Los personajes de Bleach son de Tite Kubo.

Historia inspirada en la película mexicana "Negro es mi color" (1951)


GRACIAS: tsuki-chann: gracias por comentar, así es Rukia no caerá tan fácil con él, Ichigo tendrá que esforzarse mucho. Anahis: Lo bueno es que llegaste a la historia, espero que siga siendo de tu agrado. Esmeraldaxx20: Muchas gracias por comentar, el look de Rukia como es el que tiene ahora en el manga. Rukia x Ichigo: Me alegra que te guste el fic, Kaien saldrá en el capítulo once, ya falta poco. kaoru240: Muchas gracias por comentar, espero te guste este capítulo. Kureimy: jejeje, pues es que Rukia no ha caído ante los encantos de Ichi. Gracias por comentar y las dudas pues más adelante se irán despejando.


EL AMOR NO TIENE COLOR.

CAPITULO NUEVE.- BYAKUYA KUCHIKI.

Esa mañana Rukia se levantó con un terrible dolor de cabeza, se sentía cansada y comenzaba a dolerle el cuerpo. Seguramente tenia gripe, pues se había dado cuenta que uno de los hombres del callejón estaba enfermo y de seguro la había contagiado. Con pereza se levantó de la cama.

―¡Ay! ―dijo agarrándose la cabeza, pues al levantarse se hizo más intenso el dolor. ―Todo es tu culpa, idiota. ― dijo recordando que Ichigo la dejó abandonada en la ciudad y que por eso fue a parar a ese callejón.

Después de bañarse y alistarse se tomó unas pastillas para aliviar los síntomas, no estaba dispuesta a dejar de trabajar. Salió del cuarto para desayunar con Orihime como todas las mañanas, pero esta vez se sorprendió de encontrar a Inue en la sala llorando y agarrando una de las fotos de su sobrino, al que contemplaba fijamente.

― ¿Qué tienes Orihime? ―le preguntó Rukia acercándosele. ― ¿Por qué lloras?

―No es nada. ―dijo ella dejando el retrato en su lugar y secándose las lágrimas. ―A veces me afectan los recuerdos, pero ya estoy bien. ―le dijo sonriendo. Rukia la miraba sin creerle sus palabras.

―Entiendo si no quieres decírmelo. ―le dijo Rukia sinceramente, pues ella también tenía una historia que no quería revelar. ―Vamos a desayunar. ―le dijo y caminó al comedor. Orihime la siguió.

―Es que se acerca el cumpleaños de Kaoru. ―dijo Inue revolviendo su fruta picada con el tenedor. ―Pero no voy a poder verlo este año. ―dijo ella con tristeza. ―Pero lo entiendo porque mi hermano Sora está muy ocupado y no puede venir. ―dijo sonriendo.

―¿Quieres mucho a tu sobrino verdad? ―preguntó Rukia.

―Sí. ―dijo ella. ―Es el único que tengo, la esposa de mi hermano no puede tener más familia. Así que es mi adoración. ―sonrió Orihime. ―¿Y tú tienes familia? ―preguntó Inue, pues Rukia no le había comentado nada sobre ella.

―No. ―dijo ella a secas. ―Se me hace tarde para el trabajo. ―dijo levantándose de la mesa.―Nos vemos al rato. ―dijo Rukia, luego tomó sus cosas y salió de la casa.

Inue no quiso hostigarla con más preguntas, comprendía su situación, a veces resultaba doloroso hablar del pasado. Después de levantar su plato de la mesa y de llevarlo al lavatrastos, fue a la sala y marcó un número telefónico.

―¿Sora? ―preguntó cuándo alguien alzó el auricular del otro lado de la línea.

―¿Por qué me llamas? Sabes que estoy trabajando. ―la voz de su hermano sonaba molesta.

―Si ya sé que estas ocupado. ―dijo apenada. ―Pero Akira me dijo que este año no pueden traer a Kaoru. ―le comentó con tristeza. ―Y yo quisiera que…

―Lo siento Orihime. ―interrumpió Sora. ―Pero tengo mucho trabajo, será el próximo año.

―Pero quiero verlo. ―dijo Orihime con una rara mezcla de súplica y exigencia.

―Qué no se te olvide que Kaoru es mi hijo. ―dijo con voz fuerte Sora.

―No te preocupes, nunca podría olvidarlo. ―dijo Orihime conteniendo el llanto.

―Eso espero. ―le contestó. ―Pero no te preocupes, te enviaremos una foto, ahora tengo una junta muy importante así que tengo que colgar. Cuídate. ―le dijo su hermano y colgó el teléfono.

Inue colgó el teléfono y fue a su cuarto para terminar de arreglarse para ir a su trabajo. Tenía su propia estética en un local en una de las calles principales de la ciudad, no podía quejarse pues tenía mucho trabajo y le daba suficiente para pagar la renta del local, los gastos de la casa y vivir modestamente.

En el camino al trabajo Rukia comenzó a estornudar sin parar.

―No puede ser que este empeorando. ―dijo Rukia sacando su pañuelo para cubrirse nariz y boca. Y aunque sabía que en esas condiciones no debía ir al hospital, decidió presentarse de todas formas. Iba un poco más lento ya que las piernas las sentía pesadas.

Saludó cortésmente a la vigilante que estaba en la puerta del hospital y luego entró a checar su tarjeta, eran cinco para las ocho.

―Llegas tarde. ―dijo Ichigo a sus espaldas. Rukia volteó enojada, ¿Quién se creía ese para cuestionarla?―Siempre llegas quince minutos antes, así que me preocupe de que te hubiera pasado algo. ―le dijo cordialmente.

― Aun estoy a tiempo. ―dijo ella que decidió ignorar su comentario. Ya no dijo más porque comenzó a estornudar un poco.

―Doctor Ichigo, su paciente ya lo espera dentro. ―le gritó Kiyone desde la puerta de su consultorio. Como Ichigo no tenía día fijo para ir al hospital, al menos antes de conocer a Rukia, Kiyone también se encargaba de atender a sus pacientes cuando iba, que ahora era diario.

―Es el señor Kuo y es muy impaciente, así que debo irme. ―le comentó Ichigo a Rukia.

―No te he pedido que te quedaras. ―contestó ella. A Ichigo le dolieron sus palabras, pero no le dijo nada. Había pensado que después de la noche anterior su relación hubiera mejorado, pero al parecer se había equivocado.

―Toma. ―le dijo Ichigo dándole un celular rosa.

―¿Y esto?

―Es para que no vuelva a pasar lo de ayer. ―le dijo sonriendo. ―Ya le grabé mi número así que no tendrás excusa para no llamarme cuando estés en problemas.

―Pero te lo pagaré. ―le dijo ella, pues no quería aceptar regalos suyos. Pero estaba satisfecha, al parecer él ya estaba cayendo a sus pies.

―Está bien, no importa. ―le dijo él, pues a fin de cuentas ya tenía su número. ― Por cierto, no debiste venir a trabajar con gripe, será mejor que te tomes algo y vayas a descansar. ―le dijo Ichigo desconcertándola. Luego se fue pues Kiyone le volvió a llamar.

Rukia entró a dar sus consultas, pero después de dos horas comenzó a tener dolor en la garganta y otros síntomas característicos de su padecimiento, así que pidió permiso para retirarse temprano.

―Pero es peligroso que te vayas sola, si quieres le aviso al doctor Kurosaki para que te acompañe a casa. ―dijo Soi Fong. Kiyone asintió.―él puede salir cuando quiera.

―No. ―dijo Rukia tajante. Es verdad que tenía que enamorarlo, pero tampoco quería dejarle ver su lado débil. ―No estoy tan grave como para necesitar de él. Y mi casa no está lejos. ―Rukia se despidió con la mano de sus amigas y salió del hospital, justo cuando iba entrando el doctor Kuchiki, quien iba solo ya que Ishida se había quedado con Urahara para atender algunas cuestiones del hospital.

―Buenos días. ―le saludó él educadamente.

―Buenos…días. ―saludó ella estornudando y siguió de largo. Byakuya la vio caminar unos metros y enseguida caminó tras ella.

―Permítame llevarla a su casa. ―le dijo él tomándola de un brazo. ―Veo que no se siente bien. ―se había dado cuenta que caminaba tambaleándose un poco, debido a la fiebre que ya tenía.

―Estoy bien, no necesito ayuda. ―le respondió con dificultad, pues ya hasta pasar saliva le molestaba y siguió caminando, Byakuya caminaba a su lado. Ya casi llegaban a la esquina de la cuadra.

―Epiforia, estornudos, irritación ocular y rinorrea. ―mencionó Byakuya, Rukia giró la cabeza para verlo. ―Son los síntomas que usted tiene y supongo que ya sabe que son de la gripe. ―dijo Byakuya serio. Al oírlo Rukia, se avergonzó y rápidamente saco un pañuelo para limpiarse la nariz.

―Bueno es sólo gripe, no moriré. ―dijo ella, pero al momento comenzó a estornudar y cerró los ojos, así que no se fijó que un muchacho en bicicleta iba doblando la esquina y estaba por arroyarla.

―¡Ay! ―gritó cuando Byakuya la jaló fuerte del brazo para evitar que fuera arrollada.

―Ya veo que es propensa a los accidentes. ―le dijo él, sin cambiar su semblante serio. ―A este paso no dudo en que alguien la atropelle.

―Pues si me atropellan o no, no es de su incumbencia. ―dijo ella y cruzó la calle enojada. ―No es posible que todos se quieran meter en mi vida. ―refunfuñó molesta. No caminó mucho cuando comenzó a sentir escalofríos, la fiebre ya había empeorado, así que se recargó de la pared para no caerse. También comenzó a sentir un fuerte dolor de cabeza.

Byakuya, que la seguía observando, cruzó la calle y se acercó a ella.

―Tiene mucha fiebre. ―dijo mientras tocaba su frente. ―No la puedo dejar sola en este estado. ―le dijo. ―No sería correcto. ―Así que Byakuya la cargó en sus brazos rápidamente.

―¡Oiga! ¿Qué le pasa?¡Bájeme! ―dijo Rukia al sentirse en sus brazos, pero no tenía muchas fuerzas para luchar y se sentía verdaderamente mal. ―("¡Qué cálido!") ―pensó Rukia, se sentía bien estar en sus brazos. De nuevo una sensación extraña le recorrió el cuerpo, pero la asoció a la fiebre.

―Tranquila. ―dijo él mientras caminaba de regreso al hospital. Rukia, obligada por la debilidad, recargó su cabeza en su pecho, quedándose dormida. Él bajó la vista para observarla, se veía demacrada por la fiebre, pero no perdió su belleza natural, pues no llevaba mucho maquillaje, el mechón de cabello le tapaba parte del rostro, se veía tan frágil, Byakuya la atrajo más hacia él.

Cuando entró por la puerta del hospital, Soi Fong vio con preocupación la escena desde el mostrador, pero tenía gente esperando sus archivos así que no pudo correr para ver cómo estaba Rukia.

Byakuya fue directamente hacia el segundo piso, donde se encontraban los cuartos para los internos. No era de su gusto pasar a urgencias, y como todos los empleados sabían quién era ninguno le dijo nada. Una enfermera que se encontraba en uno de los módulos de atención, al verlo salir del elevador con Rukia en brazos le indicó un cuarto libre y lo siguió.

―Tiene fiebre, será necesario un antibiótico. ―dijo Byakuya mientras depositaba suavemente a Rukia en la cama.

La enfermera escuchó las instrucciones del médico y salió para cumplirlas, pues aunque Byakuya no trabajaba ahí, a veces Ukitake le pedía que de favor fuera a revisar pacientes que necesitaban de su especialidad, la neurocirugía, así que Byakuya tenía toda la libertad de revisar y prescribir a los pacientes internados.

Mientras tanto Byakuya sacó su celular y llamó a Ukitake para informarle que había llevado a Rukia a uno de los cuartos y que él pagaría los gastos del hospital, pero que él se hiciera cargo del papeleo correspondiente.

La enfermera regresó con un suero, un cuenco con agua, unas compresas y algunas pastillas que dejó sobre la mesa. Procedió a buscarle una vena a Rukia, cuando la localizó le insertó la aguja y luego le instaló el suero. Después le colocó un termómetro bajo la axila, y mientras esperaba le tomó la presión, cuando tuvo los datos los apuntó en una hoja de la carpeta azul que estaba en una mesa.

―Las pastillas se las daré yo. ―dijo Byakuya al ver que la enfermera iba a darle las pastillas a Rukia.

―Entonces vendré más tarde. ―dijo colocando las pastillas en la mesa. ―("¡Qué afortunada!") ―pensó la enfermera mientras se retiraba.

Byakuya se acercó a la cama y estaba por retirarle el mechón de su pelo cuando ella comenzó a moverse, enseguida retiró su mano.

Rukia abrió los ojos lentamente y desconoció el lugar.

―¿Dónde estoy?

―Está en un cuarto del hospital. ―respondió Byakuya.

―¿Qué? ―dijo asustada e intentó sentarse, pero Byakuya no la dejó.

―Recuéstese o su dolor de cabeza empeorara. ―le dijo mientras la hacía recostarse de nuevo. ―Y además se quitará el suero. ―Rukia volteó a ver la mano en la que tenía puesto el suero.

Rukia suspiró y se preguntaba cómo es que había terminado bajo el cuidado de los dos extraños que la iban a atropellar. Y porque se tenían que dar cuenta ellos de sus momentos de debilidad.

―¿No cree que es algo exagerado haberme traído aquí por una simple gripe? ―cuestionó Rukia.

―Entonces tal vez hubiera preferido que la llevara a mi casa. ―dijo Byakuya, visiblemente molesto. Si la había llevado al hospital era porque no sabía dónde vivía y porque consideró incorrecto el llevar a una dama a la casa de un hombre solo y que apenas conocía.

―Tiene razón, discúlpeme. ―dijo Rukia comprendiendo la situación.

―Tómese esto. ―dijo Byakuya dándole dos pastillas y un vaso de agua. ―Esto hará que se sienta mejor. ― Rukia se tomó las pastillas sin protestar, pues se sentía avergonzada por su comportamiento.

―Gracias. ―le dijo devolviéndole el vaso. Byakuya simplemente se quedó mirándola sin decirle nada, ella se comenzó a incomodar pues no sabía de sus intenciones. ―¿Por qué me ayuda? ―preguntó Rukia.

―Porque soy médico y es mi deber. ―respondió él. ―No se preocupe, en la tarde se podrá ir. ―dijo adivinando que se sentía incomoda en el hospital.

―Eso espero. ―dijo ella con un bostezo.

Las pastillas empezaban a hacer efecto en Rukia, ya que sentía los parpados pesados y el cuerpo relajado, sólo bastaron un par de minutos para que se quedara dormida. Byakuya entonces puso una compresa húmeda sobre su frente.

―Ha pasado tanto tiempo desde que cuide de alguien. ―dijo Byakuya mientras la veía dormir sentado junto a ella, y recordaba algunos momentos de su vida.

Byakuya había salido tarde de sus prácticas en el hospital, pues hubo un gran choque entre dos autobuses y había muchos heridos, así que estaba muy cansado. Pero aun así no se olvidaba de pasar a verla.

Entró al cuarto en silencio para no despertarla, se acercó a un costado de su cama. Se sintió aliviado al notar que dormía con una sonrisa, pues últimamente los dolores no la dejaban dormir. Le acarició suavemente una mejilla y la tapó bien con la cobija.

Descansa. ―le susurró. La joven se despertó y le tomó la mano.

Byakuya, me alegra que ya estés en casa. ―le dijo con una sonrisa. ―Estaba preocupada.

Vuelve a dormir, ya estoy aquí. ―le dijo y besó su frente. ―¿Te tomaste tu medicina? ―le preguntó al notar que en la mesita de noche estaba el estuche de la medicina con las dos patillas que le tocaban.

No. ―dijo ella. ―Es que te estaba esperando. ―le dijo tímidamente.

Byakuya sirvió un poco de agua en un vaso y sacó las pastillas, se las puso en la boca y le dio de beber del vaso.

Pero no lo vuelvas a hacer, sabes que es peligroso si no te tomas tus pastillas. ―le dijo serio. Ella le sonrió dulcemente y ya no pudo regañarla más. ― Hasta mañana. ―le dijo y caminó hacia la puerta.

Te quiero. ―le dijo ella antes de que saliera del cuarto.

Yo también. ―le respondió él y cerró la puerta.

Byakuya le quitó la compresa seca a Rukia y la mojó para ponérsela de nuevo. Ella se movió y se acomodó de lado, sintió deseos de acariciarle el cabello pero se contuvo. Byakuya no entendía porque aquella chica despertaba varias emociones en él, quería protegerla y hacerla feliz, pues se había dado cuenta que siempre parecía triste y enojada. Claro que él era el menos indicado para decir eso, ya que tampoco era muy alegre o expresivo.

―Tal vez es porque me la recuerdas tanto. ―dijo volviéndose a recargar en el respaldo de la silla.

Byakuya y ella caminaban por el parque tomados de la mano, a él no le gustaba dar muestras de afecto en público, pero ante la insistencia de ella nada podía hacer, siempre terminaba haciendo lo que le dijese.

Mira cariño. ―dijo ella señalando hacia un árbol de sakura que estaba en medio del parque. ―Se ve hermoso floreciendo. ―le dijo con una sonrisa y le soltó la mano para ir corriendo hacia el árbol.

Byakuya vio lo hermosa que se veía sonriendo con los pétalos rosa cayendo sobre ella por efecto del viento. Caminó hasta ella y la abrazó por la espalda.

¿Eh? ―dijo sorprendida. ―Pensé que no te gustaban las demostraciones de afecto. ―dijo ella entrelazando sus manos con las de él.

En esta ocasión puedo hacer una excepción. ―le dijo él. De verdad la amaba mucho y deseaba estar con ella siempre.

Ella se volteó y le dio un cálido beso en los labios, mientras la lluvia de pétalos seguía cayendo.

De pronto la escena cambio y se vio en medio de una fuerte lluvia, la buscó con la mirada y la encontró caminando delante de él caminó hacia ella.

No te vayas. ―le pidió tomándola de un hombro. Ella volteó y lo vio con odio.

No quiero volver a verte. ―le dijo con rencor. Byakuya quedo sorprendido.

Perdóname. ―le dijo él.

Jamás te perdonaré Byakuya Kuchiki. ―le gritó ella.Te odio.

Byakuya se despertó sobresaltado, al final su recuerdo se mezcló con un sueño, más bien una pesadilla que tenía algo de verdad. Vio que Rukia seguía dormida, le cambio de nuevo la compresa de la frente. De repente la puerta del cuarto se abrió y por ella entró Ukitake.

―¿Sigues aquí? ―preguntó confundido. ―Pensé que ya te habrías ido, por eso vine. ―dijo acercándose a él.

Byakuya no respondió, ¿qué le iba a decir?, ¿qué misteriosamente tenía un interés por esa chica?, no eso no podía decirlo, no lo iba a entender.

―Ten cuidado Byakuya. ―dijo Ukitake de repente. ― Me acabo de dar cuenta de su gran parecido con ella. ―le aclaró. ―Pero Rukia es diferente.

―Lo sé. ―dijo Byakuya. ―Y no tienes nada de que preocuparte. ―dijo levantándose del asiento.

―¿Me puedes asegurar que no estas interesado en ella? ―le preguntó. ―Lo sabía. ―dijo ante el mutismo del hombre de cabello negro. ―Y también me preocupa ella. ―le dijo serio Ukitake. ―Ya ha sufrido bastante y no quisiera que saliera lastimada.

―¿Ha sufrido? ―preguntó curioso, algo raro en él pues casi nunca se interesaba en la vida de los demás.

―Sí, pero no soy quien para contarte su historia. ―Respondió Ukitake, que seguía pensando que Rukia había pasado por una relación de maltrato. ―Pero dime, ¿Qué interés tienes en ella? ―lo cuestionó viéndolo a la cara.

―Me voy. ―le dijo Byakuya y salió del cuarto. Ukitake sólo movió la cabeza y se sentó en la silla que antes ocupara Byakuya.

Rukia se despertó una hora después y se sorprendió al ver a Ukitake en lugar de Byakuya, aunque eso la tranquilizó. No sabía porque pero el doctor Ukitake emanaba una sensación de tranquilidad y confianza.

―Doctor Ukitake ¿Qué hace aquí? ―preguntó sentándose con cuidado para no jalar su suero.

―Sólo vine a ver como seguías. ―le dijo con una amable sonrisa. ―Creo que ya te puedes ir, la fiebre ya bajo. ―le dijo, pues hacia poco que una enfermera había ido a checarle los signos vitales.

―Qué bien. ―dijo ella.

En ese momento alguien tocó a la puerta y por ella se asomó Ichigo.

―Ichigo, ¿Qué sorpresa? ―dijo Ukitake.

―Me entere de lo que pasó y vine a ver como seguía Rukia. ―comentó tallándose la nuca.

―Ya estoy bien, gracias. ―dijo ella concierta dureza que no pasó desapercibida para Ukitake e Ichigo.

―Voy a bajar para realizar tu alta Rukia. ―dijo Ukitake. ―Y por el dinero no te preocupes, Byakuya ya pagó la cuenta. ―le dijo y salió del cuarto.

―¿Por qué Byakuya pagó tu cuenta? ―le preguntó Ichigo apenas y Ukitake salió de la habitación. Era muy impulsivo a veces.

―No creo que deba darte explicaciones. ―le dijo ella. ―pero la verdad es que ni yo lo sé. ―dijo suavizando su tono de voz. ―Luego le pagaré, no quiero deberle nada. ―Ichigo sonrió por lo que dijo.

―¿Quieres que te lleve a tu casa? ―le preguntó él mientras le quitaba el suero que ya se había acabado.

―Está bien. ―respondió Rukia con falsa amabilidad.

Mientras esperaban a que Ukitake regresara con el alta de Rukia, ella e Ichigo siguieron platicando.

―¿Por qué no me hablaste cuando te sentiste mal? ―preguntó Ichigo, cuando se enteró por Soi Fong de que Byakuya la había llevado en brazos sintió mucho coraje y celos, pero sabía que no podía reprocharle nada.

―No quería molestarte. ―dijo ella. ―Y el doctor Kuchiki me encontró y fue muy amable al traerme hasta aquí. ―le dijo, sabía que lo haría enojar. ―y me cuidó todo este tiempo.

―Sabes Rukia. ―le dijo Ichigo cambiando de tema, pues no quería mostrarse posesivo y celoso. Desde que la conocía no se reconocía, había descubierto sentimientos que nunca imaginó tener. ―Me gustaría que vinieras a trabajar conmigo al hospital de Karakura.

―¿Eh?

―Tengo mucho trabajo allá y ya no podré seguir viniendo, pero no quiero dejar de verte. ―dijo sinceramente. ―Además creo que tendrías un mejor futuro, podrás tener más éxito laboral y hacer tu especialidad.

―Lo pensaré. ―le respondió ella. Claro que quería hacer su especialidad, pero de todas formas no tenía el dinero suficiente para hacerla en un hospital privado.

Rukia fue dada de alta y regresaba a casa en el carro de Ichigo. Por la calle caminaban dos mujeres jóvenes, madre e hija, de piel canela y cabello negro, conversaban alegres.

―Mira Ichigo. ―le dijo ella. ―Que bellas son esas mujeres. ―le comentó viendo por la ventanilla. Ichigo volteó a mirarlas.

―¿Qué tienen de bellas? .―dijo para lo que ella pareció de forma despectiva. ―("comparadas contigo"). ―pensó sin atreverse a decirlo en voz alta y siguió mirando al frente. No se dio cuenta de que Rukia lo miró con odio.

Ella se mordió el labio para no insultarlo, pues todavía no era momento, su venganza llegaría más tarde. En lo que siguió del camino ella no le habló para nada, estaba muy enojada por la forma en la que él se había referido a esas mujeres.

Cuando llegaron a casa de Rukia, Orihime estaba entrando al patio, desde la reja los saludó alegremente, era la primera vez que veía a Ichigo, y luego caminó a la casa. Rukia se bajó del coche.

―Ichigo. ―le dijo ella. ―He decidido ir al hospital general de Karakura, para estar contigo. ―le dijo con un brillo en su mirada, que no era de amor, pero que Ichigo no notó.

―Me alegra. ―le dijo sonriendo. ―Hablaré con Byakuya.

―No. ―le pidió ella. ―Me corresponde a mí hacerlo.

―Tienes razón. ―dijo reflexionando.

Luego de despedirse Rukia entró a la casa e Ichigo se fue rumbo al hospital de Byakuya, pensando en por qué si acababa de conocer a Rukia, ya estaba demasiado interesado en ella.


Epiforia. ― lagrimeo

Rinorrea. ―producción de mucosidad.


Saludos y que estén bien…

¡Gracias por leer!