Capítulo VIII
Baño en la playa
Alrededor de las diez de la noche escuché ruidos en la cocina y me levanté sigilosamente, Candice se encontraba parada y tocando el agua, partiendo un melón al que le quitaba las semillas y después una manzana que descorazonaba. ¿De pie? ¿Qué rayos está haciendo levantada? Al parecer no me había percatado de que luego de brinco en brinco llegó hasta el refrigerador y se agachó para sacar un bote de yogurt, para después vaciarlo sobre la fruta, condimentándola con un cereal y miel. Ahora me iba a escuchar.
¿Qué crees que estás haciendo levantada? – la reprendí fuertemente.
¡Maldita sea! Puedes dejar de gritar, intento prepararme comida y tú ¿qué haces en mi apartamento? - recalcó ella cuando con un brinco se desplazó hacia atrás.
¡Cuida tu lenguaje! ¡Me quedé a cuidar que no hicieras eso! ¿No tienes servidumbre? - le pregunté bastante molesto, ella no debiera de hacer ningún tipo de cosas y actividades en las que debiera utilizar las piernas.
Por supuesto papá, está… espera no tengo por qué darte explicaciones, ya puedes irte si eso te molesta... - resolvió contestarme dándose la vuelta.
¡No soy tu padre! - le contesté levantando la voz, Candice tenía la tremenda condición de que sabía sacarme de mis casillas con tan solo una respuesta.
¡Afortunadamente! - suspiro de alivio.
¡No lo haré! ¡Eres mi responsabilidad! ¡Maldita sea, alguna vez podrías hacer lo que se te ordena! - esto, mi actitud era de descontrol total.
¡No, no lo soy! Puedo cuidarme perfectamente bien… sola - me soltó.
Sí claro, dando de brincos por todos lados… ¿cómo llegaste aquí? - quise saber.
¡Caminando…! Por supuesto que alguien me cargó bobo. Un apuesto y joven mozo me cargó hasta aquí - muy cínicamente me contestó con ensoñación.
Marcello se fue por la tarde - respondí con una sonrisa cuando se escuchó el timbre de una puerta.
¡Ah espera! Sí, ya - Candice apretó un botón cerca del refrigerador y unos minutos después entraron seis perritos Shih Tzu. ¡Hola pequeños! Se portaron bien - les preguntó cuando todos se peleaban y emocionaban por ser acariciados. Gracias Jimmy, ¿cómo se portaron? - le preguntó al muchacho que habia visto antes, era por demás un descubrimiento.
Muy bien señorita, ¿quiere que la ayude? - le preguntó a ella y ella le dio un asentimiento de cabeza. Permiso - me solicitó cuando ella con el cuenco que tenía en las manos lo coloco en su estomago y como una pluma le chico la cargó.
No podía ser, ese tipo pasó de largo, topándose con mi cuerpo, alzándola y ella, se lo permitió.
¡Por favor Jimmy, gracias, qué amable! - agradeció con demasiada efusividad. Ya, ya mis niños. Por cierto. ¿qué haremos con ellos? No los puedo cuidar por el momento - le dije a Jimmy haciendo que el chico se riese.
Los encerraré en sus casas y vendré antes de la universidad mañana, le parece bien, ya después veremos ¡qué hacemos! - resolvió cuando la dejó sobre la cama y la arropó.
Sí guapo, gracias - le sonrió sin importarle que estaba allí, delante de ella, bueno en el marco de la puerta.
Buen provecho, chicos vengan - el chico llamó a los perritos y ellos enseguida se fueron a despedir de su dueña y siguieron uno por uno a Jimmy.
Adiós mis niños, vayan, vayan - Candice estaba encantada con ellos.
¡Qué bueno que entras en razón, pero no crees que son muchos! - exclamé cuando nos quedamos solos y ella comía un trozo de melón. Además ¿quién es ese tipo? - le pregunté mirándola que solo veía su plato.
No es de tu incumbencia - me respondió.
Me vas a decir ¿quién es? - la amenacé caminando varios pasos hasta que nuestras miradas se encontraron.
No… ¿te importa? - soltó cundo se retiró de mi cercanía y comía ahora un trozo de manzana.
Señorita, señorita… - entró Irina, preocupada.
¡Irina, ven aquí! - pidió al ama de llaves.
Ya veo que se preparó la cena, no piensa que debe comer más - me recordó que la comida de noche no era lo ideal.
No comiences Irina, pero quizás puedas despedir a mi visita - le informó volviendo a sus alimentos y prendiendo la t.v. con el control.
Ya te dije que no pienso dejarte sola - le dije, sin importar lo que ella dijera, yo estaría hasta en el sanitario si no lo podía hacer.
¡Irina está conmigo, no te preocupes! - respondió irónica.
No me voy, mejor dame un sillón de a perdido - le insistí.
Irina, ¡prepárale la habitación de invitados, ya que su majestad se quedará ahí! - resolvió y le subió a la t.v.
Gracias - respondí siguiendo a Irina.
Pues no me quedo muy conforme, por cierto echa el pestillo a tu habitación Irina, recuerda que aún no le conocemos las mañas - recomendó a Irina haciéndola reír a mis costillas.
¿Qué quieres decir exactamente? ¡Ah olvídalo! Buenas noches - le deseé, no soportaría otro enfrentamiento.
Señor, ésta es su habitación - me ofreció sintiendo ganas de reír.
¿Por qué no me das esa? Estaría más cerca de ella por si en la noche se le ofrece algo - informé deseando que accediera.
Esa habitación se conecta con la de ella, es del joven Andley, pero no se preocupe yo me quedaré allí, buenas noches - se despidió y cuál fue mi sorpresa cuando me enteré de que ellos compartían más que la cama sino las puertas.
Eran las cinco de la mañana cuando una sombra pasó por el pasillo, mi puerta se encontraba abierta y al ver lo que sucedía, me levanté sigilosamente, de un momento a otro, sin pensarlo fui tras ella aventándola al suelo. Sintiendo el cuerpo voluptuoso de esa sombra, me di cuenta de mi error.
¡Qué rayos! Eres estúpido o ¿qué? Podrías al menos colocarte un cencerro en el cuello para saber que andas cerca - me sugirió enfadada mientras se daba la vuelta y trataba de levantarse.
¡No debes andar en la oscuridad, pensé que eras un ladrón! - solté cuando me dio una patada para que me quitara encima de ella.
¡Ladrón! En realidad ¡eres idiota! O ¿qué? ¿Cómo va haber un ladrón en el piso 30? ¿Crees que es el Hombre Araña? ¡Solo iba a abrirle a Jimmy! - me gritó cuando logró ponerse de pie y
¿A ésta hora? - le pregunté extrañado.
Perdona si los que no somos de tu condición social debemos de levantarnos temprano para las actividades domésticas y estudios, pero Jimmy entra a las seis al gimnasio y se ha tenido que pasar por aquí para atender a mis cachorros, así que si me disculpas tengo cosas más importantes que hacer en estos momentos - se dirigió a la puerta mientras no entendía lo que me dijo.
¡Déjame ayudarte! - le ofrecí.
No lo necesito, Jimmy me ha traído unas muletas, pero gracias por la preocupación. Por cierto, Irina me dijo que una maleta tuya llegó como a las diez, se encuentra afuera de tu habitación - me informó cuando el ascensor abrió sus puertas.
Gracias - el chico y yo agradecimos al mismo tiempo.
¡Ajá, hola Jimmy, gracias por esto! ¿Qué haremos? - le preguntó cuando él le dio las muletas.
¡Ay señorita! Otra vez le pasó un tren encima - exclamó él sonriendo mientras yo intentaba recordar cómo se usaban.
Sólo está lacerado, pero duele como el infierno. Los metemos a una pensión o algo así - se refería a sus perros.
¡Déjame ayudarte…! ¡Mujeres! Bueno Marie, sí, gracias, perdón por despertarte, pensé que ya estabas despierta, sí lo siento, cuando sea una hora oportuna puedes localizar a Paolo, sí, por supuesto, hazlo venir a la dirección que te mandaré al teléfono de Fred, si gracias. Paolo se encargará de ellos - le informé ya que el nieto de Marie podría ayudarle con esto.
Sólo debe llevarlos de paseo a media tarde y darles alimento en la mañana y en la noche. ¿Podrá hacerlo? - quiso saber.
Por supuesto, ¿volvemos a dormir? - sugerí yéndome a la cama de nueva cuenta hasta que ella le pidio al chico algo que yo iba a hacer.
Sí claro, Jimmy podrías… - ella intentó hacer que el chico la ayudara a llegar a su cama.
¡Yo lo haré! - me adelanté pasando de largo al chico.
¡Hombres, gracias Jimmy! - ella le agradeció cuando la tenía entre mis brazos.
Sí señorita, de nada - regresó el agradecimiento y salió hacia el ascensor.
Ah por cierto, mañana les toca baño en la playa, pero creo que no van a poder ir, pero sería buena idea que los tengamos aquí en la alberca, podrías venir y nos daremos un chapuzón - refirió ella, animando al chico.
Sí señorita, la veo en la noche - le dijo y desapareció.
Ciao Jimmy - se despidió ella y cuando la dejé en la cama comenzó a pensar.
¿Piensas nadar? - le pregunté sorprendido.
¿Te importa? - se limitó a darme a entender que no me metiera en sus asuntos.
¡No vas a nadar, ni siquiera puedes apoyar el pie! - la reprendí por la altanería.
No lo necesitaré, la última vez que me lesioné la pierna, estuvimos…bueno más bien estuvo nadando conmigo a cuestas, es muy fuerte y me aguanta - explicó ella como si lo estuviera recordando.
¡No lo harás! - solté sin pensarlo.
¡Ya lo veremos! - respondió dándose la vuelta para volver a dormir.
¡Por supuesto que lo veremos! - no pensaba que fuera tan inconsciente.
En tan sólo unos días se había instalado una lucha de poderes en su departamento. Ella se encontraba tarareando cuando a primera hora de la mañana la jauría pasaba por entre mis pies en el comedor, con las correas arrastrándose. Minutos más tarde se presentaba ante mi Jimmy con un diminuto traje de baño blanco que lograba transparentar más de lo que yo deseaba saber que transparentaba. Dirigiéndose a la habitación de ella, minutos más tarde, pasó corriendo delante de mí con Candice en los brazos y un muy diminuto traje de baño del mismo tono, lo cual hizo que me hirviera la sangre, echándose a la alberca y cuando hubo salido a la superficie se encontró con la mirada furibunda que mis ojos centelleaban, me había desobedecido, otra vez.
Hola, ¿no quieres nadar? - me preguntó de forma irónica.
No, ¿no encontraste algo más pequeño? - sugerí de la misma forma, queriendo saber si lo estaba haciendo a propósito.
Ahora que lo dices es el más pequeño, pero aún no utilizo uno transparente. Debería usarlo… - comenzó a decirlo, tratando de subirse a la banqueta de la alberca.
¡Ni te atrevas! - le advertí empujándola hacia el agua.
O si no ¿qué? - me retó. Ahora si me disculpas tengo que volver con el chico…se ve divino en ese traje, ¿no te lo parece? - se estaba burlando de mí.
¡Es un niño! - le informé ya que quizás no se había dado cuenta de ello.
¡No sabes cuánto adoro criar, pensé que lo sabías! - exclamó sin querer decir nada más y alejándose para que él le rodeara la cintura con el brazo, haciéndose ambos hacia atrás mientras cada bola de pelos se echaba a la alberca.
De momento no había entendido lo qué quería decir, me fui de ahí y al entrar me topé con Irina, le pregunté qué era lo que ella me había querido decir. Sencillamente no podía creerlo, le gustaban los jóvenes, fuertes y mejor dotados aunque no sabía si estuviese mejor dotada. ¿Qué era lo que me sucedía con esa mujer? En un arranque de celos me fui a parar cerca de las mesas del jardín y allí lo vi todo, lo que mis ojos se negaban, eso era más que el gusto por el chico, lo adoraba, le coqueteaba y…no podía ser. Estaban tan cerca que sólo faltaba que hiciera aire para que ella lo besara…mi mente cavilaba rápidamente y en un abrir y cerrar de ojos se sumergieron para dirigirse hacia ambos lados de la piscina, hecho que me sirvió a mí para decidirme a bajarme los pantalones y quedarme en bóxers, metiéndome mientras él salía y yo la aprisionaba por el talle contra la musculatura que ella seguramente pensaba que no tenía.
¿Qué diablos estás haciendo? - me dijo sorprendida por tenerla cerca de mí.
¡Cuida tu lenguaje! Una señorita no debe expresarse así - le recordé, yo era hombre y podia maldecir a quien sea cuando sea, pero ella, si fuese italiana se veria muy mal que se expresara como nosotros los hombres.
¡Soy un bárbaro! - expresó ella soltándose.
¡Ah sí! - exclamé volviéndola a atrapar.
Por supuesto, por cierto si piensas besarme te advierto que para que no malinterpretes veas el traje de baño a la altura de los senos. Sí ya viste, pues observarás que mis pezones están rígidos por el agua fría - me explicó haciendo que me enfadara más, no estaba pensando hacerle el amor ahí.
¿Por qué dices esas cosas? - quise saberlo, ya que no la entendía.
Porque un beso despierta la sensualidad de una mujer y no quiero que te vanaglories con una supuesta animación de mi cuerpo…digo por si lo haces - me confesó muy quitada de la pena.
¿Siempre eres tan franca? - cuestioné por haber destruido mi libido.
Casi siempre... - respondió apartándose de mi cuando un perrito se acerco a ella y le lamio las manos.
Pues no, no lo iba hacer. ¡Qué disfrutes tu… frescura! - referí saliendo de allí, pensaba que me estaba viendo, pero ¡qué equivocado estaba! Sus perros eran importantes para ella, más que yo.
Como podía ella saber lo qué me proponía, sería acaso que me conocía mejor que yo. Volvió a poner sus ojos en el mozalbete que venía entrando con algunos de sus cachorros.
Estuvieron un par de horas más en el agua, hasta que llegó el medio día, salió delicadamente de la piscina y se arrastró a gatas hasta su habitación encontrándomela en el pasillo.
¿Qué haces? - le pregunté sabiendo que ella se podría arrastrar quizás con tal de no depender de mí o de algún hombre.
Gateando, ¿no ves? - me respondió groseramente.
¿Por qué? - cuestionó sin más.
Preciso llegar a mi habitación - me informó.
Y ¿el chico, ya no quiere cargarte? - le hice burla ganándome una mirada de reprobación.
Está ocupado con los cachorros, puedo perfectamente llegar a mi habitación con las rodillas - agradeció y comenzó a caminar màs rápido.
Te hubiera ayudado... - sonreí ante tal visión.
¡No tienes por qué molestarte, cielos debo llegar, el teléfono suena! - susurró, pero lo oí.
Sin pedirle permiso la levanté en vilo, depositándola sobre una toalla que había tomado del baño y dejándola entreabierta para escuchar qué decía, pero ni porque se oía demasiado bien, lo entendía, fue una sorpresa para mí lo que escuché, ¡hablaba ruso también! Entonces tuve que grabarlo, para luego pasárselo a Fred y que alguien en la empresa me lo tradujera.
Se había tardado demasiado, un par de horas quizás, cuando hubo terminado tomó las muletas y se dirigió al baño, todo era silencio, cuando salió se metió al vestidor y salió con unos jeans tipo pescador y una blusa corta sport. Se desenredaba el cabello y buscaba sus sandalias, ya que era lo único que podía usar, se quedó viendo en el espejo por largo tiempo, se agarró de éste y de un momento a otro, se desvaneció.
Tiempo después en su habitación logré verla con una tremenda inflamación en la cabeza y moviéndose erráticamente.
Descansa - le dije cuando ella quiso levantarse.
¿Qué me pasó? - me preguntó tocándose donde le ardía, tenía una tremenda inflamación debido al golpe.
¡No desayunaste! - la reprendí.
¡Ay mi cabeza, me duele enormemente! - se quejó cuando sintió una punzada donde se había tocado.
¡Te has lastimado más! Benedetti estaba preocupado porque no despertabas - le conté haciéndola sentir como una desequilibrada.
Lo siento - pidió disculpas por el susto.
Ahora te quedarás en cama... - sugerí ya que si seguía reprendiéndola seguramente habría protestado por cualquier cosa sugerida.
No puedo, debo viajar a Rusia ésta semana - me contó tomándose la cabeza.
¡No lo harás, debes descansar! - estaba harto, ésta vez tenia que hacer caso. ¡Eso es todo lo que harás! - le expliqué.
Pero mis cachorros... - los quiso poner de excusa.
Paolo se ha hecho cargo de ellos en mi mansión - solté para parar lo que quiera que estuviera pensando.
Tengo hambre... - intentó nuevamente moverse.
Irina y Marie te traerán el almuerzo - le informé, sorprendentemente ellas se llevaban con cordialidad.
Lo tienes todo resuelto... - se colocó con los brazos cruzados sin poder creerme.
Sí y tú no debes moverte y si te levantas siquiera al baño, me vas a conocer - referí sin amenazas.
¡Uy que miedo…! - respondió ella moviendo sus dedos como si fuese un fantasma. Una hora más tarde, mientras dormitaba, ella se quejó de un dolor. ¡Me duele la cabeza! - Candice se tomó la cabeza y se puso mal.
¡Tómate esto, son aspirinas…! - recomendé dándole algunas pastillas y un vaso con agua.
¡Eso no me lo quitará! - respondió observando que no iba a ser fácil que se las tomara. No me veas así, esto no es un dolor de cabeza normal, prefiero otras que están en el primer cajón del baño, si pudiera ir por ellas - respondió, pero inhabilitada para moverse cuando le había dado otra punzada.
¡No te atrevas a levantarte! - le advertí, yendo por ellas.
Me encaminé al baño y efectivamente ahí estaban, al igual que otras pastillas y lo que parecían ser toallas femeninas. Decidí no comentar nada, no quería herir susceptibilidades. De regreso a la habitación, Candice estaba agarrándose la cabeza y terminó por rodarse sobre su cuerpo para quedar boca abajo, parecía no querer escuchar nada.
Aquí tienes... - las extendí.
Es agua... refirió tomándolas y pasándolas grotescamente.
Sí, ¿pasa algo? - cuestioné pues ya casi no abría los ojos.
Esto me lo calmará rápidamente - susurró sin ganas de responder de ninguna forma.
¿Te duele mucho? - quise saber, ya que conforme pasara el tiempo, tendría que llamar a Benedetti de urgencia.
Bastante, será mejor que me traigas un basurero del baño, el blanco - sugirió comenzando a sentirse peor.
¿Para qué? - quise saber.
Candice, como pudo, apretó un botón, cerrando automáticamente las cortinas y colocando la puerta en cerrado.
Pasaron un par de horas más hasta que se quedó profundamente dormida.
¡Mariposa, Mariposita! ¿Cómo está? - preguntó Benedetti cuando regresó a verla.
No muy bien, creo que tiene dolor de cabeza o algo así - le expliqué cuando él había cambiado el semblante, eso no pude entenderlo.
Bueno, lo bueno es que se durmió esperaremos a que se despierte - soltó el mientras se acomodaba, sacaba de su maletín una lamparita y la acercaba a los ojos, según la respuesta es que lo observé, hizo una mueca cuando vio la respuesta de su ojo izquierdo.
¿Puedo hacer algo? - pregunté inquieto.
Ni tu ni yo podemos hacer algo, debemos esperar - respondió escueto mientras pedía algún material a una farmacia autorizada.
¿Tan grave es? - pregunté sabiendo por el material que estaba por suceder algo más que alguna otra medicina.
No grave, pero si el medicamento no funciona, tendré que sedarla - me dijo indicándome que quería tomarle signos vitales.
¡Sedarla! Cualquier cosa que no fuese sedarla sería una grandiosa idea.
¡Platícame de ello! - le solictie.
No hay nada que explicar, sólo que es la primera crisis del año. Esperemos que sea la última, cuando despierte sabremos lo que sucede - deseo en mejor de los casos.
Realmente me sorprendí cuando eso que pensaba que iba a durar unas horas, había durado en realidad tres días, eran ya las cinco de la tarde cuando despertó tropezándose con las sondas de alimentación y desechos que Benedetti le había colocado, la enfermera que se encontraba leyendo unas notas, levantó la vista hacia ella, que apenas regresaba del sedante, intentando abrir los ojos completamente sin lograrlo. La enfermera comenzó a tocarla, ella se retorcía.
Bert…
¡Doctor, la paciente ha despertado! - avisó ella, mientras todos nosotros terminábamos de comer. Salimos corriendo de ahí para ir hasta donde ella se encontraba.
Minutos más tarde...
Mariposita, Mariposita, despierta - Benedetti la tocó en el hombro, moviéndola.
¿Cuánto llevo aquí? La espalda me duele - se quejó dolorosamente.
No te muevas tanto, tuve que sedarte, tu dolor era demasiado - le comentó haciéndola que se agarrase los tubos.
¡Sedarme! ¡Estoy mareada! - exclamó sintiéndose fatal.
Es normal, espera, te quitaré las sondas. ¿Terry puedes salir? - Benedetti me pidió que saliera de la habitación, tal cual lo hizo esa vez cuando se las puso.
Accedí automáticamente y cuando volví a entrar.
¿Tienes hambre? - preguntó el médico.
No mucha, tengo náuseas - admitió ella, retirando la nariz cuando había percibido un aroma dulzón.
Espero que se te pase con el tiempo, debes comer - Benedetti insistió.
¿Cuantos días? - preguntó dándose por vencida.
Casi cuatro - soltó Mickael.
Cuatro…¡cuatro…llama a Anthony! ¿Cómo pude hacerlo? Mi suegro, mi suegro tuvo un accidente - se levantó aprisa.
¿Qué has dicho? ¿Cuándo? - Benedetti metió todo a su maletín sólo limpiando con la mano la mesa donde lo había colocado.
Hace cuatro días, si le pasó algo, ¡jamás me lo perdonaré! - respondió ella, comenzando a vestirse y tomando sus papeles.
No calma, no debes alterarte. Bueno, perdone se encuentra Anthony, si claro…Candice, no, no puede, ¿es de gravedad? ¡Dios mío! Sí, gracias. ¡Apresúrate! William se encuentra internado, debes hacer la maleta e iré contigo. Señorita avise al hospital que faltaré a mi guardia, llamaré más tarde - Benedetti daba órdenes por teléfono.
¿A dónde van? - les pregunté ansioso
A Rusia, el suegro de Candice está internado. Al parecer sufrió un accidente de moto hace cuatro días, el avión privado de los Andley nos espera en el hangar, es preciso que lleves tu pasaporte ruso, no viajes con el de México - le advertía a ella.
La prensa... - susurró ella.
Si la prensa, no quieres periodistas merodeando por aquí y por allá, Niel…Niel está en el hospital. Anthony te esperará en el hangar, Dimitri será tu guardaespaldas, por lo que pueda suceder. Debes hablar ruso con todos, limítate a dar órdenes - Benedetti le explicó y ella asentía y sacaba muchas cosas que ponía en las maletas.
Eso se me da... - admitió sonriendo.
¿Vamos a ir? - pregunté ilusionado.
¡No tú no vas! Terry, esto debemos hacerlo con la mayor discreción. Lo siento - me informó haciendo que me desilusionara con tamaña rapidez.
No la dejaré ir ahí, aún no se recupera del todo, mira como tiene el pie - le hice algunas observaciones para que lo impidiera como médico.
Ya se ha recuperado por el momento, para eso es que voy con ella. Lo siento, debes quedarte - me lo dijo como si no me estuviera dando opciones.
¡No, no lo haré! - rebatí su decisión.
Terry no seas necio. Le causarás más problemas de los que te imaginas y Archie también se verá afectado. Es mejor que me hagas caso y te quedes, ella estará bien - me aseguró, pero mi humor no iba bien.
¡No puedo dejarla sola! ¡Es muy independiente y suele ser terca y no se cuida! - refuté rápidamente, tenía que hacer algo.
Créeme allá la cuidarán de sobra, su familia es responsable de ella por lo que significa. Terry tendrás que quedarte o si no Dimitri no te dejará bajar del avión - me aseguró cuando tomó una jeringa que yo pensaba que iba a tirar.
¡Oblígame! - lo rete cuando paso delante mío y después atrás de mi.
¡Tú lo has pedido! - él acepto, todo se volvió oscuro después.
Pensé que Benedetti me iba a golpear, pero que iluso fui, sólo sentí un piquete en el brazo y caí desmayado. Marie se encontraba en la mesa del comedor cuando me desperté.
¿Cuánto llevo dormido? - pregunté cuando por fin pude abrir los ojos.
Un día mi niño, Benedetti te sedó, debes entenderlo - solicitó Marie.
¡Maldición! ¿Qué diablos pasa aquí? - exclamé y solté un gruñido.
Pensé que ya lo sabías, tú madre ¿no te ha comentado nada? Benedetti me contó algunas cosas. El amigo de Archie, Niel es pariente de Candice, su primo político en realidad. Su familia política, la protege de Niel que al parecer está obsesionado con ella. El señor Andley se encuentra estable, pero está pidiendo ver a la chica desde que se accidentó. Es curioso no, ¿cómo puede un primo político atacarte si no tienes nada que ver con ellos? - caviló mi nana, demostrándome que aquellos dos tenían mas secretos de los cuales me quería enterar.
No entiendo, ¿por qué no quiere que nadie se entere de que Candice visita a su familia? - me pregunté interiormente.
Oí una conversación de ellos dos, al parecer ella es inmensamente rica, heredera universal de Ferrel Andley, hermano de la madre de su ex esposo y también lo es de Albert Andley. Pero del primero, Niel no lo sabe, así que por ello deben ser cautelosos, espera que nadie de la familia se entere en ¿dónde vive, ahorita? - me explicó.
¡Represalias! ¡Debo estar con ella, necesito hacerlo! - susurré, haciendo que mi nana se extrañara.
Me encontraba fuera de mí, no sabía lo que era la depresión sino hasta que la sufrí por dos horribles semanas, otras dos horribles semanas, ni un telefonema, ni un mensaje, nada. Parecería que se la había tragado la tierra, en una de esas noches de completa soledad, me dirigí a su departamento, donde no encontré a nadie, Irina había dejado las llaves con el portero y me metí a su departamento, su habitación estaba intacta e inmaculada. Me recosté en la cama y estiré los brazos, ahí encontré una nota. Era de Candice.
Continuará...
