Continuación...
A nuestro encuentro apareció Mario. Más que un padre parecía un guarda espalda.
-buenas noches, es un placer conocerlos, vengo a presentarme con el nuevo clan… mi nombre es Carlisle…- dijo mi padre en tono humilde, dejando claro que era decisión de Mario dejarnos pasar o no.
El hombre tenía el ceño fruncido y parecer querer decir que no, sin embargo antes de que palabra alguna saliera de su boca, una voz femenina brotó del otro lado de la puerta y anunció: "Mario, déjalos entrar".
Con eso dicho el hombre nos abrió campo a la sala que todavía tenía cajas regadas por todos lados.
-Disculpa por el desorden, señor Cullen, pero es que estamos trabajando bastante rápido para salir de estas tierras lo más pronto posible- Dijo Graziella sin ninguna inflexión en su voz.
Carlisle y yo avanzamos hacia la cocina de donde la voz provenía, para encontrarnos a la muy obvia líder del clan sentada en una silla muy alta, leyendo un libro sobre cocina humana. Vaya peculiaridad.
Carlisle se dirigió hacia ella y se detuvo a apretar su mano una vez se encontraban frente a frente. Decir que Graziella era hermosa se quedaba corto. Si bien era una mujer entrada en años, el color de sus ojos, la forma en la que su cabello se sujetaba elegantemente en una moña, la nariz aguileña y los labios finos hacían de ella una visión de belleza inconfundible para cualquier ojo, humano o vampiro.
-Carlisle Cullen… y eso de la mudanza no será necesario, vengo a disculparme en nombre de mi familia y he traído a mi hijo para que lo haga directamente con su hija Valeria.- dijo Carlisle en tono conciliador, mientras Graziella cerraba el libro.
-Entonces hay mucho de qué hablar, señor Carlisle.- dijo mirándome de un modo que me hizo sentir que yo estaba de sobra. Ella se encontraba prevenida, eso era obvio, pero algo en la serenidad de sus palabras me decía que su paciencia y sabiduría eran infinitas. Ella y Carlisle se llevarían de maravilla.
-El señorito Cullen puede pedirle el favor a Mario que lo acerque a la habitación de Valerie, sin embargo me temo que hablar con ella no va a ser demasiado fácil.- comentó.
-Solo vengo a disculparme, no quiero incomodar a nadie.- dije defendiéndome.
-Lo sé… pero conozco a mi hija, si no eres de su agrado es más fácil y menos frustrante hablar con una pared, se lo aseguro.
-haré el intento.- dije decidido. Necesitaba esa confrontación.
-Muy bien, Mario… ¿puedes anunciarle a Valerie que el señorito Edward Cullen viene a ofrecer sus disculpas formales?
Mario asintió con la cabeza y me hizo un gesto para que lo siguiera.
La casa tenía algo que la hacía cómoda. Quizá eran los zapatos de diseñador regados en la sala, o quizá las carteras y demás cosas que parecían fuera de lugar, lo que la hacía más agradable. Me recordaban cuando Alice vivía con nosotros.
-Espera aquí.- dijo ofreciéndome una silla mientras el subía las escaleras, en busca del cuarto de Victoria.
Lo escuché comentarle de mi presencia y decirle que tal cual Graziella lo había pedido en caso de que se presentase un Cullen ella debería hacerle frente. No escuché la respuesta de Victoria pero podía imaginarme una sonrisa malvada en su rostro pecoso.
Mario bajó las escaleras y me pidió que esperase.
Unos segundos más tarde, vestida con un vestido negro que acentuaba todas y cada una de sus curvas, salió la pelirroja y se posó a mi lado, silenciosa.
Sus ojos no denotaban ningún tipo de expresión. Tampoco su cara. Ella estaba allí simplemente cumpliendo con un requisito.
-Hola- la saludé. Ella solo me miró e hizo una mueca con la boca que podría haber querido ser una sonrisa.
-Vengo a disculparme por lo que sucedió esta mañana, fue muy rudo de mi parte y quiero que sepas que no fue nada personal… simplemente te pareces mucho a alguien.
Eso fue todo lo que se me ocurrió decir. La Pelirroja solo miró y asintió con la cabeza.
Durante unos buenos dos minutos Victoria y yo solo nos miramos. Ella parecía curiosa y yo hubiese dado todas mis posesiones materiales y buenos años de mi vida por saber en qué demonios pensaba. En esa cabeza estaba la solución a todos los misterios que tenía por delante. Sin embargo ella estaba en silencio. Lo único que hablaban eran sus ojos y no era que dijeran mucho honestamente. Se encontraba aburrida o fastidiada. En cualquier caso pude ver que la estaba incomodando o haciendo perder el tiempo.
-Bueno creo que… eso es todo- dije con voz cansina, como disculpándome nuevamente.-Gracias por recibirme.
Y me levanté dispuesto a correr a casa. En realidad no quería seguir teniendo su mirada divagadora ni un segundo más encima de mí si no podría por lo menos conseguir que dijera dos palabras.
-¿Quién?- pregunto de repente. Fue más como un suspiro y al principio creí que lo había imaginado, pero ella seguía allí, inmóvil, con la mirada clavada en mis ojos. Había algo espectacularmente peligroso en sus ojos, algo infinitamente seductor.
-¿Quién qué?- devolví la pregunta. No sabía de qué hablaba. Quizá estaba hablando sola o me estaba tomando el pelo la muy desgraciada.
-¿A quién me parezco?- preguntó de nuevo. Por fin, había algo con que empezar.
-Para serte sincero, a una vieja enemiga.- dije con naturalidad. No había razón para no hablar claro.
Ella esbozó una sonrisa en la que pude ver dos agujeros como piscinas en sus mejillas.
-¿Qué lo hace gracioso?- pregunté tratando de hacer más conversación.
-Es la confirmación del hecho de que tipos como tú y mujeres como yo, simplemente estamos destinados a odiarnos.
Y con eso se levantó de su silla y subió las escaleras con una lentitud perpetua mientras yo solo reflexionaba lo que había dicho y miraba su redondo y perfecto trasero menearse de un lado a otro con cada paso que daba.
Carlisle POV
Fue un largo camino a casa. Sobre todo si lo único que podía hacer era cantar "what I like about you" de "Ramones" para evitar que Edward leyese mis pensamientos.
-Vamos… eres mi padre, cuéntame qué te dijo- volvió a preguntar en ese tono regañón y grosero que tan bien se le daba.
-ya te dije que vamos a esperar a llegar a la casa donde hablaré con todos. No me gusta repetirme a mí mismo.
Volví a concentrarme en la música. El poder de mi hijo solía ser insoportable cuando sabías que había algo específico que mantener en secreto.
Manejé con cautela aunque excesivamente rápido. Quería quitarme ese peso de encima de una buena vez.
En cuanto llegamos a la casa todos salieron en mi encuentro. Jasper se encontraba ya sentado en uno de los cojines leyendo un libro, Emmett y Rosalie estaban de pie en la escalera y mi querida Esme salía de la cocina.
-¿Qué ha sucedido, cariño?- me preguntó con una sonrisa que mostraba su impecable dentadura blanca. Cómo amaba a mi esposa.
-Tenemos que hablar. He querido evitar adelantarme con Edward así que todos recibamos la misma información al mismo tiempo.
-Escúpelo ya, papa, tengo que secarme el cabello.- dijo Rosalie con un gesto de impaciencia.
Invité a todos a sentarse y comencé mi historia.
-Como todos saben llegamos allá simplemente a disculparnos. Grazzie, como me pidió que la llamara muy cordialmente, me atendió a solas en su despacho mientras Edward y Victoria hablaban.
Jasper y Emmett ambos subieron una ceja.
-En fin, después de asegurarle que no queríamos ningún problema y que podían quedarse en la zona cuanto tiempo gustasen comenzamos a hondar en el tema de su familia. Son italianos ambos, tanto ella como Mario; son muy, muy viejos, pero sobre todo ella. Han pertenecido a diferentes clanes durante su larga existencia sólo para descubrir que no había nada como ser los líderes de su propio clan. Entonces, según me cuenta Grazzie, se encontraron con sus hijas, ambas heridas de muerte, una humana y otra vampira, en una zona cercana a este pueblo. Mario y Grazzie las salvaron de un fuego atroz que amenazaba con consumirlas a ambas y al volver en sí ninguna fue capaz de dar mayores señales de quienes eran. Decidieron quedarse con ellas y formar una familia. Están acá simplemente por ser un pueblo muy lluvioso donde no sale nunca y el sol y vienen en son de paz. Eso es todo.
Mire la cara confusa de Jasper y Edward.
-Entonces ellos fueron quienes la rescataron…- alcanzó a murmurar Jasper.
-Así es… son ellos quienes también convirtieron a Bella.- dijo Edward, con un dejo de rabia.
-¿Pero qué pasó con su memoria?- preguntó Emmett.
-Pues que Bella no recuerde es normal, una vez transformada son pocos los recuerdos que se cuelan, sin embargo que Victoria no recuerde es extraño
-Tienes razón, quizá esté tramando algo- dijo Rosalie
-Bueno muchachos, en realidad habrá que esperar para saber quién oculta qué o no, pero sinceramente no creo que Grazzie sea una mujer que se deje engañar por un vampiro vengativo como ustedes están haciendo ver a Victoria- dije, tratando de calmar los ánimos. En realidad no estaba de acuerdo en culpar a la pobre chica cuando desde el principio me pareció justificado su enojo; habíamos matado a su pareja por que nos agradaba una chica que bien podía ser su fuente de alimento.
-Yo estoy de acuerdo… Victoria estaba realmente confundida, pude sentirlo… ella no nos recuerda.- confirmó Jasper.
Edward suspiro y puso los ojos en blanco.
-Entonces ¿eso es todo? ¿Sí son ellas?- preguntó con fastidio.
-Al parecer, y según su versión de los hechos sí.- hice una pausa para reflexionar lo que quería decir después de aquello y continué- sin embargo algo me dicen que no acabaron en este pequeño pueblo por casualidad. Están aquí por un motivo particular.
-¿Qué crees que sea?- preguntó mi esposa
-No tengo la más mínima idea.- dije- pero creo que moviendo las cartas adecuadas se puede averiguar.
-Muy bien, ¿Qué hacemos ahora? ¿Edward declara su amor nuevamente a la amnésica o nos olvidamos de todo el asunto?- preguntó Emmett tan directo como siempre.
-No va a pasar nada de eso.-dijo Edward entre dientes tratando de suprimir la rabia por aquel comentario tan fuera de lugar.
-Yo hablaré con Bella- dijo Jasper. De repente todas las miradas fueron para él.-Le agradé cuando me acerqué a presentarme.
Pude sentir como Edward contenía la respiración.
-Es buena idea Jasper, tú y Rosalie hicieron una buena impresión en Grazzie y la familia. Pueden acercarse a ellos con comodidad como me lo dejó saber.- Pura mentira, pero necesitaba aligerar el ambiente, y como líder del clan mi opinión siempre solía reforzar sentencias como esa.
-¿y yo?- preguntó Edward.
-Tú, hijo mío sólo te acercarás en caso de que sea absolutamente necesario.- contesté en tono conciliador pero firme. Necesitaba entender que aquella familia lo veía como una amenaza.
Edward asintió con la cabeza y dijo de inmediato que iría a su cuarto a componer. Jasper salió disparado por la ventana y advirtió que estaría cazando cerca. Emmett y Rosalie volvieron a su cuarto y yo esperé que mi amada esposa me diera un beso para irnos a disfrutar de la mutua compañía después de un largo día...
