-Mi...mi…mira- le plantó una cuchara llena de salsa en la boca ahora sin máscara de Kakashi- ¿A…a…a que sabe buena?- sonrió nerviosa. No quería que le rompieran el corazón de nuevo, había aprendido la lección, si la rechazaban una vez, no volvería a insistir.
Él sorprendido por el acto de la chica, intentó actuar con normalidad, se apartó de su alumna de manera casual, tomando la cuchara en sus manos y saboreándola. A ella le dolía tratarlo así, seguro se ofendería, o algo peor…
Ah, pues es más bien… normal- ¿Lo habría lastimado? Pensó preocupada
¿Qué? ¿Cómo que normal?- respondió cabreada, al darse cuenta de la respuesta que le había dado el shinobi
Kakashi, conocía a esa chica desde que era una niña. Todos esos años que pasó lejos de ella la habían transformado, sí, pero en el fondo seguía siendo esa dulce niña ingenua. Nada la distraería más y la haría sentirse en confianza, como cabrearla un rato.
Aquella chica definitivamente era lo que más amaba, muchas veces dulce, amable, preocupada por los sentimientos de los demás, y otras veces dejando explotar su malhumor para más tarde arrepentirse con su carita avergonzada. Desde un principio el shinobi portador del sharingan izquierdo, sabía que el camino que había elegido – enamorarse de su alumna- no iba a ser sencillo y sin embargo, se había arriesgado.
-Eso que has escuchado. Está salsa no es algo fuera de lo común- le restó interés.
-¡Serás cabrón! Me he esforzado mucho para prepararla- Estalló la chica en berrinche
-Ahh ¿Ya no soy tú respetado, inteligente y sobre todo extremadamente maravilloso sensei?- Le miró con fingida sorpresa
-Sabes que nunca te he llamado de esa forma- se cruzó de brazos la joven volteando los ojos para el extremo opuesto a él
-¡Oh, me hieres Sakura!- se indignó juguetonamente
-Tú has dicho que mi salsa es…corriente- le devolvió el comentario acusándolo
-Aja ¿y?- le miró altanero con su sonrisa arrogante de medio lado
-Ja, seguramente tu podrás preparar una mejor- Le retó mirándolo directo a los ojos, aquello hizo sonreír al shinobi ¡Había conseguido enojar a su alumna!
En verdad Sakura conservaba un alma pura y aniñada. Hace apenas unos momentos, balbuceaba avergonzada hasta la médula; y ahora, llena de coraje por una rabieta, le retaba con el valor que había sacado de su orgullo herido mientras lo miraba a la cara. Le daban ganas decirle cuanto adoraba esa actitud tan linda que tenía, pero seguramente si le decía eso ahora, abiertamente, ella se avergonzaría de nuevo y entonces ¡El plan a la mierda! Así que se limitó a responder algo a su estilo
-Claro, ¿A quién crees que le preguntas?- la miró orgulloso, altivo muy propiamente seguro de sí mismo
-Pues… haber inténtalo- balbuceó, pero al ver la actitud arrogante del mayor, volvió el reto a sus ojos- Seguro que acabo riéndome de tus patéticos intentos
Él se acercó peligrosamente a Sakura mientras extendía su brazo derecho detrás de ella ¿Se…estaba…acercando a ella? ¿Estaba intentando besarla otra vez?
-¿Tú crees…?- le dijo con ese tono sensual tan propio de él
Inner: "Va…va…vale, sin miedo"- pensó su yo interno. Sakura se preparó para recibir el beso del Hatake, cerró sus ojos y levantó un poco los labios
-Listo- dijo Kakashi de la nada y cuando Sakura abrió los ojos, el peli plateado cortaba algunos ingredientes ¿Qué había ocurrido?
-Q…¿Qué demonios?- preguntó la chica
-Ahh, es que detrás de ti estaban las verduras, lo siento. Debo empezar una salsa- le sonrió cínico, como todo un "profesional" ocupado…simplemente cínico
Inner: "Que hijo de puta…"
Kakashi se moría a carcajadas internas, intentó disimularlas, y le sería más fácil al tener de nuevo su máscara sobre el rostro, pero enserio no podía creer la ingenuidad de esa chica, era tan divertido mover sus emociones volátiles como el rompe vientos frente al aire. Por supuesto no pretendía lastimarla en ningún momento. Sin embargo e incluso en contra de su voluntad…el amaba a esa chica y a sus impalpables emociones.
Día a día Sakura la pasaba cada vez mejor con el Hatake, era un hombre sincero de aire conservador pero tan pervertido y malcriado como el peor. En realidad, Kakashi era un misterio, por un lado un frío y despiadado ninja, un guerrero; por el otro un amigo fiel, que la hacía reír, una compañía interesante, un conversador implacable; por el otro, todo un irracional, berrinchudo con sus vicios arraigados: como el llegar tarde, leer porno en público, y tantas otras. Uff la verdad es que aquel hombre tenía tantos lados y todos tan diferentes, y aquello le causaba intriga… era un hombre que no entendía. La vida era muy extraña
Pero amaba esos momentos a su lado, eran tan naturales. No le parecía que el día durara 24 horas ¡Reía! Y eso le encantaba, ¿Cuántas veces había reído tanto en tan poco tiempo? Le gustaba estar en su compañía, respirar su dulce aroma. Aquellos momentos lo eran todo para ella. Estar junto a él, no era nada parecido a estar con nadie más, era…era mágico, podían pasarse horas hablando de las más tontas trivialidades, y para ellos era súper divertido…tranquilo. Era algo que no pasaba con nadie más a quien viera con ojos románticos, usualmente después de un rato aquellos prospectos amorosos la abrumaban, y ella comenzaba a lidiar una estrategia para salirse de ese aburrimiento, pero con él…eso no pasaba
¿Sería igual para él? No, por supuesto que no, él no la amaba en esa forma, ella era solo una infantil, una inmadura…ella no cabía en su mundo, eso en verdad la deprimía, pero bueno el cielo no es perfecto. El cielo tenía sus propios métodos, tal vez era su destino estar con él…pero como su amiga. Sí, a lo mejor es que él no era para ella, aunque ella, cómo deseaba que fuera de otra manera
…
Aquella tarde habían decidido pasarla en el piso de la estancia observando el techo, recostados a un lado de la fogata, era el tercer día de la tormenta, y se pronosticaba que quizá, tomaría un par de días más para que finalizara. Sakura usaba únicamente sus shorts negros, -esos que usualmente iban bajo su falda rosada-, y una camiseta blanca que llevaba siempre puesta tras la camisa roja, no hacía tanto frío, pero disfrutar del calor de chimenea era sencillamente, delicioso. Kakashi llevaba su ropa usual, sólo que sin el chaleco jounin, leía su libro atentamente tratando de ignorar a Sakura.
-Nee sensei-
-Nee alumna- le respondió este
-¡No me llames así!- le respondió molesta
-Tú me llamas sensei, a pesar de que no soy tu profesor, así que sólo te sigo la corriente y te llamo alumna-
-Vaaaale- le dijo en tono monótono –Kakashi-kun-
-Dime Sakura -Y le sonrió desde su lugar
-Estoy aburrida- comentaba la chica con cara de hastió, levantándose para quedar sentada, acercando más su tono a un mohín.
Él también se levantó, y se colocó frente a ella
-¿Qué quieres hacer?- le dijo sin bajar la vista de su libro
-¡Quiero que dejes tu estúpido libro de una vez!- le gritó ¿Cómo cielos lograba sacarla de sus casillas con tan amables palabras?
-Ah ¿Insinúas que quieres mi total atención?- le sonrió intrigado
-No, por supuesto que no. Pero es de mala educación no ponerle atención a tus invitados-
-Tú no eres mi invitada- afirmó, seguro de sí mismo.
-¿Qué? ¿Cómo que no? Fuiste tú el que me trajo aquí, yo podría estar pasando la tormenta en cualquier otro sitio pero por tu culpa termine aquí-
-Eso no te hace mi invitada- le sonrió divertido
-¿Ahh no? ¿E…Entonces?- le miro ella tan intrigad y perdida ¿Eso significaba que ella le había estado estorbando todo el tiempo? al parecer…era inevitable
-Mmm así que te traje aquí a la fuerza ¿No? Eso…
¡Vaya! Que increíblemente bella se le hacía esa chica, quería estar cerca de ella, no quería que se la arrebatara el orgulloso niño Uchiha, pero es que cada vez que él intentaba acercarse, ella salía corriendo ¿Cómo no frustrarse ante esa idea?
El quería quedarse con ella, quería estar siempre a su lado, pero ¿Cómo? Si ella seguía huyendo todo el tiempo. El dolor de ser rechazado es abrumador, es como si pisotearan tu corazón una y otra vez, pero por ella merecía la pena.
Ahí estaban, él y ella, ocultos de los ojos curiosos de la villa, bajo esa terrible tormenta, y tan unidos como nunca antes. Habiendo pasado unos días maravillosos en los que la rutina no era un problema, porque el estar al lado del otro era suficiente para hacer todos y cada uno de los días maravillosos y felices.
Y así quería pasar el resto de sus días, feliz, y sintiéndose completamente pleno al lado de ella, para cuidarla y protegerla, para hacerla tan feliz como nadie nunca antes. Está vez, y tantas otras como fuese necesario…lo intentaría de nuevo
-Eso…significa que… ¿Eres mi rehén?- la masculina voz del guerrero sharingan se escuchó tremendamente cerca de su cara. El rubor no se hizo esperar, cubrió por completo no solo sus mejillas sino su avergonzado rostro. Respiraba tan cerca de ella ¿Cuándo se quito la máscara?
Esto era demasiado, era perfecto, con esa piel tan fina y blanca escondida del sol, con sus labios perfilados y carnosos que invitaban a ser besados, esa pequeña y exquisita nariz, incluso su cicatriz era tan bella y contaba tantas historias, esa mirada tan potente transmitiéndole tantos sentimientos. Ella nunca le miraba directamente a los ojos por miedo a sonrojarse o revelar sus verdaderos sentimientos, sus miedos se vieron confirmados cuando lo miro directamente y se encontró a si misma atrapada bajo el embrujo de su varonil mirada, indefensa de cualquier barrera que pudiera tejer para ocultarle sus sentimientos, no lo pudo evitar y lo miro con admiración, con fervor y con ese intenso amor que ocultaba a su persona
Aquella era una tortura tremenda, su corazón le latía tan intensamente que le dolía ¿Por qué la vida lo ponía en su camino solo para que se diera cuenta que jamás seria para ella? ¿Por qué el destino era tan cruel?
Si tan sólo, por un instante perdiera el miedo a ser rechazada, si por un ínfimo segundo pudiera tocarlo, pudiera por fin besarlo, si pudiera dejarse llevar por sus emociones aunque fuera una vez, una sola vez…
Perdidos en aquellos pensamientos, no se dieron cuenta de cuánto tiempo pasó exactamente, no notaron cuando se acercaron lentamente el uno al otro por mera inercia, tampoco se dieron cuenta cuando el mundo se cerró por completo a su alrededor y los dejo a ellos dos solos.
Sólo supieron cuando estaban demasiado cerca como para arrepentirse, cuando ambos cerraron sus ojos y sus labios se rozaron tan delicadamente.
…entonces, se perdieron por completo.
Porque aún sin haberse levantado, él tomó instintivamente la delicada nuca de la chica y la acercó más a él, mientras con su otra mano le sujetaba el rostro. Ella se aferró a los cabellos platinos y ambos continuaron el beso desesperadamente, como si sólo por un breve instante se les hubiera concedido ser correspondidos, como si por ese pequeño intervalo de tiempo todo fuera posible y se pudieran a amar, pero con miedo de que ese instante durara mucho menos de lo que ambos querían.
Ese beso estaba cargado de emociones, él sintiendo una poderosa carga eléctrica distribuyéndose por su cuerpo como la sangre caliente en sus venas, como si desde cada poro exhalara un poco de esa electricidad y la respirara por si mismo, ella sintiendo una nube de mariposas mareadas por todo su estomago, felices y revoloteadoras llenando de calidez todo su cuerpo. Tan sonrojada y nerviosa, tan mujer y amada como en ningún momento anterior.
Las manos del shinobi descendieron sin mesura a la breve cintura de la chica, estrechándola más a él, sintiendo que no había ser más perfecto que ella, sintiéndose total y completamente feliz, sintiéndose correspondido queriéndola amar con todas sus fuerzas, queriendo demostrarle con caricias y besos cuanto la idolatraba, para que de esa manera no se fuera de su lado, para que no se alejara jamás dejándole solo con su atormentador recuerdo.
Y ella lo abrazó más y lo besó como si el mundo fuera a acabar, el aire se agotaba, pero sólo se separaba fugazmente de él para tomar apenas un suspiro y no tener que separarse de ese beso tan demandador, que en ese instante necesitaba más que cualquier tipo de oxígeno.
Él sabia a la perfección que de continuar así no podría controlarse por mucho tiempo, necesitaba más de ella, necesitaba demostrarle cuando la amaba, pero solo la abrazo tan fuerte como pudo suspirando cuidadosamente su tierno aroma, tomó su femenino rostro con ambas manos mirándola mientras ella permanecía con los ojos cerrados, admirando su belleza y sintiéndose inmensamente afortunado por compartir un momento tan perfecto con ella, y finalizó aquel hermoso beso, con uno casto, inocente, y trenadamente dulce pequeño beso. Entonces, ella por fin abrió los ojos y lo miro directamente
A partir de entonces ¿Qué es lo que pasaría? Ambos no pudieron pensar en preguntas más adecuadas que…
¿Qué pensará él/ella en este momento?
¿He arriesgado demasiado?
¿Qué pasará ahora?
Mil preguntas te pueden pasar por la cabeza cuando se tiene incertidumbre por el futuro ¿Qué pasaría si lo entregaras todo en aras de darle la razón a tu corazón? ¿En verdad existe tal cosa como sacrificarlo todo por amor para no obtener nada a cambio?
Nadie quiere que le rompan el corazón, pero el que no arriesga no gana…
