Capitulo 9

John se despertó a mañana siguiente por el sonido de agua corriendo y de Jim cantando en la ducha. Para ese momento tenía una ganas tremendas de orinar por lo que sintió un gran alivio al darse cuenta que el baño no estaba cerrado con seguro. Estaba finalizando cuando Jim dejó de cantar, jalando la cortina para sacar su cabeza llena de champú.

—Si estabas planeando unírteme, llegas un poco tarde— dijo Jim mientras masajeaba su cuero cabelludo.

—No quería eso— caminando hasta donde estaba Jim y le dio un beso rápido. —Y además estás mojando todo el piso— espetó finalmente antes de cerrar la cortina.

—¡Agh!, lávate los dientes, sabes horrible— gritó Jim desde la regadera.

—¿Un cepillo de dientes?

—Hay uno extra detrás del espejo— replicó rápidamente Jim y comenzó nuevamente a cantar. John reconoció instantemente la canción era "Another One Bites the Dust" y movió su cabeza incapaz de contener la sonrisa de medio lado que se formó en su rostro. Abrió el espejo para encontrar un cepillo de dientes aun en su empaque, es decir totalmente nuevo. Se preguntó si Jim lo había comprador para él, suponiendo que pasaría la noche otra vez con él o si ya lo tenía ahí.

Cuando terminó de lavarse los dientes, salió para dejar que Jim terminara de bañarse. No quiso ponerse el traje de nuevo, pero tenía que vestirse con algo, ya que hacía demasiado frío para andar caminando desnudo. En lugar de eso, revolvió los cajones de Jim hasta que encontró una camiseta y unos pantalones deportivos con jareta. Ambos seguramente le quedaban bastante holgados a Jim, por lo cual eran bastante cómodos. Los pantalones eran de cachemir y se acomodaban perfectamente bien en sus caderas. La camiseta era blanca de algodón liso y era lo suficientemente grande para cubrirlo, pero aun así le quedaba un poco apretada en la zona del pecho. Tomó la bata que Jim le había dado y se la puso.

Nunca antes había cocinado en el departamento de Jim pero la cocina era preciosa con todos los utensilios necesarios y con un buen abastecimiento de todo tipo de ingredientes. Primero lo primero, puso una tetera en el fuego. Entonces sacó unos huevos y tocino del refrigerador. Le tomó un poco de tiempo revisar los estanteros pero finalmente encontró una sartén para freír. Cocinó lo previsto y mientras lo hacía veía el reloj, sabía que ese día le tocaba ir al hospital.

—Hmm— murmuró Jim deslizando sus brazos para rodear a John. Todavía estaba mojado después de su ducha, no llevaba nada más que una toalla envuelta alrededor de su cintura.

—¿Puedes mantener tus manos quietas? ¿Acaso no ves que estoy intentando cocinar?— medio le preguntó John, mientras intentaba concentrarse en voltear el tocino.

—Te pusiste mi ropa—. Le hizo la observación, mientras movía su mano hacia arriba y frotaba lentamente un pezón de John y la otra se deslizaba hacia abajo justo encima de la cintura de sus pantalones.—¿Estas intentando que tenga una erección?

—Es todo lo que pude encontrar.

—Hmm— Jim murmuraba contra el cuello de John, frotando su entre pierna contra el muslo posterior de la pierna de John. —Sabes, que nadie me cocina desde que mi mamá murió.

—¡Oh!, Lo lamento—. John ofreció sus condolencias

—No tienes porque, fui yo quien la asesinó— dijo Jim mientras subía y bajaba su mano sobre la cadera de John.

—¿Es la hora para más historias espeluznantes de Jim?— cuestionó John, girando levemente su cabeza para poder mirarlo.

—Si no quieres escuchar…

—No, está bien— dijo John, recargándose ligeramente en él. —Quiero saber. Adelante.

—Bien, si te hace sentir mejor, fue en autodefensa. ¿Recuerdas haber escuchado acerca de Carl Powers, correcto?

—Sip, también lo asesinaste.

—El siempre fue terrible conmigo. Supongo que a nadie en la escuela le agradaba mucho, pero nadie me odiaba en la forma que él lo hizo. Solía esperarme después de la escuela solo para golpearme. Algunas veces traía a sus amigos, otras ocasiones solo él y yo—. El fantasma de los labios de Jim estaban sobre la mejilla de John, provocándole escalofríos. No tenía ni idea de cómo Jim podía estarlo tocando así, cuando estaba reviviendo un recuerdo doloroso, pero Jim no se detuvo.

—Eso fue terrible.

—Usualmente llegaba a casa sangrando y con moretones. Mi madre me limpiaba y yo le decía que mataría a Carl. Supongo que pensó que solo eran amenazas vacías. Entonces el pequeño Carl murió. Todos pensaron que fue un accidente pero mi buena mami sabía que no fue así. Yo siempre fui un poco extraño, tranquilo y desconcertante. Pasaba las horas en mi cuarto solo leyendo, no salía afuera a jugar con los otros niños. Usualmente colectaba insectos, grandes y horribles los cuales mantenía en frascos en mi habitación. Por lo tanto pensó que había algo raro en mí, pero no fue sino hasta que Carl murió que finalmente lo supo con certeza. Por fin se dio cuenta que mis amenazas no eran tan vacías después de todo. Esa noche intentó asfixiarme con una almohada mientras dormía.

John no pudo evitar dejar escapar de sus labios un gemido ahogado. Jim colocó sus manos en el estomago de John y lo atrajo más hacia él.

—Lo bueno es que ella siempre fue débil, sino lo hubiese logrado. Me las arreglé para quitármela de encima y me escape. Pasé toda la noche en el parque, escondido debajo de una banca. Fui a casa al día siguiente cuando ella salió, esperé en el armario del segundo piso, frente a las escaleras. Escuché sus pasos cuando regresaba así que salí de pronto y la empujé con todas mis fuerzas hacia las escaleras. Se rompió el cuello al caer. Llamé a la policía y dije que mi madre se había tropezado. Cuando la policía llegó, tenía puesta mi mejor mascara. Estaba sentado en los escalones a unos pasos de su cuerpo, meciéndome y llorando hice una excelente actuación frente a ellos. Nadie siquiera pensó por un segundo que no fue un accidente.

—Dios, ¿Cuántos años tenías?

—Debería haber tenido cerca de doce. Me fui a vivir con mi abuela. Me gustaba vivir con ella, siempre me dejaba solo. Su casa olía a cementerio.

—¿Qué hay acerca de tu padre?

—¡Oh! ¿No te lo dije? Literalmente soy un bastardo. Mi papi se folló a mami y la dejó embarazada de mí. Aparentemente arruiné su vida, aunque de todas formas no creo que ella hubiese tenido una si hubiera podido llegar más lejos.

—Dios, estoy… eso es terrible— John se giró dentro de los brazos de Jim y lo abrazó. Por unos instantes se quedaron así. John acarició suavemente el cabello de Jim intentando darle consuelo.

—El desayuno comienza a quemarse— dijo Jim con voz apagada a la vez que lo soltó.

—Cierto— asintió John y regresó su atención a lo que estaba cocinando, mientras que Jim se acercó a la tetera para ver si el té estaba finalmente hecho.

Se quedaron en silencio hasta que terminaron de preparar el desayuno. El silencio fue interrumpido solo cuando John le pregunto dónde estaban los platos. Se sentaron en los lados opuestos de mesa de la cocina y comieron en silencio mientras John se dejaba el cerebro pensando en que decirle. No estaba seguro si era por la historia de Jim o por el abrazo que había hecho que las cosas se complicaran, pero podía sentirlo entre ellos. Quería decir algo que hiciera que las cosas estuvieran bien o mejor, pero nada venía a su mente.

—¿Te he asustado?— preguntó Jim, mientras prácticamente apuñalaba sus huevos.

—Aun estoy aquí ¿no?

—Difícilmente— murmuró Jim mientras acercaba la taza a sus labios.

John apretó su mandíbula, así que colocó su pedazo de pan en su plató, tomó su taza y los llevo hasta donde estaba Jim. Los puso en el sitio cercano a Jim y se sentó, jalando la silla y entonces lo miró —¿Mejor?— preguntó, tomando su tenedor de nuevo.

Jim puso su brazo alrededor del respaldo de la silla de John y se inclinó hacia él. Se besaron profundamente por un momento antes de que John rompiera el beso y se alejara para tomar un sorbo de su té. Jim le dio un mordisco particularmente rudo a su tocino para desgarrarlo con sus dientes, luego se levantó de la silla. John apenas tuvo tiempo de colocar su taza en el platillo antes de que Jim se sentara en su regazo.

—Jim, tengo que ir a trabajar pronto—. Le informó John. Jim ni siquiera había comenzado a hacer algo, pero John sabía por dónde iban sus intenciones.

—No, necesito que te quedes—. Jim sujetó sus muñecas y las puso en el reposabrazos de la silla.

—Es en serio Jim, tengo que irme.

—¿Estás seguro de eso?— Jim liberó sus muñecas y lentamente deslizó sus manos por los brazos de John hasta que los dejó sobre sus hombros.

—Sí.

—¿Completamente?

—Sí.

—¡Ups!— dijo Jim dejando caer su toalla al piso.

—¡Jim!— gimió desesperado, sabiendo que estaba perdiendo rápidamente esta batalla. —De verdad, no puedo faltar a mi trabajo. Aun tengo que ir a mi casa y cambiarme. Tengo que irme.

—Eso es lo que tus labios están diciendo, pero tu pene está diciendo algo completamente diferente— dijo Jim, su dedo trazó la forma de su miembro del John a través de los pantalones. Efectivamente la sangre estaba rápidamente yendo hacia su entrepierna a pesar de todo lo que estaba diciendo. Jim sonrió triunfante y John sujetó su nuca y obligó a sus labios a juntarse para que se detuviera. Jim se alejó y miró el bulto de en la zona del vientre de John. —Mira, si tu polla esta rogando por esto.

—Dios, no uses esa voz— suplicó John, dejando caer su cabeza hacia atrás contra el respaldo de la silla.

—¿Qué voz?

—¡Esa voz! baja y entrecortada, tu voz de cuando estás a punto de correrte.

—No sé qué quieres decir con mi voz— respondió Jim, inclinándose hacia John, para que sus labios rozaron el oído de John. Su voz era un murmullo, casi un susurro profundo que provocó escalofríos recorrieran el cuerpo de John. —Pero si quieres que deje de hablar, siempre puedes hacer que mi boca se ocupe en otra cosa.

Jim presionó la palma de su mano contra la erección de John. —¡Oh Dios!— sollozó John, inseguro de como Jim podía estar desnudo y el completamente vestido y aun así estaba deshaciéndose de deseo a pedazos. Estaba prácticamente tragando bocanadas de aire, con el corazón acelerado, mientras que Jim estaba en perfecta calma, solo medio erecto y sonriendo maliciosamente. Debía estar consciente del efecto que tenía sobre él y estaba disfrutándolo.

—Mírate, estás perdiendo— Jim continuo hablando con esa voz y John estaba completamente ido, dos segundos se alejó y ya estaba casi suplicando por más. —Creo que tu pene quiere que lo chupe. Esta diciendo "Por favor Johnny, quiero quedarme. Quiero correrme. Quiero que Jim me haga una mamada y entonces correrme sobre su cara.

—¡Dios!— John casi se cae, afortunadamente estaba sentado, porque estaba seguro que sus rodillas hubieran fallado ya en ese momento.

—¿Aun te quieres ir?— preguntó Jim, sabiendo de antemano la respuesta.

—No peleas limpio— John gruñó disgustado.

—Por supuesto que no— replicó Jim, lamiéndose los labios y volviendo a relamérselos, haciendo que sonara casi pornográfico. —Podría decirte que es por ti, pero la verdad es que me encanta, adoro absolutamente estar dominado por ti. La primera vez en ese callejón, cuando me hiciste colocarme de rodillas. Fue increíblemente ardiente, mirarte tomar el control de la situación. Mirar lo poco de soldado que queda en ti. Nadie me había hablado así nunca antes, bueno, al menos no recientemente. Fue increíblemente sensual y es por eso que no podía sacarte de mi cabeza, es por eso que yo tenía que volver por más. Me encanta mirarte así tan descubierto, con nada más que mi boca en ti. Y pensar que creía que eras aburrido.

John frunció su ceño y estaba a punto de contradecirlo, pero Jim se deslizó hacia el suelo mientras estaba desatando los cordones de su pantalón. Su boca tarareó una nota de aprecio cuando estuvo frente al miembro de John. Le dio una ligera lamida con la punta de su lengua y luego retrocedió, puso dos de sus dedos dentro de su boca y los chupó, deslizándolos dentro y fuera de su boca de manera obscena, mirando a John todo el tiempo.

Sacó sus dedos de su boca y sujetó a John de sus caderas, quitándole los pantalones en el transcurso y finalmente colocando las piernas de sobre los hombros de Jim. Colocó los dedos dentro de John, mientras enterró su rostro en la entrepierna, su nariz rozando el vello púbico entre las piernas. —Dios, ese olor. Es intoxicante— gimió cuando sus dedos resbalaron dentro del hoyo de John entrando y saliendo. Le dio varias succiones al miembro de John, besos con la boca abierta a lo largo del eje, hasta apretar los labios en la punta, lamiendo el preseminal salado.

—¡Demonios!— John gimoteó sin aliento cuando Jim se lo tragó entero, su boca trabajaba en sentido contrario a sus dedos. John se dejó caer contra el respaldo de la silla, sin más remedio que aguantarse. No pasó mucho tiempo antes de que estuviera al borde del orgasmo. Se quedó suspendido por un instante y sujetó fuertemente con una mano el cabello de Jim.

—Estoy a punto de correrme— Le advirtió. —¡Dios!, Me estoy corriendo.

Nunca había acabado tan rápido, al menos no desde que era un adolescente y no pudo detener su descarga. Para su sorpresa, Jim se alejó y John se corrió sobre su rostro, cubriendo sus labios y parte de la barbilla. —¡Mierda!— John pasó su mano sobre su cara para frotarse fuertemente a la vez que dejaba caer sus piernas. —Eres un desastre—. Se rió al ver el rostro manchado de Jim. El Criminal Consultor solo sonrió y pasó su lengua por sus labios. John negó con su cabeza ante lo ridículo que se veía Jim, se inclinó hacia adelante, limpiando lo que quedaba con su lengua y labios.

Jim sujetó a John por la camiseta y lo jaló hacia abajo, para que cayera al piso. —Mi turno— dijo Jim antes de comenzar a frotar sus caderas contra el muslo de John. Atacó con sus labios el cuello de John.

—Sabes que puedes tener más que solo mi pierna.

—No hay tiempo— murmuró Jim rápidamente, moviéndose cada vez más veloz contra él, su polla se sentía cálida y palpitante contra su piel. John se movió un poco y sujetó el trasero de Jim para ayudarlo con sus movimientos.

—¿Cómo es posible que no me haya dado cuenta de que tienes un trasero plano?— comentó John, intentando sujetarlo bien, pero no había de donde más agarrarse.

—Bueno, tú tienes suficiente en uno por los dos— Jim retrucó, acercándose para morder la oreja de John.

John se rió y colocó su mano libre en el rostro de Jim para guiarlo a su boca. Jim gimió cuando sus labios se encontraron y se corrió, su semen resbaló en el muslo de John. Jim rodó hacia un lado para luego sentarse, alcanzó un paño de cocina que estaba sobre la estufa y limpió a John y así mismo antes de recostarse sobre él nuevamente.

—¿Satisfecho?— John arrastró las palabras, a punto de caer en un estupor post-orgásmico.

—Mucho.

—Bien— John se forzó así mismo a sentarse y luego ponerse de pie. Jim le mostró un mohín de disgusto desde donde estaba en el suelo. —No me mires así, si me doy una ducha rápida y corro a casa a cambiarme, quizás no llegue tan tarde.

John se colocó los pantalones y tomó rumbo hacia el baño. Jim se levantó rápidamente y lo siguió. John estaba caminando justo frente a la cama, cuando Jim lo tacleó y cayeron juntos encima de esta. —Jim, de verdad no estoy bromeando.

—No, quédate.

—¡No puedo!

—Vamos, no tengo ningún cliente programado, ni planes que hacer. Quién sabe o que pueda hacer si te vas.

—¡Eso es chantaje y lo sabes!

—¿Acaso me creías por encima de esto? Me gusta distraerme y tu eres precisamente eso, algo tan increíblemente divertido—. Jim recorrió con su mano el pecho de John hasta la parte inferior de la camiseta y comenzó a levantarla.

—Deja eso— dijo John, golpeando la mano de Jim. —Tengo que ir a trabajar, tu sabes es algo que nosotros la gente normal y aburrida tenemos que hacer.

Jim rodó sus ojos. —Sabía que no ibas a dejar pasar eso. Te dije que estaba aburrido, no que tu eres aburrido. Son solo las primeras impresiones querido, eso es todo. No significan nada. Estaba un poco presionado esa ocasión y como tú puedes comprobar, he re evaluado mi sentir desde entonces. El punto es que tú no eres aburrido, por lo tanto ¿Por qué tienes que ir a un trabajo mundano tan aburrido?

—Porque tengo cuentas que pagar. Sé que mi trabajo no es emocionante, es por eso que resuelvo crímenes y salgo con psicópatas en mi tiempo libre. Para mantener alejado el aburrimiento.

—Podrías renunciar. Te pagaré el doble de lo que ellos te dan, tan solo si puedo tenerte como mi esclavo sexual particular. Quizás incluso te encadenaría en el sótano.

—Creo que tal vez podrías hacerlo—. John se rió entre dientes, pasando sus dedos a través del cabello de Jim.

—Oh, sabes que lo haría—. Los ojos de Jim brillaron emocionados antes la idea. —Vamos, solo haz una llamada reportándote enfermo o incluso puedo hacerlo por ti.

—¡Vaya! De verdad quieres que me quede.

—Quiero seguir follandote sin parar, una y otra vez, lo cual es difícil sino estas aquí— dijo Jim, presionando su pelvis contra la de John.

—¡Dios!, estas duro de nuevo. En serio ¿No has a ser un adolescente?

—¿Qué puedo decir Johnny? Tú me conviertes en esto, me tienes todo el tiempo caliente. El otro día estaba fantaseando en tenerte atado a mi cama y jugando contigo. Tuve una reunión con un cliente, donde no pude evitar tener una erección ante mis pensamientos. Creo que se fue con la idea equivocada de que me sentía atraído por él.

John soltó un bufido. —Es bueno que no fue a causa de él, sino quizás podría haberme puesto celoso—. Levantó su cabeza y atrapó los labios de Jim dentro de un beso. —Me halaga saber que tengo ese efecto en ti.

—Deberías saberlo. Eres muy distrayente y como te dije, no tengo nada planeado para este día. Te quiero poseer una y otra vez, únicamente pasar el día follandonos uno al otro, en cualquier superficie plana de mi departamento.

—Eso es muy ambicioso.

—Extremadamente.

—Sabes…— dijo John pensativamente y besando de nuevo a Jim. —Si me atas como quieres…— Se detuvo para darle otro beso. —Sería muy difícil…— Deslizó sus labios dibujando la mandíbula de Jim. —Para mí, ir a trabajar.

Los ojos de Jim se iluminaron. —¡Oh Johnny! Algunas veces puedes ser tan brillante.

—Gracias— dijo John antes que Jim atacara su boca de nuevo. Sonrió contra los labios de Jim y luego por ese mismo beso, cualquier inconveniente o sentimiento de ir a trabajar desapareció por completo.

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—No, me temo que John no puede ir a trabajar hoy, esta tan enfermo. Salimos a comer a un nuevo restaurant de mariscos y creo que se intoxicó con la comida— dijo Jim, haciendo sonar su voz con gran tristeza y apenada como le fue posible, mientras estaba mintiendo con todos sus dientes.

—Lo lamento ¿Quién eres tú?

—Soy Jim, el novio de John. Me pidió que te llamara porque el pobre no ha podido dejar el baño en horas. Quizás ni siquiera pueda ir mañana—. Jim se giró hacia John y le guiñó un ojo. John dijo algo pero fue ahogado por la mordaza.

—Oh ok, bueno dile que espero se ponga mejor. Gracias por avisarnos.

—No hay problema cariño. Estará ahí tan pronto como se sienta mejor— dijo Jim, colgó el teléfono. Se acercó al buró y tomó el cigarrillo encendido que estaba sobre el cenicero. Le dio una profunda calada y expulsó el humo lentamente, sus ojos recorrían cada centímetro del médico militar desnudo que estaba atado a su cama, con una mordaza, la cual tenía una pelota haciendo que los labios estuvieran abiertos siempre. —Ahora— dijo fumando otra calada antes de aplastar el cigarrillo en el cenicero. Sus labios se curvaron en una sonrisa mientras el humo escapaba de sus labios. —¿Quién es tu papi?—

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John colapsó encima de Jim antes de que siquiera este finalizara de correrse. Para ese momento ya había perdido la cuenta de cuantas veces habían tenido sexo en las pasadas veinticuatro horas, pero debían de haber establecido un record. Con algo de dificultad, rodó para liberar a su amante de su peso y luego enterró su rostro en la almohada. Jim giró de su mismo lado y en un momento se quedaron mirando el uno al otro.

—¿Entonces este es tu brillante plan? Follarme hasta que me enamore de ti.

Jim se encogió de hombros. —En cuanto a planes, no es el peor que he escuchado.

—Bueno, creo que oficialmente no follaré más. Mi polla probablemente estará inerte durante semanas después de esto.

—Eso no es bueno— dijo Jim, recorriendo con su mano la espalda de John.

—Creo que fue demasiado para mí— respondió John dándole una ligera sonrisa.

—Pues creo que te mantuviste al paso admirablemente.

—Gracias, creo.

Jim atrajo a John hasta él, deslizándose entre sus brazos, hasta que sus pechos quedaron juntos. Sus piernas se entrelazaron y Jim enredó sus dedos con los de John. —Quiero más de esto— confesó Jim, mientras daba besos suaves a lo largo de la clavícula de John. —Quiero más duchas y folladas, despertar en tus brazos y que me hagas el desayuno. ¿Es como se supone que debe ser?

—¿Una relación? Si, normalmente. Aunque no todo mundo hace esto atar y amordazar— replicó con una sonrisa irónica.

—Bueno, nunca había hecho nada de esto, aparte de follar un poco.

—En cierto modo me di cuenta con eso "yo no tengo citas".

—¿Qué hay de ti?— preguntó Jim, mirando a John como si fuera un rompecabezas frustrante, en el que Jim había trabajado durante horas y no pudiera terminar de armarlo. —No tienes… sentido.

—Si tuviera sentido, creo que ya te hubieras aburrido y no estaría aquí.

—Lo sé, lo sé, es solo que me tratas como una persona normal, como si fuera un ser humano.

—Eres un ser humano— dijo John confundido.

—Nadie más cree eso.

—Bueno, el resto se puede ir al carajo, ¿A quién le importa lo que piensen? Jim tu no… soy la primera persona a la que has dejado entrar, me has permitido acercarme. No es extraño que nadie te conozca tan bien. Quiero decir aparte de la imagen pública que das, todos tienen una impresión. Pero todos son rumores y susurros. Nadie te conoce como yo lo hago, por lo tanto su opinión no debería importarte.

—Y no me importa— respondió Jim a la defensiva. —Eres la única persona cuya opinión me importa.

—Bien. Entonces no debes sentirte confundido cuando te trate como una persona. No eres un monstruo Jim y no voy a tratarte como tal.

—Te amo— soltó Jim y luego tragó saliva, cerrando los ojos por un instante. —Ya se, ya sé que no vas a decirme lo mismo. Solo necesitaba decirlo.

—Está bien. Me gusta escucharlo— respondió John dándole una sonrisa, colocó un dedo bajo la barbilla de Jim y alzó su rostro para que sus labios pudieran encontrarse. Sus bocas se unieron moviéndose suavemente una contra la otra. John rompió el beso y apoyó su frente contra la de Jim. —Creo que es posible que ya haya comenzado a enamorarme de ti también.

—¿De verdad?— cuestionó Jim, arqueando una ceja escépticamente.

—Ya llegaré ahí— prometió John, cerrando el espacio entre sus labios otra vez.

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Jim estaba aburrido, aburrido, aburrido, aburrido, aburrido, aburrido. Su único cliente del día había sido frustrantemente fácil. ¿Donde estaban últimamente los criminales de altura?, ¿Qué le ocurría a las redes de contrabando? ¿Los asesinos seriales? ¿Qué le estaba pasando a la clase criminal últimamente? No había estado involucrado en un asesinato en lo que le parecía una eternidad.

En lugar de eso, comenzó a buscar una distracción, su distracción. Después de dos días que de John se había ido, ahora su departamento se sentía tan vacio sin él. Jim odiaba eso. Por lo tanto fue a su oficina y hackeó el sistema de CCTV comenzando una pequeña cacería para encontrar al médico militar. Finalmente lo encontró, sobre una banqueta, cerca de Sherlock, ambos estaban agachados mirando un cadáver.

John llevaba una camisa de cuello alto con un suéter sobre esta. El azul claro hacia resaltar sus ojos, sus cansados ojos observó Jim con satisfacción. Sus jeans le sentaban perfectamente y John se giró un momento para decirle algo el DI, dándole a Jim una vista perfecta de redondo trasero. Sacó su teléfono de su bolsillo y rápidamente envió un mensaje de texto.

Te ves tan sensual justo ahora –M

El teléfono de John sonó en su bolsillo y entonces finalizó lo que estaba diciendo, antes de sacarlo. Cuando terminó de leer el mensaje, miró a su alrededor en busca de cualquier indicio de Jim. El Criminal Consultor sonrió y esperó a que John se percatara de donde estaba. Finalmente los ojos de John fueron hasta la cámara de CCTV que estaba al otro lado de la calle.

Estoy un poco ocupado.

¿Con que? Atrayendo audiencia para Sherlock? –M

Piérdete guarro.

Jim se dio cuenta de que John estaba sonriendo y Jim no pudo evitar sonreír de vuelta. Subió sus pies sobre el escritorio y encendió todas las pantallas para que observara a John.

Mira a toda esa gente alrededor, pensando que únicamente eres un médico militar con un lindo suéter, no tienen ni idea de lo que hay debajo. –M

¿Mi pecho?

Yo estaba hablando acerca de tu inmensa polla, pero tu pecho también está bien –M

John ahogó una risa, interrumpiendo a Sherlock, el cual estaba enlistando todas sus deducciones. Frunció el ceño hacia John, antes de de girarse para volver a lo que estaba diciendo.

Oh, oh, a alguien no le gusta que le quieten la atención –M

Eso es porque estamos intentando resolver un asesinato aquí.

Fíjate, va a hacerlo de nuevo, ese gesto de arrugar su nariz –M

Efectivamente, tan pronto como John terminó de leer el mensaje de texto, miró a Sherlock y notó como su nariz se arrugó en un gesto de disgusto. John tosió para disimular una risa y el ceño fruncido de Sherlock se profundizó. Cuando John se tranquilizó, se apresuró a escribir una respuesta.

Eres un imbécil.

Pero soy tu imbécil. ¿Cuándo puedo verte? –M

Déjame ver, ya prácticamente estamos terminando aquí. Sherlock ya lo resolvió. Una pérdida de tiempo según él.

Bien, entonces trae ese delicioso trasero aquí y dejare que me des de azotes por ser tan malo –M

¿Es una promesa?

Solo si te apresuras –M

Tomaré un taxi justo ahora.

John comenzó a alejarse cuando Sherlock lo sujetó del brazo. Discutieron por un momento y Jim observó fijamente la pantalla. Estaban demasiado cerca y podía haber cortado la tensión sexual con un cuchillo, aunque podría mejor cortar la mano de Sherlock para que dejara de tocar a SU John. Se recargó sobre el respaldo de su silla sin dejar de mirar la pantalla, pensó que era tiempo de que Sherlock aprendiera a saber que era y que no era suyo. Tiempo para que supiera que pasaba con las personas que tocaban las cosas que eran de Jim.

Continuará

Saludos

Arima chan

Miren que no me he tardado eternidades como otras ocasiones, es más estuve a punto de colgarlo la semana pasada pero entre una y otra cosa no había podido corregir, cualquier error ya saben que es culpa mía, no tengo beta.

El siguiente capítulo será el más largo de toda la historia, prometo apurarte lo más posible en mis ratos libres, que aunque son muchos, en ocasiones no se en que acabo gastándolos. Por cierto hice una revisión y estamos a 7 capítulos de acabar esta historia, avisaré cuando esto esté llegando a su clímax es decir cuando Sherlock descubra la verdad, les aseguro que no le sentará nada bien.