me quedaría de brazos cruzados mirando cómo pasa el tiempo sobre las lechugas.
Sasuke sonrió a Yamamoto sinceramente.
-No es tan fácil –dijo el Uchiha – Yo la he dañado.
- ¡Ay, hombre! Todos en Konoha sabemos qué hiciste – y sonrió al ver el dolor en la cara de Sasuke - Pero todos en Konoha también sabemos por qué lo hiciste, qué ocurrió y cómo ha sido tu vida hasta ahora. Si la gente del pueblo está dispuesta a perdonar y a olvidar… Cómo no iba a estarlo ella, que te amaba…
- Puede que me perdonara, algún día, quiero creerlo… No porque me lo merezca, sino porque en ella no hay espacio para el rencor… –dijo Sasuke– Pero de eso a desear estar conmigo… Además, yo no sé si sabría tratarla bien, soy un desastre.
- No lo sabrás si no lo preguntas… ¿Y tratarla bien…? Pues claro que sabrías ¡es fácil! A tu mujer tienes que decirle cada día lo guapa y maravillosa que es… Tienes que darle muchos hijos… Debes hacerle caso en todo lo que diga, llevarle flores por sorpresa…
-Hmpf…
-Eso sí, ya no tendrás tiempo por la noche de ir al bar a beber sake con tus amigos… Y si algún día lo haces… Pobre de ti…
-Hmpf…
-¿Qué? ¿No me crees? Yo llevo cuarenta años así con mi mujer… ¡Ella también formaba parte de mi equipo de tres!
- Hmpf…
-Bueno chico… -dijo Yamamoto levantándose del jergón – lo que está claro es que yo de ti, en cuanto saliera, la iría a buscar.
-Hmpf…
-Y ahora… Vamos a la enfermería… A arreglarte un poco… Después te traeré algo decente para desayunar que estás en los huesos… ¡Ah! Y no te preocupes más por el cabrón de Shirou, que de ese tipo me encargo yo. ¡Y no hay más que hablar! ¡Vamos!
Sasuke se levantó, fue tras Yamamoto y le siguió hasta la puerta. El guarda le colocó unas esposas de contención de chacra para poder salir. Era el protocolo.
Antes de salir, Sasuke miró a aquel hombrecillo amable y sonrió.
-Yamamoto-san…
-¿Sí?
-Muchas gracias – Sasuke se inclinó hasta tocarse las rodillas.
-¿Eh? ¡Oh! ¡De nada, hombre!– Yamamoto se sonrojó – ¡Eres un buen chico! ¡Vamos!
Ambos salieron de la celda. Mientras se dirigían a la enfermería por el pasillo de la prisión, Sasuke pudo vislumbrar los rayos de sol que se filtraban por entre las rendijas de los tragaluces. La esperanza iluminó unos segundos su rostro "Quizás …", pensó.
Y siguió los pasos de Yamamoto que caminaba silbando por el pasillo.
