Chapter 9: Espérame despierta.
Ni los personajes ni el mundo de Twiligt me pertenecen.
Capítulo 9.- Espérame despierta
Cuando terminó la rueda de prensa, nos dejaron solos en una pequeña sala.
Edward y Jake se miraron, estudiándose mutuamente.
-¿Y desde cuándo os conocéis? –preguntó Jake, por fin, rompiendo el hielo.
-Desde antes de que tus abuelos nacieran –dijo Edward, muy rápido, y alargó la mano hacia la mía. Apreté su mano un instante y luego la solté.
-Edward quiere decir que nos conocemos de toda la vida. Nuestros padres eran amigos –dije yo.
-Y… -sugirió Jake. Quería saber si había algo entre nosotros.
-Y Bella es mi…
-Edward es mi mejor amigo –le interrumpí. Edward me miró molesto y le dio a Jake un gruñido de advertencia.
Jake carraspeó.
-¿Habéis leído el guión?
-Sabemos algo de la historia –respondió Edward. Movía sus dedos impaciente sobre el brazo del sillón en el que estaba sentado, como si tocara el piano. Estaba nervioso y miraba a Jake como si fuera a cometer su asesinato.
-No lo hemos leído, Jake –dije yo-. ¿Tú sí?
-Yo acabo de hojear el ejemplar que me han dejado sobre la mesa. Mirad.
Jake sacó un montón de folios que habían estado junto a él, en su sillón.
-He leído el resumen. Parece de mucha acción. Tú eres la protagonista, Bella. Luego hay un vampiro –Miró a Edward con cara de pocos amigos-, y luego estoy yo, el hombre lobo. Me gusta la idea. Habrá que ver cómo hacen lo de la transformación para que quede bien, y espero que al final mi personaje gane el amor de Bella, porque, ¿qué va a hacer ella con un vampiro?
-Já, lo tienes claro, lobito.
-Edward, por favor. Es sólo una película.
-¿No es curioso que os llaméis igual que vuestros personajes?
-Sí, qué casualidad –dije yo, suspirando-. Igual nos eligieron por eso.
-No –dijo Jake-. A él no sé por qué lo eligieron, pero está claro por qué te eligieron a ti.
-¿Ah, sí? ¿Por qué? –preguntó Edward.
-Oye, tío, no te enfades conmigo ¿vale? Está claro que te gusta Bella, pero ella elige ¿sabes?
Edward gruñó por lo bajo.
-Ya eligió y gané yo, lobo.
-Edward, por favor–Cambié de tema-. Jake, dime, ¿por qué crees que me eligieron a mí?
-Está claro, ¿no? Eres Bella.
Sonreí.
-Luego es por mi nombre.
Jake puso cara de asombro.
-No. Es… Es toda tú, Bella. He leído la descripción del personaje, y encajas en él perfectamente. Es como si… Es como si…
-Como si lo hubieran hecho al revés, como si hubieran cogido a Bella y hubieran creado un personaje a partir de ella.
Jake miró a Edward.
-Tío, exacto. Eso es lo que quería decir.
Se miraron. Jake habló al cabo de unos segundos de silencio.
-Tú no te pareces a Edward.
Se me escapó una tos y luego una sonrisa. Edward estaba serio y miraba a Jake con cara de pocos amigos. Acaricié su mano.
-Vamos, Edward, no te lo tomes a mal.
Me miró como si fuera a responderme, pero finalmente, esbozó su sonrisa torcida y no dijo nada. Volvió a mirar a Jake.
-Hum, ¿y cómo termina la historia, Jake? –preguntó. Había una fina ironía en su voz.
-No te pases –susurré, para que Jake no me oyera.
-No he llegado a esa parte. Verás es una serie de televisión y lo que me han pasado es una descripción general y el primer capítulo. Pero supongo que terminará bien. Es lo normal, ¿no?
-Sí, es lo normal –suspiré-. La serie terminará bien, pero ¿cómo acabará la realidad?
Dejé la pregunta en el aire y Edward me cogió de la mano. Jake cogió la otra:
-No te entiendo, Bella.
Edward lo miró de reojo. Antes de que ninguno de los dos hablara, la puerta se abrió y Aro entró por ella.
-Oh, aquí estáis, los tres. Jane, los contratos.
Jane le entregó a Aro la carpeta de cuero que llevaba en la mano. Me miró a través de sus lentillas. Luego miró a Edward. Sentí un escalofrío y me preparé para proteger a Edward si era necesario. No lo era.
Aro puso un legajo de papeles delante de cada uno de nosotros. Podéis leerlo tranquilamente si queréis, pero es todo correcto. Hay varias cláusulas importantes pero tengo que haceros mención sobre todo de una: mientras la serie continue, utilizaréis como nombres artísticos los de vuestros personajes.
-¿He de llamarme Jacob Black? Bueno, no está mal. No es tan diferente.
Jake revisaba su contrato en silencio, pero de vez en cuando levantaba los ojos, me miraba y sonreía. Edward gruñó un par de veces mientras leía algunos puntos. Cuando terminó, miró a Aro. Yo también lo hice. No creía que fuera así para Jake, pero para nosotros había cláusulas abusivas. En cualquier caso, no serviría de nada protestar porque estábamos en manos de Aro y sólo conseguiríamos meter en un lío a Jake, que parecía feliz, ya metido en su personaje.
-Es pura formalidad, Edward –dijo Aro.
La mirada entre Edward y Aro se había hecho más intensa. Aro movió su mano para tocar la de Edward y yo cambié de postura, presta a protegerle con mi escudo. Aro retiró su mano pero Felix y Jane, que habían estado distraídos, nos miraron.
-Bien, acabemos con esto –reaccionó Edward y firmó. Yo hice lo mismo.
Los tres vampiros dejaron la sala. Jake se relajó visiblemente.
-No sé qué pasa con éstos, pero no me gusta tenerlos cerca. De no ser por lo bien que pagan y por estar contigo Bella…
Fue un día intenso y agitado. Aro nos invitó a cenar en su casa, junto al hombre que se había sentado al lado de Jake en la rueda de prensa y que resultó ser el director al que tendríamos que obedecer durante el rodaje, un tal Jenkins. Nos observó durante toda la cena, especialmente a Edward y a mí. Ya conocía a Jake. Al final, cuando Aro nos abandonó, dijo:
-Es curioso .Yo no habría podido elegir actores más adecuados para los personajes que vosotros. Este Michael Visconti es increíble. Y, ¿dónde habéis trabajado hasta ahora? No os había visto nunca.
Edward y yo nos miramos. En doscientos años, habíamos hecho muchas cosas, prácticamente de todo, incluyendo ser actores, pero… ¿cómo explicarle que habían pasado 60 años?
-Hemos hecho pequeños papeles aquí y allá, hasta ahora nada importante –respondió Edward.
-Ya, eso seguro –respondió Jenkins-. ¿Habéis leído el guión?
-No –dije yo-. Pero tenemos una ligera idea.
-¿Ligera, eh? Diablos, este Michael es increíble –volvió a repetir.
-Bueno, Bella se parece mucho, pero Edward…
Jake y Edward cruzaron una mirada asesina. Debía de ser la milésima del día.
-Eso es lo que tú quieres, Jake –dijo Jenkins, que le dio pequeños golpecitos en el muslo a Jake. -. Sueña despierto.
Sonreí, y mi sonrisa se convirtió a continuación en un bostezo. Estaba cansada.
-Hora de dormir –Jake se levantó de un salto-. ¿Pido un taxi, Bella?
-Sí, supongo que sí.
Edward gruñó y yo musité un "yo también lo siento, cariño" mientras acariciaba su mano.
Jake volvió molesto.
-Nada de taxis. Eres la reina del baile, Bella y uno de esos tipos que te siguen a todas partes ha pedido una limusina.
Me levanté y Edward me siguió diciendo:
-Os acompaño. Ahora vuelvo señor Jenkins.
Pensé que Jake y él iban a discutir para abrirme la puerta de la limusina, pero no fue así. Cuando Jake abrió, Edward me capturó entre sus brazos y susurró en mi oído:
-Espérame despierta.
-No hagas tonterías –le dije, pero reí con una risa tonta, para disimular el escalofrío que me recorría la espalda. Me separé de él y al hacerlo, me encontré con sus ojos. Había determinación en ellos y eran más hermosos que nunca.
-Vamos, tío, que se va a congelar –dijo Jake, molesto.
Desaparecí en el interior de la limusina y lo vi allí en el borde de la acera más solo que nunca, aunque uno de los guardaespaldas de Aro lo acompañaba. Suspiré al perderle de vista.
-Debéis ser muy amigos, porque le dejas tomarse muchas confianzas contigo.
-Edward significa mucho para mí, Jake.
-Más que yo, lo sé, pero no voy a rendirme, Bella. Puede que él te guste más ahora, pero sé que también me amas a mí.
-Jake, por favor…
Un rato después, mientras cogía mi primer sueño, alguien llamó a la puerta de la habitación.
-¿Quién?
Cuando escuché su voz, corrí a abrir la puerta y allí estaba, esbozando su sonrisa torcida.
-Te dije que me esperaras despierta –musitó mientras me cogía en brazos.
La luz del sol entraba a raudales por la ventana cuando desperté. Estaba abrazada a Edward y tenía la cabeza sobre su pecho. Me incorporé para verle el rostro. Dormía.
Tenía el cabello alborotado y una media sonrisa en la cara. Parecía relajado. Sonreí y volví a apoyar la cabeza sobre él. Respondió abrazándome y murmurando mi nombre en sueños. Pasara lo que pasara, aquel instante era perfecto.
Un tiempo después, sus manos acariciaron mi cabeza y levanté los ojos. Él los tenía medio cerrados. Aún así, brillaban como dos minúsculas y alargadas esmeraldas. Nunca me acostumbraría a lo bonitos que eran.
-¿Llevas mucho tiempo despierta? –preguntó mientras me acariciaba-. Deberías haberme llamado.
-Me gusta verte dormir. También me gusta escuchar tu corazón.
-Me has robado mis aficiones predilectas.
-Ahora podemos compartirlas –dije. Después de unos segundos de silencio, cambié de tema-: Edward, ¿qué vamos a hacer ahora?
Edward suspiró. Luego miró la hora.
-Por de pronto, supongo que tendré que volver a mi hotel. Le prometí a Benjamín que no me descubrirían.
¿Benjamín? Eso me recordó que no sabía cómo Edward había podido escapar de la vigilancia de los Vulturis. Habíamos estado los dos demasiado ocupados para hablar de ello.
-¿Quién es ese Benjamín? ¿Tiene algo que ver con el aquelarre de Amun, el egipcio?
-Es el mismo.
Recordé al joven que manipulaba los elementos y que ayudó a proteger a Renesmée.
-¿Y cómo conseguiste escaparte de tu hotel?
-Benjamín me trajo desde allí. Ese Jenkins, el director, tiene una cara oculta, un pasado tormentoso como vampiro.
-¿Y qué tiene que ver Jenkins con Benjamín?
-Al parecer, Meridan convirtió a Jenkins en humano por orden de Aro pero conserva amigos de su vida anterior. Uno de ellos es Benjamín, que vive ahora aquí en Icewood.
-¿Y cómo supiste? Quiero decir, yo nunca hubiera imaginado que Jenkins…
-Leí su mente. Estaba muy cerca de él y sus pensamientos eran claros. No es tan fácil como antes pero puedo hacerme una idea. Tengo que practicar.
-¿Y qué le dijiste?
- Descubrí que él ya sabía quiénes éramos y también que le caíamos simpáticos y estaba muy interesado en ser nuestro amigo y que, en cambio, no le tiene demasiado cariño a Aro.
-Lo de leer mentes puede ser algo muy útil.
Suspiró.
-También, a veces, puede sacarte de tus casillas. No sé cómo no maté ayer a ese amigo tuyo. No sabes cómo funciona su imaginación cuando está cerca de ti.
-Mejor no me lo cuentes.
-De pensar que él está en tu mismo hotel y yo estoy a kilómetros y que tengo que esconderme para venir a verte porque ese estúpido vampiro ha puesto una cláusula en un contrato diciendo que no tengo nada que ver contigo ni lo he de tener mientras dure la serie? ¿Por qué no se la pone a ese Jake? Seguro que no lo ha hecho.
-Vamos, no es precisamente la cláusula el problema. Veo que te has apresurado a saltártela a la primera.
-Por supuesto: es una cláusula nula. Hay una promesa anterior por mi parte de amarte siempre y pienso cumplirla religiosamente salvo que tú no quieras–dijo.
Esbozó mi sonrisa predilecta, me acarició y hubiera ninguneado el contrato de Aro por enésima vez si no nos hubiera interrumpido el teléfono de forma muy inoportuna.
-No lo cojas.
-Tengo que cogerlo, puede ser Jane.
-Mejor me lo pones, que se aguante.
Edward tenía mis muñecas sujetas mientras me besaba. Por fin, conseguí liberarme y cogí el teléfono.
-¿Bella?
-¡Jake! ¿Se puede saber qué haces?
-¿Cómo que qué hago? ¡Pues llamarte! ¿Quieres bajar a la piscina conmigo? Tenemos libre toda la mañana así que pensé que quizás…
Era difícil hablar con Jake, mientras Edward me acariciaba y me besaba, pero atiné a contestarle.
-No, Jake, no quiero bajar. Me duele la cabeza.
-¿Quieres que vaya a verte?
-¡No!
Costó convencerle pero, al fin, colgó. Edward me miraba.
Un tiempo después, Jake volvió a llamar, esta vez a la puerta.
-Bella ¿estás ahí? ¿Cómo estás?
Edward se arrellanó en la almohada y me miró.
-O se lo dices tú, o se lo digo yo.
-Calla y escóndete –le dije.
-No. Quiero que me vea.
Lo miré. Allí en la almohada, con el pecho desnudo, no dejaría muchas dudas a Jake sobre lo que había entre nosotros. Esbozó su sonrisa más traviesa.
-No pienso esconderme.
-Sí. Vas a esconderte.
-Já. ¿Dónde?
Di una mirada general a la habitación y suspiré.
-Debajo de la cama.
-¿Qué? ¿Yo el marido, debajo de la cama, mientras él se sienta encima? Eso es el mundo al revés. Ni hablar.
-Deja ya de hablar de tus derechos y escóndete. ¿O quieres ver a Jake desangrado?
-No estaría mal. Ya va siendo hora de que ese niño sepa con quién se juega la vida -respondió.
-Eres tú el que se está comportando como un niño.
A regañadientes, conseguí que se escondiera. Mientras tanto, me había puesto una camiseta y unos vaqueros y le abrí la puerta a Jake.
-¿Con quién hablabas?
-Con Edward.
Jake miró a todos lados. La habitación estaba vacía.
-Por teléfono –mentí.
-¡Ah! ¿Sabes? –Cambió de tema-. Me he encontrado con Jane de camino a la piscina y me ha preguntado por ti. Me ha hecho subir a verte. Oye, no me atrevo a llevarle la contraria a esa mujer. Me mira como si fuera a beberse mi sangre.
Edward soltó un bufido. Si creía que con eso me iba a compadecer de él…
-Ven, siéntate a mi lado.
Lo llevé hasta la cama y nos sentamos en ella.
-¿Qué te ha dicho Jane?
-Quería que te trajera una aspirina y me asegurara de que estás sola. He estado a punto de responderle una barbaridad pero me ha mirado con esos ojos suyos amarillentos que a veces parecen casi de color naranja tirando a rojo y ¡uff! No sabes el escalofrío que me ha recorrido la espalda. He subido en el ascensor más rápido que he encontrado –dijo. Luego añadió-. Se me ha olvidado pedir la aspirina en la recepción del hotel pero si encuentras a Jane no se lo digas.
-No te preocupes, no se lo diré. Le diré que me has traído una caja entera.
-Gracias –Me cogió de la mano-. ¿Sabes? Incluso enferma y recién terminada de levantar, estás preciosa.
Nada más terminar de hablar, Jake soltó un bufido.
-Oye, ¿tienes alguna mascota aquí dentro? Juraría que algo me ha golpeado el pie…
Jake fue a agacharse para mirar debajo de la cama pero antes de que lo hiciera lo cogí de la mano y tiré de ella hacia mí, haciendo que se levantara.
-Anda, vamos, vete a la piscina y si Jane te dice algo, le dices que me has visto, que estoy mejor y que bajo enseguida.
Lo saqué de la habitación y en cuanto lo hice me dirigí hacia la cama:
-¡Edward Anthoni Cullen!
Me selló la boca con un beso antes de que siguiera hablando.
-No creas que te vas a escapar tan fácilmente. Podría haberte descubierto.
Me volvió a besar.
-Me tengo que ir. Si a ti te están vigilando, imagino que a mí también.
Sacó su nuevo teléfono móvil ¿dónde lo habría encontrado? Enseguida comenzó a hablar por él.
-¿Benjamín? Soy yo. Necesito que vengas a recogerme. No, la puerta estará vigilada. ¿Por el ventanal? ¿Seguro que sabrás cuál es? De acuerdo. En diez minutos.
Edward me abrazó y yo le devolví el abrazo con fuerza. No era cuestión de pasarse los diez minutos que nos quedaban discutiendo.
-Por cierto, tengo un teléfono móvil no pinchado para ti. Procura que no lo vea nadie.
-¿Cómo lo has conseguido?
-Jenkins tiene un amigo.
-Ese Jenkins tiene amigos para todo.
-Y que lo digas.
-¿Por qué está Benjamín en Icewood si está enfrentado con Aro?
-Aro lo chantajea. Tiene a su esposa, a Tía, prisionera. La ha vuelto humana, como a Jenkins. Así consigue que Benjamín utilice sus poderes para él.
Un tiempo demasiado corto después, se oyeron unos golpecitos en la ventana. Abrí. Benjamín me dio un abrazo.
-¿Cómo estás Bella?
-¿Y tú? ¿Y tu mujer? –le pregunté.
-Otro día te cuento, Bella –Se dirigió a mi marido-. ¿Nos vamos?
Edward me dio un último beso.
-Vendré esta noche –me dijo-. ¿Podrás traerme, Benjamín?
-Sí, no hay problema. Pero no os acostumbréis: no podré siempre.
Edward esbozó mi sonrisa predilecta.
-Tenemos que solucionar ese asunto con Jake.
Iba a protestar pero me puso un dedo sobre los labios y luego los volvió a besar.
-Hazme una perdida para saber que has llegado bien –le dije.
-Pero no te lleves el móvil a la piscina o lo verá Jane.
-¿Por quién me tomas?
-Y mantén controlado a ese chucho amigo tuyo, porque cómo tenga las manos tan largas como la imaginación…
Iba a protestar, pero me detuve. Mi corazón comenzó a latir más deprisa cuando vi a Edward colgarse de la espalda de Benjamín. Éste trepó hasta el balcón de una habitación del hotel, unos pisos más arriba, y desaparecieron los dos por la ventana.
Por fa, un review. Vosotras sois las que hacéis la diferencia entre que esté así :-( o así :-) o incluso así :-D ; Chicas sois fantásticas, lo sé.
