Capítulo 8
Miro la entrada y el boscaje que le daba la bienvenida con el aire era más tempestuoso enviando una brisa pura hasta su cara. El coche pasó la verja de acceso y continúo su camino hasta la puerta de la mansión.
Llevaba un rato observando el paisaje verde, era catalogado como una selva con distintos tipo de plantas y el lago de la parte trasera de la casa le daba un toque especial. Korra esperaba que su llegada fuera recibida por la dueña de los terrenos y se sorprendió que no fuera así.
El personal a cargo llevo consigo las maletas. Korra y Asami se adentraron a la sala y continuaron su camino para encontrarla.
Asami estaba segura de donde estaban el Halcón le dio una pista: hablo muchas veces con ella y era la décima Omega de la camada; una persona generosa y bondadosa, fiel y cariñosa con sus hermanos. Es creativa y entusiasta y comprensiva con los demás.
Siempre se mostró abierta a querer ayudarla y lo agradecía de todo corazón, además a su pensar era la más carismática de los 12.
Aspiro a conciencia, tratando de encontrarla y se fijó que estaba cerca del patio sin esperar se encamino hasta ahí para que le diera explicaciones. La encontró hablando con un hombre al cual no conocía y que ya no le agradaba. Paso a paso se acercaba a ambos contemplando la laguna a unos metros de ellos.
–Iré dentro de unos días –dijo ella.
–Mi señora la necesitamos –el hombre con la cabeza baja le rogaba por su presencia.
–Lo entiendo, pero tengo invitados cuando me aseguren que estén bien marcharé de inmediato.
–Gracias mi señora.
El desconocido hizo una reverencia y se fue de inmediato pasando al lado de las dos mujeres que saludo respetuosamente inclinándose.
–¿A dónde vas? –pregunto de pronto la morena.
–Hola Korra, hola Asami, ¿Cómo estuvo su viaje? –pregunto amablemente.
–¿A dónde vas? –interrumpió ignorando la interrogación.
–Bueno tengo unos trabajos que hacer pero no te preocupes por nada –le respondió con una sonrisa.
–Qué casualidad y apenas voy llegando –se quejó con los brazos cruzados y mostrando su la labio inferior.
–Estarás bien cariño –se acercó y le acaricio la mejilla–. Solo serán unos días.
–Puedo acompañarte –se ofreció impaciente.
–No Korra, debes quedarte con tu esposa –le menciono mientras la abrazaba.
–Cielo no te dejare ir sola –respondió al abrazo.
–Basta, esto no se discutirá más –reprendió apartándose un poco para verle la cara–. Ahora estas en mi casa y harás lo que yo diga.
–¿Desde cuándo ha pasado eso? –sus ojos reflejaban incredulidad.
–Desde que soy Omega y puedo convencerte de hacer lo que yo quiera –le sonrió pícaramente
–¿Si? –se acercó más susurrándole–. ¿Lo que sea?
–Lo que sea –reafirmo.
Asami se quedó como un jarrón más de la casa sin ser vista o sin esperar a que hiciera algo, la interacción de las dos no le pasó desapercibida por lo que sentía unos celos infantiles salían a flote, desgarradores e incontrolables.
–Bien –la Alfa sonrió con malicia.
Cielo lo capto de inmediato y trato de huir cuando unos fuertes brazos la atraparon y levantaron del suelo como si se tratase de una pluma. Chillo por la sorpresa y sabía que se trajo entre manos así que trataba desesperadamente de zafarse de las garras de Korra que caminaba con pasos seguros por el puente de tablas.
Su sonrisa era ancha y la Omega sabía que haría una travesura sin importarle nada como cuando eran pequeñas.
–Korra... –grito.
Pero era tarde las dos se habían zambullido en el lago, salpicando a su alrededor y sumergiéndose hasta el fondo. La primera en salir fue la Omega para tomar una bocanada de aire y camino hasta la orilla, la ropa le pesaba aún más y sus zapatos estaban cubiertos de tierra y algunas hojas secas.
–Te odio –le dijo mientras retorcía su vestido tratando de quitar el agua.
–Sé que me amas –despeino más su cabello aunque ya no había mucho que hacer desde que lo tuvo corto era mejor que nunca.
La jalo del brazo y otra vez la cargo pasando su mano por las piernas y la otra fue a descansar a su espalda y lo hizo por lo que restaba a llevar a la sala. Volvió a ser sorprendida pero estaba vez iba enojada.
–Cielo, Cielo, Cielo, Cielito –le dijo juguetona mientras entraba a la sala.
Un rastro de lodo se fue formando con cada paso y una de las sirvientas se fue en busca de un trapeador para arreglar el desastre.
–Korrita, Korrita, Korrita.
–Oye no me digas así –frunció el ceño.
–Solo llévame a mi habitación necesito cambiarme y estar presentable para tu esposa –le riñó.
Asami se sentó en uno de los sofás y de frente estaba su conyugue y hermana. Se presentía tonta por que le enojaba tanto la interacción de las dos y las sonrisas que se daban. Durante esa tarde las dos hablaron de temas diversos. La Alfa procuraba contar con detalles los conocimientos de la Omega en distintas disciplinas idolatrándola: mejor dicho idolatrándose ambas mientras comían galletas hasta llenarse aunque parecía que la morena tenía un hueco imposible de rellenar.
–¿Te encuentras bien?
Asami miro ausente a los dos y no supo que durante todo el trascurso de la conversación no estaba prestando atención.
–¡Sí! –afirmo.
De inmediato la duquesa noto que mentía, tal vez era por su presencia o por las conversaciones alegres que tenía con Korra que la estaban molestando pero no podía evitarlo ella era así y siempre lo seria, su expresión cambio a una más prudente sin dejar que la morena se diera cuenta.
Verde y café chocaron con intensidad queriendo descubrir algo más en su mirada.
"Los ojos son las ventanas del alma y la tuya esta descubierta" una Omega entrenada podía ser tan letal como un Alfa.
–Si me disculpan –expreso Korra levantándose de su lugar y dirigirse al baño.
Cuando la peruana se cercioro que la Alfa estaba largo, volvió a estudiar a su contrincante. Miro detenidamente como se llevaba a los labios la tasa notando de inmediato el nerviosismo así como el de su corazón golpeando con rudeza su pecho.
–¿Te encuentras bien?
–Si –afirmo secamente.
–Mientes –le dijo con una sonrisa de superioridad–. Debe ser porque estoy con ella, ¿o me equivoco?
–Te equivocas.
–Es tu esposa no la mía –lanzo el anzuelo, tratando de que sus movimientos la delataran.
–Si es cierto –afirmo con la mirada echando chispas–. Es mi esposa.
Cielo amplio más sus labios casi haciendo una media luna, este juego le gustaba tanto como el ajedrez, el póker o manipular a sus hermanas Alfas. Hizo enojar a Asami y lo que más le dio satisfacción fue que estaba celosa.
Al día siguiente las 3 gozaron de un almuerzo típico de Perú especialmente hecho para el matrimonio y tal vez como disculpa por lo de ayer. Aunque la duquesa se conmovió por las sentimientos de la Suiza hacia su hermana no quería hacerla sentir mal, sin duda fue una revelación un tanto inesperada pero no descabellada desde el comienzo se intentó juntarlas y esta era la prueba palpable ahora solo faltaba una.
El pollo a la brasa horneado por el calor de las brasas y hecho girar sobre su propio eje fue especialmente hecho por Cielo y el ceviche hecho de pescado crudo aderezado en limón (peruano) cebolla, sal, ají limo y pimienta sabia como le encantaba a Korra debido a la preparación especial que ella misma invento: la morena le decía que era uno de los platillos afrodisiacos que más le gustaban.
Asami decidió dar una vuelta por los terrenos, le ensillaron un caballo y comenzó su recorrido sola. Le gustaba ese paisaje verduzco que se alzaba imponente, cada árbol daba algún fruto y hojas distintas. Estaba fascinada tanto que se detuvo para pintar la escena.
Por esos momentos se sintió libre y quería salir como una forajida pero eso no era propio de una dama tampoco montaba como lo hacían los hombres, no eso no podía hacerlo aunque estuviera sola. El potranco continuo su andar, los arboles daba un refugio de sombra y aire frescos.
Aunque su sombrero la protegía, presintió que sus mejillas ya deberían estar coloradas por el sol. Se detuvo al pie del lago mirando en el horizonte la imponente casa en donde estaban.
Las siluetas en el lago le llamo la atención y un momento después dos formas surgieron. Su quijada casi cae al suelo aunque mantuvo la compostura, no debía manifestarlo.
–Entonces, ¿Cómo vas con ella?
–No sé a qué te refieres –mintió descaradamente.
Alzo su perfecta ceja escéptica, de sus palabras.
–No te creo –expreso.
–Bien han pasado un par de cosas pero nada fuera de lo normal.
–Mientes –asevero enojada–. Deja de mentirme.
–Bien.
Negó con la cabeza una sola palabra y tendría un monologo que duraría días sobre cuidarse el trasero. Continuo moviendo sus pies por debajo del agua, estaba en su estado de confort así que debía ser fácil poder decirlo. Aunque no era de dar explicaciones de sus acciones siempre lo hizo con ellos. Ciertamente no le gustaba hacer amistades y la mayoría de las personas con las que hablaba le servían de una forma u otra pero para ellos la armadura caía al piso podía ser espontánea y ser ella misma.
Brevemente le comento lo que paso en el barco, pero sintió que cada palabra calaban duro en su pequeña hermana que guardo silencio, no quería que Korra lo notara pero le perturbaba su relato.
Movió sus brazos y piernas para llegar a la orilla y salió de inmediato.
–Cielo… –grito con angustia viendo cómo se iba–. ¡Cielo! –volvió a llamar sin obtener respuesta.
Choco su mano en la frente apesadumbrada, sus mensajes hacían mal, salió del agua y se sentó en el puente mirando el agua que a veces danzaba con un pez en ella. Perdida en sus pensamientos y conmociones encontradas.
En la noche la cena fue un total silencio incomodo donde las hermanas no quisieron comer ni entablar una conversación como la noche anterior.
Asami inmiscuía mirada con una y otra sin lograr comprender que era lo que tenían. Ayer estaban alegres y ahora no se volteaban a ver. Noto como Korra estiraba su mano para tomar la de Cielo y esta la rechazo para luego levantarse y despedirse rápidamente. La Alfa opto por la misma acción y se fue a la parte trasera de la casa.
Dejándola sola, le molestaba que ahora se comportara de esa manera y lo atribuyo a lo que vio en la tarde, una fuerte discusión tuvieron solo eso podría ser el causante de que ahora la mirada de la Omega se haya opacado.
Se levantó de su asiento y se fue a la habitación disponible para ella contigua a la de su esposa. Se aseo para dormir recibiendo las visitas de siempre pero esta vez no deseaba pernoctar así que se levantó y abrió la ventana para obtener un poco de la corriente que daba en ese lugar. En el transcurso de unos segundos su cuerpo se erizo por las ráfagas, aumento su sentido de escucha percatándose de los sonidos de animales.
Grillos, zapos y ranas… "y el lago" abrió los ojos de golpe pero con la oscuridad no podía notar algo que le dijera si lo que escucho en realidad estaba ahí. Agudizo la vista lo más que pudo y noto unos ojos brillantes por la luna nueva.
–Korra… –susurro.
A esta hora ella estaría castañeando de frio pero parece que eso no le perturbaba a su esposa que nadaba de un lado al otro como si algo la siguiera aunque sabía que no era así.
"No es como si hubieran tiburones en ese lago" pensó y volvió a concentrarse en lo que podía oír: Cada bocanada que daba la escuchaba como si estuviera muy cerca de su oído, brazadas que desplazaban el agua.
"Sus poderosos brazos impulsándola y su corazón latiendo"
Prontamente se vio envuelta en un deseo de estar cerca y verle hacer cada movimiento empleado con maestría, con su cara de concentración y el sudor como una capa en su cuerpo o en este caso el agua, los trabajados músculos moviéndose a voluntad y su cabello castaño revuelto.
Esto le recordaba aquella vez que la vio en la cubierta fue por pura curiosidad para cuando estuvo muy cerca escuchaba murmullos.
Trago saliva viendo ese maravilloso cuerpo ejercitándose con un pantalón, el busto cubierto por unas vendas y descalza. Cada movimiento de Korra era ignotisante. Sus músculos tensos cuando lanzaba el puño en el aire, sus piernas alargándose lo más que podía para lanzar una patada.
Miraba su pecho subir y bajar con cada respiración con las gotas de sudor bajando por su cuerpo y perdiéndose en algún lugar. Después la miro disparando su arma y otras que estaban cerca de ella con una puntería letal.
Volvió a ver por la ventana, después de esa vista esplendida en el barco no dudaba de lo peligrosa que era Korra y ciertamente la atemorizaba y gustaba en partes iguales.
Al día siguiente Korra estaba más molesta de lo normal, Cielo se había ido sin decirle nada y ahora estaba preocupada la pelea que tuvieron le hacía sentir mal y quería disculparse pero ella ya se había ido.
El desayuno y el almuerzo pasaron con relativa calma y el silencio reinante, ambas todavía hacían ese ritual cuando estaban juntas y esta vez no era la excepción.
En la tarde Asami decidió recorrer la casa primero adentro. Encontró una sala repleta de múltiples objetos de distintas formas y colores guardados en vitrinas. Leyó nombre tras nombre con una pequeña descripción de lo que se trataba para suerte de ella estaban en inglés.
Pronto se encontró con tantas habitaciones que le tomaría años saber la función de cada una, lo que no pasaba desapercibido era los distintos tonos y decoraciones, tenía buen gusto sobre todo a la hora de combinar distintas fachadas de países.
Luego continuo afuera explorando otros metros de la inmensa casa Stella y volvió a ver la fuente donde estaba la inmensa estatua alzándose imponente y atemorizante. Rápidamente acomodó el soporte para poder retratarla, era un Halcón Peregrino por lo que le habían dicho, se encontraba con las alas extendidas y tenía la expresión determinada de querer cazar. Termino de afinar los detalles complementando con el nombre de la familia.
Cansada de toda su aventura decidió que era tiempo de volver.
"Porque sentía esta opresión en mi pecho de ver esa mirada tan perdida."
Desde que volvió a su habitación observaba por la ventana una y otra vez. Se vio tentada a ir donde estaba ella.
–¿Sucede algo? Mi niña… niña… ¡hola! –decía por segunda vez Analay.
–No –respondió sin saber que más decir.
Salió de su ensimismo para prestar atención a la mujer que estaba hablando con ella.
–Ha mirado mucho a la patrona.
–¡¿Qué?! –pregunto mientras se giraba para encararla.
–Desde que entro a su habitación a estado viendo por la ventana donde todos sabemos que esta la patrona.
Abrió sus ojos de par en par, tan obvia ha sido que hasta ella lo descubrió.
–No sé de qué hablas –menciono dirigiéndose a la mesa para tomar un libro.
–Mi niña, es mala mintiendo. Yo creo que le preocupa.
–Ni lo menciones –alego enojada.
–No tiene nada de mala preocuparse es su esposa después de todo… –su voz se fue apagando poco a poco como si temiera decirlo en voz alta.
Levanto la vista de su libro y con una mirada enterró la conversación de una vez. Quiso concentrarse en las palabras escritas pero no podía. "me preocupa" era imposible, no podía tener un sentimiento así. Pero algo le carcomía el alma, ese azul ensombrecido la enfurecía.
Cerro el libro de golpe sorprendiendo a la criada y salió de la habitación con pasos seguros dignos de un noble. Parecía ilógico pero quería hacerlo aunque sus pensamientos no se decidían exactamente a qué hacer.
Miro a todos lados, tal vez la perdió en el momento que se caminó hasta el lugar. Registró con la mirada pero no la encontraba hace unos momentos estaba sentada en el puente.
–Hola…
Una voz a su espalda la asusto y se giró para encontrarse con ella. No sabía que decir solo estaba tan decidida a encontrarla.
–¿Qué–que que es eso? –señalo con el dedo.
–Es una hamaca –respondió con una mirada escéptica–. Bueno son otras costumbres.
–Si… –afirmo.
–¿Quieres? –dejo la pregunta sin continuar. La Omega debía decidirlo.
–Claro.
Eso sorprendió a Korra haciendo que su sonrisa se ensanchara, era de esas raras ocasiones donde Asami no la rechazaba rotundamente.
Sus pasos eran tambaleantes tan nerviosa la ponía su esposa que no lograba concebir como es que acepto su petición o incluso moverse.
Se acomodó al lado de ella, estaban muy cerca cuando la morena puso su brazo alrededor de ella.
–Sujétate –y no le dio tiempo de más cuando se balanceo hacia atrás y luego adelante.
La ojiverde pego un grito temiendo caer y se sujetó de lo primero que encontró cayéndole encima a Korra, su brazo derecho estaba en la pierna de ella para cuando levanto la vista estaban más adyacente viéndose directamente a los ojos.
–Lo siento –su sonrisa reflejaba diversión.
–Mjum… –soltó sin saber exactamente que exponer y volvió a tomar su posición original.
–Sostente de aquí –Korra guio su mano y la puso cerca del borde–. Ahora recoge un poco los pies yo nos impulsare a ambas.
Hizo lo indicado y luego se columpiaron mirando el firmamento, se mecieron de un lado a otro calmando el latido de ambas por la incertidumbre de estar cerca.
–¿Estás bien? –se aventuró a preguntar Asami.
–Solo estoy frustrada.
La respuesta fue tan sencilla y sincera que la restauradora se preguntó cuándo había cambiado su faceta tan petulante.
–Pelear con un hermano debe ser difícil.
–Lo es, creo que mi actitud impulsiva la enojo.
–Ella lo sabe –medito–. Supongo que a mí tampoco me gusto.
–Quería salvarnos a ambas –manifiesto girándose para verla.
"Eres terca" pensó Asami viendo los ojos determinados de Korra. Cuando es que hablaban con tanta familiaridad, antes apenas si se dirigían unas cuantas miradas y ahora charlaban como conocidas.
–¿Quieres acostarte? –rompió el silencio la castaña.
–¿Qué? –soltó como reflejo y sus mejillas se pintaron de carmín.
–Yo me refería aquí –enmendó el error–. Juro que no voy a hacer nada indebido.
–Bien… –su tono apenas salió en un susurro.
Minutos después ambas estaban viendo las nubes que danzaban en la altura. Se estiraron cuan largas eran en la hamaca y descansaban su cabeza muy cerca de la otra.
–Fue imprudente –le afirmo la tez blanca retomando la conversación–. ¿Qué hubiera hecho sin ti?
Hasta después recapacito en sus palabras se sintió nerviosa, ni ella misma supo de donde salió y ciertamente su raciocinio quería saber la respuesta.
Giraron un poco su cabeza para verse. Verde y azul chocaron estudiándose sintiendo el magnetismo que giraba en su entorno.
La morena estiro su mano y le acaricio la mejilla para después dejar un beso en la frente de su compañera.
–Serias libre –le menciono y volvió a su punto de vista.
Era cierto, estaría fuera del matrimonio pero ahora dos sentimientos armonizaban en su interior de Asami uno era el enojo: no quería que fuera de esa manera aunque a veces lo deseo y; el segundo era la tristeza, una sofocación en su pecho se situó de inmediato y una vocecilla en su interior le decía que ya no quería separase de ella.
Y todo esto lo sabía por aquella vez en el barco, cerró los ojos y volvió a recordarlo tan fresco como lo vivido.
Estar cerca de ti, sentir tu calor, tu presencia tan imponente, tus ojos mirándome como lo más valioso que tienes en la vida, me siento de esa manera en este momento como aquella vez que te vi en mi habitación.
Algo me inquieto y desperté con un sudor frio, los recuerdos vividos hace unas horas me atormentaban todavía, respire grandes bocanadas de aire tratando de tranquilizar a mi corazón.
Cuando logre abrir mis ojos una figura fantasmal estaba en mi cuarto, sus ojos brillantes lo delataban asustada me moví lo más rápido que pude para tomar la pistola que me diste.
–Soy yo…
Esas dos palabras y con el timbre de voz correcto supe que eras tú.
–Korra, ¿Qué haces aquí? –pregunto conmovida y observe como te movías hasta llegar a mí y el cambio de peso en mi cama me dijo dónde estabas exactamente.
–No puedo dormir –me confesaste.
Aunque no te veía, te sentía inquieta, nerviosa, ¿Qué era lo que te tenía así?
–Y dejaste la puerta sin trancar.
Ambas nos reímos silenciosamente ahora lo entiendo estabas preocupada por mí y te escabulliste en mi habitación.
–¿Te quedaras? –pregunte con la esperanza que dijeras que si, tal vez no se lo he dicho a ti o a nadie pero mi diario y yo sabemos que me siento más segura contigo por más que me empeñe en negarlo.
–Si quieres y no me tiras algo a la cabeza –bromeaste.
Reí por tu ocurrencia, no solo cosas malas me contaban acerca de ti, eres encantadora en todo el sentido de la palabra. Cada Alfa, Omega o Beta se postraban a tus pies, eres una casanova empedernida haciendo su voluntad y hasta yo lo hice una vez, cuando te conocí.
–No lo hare –afirme.
Estaba enojada contigo por lo que paso, pero ¿Cómo culparte? Estabas ebria, no sabías que hacías o quien era, pero no lo puedo asegurar del todo.
Tus besos eran exigentes, me querías solo para ti de la manera que se desean los amantes no puedo condenarte porque yo también te desee así.
Nos estábamos viendo sin vernos, apreciando la compañía mutua en ese instante supe que yo también quería protegerte. Consiente o no mis dedos chocaron con los tuyos se reconocieron al instante y se enredaron.
Otra vez lo sentí, estabas más tranquila no supe si era porque soy Omega o porque supiste que ambas estábamos a salvo y juntas.
–Duerme –demandaste.
Me volvió a acomodar en mi cama aun sosteniendo tus falanges, eres cálida lo pensé una y otra vez hasta que el sueño llego a mí.
Recuerdo haberme levantado esa mañana fresca sintiendo aun tu calor y me pregunte en que momento trajiste un banquillo para estar más cerca, tu cabeza estaba apoyada en la cama, estabas durmiendo pero aun así tu mano seguía envolviendo la mía.
Pestaño somnolienta hace unas horas los rayos del sol tocaban el lago y ahora los tonos oscuros cubrían el infinito, se quedó dormida y por los ronquidos a su lado estuvo al corriente que Korra también.
Sus mejillas se pusieron coloradas, furtivamente era la primera vez que dormían juntas muy juntas.
–No compartiere tu cama, no hasta que me lo pidas.
–Y, ¿Qué pasa si nunca se lo pido?
–Así empieza mi guardia.
La duquesa de Escocia le había aclarado que nunca compartirían el lecho de ella, esas habían sido sus palabras exactas y ahora estaban ahí las dos. Tembló pero no supo si era por la sensación del cuerpo de su esposa cerca o del viento frio de la noche.
–Regresemos…
Ambas se movieron, iban caminando de par en par. La Suiza frotaba sus brazos ahora si sentía gélido pero una capa cálida la cubrió. Miro a un lado para ver a su esposa solo en camisa la chaqueta la llevaba ella. No dijeron una palabra más, el silencio era mejor para cada una.
Korra bostezo y se estiro cual felino, tensando cada uno de sus tendones y crujiendo su cuello.
Asami estaba estupefacta la camisa se le ceñía bastante bien al cuerpo dibujando las líneas de sus músculos "una perfecta vista"
–La mire –señalo acusatoriamente.
–¿Qué cosa? –se hizo la desentendida dándole la espalda.
–No me venga con eso mi niña, estaba bien acaramelada con la señora –sonrió con alegría al fin las dos daban los pasos para llevarse bien en su matrimonio.
–¡Jamás! –grito para después morder su labio.
–¡Raava ha escuchado mis plegarias! –junto sus manos como si estuviera rezando para dar las gracias.
Levanto un par de veces la vista, movió sus labios pero no salían palabras. Durante la noche anterior estuvo sopesando todo lo que paso, le agradaba su compañía y pretendió saber más pero no se atrevía.
–¿Quieres ir a pescar? –pregunto sin rodeos.
–No sé cómo se hace –afirmo Asami con dejo de tristeza.
–No te preocupes por eso, puedo enseñarte –Korra la veía con una sonrisa.
Para Asami se le fue difícil decir no, asintiendo con la cabeza le dio el visto para que la morena lo supiera. Sonrió como su compañera, ahora era ella que estaba ansiosa por las lecciones.
La enóloga le ayudo a subir la canoa y alcanzo los remos para dirigirse en medio de la laguna.
–No sabía que había peces –rompió el silencio.
–Antes no, pero Rukia decidió "darle vida" es agua dulce y por suerte no le dio la loca idea de traer tiburones.
–Espera –pidió con la mirada llena de ingenuidad–. ¿Existen tiburones de agua dulce? ¿Los has visto?
–Claro, Nicaragua es el único lugar que los posee y si, los he visto.
Movió su cabeza interesada en el relato, su instinto más curioso salió a flote. Conocer lugares distintos y llenos de vida en diferentes entornos en los que estuvo resultaba fascinante.
–¿Quieres ver los peces?
–Si –asevero curiosa mirando hacia el agua.
De una tasa pequeña Korra saco lo que parecía corteza de árbol lo agito un par de veces y pequeños animales cayeron al agua. Segundos después las aguas se agitaron y los peces aparecieron.
–Son termitas, excelentes carnadas –explico la castaña.
–Me gusta.
Minutos después cada una tenía una pequeña caña de pescar con carnada de lombrices llevaban un buen rato en las aguas pero no parecía que algún pez quisiera comérselas.
–Podría estar todo el día aquí –le aseguro Korra.
La mirada llena de aburrimiento de Asami le confirmo que no estaba acostumbrada a este tipo de situaciones.
–¿Lo dices enserio?
–Me gusta el mar Asami.
Se quedaron viendo por un largo tiempo, por suerte Asami llevaba una pequeña sombrilla el sol podría ser abrumador para ella.
–¿Quieres un poco de sombra? –pregunto apenada apartándose de la mirada intensa de su esposa.
–Sí, porque no.
Korra se movió con cuidado en la lancha para posicionarse cerca de Asami y compartir la protección del pequeño paraguas. Sus ojos volvieron a encontrarse escudriñándose el alma. La morena alargo su mano izquierda para alcanzar la mano de Asami que descansaba en el agarradero.
Un cosquilleo extraño advirtió el cuerpo de la tez blanquecina que se sacudió apenas visible, lo que no sabía ella era que a la morena le pasaba lo mismo.
–Lo sostendré por ti –le comentó en un murmullo.
Asintió con la cabeza pero para sorpresa de la restauradora no soltó la unión, en esos instantes se perdieron en el azul profundo y el verde boscaje.
Una leve sacudida saco del trance a ambas.
–Es tu caña –hablo emocionada la castaña.
Volvieron a acomodarse para que Asami lograra agarrarla, Korra le explico que debía cansar al pez para poder hacerlo emerger.
–No tan fuerte o se romperá –indico.
–Eso… eso intento… pero… es… fuerte –jaloneaba tanto como sus músculos se lo permitían.
–¡Debe ser gigante! –platico inquietada a la expectativa del desenlace.
Al final Korra la ayudaba a sostenerlo porque Asami hacia que cada vez más la canoa se meciera frenéticamente, a este paso ambas caerían al agua.
Volvió a tirar y la línea se rompió enviándolas de espalda y volcando la barca.
–Korra… –grito al no verla por ningún lado.
Pataleaba y daba brazadas tratando de ubicarla pero no daba resultado. Un minuto después la castaña emergió respirando tranquilamente.
–Por Raava, ¿estás bien? –interrogo alarmada acercándose a ella.
–Sí, eso solo que tu codo es poderoso –alego riendo.
–¿Qué-qué?
–Me diste un codazo y creo que el aire se fue –trataba de explicar con la sonrisa plasmada en su boca.
–Lo siento tanto –dijo avergonzada.
–Está bien, no fue nada que no pudiera resolver.
–Soy tan torpe –recrimino escondiéndose tras sus manos abochornada por el momento.
–Tranquila –quito suavemente sus manos de la cara–. Está bien.
Continúo el intercambio de miradas, que significaban algo pero no sabían exactamente qué.
–Vamos, debes secarte –soltó la calidez de los falanges pálidos y braceo para llegar a la orilla.
Asami la seguía de cerca perdida en las sensaciones que navegaban en todas direcciones. Su interior era como un volcán que se debatía en hacer erupción o no.
Cuando llego a la orilla el arreglado pesaba toneladas, arruino toda su vestimenta. Suspiro frustrada su inexperiencia la ruborizaba todavía.
–¡Ahhh! –grito cuando fue tomada por sorpresa.
–No te preocupes, si necesitas algo lo comprare para ti –Korra supo leer sus expresiones.
–¿Pero?
–Debe ser incomodo caminar, ¿no? –pregunto inocentemente.
Afirmo con la cabeza y enredo su brazo en el cuello de su esposa mientras esta la cargaba. Descanso su cabeza en el hombro. Una sonrisa se dibujó en su rostro, ser tomada así con simpleza significaba mucho, tanto así que su corazón golpeaba con fuerza su pecho.
Sintió cada movimiento del cuerpo moreno que la tomaba con delicadeza comparado a la más fina porcelana, el calor era reconfortante y la cercanía tentadora.
Volvió a ruborizarse recordando los besos que se dieron y que ahora estaban en la lejanía y en el olvido de la castaña.
"No lo recuerda pero yo sí, la textura, el sabor, las mordidas y sus manos explorando mi cuerpo" instintivamente se apretó más contra su cuerpo enrollando sus brazos en ella.
Subieron los escalones y llegaron por fin a la pieza de Asami, Korra la bajo con delicadeza en la cama para cuando eso paso volvieron a observarse absortas de lo que sea que encontraron en las ventanas del alma.
La mano derecha de Korra descansaba en su cadera y la otra en una de las piernas blanquecinas, Asami había cerrado la unión de sus manos en la nuca de la piel canela y después su mano izquierda desvió su rumbo y acaricio el cabello castaño enterrándose profundamente causándole una satisfacción a la dueña que capto de inmediato, la otra mano subió a su cara y con su pulgar delineo sus labios finos.
Respiraron agitadamente sintiendo la atracción rondando cerca de ellas, invitándolas a que continuaran con la osadía que se plasmaron, acortando la distancia, sintiendo el aliento de la otra golpearles directamente. Abrieron los labios para juntarlos y cerraron sus ojos para gozar el momento.
–Patrona, la señorita Stella acaba de llegar.
Como si su tacto le quemara las manos se alejó del cuerpo de su esposa dándole la espalda y sin decir una palabra cruzo por el umbral de la puerta.
–Mi niña esta toda mojada –busco en el armario toallas secas y ropa limpia.
Para cuando Analay volteo, la Suiza estaba en la puerta. Se acercó a ella y la rodeo con una toalla tratando de confortarla.
Asami sintió como un hierro caliente atravesaba su pecho. Desde su posición en una de las habitaciones vio la entrada donde Korra abrazaba a Cielo efusivamente y pidiéndole perdón.
Su orgullo floreció de manera brusca y se giró para entrar a su habitación, cerrando la puerta de golpe y no permitiendo que Analay entrara. Cuando la mujer golpeo escucho un grito en italiano que le hizo erizar la piel y así dejo la habitación.
–Mi señora acaba de llegar una carta para usted –el hombre extendió su mano entregándosela.
Korra reconoció el sello de su familia. Leyó atentamente cada palabra escrita en el documento su ceño se fue frunciendo gradualmente.
Las dos mujeres en el comedor la vieron rara, no parecía salir de su trance y ambas se preocuparon por lo que podía decir el mensaje.
–Korra… –llamo Cielo.
Levanto la vista y en su mirada se notaba lo molesta que se encontraba. Se levantó sin decir nada y se fue.
Asami le pregunto a todos en la hacienda pero parecía que a su esposa se la había tragado la tierra, por más que buscase no lograba encontrarla, no salió porque sus caballos todavía estaban ahí así que descarto esa idea y cuando la vio salir de una de las habitaciones donde también estaba su cuñada no logro volver a verla.
Quería saber si estaba bien, si necesitaba algo lo que sea y ella estaría ahí para apoyarla. Pero no había manera de decírselo ella no quería ver a nadie.
La hamaca resulto ser un buen objeto, se amoldó ahí como lo hizo antes e inicio el vaivén preguntándose donde podría estar su esposa. Miraba directamente ese espacio donde estuvieron hace unos días cuando intentaron pescar y no lograron mucho.
Sonrió de manera tan natural, se divirtió con su compañía un detalle lindo y afable por parte de ella.
"Una cita" aunque fuera así, era muy intuitivo tal vez no podría catalogarse de ese modo. Todo era nuevo para ella, con Korra las cosas podrían ser diversas.
–Hola…
Una voz a su espalda le saco de su dilema, ni siquiera tuvo que voltear para saber que era ella.
–Siempre apareces así… ¿quieres causarme un infarto? –le dijo juguetonamente.
Obtuvo una pequeña risa de respuesta.
–¿Puedo?
"Se supone que era yo la que buscaba tu compañía"
–Por supuesto…
Se armonizaron juntas otra vez pero estaban estáticas mirando a la misma dirección.
Tomo valor, era una duquesa lo traía en la sangre además de ser Omega. Tal vez no era tan valiente como Korra pero ella poseía su propio vigor.
Estiro su mano hasta alcanzar la de Korra y le dio un ligero apretón tratando de transmitirle sus sentimientos, su calor, su bienestar y su propia fortaleza.
–Quiero que sepas que estoy contigo, si necesitas hablar o lo que sea… –hablo firme para darle fuerza a sus palabras estaba segura de que era lo que realmente quería.
Sus ojos azules tan expresivos la miraron con intensidad, ella sonrió tratando de no flaquear. Estaba para ella así como Korra siempre estuvo.
La sonrisa casi se va de ella cuando los falanges se retiraron de manera lenta, se mantuvo firme si ella se alejaba lo entendería ya que la rechazo muchas veces cuando la Alfa intentaba acercarse, esta podría ser la primera vez que ella lo hiciera. Pero su sorpresa fue mayor cuando la morena entrelazo sus manos.
La continuaba viendo, bebiendo cada gesto de la cara pálida y delicada de su esposa y le basto una sonrisa de lado.
Asami casi se queda sin aliento, le dio un pase seguro de que no se resistía ante ella.
Sobraron las palabras cuando se cortó ese momento de verse directamente. Volvieron a indagar si en el lago podría salir una ballena jorobada.
–La alianza… –expreso Cielo desde el balcón en el segundo piso.
La noche pasaba con relativa tranquilidad pero sus ideologías parecían no querer descansar. Su cerebro trabajaba a toda marcha queriendo rememorar ese único silencio tan ruidoso y reconfortante lleno de misterio y aceptación que compartió con su esposa.
Volvió a revolotear como una mariposa en una flor, las almohadas y las colchas no eran el problema sino que era ella. Suspiro frustrada y agotada.
–¿No puedes dormir?
"Oh! por Raava… estas aquí"
–No… la verdad no, ¿tu?
–No.
–Ven…
Korra se movió en la oscuridad y se sentó muy cerca de Asami que ya se acomodaba para sentarse también.
–Mi papá murió –soltó la Alfa.
Sus palabras la tomaron por sorpresa, tal vez era por eso que ella no quería ver a nadie estaba triste por su padre aunque en todo caso no podía creerlo de esa manera, ellos se odiaban.
–Debería estar feliz pero no es así, creo que es por mi madre –continúo–. No creo que ella este bien después de lo que paso.
–Y, ¿Qué fue lo que paso?
Korra se debatió mentalmente si decirle o no. Pero ya que había empezado debía continuar.
–Se suicidó con acónito.
Asami ahogo un grito de sorpresa, eso no lo esperaba. Tan mal estaba que recurrió a ese método. Siempre le pareció un hombre de carácter fuerte e inquebrantable.
–Es un cobarde –dijo enfurecida.
No conocía los motivos que lo llevaron a hacerlo pero no podía juzgarlo y tampoco podía hacer cambiar de parecer a su esposa lo único que quedaba a su favor era respetar su pensamiento y apoyarla.
Estiro su mano y le acaricio la mejilla, el gesto de aceptación la aventuro a hacer otras acciones.
–Duerme –demando.
La invitación fue aceptada cuando Korra se movió adecuándose al lado de ella mirándose fijamente cerrando espacios. Asami siguió arrullando su cara hasta que vio esos ojos brillantes cerrarse y caer en un sueño profundo.
Abrió los ojos de golpe sintiendo que el aire le faltaba y el corazón le martillaba rápidamente en el pecho, seco el sudor de su frente con el dorso de su mano y suspiro sabiendo que su pesadilla no era real, ella estaba ahí, ¿cierto? Se movió quitando su brazo del dorso de la mujer y miro el techo tratando de tranquilizarse: después, se sostuvo de su codo mirando la espalda de la mujer con su cabello negro esparcido por la almohada, sonrió era la mejor vista que tenía en años.
Quiso volver a dormir ambas estaban a seguras y cercanas no había nada que temer. Alargo su mano para alcanzar su hombro quería verla de cerca, memorizar cada línea y gesto de su rostro.
Y se llevó una gran sorpresa. Otra vez ese vacío se instaló en su espíritu, la vida era demasiado cruel o el destino que escogieron para ella.
Se levantó con cuidado para no despertarla y antes de pasar por la puerta le dio un último vistazo a Asami.
–Supongo que es una despedida –Cielo estrecho a ambas en un fuerte abrazo.
–Así tiene que ser –le dijo Korra.
–Cuídate mucho esta vez –tomo a la morena con ambas manos mientras le pellizcaba los cachetes.
–Sí, sí, lo hare y ya déjame mujer.
–Adiós Asami y por favor cuida mucho de Korra –le dio el abrazo para ya despedirse de ella.
La restauradora se sonrojo fuertemente y antes de que alguna la pudiera ver, agito su mano y subió al carruaje esperando a su esposa para continuar.
–¿Qué fue eso? –pregunto en un susurro la enóloga.
–Korrita… te vi escabulléndote de su habitación varias veces en la última semana.
La morena se quedó con la boca abierta y con sus mejillas color bermejas hasta el cuello. Le dio un beso en la mejilla y se fue caminando tan rígida que parecía una vara.
Carcajeo varias veces hasta que el carruaje desapareció. Deseándole mucha suerte y que Raava la protegiera en lo que restaba su viaje hasta llegar a casa.
Su próximo destino los aguardaba, desde que dejo hace varias horas la hacienda Stella no paraba su nerviosismo, tan obvia había sido que hasta ella lo noto.
Y ahora su debate mental la estaba atormentando. Ella siempre fue reservada, estudiando cada palabra antes de decirle y fijar los gestos al mostrarlos pero ahora sus palabras habían movido el terreno donde pisaba. Sus ojos azules se ensombrecieron no podía cruzar esa línea que ella misma había dibujado.
Todavía ninguna mujer podría pasar más allá de ahí, esa barrera la protegería siempre. Lo último que hablo con Cielo era que se estaba poniendo muy obstinada en no querer aceptar lo que era obvio.
"No, ella no"
Analay miraba muy de cerca al matrimonio sin comprender muy bien que era lo que sucedía, muchas cosas habían cambiado del viaje su niña se miraba más perceptiva a las metamorfosis de su esposa aunque cada vez que se tocaba el tema parecía evadirlo pero se notaba cuando sus ojos verdes buscaban a la morena como lo hacía en ese momento.
Parecía que Asami estaba leyendo pero no pasaba de la misma página en cambio de veces en cuando levantaba la vista para mirar a la mujer que estaba sentada enfrente de ella y arrugaba en ceño percibiendo los cambios de su conyugue.
–Por Raava… te esperaba dentro de 5 días –expreso alarmada.
–Quería llegar antes Gene –dijo cansada.
–Y mira como traes a tu esposa, ¿que no tienes consciencia?
–Si la tengo pero ella insistió también –respondió farfullando otras cosas más en murmullos.
Hace horas que Asami se quedó dormida en el carruaje para cuando llegaron a las fincas de la familia Eagle era las 1 a.m. y Korra decidió que era mejor no despertarla así que iba cargando a su esposa para llegar a una de las habitaciones.
Sino fuera porque estaba dormida, la venezolana la regañaría hasta el cansancio, no era del todo necesario viajar de noche pero por alegaciones de la escocesa estaban tan cerca de llegar que no quisieron detenerse.
La mano nívea de Asami apretó más el cuello de Korra haciendo que se acercaran más si es que podían. Para la morena era un reflejo nada más pero para la persona que iba a su lado era otra cosa.
Sonrió levantando una de sus cejas y esos gestos despertó algo en la escocesa de pronto se sintió muy escudriñada por la mirada inquisidora de la Omega.
Trato de tranquilizarse pero su corazón la delataba estaba muy alborotado como para poder parar.
Por fin llegaron a la habitación y Korra la acomodo en la cama quitándole sus zapatos y arropándola, miraba su rostro inmaculado y sintió el deseo de quedarse junto a ella pero zanjó que este no era el momento alguien más la esperaba afuera.
–Cielo tenía razón… estoy tan feliz.
–¿De qué hablas mujer?
–Tú y ella, son tan obvias incluso cuando estaba dormida –desternilló de manera baja.
–¡¿Qué?! ¡No! ¡¿Ella y yo, nunca?! –alego casi gritando con la cara llena de escepticismo.
–Korra es tu esposa es del todo normal –Gene alargo su mano y le dio un apretón–. Es hora, dale una oportunidad.
–No, solo somos amigas creo. Nos hemos llevado bien supongo.
–Estas llena de dudas eso lo entiendo, pero… –sus ojos daban un mensaje firme–. Debes continuar y quien mejor que ella para ayudarte.
–No quiero hablar de esto –retiro su mano como si les quemara y tampoco la vio a los ojos se sentiría muy indefensa–. No voy a hablar de esto ahora.
–De acuerdo, pero un día tendrá que hacerlo.
La enóloga asintió y volvieron a beber leche y comer galletas caseras. Ninguna podría dormir así que decidieron hablar de otros temas más importantes y por lo que llego.
–Mi niña es hora de levantarse…
La voz se escuchaba lejana, arrugo la cara quería dormir más, volvió a girarse para arroparse otra vez.
–Levántese ya…
Otra vez esa voz, era muy ruidosa, así que gruño para tratar de alejarla.
–Asami Skywalker debe levantarse ya –enuncio y le quito la colcha.
Se encogió en su lugar tanteando para buscar el cobertor y volverse a arropar. Pero alguien la sacudió por los hombros que decidió abrir los ojos.
Analay se detuvo por un momento, los ojos de la heredera cambiaron a un amarillo intenso advirtiendo que no quería obedecer asustándola.
–¿Qué sucede? ¿Ya llegamos? –pregunto aun adormilada.
–¿De qué habla? Llegamos hace bastante y ahora está aquí dormida cuando debería estar desayunando con las patronas.
Asami se levantó como si se tratara de un elástico expandiéndose. No recordaba lo que paso pero según las palabras de Korra estaban por llegar y después cerró los ojos apoyada en el hombro de su amiga.
–¿Me quede dormida? –estaba angustiada y turbada en partes iguales.
–Si… aunque la patrona dijo que no había ningún problema aun así debería estar con su esposa.
Ambas se apresuraron para quedar impecable para su esposa, debía encontrarla y hacer…
"¿Hacer que?" pensó y pensó pero la verdad solo quería verla y saludar a Gene.
Ese viaje en particular se tomó la delicadeza de entablar una conversación para conocer su destino, estaban en Venezuela en la casa de Omega Gene Eagle la novena de la camada de 12.
Era una persona increíble, con ella y con todos a su alrededor es listas, dinámica, entusiasta y por lo que contaba Korra, le gustaba ganar.
Ella y las otras 3 Omegas eran estrategas innatas conociendo no solo el arte de la guerra sino también la delicadeza de las ciencias.
Tuvo que desayunar sola y las busco a ambas después, logrando que uno de los ayudantes le dijera que estaban en el despacho principal de la señora.
Un "adelante" le indico que podía entrar y se llevó una grata sorpresa.
–Es tu turno –anuncio al mismo tiempo que le indicaba que se sentara.
Korra tenía los brazos cruzados y una cara llena de determinación. Asami se tomó asiento en silencio observando a la Alfa que parecía que no se percataba de lo que sucedía a su alrededor.
Con la mano movió a la torre para atacar al caballo.
Gene movió a la reina.
–Jaque…
Suspiro ya frustrada, necesitaba un movimiento inteligente para poder salir de este hoyo. Con sus falanges temblorosas movió otra vez a la torre para retomar su lugar.
Se quedó pensado, si atacaba a la torre podría atraer a la reina de Korra. Así que pensó en otra posibilidad con el alfil ataco.
Una mueca de disgusto surgió cuando tuvo que mover a su mejor pieza para que después contraatacaran para darle jaque mate.
–¿Cómo? –pregunto frustrada apoyándose pesadamente en el asiento.
–Eres Alfa es un instinto de atacar tan natural como respirar.
–Pero, pero… es que no, debe de haber otra razón.
–Está bien, eres de atacar más que defender. Te gusta y no puedes evitarlo.
–O eres una de las mejores estrategas que existen en la faz de la tierra.
–Aceptare tu cumplido –la miro divertida–. Además gane la apuesta.
–Está bien, ¿Qué deseas? –se apoyó en la mesa con las manos entrelazadas sosteniendo su barbilla mirándola intensamente esperando su castigo.
–Que mires a tu derecha –susurro.
Quedo extrañada de tal petición y cuando volteo a ver, sus gestos controlados se desordenaron y sus mejillas se encendieron y la pena podía reflejarse en sus ojos. Se levantó de inmediato y afronto su destino.
–Asami… no sabía que estabas aquí –de pronto estaba muy nerviosa y se rascaba la mejilla con su dedo–. ¿Está todo bien?
–Si…
Un carraspeo a su espalda trajo de nuevo a la realidad a las dos mujeres. La Omega miraba divertida la escena.
¿Asami juegas?
–¿Disculpa?
–Que si juegas ajedrez.
–Claro que sí –Asami se apropió de la silla enfrente de la mesa.
Acomodaron las piezas para empezar a jugar.
–Bien, señoritas las dejo tengo unas cuantas cosas que hacer.
Korra se acercó a su hermana y le beso la mejilla.
–No le hagas nada… –le susurro en español para que Asami no pudiera entender.
La Omega soltó una risilla.
–No te prometo nada –respondió de la misma manera.
–Nos vemos… –se dirigió a la otra Omega.
Prontamente salió de la sala con zancadas largas, no se quedarían mucho tiempo y era mejor resolver de una vez por todas lo asuntos así como hizo la otra vez.
–¿Te gusta mi hermana?
Asami se sorprendió de la pregunta, estaba en tierras desconocidas y un movimiento en falso crearía arenas movedizas que se la tragarían sin piedad. Titubeo, ella, anteriormente no se lo preguntaba y tampoco sabía cómo responder. Movió una pieza sin meditar las consecuencias.
–No lo sé…
Sus ojos verdes reflejaban una incertidumbre tal como los de Korra. Podía ser que los sentimientos ahí estuvieran pero ninguna parecía notarlos del todo o querer pasar esa línea imaginaria que ambas habían creado para protegerse. Gene lo entendía.
–Entiendo… –desplazo otra pieza.
Así continuaron jugando, guerreras por hábitat decididas a ganar a base de tácticas. Cuando se volvieron a fijar en la hora ya era medio día.
Decidieron que era hora de almorzar los platillos fueron escogidos por la patrona Corocoro frito con Arepa de Maíz la especialidad de la casa con la bebida 3 en 1 (mezcla zumo de naranja con zanahoria y remolacha roja) y el dulce era buñuelos de yuca entre otros platillos.
La Suiza no entendía de donde salía tal combinación, la gastronomía no era comparada con la que ella estaba acostumbrada. Ciertamente en Perú también era muy variada con gustos y sabores armonizados de manera exacta.
Le dio otro vistazo al Corocoro se miraba delicioso aunque casi no era de comer pescado, si estuviera Korra de seguro se devoraría todo a su paso. Aquella vez le había dicho que sus hermanas eran unas cocineras natas y que cuando convivieron juntos siempre se turnaban para cocinar sorprendidas por la variedad de platillos que comían.
–¿Cuándo vendrá Korra? –Indago Asami no quería parecer desesperada pero lo estaba y se le hacía difícil ocultarlo.
En Perú Korra también había salido y volvió dentro de 4 días. Y Asami se veía constantemente pensando en ella, más de lo que podía aceptar, Cielo estuvo con ella en ese momento hablando de cientos de cosas, en esos momentos por fin, ella se había relajado con la presencia de la Omega y disfrutaron de compartir ideas y aventuras.
–En unos 3 días cuando mucho.
–Entiendo.
–¿Estas preocupada?
–No.
La heredera no mentía pero ahora no era como antes, la ausencia de su esposa la ponía nerviosa queriendo saber que era lo que estaría haciendo y otra vez esa sensación en la boca del estómago. Conocía muy bien a su esposa para saber si ella tal vez estaría con otra mujer.
No había forma de saberlo y preguntárselo a su hermana significaría que mentirían por ella o eso era lo que pensaba.
–Ella no faltara a su palabra por muy tentada que este –Gene supo interpretar esa mirada llena de dolor de su cuñada.
–Gracias –respondió sintiendo un alivio.
Dos días después, Asami y Gene fueron a la playa para divertirse un momento esperando ansiosas el regreso de la enóloga. Durante ese tiempo Asami escuchaba atentamente anécdotas de la Omega sobre sus viajes, era una mujer muy aventurera aunque siempre alguien tenía que ponerle un freno, una de las Alfas mayores.
En esos instantes la Skywalker se dio cuenta de que sabía muchas cosas acerca de los hermanos de Korra que de ella misma. Aunque a veces hablaban de esto y aquello ninguno se comparaba con las personas que conoció antes de su boda, ellos eran más abiertos y amigables siempre predispuestos a saciar su duda en cambio Korra no mencionaba mucho de su vida. No la conocía, no sabía nada de su esposa.
La primogénita se tomó el momento de hacer uno de sus dibujos era la segunda vez que veía esos símbolos en la parte baja de la espalda parecían dos costillas dirigidas hacia dentro el de la venezolana estaba en la derecha y el de la peruana en la izquierda. Las 3 partes formaban un dibujo que todavía no lograba identificar todavía, dedujo que los demás tendrían las otras partes que formaban una sola imagen la cuestión era averiguarlo y saciar su curiosidad.
Esa noche se preparaba la cena, según lo que decía la carta de la escocesa iba a llegar hoy y se preparó un banquete para su llegada. Asami se estaba arreglando y Gene la esperaría en la entrada.
–Korra… –grito animada la Omega recogiendo su vestido y corriendo abalanzándose contra ella.
–También te extrañe –respondió mientras la apretaba contra sí–. Espero que no hayas asustado a la visita –le susurro en el oído.
–Claro que no…. Solo le conté cosas vergonzosas de ti.
Se separó con una cara de espanto deduciendo lo que pasaba aun la sostenía de sus hombros temiendo lo que la mujer pudo haber dicho.
–No, no, no… ¿Por qué? –pregunto al borde de la histeria y gesticulando acciones con sus manos.
–Porque no teníamos mucho de qué hablar.
–Lo se… pero, pero ¿Por qué siempre haces eso? –lloriqueo con la cara roja.
–Porque no me dijiste lo que paso en el barco –se hizo la enojada–. Me lo dijo Cielo y ella.
–Bien, lo siento yo no quería ocultártelo es solo que no quiero preocuparte.
–Lo entiendo… ahora ve, ha estado desesperada sin ti.
–¿Qué? ¿Enserio? –curioseo asombrada.
–Averígualo –le sonrió con picardía–. Está en su habitación.
–Te estas divirtiendo mucho… –le recalco alejándose.
–No te imaginas cuanto hermanita.
Pero Korra ya no estaba para escucharlo, entro rápidamente y subió la escalera de dos en dos para llegar a su habitación. Estaba nerviosa pero no sabía porque, no era la primera vez que se separaban pero se lo atribuyo a que ahora se llevaban muy bien, eran camaradas por fin.
Toco la puerta ansiosa por ver sus ojos verdes tan destellantes como jades y expresivos como sus gestos al hablar. La puerta se abrió aunque quiso mantener su semblante serio no pudo.
El vestido que llevaba Asami era hermoso de un color más pálido que sus ojos y dejaba al descubierto sus hombros y cuello albino, juntándolo con prendas de oro tan delicadas como ella y complementándolo con el cabello suelto como a ella le gustaba, Korra sintió que se le secaba la boca y que sus pupilas se dilataban, se miraba atractiva y ella bueno se miraba bien.
No reaccionaba y lo hizo hasta que unos brazos la envolvieron estrechamente. Podía sentir el calor de su piel atravesarla y el deseo de probar esos labios escarlatas la iba a enloquecer pero debía calmarse y no arruinarlo.
–Lo siento –al no obtener una respuesta de ella decidió separarse.
Creyendo que había malinterpretado lo ocurrido entre ambas. Tal vez no era como lo pensaba, tal vez Korra no la extrañaba.
–No –la agarro de la muñeca y la atrajo hacia ella–. También te extrañe Asami.
Se fundieron en un abrazo apretado de esos que Korra supo que tenían sentimientos chocados.
Eran esa clase de amantes que se extrañaban a morir aunque ninguna estuviera al tanto o quisiera aceptarlo pero sus cuerpos sabían la verdad.
Se separaron lentamente, Korra todavía sostenía sus caderas y Asami estaba ceñida a sus hombros. Se vieron claramente a los ojos queriendo saber qué es lo que pasaría después. Parecía una eternidad cuando se perdieron en sus ojos.
Los sentidos de la Alfa salieron a flote, haciendo que su cuerpo se calentaría excitado por el momento incluso Asami lo sintió. Un extraño fuego propagándose en sus entrañas pero ella podía soporta lo suficiente para entender que no quería realizar el ritual.
Una Omega había entrado en celo y se propagaba rápidamente, la heredera sabía que no era ella y solo podría ser.
Korra se soltó de su agarre y salió por la puerta tirándose desde el segundo piso y haciendo ruido que llamo la atención de los ocupantes. Aulló frenética advirtiéndoles a los demás que no debían acercarse y dio zancadas largas tratando de encontrar la fuente de ese olor que la invitaba a aparearse.
Gruño viendo por el interior de una pequeña rendija sus ojos azules eran tentadores para la Omega. Estaban deseosos por derramar el deseo que contenían.
–Korra, lo siento tanto no sabía que hoy pasaría esto –le dijo aun sabiendo que la Alfa no escucharía.
Obtuvo como respuesta un golpe a la puerta y un gruñido que le puso los pelos de punta, la Alfa deseaba entrar. En su frenesí no distinguía amigos y familia, solo una cosa estaba clara: su deseo.
–Nos veremos dentro de 3 días –le afirmo con seguridad.
Otra vez gruño como animal. Los instintos de la Omega gritaban por que la dejaran pasar sentir su fuerza, sentir su…
–Odio esto… –dijo con rabia cortando los pensamientos.
Solo había una manera para poder resistirse a esos pensamientos nada puros aunque estaba muy poco protegida sus fieles sirvientes la resguardarían. Adopto la posición de loto para meditar, cerro sus ojos y respiro profundamente.
Asami la miraba ahí como un pequeño lobo echado cerca de la puerta esperando a que alguien le abriera. Estaba celosa y no podía ocultarlo pero no era como si pudiera decirle a su cuñada que no tuviera ese periodo tan incómodo como el hecho de ser mujer ambos era incontrolables uno se presentaba cada mes y el otro cada 3 meses.
Se fue decepcionada de lo que veía además de dolida y enojada, no tenía apetito y tampoco deseaba acercarse tanto para provocar a Korra incitándola a atacarla por invadir el territorio que proclamo como suyo. Era mejor dormir. Sus planes de estar cerca de su esposa se vieron truncados por algo inevitable.
Durante 3 largos días, Asami estuvo con un humor de los mil espíritus malignos. Odiaba ver así a Korra pero no podía hacer nada y la morena no parecía querer apartarse de su hermana. Estaba consciente de lo que pasaba a su alrededor pero no lo suficientemente fuerte para alejarse o entrar en razón.
Aunque se había calmado, los dos primeros días gruñía a cualquiera que se acercara incluso a ella a la lejanía la tomaba como una rival para aparearse.
–Huele a perro mojado –expreso mientras abría la puerta tapándose la nariz.
–¿Que esperabas? Olor a rosas –arrugo la cara molesta por el comentario.
–Lo siento tanto –le dijo atrapándola en un abrazo.
–Pensándolo bien, todavía hueles de maravilla –le dijo olisqueando su cuello.
–No hagas eso me haces cosquillas –se separó con una sonrisa en su rostro–. Lo siento – Gene verdaderamente estaba arrepentida, si pudiera evitarlo lo hubiera hecho.
–Ya deja de disculparte –regaño–. No es como si fuera la primera vez que estoy en uno de tus celos.
–Sí, la primera vez fue tan bochornoso.
–Díselo al "gran Khal" –hizo el gesto con sus dedos–. No hablo durante 5 días seguidos se puso en confinamiento ella misma.
–Les dio una paliza a los 6 y estaba muy afligida, debemos tener en cuenta que casualmente todos salieron Alfas a excepción de Rukia.
–Espero que no le hayas contado eso a Asami –dijo riendo por su propio comentario.
–¡Claro que no! es más deshonroso para mí que para ustedes –se sonrojo sintiendo abatida por el recuerdo.
–Lo bueno es que ya estas mejor –poniendo su brazo alrededor de Gene caminaron fuera de esas habitaciones–. Sería muy raro para mí hacer eso y los demás me matarían.
Bajo las escaleras con la esperanza estaba segura que en cualquier momento ella saldría de esa habitación bien y feliz, y tal vez Korra podría volver con ella.
"Volver contigo ¿para qué? No somos nada más que unas buenas cómplices eso fue lo que nos dimos a entender"
Cuando estaba al final las miro otra vez a las dos, porque cada vez que presenciaba eso le dolía como una estocada directa al corazón. Bajo la mirada, lastimada por la situación y volvió a subir para dejarlas en privado.
Durante la cena ninguna quiso hablar, aunque Gene insistía que Korra intentara acercarse a su esposa, gesto que entendió la morena pero no se atrevió tan siquiera a intentarlo.
No se sentía cómoda estando ahí, su habitación no tenía nada malo era solo que no podía dormir, estaba muy afligida.
–Asami…
"Llego la dueña de mi desesperación" se dijo así misma con sarcasmo.
–¿No puedes dormir? –reprocho con amargura temblándole la voz.
No la quería cerca pero tampoco largo de ella ambas encontraron la manera de reconfortarse juntas como personas apegadas nada más.
–No y tú tampoco por eso vine, quiero acompañarte.
–No… –respondió a su petición le dolía en corazón y no quería que estuviera ahí para que presenciara como se rompía.
Korra no aceptaría una negativa.
Asami escuchaba sus pisadas acercarse y sonrió acerbamente, la morena decía que prefería dormir desnuda porque la ropa le daba calor pero cuando estaba con ella dormía apenas con una camisa a la que le quitaba las mangas, en calzones y descalza.
Se metió debajo de las frazadas y se arrimó a su cuerpo envolviéndola con su brazo de forma protectora.
Sintió como su cintura fue estrujada y la acepto enlazando su mano con la de ella. La respiración de Korra en su nuca le hacía erizarse, sus pechos en su espalda la ponían nerviosa y su calor era el que más necesitaba y lo aceptaba cuando los pies calientes de la morena se frotaban con los suyos, trato de tranquilizarse pero su respiración era agitaba, la morena minutos después ya estaba dormida y ella todavía le aparecían ideas descabelladas que quería justificar.
"¿Eso hacen las compañeras no? Se protegen unas a otras" pero con ese pensamiento no se conformaba, Asami empezaba a cuestionar si eran aliadas o dos personas que estaban empezando a enamorarse. Korra parecía que iba a ceder en cualquier momento cuando se miraban o se abrazaban pero tan fácil llegaba esa posibilidad como cuando se iba. A su parecer captaba su atención pero no lo suficiente como para hacerla ceder.
Abrió los ojos en donde la mañana pedía a gritos que se levantara, el ruido de afuera llamo su atención quiso moverse pero todavía estaba ese brazo sujetándola giro sobre su espalda para encontrarse con que la morena todavía dormida.
"Sigues aquí" se dijo, las veces que dormían juntas despertaba sola por la mañana. Pero no, ahora estaba ahí con ella como una unión silenciosa, algo que se comprometía a seguir de esa manera y se alegró que fuera así pero su parte racional le recordó que posiblemente seria solo esa vez que compartirían cama hasta el amanecer que no se maltratara pensando en cosas que no pasarían.
Acaricio su rostro apacible, de ahora en adelante deseaba despertar de esa manera, sentirla cerca y protegida por esos fuertes brazos morenos.
–Me haces cosquillas… –dijo con los ojos cerrados y adormilada movió su mano desde su cintura hasta alcanzar la suya–. Duerme todavía es temprano –la acerco a sus labios y le beso la palma.
Asami se conmovió como nunca antes por un simple beso, su núcleo se agito violentamente y sus mejillas se encendieron como dos antorchas.
–Ven –indico y logro acomodar el cuerpo de la restauradora encima del suyo.
Podía escuchar el palpitar del corazón de Korra en su oído o era el suyo, no lo sabía pero cualquiera de los dos latía rápido. Se posiciono entre su hombro y cuello enredando su brazo con los otros dos que la rodeaban y la escocesa le dio un beso en la frente para después caer sin fuerzas por el sueño.
–Tenemos una fiesta…
–¡¿Qué?! No claro que no, no tenemos –la señalo–. Tú tienes.
–No me dejaras ir sola, ¿o sí? –se hizo la inocente.
–¡Sí!... ¡No!... Es decir, no quiero ir –arrugo la cara, las fiestas la aburrían de muerte no era como beber en tabernas.
–Por favor acompáñame –le jaloneo el brazo tratando de convencerla y bajando la mirada jugo su mejor carta–. Sé que debo ir pero siempre me asaltan hombres que quieren acercarse demasiado.
Mintió descaradamente, a veces pasaba pero por su posición social casi ningún Alfa se aventuraba a acercarse demasiado, inconvenientemente le llovía solicitudes de madres que le decían que bailara con sus hijos y esta vez quería evitarlo y decirle eso a Korra seria lanzar el anzuelo con la carnada perfecta.
–Bien iré y los pondré en su lugar –cito con enojo.
–Perfecto… ahora ve por Asami para que no busques a ninguna mujerzuela –ahora era el turno de ella de molestarse.
–¿Qué? Yo no busco…
–No te hagas la inocente así que solo ve de una vez por todas para que ya nos vayamos.
–De acuerdo…
–Y apúrate odio a la gente lenta.
Llegaron a la fiesta y fueron recibidas amistosamente por la anfitriona. La mayoría se detuvo para ver el andar de las 3 mujeres. La fama de la Wolf le precedía donde fuera, las mujeres la miraban con libidinosidad y los hombres con envidia.
Pero no era la única que era captada por los presentes, Gene era conocida por su generosidad, impulsividad y seguridad de sí misma, una gema difícil de alcanzar para algunos.
Y por último Asami, que hace poco era una desconocida para todos por su nula participación en actividades que tuvieran que ver con reunirse entre aristócratas. Era una esmeralda preciosa pero ya tenía quien la custodiaría y claro que nadie sería tan osado como para enfrentar la furia del Alfa.
Unos hombres se acercaron a Korra para poder hablar sobre negocios, ambas mujeres tuvieron que ir a acomodarse bebiendo un poco de vino. Gene no le quitaba de encima la vista a su hermana, en cuanto se sintiera sofocada se los diría pues poco le importaba si se molestaban o no.
La Alfa estaba resguardando a ambas, hablaba con ellos y participaba pero eso no cambiaba su atención hasta que alguien bloqueaba su visión.
–Disculpe Teniente pero no estoy interesada –le dijo lo más directa posible, ya empezaba a sentirse inquieta por su insistencia.
En ese momento Asami deseo tener la marca en su cuello, para mostrarla con orgullo ahuyentar a cualquiera que se le acercara, pero era algo muy adelantado por pensar. Claro que su vestido cubría su cuello y hombros, desde que se casó le fue sugerido pues ella y Korra no habían formalizado su relación.
–Solo es una pieza le aseguro que no se decepcionara además soy un buen hombre –alego con su sonrisa vanidosa.
–Y humilde por lo que veo –expreso la venezolana–. Creo que es hora de que se vaya.
–Por favor no se entrometa –expreso y volvió a ver a Asami con lujuria.
Ese comentario la ofendió, que fácil seria para ella levantarse y ponerlo en su lugar en cambio dejaría que su hermana que llegaría en 5 segundos se hiciera cargo.
Ni siquiera tenía que voltear para escuchar el respirar y las botas de Korra acercarse a ellas con pasos seguros llamando la atención de muchos.
El hombre que prácticamente estaba casi echado encima de la mesa invadiendo el espacio de Asami, no se percataba de lo que estaba pasando a su alrededor y tampoco de con quien estaba hablando.
–Solo será un momento –volvió a insistir–. Después veremos lo que pasa.
Asami se erizo de pies a cabeza cuando una mano usurpadora tocaba la parte baja de su espalda y le daba un apretón pero rápidamente como llego y la asusto así se calmó conocía ese olor donde fuera.
–Perdón por la tardanza –le hablo en susurro.
Extasiada por lo atrevida que se había convertido su esposa, decidió seguirle el juego. Se inclinó un poco para secretearle algo.
–No me dejes sola… –lo expreso muy cerca de su oído hablándole en italiano.
Sus ojos azules se clavaron en el hombre que miraba la interacción de las dos sin entender del todo.
–Disculpe no lo vi –mintió insolentemente con una sonrisa igual de presumida que la de él.
–Descuide… solo estaba aquí…
Korra lo estaba viendo directo a los ojos pero ya no escuchaba nada más, en cambio su atención salto hacia la copa de vino blanco que tenía Asami en la mano izquierda. Sin esperar con su mano acaricio lentamente el brazo de la restauradora enviando corrientes por donde pasaba hasta posarse en su falange y quitarle de manera tortuosamente lenta la copa. La hizo ruborizar por su gesto.
Los 3 presentes casi se les cae la mandíbula al piso cuando Korra dio un sorbo de la bebida justamente donde estaba el labial de Asami y más cuando la morena se relamió los labios sintiendo el sabor dulce de esos labios carnosos.
Acciones rápidas que ninguno de los presentes le quito la mirada, el mensaje había sido claro pero parecía que el hombre no iba a ceder todavía.
–Disculpe mis modales no me he presentado formalmente ante usted –el tipo se inclinó levemente y extendió su mano–. Soy el Teniente Tarlok.
La morena puso la copa en la mesa y le estrecho la mano.
–Teniente coronel Korra Skywalker, un gusto –sonrió orgullosa en todo momento.
–Así que es la famosa Wolf, es la peor noble de la cual he oído.
–Ah! Pero ha oído de mí –estrujó con más vigor–. En cambio yo no he escuchado nada de usted.
Lo que empezó como un saludo respetuoso cambio a un intercambio de poder por parte de los dos Alfas, ninguno tenía intenciones de conferir y las dos mujeres terminaron como estatuas.
La duquesa se levantó de su lugar mirando los ojos rojos de los Alfas y sostuvo del brazo a Korra y su otra mano viajo hasta su nuca.
Un toque a la piel descubierta, una mirada directa a los ojos y un canto de sirena hecha con la voz correcta de una Omega, eran los 3 factores que combinados lograban hacer ceder a los Alfas.
Ninguno de la especie dominante entendía como era que lograban hacerlos ceder como si perdieran las fuerzas de sus actos.
Gene había practicado durante años este arte y como presa fácil sus hermanos y hermanas eran manipulados por un experto titiritero haciendo su voluntad.
Comprendió el mensaje y lo soltó de inmediato se inclinó sin decir alguna palabra. El también intuyó así que se retiró de una vez por todas.
–Vamos…
La orquesta volvió a tocar piezas con maestría, la gente bebía y bailaba a gusto, divirtiéndose de la compañía.
Las hermanas se posicionaron en medio de la multitud perdiéndose con los ritmos danzantes de la melodía, siguiendo a algunos en los movimientos.
–¿Algún día dejaras de hacer eso? Recuerdas que ya no tienes ese rango en el ejército.
–No y la verdad de las cosas es que odie la manera como te hablo y claro como vio a mi esposa. Y sobre el rango no me importa mucho fue lo primero que se me ocurrió.
–Lo de la copa estaba demás –le sonrió con diversión en sus facciones.
–Tenía sed –fundamento.
–Claro y yo soy Alfa –se burló.
–Está bien ¿qué quieres que te diga? –giraron un par de veces y volvieron a verse directamente.
–¿Te gusta?
–Es atractiva –vacilo en su respuesta, claro que lo era pero tenía dudas.
–Ya sé que es atractiva lo que quiero es saber si a ti te gusta.
–Somos buenas amigas.
No mentía, constantemente decía eso para convencerlas a ambas pero la Omega la había visto salir de su alcoba varias veces como para decir que solo eran dos aliadas. Tal vez ninguna quería alegar en voz alta que algo entre ellas empezaba a surgir disfrazándolo con lo primero que se les ocurría.
Pero Gene había visto la mirada encubierta de las dos, una conexión difícil de encontrar que había visto en sus profesoras y también en la misma Korra mucho tiempo atrás. La Alfa estaba con esa barrera que no quería derrumbar temiendo las consecuencias.
Se tuvieron que separar para tomar un respiro y beber algo, las horas continuaron pasando de vez en cuando las dos eran interceptada por personas para hablar de cosas sin sentido, claro que no las rechazaron eran muy educadas para hacerlo así que aguardaron ahí.
Korra y Asami hablaban de algo cuando fueron interceptadas por 3 personas, la enóloga estaba tan al pendiente de lo que le decían que no noto cuando la ojos verdes se había ido miro a todos lados tratando de encontrarla. Se disculpó con las personas y se fue rastreando su olor.
La restauradora estaba ahí viéndose al espejo, preguntándose si era una buena esposa en todo caso no podía haber comparación jamás estuvo casada pero eran tantas preguntas que la asaltaron que no sabía muy bien que confesar. Era patético pensar en eso cuando no llevaba un matrimonio de esa magnitud, ella y Korra no eran lo tradicional cuando se formaba el vínculo.
Mucho tiempo atrás deseo casarse con su príncipe azul y vivir una vida llena de aventuras y pasión, pero todo se le había sido negado por un arreglo, Korra era algo parecido a ese príncipe que siempre espero el asunto era que no había manera con ella. Cariño mutuo era lo único que compartían no amor verdadero.
Se sostuvo del lavamanos derramando lágrimas sintiéndose impotente, no podía ver el rostro con el maquillaje corrido sobre todo la decepción que cargaba con las nuevas revelaciones ahora estaba deseando con todo su ser que su matrimonio funcionara porque en ese momento entendió que se estaba enamorando de su esposa.
Dos brazos la rodearon y cuando levanto la vista vio el reflejo de Korra en el espejo, ahora quería llorar aún más. Cada gesto amable de ella le así saltar el corazón pero al mismo tiempo se castigaba, Korra solo lo hacía cuando la veía indefensa cuando quería ayudarla.
"Quiere proteger a su aliada" –se dijo así misma–. "Quiere cuidarme"
Su llanto aumento sintiéndose frágil cual porcelana en sus firmes y fuertes brazos. Korra respiraba muy cerca de su hombro, se estremeció y se le puso la carne de gallina, entendía el mensaje podía llorar todo lo que quisiera la morena estaría ahí para ella como amiga no como amante.
La hizo girarse quedando de frente a ella, temió por como la iba a notar. El maquilla perfecto a se había ido de seguro sus ojos estarías rojos, mordió su labio ahora quería salir corriendo por la vergüenza.
–No –dijo Korra, a continuación levanto su barbilla para que se vieran. Rápidamente quito sus lágrimas con los pulgares.
Asami temblaba indefensa, su cuerpo no estaba conectado con su mente en ese preciso momento ya no tenía fuerza para nadar en los mares gobernados por Korra Skywalker.
El transcurso de regreso a la hacienda Eagle fue silencioso, cada una perdida en sus pensamientos con sus sentimientos en contra y a favor. Los ojos de la duquesa se concentraron en el matrimonio que venía ciertamente más apretadas y Korra parecía querer proteger a Asami incluso de ella.
–Prepara el cuarto de baño –ordeno la Alfa.
Analay no se atrevió a preguntar la mirada perdida de su niña decía mucho pero que la patrona estuviera ahí la preocupara o la alegraba no lo sabía cuál escoger.
El agua estaba a la temperatura correcta, las esencias y aceites estaban a un lado, las toallas al otro.
La patrona siempre había sido sencilla en sus palabras así que no era de esperarse que cuando todo estuviese listo, ella salió por la puerta dejando al par.
Prenda por prenda Korra fue despojando de sus ropajes a Asami queriendo ser amable con ella, sin ninguna intención de sobrepasarse, era importante para la morena demostrarle que era su amiga que podía confiar en ella sin esperar que tratara de tomar ventaja en la posición en que se encontraba, ciertamente Korra nunca lo pensó de esa manera además no era la primera vez que lo hacía. La llevo hasta la tina y la sumergió dejando a fuera su cabello.
Las esencias del mismo olor que Korra decía que tenía Asami impregnado en su cuerpo las vertió para después limpiar lentamente el cuerpo de esmalte de la mujer, continuo con su espalda a la cual le dio masajes tratando de quitarle la tensión en sus músculos, relajarla ante su presencia y por ultimo su cabello que aliso con poco esfuerzo.
Skywalker continuaba haciendo su labor de limpieza, la culpa golpeaba fuerte en su pecho y se sorprendió que Asami no se haya derrumbado antes, que no gritara e hiciera todo lo humanamente posible para despreciarla o decirle cosas mordaces. El silencio era mejor o eso era lo que pensaba ella.
Parecía que ese recipiente al fin se había agrietado dejando derramarse la infelicidad que se cargaba pesadamente en sus hombros, Asami siempre se mostraba imperturbable con las personas mostrando su mejor sonrisa y raras veces vio esa expresión llena de decepción, de agobio y pesadumbre.
Seco su cuerpo sin detenerse lo suficiente para pensar en otra cosa, Asami se dejó hacer sin decir una palabra parecía que solo quedaba un cascaron de lo que había sido la restauradora. La fuerte, independiente y siempre sagaz Asami Sato.
La agarro entre sus brazos para llevarla hasta la cama, sintiendo sus piernas desnudas en sus brazos respondiendo con esos respingos que le hacían dudar sobre la idea que tenía, pero se obligó a seguir siendo el apoyo de Asami y la deposito sutilmente, se movió para asir las prendas de ceda con que dormía su esposa y lentamente fue vistiéndola para la noche.
En la oscuridad de esa habitación Korra ya se había cambiado también y se metió debajo de las frazadas donde la esperaban, sujeto serenamente el cuerpo de Asami hasta arrimarla al suyo y la envolvió entre sus brazos eso logro reanudar el llanto, la morena sintió cada lagrima en su hombro y le acariciaba el cabello para tratar de calmar el dolor de su mujer. Cuando se aseguró que ya no había nada más que dar por parte de la ojiverde, la aristócrata por fin durmió con la esperanza de que mañana fuera diferente.
–Que tengan un buen viaje –Gene abrazaba a Korra–. Ten cuidado.
–Lo hare pequeña –le dijo con diversión.
–¿A quién le dices así? –se separó para darle un puñetazo en el brazo nada propio de una dama.
–Te adoro –le dijo volviendo a abrazarla–. Estaremos bien.
–Salúdala de mi parte, quien sabe que estará haciendo que no ha venido –se separó por fin.
–Cuídate mucho hermana –la venezolana abrazo a Asami.
–Gracias por todo Gene –respondió.
La duquesa veía como se alejaban rogándole a Raava que Asami estuviera bien, los días siguientes a la fiesta se había presentado a pedirle consejos, supuso que Korra se lo dijo, así que estuvieron hablando sobre muchas cosas. Entendió por qué ese día estaba abrumada con todos los sentimientos que florecieron en ella y difíciles de entender. Su punto de vista era sencillo, la boda aunque haya sido arreglada y en ese instante ambas se odiaron ahora era diferente la unión sagrada no se podía romper así que debían aceptar el destino que las tejió juntas y aprender a convivir en armonía.
Asami iba abandonada en sus reflexiones mirando por la ventanilla, giro su rostro para ver el lugar vacío de su compañera, no podía creer que había odiado con toda su alma a esa persona, era totalmente diferente a como la describían. Korra Wolf no era nada comparado a Korra Skywalker su esposa. Se quedaría con el consuelo que ella si podía ver a esa mujer que mostraba su verdadero ser.
5 días le tomaron para llegar a su siguiente destino. La restauradora vio como un Toro Mongon se erguía majestuoso con sus anchas cornamentas en la entrada de la mansión esa estatura era parecía al toro mitológico de Col. Le gustaba era la misma personalidad de la dueña.
Por lo que sabía era la tercera Alfa de la camada. Protección, estabilidad y seguridad era las 3 palabras que la definían, siempre alegre mostrándose servicial y queriendo ayudar, exponía un liderazgo singular y profesionalismo.
Asami la percibía siempre reservada y con un buen sentido del humor dirigido a sus hermanos, se vio raras veces con ella para hablar y vaya que la hacía reír, era una increíble persona.
–El zorro de fuego –grito Korra.
–Pero miren quien llego, la Wolf –respondió–. Esta vez te quemare yo…
La Suiza vio como ambas se rieron por la ocurrencia tan macabra a su parecer. Kitsune Aestus la venezolana se mostraba muy feliz de verlas. Después de saludarse y ponerse en posición de ataque como si iban a pelear la atención pasó a la Omega.
–Asami… –la abrazo tan cariñosamente que la levanto del suelo.
Emitió un gritillo de sorpresa que hizo reír a la Alfa.
–Mírate estas más alta –le dijo en tono de broma viéndola directamente a los ojos.
–Y tú tan… tú –respondió.
–Vamos debes estar cansada –paso su brazo alrededor de los hombros de Asami y la guio adentro–. Si necesitas algo no dudes en pedirlo.
Iba apenada, la Omega no estaba acostumbrada todavía a esa familiaridad con la que se llevaba con ellos y la Alfa siempre se mostró afectuosa sin importar la situación en donde se encontraban.
Korra por su parte vio la interacción de ambas, algo le resultaba sumamente desagradable tanto que sintió como su estómago se contrajo y un extraño enojo se formó. Agito su cabeza, solo eran cosas sin sentido que estaba pensando.
Las siguió de cerca, notando con demasiada insistencia esa mano que envolvía a su esposa. Pasaron por unas doble hojas para llegar a la sala de estar.
–Por favor tomen asiento –les indico–. Vuelvo enseguida.
Korra se acomodó en el sillón de enfrente miraba de manera intensa a Asami y viceversa. Cuando la Alfa volvió se sorprendió que esas dos se acomodaran así, esta vez no se posiciono cerca de la castaña sino de la ojiverde.
Los sirvientes llegaron y pusieron en el centro de la mesa varias bandejas, divididas en tortas, dulces y bebidas el primero era el Majarete, delicia hecha a base de leche de coco, harina, canela en rama, papelón y azúcar, Torta Bejarana, a base de plátano, mezclado con mantequilla, canela en polvo, papelón, queso blanco, clavo de olor y almíbar. Los Negritos, cuya base es el chocolate semi–dulce, cortado en trocitos, y mezclado con harina, mantequilla, nueces, y huevos. La chicha, a base maíz. La Tizana bebida refrescante sin alcohol.
–Por favor pruebe lo que guste –ofreció siempre con su sonrisa reluciente–. Este es solo el aperitivo luego almorzaremos algo más fuerte.
Asami estaba indecisa de que comer, todo se miraba exquisito aunque el viaje era agotador Korra se aseguraba que comiese bien y probará cientos de platillos, dulces y bebidas por donde pasaban. Para ella era cordial probar algo casero.
Ante la negativa de querer escoger, Kitsune partió un poco de la torta bejarana y la sirvió en un plato para luego acercársela a Asami y ofrecerle un tenedor. Tenía las mejillas coloradas y de buena gana acepto, cuando probo el primer bocado sus ojos verdes se iluminaron tanto que parecía que irradiaban luz propia.
–Está delicioso –se cubrió la boca aun saboreando–. Gracias.
–De nada –alargo su mano y volvió a servir–. Pruebe este, le fascinara.
Asami probó los negritos, eran un manjar y masticaba a conciencia sintiendo los sabores desperdigados en su boca gimiendo feliz La Alfa sonreía aún más cuando la Omega le dio su aprobación.
La Alfa que estaba sentada cerca de ellas intercalaba miradas entre las dos. ¿Qué era lo que traía entre manos la Alfa? ¿Por qué de pronto se sentía tan disgustada? ¿Era su hermana no?
–¿Cuál de los dos prefiere tomar primero? –pregunto la venezolana.
–Usted tiene un buen gusto mi Lady así que escoja usted –sonrió con amabilidad.
–Primero este… se llama chicha, le aseguro que sabe mejor que como suena.
Ambas rieron por el comentario. Asami tomo entre sus manos el vaso de cristal y dio un largo trago, sintió el limón en la bebida. Estaba deliciosa. Nunca había probado algo así, siempre era de beber vinos finos o jugos pero nada la preparo para esa bebida. La siguiente también era muy buena pero sin dudas se quedaba con la primera.
La atención de Korra había dejado de ser los manjares ofrecidos por su pariente ahora estaba más concentrada en las expresiones de ambas. Alargo su mano tomando un poco de chicha sin despegarles el ojo de encima.
Kitsune quería reírse a carcajadas por la expresión que tenía Korra, sin duda la idea lúgubre no había sido de ella sino de las 4 Omegas que adoraban tanto. Sacarle celos a su hermana sería un inicio pero no quería llevarse un puñetazo de ella; aunque seguía dócil a querer participar, le consideraba divertido. Y hacer sonrojar a Asami le parecía adorable.
–¿Podemos hablar? –el tono que uso fue autoritario.
La enóloga cortó de inmediato la comunicación de ambas, para cuando voltearon a verla: la mirada fría de Korra le erizo los cabellos a Asami una aura amenazadora la rodeaba casi parecía que marchitaría las flores que tenía en la mesa cerca del espaldar del sofá, mucho tiempo atrás se mostraba con esa misma expresión una y otra vez, la atemorizaba no podía ocultarlo. Ella era una Alfa después de todo y muy peligrosa.
–Asami, porque no vas a ver el riachuelo que se encuentra en la parte trasera de la casa –se detuvo contemplándola con una sonrisa y continúo –: luego te alcanzo.
Vislumbro sus ojos por más tiempo que debería, le sonrió de vuelta y se levantó buscando rumbo a la parte trasera. Podía sentir la mirada de Korra en su espalda, tan tiránica, acida, demandante igual a la que le daba a cada uno de sus enemigos.
La Alfa se echó en el sillón examinando con la mirada dura a Korra, sabía lo que tenía sin siquiera preguntar. Algo la molestaba y no precisamente su interacción con su cuñada.
–¿Entonces?
–¿Qué crees que haya sido?
–No lo sé… –su expresión había cambiado a una más pensativa, sopesando los acontecimientos–. Todavía no puedo creer que este muerto de esta manera.
–No creo que se haya suicidado solo porque sí. Creo que hay algo más.
–Bueno Tonraq siempre fue muy calculador, manejaba todo muy bien.
–Debe haber algo más –insistió, Korra examino la mirada de su hermana notando algo–. Tu sabes algo –le incrimino señalándola.
–Así es, no fue accidental –explico–: Según lo que entiendo hablo con alguien antes del deceso.
–¿Y? –pregunto impaciente.
–No se sabe quién es, tampoco que hablaron. Sea quien sea, sabe esconder sus pistas o tiene aliados muy peligrosos.
–¿Cómo lo encontraremos?
–No lo sé, pero Korra… –miro directamente sus ojos azules, no muy convencida pero creyendo que haría lo correcto–. Deja de exponerte, estas poniendo en peligro a Asami y a ti, eso solo significa una cosa –suspiro profundamente –: nos pones en peligro a todos.
Korra la miro con desconcierto, ¿que se supone que significaba eso?
–¿Crees que no se lo del barco? –la miro afilada–. Lo que verdaderamente hiciste y que pudiste haber causado.
Se levantó furiosa, retándola con la mirada. Quien era ella para decirle lo que podía y no podía hacer.
Kitsune retomo su actitud apacible, exhalando ruidosamente. Ella entendía que Korra ya no era una niña que podía manejar su vida también como todos, pero todavía le faltaba aspectos que le gustaba dejar a un lado.
–Piénsalo y luego ven a verme para meditar –corto la conversación y salió de la sala.
La Alfa estaba con un torbellino de emociones y pensamientos que viajaban en distintas corrientes. Entendía cada palabra de su hermana mayor, siempre a pesar de ser la más reservada, Kitsune mostraba su lado más fuerte cuando era necesario.
Eran palabras duras pero ciertas, estaba arriesgando mucho y ahora se sentía responsable. Preguntándose qué hubiera pasado si fallaba, que le pasaría a su familia, a sus hermanos, a Asami.
Ella se había convertido en una de las personas que más quería proteger y ponerse en riesgo solo haría sufrir a su esposa. Bajo la vista avergonzada de sus acciones, oprimiendo los puños hasta ponerlos blancos y una vena estaba dibujada en su frente, temiendo que se repitiera, no soportaría otro golpe tan fuerte si perdía a Asami también.
–¿Qué le parece?
–Es hermoso y las flores de su jardín esplendidas –contesto cortésmente Asami.
–Gracias Asami –ofreció su brazo.
Se levantó de inmediato para aceptarla y avanzaron lentamente.
–Su casa es hermosa –alago por toda la belleza silvestre del lugar.
Apenas había visto el interior decorado con esas arañas enormes en el cielo raso, los cuadros y pinturas de artistas reconocidos, el tapizado de colores opacos y los muebles muy al estilo italianos.
–Es usted muy amable, aunque no puedo atribuirme todo esto.
Después de ver un poco los alrededores de la casa, recorrieron juntas el inmueble por dentro.
–Fue un regalo, ella lo decoro para mi dijo que se veía acorde a como me gusta ya sabe a mi personalidad –miraba de arriba abajo otra vez el decorado de la sala.
–¿Y tuvo razón? –indago sorprendida.
–Así es… tiene buen gusto. Además me quería más cerca para que la pudiera visitar –sonrió.
–Debe ser una dama especial para usted mi Lady –Asami pensaba que veía ese resplandor misterioso en su mirada como cuando se estaba enamorado.
–Lo es señorita Asami, después de todo es mi hermana Gene –advirtió esa mirada con antelación adivinando sus pensamientos.
Asami sonrió estupefacta, "claro solo serían ellas" con razón se le hacía tan familiar ciertas cosas de la casa, como estaban acomodados, incluso los colores eran apenas perceptibles. No es que Kitsune no fuera capaz de hacerlo a su manera pero como todo Alfa optaría por algo más vigoroso, más profundo con un poco menos de significado de esta forma ser reemplazable. Pero como cuidaba todo parecía que le importaba demasiado.
–Si fuera por nosotros viviríamos todos juntos como cuando éramos niños, en el castillo para ser exactos –sonrió melancólica recordando el pasado–. Pero tenemos responsabilidades.
Asami no pudo dejar de notar la nostalgia en su voz, todavía no podía entender de donde venía ese vínculo que los relacionaba, tan espontáneo.
–Me gustaría entenderla mi Lady, aunque yo nunca tuvo hermanos.
–Eso quedo en el pasado –asevero entusiasmada–. Ahora nos tiene a nosotros y le aseguro que la cuidaremos.
Ese gesto lo agradeció más de lo que podía expresarlo.
–Ahora cuénteme que te han dicho esas dos traviesas de nosotros.
–Ugh… bueno, Cielo me mostro su aserradero, dice que es cultivadora pero también emplea el oficio de ebanista y exporta madera.
–Así es, puede tallar muchas cosas con madera, tiene conocimientos amplios incluso de medicina.
Asombrada y confundida por esa afirmación, Asami decidió preguntar:
–¿Cómo es posible?
–Veras, cada árbol puede o no dar un fruto. Su corteza puede o no ser usada para usos medicinales. Cada árbol tiene su distinción, ella sabe cuál usar o cual puede ser peligroso. Existe una variedad infinita.
–¿Por eso su casa parece un bosque encantado?
Una sonora carcajada se propago por toda la habitación. Ambas se separaron para investigar más.
–Si algo así, para tu suerte está libre de minotauros, roedores que hablan, quimeras y esas cosas.
Ahora fue el turno de Asami de reírse. Ese verde paisaje albergaba distintas especies de animales que lo tomaron como refugio y la dueña impedía que les molestaran en su habitad natural.
–Gene me mostro la manufactura textil.
–Es asombrosa además le da trabajo a muchas personas.
–Dice que le tuvo que enseñar a algunas mujeres a realizar el oficio.
–Que te puedo decir… algunas personas son buenas para algunas cosas y malas para otra, ten por seguro que ha ayudado a algunas personas durante su vida.
–Kit… –la ojiverde corto de inmediato lo que iba a decir.
Miro a la Alfa concentrada mirando por la ventana, con su mano recargada al marco, reconociendo de inmediato sus garras aferrándose, queriendo romperla con solo agite de su mano.
–Siempre huyendo de tus responsabilidades… –balbuceo en español viendo como Korra se iba.
Kitsune tenía en entrecejo fruncido, mirando la estela de polvo desvaneciéndose a medida que los caballos se alejaban, pero el tacto de una mano la atrajo de nuevo a la tierra.
Se fijó en unos ojos verdes mirándola con intensidad, ella lo devolvió de la misma manera. Su esencia y naturaleza Omega pudo calmar sus emociones. Le dio un apretón a su mano dejándose envolver por ese efecto en ella.
–¿Te gustaría un poco de riesgo? –pregunto con una sonrisa vivaracha cambiando su gesto anterior.
–Estoy abierta a cualquier posibilidad.
Asami prontamente fue jalada fuera del domicilio para luego ir a caballo en la parte más alejada de la finca. Amarraron a los potros cuando estuvieron de frente a un enorme ceibón. El inmenso árbol estaba recubierto por pequeñas pelusas que nacían cada 4 años.
–Supongo que he visto esto un par de veces un árbol así –Asami estaba dudosa de exactamente qué hacer.
–Debe ser… –la confronto con esos ojos y sonrisa que significaba peligro.
Asami tembló ante su inmensidad, a su parecer Kitsune era comparada con un titán de la mitología griega, ruda con su aspecto, un tanto sombría un tanto tenaz.
–¿Confías en mí?
–Si –afirmo.
"¿No puede pasarme nada contigo cierto?"
Para cuando formulo esa pregunta en su mente ella ya iba sintiendo la fuerza del viento pegándole en la cara, cerró los ojos sintiendo miedo que no podía compararse con algún otro. Apretó los dientes tratando de no gritar como loca, aterrada de lo que podría pasar, hasta que sintió como minutos todo se detenía.
–Ya puedes abrir los ojos –susurro una voz a su lado.
Lentamente fue abriendo sus parpados observando en las alturas y pego un grito cuando vio la distancia del piso hasta donde se encontraba.
–Tranquila estarás bien –la sujeto con más fuerza temiendo que se balanceara tanto.
–Si-si no tuviera… tanto… tanto miedo yo –respiro agitada tratando de calmarse–. Estaría feliz.
–No temas, juro que no te soltare –alego con una sonrisa de oreja a oreja.
Temerosa agito su cabeza agradeciendo que no la soltara. Estaba aterrada riendo de forma histérica temiendo por su vida casi saliéndosele las lágrimas.
–Es un lugar hermoso que puedes ver desde las alturas y ya que compartiste algo conmigo yo quise hacer lo mismo.
Los brazos de Asami se enredaron en el cuello y brazo de la Alfa como salvavidas cuando una repentina ventisca azoto sus cuerpos. Estaba sacudiéndose como una hoja mientras se aferraba al cuerpo de su hermana como si temiera caer.
–Tranquila es solo una brisa –le dijo muriéndose de risa.
Cuando Asami por fin dejo de sentir pánico miro el atardecer sucumbiendo, como esos tonos rojizos iban tomando fuerza para después desaparecer en el firmamento alertando que se aproximaban la luna y las estrellas.
Durante ese tiempo sintió el soplo y el árbol meciéndose, soltando esas pequeñas pelusas y algunas pegándose en su vestido. Asami hablo durante todo ese tiempo con Kitsune sobre muchas cosas como su trabajo de hacer licores, también le afirmo que tenía una de las destilerías más grandes de Venezuela, estaba muy feliz pero anhelando que, como ya le habían dicho antes, Korra volviera.
La mañana siguiente Asami estaba ansiosa por ver a Kitsune, le había dicho que le enseñaría a hacer un par de cosas que le ayudarían en el viaje. Ante la oferta terminaron el desayuno más rápido de lo esperado y se fueron corriendo como adolecentes en busca de los potrancos.
–Si vas a continuar el viaje tendrás que cabalgar como un Alfa.
–No entiendo.
–A donde te diriges será distinto a cualquier cosa que hayas conocido y estarás con un caballo que será tu transporte durante el tiempo que permanezcas ahí.
–No me dirás, ¿cierto?
–Claro que no, quiero que tengas una sorpresa.
Kitsune le explico cómo debería montar a caballo, como controlarlo a la perfección. Esa sería una parte más de ella y por lo tanto debían conectarse en uno solo.
Pero no todo era maravilla para el tercer día Asami pensó que iba a morir. La silla le provocaba llagas horrorosas que sangraban en las nalgas. Tenía los muslos en carne viva, las manos llenas de ampollas de las riendas, y los músculos de las piernas y la espalda le dolían tanto que apenas si aguantaba sentada. Cuando terminaban las lecciones Kitsune tenía que ayudarla a desmontar.
–¿Tiene que ser tan doloroso? –pregunto mientras se retorcía en los brazos de su cuñada.
–Para un Beta si, para una Omega solo es momentáneo. Sé que duele pero ya te dije cuando llegues a tu próximo destino tendrás que ir así para tus acompañantes será peor.
–¿Es por eso que insististe que Analay aprenda también?
–Claro, las dos tendrán que aprender y estoy al corriente que tu espíritu libre querrá salir como un forajido.
–Por supuesto –volvió a suspirar cansada.
Todo el dolor se iría en unos minutos, su capacidad para sanar era sorprendente además sentía que ya se le estaban fortaleciendo las piernas y los muslos con cada enseñanza y esperaba que Analay también lo viera.
Era duro así que comprendió que donde marcharían sería un lugar que no tendría piedad de los débiles, estaría preparada para cuando sucediera.
–¡Hay! –Asami se mordió el labio sintiendo dolor cuando sus piernas se rosaron por el movimiento.
Unas fuertes pisadas hicieron eco en el salón principal y la mirada venenosa de Korra aterro a la restauradora. Parecía que quería matarlas a ambas.
En ese tiempo la ojiverde pensó en como la Alfa iba a interpretar la escena, su esposa lastimada y en brazos de su hermana.
Miraba de hito en hito a Korra y trago saliva sonoramente temiendo una pelea entre las dos, ahora más que nunca tenía miedo de lo que podía hacer.
Sus ojos se pusieron llameantes y se acercaba a ellas con el halo siniestro envolviéndola.
Sin decir palabras agarro a Asami y se fue para llegar a su habitación. Coloco a su esposa lo más gentil posible en la cama, pero sus intentos fallaban cuando se quejaba de dolor.
–¿Qué sucedió? –se animó a decir con una expresión de ferocidad.
–No me sucedió nada, solo me enseñaba a cabalgar –le dijo dulcemente tratando de tranquilizarla.
–¿Ella te obligo? Dímelo y la hare pagar por esto.
–¡No! –respondió alarmada–. Ella no me obligo, ya te dije me estaba enseñando.
–No la de defiendas –grito levantándose y mirándola con enojo.
Asami se sobresaltó y la observo atónita, ese comentario había sido absurdo. Era Kitsune y en todo caso si hubiera sido cualquiera de los otros 10 no habría problemas, constantemente le decían que la querían como una hermana y que la protegerían de todo. En qué momento Korra los veía como una amenaza tentando contra su salud, era totalmente irracional.
Intento levantarse pero fue detenida por Korra rápidamente, ahora sus ojos mostraban arrepentimiento. Su brazo la sostenía del hombro mientras ella estaba sentada en la cama. Asami alargo sus manos y tomo los falanges morenos para acercarlos a su mejilla.
–Entiendo que puedes sentirlo –acaricio la palma con su pómulo –. Estoy bien.
Korra bajo la guardia como lo esperaba Asami y se sorprendió que le siguiera el juego, esa mano cálida la acariciaba y eso le quito el aliento, estaba demasiado amable que hizo que un incendio comenzara dentro de ella.
Luego se vio envuelta en un abrazo apretado, tanto que sintió los pechos de Korra presionándose con los suyos y eso la hizo desfallecer, estaba como masa para moldear en sus brazos que ella acepto gustosamente. Respiraba tan cerca de su cuello que la hizo erizar, cada vez más comprendía que ese era su punto frágil, de estar de pie sus piernas hubieran flaqueado con la respiración de Korra.
Un beso fue presionado en su nuca cerca de su vena que palpitaba y Asami se excito por el contacto. Todo su cuerpo le cosquillaba poniéndose cada vez más sensible a las manos fuertes de Korra que bajaban por su espalda y la arrullaba lentamente. Esperaba con todas sus ansias que también la enóloga lo sintiera. Que pudiera escuchar su palpitar agitado solo por ella y que la tomara para reclamarla como suya.
–Ya estas mejor –le dijo al oído.
Se separaron lentamente y Korra miro una sombra de decepción en los ojos verdes de Asami, sin comprender realmente porque estaba así.
–Gracias –le dijo cortante para levantarse y salir de la habitación de su esposa.
La Alfa se quedó con un signo de interrogación por la actitud de la Omega.
La cena transcurrió sin percances, Asami estaba sin apetito y Korra parecía ni siquiera notarlo, engullía la comida como si no había consumido nada durante semanas. Kitsune las miraba aburrida, tal vez las cosas no habían salido como se lo esperaba.
Toc.
Escucho Asami en su puerta, no tenía ánimos de ver a Korra, derramo lamentos afligidos esperando que nadie la escuchara y parecía que la Alfa si lo había percibido y eso la hizo enfurecer más.
Toc.
Otra vez pero igual de calmado. Suspiro frustrada tendría que ir a gritarle a la morena que no la quería ver jamás. Abrió la puerta dispuesta a reñirla y se petrificó en el acto.
–Y pensando que tiraría la puerta solo para entrar –le dijo mostrando la bandeja con comida.
Asami estallo de risa por su chiste. Se hizo a un lado para dejarla entrar y la siguió, acomodándose junto a ella en la cama.
–¿No te gusto mi Chuleta de cerdo ahumada? La hice especialmente para ti –se quejó pareciendo dolida.
Volvió a reír por su comportamiento infantil nada acostumbrado con lo que era ella.
–Estaba deliciosa la cena, Kitsune –le dijo.
–Mientes, te observe durante la cena y no comiste nada, de seguro después deambularas como alma en pena y con las tripas chillando.
Se carcajeo avergonzada por la suposición tan cierta. La miro a los ojos sintiéndose aliviada de alguna forma.
–Juro que esta deliciosa –expreso dándole un gran mordisco–. Pruébala no miento.
Siguió su fechoría y ceno con la Alfa en su alcoba hasta altas horas de la noche.
Al día siguiente el humor de Asami había mejorado pero el de Korra empeoraba con las horas. Ahora estaba ahí viendo como su esposa y su hermana se divertían montando a caballo. Galopando como expertos y relinchando felices.
La Alfa estaba enojada pero no entendía cuál era el problema. "Debe ser porque ayer las vi juntas en la cama de mi esposa" no, no podía ser eso.
"Estas celosa" esa vocecilla que le servía de conciencia, le grito haciéndola estremecer. Era posible que ella, la gran Korra Skywalker estuviera celosa de Kitsune Aestus. "No, no, no, no"
–Es incoherente… –dijo apenas en un susurro–. Es mi hermana, no quiere quitarme a mi esposa.
Bufo encrespada, era muy irrazonable tan siquiera tener ese pensamiento, Kit solo la quería mucho tanto como ella, eran amigas. "Amigas muy cercanas"
La risa suave y delicada de Asami tan característica de ella, tan femenina y llena de vida, la saco de su monologo interno y se percató de que estaba cerca con su caballo.
–¿Qué-que? –balbuceo sintiéndose enojada por su comportamiento volteando la cara para no verla.
–Estás haciendo caras graciosas –le afirmo Asami volviéndose a reír.
–Si… yo… yo… –tartamudeo–. ¿Qué? –pregunto con el ceño fruncido recomponiéndose.
–Te pregunte si querías acompañarme, a mí y a Atalanta.
–¡No!… ¿Qué? –sintiéndose incoherente volvió a recapacitar las palabras de la tez blanca–. ¿Quién es Atalanta?
–Mi yegua –dijo acariciándole el pescuezo al animal que se revoloteo feliz.
–Oh! Ahora tienes yegua –su mirada se afilo igual que la daga que llevaba en la bota–. ¿Ella te la regalo?
–Si… es un Paint Horse nada comparado con Atenas pero será igual de fiel –Kitsune veía a Korra de manera bravucona. Conocía esa expresión.
–¿Quién es Atenas? –farfullo aún más enojada si es que podía.
–El caballo andaluz que me regalo una de tus hermanas para mi boda –Asami se sintió triste por la actitud de su esposa.
–Entiendo –Korra comprendió que ya no había razón para seguir ahí así que se fue.
La Alfa que veía su andar soberbio, negó con la cabeza, Korra a veces podía ser muy infantil.
–¿Quieres arreglarlo? –grito Kitsune.
La morena se detuvo de inmediato y volviéndose lentamente le sonrió confiada. Se quitó el chaleco y la corbata botándola en el piso junto con sus botas suprimiendo dos botones de su camisa, acercándose lo suficiente en el cercado para saltarlo sin esfuerzo, sintiendo la tierra entre sus pies, inhalo hasta que se le llenaron los pulmones.
Korra se colocó en medio, estirando su cuerpo y tronando su nuca.
–¿Kitsune? –Pregunto temerosa Asami–. No lo haga por favor.
–Señorita Asami, solo le daré una lección para que no se le olvide.
La restauradora miro como esa mujer bajaba del caballo imitando las acciones de su esposa, formándosele un nudo en la garganta. Solo podría significar una cosa: ambas harían una manifestación de su fuerza mortal.
Kitsune enrollo su pantalón blanco hasta las rodillas al igual que su camisa llegando al codo y se extiendo un poco tratando de precisar su movilidad.
La potra de Asami se meneaba inquieta, como si le aterrara algo. Asami no sabía si era ella la que temblaba o la yegua, pero parecía que ambas compartían ese mismo destino.
–¿Lista? –pregunto la Alfa mayor preparada.
–Sí –alego con sus labios formando una línea.
Asami observo cada intento de Korra para golpear a su hermana y como fallaba de forma garrafal siempre cayendo al piso como si peleara contra un niño.
La sonrisa confiada de la Alfa venezolana irritaba más a la escocesa, haciendo que perdiera el control de su fuerza y equilibrio. Kitsune se limitó a esquivar cada tentativa de golpes y patadas de la morena que cada vez se miraba más perdida y fatigada.
Korra respiraba estrepitosamente, sintiendo la impotencia por no conectar tan siquiera un golpe. Se concentró y sintiendo el fuego irradiar en su interior, se lanzó hacia delante lanzando puñetazos violentos.
Deslizándose en el aire y como si de una danza se tratase, Kitsune, movía sus pies al igual que sus manos realizando movimientos rotatorios para esquivarla, utilizando más su poder defensivo y cuando logro apartarse de su camino le lanzo un puñetazo tan fuertes como una roca que logro impactar la espalda de Korra mandándola de cara directo al piso.
–Levántate –demando la Alfa de pie observándola impasible–. Esto no ha acabado.
Tratando de recuperarse, Korra se apoyó con sus manos y mirándola con rabia escupió la sangre que ya se asomaba en su boca.
–¿Esto es todo lo que tienes? –le grito la ojiazul.
Korra se incorporó y volvió a atacar como un animal rabioso y cegado por la ira.
Asami miro agitada a las dos Alfas con el corazón en la mano, y otra vez le asalto el pensamiento de que las Alfas y las Omegas hermanas de Korra, era nada más y nada menos que: titanes. Cada uno con su propia fuerza, fortaleza y debilidades. Cada grito, la estremecía como si viviera una batalla real, ya se dio cuenta del peligro al que se enfrentaban con el viaje y temía con todo su ser que Korra fuese derrotada como pasaba en ese momento. Ella no quería perderla, la Alfa se había convertido en un ser importante para ella y de ser necesario daría su vida por Korra, estaba decidida a todo con ella y llevarlo a cualquier limite.
Combinando su poderío y conocimientos, Kitsune se expulsó al ataque para igualar la energía de su hermana. Con ambas manos detuvo los puños llenos de odio y plantándose bien en el suelo, la sujeto con autoridad y empujo utilizando sus antebrazos, canalizando todo su fervor en un solo movimiento.
Korra poco a poco sentía la fuerza que la obligaba a arrodillarse en la tierra, con la poca resistencia que le quedaba no podía competir con la Alfa que se engrandecía implacable delante de ella, mostrándose como era: un coloso.
–No he ocupado la mitad –le respondió siempre fresca, serena y con su sonrisa que demostraba su linaje.
La Alfa escocesa miro a su esposa con una expresión preocupada junto a su caballo, ahí de pie, indefensa, temblando la fragilidad con la que se mostraba le agrego culpa, una maldita culpa que cargaba consigo siempre.
–No la mires a ella que no te ayudara… –le dijo con rigidez–. Hiciste un juramente, que la protegerías y si disipas el control, te perderás a ti misma y la perderás a ella.
Bajo la mirada, consiente de las consecuencias, reflexiva de lo que pasaría si su autodominio la cegaba en batalla, ella moriría, su familia caería y Asami se le seria arrebatada. Apretó con extremada severidad sus dientes sintiendo como se quebraban, como la sangre se le escurría. Quería llorar por lo incompetente que se sentía, no era justo para Asami, hacerla pasar por todo esto para que sufriera. No era culpa de esa Omega que la acompañaba sino de ella.
Ahora se odiaba por causarle dolor a su esposa, no lo quería así, pero parecía que todo lo que hacía le causaba eso.
Kitsune noto como Korra cedía así que le soltó los brazos y se agacho a su altura, sintiéndose aliviada de que el mensaje le llegara fuerte y claro. Acerco su mano y lentamente levanto la barbilla de la Alfa y vio esos ojos azules cristalizados.
Le sonrió como siempre lo hacía. Se acomodó en el suelo en posición de loto, traspasándola con su mirada.
–Debes ser: sólida como la tierra, poderosa como el fuego, libre como el aire y cambiante como el agua –le recito–. Tienes que mantener el equilibrio.
–Lo sé, lo sé –le expreso con fastidio tomando la misma posición recuperándose en su totalidad.
Un grito de enojo salió de Korra cuando Kit le dio un manotazo en la cabeza.
–¿Si lo sabes tanto porque te cuesta tanto meditar? –arqueo su ceja escéptica de las palabras que profesaba.
–Yo… no lo sé… no puedo –se presintió más frustrada que antes.
Durante años, Korra trato meditar pero simplemente no pasaba, no lograba concentrarse para alcanzar ese nivel de calma que otros se les hacían tan fácil.
–Si puedes.
Ambas le prestaron atención a la tercera voz. Asami seguía ahí, estando pasiva en la conversación que tenían las hermanas pero ante la nueva información decidió intervenir.
–Te vi meditar antes de que llegáramos al barco.
–No es posible –alego desconfiada.
–Puedes lograrlo Korra, solo tienes que dejarlo ir –Kitsune entendía porque no lo lograba pero aun así quería ayudarla, sabía muy bien que podía lograr pasar ese obstáculo que traía consigo–. Fluye como el agua.
Se puso de pie como si le atemorizaba que la tierra debajo de ella la tragara. Sus ojos azules mostraban dolor que comprendía muy bien y conocía la respuesta pero Korra la negaría, siempre lo haría y esta no sería la excepción. Negó con la cabeza, para ella todavía no era hora de aceptar la realidad.
La duquesa se levantó pesadamente del suelo, sin comprender porque no lograba dejar el pasado donde debía quedarse, perjudicaba su presente y también su futuro.
–Como dice Zhyo –la miro y, continúo–: que la verdad te libere.
Ya no había más que discutir, la Alfa se fue dejando al matrimonio solo para que enfrentaran a sus propios demonios. Existía un límite y ella no podía hacer mucho si Korra no ponía empeño en querer traspasarlo.
–¿Estás bien? –hablo Asami acercándose más a ella.
Y obtuvo un rechazo evidente de Korra cuando le dio la espalda, eso le rompió el corazón.
¡No lo estoy! Grito enfadada en su interior, odiaba esa pregunta. Todo el tiempo sus hermanos se la preguntaban colmándole la paciencia y ahora también Asami. Quería creer que ella la quería ayudar pero no podía, entendía que era ella la que estaba mal en todo no Asami.
Un pedazo de ella había sido removido brutalmente sin darle el tiempo de comprender lo que pasaba y no existía nadie que viniera a mantener junto cada pedazo de ella.
Echo un vistazo por encima de su hombro y noto esa mirada que tenía Asami.
"No, no, no, ¿tú también? Diablos no Asami, no me mires así. Como si estuviera frágil, rota, desahuciada"
No quería culpar a nadie y tampoco quería ver esa mirada llena desilusión. No quería que la vieran más rota como lo estaba, como se sentía, como la apreciaban. No quería que la vieran como cuando…
"Cuando estaba paralitica"
Se alejó más de Asami. Su sola presencia le dolía en el alma.
–¡Espera! –Pidió Asami sintiendo el dolor de la Alfa–. Korra no te vayas.
–Yo no pudo estar cerca de ti –gruño severamente no podría soportarlo también de esa mujer así que no dudo en poner más distancia entre ellas.
–Korra –la llamo otra vez–. No te alejes de mí, por favor. Déjame ayudarte.
–No puedes.
Korra estaba más frustrada por todo cuando las lágrimas se asomaron en sus ojos y los recuerdos que le rememoraban una y otra vez que había fallado, la figura de Asami la estaba ahogando y se alejó, sin detenerse o voltear a verla, perdiéndose en la oscuridad de la mansión.
Cuando volvió sus lágrimas no se detuvieron, el rechazo de la Alfa había sido duro. Por esos instantes se sintió impotente por no poder ayudar a Korra cuando más lo necesitaba. ¿Qué se supone que haría? ¿Cómo la ayudaría? ¿Qué debía hacer en los momentos más frustrantes para Korra?
Porque de pronto sentía que la culpabilidad la golpeaba con fuerza en el pecho. ¿Quién era ella? Nadie para Korra, solo era la mujer con la que se casó y que no sabe nada acerca de ella. En cambio Korra había demostrado interés y cuando se sintió rota por todo lo que ocurría, sin dudarlo la morena se había ofrecido para ayudarla sin preguntar o cuestionarla. Comprendía cuando darle espacio. ¿Pero qué sabía ella? Nada, absolutamente nada.
–No debes tomarlo de esa manera, incluso yo no puedo guiarla –aconsejo Kitsune que la veía apesadumbrada.
Asami seguía jugando con su comida, en el comedor solo estaba ella y la Alfa. Korra todavía no aparecía y tenía la esperanza que volviera, junto a ella.
–Quisiera entenderla –hablo apenas en un susurro.
–No podrás si ella no se abre a ti. Como te dije antes ella debe ser guiada pero yo no podría ayudarla.
–¿Qué hago? Porque no la entiendo y tampoco sé cómo hacerla sentir mejor –levanto la voz sintiéndose aún peor.
La duquesa dejo la comida a un lado y se acercó hasta la Suiza, movió la silla para que quedara de frente a ella e hincada la observo. Acerco su mano para borrar esas lágrimas que surcaban las mejillas pálidas de Asami.
–Mantente cerca, cuando se escapaba se subía a un árbol desapareciendo de la vista de todos –le dijo riendo por el recuerdo–. Necesita ayuda y una vez que la acepte será más fácil para ella.
–Entonces, ¿tengo que ser paciente?
–Benevolente diría yo, se benevolente con ella te lo pedimos todos nosotros.
La ojiverde se fijó en la expresión de la duquesa y entendió que hablaba por todos sus hermanos y hermanas. Tal vez era una carga pesada para ella pero la tomaría con gusto, no se rendiría, no fácilmente y sin dar pelea.
Una idea surco su mente y dedujo lo que paso anteriormente.
–¿Me prestas un caballo? –le expreso con una mirada determinada.
–Pensé que nunca me lo pedirías –le respondió con una expresión de felicidad.
Asami cabalgo a toda velocidad como Kitsune se lo había enseñado y llego al gran árbol de ceibón que estaba alejado de la propiedad.
Era luna nueva y podía verse con toda claridad y así logro observar la figura que estaba sentada en una de las ramas que estaban a lo alto. Pávida pero decidida, subió una a una las ramas, sintiendo la fuerza de sus piernas y brazos aferrándose para no caer.
–¿Cómo sabias que estaría aquí?
–Un pequeño lobo me lo conto –respondió con diversión.
–¿Qué haces aquí Asami? –pregunto dudosa de querer saber la respuesta.
–Yo… yo quiero estar contigo –confesó de manera sincera.
–No soy buena para ti Asami, incluso si estamos casadas… yo… –sintió que las palabras no podían atravesar ese nudo en la garganta pero se obligó a ser fuerte–. Yo no… no puedo.
–Lo entiendo –le dijo desilusionada–. Pero quiero que sepas que, no me rendiré –expreso decidida con sus ojos verdes articulando la verdad.
Azul y verde se encontraron, en la penumbra apenas alumbrado por la luna con el firmamento despejado incluyendo los ruidos de los animales nocturnos.
Pero estaba vez había algo distinto, el brillo de sus ojos o la determinación en ellos. Asami era inteligente, muy culta y de habilidades extraordinarias capaces de adaptarse al entorno, Korra lo entendía, su mente despierta le llamaba la atención. Entonces comprendió sus palabras. Ella no se doblegaría tan fácilmente y eso sin duda le gustaba.
No supieron en que momento sus manos se movieron por si solas para atinarse juntas, aferrándose para evitar que se desvanecieran. Sus falanges derecho se acercó a las mejillas de Asami, acariciando esa parte tierna con vehemencia, con su pulgar apenas rosaba esos labios rojos y carnosos que invitaban a embriagarse en ellos.
Una lluvia de sensaciones embargaban a Asami con cada movimiento de Korra. Su piel se encrespaba y le gustaba demasiado como para negarlo y no pudo evitarlo. También agasajo la cara de Korra coqueteándole con la parte externa de sus dedos que apenas si la rozaban. La yema de su dedo le resbalo la frente, después el puente de su nariz para continuar con sus labios y detenerse en la barbilla.
Aproximo sus labios rojos como el fuego a esos finos labios y sintiéndose atrevida los beso, lentamente y con sentimientos presionándolos con suavidad vertiendo todo su amor en una sola acción. Pero se dio cuenta de que no pasaba nada, Asami presintió que Korra no reaccionaba a ella. "Tal vez lo estoy haciendo mal" pensó, dispuesta a no echarse hacia atrás, volvió a intentarlo, una y otra, y otra vez. Pero Korra todavía no respondía, suspiro pesadamente. "Tal vez si tengas razón y no eres buena para mi"
Intento alejarse pero la mano asediada a su hombro lo impidió.
–Esto es nuevo para mí –espeto Korra–. Pero yo… yo quiero intentarlo.
Allegándose a ella, observo sus ojos verdosos y después sus labios, sintiendo la sensatez con la que Asami la esperaba le propino un beso, apropiándose de su labio inferior masajeándolo y jalándolo lentamente. Obteniendo un resultado muy concreto, ambas querían lo mismo y así inicio la danza del amor entre Korra y Asami.
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Luu7: entre mas siga el viaje mas intenso se pondrá. no es fácil en esa época en particular y deberán trabajar juntas si quieren sobrevivir. y se pondrá mejor. gracias por el reviews.!
pauvillar22: gracias, gracias.! si fuera por mi ya la tendría pero vamos a resolverlo y continuar con el fic.!
Dertod: gracias por estar pendiente enserio, se que es difícil esperar, lo entiendo por completo. para mi es un fastidio no poder escribir nada cuando tengo las ideas. me alegro que te gusten.! hey a mi también me gusta star wars, y por eso he implementado el apellido creo que es genial. espero que puedas tener un poco mas de paciencia, porque reitero no es porque no quiera es por la computadora.
Alfa8: se acabo la espera.! al menos en este.
Liz: aquí esta.!
Maria: lo se, lo se, pero no seria divertido si lo pongo todo de una vez :) aquí esta y espero que te guste.!
cuídense y espero saber de ustedes pronto!
Que La Fuerza Los Acompañe…
