9. No eres el miedo que ahoga, eres la vida que das
–¡Venga, date prisa!
–¡Que ya voy, pesada!
Carina bufó frustrada en el salón y Cassie hizo prácticamente el mismo gesto en su dormitorio. Se suponía que iban a irse de fin de semana todos juntos y habían quedado a las nueve, pero la rubia no terminaba de recoger sus cosas.
–Venga, cariño, no te enfades –Rose rió y pasó un brazo por encima de los hombros de su hija–. No tenemos prisa por llegar.
–Pero seguro que los abuelos y Lyra y Orion ya llevan un rato preparados y están esperándonos –negó con la cabeza–. ¡Vamos, Cassie!
–¡Ya va, ya va! –Replicó ella, que acababa de salir de su cuarto y había comenzado a bajar las escaleras con Jean en brazos y las maletas flotando tras de sí–. Merlín, qué impaciente eres. Vamos a Monte Carlo, tenía que ponerme guapa.
–¿Y te ha llevado tres horas? –La miró de arriba abajo y negó con la cabeza–. ¿Piensas ir así a la playa?
–No. Voy a ir así al casino.
–¿Y te vas a llevar a Jean?
–Claro que no –puso los ojos en blanco y se acercó a ella–. Contrataré a una niñera.
–Tus abuelos decían que probablemente no irían así que podrán quedarse con ella –comentó su madre, sonriendo antes de coger a la pequeña–. Además, ¿de verdad creéis que voy a dejaros desfasar? Monte Carlos no es Las Vegas.
–Pero seguro que es genial. ¿Habéis visto las fotos del hotel? –La rubia suspiró, emocionada–. Es precioso, creo que me he enamorado.
–Pues entonces, vayámonos cuanto antes –Astoria lanzó una carcajada y se agarró al brazo de su nieta–. Hace muchísimos años que no voy y tengo ganas de ver si sigue siendo tan maravilloso como cuando estuve por primera vez.
–En nuestra luna de miel –le recordó Draco, sonriendo–. Nos quedamos en la misma suite que he reservado esta vez. Siempre nos hemos quedado en la misma.
–Qué monos…
–Sí, adorables –Scorpius sonrió de medio lado–, pero ahora vámonos. Me gustaría estar instalado para la hora de comer.
–Sí, vamos –Carina sonrió–. Me muero de ganas de llegar.
Rápidamente, todos se desaparecieron y no tardaron en llegar a la casa de los Weasley, donde Lyra y Orion ya estaban esperando con Ron y Hermione, listos para emprender el viaje.
–Cariño, ¿cómo estás? –La castaña se acercó y abrazó a su hija, que sonrió.
–Bien, la verdad es que últimamente tengo más energía y esta mañana me he levantado muy bien. Probablemente sea la emoción del viaje.
Ron también la abrazó y sonrió. Habían decidido organizar ese viaje entre todos para animarla un poco y, desde que lo habían anunciado, Rose estaba muy ilusionada. Nada le apetecía más que pasar aquellas vacaciones con su familia.
Llegaron al Hotel Hermitage por la entrada para magos, a través de la red flu, y pasaron al vestíbulo todos juntos. Los cuatro más jóvenes –al igual que Ron– miraban todo asombrados mientras seguían a los demás, que actuaban con más normalidad, hasta recepción.
–Bonjour! –Saludó Draco, con una pequeña sonrisa–. Nos sommes les Malfoy et les Weasley. Nous avons une réservation.
–Oui. Un moment, s'il vous plaît –la mujer tecleó algo en el ordenador y le devolvió la sonrisa–. Trois chambres Queen Supérieure, une avec un lit de bébé, une Simple Suite avec terrasse et une Diamond Suite avec jacuzzi. C'est bien ?
–Oui, parfait.
–Vous voulez une réservation dans une de notres restaurants ? L'Hirondelle ? Le Vistamar ?
–Oui. A l'Hirondelle pour manger et al Vistamar pour diner. Une réservation pour neuf adultes et un bébé.
–A une heure va bien? Et après a huit ?
–Oui. .
–Très bien ! –Anotó algo en el ordenador y sonrió–. Alors, ces sont vôtres clés avec les nombres des habitations. Bienvenues a l'hötel Hermitage !
Draco cogió las llaves y las repartió antes de señalar el ascensor más cercano, al que todos se dirigieron rápidamente.
–Vuestras habitaciones –les tendió las llaves a Hermione, Lyra y Orion–. Las nuestras están un poco más arriba.
–¿Cuál es la que tiene la cuna? –Preguntó Cassie, con el ceño fruncido.
–La que le he dado a tu hermano, no te preocupes.
–Vale –asintió–. ¿Nos vemos entonces para comer o queréis pasear o hacer algo antes?
–Nosotros queríamos conocer un poco los alrededores –contestó Ron–. Quien quiera, puede venirse.
–Yo me apunto –dijo Lyra.
–Y yo –añadió Carina.
–Pues yo voy a ir a tomarme el aperitivo –Astoria sonrió de medio lado–. ¿Nadie se apunta? Pago yo.
–Eso suena muy bien, abu –Cassie lanzó una carcajada–. Pasa a buscarme cuando estés lista.
–Lo haré.
Las puertas del ascensor se abrieron y todos excepto Draco, Astoria, Scorpius y Rose bajaron. Siguieron subiendo hasta llegar a su planta y las dos parejas se despidieron para buscar sus habitaciones.
–¿Y nosotros qué vamos a hacer antes del almuerzo? –Le preguntó Rose mientras ambos se dirigían hacia su suite.
–Es una sorpresa –sonrió de medio lado y se detuvo frente a una puerta–. Esta es.
Abrió y la pelirroja abrió mucho los ojos al ver un enorme ramo de flores sobre la cama.
–Scorp…
Lo besó con dulzura y ambos sonrieron.
–He contratado un paquete romántico. Esta tarde vendrán a hacernos un reportaje de fotos como a los famosos muggles –le contó antes de besarla de nuevo–. Pero ahora, quiero hacerte el amor.
–¿Me has traído hasta Monte Carlo para hacerme el amor? –Ella lanzó una carcajada.
–Me parece una forma genial de empezar nuestro viaje.
La aupó, haciendo que enredara las piernas alrededor de su cintura, y cerró la puerta mientras unían sus labios en un beso apasionado. Se dirigió hacia la cama y la dejó sobre ella con delicadeza antes de acariciar con lentitud su cuello y bajar lentamente sobre su ropa.
–Te quiero tanto…
–Y yo, mi amor –ella sonrió y volvió a unir sus labios.
Aquellos momentos, a pesar de todo el tiempo que había pasado, serían siempre sus favoritos.
A la una menos diez, toda la familia se reunió en la puerta del restaurante. Hermione, Ron, Lyra y Carina volvieron encantados de su paseo y diciendo que se morían de ganas de pasear por la playa aquella tarde; Rose y Scorpius llegaron muy relajados después de haber pasado un rato entre las sábanas y otro en su jacuzzi privado; y, finalmente, Draco, Jean y Orion aparecieron con Astoria y Cassie, que no podían contener la risa.
–Se han bebido seis Rossinis cada una –explicó el más mayor, negando con la cabeza.
–Solo ha sido un poco de champagne –replicó su mujer, poniendo los ojos en blanco–. Tolero muy bien el champagne.
–No es para tanto, sois unos exagerados –la más pequeña dio una vuelta sobre sí misma y sonrió–. ¿Lo veis? No estoy borracha. No podría haber hecho eso si lo estuviera. Un poco de champagne con fresas no puede conmigo.
–Somos damas, sabemos beber. Además, lo hemos acompañado con caviar.
–Lo hemos cargado a vuestro dormitorio, por cierto, abu.
–Ya me lo imaginaba…
–Desde luego, de tal palo tal astilla –Scorpius puso los ojos en blanco y Rose sonrió, negando levemente con la cabeza.
–¿Podemos entrar ya? –Preguntó Ron, de repente–. Me muero de hambre.
–¡Y yo! –Añadió Carina–. Vamos.
Pasaron al restaurante y un camarero les acompañó hasta su mesa y les dio las cartas.
–Madre mía, no sé qué pedirme –Orion pasó varias páginas y enarcó una ceja.
–Yo tampoco –Lyra miró a los demás–. ¿Qué vais a tomar?
–Un menu santé –dijo Astoria, sonriendo.
–Yo creo que voy a tomar otro –añadió Scorpius.
–Pues yo quiero una ensalada césar y un risotto –comentó Cassie–. ¡No! Unas crudités y las pechugas de pollo. No, mejor un menú de estos… ¡Es que todo tiene buena pinta!
Todos estallaron en carcajadas pero, finalmente, se decantaron por unos y otros platos. En seguida les trajeron el vino y se lo sirvieron y prepararon un biberón para la pequeña Jean.
–Vamos a comer, cariño –Cassie cogió a la pequeña en brazos y le dio el biberón–, que luego vamos a bajar a la playa y esta noche mamá se va a ir al casino. A ver si gano algo y te compro más vestidos.
–Lo dices como si no tuvieras dinero –Rose negó con la cabeza y bebió un poco de su copa–. Y yo creo que no os falta de nada a ninguna de las dos.
–Ay, mamá, es una forma de hablar –negó con la cabeza–. ¿Vosotros qué habéis hecho este rato, por cierto?
–Hemos estado en el jacuzzi.
–Uh, ya sé lo que eso significa –puso cara de asco y arrugó la nariz.
–¡Cassiopeia!
–Mamá, no soy tonta.
–Muy bien, pero no vamos a hablar de eso –Orion puso los ojos en blanco.
–Por supuesto que no –Ron arrugó la frente y sus nietos no pudieron evitar reír.
Los primeros platos llegaron entonces y comenzaron a comer, cambiando de conversación para alivio de todos, pero sobre todo de Ron.
Pasaron la tarde paseando por la playa y la ciudad y Rose y Scorpius se hicieron una preciosa sesión de fotos que les encantó. Por la noche, se arreglaron para ir, casi todos, al casino. Ron y Hermione decidieron quedarse en el hotel y disfrutar de una de las terrazas, así que se quedaron con la pequeña Cassie mientras los demás se marchaban.
–Bueno, chicos, ya sabéis: cuidado con el juego. Es muy traicionero y no queréis acabar durmiendo debajo de un puente, ¿verdad?
–Espera, ¿nos vas a dejar durmiendo debajo de un puente si nos arruinamos? –Lyra miró a su padre con una ceja enarcada.
–Así aprenderéis de una vez a ser responsables.
Rose lanzó una pequeña carcajada y negó con la cabeza.
–Lo que vuestro padre quiere decir es que ya sois mayorcitos y debéis aprender a valeros por vosotros mismos. Y sí, eso va sobre todo por vosotros dos señoritos "papá, ¿no pretenderás que nosotros limpiemos nuestro piso, verdad?".
–Muy graciosa, mamá, pero ya no hacemos eso –replicó Orion–. No somos dos críos. Hemos incluso pagado por nuestras habitaciones.
–Pero si el mes pasado…
–Vale, Carina, no hace falta que termines esa frase –la cortó su hermana mayor, sonrojándose un poco. No era su culpa necesitar elfos para hacer la colada –. ¿Entramos?
–Claro.
Los cuatro, junto a Draco y Astoria, entraron al casino, pero Rose y Scorpius se detuvieron un momento en la puerta.
–Bueno, señora Malfoy, ¿está usted lista para entrar a una de las salas de juego más exclusivas del mundo?
–Creo que sí –sonrió y lo besó con dulzura–. Este viaje está siendo genial. Me encanta que estemos todos juntos.
–Y a mí me alegra verte tan animada.
–Casi se me ha olvidado que en unos días vuelven a darme resultados.
–Seguro que irán bien. Ya verás.
Volvieron a besarse y, cogidos de la mano, entraron al casino en el que ya los esperaban.
N/A: Bueno, pues ya solo nos queda el último capítulo ;)
Siento el retraso al subir, pero esta semana ha sido de locos completamente (tres exámenes en dos días = mala idea y mucho estrés). Como veis estos últimos capítulos no son para nada dramáticos así que espero que os gusten y os recomiendo que miréis el hotel Hermitage en google porque es una pasada *-* (pasada de bonito y de caro xD).
¡Nos leemos la semana que viene para el final!
Un beso,
María :)
