Disclaimer: Todos los personajes de Shingeki no Kyojin que aparecen en esta historia pertenecen a Hajime Isayama.

Advertencias: Yaoi. Reencarnación. Palabras altisonantes. Universo Alternativo.

Parejas: Eren x Levi, Erwin x Levi, Eren x Annie.

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CAPÍTULO VIII

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Retomando el camino, parte 2

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— Heichou, si me fuera con otra persona, ¿qué sentiría?

— ¿Ah? ¿A qué se debe esta pregunta?

— Dicen mis compañeros que hay una recluta que pregunta por mí todos los días y que quiere unirse a la Legión para estar cerca de mí y cosas así… Algunos me dicen que me acerque, que tal vez resultará bien pero no puedo, estoy con usted y no debo hacer eso, ¿cierto?

— Haz lo que quieras. Vete con ella si es lo que quieres. Yo no tengo por qué interferir.

— ¿Entonces no le importa lo que pasa entre nosotros, lo que tenemos?

— No estoy diciendo eso, digo que tú eres libre de hacer lo que quieras con quien quieras, y si lo que quieres es conocerla y estar con ella, pues hazlo; no te detendré.

— ¿Eso significa que usted también se va con quien le place nada más porque puede hacerlo?

— No, no significa eso. Si tuviera la necesidad de irme con alguien, ya lo habría hecho, pero estoy contigo y si tú quieres irte con alguien más, yo no puedo detenerte.

— ¡Heichou!

— ¿Qué te pasa? No grites así.

— Es que ha dicho algo hermoso.

— ¿Eh? ¿Qué diablos dije?

— No importa si no lo entiende pero para mí está claro que ni siquiera debo pensar en conocer a alguien más. Con usted tengo todo lo que necesito.

— Si tú lo dices. Ahora deja de parlotear y ven a la cama, estoy muerto.

— ¡Sí, Heichou! Lo que diga.


Fueron segundos solamente en los que Levi se dejó hechizar por la mirada de Eren, en dos parpadeos detuvo todo el tren de pensamientos que lo llevaba irrevocablemente a los sentimientos que estaba intentando borrar.

— Deja de callarme como si fuera una señorita. —Exigió con rabia al tiempo que empujaba al otro unos pasos atrás—. ¿Qué demonios quieres? Habla para que pueda largarme.

— Lo siento, pero no hay otra forma de acercarme a ti, tus guardaespaldas no me dejaron hacerlo nunca.

— No son mis guardaespaldas. ¿Qué quieres?

— Sólo hablar. No hemos cruzado palabra desde aquel día y pues, no sé, siempre me gustó hablar contigo.

— ¿Pretendes que seamos los mejores amigos del mundo después de la sarta de pendejadas que dijiste? Por favor, creo que hemos comprobado que es mejor que estemos separados, además tú ya tienes alguien por quien preocuparte, así que déjame en paz.

El pelinegro giró sobre sus pies rumbo a la puerta, una mano se posó en su brazo.

— Por favor… Sé que estoy con Annie pero…

Las palabras se agolparon en su garganta, sin embargo la nula respuesta de Levi y el hecho de que cesara sus intentos de irse, le dieron a Eren los ánimos para continuar con lo que, casi sin querer, estaba saliendo de su interior.

— No me gusta que estemos peleados, me gusta estar cerca de ti, que hablemos y eso… De verdad, no quiero estar lejos.

— ¿Por qué? ¿Cuál es tu beneficio al estar conmigo? Deberías dejar de perseguirme y seguir con tu prometedora vida.

— Hablas como un anciano, ¿qué te pasa? Pareciera que te estás despidiendo.

— Hablo como me da la jodida gana y deja de hacerme perder el tiempo.

— Levi, por favor… No te vayas…

— ¿Qué quieres, Eren? Ya basta, deja de jugar.

— No estoy jugando, yo sólo quiero…

— ¡Dime qué diablos quieres de una puta vez!

— ¡A ti! ¡Te quiero a ti, carajo!

Como un rayo a mitad del firmamento, las palabras de Eren retumbaron en todo el ser del pelinegro, quien no tuvo manera de responder a aquella abierta muestra de sinceridad.

— Eso es lo que quería decirte… Estoy con Annie y decidí dejar de buscarte pero no puedo, no puedo estar lejos…

Automáticamente su mente se negó a creer lo que escuchó. Debía salir de esa situación y no había opción de permanecer más tiempo ahí.

— Déjate de bromas idiotas. No tiene sentido lo que dices, es una estupidez.

— Sé que no tiene sentido pero es la verdad. Me gustas.

Los oídos de Levi se taparon como si una gran ola lo estuviera arrastrando lejos de la realidad

— Cállate. Basta. Ya basta.

Con demasiada lentitud y demostrando la consternación en que se encontraba, el pelinegro se arrinconó contra la puerta y, con desesperación, comenzó a buscar una salida.

— Por favor, Capitán.

Esa palabra derrumbó las endebles barreras que aún mantenía Levi en alto y, aprovechándose del momento, el ojiverde lo tomó de las muñecas y recargó su peso en él para no darle oportunidad de escapar.

Sin decir una sola palabra, Eren posó sus labios en la boca contraria y sintió a la perfección cómo su sempai se contraía. Un beso insistente empujaba la boca de Levi hasta que cedió y le permitió la entrada de una lengua invasora.

Intentó sin éxito detener la intromisión. Y, al notar la insistencia y demanda del oiverde, pensó en la inutilidad de resistirse, así que se dejó llevar por lo que había deseado que pasara tantos años atrás.

Las manos del castaño se aferraron a la cadera del otro. Los brazos de Levi se abrieron camino hasta que se enredaron en su cuello. Se aferraron el uno al otro en una entrega desesperada y lujuriosa.

Suavemente, Eren comenzó a guiar a su compañero hasta la cama de la habitación, la cual parecía lista para recibirlos. Sus manos se dirigieron a la hebilla del cinturón y tiraron de ella, lo mismo sucedió con el pantalón y pronto Levi se vio semi desnudo de la parte inferior de su cuerpo. Sin detener el contacto, las manos del pelinegro hicieron lo mismo que las contrarias y se deshicieron de las estorbosas prendas.

Con cuidado, Eren depositó a su sempai en la cama y dio un tirón a las prendas superiores, deleitándose con la piel que quedó expuesta segundos después. Una sonrisa lasciva adornó su rostro y se lanzó encima del chico que comenzaba a mostrar dudas ante lo que estaban a punto de protagonizar. Buscando asegurarse de que Levi no se arrepintiera, se recostó sobre él cerciorándose de que su creciente erección se restregara en la entrepierna del otro, logrando sacarle el primer gemido de la noche.

— E-Eren… ¿Estás seguro?

Cuestionó el pelinegro con los ojos nublados de deseo y la esperanza latente de no escuchar una negativa.

— Claro que lo estoy.

La respuesta fue acompañada con otro beso aún más aprensivo que el anterior.

Sin la menor intención de detenerse, Levi comenzó a jalonear la playera de Eren hasta que lo dejó desnudo de la parte superior, se deleitó con el pectoral levemente marcado por el ejercicio y se aferró a su fuertes brazos, al tiempo que el chico dejaba sonoros besos por su cuello y pecho.

Con el deseo desbordado, el pelinegro guio la cabeza el castaño hacia abajo, hasta dejarlo frente a su evidente erección y, con una voz demandante, le ordenó devorarlo como antes lo hacía.

Profundos gemidos inundaron la habitación que comenzaba a subir su temperatura, afortunadamente la fiesta se encontraba en su apogeo, lo cual le propinó a la pareja la confidencialidad que necesitaban.

Deliciosos minutos duró el encuentro entre la boca de Eren y la húmeda hombría de Levi. Los labios de Eren envolviéndolo se sentían, por mucho, mejor de lo que podía recordar. Ese tacto húmedo y los sonidos vulgares que de él provenían, le hacían perder la noción del tiempo y la realidad. Se permitió cerrar los ojos y concentrarse en el placer extremo que lo envolvía.

Expectante de más, las manos del castaño se abrieron paso sobre los muslos de su sempai y se aferraron a su cadera, provocando un enorme gemido y una punzada que sacudió el pene de Levi dentro de la boca del otro.

— Ya… Déjame hacerlo… También.

Ordenó el más pequeño de los hombres colocando una de sus manos sobre los suaves cabellos del castaño y empujándolo ligeramente.

De la manera más erótica posible, el castaño sacó lo que guardaba en su boca y, limpiándose con el dorso de la mano, sonrió con malicia, una que desbordaba por sus brillantes ojos.

— ¿Qué quieres hacer? Yo estoy perfectamente aquí, la vista es hermosa.

La respuesta que Eren esperaba era algo más tierno y, quizás, sutil, sin embargo, la patada en su pecho que lo envió directo a la alfombra de la habitación fue mucho más real de lo requerido.

— Cállate, te he dicho que no soy una señorita. Así que cierra la boca.

El siguiente movimiento sucedió sin que el ojiverde pudiera, siquiera, darse cuenta. Para cuando se percató de lo sucedido, ya tenía la lengua de Levi recorriendo su miembro de la base a la punta. Su sempai tenía experiencia, era obvio, pero no pensó poder ser el beneficiario de aquel paraíso.

A pesar de lo pequeño y, a veces, tierno de su fisiología, el pelinegro se esforzaba por verdaderamente hacer disfrutar a su compañero. Movía su lengua en la forma correcta en que lo hacía gemir en distintos niveles auditivos, masajeaba aleatoriamente sus testículos y su pene y, le pareció percatarse, de que el otro estuvo a punto de correrse en más de una ocasión.

Para Levi, ese momento rebasaba el simple contacto físico entre adolescentes, no sería cualquier polvo de una noche y, mucho menos, una experiencia que pretendería olvidar al día siguiente; significaba la realización de tantos deseos que, por décadas, permanecieron inconclusos, era la materialización de todos los sentimientos que jamás se borraron de su interior, era, a todas luces, la corroboración de que el amor seguía vigente.

Ambos chicos se encontraban excitados a tal punto que la respiración se dificultaba y sus cuerpos exigían más de todo aquello.

Eren empujó la cabeza de su compañero hacia abajo y, sin poder contenerse más, se corrió en la boca de su sempai, quien, lejos de permanecer quieto, violentamente giró su cabeza provocando que la alfombra se ensuciara.

— ¡Pendejo! ¿Por qué no me avistaste?

Cuestionó el enérgico pelinegro mientras se limpiaba los rastros de semen de su cara.

— Se supone que debías tragarlo. No eres romántico.

El ceño fruncido de Eren denotaba su molestia, lo cual no hizo más que divertir a su compañero.

— ¿Quieres romance?

Los azules ojos de Levi brillaron al tiempo que una perversa idea recorría su mente.

Tomó al otro de un brazo, lo ayudó a levantarse para depositarlo en la cama y, sin dejarlo objetar, se colocó a horcajadas sobre su pelvis.

— ¿Q-Qué haces?

Apenas logró articular Eren, quien no daba crédito a lo que sucedía ante sus ojos.

— ¿Qué es más romántico que esto?

Apenas terminó la pregunta, comenzó a penetrarse lentamente con la erección del castaño, la cual no había perdido ni un poco su vigor a pesar de la eyaculación anterior.

La evidente expresión de dolor del mayor daba cuenta de lo difícil que esa acción resultaba para él pero no pensaba dar vuelta atrás. Al percatarse de que sólo se había introducido la punta del glande, respiró profundamente y, con determinación, continuó sentándose en la hombría que lo esperaba.

Decir que aquella situación era lo más erótico que el chico había vivido era poco, pues ni en sus sueños más húmedos pensó en poder experimentar lo que su sempai le estaba regalando.

La estrechez de Levi era tal que, por momentos, resultaba verdaderamente doloroso. Sin embargo, la lujuria y el placer le hacían resistir esos roces que, de a poco, se volvían más satisfactorios.

El ligero sonrojo en las mejillas del pelinegro y sus movimientos cadenciosos, pronto lograron que varios gemidos comenzaran a salir del más joven, el cual posó sus manos en la cadera del otro para ayudarlo a mantener un ritmo constante mientras se restregaba una y otra vez en su inflamado pene.

— Carajo, Levi…

Murmuró Eren, extasiado y con el juicio nublado al tiempo que el —casi— obsceno cuerpo de Levi se movía sobre él, propinándole el mayor placer posible, uno que lo haría explotar en poco tiempo.

Una ligera y satisfecha sonrisa adornaba el rostro del mayor y se acentuaba cada segundo que era testigo de los estragos que estaba dejando en su compañero, pero no era suficiente, había algo que aún faltaba y que no estaba dispuesto a dejarlo pasar.

Casi como si adivinara sus pensamientos, el ojiverde lo levantó por la cadera y lo depositó sobre la cama sin dejar de penetrarlo. El gemido de placer y dolor por el cambio de posición no se hizo esperar, pero Levi agradeció internamente, ya que a partir de ese momento pudo sentir a Eren mucho más dentro de él.

El deseo, la lujuria, la pasión y los sentimientos encontrados se arremolinaron dentro del castaño que, sin poder pensar se perdió en la mirada de Levi, una que jamás creyó poder ver y que, sin querer reconocerlo, siempre deseo hacerlo.

La posición resultaba deliciosa pero cansada para los jóvenes cuerpos que no estaban acostumbrados a tal actividad. Poco a poco las piernas del más joven comenzaron a resentirse, la cadera del pelinegro también lo hizo; y aun así, ambos se resistían a terminar ese idílico momento.

Algunos minutos más se entregaron el uno al otro de esa manera tan intensa, tan propia de los amantes.

— Le-Levi… Ya no… Puedo…

— Termina… Hazlo…

Susurraron levemente entre gemidos. Eren sintió que el alma se le iba del cuerpo mientras un calor indescriptible amenazaba con desbordarse hacia afuera. Levi, por su parte, cerró los ojos preparándose para lo que vendría.

Una estocada más, sólo eso fue necesario para rozar el paraíso con los dedos. El pelinegro dejó la mente en blanco y permitió que el espeso semen se desbordara hasta quedar esparcido en su abdomen; mientras tanto, el ojiverde no pudo soportar la presión ejercida por las entrañas de su compañero, no le quedó más opción que dejar de penetrarlo mientras su eyaculación comenzaba a desbordarse hasta quedar mezclada con la dispersada segundos antes por su sempai.

El tinnitus en los oídos, el pulso acelerado, la respiración entrecortada y el temblor de las extremidades se conjuntaron para no dejar que los chicos pudieran reaccionar inmediatamente, lo único que estaba en sus mentes era la improbabilidad de lo que protagonizaron

Después de algunos minutos ambos regresaron a sus cuerpos, instante en que Levi se percató del pegajoso desastre que residía en su abdomen, también Eren se percató.

— ¡Perdón! ¡T-Te ayudo a limpiarte!

Inmediatamente corrió a buscar algo que lo pudiera ayudar a limpiar la viscosidad que comenzaba a deslizarse hacia abajo.

— Déjalo así.

Dijo sin inmutarse, tomando un pequeño pañuelo que guardaba en su pantalón.

Para Eren, el simple acto de limpiarse de esa forma cuidadosa, se convirtió en algo erótico por sí mismo. Se quedó pasmado, casi sin respirar mientras observaba el espectáculo. Algunos segundos después recordó dónde estaba y se dio cuenta de que debería comenzar a vestirse, tal y como lo estaba haciendo su compañero.

Aunque trató de disimularlo, la alegría recorría cada centímetro de su cuerpo, Levi se sentía flotar entre nubes tras lo sucedido y sin poder evitarlo, la incertidumbre de lo que pasaría con ellos a partir de ese día lo invadió por completo. Prefirió continuar vistiéndose en silencio, quizás así evitaría la incómoda plática que resultaba obligatoria.

El castaño estaba en su mundo, extasiado por todo el encuentro e imaginando teorías sobre lo que serían sus vidas. No pensaba en el futuro, más bien quería correr por todos lados, quería gritar la felicidad que sentía. Quizás por eso no se percató de lo cerca que se encontraba Levi, quien pretendía apresurarlo para que salieran del lugar.

— Mikasa tenía razón…

La frase se escapó casi como un murmullo de sus labios, una sonrisa lo acompañó; pero a los oídos del pelinegro, esas palabras estaban lejos de ser alegres.

— ¿Qué acabas de decir? ¿Cuál Mikasa? ¿Mikasa Ackerman? ¿Cómo la conoces? ¿Desde cuándo?

La feroz mirada del más bajo se posó en la figura que parecía encogerse tras caer en cuenta de que, al parecer, no permaneció sólo en su mente.

— Ah, este… Yo… Ella… Es amiga de Armin… —Dudó en continuar hablando pero ya no tenía otra opción—. Tres meses, la conozco desde hace tres meses.

Sentenció con la mirada fija en la alfombra.

— ¿Qué te dijo?

Segundos de silencio se posaron entre ellos.

— ¿Qué mierdas te dijo? ¿En qué tenía razón?

Eren exhaló derrotado. Sabía que esa conversación no terminaría bien.

— Dijo que accederías a cualquier cosa si te decía "Capitán"…

Un estruendo se posó en la mente de Levi. Él había atravesado la barrera que tuvieron en la época de los titanes, se acercó a ella y platicó incontables veces de lo que le sucedía con Eren, ella sabía todo y aun así fue capaz de entablar una relación con él sin decirle nada. ¿Qué diablos había pasado? ¿Por qué lo hizo? ¿Acaso terminó sucumbiendo ante los sentimientos del pasado? ¿Podría ser que la relación que compartió con Eren fue más fuerte que el ligero lazo familiar que los unía en el presente?

Los castillos edificados en el aire se derrumbaron nuevamente.

— ¿Sólo lo dijiste para que te diera el culo?

La sombría voz del mayor alertó al castaño de que la situación distaba mucho de ser benéfica.

— ¡No! Yo de verdad sólo quería hablar pero no me dabas oportunidad… Lo dije y me dejé llevar… Lo siento…

El pelinegro caminó a la puerta, tomó el picaporte y se detuvo pensativo.

— Es la última vez que me usas. No me vuelvas a buscar.

— ¡No, espera! ¡Levi!

Gritó tropezándose con sus zapatos, los cuales aún no amarraba adecuadamente.

El pelinegro salió a toda velocidad hacia el pasillo, ignoró por completo los gritos del castaño tratando de soportar el impulso de golpearlo con todas sus fuerzas. En medio de su apresurada marcha tropezó con Jean, le dedicó una mirada y de inmediato vio su camino libre nuevamente.

Al notar lo apresurado de Levi y notar que Eren corría detrás de él, Jean de inmediato se acercó a su amigo para intentar averiguar qué sucedía.

— ¡Levi, espera!

En plena carrera, el chico de ojos miel interceptó a Eren, quitándole la ligera oportunidad de alcanzar al sempai de ambos.

— ¿Qué diablos pasa? ¿Por qué parece que está huyendo y por qué le gritas así?

— Mierda.

Fue lo único que pudo articular al caer en cuenta de que Levi se había ido, en más de un sentido.


De vuelta en la planta baja de la mansión, una furiosa mano tomó el brazo de Erwin, quien se sorprendió sobre manera al reconocer a su dueño.

— ¡Levi! ¿Dónde estabas?

— Vámonos.

Ordenó sin la menor intención de explicar su conducta; el rubio lo comprendió de inmediato. Sin resistencia alguna, ambos salieron de la fiesta, alejándose para buscar el momento de hablar.

Después de alrededor de una hora de caminar sin rumbo, Erwin se atrevió a preguntar sobre lo sucedido en el tiempo que su amigo desapareció, aunque se imaginaba de qué se trataba todo.

Con la mirada perdida en el infinito, Levi se limitó a responder:

— Se acabó. A partir de hoy regresaré al camino que nunca debí dejar.

— ¿A qué te refieres?

Preguntó sabiendo la respuesta pero, como siempre, deseaba que Levi pusiera en palabras sus ideas y sentimientos.

— Eren está fuera de mi vida.

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¡Hola!

Más de un mes sin actualizar, sinceramente creí que tardaría más. xD

¿Qué opinan de este capítulo? Ahora sí necesito que me digan su opinión porque a partir de esto llevaré la trama a un lado o a otro y aún no lo decido por completo, digamos que Eren me convenció de que no es tan malo como yo lo quería desde que pensé el fic. xD

Anyway, espero sus hermosos comentarios y nos leemos la próxima que, como siempre, no sé cuándo sea.

Saludos.