Capítulo 9: Un Romeo en casa

Kaoru suspiró y cerró el libro por quinta vez. Llevaba una hora intentando leer una hoja, pero una y otra vez sus pensamientos regresaban a ese magnífico espécimen masculino pelirrojo.

¿Y ella pensaba que se iba a morir cuando Enishi se marchó?

No, aquello no había sido nada comparado con lo que sentía en esos momentos.

Kenshin había sido tierno y considerado. No se había reído de ella ni le había hecho daño.

Aún no podía creer lo irónica que resultaba la situación.

Enishi, por el cual hubiera puesto la mano en el fuego pensándose que eran tal para cual. Su atractivo y su manera de ser, alegre y despreocupada habían llamado su atención desde el principio. Pero no había resultado ser más que un cerdo narcisista que solo pensaba en él y que lo único que buscaba de ella era revolcarse en su cama.

Sí, toda una alegría que se rían de ti mientras te desnudan...

Aún así, seguía pensando que su amor no tenía limites y que despertarían juntos todas las mañanas. Que ilusa había sido y que sorpresa se había llevado al despertar y encontrarse sola.

Lo llamó una y otra vez, ¿pero él le devolvió las llamadas? No, no lo hizo. Tarde se dio cuanta de que ni la dirección de su casa le había dado el muy cabrón.

Desde ese día no lo había vuelto a ver.

En cambio Kenshin, la persona más arrogante y egocéntrica con la que se había cruzado en la vida, por la cual ella no hubiera apostado ni un mísero yen, la había sabido tratar con delicadeza, no se había reído de ella, e incluso podía decir que la había hecho sentir femenina y atractiva.

Estaba segura de que al despertar estaría sola, pero realmente le había sorprendido encontrarlo allí, y desnudo...

Jamás había visto a un hombre desnudo a la luz del día, y mucho menos un hombre que estuviera tan bueno como ese. El resultado de eso había sido desastroso. No recordaba haber hecho más el ridículo en su vida.

Pero claro, no había resultado ser mucho mejor que Enishi. La había utilizado para luego decir que era un error y marcharse.

Enishi por lo menos le había dado su número de teléfono...

Pero Kenshin... ¿qué era lo que sabía de él? Solo sabía que era policía, que conducía un Ferrari, que sacaba el dinero de debajo de las piedras y que la ropa que mejor le quedaba era la desnudez.

Y que le había hecho pasar la mejor noche de su vida...

Por lo menos de Kenshin se había podido vengar. Rió al recordar la cara del pelirrojo cuando le había dicho que su ropa la tenía el vagabundo. Y se había tomado su "bromita" mejor de lo que pensaba. Estaba segura de que cualquier otro hombre le habría chillado, o dios sabe que cosas más, pero Kenshin se había limitado a bromear con su nuevo atuendo y a sonreírle.

No, no se parecía en nada a Enishi, y aunque estaba convencida de que no lo volvería a ver, a menos que se cruzaran en la comisaría, también estaba contenta al comprobar que de Kenshin le quedaría buen recuerdo.

Con un gruñido se levantó dejando el libro a un lado del sofá y se acercó al cesto de ropa limpia que había doblado momentos antes.

Encima de toda su ropa estaban los boxers de Kenshin.

Calvin Klein... Rió, estaba claro que al señor Armani no se le daba bien llevar ropa de mercadillo.

Con cierta molestia se dio cuenta que hasta apodo le había puesto ya.

No tenía remedio. Los guardaría y siempre podría recordar la noche que había pasado en compañía de ese odioso pero guapísimo policía.

-¿Es cierto lo que dicen¿Te pillo con las manos en la masa?

Sanosuke gruñó al comprobar que la noticia ya había corrido por toda la comisaría. Y eso no era lo peor. Lo peor era que él no había dicho que lo pillaron con las manos en la masa. La gente cambiaba las versiones de las cosas como les daba la gana. Cuando pillara a Tatsu lo estrangularía por bocazas.

-Misao¿no tienes trabajo que hacer¿Ningún caso que archivar o ningún café que llevarle al Gran Supremo?

Misao se irguió en gesto de arrogancia y lo miro de reojo -Yo de ti, no lo llamaría así. Ya te pateo ayer el culo por pillarte en la cama con su hermana... Sanosuke Sagara tiene ganas de que vuelvan a pateárselo de nuevo...

-¿Sabes? Creo que tus padres se equivocaron al ponerte el nombre. Deberían haberte llamado Incordios.

Miaso rió, sabía que Sanosuke no estaba tan ofendido como pretendía demostrar. –Venga Sano, suelta por esa boquita bombón.

Misao y sus ojitos, ¿quien podría resistirse? Nadie, y él no era la excepción. Incluso Kenshin cedía ante las caritas de Misao, y eso era todo un logro. De todas maneras, a él le interesaba contarle las cosas como eran en realidad. No le apetecía en absoluto que el rumor siguiera por ese camino. Solo faltaba que Kenshin se enterara para terminar de rematarlo.

-No me pillo con las manos en la masa. Me pillo saliendo del baño y con su toalla preferida tapándome los gloriosos.

Misao no podía creerlo, no sabía que era peor, si los rumores o lo que Sano le contaba. Pero no pensaba quedarse con la duda. -¿Y que pasó?

-Lo que pasó es que anoche no estaba de humor para patear traseros, pero si lo vuelvo a pillar a menos de un kilometro de mi hermana le untaré "los gloriosos" con mermelada y dejaré que Notaro se los coma de postre.

Misao dio un respingo y se giró para observar a Kenshin que se hallaba a sus espaldas. Ahora si que estaban en un buen lío.

Sanosuke gruñó en consecuencia y miró a Kenshin con gesto amistoso. -Ahora comprendo porque ese perrazo me tiene tanta manía. Seguro que le enseñas mi foto todos los días para que se relama.

Kenshin le devolvió una mirada de pura irritación antes de bajar la voz y contestarle con acento desafiante. -Hay un barrio al lado del centro que esta deseando que alguien lo patrulle. Allí vive gente muy amistosa, Sanosuke. ¿Apostamos quien terminara con su culo postrado en esas calles si sigues por ese camino?

Sanosuke sabía muy bien a que barrio se refería Kenshin. Era un barrio de gente marginal en el que solo había droga y porquería. Y sobre todo, era un barrio en el que los policías no estaban demasiado bien mirados.

-¿Y bien? -apremió Kenshin.

Sanosuke miró nerviosamente de lado a lado -¿Pero aún sigo aquí? Creí que hacía diez minutos que me había ido a hacerle compañía a las cajas del almacén.

Sanosuke salió corriendo y a Kenshin estuvo a punto de escapársele una carcajada. Sano siempre salía como alma que lleva el diablo cuando le nombraban el barrio de los Parias.

Miró a Misao que estaba con la cabeza gacha "revisando" un informe. Estiró la mano y le quitó el papel. Misao le devolvió una mirada avergonzada mientras Kenshin dejaba que los músculos de su cara se relajaran para esbozar una sonrisa.

-Misao, me marcho a casa. A Sanosuke le quedan aún unas dos horas de faena en el cuarto de almacenamiento. Asegúrate de que ordena todas las cajas y archivos. Te dejo al mando.

Misao asintió con un gesto enérgico antes de que Kenshin se diera la vuelta y caminara en dirección a los vestuarios. Su jefe era un hombre espectacular y tenía un culo que gritaba al mundo "deléitate, estoy hecho para exposición", pero cuando se le metía alguien entre ceja y ceja podía ser muy rencoroso. Y Sanosuke parecía ser siempre la fuente de sus problemas.

Aunque a su favor tenía que decir , que esta vez había sido menos duro con el castigo, y algo le decía que su jefe no estaba tan molesto con Sanosuke como pretendía demostrarle. Sonrió y centró su atención en el papeleo que tenía sobre la mesa.

Pese a haber estado toda la tarde diciéndose que no volvería a verla nunca más, ahí estaba. En el camino de entrada a su casa. Otra vez. Y no hacía más que maldecirse por ello.

Desde lo de Tomoe tenía muy claro que no quería relaciones estables con una mujer, y había mantenido esa norma hasta el momento. Sus relaciones siempre se basaban en conocerlas, preguntarles el nombre y acostarse con ellas. A veces se permitía el exceso de invitarlas a cenar, pero no solía tenerlo por costumbre. Y sobre todo, no quedaba con la misma más de dos veces seguidas.

Ese pensamiento lo llevó a otra conclusión. Normalmente eran ellas la que lo buscaban después, en cambio con Kaoru era distinto. Las veces que se habían encontrado, había sido él el que había dado lugar. Y ella ni en cuenta lo tenía.

¿Es que quieres que lo tenga en cuenta¿Quieres que te busque?

A decir verdad no quería. El huía de esa clase de compromisos con las mujeres. Gracias a Dios su subconsciente tenía sentido común, ya que el resto de su cuerpo y sus pensamientos carecían de él.

Miró la bolsa que tenía en el asiento del copiloto y suspiró.

¿Tantas tonterías solo porque viniste a traerle su ropa?

Le entregaría su ropa y se marcharía.

Cogió la bolsa y salió del coche ágilmente. Pese que no pensaba quedarse, cerró las puertas del vehículo antes de encaminarse hacía el porche.

Al acercarse escuchó el rítmico tintineo de guitarra de "The Fourth Avenue Café de L'Arc en Ciel" y sonrió. Le pegaba esa música.

Llamó al timbre y carraspeó en espera de que la abogada se dignara a abrir la puerta. No lo hizo. ¿Y como lo iba a hacer? Seguro que ni se había enterado dado el volumen de la música.

Miró hacia el lateral y esbozó una sonrisa maliciosa. Parecía que se estaba volviendo su costumbre trepar las vallas de la casa de Kaoru. Empezaba a recordarse a Spiderman. Con una carcajada, se agarró de la valla, tomó impulso, subió una pierna al cubo de basura y de ahí trepó hasta la parte de arriba.

La música cesó y un segundo después la puerta se abrió. Kaoru frunció el ceño al ver un flamante "Mercedes SLR McLaren" de color negro aparcado en el patio. Escuchó que alguien la llamaba y seguidamente un estruendo resonó en el lateral.

La tapa del cubo de la basura rodó hasta llegar a sus pies. Y entonces se percató de que ese estruendo lo había provocado alguien al caer. Tan solo conocía a una persona a quien le gustara colarse en su casa y que además condujera un coche como ese.

Sonrió al verlo levantarse de golpe como un resorte y mirar de lado a lado para asegurarse de que nadie lo había visto caerse. -No ha habido suerte Romeo. Julieta te pillo en tu intento fallido de trepar las vallas.

Kenshin no puedo evitar sonrojarse ante el inesperado comentario. ¿Pero es que esa mujer también iba a conseguir sacarle los colores?

Siempre le sorprendía.

Se sacudió la ropa, agitó la pierna para deshacerse de la molesta piel de plátano que se le había pegado al zapato y se acercó a Kaoru antes de que la prensa rosa de la casa de enfrente pudiera darse cuenta y extendiera la noticia por el vecindario.

Carraspeó al llegar a su lado.

Kaoru ladeo la cabeza de lado y sonrió maliciosamente. -Veo que te quitaste el uniforme de bailarín. ¿A que se debe esta visita tan inesperada? A no, espera ya sé. Querías trepar la valla de mi casa de nuevo y acorralarme en el patio para poder cometer otro error¿no?

Kenshin sonrió pícaramente. Si supiera la cantidad de errores que quería cometer él con ella...

Kaoru se relajó un poco al verlo sonreír. No había pretendido ser tan brusca con él, pero es que no se esperaba volverlo a ver. Ella pensaba que una vez conseguido su propósito Kenshin desaparecería para siempre. Pero ahí estaba, con el pelo ligeramente desordenado a causa de la caída y la ropa desordenada y hecha un desastre. Se veía tan mono...

Kaoru dio un respingo cuando una bolsa le dio en la nariz.

-Tu ropa. Vine a traerte la ropa. Te agradezco mucho el detalle de prestármela, pero sinceramente no es mi tipo.

Kaoru cogió la bolsa y la apartó de su cara antes de echarle una mirada de arriba a abajo a Kenshin. -Esta claro que no lo es, Señor Armani.

Kenshin frunció el ceño ante el apelativo y se sacudió la ropa de nuevo.

-¿Te hiciste daño al caer?

La verdad era que le dolía el codo y el trasero como mil demonios. Pero eso no era nada. El estaba acostumbrado a dolores mucho más fuertes que esas minucias. -No, estoy bien.

Kaoru asintió -Bien, en ese caso gracias por traerme la ropa. Adiós.

Kenshin se percató de que algo de lo que había dicho, como de costumbre, había molestado a Kaoru. De golpe se había puesto muy seria y esa despedida...

La tomó de la mano antes de que ella pudiera entrar. -¿Sabes? Creo que si me hice daño. No lo había notado hasta ahora pero creo que me di un buen golpe en el codo.

Kaoru rió bajo mientras negaba con la cabeza. Siempre que se le pasaba por la cabeza de que era el momento de separarse, que él se daría la vuelta y se marcharía sin mirar atrás, entonces decía algo como eso y se quedaba un poco más con ella. ¿Por qué?

-Pasa Romeo, te pondré hielo en ese codo. Pero no te acostumbres demasiado, no me gustaría tenerte colgado de mi valla todos los días.

Kenshin le dedicó una de sus tiernas sonrisas y la siguió hasta el interior.

-Pasa al salón, yo iré a buscar un poco de hielo.

Kenshin asintió y entró al salón. La mesa estaba retirada y una pequeña cámara estaba encima de la televisión. Se percató de que era la cámara de unos de los juegos "Toy Play de Play Station".

Enarcó una ceja con asombro. Nunca se hubiera imaginado a Kaoru jugando a algo así. Aunque verla sería todo un espectáculo y más si lo hacía con el pijamita ese que tenía que...

Carraspeó un poco y se acercó al mando "Dual Shock" para desactivarle la pausa. Subió el nivel ya que Kaoru lo tenía al mínimo y comenzó a seguir los movimientos que le indicaba la pantalla.

Kaoru entró al salón y se quedó con la boca abierta cuando vio a Kenshin moverse tan ágilmente. El juego era de artes marciales, y por lo que podía ver Kenshin era todo un experto.

Y que bueno que estaba...

Kaoru se obligó a carraspear antes de que se le cayera la baba hasta el suelo y sufriera un accidente por babitosis aguda.

Kenshin escuchó a Kaoru en el umbral de la puerta y se encogió de golpe amarrándose el codo y gimoteando. -Ay, ay, ay...

Kaoru soltó una carcajada antes de acercarse a él. -No te hiciste daño¿cierto?

Kenshin abrió un ojo para mirarla de reojo y procuró que no se le escapara la risa. -Si que me lo hice. Me duele mucho.

Kaoru rió con ganas. Le encantaba esa faceta bromista de Kenshin y solo por eso le seguiría el juego. -Vale, haber deja que te remangue la manga para mirar el codo.

Kenshin le atrapó la mano antes de que empezara a remangar la manga y se la colocó sobre el primer botón del cuello de la camisa. Kaoru lo miró con desconcierto. -No me gusta remangar las mangas, quedan arrugas.

Kaoru se apartó un poco para mirarlo a la cara. ¿Estaba de broma no? -Pero si te caíste hace un momento y llevas la camisa hecha un desastre.

Kenshin sonrió -Bueno, pero solo por eso no tenemos porque añadirle más desgracias a mi pobre camisa.

Kaoru se rindió. Eso si era facilidad de palabra y lo demás eran tonterías. Le comenzó a desabrochar la camisa, se la quitó con cuidado de no hacerle daño en el codo y la colocó bien colocada sobre el respaldo de la silla. Para no arrugarla...

Carraspeó un poco antes de cogerle el brazo para examinarlo y soltar un juramento. -Joder, lo tienes muy hinchado. No mentías.

Kenshin sintió la mano de Kaoru en su brazo y comenzó a preguntarse si había sido buena idea insistir en que le quitara la camisa. Eso junto con el roce de la cálida mano de Kaoru le estaban causando estragos.

-¿Sabes? No es lo único que tengo hinchado.

CONTINUARÁ

AGRADECIMIENTOS A:

karito: el amor el amor.. hace estragos jajaja

Pola de Himura: Los vecinos siempre son curiosos y mas si son mayores jajaja

rogue85: gracias guapa!

Lica: Tu echame la culpa mujer jaja, que yo las acepto gustosa